Los Reyes Targaryen: Baelor I el Santo - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
LAS NOTICIAS DE LA MUERTE del Rey Daeron y la derrota de sus fuerzas restantes pronto llegaron a Desembarco del Rey. La indignación que provocó fue dirigida a los rehenes dornienses. Por orden del Príncipe Viserys, Mano del Rey, los dornienses fueron arrojados a un calabozo, en espera para ser colgados. El hijo mayor de la Mano, el Príncipe Aegon, incluso entregó a la chica Dorniense que tenía como amante para que su padre la ejecutara.
El Joven Dragón nunca se había casado, ni concebido hijos; por lo cual, a su muerte, el Trono de Hierro pasó a su hermano Baelor, un joven de diecisiete años. Baelor probó ser el más pío entre los reyes de la dinastía 95

Targaryen, y algunos dicen, en la historia de todos los Siete Reinos: su primer acto como Rey fue garantizar el perdón de los rehenes Dornienses. Similares actos de piedad y perdón se dieron en los diez años de reinado de Baelor. Aunque sus Señores y su Consejo clamaban por venganza, Baelor perdonó públicamente a los asesinos de su hermano y declaró su intención de “vendar las heridas” de la guerra de su hermano y hacer la paz con Dorne. Como acto de piedad, declaró su intención de viajar a Dorne “sin ejército ni espada”, para regresar a los rehenes y demandar la paz. Y así lo hizo, caminado descalzo desde Desembarco del Rey hasta Lanza de Sol, vestido con sayal, mientras a sus espaldas los rehenes dornienses montaban finos corceles.
Hay muchas canciones de la marcha de Baelor a Dorne, que encontraron su camino fuera de los septrios y conventos hasta las lenguas de los bardos. Subiendo por el Sendahueso, Baelor pronto llegó al lugar donde los Wyl habían encarcelado a su primo el Príncipe Aemon. Encontró al Caballero Dragón desnudo en una jaula. Se dice que Baelor imploró, pero Lord Wyl se negó a liberar a Aemon, obligando, en cambio, a Su Gracia de ofrecer una plegaria por su primo y jurar que volvería. Muchas generaciones desde entonces se han preguntado lo que el Príncipe Aemon debió de haber pensado de esto, viendo a su pariente, de voz chillona y delgado— demacrado y con los pies descalzos, cubiertos de sangre —formular esta promesa. Sin embargo, Baelor siguió adelante y salió con vida del Sendahueso, que había demostrado ser la ruina de muchos miles antes que él.
La travesía del desierto, a pie entre las Colinas del Norte y el Azote, prácticamente solo, casi acabó con él. Pero aun así perseveró en su objetivo. Fue una ardua travesía, pero aun así sobrevivió para encontrarse con el Príncipe de Dorne en lo que se considera el primer milagro del Reino de Baelor el Santo. El segundo milagro bien podría ser que logró forjar una paz con Dorne que sobrevivió a su reinado. En los términos del acuerdo, Baelor consintió prometer a su joven sobrino Daeron— nieto de su Mano, Viserys, e hijo del primogénito de Viserys, el Príncipe Aegon —con la Princesa Mariah, hija mayor del Príncipe de Dorne. En ese entonces aun eran niños, así que el matrimonio tendría lugar cuando llegaran a la edad adulta.
Tras una temporada en el Palacio Antiguo de Lanza de Sol, el Príncipe de Dorne le ofreció al Rey Baelor una galera para que regresara a Desembarco del Rey, sin embargo el joven rey insistió en que los Siete le habían ordenado que caminara de regreso.
Algunos en la corte Dorniense temían que el Príncipe Viserys reanudará la guerra cuando Baelor falleciera en el camino (ninguno dudaba que esto sucedería), así que el Príncipe de Dorne tomó medidas para asegurarse que todos los señores Dornienses le ofrecieran su hospitalidad a lo largo de la ruta. Tras remontar el Sendahueso, Baelor centró su atención en rescatar al Caballero Dragón de su encarcelamiento. Había pedido al Príncipe de Dorne que ordenara la liberación del Caballero Dragón y Lord Wyl aceptó. Sin embargo, en vez de liberar a Aemon él mismo, entregó al Rey Baelor la llave de su jaula, invitándolo a hacer uso de ella. Pero Aemon no sólo estaba enjaulado, desnudo, expuesto al sol durante el día y al frío por la noche, sino que bajo la jaula se había excavado un foso en el cual reptaban muchísimas víboras. El Caballero Dragón le suplicó al Rey 96

que lo dejara, que buscara ayuda en las Marcas Dornienses, pero se dice que Baelor sonrió y proclamó que los dioses lo protegerían. Entonces saltó al foso.
