Los Siete Reinos: El Valle y Casa Arryn - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
El Valle de Arryn, una larga y ancha cuenca fértil rodeada enteramente por los picos verdes y grises de las enormes Montañas de la Luna, es tan próspero como hermoso. Quizás por eso los primeros invasores ándalos decidieron desembarcar allí cuando cruzaron el mar Angosto bajo los estandartes de sus dioses. La pruebas de ello están en las piedras talladas que se ven por los Dedos y que muestran imágenes de estrellas, espadas y hachas (o martillos, según afirman algunos). El libro sagrado de la Fe, La Estrella de Siete Puntas, habla de una
« tierra dorada entre gigantescas montañas» en el momento que Hugor de la Colina tuvo la visión del tesoro que algún día pertenecería a los ándalos.
El Valle está aislado del resto de Poniente por unas enormes montañas y demostró ser el terreno perfecto para que los ándalos comenzaran a forjarse sus primeros reinos en aquella nueva tierra. Los primeros hombres, que estaban allí antes que los ándalos, lucharon con tenacidad contra estos invasores llegados del mar, pero en aquellos tiempos, El Valle era un lugar escasamente poblado, y no tardaron en verse superados en número en todas las batallas. Los bardos cantan que en cuanto incendiaban una nave de los ándalos o la obligaban a retirarse al mar, diez más aparecían en el horizonte. Los primeros hombres tampoco lograron igualar el ardor guerrero de los invasores; y ni sus hachas de bronce y ni sus cotas de escamas del mismo metal eran rival para las espadas de acero y las cotas de malla de hierro de los ándalos.
Además, el territorio de El Valle y los picos que lo rodean estaban divididos en una veintena de pequeños reinos cuando los ándalos llegaron a la orilla de Poniente con la estrella de siete puntas pintada (en algunos casos, grabada) en el pecho. Enfrentados por viejas enemistades, los reyes de los primeros hombres no se unieron para combatir a los invasores cuando aparecieron al principio, sino que establecieron pactos y alianzas con ellos para conseguir que los recién llegados les ayudaran en sus guerras internas. Esta insensatez se repitió una y otra vez a medida que los ándalos avanzaban por Poniente.
Dywen Shell y Jon Brightstone, cada uno de los cuales proclamaba ser el rey de los Dedos, llegaron incluso a pagar a los caudillos ándalos para que cruzaran el mar. Ambos pensaron utilizarlos para luchar contra el otro.
En vez de eso, los caudillos atacaron a sus anfitriones. En menos de un año, Brightstone fue capturado, torturado y decapitado y a Shell lo quemaron vivo dentro de su propia vivienda de madera. Un caballero ándalo llamado Corwyn Corbray se casó con la hija del primero y tomó como amante a la esposa del segundo, 175
y reclamó como suyos los Dedos (aunque Corbray, a diferencia de muchos ándalos, nunca se proclamó rey y prefirió el título más modesto de «señor de los Cinco Dedos»).
Al sur, Osgood Shett, el tercero de su nombre, gobernaba la próspera ciudad costera de Puerto Gaviota, en la Bahía de los Cangrejos. Era un viejo guerrero curtido que utilizaba el pomposo y longevo título de Rey de los Verdaderos Hombres, un título que supuestamente tenía una antigüedad de diez mil años, hasta remontarse a la mismísima Era del Amanecer. Aunque Puerto Gaviota parecía estar protegido por sus gruesas murallas, el rey Osgood y sus antepasados llevaban largo tiempo librando una guerra intermitente contra los reyes de bronce de Piedra de las Runas, un vecino más poderoso procedente de una casa tan antigua y llena de historia como la suya propia. Yorwyck Royce, el sexto de su nombre, había reclamado la corona de runas tras la muerte en batalla de su padre, ocurrida tres años antes. Demostró ser un enemigo formidable que derrotó a los Shett en varias batallas y los arrinconó en el interior de sus murallas.
El rey Osgood tomó la desastrosa decisión de pedir ayuda a los ándalos para recuperar todo lo que había perdido. Con la idea de evitar la suerte de Shell y de Brighstone, pensó en unirse con los ándalos mediante una alianza de sangre, no de oro: entregó a su hija en matrimonio al caballero ándalo Gerold Grafton, él mismo se casó con la hija mayor de ser Gerold y desposó a su hijo y heredero con la hija pequeña del ándalo. Todos los matrimonios fueron oficiados por septones siguiendo el rito de los Siete del otro lado del Mar Angosto. Shett llegó incluso a convertirse a la Fe y juró construir un gran septo en Puerto Gaviota si los Siete le concedían la victoria. Luego partió con sus aliados ándalos para enfrentarse al rey de bronce.
Osgood consiguió la victoria, pero no sobrevivió a la batalla. Entre los habitantes de Puerto Gaviota y otros primeros hombres corrió luego el rumor de que había sido el propio ser Gerold quien lo había matado. Al regresar a la ciudad, el caudillo ándalo reclamó la corona de su suegro arrebatándosela al joven Shett, para luego confinarlo a sus aposentos hasta que consiguió dejar embarazada a la hija de ser Gerold (tras lo cual, el padre de ese vástago desapareció de las páginas de la historia).
Cuando Puerto Gaviota se rebeló contra él, ser Gerold aplastó las protestas de un modo brutal, y las alcantarillas de la ciudad no tardaron en llenarse de sangre de los primeros hombres, de sus mujeres y de sus hijos. A los muertos los arrojaron a la bahía para alimentar a los cangrejos. Nadie osó oponerse al dominio de la casa Grafton durante los siguientes años, ya que, sorprendentemente, ser Gerold demostró ser un gobernante sabio e inteligente y el puerto prosperó de un modo enorme bajo su autoridad y la de sus sucesores, hasta convertirse en la primera y única ciudad del El Valle.
