La Historia Antigua: La Edad del Amanecer - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
(La Construcción del Muro.)
LA EDAD DEL AMANECER
NO SE SABE con certeza, cuando comenzó el mundo; pero eso no ha impedido que muchos maestres y eruditos busquen la respuesta. Algunos defienden que tiene cuarenta mil años de antigüedad, pero puede que tenga quinientos mil, o incluso más. No está escrito en ningún libro, ya que en la primera edad del mundo, la Edad del Amanecer, los hombres no conocían la escritura. Lo que sí sabemos es que el mundo era mucho más primitivo y salvaje. Estaba poblado de tribus bárbaras, que vivían de lo que obtenían de la tierra, y no forjaban el metal, ni domesticaban los animales. Lo poco que conocemos de esos tiempos se halla en los textos más antiguos que existen: relatos escritos por los ándalos, los valyrios y los ghiscarios, y también por los lejanos pobladores de la legendaria Asshai. Sin embargo, por muy antiguas que sean esas razas ya cultas, ni siquiera habían nacido en la Era del Amanecer, así que la verdad de esos relatos es tan esquiva como el grano en la paja.
¿Qué puede decirse con certeza sobre la Edad del Amanecer?
En las tierras orientales abundaban los pueblos; eran primitivos como en el resto del mundo y muy numerosos.
Sin embargo, en Poniente, desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las orillas del Mar de Verano, sólo existían dos: los Hijos del Bosque y la raza conocida como los Gigantes.
De los Gigantes de la Edad del Amanecer poco puede contarse, ya que nadie ha recopilado sus leyendas ni su historia. Los hombres de la Guardia explican que, según los salvajes, la convivencia entre los hijos del bosque y los gigantes, no era del todo pacifica, pues estos, criaturas enormes y fuertes, pero de corta inteligencia, 8


campaban a sus anchas y cogían cuanto se les antojaba. Testimonios dignos de crédito de los exploradores de la Guardia de la Noche, que fueron los últimos hombres en ver gigantes, cuentan que no eran simplemente los hombres altísimos, que aparecen en los cuentos de niños, sino que, además, estaban cubiertos de vello espeso.
Existen numerosos restos de tumbas de gigantes, como se aduce en “Pasajes de los Muertos”, un estudio sobre los túmulos y los cementerios del Norte, escrito por el Maestre Kennet mientras servía en Invernalia, durante el largo reinado de Cregan Stark. Gracias a los huesos descubiertos en el Norte y enviados a la Ciudadela, sabemos que los gigantes podían alcanzar una altura de cinco varas, aunque otros dicen que cuatro se acerca más a la realidad. Los relatos de exploradores muertos hace mucho tiempo, anotados por los maestres de la Guardia, coinciden en que los gigantes no tejían ni construían casas y que no conocían más armas o herramientas que las ramas que arrancaban de los árboles.
Los gigantes no tenían reyes ni señores. No vivían en casas, sino en cavernas o bajo árboles altos, ni tampoco forjaban metales, ni cultivaban. Las eras se sucedieron, el número de hombres aumentó y los bosques se redujeron, pero ellos continuaron siendo criaturas de la Era del Amanecer. Hoy en día los gigantes han desaparecido incluso de las tierras que se extienden más allá del Muro; la última vez que se supo de ellos fue hace más de cien años y no son relatos fidedignos: sino las típicas historias que los exploradores de la Guardia cuentan alrededor de la hoguera.
Los Hijos del Bosque eran – en muchos sentidos – lo opuesto a los Gigantes. Menudos como niños, de tez oscura, y muy hermosos, vivían de un modo que hoy calificaríamos de primitivo, aunque eran menos bárbaros que los gigantes. No labraban metales, pero tallaban obsidiana (ese material que el pueblo llano llaman vidriagón, y los valyrios designaban con una palabra que quería decir “fuego helado”) para elaborar herramientas y armas de caza. No tejían, pero eran muy habilidosos en la confección de vestidos con hojas y cortezas. Fabricaban arcos con madera de arciano y montaban trampas arrojadizas con hojas de hierba, que tanto varones como hembras usaban para cazar.
