Los Siete Reinos: Las Islas del Hierro y Casa Greyjoy - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
¿Fueron realmente los Primeros Hombres los primeros en llegar a Poniente? La mayoría de los estudiosos así lo creen. Antes de su llegada, se cree que Poniente estaba habitada por Gigantes, Niños del Bosque y bestias del campo. Pero en las Islas del Hierro, los Sacerdotes del Dios Ahogado, cuentan una historia diferente. De acuerdo con su fe, los hijos del hierro son una raza aparte de la humanidad. ‘Nosotros no hemos llegado a estas islas sangradas sin dios a través de los mares’, dice el sacerdote Sauron Lengua de Sal, ‘Nosotros hemos venido de lo más profundo de estos mares, de las estancias acuosas del Dios Ahogado, que nos hizo a su semejanza y nos dio el dominio sobre todas las aguas de la tierra’. Incluso entre los hijos del hierro, hay algunos que dudan de esta historia y reconocen la más ampliamente reconocida posibilidad de que son descendientes de los Primeros Hombres– a pesar de que al contrario que los Ándalos, los Primeros Hombres nunca fueron unos marineros aceptables -. Ciertamente, no podemos tomar en serio las afirmaciones de los sacerdotes de los hijos del hierro, que quieren hacernos creer que son más cercanos a los peces y las sirenas que a las otras razas de la humanidad.
El archimaestre Haereg hizo un avance interesante acerca de los antepasados de los hijos del hierro, según él, vinieron de alguna tierra desconocida al oeste del Mar del Ocaso, citando la leyenda del Trono de Piedramar.
El trono de los Greyjoy, tallado con la forma de un kraken en una piedra de un negro aceitoso, se dice que fue encontrada por los Primeros Hombres cuando llegaron a Viejo Wyk. Haereg argumentó que la silla era producto de los primeros habitantes de las islas, y sólo las historias posteriores de maestres y septones comenzaron a reclamar que eran en realidad descendientes de los Primeros Hombres. Pero esto es pura especulación, y al final el mismo Haereg rechazó la idea, igual que debemos hacer nosotros.
Sin embargo, no se puede negar que los hijos del hierro se distinguen del resto por sus costumbres, creencias y forma de gobierno, todas ellas muy diferentes a las comunes en otros lugares de los Siete Reinos. En su
‘ Historia de los Hijos del Hierro’, el Archimaestre Hoareg afirma que todas estas diferencias tienen sus raíces en 188

la religión. Estas islas frías y húmedas, con la tierra azotada por el viento, todo piedra y con suelo delgado no era un terreno propicio para que creciesen los arcianos. Los gigantes nunca hicieron sus hogares en ellas y no hay bosques. Y aunque los ándalos llegaron a las islas, su Fe tampoco logró echar raíces en ellas, tenían ya otro dios que no eran los Siete: el Dios Ahogado, creador de los mares y padre de los hijos del hierro.
El dios Ahogado no tiene templos ni libros sagrados, no hay ídolos tallados a su imagen y semejanza, pero tiene gran abundancia de sacerdotes. Desde mucho antes de que la historia fuese registrada, estos hombres itinerantes han infestado las Islas del Hierro, predicando su palabra y denunciando a todos los otros dioses y quienes los siguen. Mal vestidos, despeinados y a menudo descalzos, los sacerdotes del Dios Ahogado no tienen una residencia permanente, pero deambulan por las islas, apartándose rara vez del mar.
La mayoría son analfabetos; la suya es una tradición oral, y los sacerdotes jóvenes aprenden las oraciones y rituales de los más ancianos. Dondequiera que vayan, señores y campesinos están obligados a darles alimento y refugio en nombre del Dios Ahogado. Algunos sacerdotes sólo comen pescado. La mayoría no se baña salvo en el propio mar. Los hombres de otras tierras a menudo piensan que están locos, y puede parecerlo, pero no se les puede negar que ejercen un gran poder.
Aunque la mayoría de los hijos del hierro no tienen más que desprecio para los Siete Dioses del sur y los Antiguos Dioses del norte, sí que reconocen una segunda deidad. La que manda los vientos crueles y el azote de las lluvias y los truenos y relámpagos que denotan su interminable enojo.