Baelor desafiando a las serpientes para rescatar al Príncipe Aeron, el Caballero Dragón Más adelante los bardos clamarían que las víboras inclinaron su cabeza ante Baelor mientras éste pasaba, pero la verdad es otra. Baelor fue mordido media docena de veces antes de llegar hasta la jaula, y casi colapsó antes de que el Cabalero Dragón fuera capaz de abrir la puerta de la jaula y sacara a su primo del foso. Se dice que los Wyl establecían apuestas mientras el Príncipe Aemon se esforzaba por escalar la jaula con su primo Baelor recostado sobre su espalda, y quizá esa crueldad fue lo que le dio fuerzas para trepar hasta la cima de la jaula y saltar a la salvación.
El Príncipe Aemon cargó a Baelor más de la mitad del Sendahueso hasta que el Septón de una villa le proveyó vestimenta y un asno para llevar al comatoso rey.
Eventualmente Aemon alcanzó las almenas de los Dondarrion, y fue llevado a Refugionegro, donde el maestre cuidó del Rey hasta que pudieron llevarlo a Bastión de Tormentas para proseguir su tratamiento; mientras todo esto pasaba, Baelor seguía inconsciente, alejado del mundo.
Recobró la conciencia en el camino a Bastión de Tormentas, pero tan sólo para musitar plegarias. Pasó más de medio año antes de que recobrara las fuerzas para viajar de regreso a Desembarco del Rey, en todo este tiempo el Príncipe Viserys gobernó el reino, manteniendo el tratado de paz de Baelor con Dorne.
El reino celebró cuando Baelor al fin regresó al Trono de Hierro. Sin embargo la atención de Baelor se mantuvo firme en los Siete, y sus nuevos edictos debieron causar consternación entre aquellos acostumbrados al sobrio gobierno de Aegon III, la benigna negligencia de Daeron y la gruñona administración de Viserys. Habiéndose casado en 160 DC con su hermana Daena, el Rey convenció al Septón Supremo de disolver su matrimonio, 97

argumentando que había sido contraído antes de que fuera coronado rey, y que nunca había sido consumado.
Tras disolver la unión, Baelor fue un paso más allá, ingresando a Daena y sus hermanas menores, Rhaena y Elaena en una “Corte de Belleza” en la Fortaleza Roja, en lo que se llegó a ser conocido como la “Bóveda de las Doncellas”. El Rey anunció que deseaba preservar su inocencia de la maldad del mundo y de la lujuria impía de los hombres, pero algunos se preguntaron si no lo hacía por temor de la tentación que él mismo sentía.
Aunque Viserys, las mismas Princesas y otros miembros de la corte protestaron, la orden había sido dada y las Princesas fueron recluidas en el corazón de la Fortaleza Roja, acompañadas únicamente por doncellas que los señores y caballeros entregaron para congraciarse con Baelor.
Más protestas ocurrieron cuando Baelor prohibió la prostitución en Desembarco del Rey, y nadie pudo convencerlo de los problemas que esto le causaría. Se dice que más de mil prostitutas y sus hijos fueron acorralados y expulsados de la ciudad. El malestar que siguió fue algo de lo que Baelor se desentendió, ocupado como estaba con su siguiente proyecto, la construcción de un Gran Septo en la Colina de Visenya—
un Septo que se le había aparecido en una visión. Aunque éste no sería completado hasta muchos años después de su muerte.
Algunos se preguntaban si la experiencia cercana a la muerte que el Rey vivió en Dorne no había afectado su mente de alguna manera, siendo que mientras pasaban los años de su reinado, sus decisiones se volvían cada vez más erráticas y fervorosas.
