La Historia Antigua: La Larga Noche - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
A MEDIDA QUE LOS PRIMEROS HOMBRES establecían sus reinos tras el Pacto, poco les preocupaba a excepción de sus propias peleas y guerras, o al menos eso nos dicen las historias. Es también de estas historias de donde aprendemos sobre la Larga Noche, cuando llegó una estación de invierno que duró una 14
generación— una generación en la cual los niños nacían, crecían y llegaban a la adultez, y en muchos casos morían sin llegar a ver la primavera.
De hecho, algunos de los cuentos más antiguos dicen que nunca llegaron a ver la luz del día, así de terrible fue el invierno que cayó sobre el mundo. Mientras que esto último podría no ser más que fantasía, el hecho de que algún tipo de cataclismo tuviera lugar hace muchos miles de años parece ser cierto. Lomas Pasolargo, en sus “Maravillas creadas por el Hombre”, relata haberse reunido con descendientes de los Rhoynar en las ruinas de la ciudad festiva de Chroyane, quienes tenían cuentos de una oscuridad que hizo que el Rhoyne menguara y despareciera, sus aguas se congelaron incluso tan al sur como en la unión con el Selhoru. De acuerdo a esos cuentos, el sol tan sólo regreso cuando un héroe convenció a los múltiples hijos de la Madre Rhoyne— dioses menores como el Rey Cangrejo y el Viejo Hombre del Rio —de dejar a un lado sus disputas y unirse para cantar una canción secreta que trajo de vuelta al día.
También está escrito que existen anales en Asshai sobre tal oscuridad, y sobre un héroe que la combatió usando una espada roja. Se dice que sus hazañas se realizaron antes del surgimiento de Valyria, en la edad temprana cuando el Viejo Ghis recién empezaba a formase como un imperio. Esta leyenda se ha extendido al oeste de Asshai, los seguidores de R’hllor afirman que este héroe fue llamado Azor Ahai, y profetizan su regreso. En el “Compendio Jade”, Colloquo Votar relata una curiosa leyenda de Yi Ti, la cual establece que el sol ocultó su rostro del mundo por una eternidad, avergonzado por algo que nadie pudo descubrir, y que ese desastre fue evitado tan sólo por las hazañas de una mujer con cola de mono.
A pesar de que durante mucho tiempo la Ciudadela ha buscado aprender la manera de predecir la duración y el cambio de las estaciones, todos sus esfuerzos han resultado en vano. El septón Barth parece argumentar, en un tratado fragmentario, que la inconstancia de las estaciones era una materia de las artes mágicas más que del conocimiento confiable. “Medición de los Días” del maestre Nicol— de otra manera, un trabajo loable que contiene cosas de mucha utilidad —parece influenciado por este argumento. Basado en su estudio sobre el movimiento de las estrellas en el firmamento, Nicol sostiene de forma muy convincente que las estaciones podrían haber tenido, en el pasado, una duración regular, determinada únicamente por la forma en la cual el mundo se coloca respecto al sol en su curso celestial. La idea detrás de este argumento parece ser cierta— que el alargamiento y acortamiento de los días, si hubiese sido más regular, hubiera llevado a estaciones más regulares —pero fue incapaz de encontrar evidencia de que aquel hubiera sido el caso, salvo lo que decían los antiguos cuentos.
No obstante, si este cruel invierno tuvo lugar como lo describen los cuentos, la miseria que debió haber provocado de seguro fue un espectáculo atroz. Durante los inviernos más duros, entre los norteños, es costumbre que los más viejos y los enfermos digan que van a salir de cacería— sabiendo muy bien que nunca regresarán pero dejando así un poco más de comida para aquellos con más probabilidades de sobrevivir. Sin duda esta práctica era común durante la Larga Noche.
Sin embargo, existen otros cuentos—más difíciles de dar crédito pero aún más importantes en las viejas historias —sobre criaturas conocidas como los Otros. De acuerdo con esos cuentos, ellos venían de las congeladas Tierras del Eterno Invierno, trayendo consigo el frío y la oscuridad, buscando extinguir toda luz y calidez. Los cuentos dicen que montaban monstruosas arañas de hielo y los caballos de los muertos, resucitados para servirles, así como que también resucitaban a los hombres muertos para que peleen por ellos.

Los Otros montados en arañas de hielo y caballos muertos, como afirman las leyendas.
El cómo llegó a su fin la Larga Noche es materia de leyendas, así como todas las cuestiones del pasado parecen serlo. En el Norte, hablan de un último héroe quien buscó la intercesión de los niños del bosque, sus compañeros lo abandonaron o murieron uno tras otro mientras se enfrentaban a gigantes hambrientos, sirvientes del frío, y a los mismos Otros. Solo, al final, llegó donde los Niños, a pesar de los esfuerzos de los caminantes blancos, y todos los cuentos coinciden en que este fue un momento decisivo.
Gracias a los Niños, los primeros hombres de la Guardia de la Noche, se unieron y fueron capaces de pelear—
y ganar —la Batalla por el Amanecer: la última batalla que acabó con el invierno sin fin y envió a los Otros de regreso al norte congelado. Ahora, seis mil años después (u ocho mil como propone “Historia Verdadera”), el Muro, construido para defender los reinos de los hombres aún está al mando de las hermanos juramentados de la Guardia de la Noche, y ni los Otros ni los niños han sido vistos en muchos siglos.
“Las Mentiras de los Antiguos” del Archimaestre Fomas— aunque poco apreciada en estos días por sus afirmaciones erróneas sobre la fundación de Valyria y ciertos reclamos limítrofes en el Dominio y las tierras de Occidente —especula que los Otros de las leyendas no fueron más que una tribu de los Primeros Hombres, ancestros de los salvajes, que se habían establecido en el lejano norte. A causa de la Larga Noche, esos primitivos salvajes se vieron obligados a comenzar una ola de conquistas hacia el sur. El que se conviertan en monstruos en los relatos contados posteriormente, según Fomas, refleja el deseo de la Guardia de la Noche y los Stark de darse una identidad más heroica como salvadores de la humanidad, y no simplemente como los vencedores de una lucha sobre el dominio de sus tierras.