Algunos dicen que el nombre de las Islas del Hierro proviene del material que hay en ellas en abundancia, pero los propios hombres insisten en que el nombre deriva de su propia naturaleza, porque son un pueblo duro, tan inflexible como su Dios lo es con ellos.
Los cartógrafos nos dicen que son una agrupación de treinta y una islas en la Bahía del Hierro al oeste del Cabo de las Águilas y trece más agrupadas en torno a Luz Solitaria, a ocho días de navegación de Viejo Wyk, en la inmensidad del Mar del Ocaso. Las principales islas son siete: Viejo Wyk, Gran Wyk, Pyke Harlaw, Acantilado de Sal, Marea Negra, Monteorca y Luz Solitaria.
El Rey Gris sentado en su trono hecho de las mandíbulas de Nagga.
Harlaw es la más poblada de las islas, Gran Wyk la más grande y rica en mineral y Viejo Wyk la más sagrada, el lugar donde los reyes de la sal y la roca se reunían en el Salón del Rey Gris para elegir quien reinaría sobre ellos. Robusta y montañosa, Monteorca fue el hogar de los Reyes del Hierro de la casa Greyiron de los siglos pasados. Pyke cuenta con Puerto Noble, la ciudad más grande de las islas y es la sede de la casa Greyjoy, que domina estas islas desde la llegada de Aegon. Marea Negra y Acantilado de Sal son menos notables. Hay torres donde viven algunos señores menores en las islas más pequeñas junto a pueblos de pescadores minúsculos.
Otras se utilizan para el pastoreo de las ovejas, mientras que muchas otras permanecen deshabitadas. Una agrupación de islas secundarias se encuentra a ocho días de vela hacia el noroeste, hacia el Mar del Ocaso. Allí, focas y leones marinos hacen sus colonias en las rocas azotadas por el viento, demasiado pequeñas para mantener un asentamiento. En la más grande de todas ellas se alza la torre del homenaje de la casa Farwynd, llamada Luz Solitaria porque un faro arde en su tejado día y noche. El pueblo llano cuenta cosas de los Farwynd que los gobierna. Algunos dicen que se encuentran con las focas para dar después a luz niños medio humanos, mientras otros susurran que los cambiapieles pueden tomar las formas de leones marinos, morsas, ballenas e incluso orcas, los lobos de los mares occidentales. Cuentos extraños como éste son comunes en los confines del mundo, y después de todo, Luz Solitaria está situada en el extremo más oeste de todas las tierras conocidas por nosotros. Aquellos marineros audaces que han navegado más allá de la luz de su faro no han vuelto y los que lo han hecho, hablan de infinitos mares grises que parecen continuar para siempre.
Tales riquezas como estaño, plomo y hierro se pueden encontrar bajo las colinas de Gran Wyk, Harlaw y Monteorca y son el principal producto de exportación de las islas. Hay muchos trabajadores del metal entre los hijos del hierro, tal y como era de esperar; las fraguas de Puerto Noble producen espadas, hachas, cotas guarnecidas y placas de una calidad insuperable.
El suelo de las Islas del Hierro es delgado y pedregoso, más adecuado para las cabras que para los cultivos. Los hijos del hierro, seguramente sufrirían hambre cada invierno de no ser por la generosidad del mar y los pescadores que se aprovechan de ella. Las aguas de la Bahía del Hierro son hogar de grandes bancos de bacalao, bacalao negro, rape, patín, draco, sardinas y caballa. Cangrejos y langostas pueden encontrarse a lo largo de las costas de todas las islas y pez espada al oeste de Gran Wyk. Focas y ballenas vagan por el Mar del Ocaso.
El Archimaestre Hake, nacido y criado en Harlaw, estima que siete de cada diez familias de las Islas del Hierro son pescadores. Sin embargo, eso significa que esos pobres no pueden vivir en tierra firme ni ser sus propios amos. ‘El hombre que es dueño de un barco nunca tiene que ser un esclavo’ escribe Merluza, ‘porque cada capitán es un rey sobre la cubierta de su propio barco’. Es la captura de estos barcos lo que alimenta las islas.
