Los Reyes Targaryen: Aenys I - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
CUANDO EL DRAGÓN murió a la edad de sesenta y cuatro, su reinado había sido indiscutible sobre todo el reino salvo por los Dornienses. Aegon había gobernado con sabiduría: mostrándose justo durante sus viajes reales, ofreciendo sus respetos al Septón Supremo, premiando a quienes le servían bien, y aconsejando a quienes lo necesitaban. Sin embargo, en la superficie su reinado era en gran parte pacifico, pero bajo ésta era como un caldero que rebosaba discordia. En sus corazones, muchos de sus vasallos añoraban los viejos tiempos, cuando las grandes casas gobernaban sus propios dominios con incuestionable soberanía. Otros deseaban venganza, por sus seres queridos muertos en las guerras. Y algunos veían a los Targaryen como abominaciones: hermanos casados con sus hermanas, con sus emparejamientos incestuosos productores de ilegítimos herederos. La fuerza de Aegon y sus hermanas- y la de sus dragones -había sido suficiente para rendir a quienes se les oponían, pero lo mismo no podía decirse acerca de sus herederos.
Era Aenys, el hijo primogénito de Aegon y de su querida Rhaenys, quien tomó el trono por el año 37 DC a la edad de treinta. Fue coronado en una gran ceremonia en la Fortaleza Roja en medio de su construcción, poniéndose una corona dorada adornada, en lugar del círculo de acero valyrio de su padre.
Pero, aunque su padre y hermano, Maegor (el hijo de Visenya), eran guerreros, Aenys estaba hecho de material diferente. Débil y enfermizo desde su nacimiento, había permanecido así durante su infancia.
Abundaron rumores de que él podía no ser un verdadero hijo de Aegon el Conquistador, que había sido un guerrero sin igual. A decir verdad, era muy sabido que la Reina Rhaenys se rodeaba de cantantes guapos y bufones ingeniosos; quizás uno de ellos podría haber engendrado al niño. Pero los rumores cesaron cuando al niño enfermizo recibió un pequeño dragón que fue nombrado Quicksilver. Y cuando el dragón creció, también 57

lo hizo Aenys.
El Rey Aenys I en el Trono de Hierro.
Aenys aún seguía siendo un soñador, aficionado a la alquimia, un patrocinador de cantantes y bufones y mimos. Por otro lado, deseaba ser reconocido por todos, y esto lo llevó a dudar y vacilar sobre sus decisiones por temor a defraudar a unos u otros. Fue esto lo que casi estropea su reinado y lo pudo llevar a un temprano e ignominioso fin.
Después de la muerte del Conquistador, fue cuestión de tiempo para que los opositores al gobierno Targaryen emergieran.
El primero de éstos era un bandido y forajido de nombre Harren el Rojo, que pretendía ser nieto de Harren el Negro. Con la ayuda de un sirviente del castillo, Harren el Rojo capturó Harrenhal y a su actual gobernante, el infame Lord Gargon (recordado como Gargon el Huésped por su costumbre de asistir a cada boda en su dominio y ejercer su derecho de pernada). Lord Gargon fue castrado en el bosque de dioses del castillo y murió desangrado, mientras Harren el Rojo se proclamó Lord de Harrenhal y Rey de los Ríos. Todo esto tomó lugar mientras el rey visitaba Aguasdulces, el asentamiento de la casa Tully. Pero para cuando Aenys y Lord Tully llegaron a Harrenhal la encontraron vacía, todos los hombres leales a Gargon muertos, y Harren el Rojo y sus seguidores habían regresado a los saqueos.
Pronto aparecieron más rebeldes en el Valle y las Islas del Hierro, mientras un dorniense se nombraba a sí mismo como el Rey Buitre reuniendo miles de partidarios para oponerse a los Targaryen. El Gran Maestre Gawen escribió que el rey estaba impactado por estas noticias, ya que Aenys creía ser amado por el pueblo. Y, una vez más, el rey actuó indecisamente: primero comandó que un ejército navegara hacia el Valle para lidiar con el usurpador Jonos Arryn, quien había encarcelado a su propio hermano Lord Ronnel, y de pronto llamando de vuelta al ejercito por temor a que Harren el Rojo y sus hombres se infiltraran en Desembarco del Rey. Incluso el rey se empecinó en convocar a un Gran Consejo para discutir cómo lidiar con estos rebeldes.
Afortunadamente para el reino, otros actuaron con más rapidez.