No todos los señores y reyes de los primeros hombres demostraron ser tan insensatos como para invitar a sus conquistadores a sus salones y hogares. Muchos prefirieron luchar. El más importante de ellos fue el ya mencionado rey de bronce, Yorwyck VI de Piedra de las Runas, que dirigió a los Royce en varias victorias famosas contra los ándalos. En una de ellas logró destrozar siete naves largas que se habían atrevido a desembarcar en su costa y decoró las paredes de Piedra de las Runas con las cabezas de los capitanes y los demás miembros de la tripulación. Sus herederos continuaron la lucha, ya que las guerras entre los primeros hombres y los ándalos duraron generaciones.
El último de los reyes de bronce fue el nieto de Yorwyck, Robar II, quien heredó Piedra de las Runas de su padre menos de quince días antes de su decimosexto día del nombre, pero que demostró ser un guerrero de tal ferocidad y astucia que casi consiguió detener la invasión de los ándalos.
Para entonces, los ándalos controlaban tres cuartas partes del Valle y habían comenzado a luchar entre ellos, lo mismo que habían hecho los primeros hombres antes de ellos. Robar Royce vio la ventaja que ofrecía su 176
desunión. Un puñado de clanes de los primeros hombres había resistido a los ándalos a lo largo del Valle. Los principales eran los Redfort de Fuerterrojo, los Hunter de Arcolargo, los Belmore de Rapsodia y los Coldwater de Comezón de Aguasfrías. Robar se alió con todos uno por uno, y también con muchas otras pequeñas casas y clanes, a los que atrajo a su bando con matrimonios, cesiones de tierras, oro y, en una ocasión muy famosa, al vencer a lord Hunter en un duelo de arquería (la leyenda dice que el rey Robar hizo trampas). Su elocuencia era tal que incluso logró la lealtad de Ursula Upcliff, una famosa hechicera que se hacía llamar a sí misma la esposa del Rey Tritón.
Muchos de los señores que se unieron a su bando eran reyezuelos, pero todos renunciaron a ese título para rendirle pleitesía a Robar Royce y proclamarlo el Alto Rey del Valle, de los Dedos y de las Montañas de la Luna.
Los primeros hombres, unidos por fin bajo un único gobernante, lograron una serie de victorias aplastantes contra sus conquistadores, divididos y enfrentados entre sí. El rey Robar tuvo la inteligencia de no atacar a todos los ándalos para expulsarlos de sus orillas. En vez de eso, se enfrentó a cada enemigo por separado, llegando incluso en ocasiones a aliarse con un jefe ándalo para acabar con otro.
El primero en caer fue el rey de los Dedos. La leyenda cuenta que el rey Robar mató en persona a Qyle Corbray tras hacerle soltar de un golpe su famosa espada, Dama Desesperada. Robar recuperó Puerto Gaviota al asalto cuando envió a su propia hermana al interior de la ciudad para persuadir a los Shett de que se rebelasen contra los Grafton y abrieran las puertas de la ciudad. El Martillo de las Colinas, el rey ándalo que gobernaba el extremo oriental del Valle, fue el siguiente en tener que enfrentarse a los resurgidos primeros hombres y cayó ante las huestes del rey Robar bajo los muros de Roble de Hierro. Por un glorioso y breve momento, pareció que los primeros hombres serían capaces de recuperar sus tierras bajo el liderazgo de este joven rey valiente.
Pero no pudo ser. Esa fue la última victoria de Robar, ya que los demás señores y reyezuelos ándalos se dieron cuenta por fin del peligro que corrían. Entonces fueron los ándalos quienes dejaron a un lado todas sus rivalidades para emprender una causa común y unirse bajo la bandera de un único señor. El hombre que eligieron como líder no fue un rey ni un príncipe, y ni siquiera era lord, sino un caballero llamado ser Artys Arryn. Era un individuo joven, de la edad del rey Robar, y sus iguales le consideraban el mejor guerrero de su época, sin rival con la espada, la lanza y el mangual, un líder astuto y lleno de recursos, querido por todos los que luchaban bajo su mando. Aunque era de pura sangre ándala, ser Artys había nacido en el Valle, a la sombra de la Lanza del Gigante, donde los halcones volaban muy alto entre los picos escabrosos de las montañas.
En su escudo lucía el emblema de la luna y el halcón, y en su yelmo de combate plateado llevaba un par de alas de halcón. Los hombres lo llamaban el Caballero Halcón, nombre que ha perdurado.
La Batalla de las Siete Estrellas
Para hablar de lo que ocurrió a continuación, debemos regresar al reino de las leyendas y las canciones. Los bardos cuentan que las dos huestes se enfrentaron a los pies de Lanza del Gigante, a una legua de la casa donde había nacido ser Artys. Aunque los dos ejércitos tenían aproximadamente el mismo tamaño, Robar Royce contaba con la ventaja del terreno elevado, con la montaña a su espalda, lo que suponía una posición defensiva muy poderosa.
Los primeros hombres llegaron al campo de batalla varios días antes que los ándalos y excavaron una serie de zanjas delante de sus filas, para luego llenarlas de estacas afiladas (según la versión de la batalla contada por el septón Mallow, las puntas estaban cubiertas de excrementos y de entrañas podridas). La mayoría de los primeros hombres combatían a pie. Los ándalos tenían una ventaja de diez a uno en caballeros montados y también estaban mejor armados y protegidos. Llegaron tarde a la batalla, si lo que dicen las leyendas es cierto.
El rey Robar pasó tres días de antelación esperándolos y siguió así día tras día.
