La Caída de los Dragones: La Rebelión de Robert y la Gloriosa Regencia - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
El Príncipe Rhaegar presenta la corona de rosas invernales a Lyanna Stark EL AÑO DE LA FALSA PRIMAVERA
EN LAS CRÓNICAS de Poniente, el año 281 DC es conocido como el Año de la Falsa Primavera. El invierno había sido crudo y muy frio durante casi dos años, pero ahora por fin la nieve se estaba derritiendo, el bosque estaba volviéndose verde nuevamente, los días se alargaban. Y, aunque los cuervos blancos aún no habían volado, había muchos hombres, incluso en la Ciudadela de Antigua que creían que el fin del invierno estaba cerca.
Como soplaban vientos cálidos del sur, señores y caballeros de todos lados de los Siete Reinos comenzaron a dirigirse hacia Harrenhal para competir en el gran torneo que Lord Whent había organizado. El torneo prometía ser la competencia más grande y majestuosa desde los tiempos de Aegon el Improbable.
Sabemos bastante sobre ese torneo, pues los eventos que ocurrieron bajo los muros de Harrenhal fueron relatados por una veintena de cronistas y descriptos en muchos pergaminos y testamentos. Aun así, hay mucho y más que nunca sabremos, pues aunque los más grandes caballeros de los Siete Reinos rivalizaron en las justas, estaban jugándose otros y más peligrosos juegos en los salones del maldito castillo de Harren el Negro y en las tiendas y pabellones de los señores congregados.
Muchos cuentos se han contado en torno al evento de Lord Whent: cuentos de tramas políticas y conspiraciones, traiciones y rebeliones, infidelidades y asignaciones, secretos y misterios. La verdad es conocida sólo por unos pocos, muchos de los cuales han pasado el valle de los mortales y los que quedan deben mantener cuidadosamente su lengua quieta para no hablar de más. Por lo tanto la historia que se narrará a continuación es un estudio realizado a consciencia y se pone especial cuidado en separar la realidad de la fantasía, de trazar una línea divisoria entre lo que se sabe, lo que simplemente se sospecha y lo que se rumorea.
Esto es lo que sabemos: el torneo se anunció hacia finales del año 280 DC por Lord Whent, señor de Harrenhal, no mucho tiempo después de la visita de su hermano menor Ser Oswell Whent, miembro de la Guardia Real.
Que este evento sería magnífico, de eso no tenía ninguna duda Lord Whent, los premios que ofrecía eran tres veces más grandes que los que se ofrecieron en el gran torneo de Lannisport organizado por Lord Tywin en el 272 DC, torneo que fue organizado en honor a los diez años que llevaba Aerys II gobernando en el trono de hierro.
La mayoría tomó esto simplemente como un empeño de Whent por exceder a la Mano anterior y demostrar la riqueza y esplendor de su casa. Sin embargo, algunos creyeron que no era más que una artimaña, y Lord Whent no más que una herramienta. A su señoría le faltaban los fondos para pagar tales premios espléndidos, argumentaron; ciertamente alguien más habría estado detrás de él, alguien con oro suficiente, pero que por alguna razón prefería permanecer en las sombras para dejarle la gloria del magnífico evento a Lord Whent. No tenemos pruebas de que alguna “sombra encubierta” estuviera detrás de la organización del torneo y, no la tenemos hoy en día, pero eso es lo que se creía en aquel entonces y, lo que algunos aún hoy siguen creyendo.
Pero... ¿y si en verdad había una sombra benefactora detrás de todo el torneo de Harrenhal? ¿Por qué mantenerse en secreto? Muchos nombres se han propuesto para esta sombra, pero sólo uno parece verdaderamente convincente: Rhaegar Targaryen, el príncipe de Rocadragón.
Si se puede creer esta historia, fue el Príncipe Rhaegar, quien le propuso a Lord Whent celebrar el torneo, utilizando como intermediario a su hermano pequeño Ser Oswell. Rhaegar le proporcionó a Whent el oro suficiente para hacer que los premios fueran incluso más esplendidos con el fin de atraer a la mayor cantidad de grandes señores y caballeros a Harrenhal como fuera posible. El propósito de Rhaegar no era realizar un torneo, sino el de atraer a los más grandes señores del reino para, en una forma de consejo informal, tratar el tema de la locura de su padre, el rey Aerys II, y probablemente discutir alguna forma de que el rey abdicara o dejara una regencia en su nombre.