Lord Royce de Piedra de las Runas lideró a su hueste, que barrió a los rebeldes de Jonos Arryn, acorralándolo a él y a sus seguidores en el Nido de Águilas— a pesar de que esto llevara directamente al asesinato del encarcelado Lord Ronnel, cuando Jonos envió a su hermano a volar por la Puerta de la Luna hacia su muerte.
El Nido de Águilas resulto ser un refugio no tan seguro como se creía cuando el Príncipe Maegor llegó montado en Balerion, el Terror Negro: el dragón que siempre había deseado y finalmente pudo reclamar después de la muerte de su padre. Jonos y todos sus seguidores fueron ahorcados por Maegor.
Entretanto, en las Islas de Hierro, el hombre que exigió ser el renacido Rey Lodos, era rápidamente despachado por Lord Goren Greyjoy, quien envió su cabeza en una pica al Rey Aenys. Como agradecimiento, Aenys le concedió un favor, favor que Lord Goren usó para expulsar la Fe de las Islas del Hierro, lo que provocó la consternación del resto del reino.
En cuanto al Rey Buitre, los Martell ignoraron esta pequeña insurrección dentro de sus propias fronteras.
Aunque la Princesa Deria aseguró a Aenys que los Martell sólo deseaban la paz y estaban haciendo lo posible para acabar con la rebelión, fueron los Señores de las Marcas quienes detuvieron la mayor parte de la rebelión.
Y al principio, el Rey Buitre seguía con sus incursiones. Sus primeras victorias trajeron como resultado un gran apoyo, el número de sus seguidores llegaba hasta los treinta mil hombres. Fue sólo cuando él dividió ese gran ejército- tanto por falta de suministros para alimentarlos como por confianza en que cada uno podría derrotar a cualquier enemigo que se les cruzara –que sus problemas comenzaron.
Ahora podrían ser derrotados uno por uno por la antigua Mano del Rey, Orys Baratheon, y las fuerzas de los Señores de las Marcas, especialmente Sam Tarly el Salvaje, cuya espada, Veneno de Corazón, se decía que estaba roja desde la empuñadura hasta la punta después de cortar a una docena de Dornienses en el transcurso de La Caza del Buitre, como fue conocida la persecución del Rey Buitre.
El primer rebelde también fue el último. Harren el Rojo fue acorralado finalmente por Lord Alyn Stokeworth, la Mano de Aenys. En la batalla que siguió, Harren mató a Lord Alyn, sólo para ser asesinado por el escudero de la Mano.
Restablecida la paz, el rey agradeció a los señores caudillos y campeones que habían derrotado a estos rebeldes y enemigos del trono— y el principal premio fue para su hermano, el Príncipe Maegor, a quien Aenys nombró la nueva Mano del Rey. Parecía ser la decisión más sabia, y sin embargo, fue lo que sembró las semillas de la sentencia de Aenys.
DE LA HISTORIA DE ARCHMAESTRE GYLDAYN
La tradición entre los Targaryen siempre había sido la de casarse entre familiares. Comprometiendo hermano con hermana era lo ideal. A falta de cualquiera de ellos, la mujer podría casarse con un tío, primo o sobrino; el hombre con una prima, tía o sobrina. Esta práctica se remitía a Valyria, donde era común entre muchas de las antiguas familias, particularmente aquellas que criaban y montaban dragones. “La sangre del dragón debe mantenerse pura.” Algunos de los príncipes hechiceros tomaban más de una esposa cuando querían, aunque esto era menos común que los matrimonios incestuosos. En Valyria antes de la maldición, hombres sabios escribían, miles de dioses eran venerados, pero ninguno temido, así que muy pocos se atrevían a estar en contra de estas costumbres.
Esto no ocurría en Poniente, donde el poder de la Fe era indiscutible. El incesto fue denunciado como un vil pecado, ya sea entre padre e hija, madre e hijo, o hermano y hermana, y los frutos de dichas uniones eran considerados como abominaciones a la vista de dioses y hombres. En retrospectiva, se podía ver que el conflicto entre la Fe y la Casa Targaryen era inevitable.
Por largo tiempo había sido costumbre de los Valyrios casarse con los familiares, conservando así la pureza de sangre. Todavía ésta no era una costumbre nativa de Poniente, y se vio como una abominación por la Fe. Se 59
había aceptado al Dragón y sus hermanas sin comentarios, y el problema no volvió a surgir, cuando el Príncipe Aenys se casó en 22 DC con Alyssa Velaryon, la hija del Consejero de Barcos del rey y lord almirante; aunque ella era una Targaryen por el lado materno, esto sólo la hacía su prima. Pero cuando la tradición parecía seguir una vez más, repentinamente las cosas llegaron a un punto crítico.