Ya anochecía cuando por fin llegaron los ándalos y comenzaron a montar su campamento a media legua de sus enemigos. A pesar de la menguante luz, Robar Royce distinguió con claridad a su jefe. La armadura plateada y el casco alado hacían que el Caballero Halcón fuera inconfundible, incluso desde lejos.
Sin duda, esa noche fue intranquila en ambos campamentos, ya que todos sabían que la batalla comenzaría al amanecer y que el destino del Valle pendía de un hilo. Del este llegaron unas nubes que taparon la luna y las estrellas, por lo que fue una noche realmente oscura. La única luz procedía de los centenares de hogueras que ardían en los campamentos, separados por un río de oscuridad. Los bardos cantan que, de vez en cuando, los arqueros de cada bando lanzaban una flecha con la esperanza de que diera en un enemigo, pero no dicen si alguno de esos tiros a ciegas logró derramar sangre.
Cuando comenzó a iluminarse el este, los hombres se levantaron de sus lechos de piedra, se pusieron sus armaduras y se prepararon para el combate. Entonces, se oyó un grito en el campamento ándalo. Al oeste lucía una señal: siete estrellas que brillaban en el cielo gris del amanecer. «Los dioses están de nuestro lado», gritaron un millar de gargantas. «La victoria es nuestra». Sonaron las trompetas y la vanguardia de los ándalos cargó ladera arriba con todos los estandartes ondeando. No obstante, los primeros hombres no mostraron temor alguno ante aquella señal en el cielo. Se mantuvieron firmes y comenzó la batalla, la lucha más salvaje y sangrienta de toda la larga historia del Valle.
Los bardos cuentan que los ándalos cargaron siete veces. Los primeros hombres los rechazaron seis veces, pero el séptimo ataque, encabezado por un temible individuo de enorme tamaño llamado Torgold Tollet, consiguió abrirse paso. Le llamaban Torgold el Ceñudo, pero hasta ese sobrenombre era una broma, ya que, según los escritos, entraba en combate riéndose, desnudo de cintura para arriba, con una ensangrentada estrella de siete puntas grabada en la piel del pecho y un hacha en cada mano.
Las canciones dicen que Torgold no conocía el miedo ni sentía dolor. Aunque sangraba por una veintena de heridas, se abrió camino matando a los guerreros más valerosos de lord Redfort y luego acabó con el propio lord de un solo tajo en el hombro. Tampoco se amedrentó cuando la hechicera Ursula Upcliff apareció montada sobre un caballo rojo sangre para maldecirle. Torgold ya había perdido sus hachas, hundidas en el pecho de dos enemigos, pero los bardos narran que se subió de un salto al caballo de la bruja, le agarró la cara entre las dos manos ensangrentadas y le arrancó la cabeza de los hombros mientras la mujer pedía socorro.
Lo que siguió fue el caos, ya que los ándalos entraron en tromba a través del hueco abierto en las filas de los primeros hombres. La victoria parecía al alcance de los ándalos, pero no era tan fácil derrotar a Robar Royce.
Otro hombre habría retrocedido para reagruparse, o hubiera huido, pero el Alto Rey ordenó un contraataque.
Él en persona encabezó la carga y atravesó la confusión, acompañado de sus paladines. Empuñaba a Dama Desesperada, la temible espada que había arrebatado del cadáver del rey de los Dedos. El rey mató hombres a diestra y siniestra y se abrió paso hasta Torgold el Ceñudo. Robar le lanzó un golpe a la cabeza y Tollet intentó agarrar la hoja sin dejar de reírse… pero Dama Desesperada le atravesó las manos y se hundió en el cráneo de Torgold.

Los bardos cantan que el gigante murió asfixiándose con su última risa. Fue entonces cuando el alto rey divisó al Caballero Halcón en el campo de batalla y espoleó su caballo hacia allí. Tenía la esperanza de que si su líder moría, los ándalos se desmoralizarían y huirían.
Se enfrentaron mientras la batalla rugía a su alrededor: el rey con la armadura de bronce y el héroe con el acero plateado. Aunque la armadura del Caballero Halcón centelleaba bajo el sol de la mañana, su espada no era Dama Desesperada. El duelo terminó casi antes de empezar: el acero valyrio atravesó el casco alado y abatió al ándalo. Sin duda, durante un momento, mientras el enemigo se desplomaba de su silla de montar, Robar Royce debió pensar que había ganado la batalla.
Pero en ese momento, oyó las trompetas que sonaban en el aire del amanecer, a sus espaldas. Al girarse sobre su silla, el Alto Rey vio con desesperación que quinientos nuevos caballeros ándalos bajaban por la ladera de la Lanza del Gigante para atacar a su hueste por la retaguardia. A la cabeza de la carga iba un paladín de acero plateado con un halcón y la luna en su escudo y alas en su yelmo de combate. Ser Artys Arryn le había entregado su armadura de repuesto a uno de los caballeros de su séquito y lo había dejado en el campamento mientras él se llevaba a sus mejores jinetes por un camino de cabras que recordaba de su infancia y que lo llevaría hasta la retaguardia de los primeros hombres para cargar contra ellos desde arriba.
El resto fue una desbandada. Atacada por vanguardia y por retaguardia, la última gran hueste de los primeros hombres del Valle quedó masacrada. Ese día, treinta señores acudieron a combatir por Robar Royce. Ninguno de ellos sobrevivió. Aunque los bardos cantan que el Alto Rey mató a decenas de sus enemigos, al final, él también acabó muerto. Algunos dicen que fue ser Artys quien lo mató, mientras que otros proclaman que fue lord Ruthermont, o Luceon Templeton, el caballero de Nuevestrellas. Los Corbray de Hogar siempre han insistido en que fue ser Jaime Corbray quien le asestó el golpe que lo mató, y para demostrarlo, señalan que la casa Corbray recuperó a Dama Desesperada después de la batalla.