Si realmente éste fue el propósito detrás del torneo, era un juego peligroso el que estaba jugando Rhaegar.
Aunque muy pocos dudaban de la demencia de Aerys, todavía muchos tenían buenas razones para oponerse a removerlo del Trono de Hierro. Ciertos cortesanos y consejeros habían ganado gran riqueza y poder a través de los caprichos del rey y sabían que podrían perder todo si el Príncipe Rhaegar llegaba al poder. El Rey Loco podría ser salvajemente cruel, como se vio claramente cuando quemó a los que percibía como sus enemigos, pero también podría ser extravagante: colmaba a hombres que le agradaban con honores, cargos y tierras. Los señores lameculos que rodeaban a Aerys II habían ganado mucho con la locura del rey y con entusiasmo cogían cualquier oportunidad para hablar mal del príncipe Rhaegar e inflamar las sospechas del padre sobre el hijo.
Los cabecillas entre los partidarios del Rey Loco eran los tres señores de su concilio privado: Qarlton Chelsted, Consejero de la Moneda, Lucerys Velaryon, Consejero de Barcos, y Symond Staunton, Consejero de Leyes. El eunuco Varys, Consejero de Rumores, y Sapiencia Rossart, el gran maestro del Gremio de Alquimistas, también disfrutaban de la confianza del rey.
Al Príncipe Rhaegar lo apoyaban los hombres más jóvenes en la corte: Lord Jon Connington, Ser Myles Mooton de Poza Doncella y Ser Richard Lonmouth. Los hombres de Dorne, que habían venido a la corte con la Princesa Elia, también eran de la confianza del príncipe, particularmente el Príncipe Lewyn Martell, el tío de Elia y un Hermano Juramentado de la Guardia Real. Pero el más formidable de los amigos y aliados de Rhaegar en Desembarco del Rey era ciertamente Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer.
Para el Gran Maestre Pycelle y Lord Owen Merryweather, la mano del rey, cayó la para nada envidiable tarea de mantener la paz entre estas dos facciones, de esta forma su rivalidad se iba acrecentando cada vez más. En una carta a la Ciudadela, Pycelle escribió que la situación en la Fortaleza Roja le hacía acordar a la enemistad que se había vivido hace casi un siglo antes durante la Danza de los Dragones, cuando la enemistad entre la reina Alicent y la princesa Rhaenyra habían dividido al reino en dos. Pycelle advirtió que un final parecido podía ocurrir sino se llegaba a un acuerdo entre los partidarios del rey y los del príncipe.
Si hubieran tenido en sus manos cualquier rumor, circunstancia o hecho que pudiera comprobar que Rhaegar conspiraba en contra de su padre, hubiese bastado para que los partidarios del rey Aerys planearan su caída.
De hecho, algunos miembros de la corte del rey habían ido tan lejos como para sugerirle que desheredara a su hijo considerándolo “desleal” y, que en su lugar le diera el trono a su hermano más chico. El príncipe Viserys no tenía más que siete años de edad y si él ocupaba el trono evidentemente necesitaría una regencia, regencia que obviamente ellos se encargarían de ejercer.
Con este clima no era de extrañar que el torneo organizado por Lord Whent diera lugar a sospechas, Lord Chelsted le sugirió a su gracia que prohibiera el torneo, y Lord Staunton fue aún más lejos sugiriendo que prohibiera todo tipo de torneo.
Estos eventos contaban con una gran aceptación popular y sin embargo cuando Lord Merryweather le advirtió a Aerys que si prohibía el torneo solo conseguiría que su imagen se volviera todavía más impopular, el rey escogió su propio consejo y anuncio que asistiría al torneo. Ésta sería la primera vez que Aerys II abandonaba la Fortaleza Roja desde el desafío de Valle Oscuro. El razonamiento de su gracia se basaba indudablemente en que sus enemigos no se atreverían a conspirar en frente de sus narices. El Gran Maestre Pycelle nos dice que Aerys decidió asistir al torneo, porque consideraba que su presencia en un evento popular conseguiría aplacar un poco los ánimos y conseguir de nuevo el amor de su pueblo.