Sin embargo, aún más que a sus pescadores, los hombres del hierro estiman a sus atracadores, ‘ los lobos del mar’, los nombraron en las tierras del oeste y las tierras de los ríos, y con razón. Al igual que los lobos, a menudo cazaban en manadas, cruzando mares tormentosos en sus veloces barcoluengos y descendían por aldeas y pueblos pacíficos para atacar, robar y violar. Marineros intrépidos y combatientes temibles, aparecían con las nieblas de la mañana para hacer su sangriento trabajo y estar de vuelta en el mar antes de que el sol se ocultase, con los barcos cargados con el botín, hacinadas mujeres y niños. El Archimaestre Haereg asegura que este saqueo se debía en primer lugar a una necesidad de madera lo que empujaba a los hijos del hierro a este pillaje sangriento.
En el amanecer de los días, había extensos bosques en Gran Wyk, Harlaw y Monteorca, pero los carpinteros de las islas y su voraz necesidad de madera los hicieron desaparecer. Así, los hijos del hierro no tuvieron más remedio que acudir a los bosques de las tierras verdes, el continente de Poniente. Todos los árboles de los que carecían en las islas se encontraban en el continente. Poco y nada fue logrado con el comercio; mucho más fue 190
comprado y pagado con sangre de la punta de una espada o el borde de un hacha. Y cuando los saqueadores regresaban a las islas con el botín, dirían que habían pagado el ‘ precio del hierro’; mientras que los que se quedaban, pagaban el ‘ precio del oro’ para adquirir esos tesoros o se iban sin ellos. Y de ahí, nos dice Haereg, eran los saqueadores los que exaltaban los cantantes por encima de todo, así como los saqueadores y pueblo llano.
Muchas leyendas han llegado a nosotros a través de los milenios de los reyes de la sal y atracadores que hicieron suyo el Mar del Ocaso, hombres tan salvajes, crueles y sin miedo como nunca han vivido. Oímos hablar de Torgon el Terrible, Jorl la Ballena, Dagon Drumm el Nigromante, Hrothgar de Pyke y su cuerno para convocar kraken, y Mellado Ralf de Gran Wyk. El más infame de todos ellos, fue Balon Pielnegra, que luchó con un hacha en la mano izquierda y un martillo en la derecha. Se decía que no podía dañarle ningún arma hecha por el hombre: las espadas chocaron contra él y no dejaron marca y las hachas se rompían al chocar contra su piel. ¿Acaso estos hombres jamás pisaban tierra? Es difícil de saber, ya que la mayoría supuestamente vivió y murió miles de años antes de que la alfabetización llegase a la Islas del Hierro y ésta sigue siendo poco frecuente en las islas, considerando a los instruidos débiles o temidos, por hechiceros. Mucho de lo que sabemos de estos semidioses del amanecer de los tiempos, nos viene contado por los pueblos que saquearon, escrito en la lengua antigua y las runas de los Primeros Hombres.
Las tierras que saqueaban eran boscosas pero escasamente pobladas en esos días. Entonces, igual que ahora, los hijos del hierro eran reacios a ir demasiado lejos de las aguas saladas, pero gobernaron desde el Mar del Ocaso hasta la Isla del Oso y desde la Costa Helada hasta Arbor.
Los barcos de pesca y las cocas de los Primeros Hombres que rara vez perdían de vista tierra firme, no eran rivales para los barcoluengos con remos y enormes velas de los hombres del hierro. Y cuando la batalla se daba en las costas, tanto reyes como famosos guerreros cayeron ante los saqueadores como el trigo bajo la guadaña en tal número, que los hombres de las tierras verdes decían entre sí que los hijos del hierro eran demonios resucitados de un infierno acuoso, protegidos por hechicerías y poseedores de armas negras que bebían las almas de quienes mataban.
Siempre que se acercaban el otoño y el invierno, los barcoluengos atacaban en busca de provisiones. Y de ese modo comían en las Islas del Hierro incluso en lo más profundo del invierno, mientras a menudo, como no, los hombres que habían plantado, cuidado y cosechado, morían de hambre. ‘Nosotros no sembramos’ se convirtió en el orgulloso lema de los Greyjoy, cuyos gobernantes se llamaron a sí mismos ‘Segador de Pyke’.