La Batalla de las Siete Estrellas.
Este es el relato de La Batalla de las Siete Estrellas, contada por los bardos y los septones. Sin duda, se trata de una narración emocionante, pero cualquier erudito debe preguntarse cuánto hay de cierto en ella. Nunca lo sabremos. De lo único que podemos estar seguros es de que el rey Robar II de la casa Royce se enfrentó a ser Artys Arryn en una gran batalla a los pies de la Lanza del Gigante, en la que murió el rey y el Caballero Halcón les infligió una herida tan tremenda a los primeros hombres que nunca se recuperaron de ella.
Nada menos que catorce de las más antiguas y nobles casas del Valle se extinguieron aquel día. Aquellos cuyos linajes perduraron— los Redfort, los Hunter, los Coldwater, los Belmore, e incluso los Royce —tan sólo lo hicieron al rendirle oro, tierras y rehenes a sus conquistadores y al doblar la rodilla para jurarle lealtad a Artys Arryn, el Primero de su Nombre, recién coronado Rey de la Montaña y el Valle.
Con el tiempo algunas de las casas vencidas recuperaron gran parte del orgullo, riquezas y poderío perdido en el campo de batalla aquel día, pero aquello requirió el paso de varios siglos. En cuanto a los vencedores, los Arryn gobernaron el Valle como reyes hasta la llegada de Aegon el Conquistador y sus hermanas, y desde entonces sirvieron como Señores del Nido de Águilas, Protectores del Valle, y Guardianes del Este. Desde ese día en adelante, el Valle empezó a ser conocido como el Valle de Arryn.
El destino de los vencidos fue mucho más cruel. A medida que los rumores de la victoria se extendieron por el Mar Angosto, cada vez más barcoluengos zarpaban de Andalia, y cada vez más Ándalos invadían el Valle y las montañas circundantes. Todos ellos necesitaban tierras— tierras que los señores Ándalos estaban encantados de entregar. Donde sea que los Primeros Hombres trataran de resistirse, eran arrasados, convertidos en sirvientes, o expulsados. Sus propios señores, derrotados, no poseían el poder para defenderlos.
Algunos de los Primeros Hombres sobrevivieron al unir su sangre con la de los ándalos, pero muchos más huyeron hacia el oeste a los altos valles en los pasos pedregosos de las Montañas de la Luna. Allí los descendientes de este otrora orgulloso pueblo habitan hasta el día de hoy, viviendo cortas, salvajes y brutales vidas entre los picos, como bandidos y forajidos, atacando a cualquier hombre que cometa la insensatez de entrar en las montañas sin una escolta. Poco mejores que el pueblo libre de más allá del Muro, estos clanes de las montañas también son llamados salvajes por los civilizados.
Aunque el Valle está resguardado por montañas, esto no ha impedido ataques externos. El camino alto desde las Tierras de los Ríos a través de las Montañas de la Luna ha visto muchos derramamientos de sangre, ya que pese a lo empinadas y pedregosas que son, representan el camino perfecto para que un ejército ingrese en el Valle. Su extremo oriental está protegido por la Puerta de la Sangre, en otros tiempos una simple muralla tosca sin argamasa al estilo de los fuertes circulares de los Primeros Hombres. Pero fue reconstruida durante el reinado del Rey Osric V Arryn. A través de los siglos, una docena de ejércitos invasores se han hecho añicos intentando abrir una brecha en las Puertas de la Sangre.
Las costas del Valle— rocosas y llenas de bajíos y arrecifes traicioneros —no son una buena zona de anclaje, lo que ha servido para su defensa, pero los reyes Arryn, muy conscientes de que sus antepasados llegaron a Poniente a través del mar, nunca descuidaron sus defensas costeras. Castillos y fuertes resistentes resguardan las líneas costeras más vulnerables, e incluso los rocosos Dedos están plagados de torres de vigilancia, cada una con su propio faro para advertir contra los invasores del mar.
Estos son los nombres de los más notables clanes de las Montañas de la Luna, según se informa en La Montaña y el Valle del Archimaestre Arnel:
-Grajos de Piedra
-Serpientes de Leche
-Hijos de la Niebla
-Hermanos de la Luna
-Orejas Negras
-Hijos del Árbol
-Hombres Quemados
-Aulladores
-Herreros Rojos
-Perros Pintados
También existen clanes menores, que a menudo se forman después de que alguna disputa divide el clan, pero estos tan sólo duran por un corto periodo de tiempo antes de ser capturados por los clanes rivales o caer ante los caballeros del Valle.
La mayoría de los nombres de estos clanes guardan significados que podrían parecernos muy oscuros.
Sabemos que los Orejas Negras toman como trofeos las orejas de los hombres que derrotan en batalla. Entre los Hombres Quemados, un joven debe entregar una parte de su cuerpo al fuego para probar su valor antes de que pueda ser considero un verdadero hombre.
Algunos maestres creen que esta práctica podría haberse originado años después de la Danza de los Dragones, se decía que una rama del clan de los Perros Pintados adoraba a una bruja de fuego en las montañas, estos enviaban a sus hijos para entregarle regalos y arriesgarse a padecer ante el fuego del dragón que ella controlaba, todo para probar su hombría.
Los Ándalos siempre fueron un pueblo bélico y rinden culto a uno de los Siete, al Guerrero. Aunque afianzados en sus propios dominios, algunos Reyes del Valle de vez en cuando han buscado la conquista más allá de sus propias fronteras. En tales guerras tenían la ventaja de saber que, antes de una posible derrota, siempre podrían retirarse detrás de los enormes muros naturales de sus montañas.