En los archivos de la Ciudadela hay una carta de maestre Aemon fechada en los primeros años del reinado de Aegon V, que informa del relato de un explorador llamado Redwyn, de tiempos del Rey Dorren Stark. Narra un viaje a Punta Lorn y la Costa Helada, durante el cual el explorador y sus compañeros lucharon contra gigantes y comerciaron con los hijos del bosque. Aemon añadía que, al registrar los archivos de la Guardia, había encontrado muchas historias similares en el Castillo Negro y que las consideraba fidedignas.
Se dice que su música y sus canciones eran tan hermosas como ellos, pero no queda más registro que algunos fragmentos conservados desde la antigüedad. " Reyes del Invierno, o leyendas y linajes de los Stark de Invernaia" del maestre Childer contiene parte de una balada que supuestamente narra la época en la que Brandon el Constructor pidió ayuda a los hijos del bosque para construir el Muro. Lo llevaron a un lugar secreto, y al principio no entendía su lengua, que describió como el tintineo de un arroyo al bañar las rocas, el susurro del viento entre las hojas, o el rumor de la lluvia al caer en el agua. Brandon aprendió el lenguaje de los hijos del bosque; está recogido en un relato que no podemos repetir aquí, pero diremos que su lengua se originó, o se inspiró en los sonidos que oían a diario.
Los hijos del bosque adoraban a las mismas deidades anónimas que más tarde serían la de los Primeros Hombres; los innumerables dioses de los arroyos, los bosques y las piedras. Fueron los hijos quienes tallaron rostros en los arcianos, quizás para proporcionarles ojos a los dioses y que pudieran ver como los adoraban sus devotos.
Hay quien afirma infundadamente que los verdevidentes (los hombres sabios de los hijos del bosque) eran capaces de ver a través de los ojos tallados de los arcianos. Les parece prueba suficiente que los Primeros Hombres también lo creyeran: el temor de que los espiaran, los llevó a talar muchos bosques de arcianos tallados para cegar a los hijos del bosque. De todos modos, los Primeros Hombres no poseían nuestros conocimientos y creían en cosas que sus descendientes ya no creemos. Tomemos como ejemplo la obra del maestre Yorrick " Casada con el Mar: Historia de la ciudad de Puerto Blanco desde sus primeros días", en la que se habla de los sacrificios de sangre a los dioses antiguos. Según los predecesores de maestre Yorrick de Puerto Blanco, dichos sacrificios continuaron celebrándose hasta hace tan solo quinientos años.
Esto no quiere decir que los verdevidentes no conocieran ciertas artes propias de los misterios superiores, ya perdidas, como ver acontecimientos que sucedían muy lejos o comunicarse de un extremo al otro del reino (al igual que hicieron más tarde los valyrios). Sin embargo, las supuestas hazañas de los verdevidentes tienen más de cuento ingenuo que de realidad. No podían cambiar de forma para convertirse en bestias, como algunos afirman, aunque eran capaces de entenderse con los animales de un modo que nosotros no podemos. De ahí procede su fama de cambiapieles u hombres bestia.
Corren muchas leyendas sobre los cambiapieles, aunque las más comunes, traídas desde el otro lado del Muro por los hombres de la Guardia de la Noche, y recogidas hace siglos por los septones y los maestres del propio Muro, afirman que no sólo se comunicaban con los animales, sino que también podían dominarlos entremezclando su espíritu con el de ellos. Los salvajes también temían a los cambiapieles, a los que 10
consideraban seres antinaturales aliados con las fieras. Hay relatos que hablan de cambiapieles que quedaron atrapados en las bestias; otros cuentan que los animales eran capaces de hablar como humanos cuando un cambiapieles los poseía. En lo que coinciden todos es en que los más comunes eran los que dominaban a lobos, y algunos hasta a lobos huargos, y así los llamaban los salvajes: wargs.
Las leyendas afirman, además, que los verdevidentes también podían sumergirse en el pasado y ver el futuro lejano, pero también sabemos que quienes dicen poseer estos poderes, también afirman que las visiones son confusas, a menudo engañosas, cosa que resulta muy útil cuando se quiere engatusar a los incautos. Por mucho que los hijos del bosque poseyeran artes propias, siempre hay que distinguir la verdad de la superstición y poner a prueba los conocimientos hasta obtener certezas. Los misterios superiores y las artes de la magia, estaban y siguen estando más allá de nuestra capacidad mortal de análisis.