Los saqueadores llevaron algo más que oro y comida a las islas: llevaron cautivos, que servirían de ese momento en adelante a sus captores como esclavos. Entre los hijos del hierro sólo la pesca y la rapiña eran consideradas actividades dignas para los hombres libres. El pesado trabajo de la granja y el campo era adecuado para los esclavos. Lo mismo puede decirse de la minería. Sin embargo, de esos esclavos, los escogidos para trabajar en el campo podían considerarse afortunados, escribe Haereg, ya que se les permitía envejecer y tener hijos. No podía decirse lo mismo de los condenados a trabajar en las minas, esos hoyos peligrosos y oscuros bajo las colinas donde los jefes eran brutales, el aire húmedo y sucio y la vida corta. La mayoría de los cautivos varones de las Islas del Hierro, pasaron su vida haciendo trabajos forzados en los campos o las minas. Algunos pocos, hijos de señores y caballeros o mercaderes ricos, fueron rescatados por el oro. Aquellos que sabían leer, escribir y hacer sumas, servían a sus amos como escribas, administradores o tutores. Canteros, toneleros, carpinteros, albañiles y otros artesanos calificados, eran aún más valiosos.
La esclavitud fue una práctica común entre los Primeros Hombres durante su largo dominio sobre Poniente–
más a tener en cuenta de que los hijos del hierro deben haber descendido de los Primeros Hombres -. Aunque 191

la esclavitud no hay que confundirla con la que existe en Essos y las Ciudades Libres. A diferencia de esos esclavos, éstos conservan ciertos derechos importantes. Un esclavo pertenece a su captor, y le debe obediencia y servicio, pero sigue siendo un hombre y no una propiedad. No pueden ser comprados o vendidos.
Pueden tener propiedades, casarse con quien deseen y tener hijos. Los hijos nacidos de esclavos nacen en cautiverio, pero cualquier niño nacido en las Islas del Hierro es considerado hijo del hierro hasta cuando sus padres son esclavos. Estos niños son separados de sus padres a los siete años para unirlos a una tripulación o comenzar un aprendizaje.
Un hijo del hierro saqueador tomando su premio.
Las mujeres robadas son el premio más codiciado. A veces, las mujeres de más edad son llevadas por los capitanes como cocineras, costureras, tejedoras, parteras y similares, pero las criadas y las niñas que acaban de florecer son robadas en cada incursión. La mayoría terminó sus días en las islas sirviendo, como putas o como camareras, otras como mujeres de esclavos, pero las más bellas y fuertes y la mayoría vírgenes, se mantendrían como esposas de sal por parte de sus captores.
En sus costumbres matrimoniales, como con sus dioses, los hijos del hierro difieren de Poniente. Dondequiera que la Fe prevalece, un hombre se une a sí mismo a una sola mujer de por vida y viceversa. En las Islas del Hierro, sin embargo, un hombre sólo puede tener una ‘ esposa de roca’ (sólo si muere puede tomar otra), pero puede tomar cuantas esposas de sal desee. Una esposa de roca ha de ser nacida libre en las Islas del Hierro. Su lugar está junto a su hombre en cubierta y en la cama y sus hijos están siempre por delante de todos los demás. Las esposas de sal son casi siempre las mujeres y las niñas capturadas durante las redadas. El número de esposas de sal que un hombre es capaz de mantener habla de su poder, riqueza y virilidad. Sin embargo, no debe pensarse que las esposas de sal de los hijos del hierro no son más que concubinas, prostitutas o esclavas de cama. Los matrimonios de sal, al igual que los de roca, son llevados a cabo por un sacerdote del Dios Ahogado (aunque en una ceremonia menos solemne que la que le une a su esposa de roca) y los hijos de éstas, son considerados legítimos. ‘ Hijos de la sal’, pueden incluso heredar cuando un hombre no tiene hijos de su esposa de roca.
Los matrimonios de sal han disminuido notablemente en las Islas del Hierro desde la Conquista, dado que para Aegon el Conquistador el robo de una mujer era un crimen en todos los Siete Reinos (a instancias de la reina Rhaenys, se dice). El Conquistador también prohibió la rapiña en sus dominios. Estas prohibiciones, sólo se han 192
aplicado de forma esporádica con sus sucesores, sin embargo, muchos de los hijos del hierro todavía anhelan lo que ellos llaman el Antiguo Camino.