Los Reyes de la Montaña y el Valle tampoco descuidaron sus flotas. El Puerto Gaviota era un excelente y formidable puerto natural, y en el reinado de los Arryn se convirtió en una de las principales ciudades de los Siete Reinos.
Aunque el Valle es célebremente fecundo, es pequeño comparado con los dominios de otros reyes (e incluso de algunos grandes señores), y las Montañas de la Luna son yermas, pedregosas, e inhóspitas. El comercio es, por consiguiente, de importancia superior para los gobernantes del Valle, y el más sabio de los reyes de Arryn siempre tuvo el cuidado de protegerlo construyendo sus propios buques de guerra.
En las aguas de sus costas hacia el este y el norte se encuentran treinta islas, algunas no son más que rocas infestadas de cangrejos y nidos de aves marinas, otras son mucho más grandes pero casi todas deshabitadas.
Con sus flotas, los reyes Arryn fueron capaces de expandir su dominio sobre estas islas. Guijarro fue tomada por el Rey Hugh Arryn (el Gordo) después de una breve lucha, Los Senos fue capturada por su nieto, el Rey Hugo Arryn (el Optimista) después de una lucha un tanto más larga. La Isla de la Bruja, asentamiento de la Casa Upcliff y de una siniestra reputación, fue incorporada al reino por matrimonio, cuando el Rey Alester Arryn, el Segundo de Su Nombre, tomó como esposa a Arwen Upcliff.
Las últimas islas en ser anexadas al Valle fueron las Tres Hermanas. Por miles de años, estas islas habían sido gobernadas por reyes, piratas y ladrones crueles cuyos barcoluengos navegaban el Mordisco, el Mar Angosto, e incluso el Mar de los Escalofríos con impunidad, saqueando y secuestrando tanto como podían para luego volver a las Hermanas cargados de oro y esclavos.
Estos ataques finalmente llevaron al Rey del Invierno a enviar sus propias flotas de guerra buscando ejercer dominio sobre las Hermanas— ya que aquel que dominaba las Tres Hermanas, dominaba a su vez el Mordisco.
La Violación de las Tres Hermanas es el nombre por el que la conquista Norteña de las islas es conocida. Las Crónicas de Villahermana atribuye muchos horrores a tal conquista: Norteños salvajes asesinando niños para llenar sus calderos, soldados que arrancaban las entrañas de hombres vivos para enrollarlas y ponerlas sobre el espetón, la ejecución de trescientos guerreros en un sólo día sobre el Monte del Jefe, y el Pabellón Rosa de Belthasar Bolton confeccionado con la piel desollada de cientos de hermaneños.
Es incierto hasta qué punto podemos fiarnos de estos antiguos cuentos, pero cabe la pena notar que estas atrocidades, aunque con frecuencia mencionadas en los relatos de guerra escritos por los hombres del Valle, no son mencionadas en ninguna crónica Norteña. Sin embargo, no podemos negar que el reinado de los Norteños fue tan penoso que los señores restantes fueron corriendo al Nido de Águilas suplicando por la ayuda del Rey de la Montaña y el Valle. Ayuda que el Rey Mathos Arryn, Segundo de Su Nombre, estaba ansioso por ofrecer, con la condición de que los hermaneños accedieran a jurarle lealtad a él y a sus descendientes, y reconocieran el derecho del Nido de Águilas para gobernarlos. Cuando su señora esposa cuestionó su idea de involucrar al Valle en esta Guerra Sobre el Agua, su Gracia le respondió que prefería a un pirata en vez de a un lobo como vecino. El Rey navegó hacia Villahermana con cientos de naves de guerra.
Nunca regresó, pero sus hijos continuaron la guerra después de él. Durante mil años, Invernalia y el Nido de Águilas, se disputaron el gobierno sobre las Tres Hermanas. La Guerra Inútil, la apodaron algunos. Muchas veces parecía que el enfrentamiento llegaba a su fin, tan sólo para volver a estallar en la siguiente generación.
Las islas cambiaron de manos más de una docena de veces. Tres veces los Norteños desembarcaron en los Dedos. Los Arryn enviaron flotas por el Cuchillo Blanco para quemar la Guarida del Lobo, y los Stark respondieron atacando Puerto Gaviota, y cuando las murallas probaron ser demasiado resistentes, pasaron por la antorcha centenares de barcos.
Al final los Arryn resultaron victoriosos, y las Tres Hermanas se han mantenido como parte del Valle desde entonces, exceptuando el breve reinado de la autoproclamada Reina Marla Sunderland en el período consecutivo a la Conquista de Aegon; ella fue depuesta ante la visión de la flota Braavosi que se acercaba, esta había sido contratada por los Norteños por órdenes de Aegon. Su hermano juró lealtad a los Targaryen, y ella pasó el resto de sus días como una hermana silenciosa.
“No fue el caso que el Nido de Águilas ganara, sino más bien que Invernalia perdió el interés” como observa el Archimaestre Perestan en Una Reflexión de la Historia, “por diez largos siglos el huargo y el halcón se habían enfrentado y sangrado por la posesión de tres rocas, hasta que un día el lobo despertó del sueño que lo había obnubilado y se dio cuenta de que no era más que una roca entre sus dientes, así que la escupió y se alejó.”
CASA ARRYN
La casa Arryn desciende de la más pura y antigua línea de la nobleza de los Ándalos. Los reyes Arryn, pueden orgullosamente rastrear su linaje desde los ándalos hasta ellos mismos y algunos han llegado tan lejos como para reclamar la descendencia de Hugor de la Colina.

En cualquier discusión sobre los orígenes de la casa Arryn, es crucial distinguir entre la historia y la leyenda.