Aunque hoy en día esta obra carece de credibilidad, hubo un fragmento de la Historia Antinatural de Septón Barth, que levantó encendidas discusiones en los salones de la Ciudadela. Tras afirmar que había estudiado textos conservados en el Castillo Negro, el septón Barth aseguró que los niños del bosque podían hablar con los cuervos y hacerles repetir sus palabras. También sostenía que los hijos enseñaron este misterio superior a los Primeros Hombres para que los cuervos pudieran llevar mensajes a través de grandes distancias. El misterio pasó de forma degradada a nuestros maestres, que han perdido la habilidad de comunicarse con las aves. Es cierto que nuestra orden entiende el lenguaje de los cuervos, pero solo los significados básicos de los graznidos y los chillidos estridentes, las manifestaciones de miedo y rabia, las señales del cortejo y si están enfermos. Los cuervos se encuentran entre los pájaros más inteligentes que existen, pero no son más listos que un niño de corta edad y, desde luego, carecen de su capacidad de expresarse, al margen de lo que creyera el septón Barth. Unos pocos maestres consagrados al eslabón de acero valyrio, aseguran que Barth tenía razón, pero ninguno ha sido capaz de demostrarlo.
Fueran cuales fueran sus artes, sabemos que los verdevidentes guiaban a los hijos del bosque y no hay duda de que antaño habitaban desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las orillas del Mar de Verano. Erigían hogares sencillos, sin fortines, castillos ni ciudades. Vivian en los bosques, pantanos, lagos y marismas, incluso en cavernas y colinas huecas. Se cuenta que construían refugios con hojas y varas flexibles en la copa de los árboles, con lo que creaban auténticos pueblos secretos en los bosques.
Se ha creído durante mucho tiempo que lo hacían para protegerse de los depredadores como los lobos huargos y los gatosombras, contra los que nada valían sus sencillas armas de piedra ni sus famosos verdevidentes. Sin embargo, otros afirman que sus mayores enemigos eran los gigantes, como indican algunas leyendas del Norte, y como ha demostrado el maestre Kennet con el estudio de un túmulo cerca del Lago Largo, en el que se encontraron puntas de flecha de obsidiana entre las costillas de un gigante. Estos hechos recuerdan una canción de los salvajes transcrita en “La Historia de los Reyes-más allá del-muro” del Maestre Herryk, donde se habla de los hermanos Gendel y Gorne, a los que llamaron para mediar en una disputa por la posesión de una caverna entre un clan de niños y una familia de gigantes. Cuentan que Gendel y Gorne, tras descubrir que la gruta formaba parte de una red de cuevas que pasaba bajo el Muro, zanjaron el asunto con un engaño que logró que ambas partes renunciaran a ella. Pero los salvajes no saben escribir, así que debemos dudar de la veracidad de sus relatos.
Con el tiempo, a los gigantes y los animales del bosque se sumarian peligros mucho mayores. Cabe la posibilidad de que una tercera raza habitara los Siete Reinos en la Edad del Amanecer, pero es una idea tan incierta, que no merece la pena tratarla a fondo.

Cuentan los hijos de hierro que los primeros entre los Primeros Hombres que llegaron a las Islas de Hierro encontraron la famosa Silla de Piedramar en Viejo Wyk, pero las islas estaban deshabitadas. Si es cierto, la naturaleza y el origen de los creadores de la silla son un misterio. En la colección de leyendas " Canciones que Cantan los Hombres Ahogados" del maestre Kirth, sugiere que la silla la dejaron unos visitantes del otro lado del Mar del Ocaso, pero son simples especulaciones.
LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS HOMBRES
DE ACUERDO A los informes más prestigiosos de la Ciudadela, hace entre ocho mil a doce mil años, en los confines meridionales de Poniente, un nuevo pueblo cruzó la franja de tierra que unía el Mar Angosto y conectaba las tierras orientales con las tierras donde los niños y los gigantes vivían. Fue aquí cuando los Primeros Hombres llegaron a Dorne a través del Brazo Roto, que en ese entonces aún no estaba roto. El por qué estas personas dejaron su tierra natal es totalmente desconocido, pero cuando llegaron lo hicieron en cantidad. Miles entraron y comenzaron a establecerse en las tierras, y con el paso de las décadas, se fueron estableciendo cada vez más hacia el norte. Los cuentos que tenemos de aquellos días de migración no son confiables, porque sugieren que, en unos pocos años, los primeros hombres lograron moverse más allá del Cuello e incluso en el Norte. Sin embargo, en realidad, habría tomado décadas, sino siglos, para que esto ocurriese.
No obstante, lo que sí parece ser cierto de todos los cuentos es que los Primeros Hombres pronto entraron en conflicto con los niños del bosque. A diferencia de los niños, los Primeros Hombres cultivaban la tierra y levantaron fuertes circulares y aldeas. Y al hacerlo, talaron los arcianos, incluyendo aquellos con rostros tallados, y fue por esto que los niños les atacaron, lo que llevó a cientos de años de guerra.
Los Primeros Hombres— que habían traído consigo otros dioses, caballos, ganado y armas de bronce —eran también más grandes y fuertes que los niños, por lo que representaban una amenaza significativa. Los cazadores entre los niños— sus danzarines del bosque —se convirtieron también en sus guerreros, pero todas sus artes secretas sobre los árboles y las hojas, no pudieron hacer nada más que retrasar el avance de los Primeros Hombres. Los verdevidentes emplearon sus artes, y los cuentos dicen que podían llamar a las bestias de los pantanos, los bosques y los cielos para que lucharan por ellos: lobos huargo y monstruosos osos de las nieves, leones de las cavernas y águilas, mamuts y serpientes, y muchos más.
Pero los Primeros Hombres resultaron demasiado poderosos, y se dice que los niños se vieron forzados a tomar acciones desesperadas. Las leyendas dicen que las grandes inundaciones que rompieron el puente de 12
tierra que ahora es el Brazo Roto y convirtieron al cuello en un pantano fueron la obra de los verdevidentes, quienes se reunieron en Foso Cailin para llevar a cabo su magia oscura.
Sin embargo, algunos discuten esto: los Primeros Hombres ya estaban en Poniente cuando esto ocurrió, y detener las invasiones provenientes del este no hizo más que ralentizar su avance. Además, tales poderes estaban más allá de lo que se decía que los verdevidentes tradicionalmente han sido capaces de hacer… y hasta esos cuentos parecen exagerados. Es más probable que las inundaciones del Cuello y la ruptura del Brazo fueran eventos naturales, posiblemente causados por un hundimiento natural de la tierra. Es bien sabido lo que ocurrió en Valyria, y en las Islas del Hierro, el castillo de Pyke se asienta sobre pilares de piedra que fueron en alguna ocasión parte de una isla más grande, antes de que segmentos de la misma se derrumbaran en el mar.
En cualquier caso, los niños del bosque pelearon tan ferozmente como los Primeros Hombres para defender sus vidas. Inevitablemente, la guerra se extendió por generaciones, hasta que al final los niños entendieron que no podrían ganar. Los Primeros Hombres, quizás cansados de la guerra, también querían ponerle fin al conflicto. Los más sabios de ambas razas se hicieron oír, y los jefes, héroes y gobernantes de ambos bandos se reunieron en la isla del Ojo de Dioses para llevar a cabo un Pacto.
Renunciando a todas las tierras de Poniente salvo por los espesos bosques, los niños obtuvieron de los primeros hombres la promesa de que ellos ya no volverían a talar sus arcianos. Se tallaron rostros en todos los arcianos de la isla en la cual el Pacto fue forjado de forma que los dioses pudieran atestiguarlo, y se formó la orden de los hombres verdes para atender a los arcianos y proteger la isla.
Con el pacto, la Edad del Amanecer del mundo llegó a su fin y la Edad de los Héroes le sucedió.