LA CORONA DE SAL Y ROCA
En la Edad de los Héroes, dicen las leyendas que los hijos del hierro fueron gobernados por el monarca más poderoso conocido: el Rey Gris. El Rey Gris gobernó el propio mar y tuvo una sirena como esposa, por lo que sus hijos e hijas podían vivir sobre el agua o bajo ella, según deseasen. Tenía el pelo, los ojos y la barba tan grises como el mar en invierno y de ellos tomó su nombre. La corona que tenía estaba hecha de madera de deriva, por lo que todos los que se arrodillaron ante él, sabían que le había llegado del mar y del Dios Ahogado que vive en él. Los hechos atribuidos al Rey Gris por los sacerdotes y los bardos de las islas son muchos y maravillosos.
Fue el Rey Gris quien trajo el fuego a la tierra para burlarse del Dios de la Tormenta que lo ancló a la tierra con un rayo que hizo arder un árbol. El Rey Gris también enseñó a los hombres a tejer redes y velas y talló el primer barcoluengo en la madera pálida y dura de Ygg, un árbol demonio que se alimentaba de carne humana.
Pero la mayor hazaña del Rey Gris, sin duda, fue el asesinato de Nagga, el mayor de los dragones marinos, una bestia tan colosal, que se decía que se alimentaba de leviatanes y kraken gigantes y ahogaba islas enteras con su enfado. El Rey Gris construyó su salón del trono sobre sus huesos, usando sus costillas como vidas. Desde allí gobernó las Islas del Hierro durante mil años, hasta que su piel se tornó gris como el pelo y la barba. Sólo entonces dejó a un lado su corona de madera flotante y caminó por el mar, descendiendo a las estancias acuosas del Dios Ahogado para ocupar su lugar legítimo a su derecha. El Rey Gris reinaba sobre todas las Islas del Hierro, pero dejó un centenar de hijos tras él y después de su muerte comenzaron a discutir quien lo sucedería. Tras una carnicería entre hermanos, quedaron solo dieciséis. Estos últimos supervivientes se dividieron las islas entre ellos. Todas las grandes casas de hijos del hierro declaran que descienden del Rey Gris y sus hijos. Curiosamente, los Goodbrother de Viejo Wyk y Gran Wyk supuestamente descienden del leal hermano mayor del Rey Gris.
Los huesos petrificados de alguna gigantesca criatura marina se encuentran en la colina de Nagga en Viejo Wyk, pero si en realidad son huesos de un dragón marino está abierto a debate. Las costillas son enormes, pero de ningún modo lo suficientemente grandes como para haber pertenecido a un dragón capaz de darse un festín con leviatanes y kraken gigantes. En verdad, la propia existencia de los dragones de mar ha sido puesta en duda por algunos. Si existen tales monstruos, deben morar seguramente en los confines más profundos del Mar del Ocaso, porque ninguno se ha visto en el mundo conocido desde hace miles de años.
Esas son las leyendas de los sacerdotes del Dios Ahogado. La ‘Historia’ cuenta algo diferente. Los registros más antiguos conservados en la Ciudadela revelan que cada una de las Islas del Hierro fueron una vez un reino independiente, gobernadas no por uno, sino por dos reyes, uno de roca y uno de sal. El rey de roca gobernaba la isla, administraba justicia, hacía las leyes y solucionaba controversias. El rey de sal decidía cuando y donde zarpaban los barcos y a donde iban. Los registros supervivientes sugieren que los reyes de roca eran casi siempre mayores que los reyes de sal: en algunos casos, eran padre e hijo, cosa que ha llevado a algunos a sostener que los reyes de sal no eran más que herederos, príncipes herederos de sus padres. Sin embargo, hay otros casos que conocemos en los que el rey de roca y el rey de sal eran de diferentes casas, en ocasiones, incluso casas rivales hostiles entre sí.
En otras partes de Poniente, reyezuelos reclamaron coronas de oro en virtud de su nacimiento y su sangre, pero las coronas de sal y roca de los hijos del hierro no se ganaban con tanta facilidad. Aquí, alejados de Poniente, hacían a sus propios reyes, eligiéndolos en grandes concilios llamados ‘ Asamblea de sucesión’ en la que elegían al rey de roca y al rey de sal que gobernarían por encima de ellos.