Hay abundante evidencia histórica de la existencia de ser Artys Arryn, el Halcón Luchador, el primer rey Arryn que gobernó sobre la Montaña y el Valle. Su victoria sobre el rey Robar II en la batalla de las Siete Estrellas está bien atestiguada, a pesar de que los detalles de la victoria pueden haber sido adornados con el paso de los siglos. El rey Artys, sin duda era un hombre de carne y hueso, aunque fuese uno extraordinario. En el Valle, sin embargo, las obras de este personaje histórico real se han mezclado y confundido con las de su homónimo legendario, otro Artys Arryn que vivió muchos miles de años atrás, durante la Edad de los Héroes y se le recuerda en la canción y en las historias como el Caballero Alado.
El primer ser Artys supuestamente cabalgó sobre un halcón (posiblemente un recuerdo distorsionado de dragones vistos desde lejos, tal y como sugiere el Archimaestre Perestan). Ejércitos de águilas volaron bajo su mando. Para ganar el Valle, voló a la cima de Lanza del Gigante y mató al rey Griffin. Contaba con gigantes y merlings entre sus amigos y se casó con una Niña del Bosque que murió al dar a luz un hijo. Un centenar de cuentos hablan sobre él, la mayoría igual de fantasiosos. Es muy improbable que alguien así haya existido: como Lann el Astuto en las tierras del oeste o Bran el Constructor en el Norte, el Caballero Alado es una leyenda y no de carne y hueso.
Si un héroe caminó alguna vez en las montañas y el Valle muy atrás, en las brumas de la Era del Amanecer, su nombre no fue Artys Arryn, pues los Arryn son Ándalos sangre pura y este caballero vivió y voló miles de años antes de que los Ándalos llegasen a Poniente. Al igual que los bardos combinaron estas dos figuras, atribuyéndole a Artys Arryn las hazañas del Caballero Alado a la auténtica historia del Guerrero Halcón, tal vez con la intención de ganarse a los sucesores de Artys Arryn con la colocación de este gran héroe de los Primeros Hombres entre sus antepasados.
La verdadera historia de la casa Arryn no contiene ni gigantes, ni grifos ni halcones gigantes, sin embargo, a partir del día que ser Artys I se puso la Corona Halcón hasta el presente, ha sido celebrado y con razón, un hombre legendario en los Siete Reinos. Desde la época de la Conquista de Aegon, los Señores del Nido de Águilas han servido al Trono de Hierro como Guardianes de Oriente, defendiendo las costas de Poniente de los enemigos de más allá del mar. Antes de eso, las crónicas también hablan de innumerables batallas contra los clanes de las montañas salvajes; la lucha de miles de años con el Norte por el control de las Tres Hermanas; sangrientas batallas en el mar en que las naves de Arryn acabaron vendidas a los esclavistas por los volantinos; saqueadores de las Islas del Hierro y piratas de los Peldaños de Piedra y las Islas del Basilisco.
Los Stark también pueden ser antiguos, pero sus leyendas sucedieron antes de que los Primeros Hombres descubriesen la escritura, mientras que los Arryn fomentaron el aprendizaje entre los septones y los clanes y 183
sus buenas obras y grandes hazañas pronto fueron hechas crónicas y comentadas en las obras de devoción de la Fe. Con la unificación del reino y el establecimiento de Ronnel Arryn (el rey que voló) como primer señor del Nido de Águilas, había nuevas oportunidades para la casa.
No fue una gran sorpresa cuando la reina Rhaenys organizó los esponsales del joven Ronnel con la hija de Torrhen Stark, siendo ese uno de los muchos matrimonios hechos en nombre de la paz. Tristemente, lord Ronnel, murió poco después de una muerte violenta a manos de su hermano Jonos Mataparientes, pero la línea Arryn continuó a través de un familiar y ha permanecido profundamente involucrado en muchos de los grandes asuntos de los Siete Reinos.
La casa Arryn incluso puede presumir de la rara distinción de haber sido considerada dos veces digna de un matrimonio con la sangre del dragón: Rodrick Arryn, señor del Nido fue honrado por el rey Jaehaerys I y su esposa con la mano de su hija Daella y una hija de esta unión, Aemma Arryn, se convirtió en la esposa del rey Viserys I y madre de su primogénita, la princesa Rhaenyra, quien luchó con su hermanastro Aegon II por el Trono de Hierro.
En esta lucha, Jeyne Arryn, señora del Nido y Doncella del Valle, resultó ser una amiga leal de Rhaenyra Targaryen y sus hijos, sirviendo al final como regente de Aegon III. A partir de ese tía, todos los Targaryen que se sentaron en el Trono de Hierro, tenían un poco de sangre Arryn. Los Arryn jugaron su parte en las guerras de los reyes Targaryen y las rebeliones Fuegoscuro, apoyando firmemente al Trono de Hierro.
Durante la primera Rebelión Fuegoscuro, ser Donnel Arryn condujo audazmente a la vanguardia de las huestes reales, aunque su frente fue hecho añicos por Daemon Fuegoscuro y su señoría corrió peligro por su vida hasta que ser Gwayne Corbray de la Guardia Real apareció con refuerzos. Lord Arryn sobrevivió para luchar otro día y años más tarde, cerró el Valle por tierra y por mar durante la Gran Epidemia Primaveral, tan sólo el Valle y Dorne no se vieron afectados por dicha plaga, que si barrió el resto de los Siete Reinos.