La Reina Visenya propuso el casamiento entre Maegor y la primera hija de Aenys, Rhaena, pero el Septón Supremo expresó una vigorosa protesta, por lo cual Maegor se casó con la propia sobrina del Septón Supremo, Lady Ceryse de la Casa Hightower. Pero demostró ser un matrimonio estéril, mientras Aenys recibía más hijos, Rhaena fue seguida por su hijo y heredero, Aegon, y luego Viserys, Jaehaerys, y Alysanne.
Quizás envidioso, después de dos años como Mano— y el nacimiento de otra hija de su hermano, Vaella, quien murió en su infancia —Maegor escandalizó al reino en 39 DC anunciando que había tomado en secreto una segunda esposa: Alys de la Casa Harroway. Él se casó en una ceremonia al estilo valyrio oficiada por la Reina Visenya, sin necesidad de un septón que los casará. El alboroto público era tal, que finalmente Aenys fue obligado a desterrar a su hermano.
Aenys parecía satisfecho al permitir que el asunto concluyera con el destierro de Maegor, pero el Septón Supremo todavía no estaba satisfecho. Ni incluso el nombramiento del estimado obrador de milagros, el Septón Murmison, como la nueva Mano de Aenys, pudo reparar la brecha con la Fe.
Y en 41 DC Aenys empeoró las cosas cuando escogió casar a Rhaena su hija mayor, con su hijo y heredero, Aegon, a quien nombró Príncipe de Rocadragón en el lugar de Maegor. Del Septo Estrellado vino una denuncia como ningún rey había recibido nunca antes, dirigida al “Rey Abominación”— y los señores repentinamente píos, e incluso el pueblo llano, quiénes habían amado una vez a Aenys, se volvieron en su contra.
El Septón Murmison fue expulsado de la Fe por realizar la ceremonia, y los Clérigos Humildes se alzaron en armas, tajando a Murmison en pedazos una quincena después, cuando él era transportaba en una litera por la ciudad.
Los Hijos del Guerrero emprendieron la fortificación de la Colina de Rhaenys, convirtiendo al Septo de la Conmemoración en una ciudad que pudiera hacerle frente al rey. Adicionalmente, algunos Clérigos Humildes trataron de asesinar al rey y su familia en el mismo castillo, escalando sus murallas y escabulléndose en sus habitaciones reales. Fue sólo gracias a un caballero de la Guardia del Rey que la familia real sobrevivió.
Ante todo esto, Aenys abandonó la ciudad con su familia y huyó hacia la seguridad de Rocadragón. Allí, Visenya le aconsejó tomar a su dragón y arrojar fuego y sangre sobre el Septo Estrellado y el Septo de la Conmemoración. En cambio, el rey, que era incapaz de tomar una firme decisión, cayó enfermo, con los intestinos acalambrados y diarrea.
Para el término del 41 DC, la mayor parte del reino se había vuelto en su contra. Miles de Clérigos Humildes rondaban los caminos, amenazando a los partidarios del rey, y docenas de señores alzaron las armas contra el Trono de Hierro. Aunque Aenys tenía sólo treinta y cinco años, se decía que lucía como un hombre de sesenta, y Gran Maester Gawen estaba desesperado por mejorar su condición.
La viuda Reina Visenya cuidó de él, y durante un tiempo él mejoró. Y entonces, de repente, sufrió un colapso, cuando supo que su hijo e hija estaban sitiados en EL castillo Refugio Quebrado, dónde se habían refugiado cuando su viaje anual se vio interrumpido por la insurrección contra el trono. El rey murió tres días después, y al igual que su padre antes que él, fue quemado en Rocadragón, según la costumbre de la Vieja Valyria.
Dos días después de la muerte de Aenys, se sugirió que el fallecimiento súbito del Rey Aenys había sido causado por Visenya, y alguien mencionó que ella era una matarreyes y mataparientes. ¿No era verdad que ella prefería a Maegor sobre Aenys en todo? ¿No tenía la ambición de que su hijo fuera el que gobernara? ¿Por qué, entonces, cuidó de su hijastro y sobrino cuando parecía disgustada con él? Visenya era muchas cosas, pero nunca pareció ser una mujer piadosa. Son preguntas que no pueden ignorarse, ni mucho menos contestarse fácilmente.