Pero si esa era de hecho la intención del rey, fue un grave error de cálculo.
Si bien su presencia hizo del torneo de Harrenhal aún más importante y prestigioso de lo que ya era, los señores y caballeros de todos los rincones del reino, y muchos de los que fueron, quedaron conmocionados y horrorizados cuando vieron en lo que se había convertido su monarca. Sus largas uñas amarillas, barba enmarañada, y el cabello sucio y enmarañado, evidenciaron el grado de locura del rey para todos los presentes. Tampoco fue su comportamiento el de un hombre cuerdo, ya que Aerys podía pasar de la alegría a la melancolía en un abrir y cerrar de ojos, y muchos de los relatos escritos sobre Harrenhal hablan también de su risa histérica, largos silencios, episodios de llanto y rabia repentinos.
Pero por sobre todo el rey Aerys II sospechaba: sospechaba de su propio hijo y heredero, el príncipe Rhaegar; sospechaba de su anfitrión, Lord Whent; sospechaba de cada señor y caballero que había llegado a Harrenhal para competir... y aún más, sospechaba de aquellos que optaron por ausentarse, el más notable de los cuales era su anterior Mano, Tywin Lannister, señor de Roca Casterly.
En la ceremonia de apertura del torneo, el Rey Aerys hizo una gran demostración pública de Ser Jaime Lannister, quien llevaría la envestidura de miembro juramentado de la Guardia Real. El joven dijo sus votos frente al pabellón real, de rodillas, sobre la hierba verde, su armadura blanca relucía entre las de los otros caballeros. Cuando Ser Gerold Hightower lo levantó y puso sobre sus hombros la capa blanca, un rugido ensordecedor se escuchó desde la multitud, Ser Jaime era muy admirado por su coraje, valentía y destreza con la espada, sobre todo en las tierras del oeste.
Aunque Tywin Lannister no se dignó de asistir al torneo en Harrenhal, docenas de sus señores vasallos y centenares de caballeros presentes, vitorearon al nuevo y más joven Hermano Juramentado de la Guardia Real. El rey estaba contento. En su locura, nos dicen, Su Gracia creyó que lo estaban aclamando a él.
Sin embargo, una vez finalizada la ceremonia, el Rey Aerys II empezó a alimentar graves dudas sobre su nuevo protector. El rey había tenido la intención de alistar a Ser Jaime en su Guardia Real como una manera de humillar a su viejo amigo, nos dice el Gran Maester Pycelle. Sólo que ahora, tardíamente, comprendió Su Gracia que tendría al hijo de Lord Tywin de aquí en adelante a su lado, día y noche… con una espada en su cintura.
El pensamiento lo asustó tanto, que apenas pudo comer en el banquete de esa noche, confiesa Pycelle. Por lo tanto, Aerys II convocó a Ser Jaime para asistirle (aunque en cuclillas encima de su orinal, algunos dicen, pero este feo detalle pudo haber sido una añadidura al cuento), y le ordenó que regresara a Desembarco del Rey para proteger a la Reina Rhaella y al Príncipe Viserys que no habían acompañado a Su Gracia en el torneo. El señor comandante, Ser Gerold Hightower, se ofreció ir en lugar de Ser Jaime, pero Aerys se negó. Para el joven caballero que había esperado distinguirse en el torneo, indudablemente, este abrupto destierro fue una desilusión amarga. No obstante, Ser Jaime era fiel a sus votos. Partió en seguida hacia la Fortaleza Roja y no participó en los eventos de Harrenhal… salvo quizás en la mente del Rey Loco.
Durante siete días, los mejores caballeros y nobles señores de los Siete Reinos contendieron con lanza y espada en los campos debajo de los muros imponentes de Harrenhal. Por la noche, vencedores y vencidos por igual, iban al Salón de las Cien Chimeneas del cavernoso castillo para celebrar y disfrutar del banquete.