En los años más recientes, no se puede negar la importancia del papel representado por lord Jon Arryn en la Rebelión de Robert. De hecho, fue la negativa de Jon a entregar las cabezas de sus pupilos (Eddard Stark y Robert Baratheon) lo que comenzó la revuelta. Si hubiera hecho lo que se le ordenó, el Rey Loco aún estaría sentado sobre el Trono de Hierro. A pesar de su avanzada edad, Jon Arryn luchó con valentía junto a Robert en el Tridente. Después de la guerra, el rey mostró su sabiduría haciendo de Jon Arryn su Mano.
La sagacidad de su señoría, ayudó a Robert a regir los Siete Reinos sabiamente y con justicia. Siempre es una gran alegría para el reino cuando un gran hombre, sirve de Mano a un gran rey, por la paz y seguramente mucho bueno saldrá de ello.
En el Gran Consejo del 101 DC, los Arryn jugaron un papel muy pequeño, dado que lady Jeyne estaba en minoría. Por lo que el consejo, llamó en su lugar al Lord Protector del Valle, Yorbert Royce de Piedra de las Runas. Una de las más poderosas casas del Valle, los Royce todavía cuentan con el orgullo de descender de los Primeros Hombres y su último gran rey, Robar II. Incluso hoy en día, los señores de Piedra de las Runas van a la batalla vestidos con la armadura de bronce de sus antepasados, grabada con runas, se dice, para evitar cualquier daño al portador de la misma. Por desgracia, el número de Royce muertos mientras usaban esta armadura, es un indicio desalentador. Por otro lado, el maestre Denestan en sus ‘ Preguntas’ especula que la armadura es mucho menos antigua de lo que parece.

EL NIDO DE ÁGUILAS
Muchos han sido lo que afirman que el Nido de Águilas de los Arryn es el castillo más hermoso de los Siete Reinos y es difícil negar la realidad de esto (aunque los Tyrell seguramente lo hacen). Siete torres blancas y delgadas coronan el Nido de Águilas, asentado en lo más alto de la Lanza del Gigante y ningún castillo en Poniente cuenta con más mármol en sus suelos y paredes.
Y sin embargo, los Arryn y los hombres del Valle dirán que el Nido de Águilas es inexpugnable, dada su posición en lo alto de la ladera que hace que sea casi imposible asaltarlo. El más pequeño de los asientos reales de Poniente, el Nido, no fue originalmente la sede de la casa Arryn. Este honor pertenece a las Puertas de la Luna, un castillo mucho más grande que se encuentra en los pies de la Lanza del Gigante, en el mismo lugar donde Artys Arryn y sus hombres hicieron su campamento la noche antes de la batalla de las Siete Estrellas. Aún poco afianzado en su trono durante los primeros años de su reinado, el rey Artys quería un asentamiento lo suficientemente fuerte como para resistir el asedio y la batalla con los Primeros Hombres si se levantaban contra él. Las Puertas de la Luna sirvieron bastante bien para ese propósito, pero tenían más de fortaleza que de palacio y quien los viese por primera vez creería que eran los dominios de un señor menor pero no el asentamiento de un rey.
Esto no supuso un problema para el rey Artys, como suele suceder, dado que rara vez estaba allí. La mayor parte de su reinado se la pasó montando a caballo de un extremo a otro de sus dominios, ‘mi trono es el cuero de la silla de montar’ solía decir ‘y mi castillo es una tienda de campaña’.
Nido de Águilas
El rey Artys fue sucedido por sus dos hijos mayores, que reinaron a su vez como segundo y tercer rey de la montaña y el Valle. A diferencia de su padre, ellos si pasaron largos periodos de tiempo en las Puertas de la Luna y parecían contentos allí, aunque cada uno de ellos mandó realizar algunas reformas. Fue el cuarto rey Arryn, el nieto de Artys, quien inició el proceso que dio lugar a la construcción del Nido de Águilas, Roland Arryn había crecido con un rey ándalo de las tierras de los ríos y había viajado mucho después de ganarse las 185
espuelas, visitando Antigua y Lannisport antes de regresar al Valle tras la muerte de su padre y ponerse la corona del Halcón. Después de haber visto las maravillas de Antigua y Roca Casterly y los grandes castillos de los Primeros Hombres que todavía salpican las tierras del Tridente, sintió que las Puertas de la Luna era un lugar feo y mediocre en comparación.
El primer impulso del rey Roland fue derribar las Puertas y construir su nuevo asentamiento en el mismo sitio, pero ese invierno miles de hombres salvajes de las montañas habían descendido en busca de alimento y refugio y los altos valles fueron enterrados por enormes aludes de nieve. Sus depredaciones hicieron ver al rey lo vulnerable que era su asentamiento en su ubicación actual. La leyenda dice que su futura esposa, Teora, hija de lord Hunter, le recordó como su abuelo había derrotado al rey Robar Royce II, atacándolo desde terreno elevado.
Tomando nota de las palabras de la joven, Roland decidió apoderarse de la tierra más alta y decretó la construcción del castillo que terminaría siendo Nido de Águilas. No vivió para verlo terminado. La tarea que su Gracia había puesto en manos de los constructores era de una envergadura desalentadora, las faldas de la Lanza eran escarpadas y estaban cubiertas de maleza abajo y piedra desnuda más arriba, donde la montaña se convertía en una caída en picado y helada. Más de una década tardaron sólo en despejar un camino en zigzag de lado a lado de la montaña. Más allá de los árboles, un pequeño ejército de albañiles se puso a trabajar con martillo y cincel para tallar escalones que aliviasen la subida donde la pendiente era más empinada.