El gran Septo de Baelor
Aunque la plebe lo amaba— regularmente vaciaba el tesoro para pagar sus caridades, incluyendo el año que regaló, diariamente, una loncha de pan para cada hombre, mujer y niño en la ciudad —pero los señores del reino se inquietaban cada vez más. El rey no sólo había terminado su matrimonio con Daena, sino que se había asegurado de no casarse de nuevo al tomar los votos de un septón, aconsejado y auspiciado por el Septón Supremo, cuya influencia en el reino se iba incrementando cada vez más.
Los edictos del Rey estaban cada vez más involucrados con asuntos referentes a lo espiritual, a expensas de lo material también— incluyendo un exhorto para que la Ciudadela usara palomas en vez de cuervos para mandar sus mensajes (una larga discusión sobre el tema está contendida en “Alas negras, Palabras veloces”, de Walgrave), y su intento de proveer excepciones a los impuestos para aquellos que juiciosamente aseguraran la virtud de sus hijas mediante cinturones de castidad.
Un infortunado aspecto del apasionado fervor del Rey fue su insistencia en quemar libros. Si bien hay libros que contienen conocimiento benéfico y necesario, hay otros cuyo contenido podía ser considerado peligroso, aun así, destruir el conocimiento siempre es doloroso. Que Baelor haya quemado el “Testimonio de Seta” no es sorpresivo, dado su escandaloso y obsceno contenido; pero quemar “Historia Antinatural” del Septón Barth, que si bien contenía errores en algunas de sus propuestas, era la obra de una de las mentes más brillantes de los Siete Reinos. El hecho de que Barth estudiara y practicara las artes supremas bastó para ganarse la enemistad de Baelor y la destrucción de su obra, aunque la “Historia Antinatural” contenía mucho que no era ni controversial ni maligno. Es una suerte que hayan sobrevivido fragmentos, así que el conocimiento contenido en ellos no se perdió completamente.
Hacia el final de su reinado, Baelor empezó a pasar más y más a tiempo ayunando y rezando, intentando redimir los pecados y ofensas que creía que él y sus súbditos cometían diariamente contra los Siete. Cuando el Septón Supremo murió, Baelor informó a los Máximos Devotos que los Dioses le habían revelado la identidad del futuro Septón Supremo, por lo que se apresuraron a elegir a quien Baelor determinó: un hombre común llamado Pate quien era un habilidoso cantero, pero iletrado, simplón, e incapaz de recordar una simple plegaria; fue una bendición que este incompetente Septón sólo sobreviviera un año antes de que las fiebres se lo llevaran.
Rumores maliciosos que siguieron a la ascensión de Viserys— iniciados, según algunos por la pluma de Lady Maia de la Casa Stokeworth —sugerían que Viserys envenenó al Rey para obtener el trono tras más de una década de espera. Otros han sugerido que Viserys envenenó al Rey por el bien del Reino, ya que el Rey Septón creía que los Siete lo habían destinado a convertir a todos los no creyentes de su reino; esto habría llevado a una guerra con el Norte y las Islas del Hierro que había causado un gran disturbio.
O quizá no, siendo que Baelor estaba convencido de que los dioses le habían dado a un niño de ocho años el poder de hacer milagros— algunos dijeron que era un pillo callejero, pero probablemente fuera el hijo de un vendedor de ropa. Baelor aseguraba haberlo visto hablar con las palomas, que le respondían con voces de hombres y mujeres— las voces de los Siete, según Baelor. El Rey declaró que el chico debía ser el siguiente Septón Supremo y nuevamente los Máximos Devotos hicieron su voluntad, siendo éste el Septón Supremo más joven que alguna vez ciñera la Corona de Cristal.
El nacimiento de Daemon Mares, hijo natural de Daena Targaryen, cuyo padre ella no quiso mencionar (pero que después se sabría era hijo de su primo Aegon, mientras aún era Príncipe) llevó al Rey a una nueva jornada de ayunos. Años atrás el Rey había estado a punto de matarse al ayunar durante un cambio de luna completo, tras la muerte de los gemelos recién nacidos de su prima Naerys. En esta ocasión llegó aún más lejos al rechazar cualquier alimento durante cuarenta días, excepto agua y un poco de pan para calmar los rugidos de su estómago. En el día cuarenta y uno colapsó ante el altar a la Madre.