Muchas canciones e historias se cuentan de esos días y noches, al lado del Ojo de Dioses. Algunas incluso son verdaderas.
Pero relatar cada justa y cada broma está muy lejos de nuestro propósito aquí. Estaremos encantados de dejar esa tarea a los trovadores.
Dos incidentes no deben pasarse por alto, sin embargo, porque demostrarían tener graves consecuencias. El primero fue el de la aparición de un caballero misterioso, un hombre delgado, joven en cuya armadura se podía apreciar un árbol blanco, un arciano, tallado formando una mueca, que parecía una sonrisa. El Caballero del Árbol Sonriente, así fue llamado este competidor, descabalgó a tres hombres en justas sucesivas para el deleite de los comunes.
Sin embargo, el Rey Aerys II no era un hombre que disfrutaba de los misterios. Su Gracia se convenció de que el árbol en el escudo del caballero misterioso se estaba riendo de él, y— sin ninguna prueba más que esa —
decidió que el caballero misterioso era Ser Jaime Lannister. Su más reciente Guardia Real le había desafiado y regresado al torneo, les dijo a todos. Furioso, ordenó a sus propios caballeros que desafiaran al Caballero del Árbol Sonriente cuando las justas se reanudaran la mañana siguiente, para que pudiera ser desenmascarado y su perfidia expuesta a la vista de todos. Pero el caballero misterioso desapareció durante la noche, para nunca ser visto de nuevo. Esto también enfureció al rey, seguro de que alguien cerca de él le había advertido a “este traidor que no mostrará su cara.”
El Príncipe Rhaegar surgió como el último vencedor al final de la competición. El príncipe de la corona, que normalmente no competía en los torneos, sorprendió a todos poniéndose su armadura y derrotando a cada enemigo que enfrentó, incluyendo a cuatro caballeros de la Guardia Real. En la justa final, descabalgó a Ser Barristan Selmy, considerado la lanza más fina en todos los Siete Reinos, ganando los laureles del campeón.
Los vítores de la multitud eran ensordecedores, pero el rey Aerys no se les unió. Lejos de estar orgulloso y complacido por la habilidad de su heredero, Su Gracia lo vio como una amenaza.
Los señores Chelsted y Staunton inflamaron aún más sus sospechas, declarando que el príncipe Rhaegar había entrado en las justas para ganarse el favor de los comunes y recordar a los señores reunidos que era un guerrero fuerte, un verdadero heredero de Aegon el Conquistador.
Y cuando el príncipe triunfante de Rocadragón nombró a Lyanna Stark, la hija del señor de Invernalia, la reina del amor y la belleza, poniendo una guirnalda de rosas azules en su regazo con la punta de su lanza, los consejeros reunidos en torno al rey declararon que era una prueba más de su perfidia. ¿Por qué el príncipe habría insultado así a su propia esposa, la Princesa Elia Martell de Dorne (quién estaba presente), a menos que intentara obtener la ayuda para ganar el Trono de Hierro? La coronación de la chica Stark, que según todos los informes, era una joven salvaje y amuchachada sin la delicada belleza de la Princesa Elia, sólo podría significar que el Príncipe Rhaegar quería conseguir la fidelidad de Invernalia para su causa, sugirió Symond Staunton.
Sin embargo si esto era así, ¿por qué los hermanos de Lyanna se veían tan sorprendidos con respecto al hecho de que el príncipe le hubiera otorgado semejante honor? Brandon Stark, heredero de Invernalia, tuvo que ser contenido para que no se enfrentara a Rhaegar, pues consideraba un desaire al honor de su hermana el atrevimiento del príncipe. Además Lyanna estaba prometida a Robert Baratheon, señor de Bastión de Tormentas. Eddard Stark, hermano menor de Brandon y amigo íntimo de Robert se encontraba más tranquilo, pero no contento, en cuanto a Robert algunos dicen que se rio alegando que el príncipe no había hecho más que hacer honor a la belleza de Lyanna. Sin embargo los que lo conocían aseguran que sólo mantuvo la fachada pues se encontraba frente al heredero de Rocadragón, pero que desde ese día su corazón guardó un enorme resentimiento hacia el príncipe.