No está claro de si los hombres verdes todavía viven en su isla, aunque aparecen relatos ocasionales de algún joven y osado señor de los ríos, que navegó hacia la isla para tratar de echarles un vistazo, antes de que los vientos, o una bandada de cuervos lo alejase. Los cuentos de las niñeras que anuncian que ellos son astados y tienen la piel oscura y verde es una distorsión de la verdad, y es probable que los hombres verdes llevaron prendas verdes y tocados astados.
LA EDAD DE LOS HÉROES
LA EDAD DE LOS HÉROES duró miles de años, en los cuales reinos florecieron y se marchitaron, casas nobles fueron fundadas y se extinguieron, y grandes hazañas fueron llevadas a cabo. Sin embargo, lo que realmente sabemos de esos antiguos tiempos es poco más de lo que sabemos de la Edad del Amanecer. Las historias que tenemos ahora son producto del trabajo de septones y maestres quienes las escribieron miles de años después de que sucedieran los hechos— no obstante, a diferencia de los niños del bosque y los gigantes, los Primeros Hombres de la Edad de los Héroes dejaron atrás algunas ruinas y antiguos castillos que pueden corroborar parte de estas leyendas, y existen algunos monumentos en los túmulos y en otras partes marcados con sus runas. Es a través de estos restos que podemos empezar a desentrañar la verdad oculta en los cuentos.
Lo que es comúnmente aceptado de la Edad de los Héroes es que comenzó con el Pacto y se extendió por miles de años en los cuales los Primeros Hombres y los niños vivieron de forma pacífica entre ellos. Con tanta tierra a su disposición, los Primeros Hombres por fin tuvieron espacio para expandirse. Desde las Tierras del 13

Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano, los Primeros Hombres gobernaron desde sus fuertes circulares. Los reyes menores y los señores poderosos proliferaron, pero con el tiempo algunos demostraron ser más fuertes que el resto, plantando las semillas de los reinos que son los ancestros de los Siete Reinos que conocemos hoy en día. Los nombres de los reyes de esos reinos primitivos están envueltos en leyenda, y los cuentos que afirman que sus reinados individuales duraron cientos de años deben ser entendidos como errores y fantasías introducidos por otros en los días posteriores. Nombres tales como Brandon el Constructor, Garth Manoverde, Lann el Astuto y Durran Pesardedioses son figuras destacadas de esta era, pero es probable que sus leyendas contengan menos verdad que fantasía. En otro lugar, me esforzaré por discernir los granos de verdad entre la paja, pero por ahora es suficiente con reconocer estos cuentos.
Y además de los legendarios reyes y los cientos de reinos de los cuales nacieron los Siete Reinos, historias tales como las de Symeon Ojos de Estrella, Serwyn del Escudo Espejo, y otros héroes se convirtieron en pasto tanto para septones como para bardos. ¿Tales héroes alguna vez existieron? Podría ser. Pero cuando los bardos cuentan a Serwyn del Escudo Espejo como un miembro de la Guardia Real— una institución que fue formada durante el reinado de Aegon el Conquistador —podemos ver porque es que pocos de estos cuentos pueden ser considerados verdaderos. Los primeros septones que escribieron sobre ellos tomaron los detalles que les convenían y añadieron otros, y los bardos los cambiaron— algunas veces más allá de todo parecido —con tal de obtener un lugar en el cálido salón de algún señor. De tal manera que algunos de los Primeros Hombres hace mucho tiempo fallecidos se convirtieron en caballeros que seguían la Fe de los Siete y protegían a los reyes Targaryen miles de años después de que haber existido (si es que en verdad lo hicieron). Son incontables las legiones de niños y jóvenes que son engañados con estos cuentos tontos sobre la historia pasada de Poniente.
Es mejor recordar que cuando hablamos de esos legendarios fundadores del reino, hablamos simplemente de algunos dominios primitivos— generalmente centrados en un gran asentamiento, como Roca Casterly o Invernalia —que con el tiempo incorporaron más tierras y poder a sus dominios. Si Garth Manoverde alguna vez gobernó sobre lo que él afirmaba era el Reino del Dominio, es probable que su mandato no se extendiera más allá de quince días de marcha desde los salones de su castillo. Pero es desde estos pequeños dominios de donde surgieron los más poderosos reinos que llegaron a dominar Poniente en los milenios siguientes.
Un fuerte circular en ruinas de los Primeros Hombres.