El Gran Maestre Munkun hizo lo que pudo para salvar al Rey; así mismo el niño Septón Supremo, pero sus milagros se habían acabado. En el décimo año de su reinado, en 171 DC, el Rey se reunió con los Siete.
Las Hermanas de Baelor I
La más afamada de las tres hermanas era Daena, también fue la más amada— tanto por su belleza como por su fiero valor. Era una consumada amazona, una feroz tiradora con el arco Dorniense que su hermano Daeron le trajo de sus conquistas, también practicaba la justa con aros (aunque nunca se le permitiera montar en un torneo, a pesar de sus esfuerzos). Daena se ganó el sobrenombre de la Desafiante, por ser la más inquieta de las tres hermanas aprisionadas, ya que en tres ocasiones logró escapar disfrazada como sirviente o como 99

simple pueblerina. Al final del reinado de su hermano incluso llegó a quedar embarazada— aunque algunos dijeron que hubiera sido mejor si hubiera sido un poco menos desafiante, considerando todos los problemas que su hijo le traería al reino.
De las hermanas de Baelor, Rhaena era casi tan pía como su hermano, y con el tiempo llegó a ser una septa.
Elaena, la menor, era más voluntariosa que Rhaena, pero menos hermosa que sus hermanas. En su confinamiento en la Bóveda de las Doncellas, se dice, cortó su “gloria coronada”— su larga cabellera plateada con vetas doradas —y se la envío a su hermano, rogando por su libertad, asegurándole que era demasiado fea para tentar a ningún hombre. Sus suplicas, sin embargo, cayeron en oídos sordos.
Elaena sobrevivió a sus hermanas y sobrellevó una vida tumultuosa tras su confinamiento en la Bóveda de las Doncellas, siguiendo los pasos de Daena, concibió de Alyn Velarion, Lord Puño de Roble, a los gemelos Jon y Jeyne Mares. Se dice que esperaba casarse con él, pero un año después de su desaparición en el mar, renunció a cualquier esperanza y accedió a casarse con quien fuera.
Elaena se casó tres veces. Su primer matrimonio fue en 176 DC con el acaudalado, aunque envejecido Ossifer Plumm, de quien se dice que murió mientras consumaba el matrimonio. Sin embargo, Lord Plumm realizó sus deberes antes de morir y la Princesa concibió. Rumores apuntan a que Lord Plumm de hecho murió al ver desnuda a su desposada (este rumor lo recoge Seta en los términos más soeces— términos que podrían haber divertido a Seta pero que no consideramos necesarios de repetir), y que el niño fue concebido por su primo Aegon, quien después sería conocido como el Rey Aegon el Indigno.
Su segundo matrimonio fue por orden del sucesor de Aegon el Indigno, Daeron el Bueno. Daeron la casó con el Consejero de la Moneda y de esa unión nacieron cuatro hijos más… y se consideró a Elaena como la verdadera Consejera de la Moneda y a su esposo como un hombre bueno y noble, pero sin habilidad para los números.
Adquirió gran influencia y el Rey Daeron confiaba en ella para todo, pues trabajaba por el bienestar del reino.
Su tercer matrimonio fue de su propia elección, habiéndose enamorado de Ser Michael Manwoody, un dorniense al servicio de la Princesa Mariah. En su juventud Manwoody había estudiado en la Ciudadela, era un hombre culto, de gran inteligencia y sabiduría, un leal servidor del Rey Daeron tras su matrimonio con la Reina Mariah. Fue enviado a negociar con el Banco de Hierro a Braavos en numerosas ocasiones y hay numerosas pruebas de estas negociaciones en su correspondencia con los Portadores de Llaves del Banco de Hierro (visadas con su sello y firma, pero aparentemente escritas por Elaena).
Elaena se casó con Michael, aparentemente con la bendición de Daeron, poco después de la muerte de su segundo esposo. Elaena dijo, en años posteriores, que no fue su inteligencia lo que la enamoró, sino su amor por la música. Es sabido que él tocaba el arpa para ella y tras su muerte Elaena encargó que su efigie fuera esculpida tocando el arpa, no con la espada y espuelas de caballero, como era la costumbre.
Las hermanas del Rey Baelor I (de izquierda a derecha): Elaena, Rhaena y Daena 100