Y con esa simple guirnalda de pálidas rosas azules, Rhaegar Targaryen había iniciado la danza, que dividiría los Siete Reinos, causando su propia muerte y la de miles más, y había dado la bienvenida a un nuevo rey en el Trono de Hierro.
La Falsa Primavera de 281 DC duró menos de dos lunas. Cuando el año llegaba a su fin, el invierno volvió a Poniente con furia. En el último día del año la nieve empezó a caer en Desembarco del Rey y una corteza de hielo se formó sobre la Bahía de Aguasnegras. La nevada continuó de vez en cuando durante una quincena, el Aguasnegras estaba congelado, y los carámbanos cubrieron los tejados y surcos de cada torre en la ciudad.
Cuando los vientos fríos martillaron la ciudad, el Rey Aerys II llamó a sus piromantes, exigiendo que usen sus magias para hacer desaparecer el invierno. Grandes fuegos verdes ardieron a lo largo de los muros de la Fortaleza Roja durante una luna.
El Príncipe Rhaegar no estaba en la ciudad para observarlos, sin embargo. Ni se encontraba en Rocadragón con la Princesa Elia y su joven hijo, Aegon. Con la venida del nuevo año, el príncipe de la corona había iniciado, con media docena de sus amigos más íntimos y confidentes, una jornada que lo llevaría finalmente de regreso a las tierras de los ríos. A unas diez leguas de Harrenhal, Rhaegar cayó sobre Lyanna Stark de Invernalia, y se la llevó, encendiendo un fuego que consumiría su casa y parientes y a todos aquéllos que amaba— y la mitad del reino además.
Pero esa historia es demasiado conocida para repetirla aquí.


Rhaegar Targaryen, Príncipe de Rocadragón.
LA REBELIÓN DE ROBERT
El Rey Robert Baratheon, el Primero de su Nombre.
LO QUE SUCEDIÓ tras el secuestro de Lyanna Stark por el príncipe Rhaegar fue la ruina de la casa Targaryen.
Cuando Lord Stark, su heredero y sus seguidores exigieron una compensación por los agravios de Rhaegar, la crueldad con la que el rey Aerys se enfrentó a ellos reveló la verdadera intensidad de su locura. En lugar de concederles una audiencia justa, el rey los asesinó brutalmente, y a continuación exigió a Lord Jon Arryn que ejecutara a sus antiguos pupilos, Robert Baratheon y Eddard Stark.
Hoy, muchos coinciden en que el verdadero comienzo de la Rebelión de Robert fue la negativa de lord Arryn y su valiente convocatoria a sus banderizos en defensa de la justicia. Pero no todos los señores del Valle estuvieron de acuerdo con la decisión de Lord Jon, y pronto estalló la batalla cuando los leales a la corona intentaron derrocar a Lord Arryn.
Los combates se extendieron por los Siete Reinos como el fuego valyrio, a medida que señores y caballeros se posicionaban en uno u otro bando. Muchos de los que combatieron en esas batallas siguen con vida y pueden hablar con mayor conocimiento que yo, que no estuve allí. Por ello, dejaré que sean ellos los que escriban la historia verdadera y detallada de la Rebelión de Robert: no es mi intención ofenderlos con una enumeración inexacta de los acontecimientos, o alabando por error a aquellos que no lo merecen. Así que en vez de eso me 139
limitare a contar la historia del caballero y señor que logró sentarse en el trono de hierro al final, reparando un reino prácticamente destruido por la locura.
Robert Baratheon demostró ser un intrépido e indomable guerrero a medida que más y más hombres se congregaban bajo su estandarte. Fue el primero en asaltar los muros de Puerto Gaviota cuando Lord Grafton alzó su pendón a favor de los Targaryen, y desde allí zarpó a Bastión de Tormentas para convocar a sus banderizos, arriesgándose a que la flota real lo capturara. No todos acudieron de buena gana: la Mano de Aerys, Lord Merryweather, animó a algunos señores de las Tierras de la Tormenta a levantarse contra Lord Robert. Sin embargo, su intento se reveló infructuoso tras las victorias de Lord Robert en Refugio Estival, donde ganó tres batallas en un único día. Los hombres que tan rápido había reunido derrotaron primero a Lord Grandison y luego a Lord Cafferen, y Robert partió para matar a Lord Fell en combate singular, antes de capturar a su célebre hijo Hacha de Plata.