Mientras tanto, Roland envió a sus constructores por todos los Siete Reinos en busca de la piedra, porque su Gracia no estaba feliz con el mármol disponible en el Valle. Con el tiempo, llegó otro invierno y la integridad del Valle estuvo de nuevo en peligro por culpa de los clanes salvajes de las Montañas de la Luna. Tomado por sorpresa por la banda de los Perros Pintados, el rey Roland I Arryn fue arrojado de su montura y asesinado, su cráneo se estrelló contra una piedra mientras trataba de desenvainar su espada. Había reinado durante veintiséis años, justo el tiempo suficiente para ver colocadas las primeras piedras del castillo. El edificio continuó su construcción a través de los reinados de su hijo, su nieto y su bisnieto, pero el avance era muy lento, debido a que todo el mármol hubo de ser llevado en barco desde Tarh y luego subido por la Lanza de los Gigantes con mulas. Decenas de mulas murieron en el ascenso, junto con cuatro obreros y un maestro cantero.
Poco a poco los muros del castillo comenzaron a subir, pie a pie… Hasta que la corona Halcón pasó al bisnieto del rey que había soñado por primera vez con un castillo en el cielo. La guerra y las fulanas eran la pasión del rey Roland II, no la construcción; el coste de la construcción del Nido de Águilas se había convertido en algo prohibitivo y el nuevo rey necesitaba oro para pagar la campaña en la tierra de los ríos que estaba planeando.
Apenas enterraron a su padre, Roland cesó toda actividad en los trabajos del castillo. Así sucedió que el Nido de Águilas se abandonó a los cielos durante cuatro años. Los halcones volaban entre las torres incompletas mientras el rey Roland II luchaba contra los Primeros Hombres en las tierras del Tridente en busca de oro y gloria.
Las conquistas resultaron más difíciles de lograr de lo que había previsto y sin embargo, después de varias victorias pequeñas contra reyezuelos de poca monta, se encontró frente a Tristifer IV, Martillo de Justicia. El último verdadero gran rey entre los Primeros Hombres venció a Roland de forma demoledora, y tras ello, le esperaría el peor año de su vida. Temiendo por su vida, su Gracia huyó al castillo de uno de sus antiguos aliados, un señor Ándalo, sólo para ser traicionado y entregado de nuevo a Tristifer cargado de cadenas.
Cuatro años después de abandonar el Valle en todo su esplendor, el rey Roland II fue decapitado en Septo de Piedra por el Martillo de Justicia en persona. Pocos lamentaron su fallecimiento en el Valle, donde su beligerancia y orgullo no le habían ganado ningún amigo.

Cuando su hermano Robin Arryn ascendió al trono, el trabajo en el Nido de Águilas se reanudó. Sin embargo hicieron falta cuarenta y tres años y otros cuatro reyes para que el castillo se completase finalmente, habitación por habitación. El maestre Membrillo, el primero en servir allí, declaró sobre el Nido ‘ser la más espléndida obra jamás construida por la mano de los hombres, un palacio digno de los mismos dioses.
Seguramente, si el Padre tiene un asentamiento, será como éste’. A partir de ese momento, el Nido de Águilas se convirtió en la sede de la casa Arryn en primavera, verano y otoño. En invierno, la nieve, el hielo y los vientos huracanados hacen imposible el ascenso y al propio castillo inhabitable. Pero en verano es bañado por la brisa fresca de la montaña, un refugio contra el calor sofocante del fondo del Valle. No hay otro castillo igual en todo el mundo, o al menos nadie ha dado con él aún.
Vale la pena señalar la estatua que se encuentra en el Bosque de Dioses de Nido de Águilas, una mujer que llora de gran semejanza con Alyssa Arryn. La leyenda sostiene que hace seis mil años, Alyssa vio a su esposo, hermanos e hijos, todos muertos y que ella nunca derramó ni una lágrima. Por ello, los dioses la castigaron no permitiéndole descansar hasta que sus lágrimas llegaran al Valle de abajo. La gran cascada que cae desde la Lanza del Gigante es conocida como las Lágrimas de Alyssa, porque las aguas caen desde tal altura, que se tornan niebla mucho antes de llegar al suelo. ¿Qué tan cierta es esta historia? Alyssa Arryn vivió, de ello podemos estar razonablemente seguros, pero es poco probable que lo hiciera hace seis mil años. La verdadera historia sugiere cuatro mil años, mientras que Denestan en ‘ Preguntas’ reduce ese tiempo a la mitad.
El Nido nunca ha caído por la fuerza. Para asaltarlo, un atacante debe tomar primero las Puertas de la Luna en la base de la montaña, un castillo formidable por derecho propio. En caso de lograrlo, sigue teniendo por delante un largo ascenso y mientras sube, el atacante debe superar tres torreones que protegen el ascenso de la montaña: Piedra, Nieve y Cielo. Esta serie de defensas hacen el asalto del Nido bastante difícil, pero incluso si el asaltante logra superar cada uno de estos obstáculos, se encontraría entonces en la base de un acantilado, con el Nido de Águilas aún encaramado seiscientos metros por encima de él, solamente accesible en un rudimentario montacargas o por escalera. No es de extrañar que se hayan hecho pocos esfuerzos serios para sitiarlo. Desde su finalización, los reyes Arryn han sabido que tenían un refugio inexpugnable en el que refugiarse sin apuros. Los maestres que han servido a la casa Arryn, los estudiantes del arte de la guerra y todos los demás han llegado a tácito acuerdo de que el castillo no puede ser tomado… Salvo quizás con los dragones, como Visenya Targaryen demostró cuando aterrizó en el patio interior del Nido en Vhagar y convenció a la madre del último rey Arryn para que se sometiera y entregase la corona Halcón. Casi trescientos años han pasado desde ese día y el último dragón ha muerto hace mucho en Desembarco del Rey, por lo que los futuros señores del Nido, una vez más pueden descansar tranquilos con la certeza de que su espléndida sede permanece inviolable e inexpugnable.
Las Puertas de la Luna.