A Lord Robert y los señores de las tormentas les aguardaban más victorias mientras marchaban para unir fuerzas con Lord Arryn y los norteños que apoyaban su causa. Especialmente conocida, y con razón, es la gran victoria de Robert en Septo de Piedra, también conocida como “La Batalla de las Campanas“, en la que mató al célebre Ser Myles Mooton— escudero del príncipe Rhaegar —y a cinco hombres más, y en la que también habría podido acabar con la nueva Mano, Lord Connington, si la contienda hubiera llegado a reunirlos. La victoria significó la entrada de las Tierras de los Ríos en el conflicto, tras el matrimonio de las hijas de lord Tully con los señores Arryn y Stark.
Esos triunfos dejaron las fuerzas reales desorientadas y dispersas, aunque hicieron lo que pudieron por reagruparse. Enviaron a la Guardia Real a recuperar lo que quedaba de la hueste de Lord Connington, y el príncipe Rhaegar regresó del sur para tomar el mando de los ejércitos que acababan de reclutarse en las Tierras de la Corona. Y, tras una victoria parcial en Vado Ceniza que obligó a Robert a retirarse, las Tierras de la Tormenta quedaron abiertas para Lord Tyrell.
Sirviéndose de toda su fuerza, los señores del Dominio barrieron cualquier resistencia y sometieron a asedio a Bastión de Tormentas. Poco después, la poderosa flota de lord Paxter Redwyne se unió a la hueste desde el Rejo y completó el asedio por mar y por tierra, situación que se prolongó hasta el final de la guerra.
Desde Dorne acudieron diez mil lanceros en defensa de la princesa Elia: cruzaron por Sendahueso y marcharon a Desembarco del Rey para fortalecer el ejército que Rhaegar estaba reuniendo. Los que vivieron aquellos días en la corte cuentan que la conducta de Aerys era errática. No confiaba en nadie excepto en la Guardia Real, y aun así, no totalmente, pues mantenía a ser Jaime Lannister junto a él a todas horas como rehén contra su padre.
Cuando el príncipe Rhaegar marchó hacia el Tridente por el Camino Real, lo acompañaban, salvo uno, todos los miembros de la Guardia Real que quedaban en Desembarco del Rey: Ser Barristan el Bravo, Ser Jonothor Darry y el príncipe Lewyn de Dorne. Este último tomó el mando de la tropa dorniense que había enviado su sobrino, el príncipe Doran, aunque se dice que sólo la lideró por las amenazas del Rey Loco, que temía que los dornienses tuvieran intención de traicionarlo. El joven Ser Jaime Lannister fue el único que se quedó en Desembarco del Rey.
Se ha escrito y hablado mucho de la famosa batalla del Tridente, pero lo que todo el mundo sabe es que los dos ejércitos se encontraron en la encrucijada que desde entonces se llamaría Vado Rubí, por los rubíes que se desprendieron de la armadura del príncipe Rhaegar. Los oponentes estaban equilibrados: las fuerzas de Rhaegar contaban con unos cuarenta mil hombres, de los cuales una décima parte eran caballeros. Los 140
rebeldes disponían de menos hombres, pero sus soldados se habían curtido en más batallas, mientras que gran parte de las fuerzas de Rhaegar eran novatas e inexpertas.
La contienda en el vado fue encarnizada y se perdieron muchas vidas en la refriega. Ser Jonothor Darry murió en medio del conflicto, y también el príncipe Lewyn de Dorne. Pero la muerte más importante estaba aún por llegar.
La batalla rugía alrededor de Lord Robert y del príncipe Rhaegar y, ya fuera por la voluntad de los dioses o por casualidad, o acaso de manera intencionada, se encontraron en los bajos del vado. Según todos los relatos, los dos caballeros lucharon con valor sobre los corceles, pues, pese a sus crímenes, el príncipe Rhaegar no era ningún cobarde. En medio del combate, el príncipe dragón hirió a Lord Robert, pero al final se sobrepusieron la tremenda fuerza del Baratheon y su sed de vengar la deshonra que había sufrido su prometida secuestrada. La maza de Robert dio en el blanco y se hundió en el pecho de Rhaegar, y los costosos rubíes que relucían en la coraza del príncipe se esparcieron por el agua.
Algunos hombres de los dos bandos detuvieron la lucha al momento y se arrojaron al río de un salto para recuperar las piedras preciosas. Y la derrota se extendió rápidamente entre los regalistas, a medida que sus soldados emprendían la huida del campo de batalla.
Las heridas de Lord Robert le impidieron salir tras ellos y dejó la persecución en manos de Lord Eddard Stark, pero Robert demostró su caballerosidad al negarse a permitir que Ser Barristan, gravemente herido, fuera ejecutado. En lugar de eso, envió a su propio maestre a atender al formidable caballero. De esta forma se ganó el futuro rey la fiera devoción de amigos y aliados, pues pocos hombres han sido jamás tan generosos y compasivos como Robert Baratheon.
EL FIN
Los pájaros volaban y los mensajeros se apresuraron a transmitir la victoria de Vado Rubí. Cuando la noticia llegó a la Fortaleza Roja, se dice que Aerys maldijo a los dornienses, convencido de que Lewyn había traicionado a Rhaegar. Envió a Rocadragón a su esposa embarazada, la reina Rhaella, y a su hijo menor y nuevo heredero, Viserys, pero la princesa Elia fue obligada a permanecer en Desembarco del Rey junto con los hijos de Rhaegar como rehenes contra Dorne. Tras haber quemado vivo a Lord Chelsted, su anterior mano, por aconsejarlo mal durante la guerra, Aerys nombró a otro para el cargo: el alquimista Rossart, un hombre de baja cuna con poco que recomendar más allá de llamas o las supercherías.
Mientras tanto, dejaron a ser Jaime Lannister al cargo de la defensa de la Fortaleza Roja. Centinelas y caballeros controlaban las murallas, esperando al enemigo. El primer ejército en aparecer portaba el león de Roca Casterly, con lord Tywin a la cabeza, y el rey Aerys ordenó que se abrieran las puertas, nervioso, pensando que al final su viejo amigo y antigua Mano había acudido en su rescate, igual que en la Resistencia del Valle Oscuro. Pero Lord Tywin no había ido allí a salvar al Rey Loco.
En esa ocasión, la causa de lord Tywin era la del reino, y estaba decidido a poner fin a un reinado arruinado por la locura. Una vez hubieron traspasado los muros de la ciudad, los soldados asaltaron a los defensores de Desembarco del Rey y la sangre corrió roja por las calles. Un grupo de hombres cuidadosamente elegidos se precipitó a la Fortaleza Roja para asaltar los muros, localizar al rey Aerys y administrar justicia.
La Fortaleza Roja cayó pronto, pero, en el caos, el infortunio se cernió sobre Elia de Dorne y sus hijos, Rhaenys y Aegon. Es trágico pensar que la sangre que se derrama en la guerra pueda pertenecer tanto a los inocentes como a los culpables, y que aquellos que violaron y asesinaron a la princesa Elia escaparan de la justicia. No se sabe quién mató a la princesa Rhaenys en su lecho, o quién aplastó la cabeza del pequeño príncipe Aegon contra un muro. Algunos murmuran que fue una orden del propio Aerys, cuando supo que Lord Lannister se había unido a la causa de Robert, mientras que otros sugieren que fue obra de la misma Elia, por temor a lo que pudiera sucederles a sus hijos en manos de los enemigos de su difunto esposo.
La Mano de Aerys, Rossart, fue abatido en una poterna cuando intentaba huir del castillo como un cobarde, y el último en morir fue el propio rey Aerys, a manos del único miembro de la Guardia Real que le quedaba, ser Jaime Lannister. Al igual que su padre, ser Jaime hizo lo mejor para el reino, y acabó con la vida del Rey Loco.
Así terminó el reinado de la casa Targaryen y la Rebelión de Robert, la guerra que puso fin a casi trescientos años de gobierno Targaryen y dio paso a una nueva era dorada bajo los auspicios de la casa Baratheon.
LA GLORIOSA REGENCIA
DESDE LA CAÍDA de la Casa Targaryen, el reino ha prosperado enormemente. Robert, el Primero de Su Nombre, se hizo cargo de un Poniente fracturado y rápidamente lo sanó de las muchas maldades infligidas por el Rey Loco y su hijo. En su primer acto, el rey tomó por esposa a la mujer más bonita en el reino, Cersei de la Casa Lannister— por consiguiente —concediendo a la Casa Lannister todos los honores que Aerys le había negado. Y aunque todos sabían que Lord Tywin podría haber asumido de nuevo como la Mano, el rey, en su gracia, dio ese cargo a su viejo amigo y protector, Lord Jon Arryn. Desde entonces, el sabio y justo Lord Arryn ha ayudado de hecho al rey a pastorear el reino hacia la prosperidad.
Pero no se puede decir que el reino de Robert ha sido completamente tranquilo. Seis años después de su coronación, Balon Greyjoy ilegalmente se alzó contra su rey— no por algún daño hecho a él o a su gente, sino meramente por ambición injustificable. Lord Stannis Baratheon, el hermano de Robert, llevó la flota real contra Lord Greyjoy, mientras el propio Rey Robert montó a la cabeza de un poderoso ejército. Grandes acciones fueron realizadas por el Rey Robert cuando Pyke fue tomado y dominado. El rey Balon Greyjoy— el pretendiente a la corona de las Islas de Hierro —dobló la rodilla al Trono de Hierro. Y para asegurar su lealtad, su único hijo superviviente fue tomado como rehén.
Ahora el reino estaba en paz. Nuestro noble rey ha gobernado durante uno de los veranos más largos en muchos años, lleno de prosperidad y buenas cosechas. Es más, el rey y su querida reina le han dado al reino tres dorados herederos para asegurar que la Casa Baratheon reinará suprema por mucho tiempo. Y aunque recientemente ha surgido un falso Rey más allá del Muro, Mance Rayder es un traidor fugitivo de la Guardia de la Noche, y la Guardia de la Noche siempre ha aplicado una justicia veloz a aquellos que la han traicionado.
Este rey lo logrará nada, al igual que todos los otros reyes salvajes anteriores a él.
No podrá ser por siempre. Como esta historia ha mostrado, el mundo ha visto muchas edades. Muchos miles de años han pasado desde la Edad del Amanecer hasta hoy. Los castillos han ascendido y han caído, igual los reinados. Los arrendatarios han nacido, crecido para trabajar los campos, y muerto de vejez, o desgracia, o enfermedad, dejando atrás a los niños para hacer lo mismo. Príncipes han nacido, crecido para llevar una 142
corona, y muerto en la guerra, o la cama, o algún torneo, dejando atrás reinados grandes, olvidables, o infames. El mundo ha conocido el hielo en la Larga Noche, y el fuego en la Maldición. Desde la Orilla Helada hasta Asshai de la Sombra, este mundo de hielo y fuego ha revelado una rica y gloriosa historia— no obstante hay mucho más por ser descubierto aún. Si más fragmentos del manuscrito de Maestre Gyldayn son localizados— u otros incomparables tesoros (por lo menos a los ojos de los maestres) —mucha de nuestra ignorancia podría desvanecerse. Pero una cosa puede decirse con certeza: mientras los próximos mil años se desplieguen— y aún miles más —muchos más nacerán, y vivirán, y morirán. Y la historia continuará desarrollándose, tan extraña y compleja y compilada como mi humilde pluma fue capaz de exponer aquí.
Ningún hombre puede decir con certeza lo que nos depara el destino. Pero quizás, sabiendo lo que ya ha pasado, podemos hacer un esfuerzo para evitar los errores de nuestros antepasados, emular sus éxitos, y crear un mundo más armonioso para nuestros niños, y sus niños, para las futuras generaciones.
En nombre del glorioso Rey Robert, Primero de Su Nombre, yo, humildemente, concluyo esta historia de los reyes de los Siete Reinos.