Cada vez que un rey moría, los sacerdotes del Dios Ahogado convocaban una asamblea de sucesión para elegir sucesor. Todo hombre que era dueño y capitán de un barco tenía voz y voto en estas reuniones, que a menudo se prolongaban durante días y en ocasiones durante mucho más tiempo. Los hijos del hierro también hablan de ocasiones en que los sacerdotes llamaron a los ‘Capitanes y Reyes’ a la vez para eliminar a un gobernante indigno. El poder ejercido por estos profetas del Dios Ahogado sobre los hijos del hierro no puede ser subestimado. Sólo ellos podían convocar la ‘Asamblea de Sucesión’ y, ¡Ay del hombre o señor que se atreva a desafiarlos! El más grande de los sacerdotes era el profeta Galon Whitestaff, llamado así por la vara tallada que llevaba a todas partes para herir a los impíos (en algunos cuentos era de arciano y en otros, uno de los huesos de Nagga). Era Galon quien decretó que los hijos del hierro no debían hacer la guerra a otros hijos del hierro, prohibió que robasen las mujeres de los demás o atacasen las costas del otro y que unió las Islas del Hierro en un solo reino, convocando a los ‘Capitanes y Reyes’ al Viejo Wyk para elegir un alto rey que se convirtiese en el rey supremo sobre los reyes de sal y los reyes de roca por igual. Eligieron a Urras Greyiron, llamado Pie de Hierro, rey de sal de Monteorca y el más temible saqueador de la época. El mismo Galon colocó una corona de madera de sal y roca sobre la cabeza del sumo rey y Urras Pie de Hierro se convirtió en el primer hombre desde el Rey Gris que gobernó a todos los hijos del hierro.
Muchos años después, cuando Urras Pie de Hierro murió de las heridas sufridas mientras rapiñaba, su hijo mayor se apoderó de su corona y se proclamó rey Erick I. Aunque medio ciego y débil por la edad en ese momento, Galon se enfureció con esta noticia, proclamando que sólo la ‘Asamblea de Sucesión’ podía hacer un rey. Una vez más, se reunieron los ‘Capitanes y Reyes’ en el Viejo Wyk y Erick el Feo fue depuesto y condenado a muerte, el destino lo evitó cuando rompió la corona de su padre y la arrojó al mar como símbolo de sumisión al Dios Ahogado. En su lugar, la asamblea eligió como rey a Regnar Drumm, el Alimentador de Cuervos, rey de roca en Viejo Wyk.
Los siglos que siguieron fueron la edad de oro para los hijos del hierro, y una era oscura para esos Primeros Hombres que vivían al lado del mar. Una vez que los rapiñadores salían, conseguían alimentos para sostenerlos durante el duro invierno, madera para construir sus barcoluengos, esposas de sal que les dieran hijos y las riquezas de las que las Islas del Hierro carecían, pero siempre regresaban a casa con su botín. Bajo los reyes de Sal y Roca, la práctica dio paso a algo mucho más difícil y peligroso: la conquista, colonización y la regla.
Por tradición, la corona de sal y roca se rompe y devuelve al mar tras la muerte de su portador. Su sucesor, se pondrá una nueva corona hecha con trozos de madera recién llegados a la orilla de su isla natal. Así, cada corona era diferente de las anteriores: algunas pequeñas y sencillas, y otras enormes, magníficas y difíciles de manejar.
La exhaustiva historia del Archimaestre Haereg de ‘ Los Hijos del Hierro’, enumera a ciento once reyes que llevaron una corona de madera de deriva como Alto Rey de las Islas del Hierro. La lista es reconocidamente incompleta y plagada de contradicciones, sin embargo, nadie puede dudar que los reyes de deriva alcanzaron su cénit con Qhored I Hoare (reclamado como Greyiron en algunas partes y como Blacktyde en otras), que escribió su historia con sangre sobre Poniente y sería conocido como Qhored el Cruel. El Rey Qhored gobernó sobre los hijos del hierro las tres cuartas partes de un siglo y vivió hasta la avanzada edad de noventa años. En sus días, los Primeros Hombres de las tierras verdes habían abandonado en gran medida las orillas del Mar del 194
Ocaso por miedo a los atracos. Y los que se quedaron, principalmente señores en sus robustos castillos, rindieron homenaje a los hijos del hierro.
Qhored fue famoso porque se jactaba de que sus hechos se oían ‘donde los hombres podían oler agua salada o escuchar el choque de las olas’. En su juventud, saqueó y capturó Antigua, llevando encadenadas de vuelta a las islas a miles de mujeres y niñas. A los treinta años, derrotó a los señores del Tridente en la batalla, lo que obligó a Bernar II, Rey del Río, a doblar la rodilla y ceder a tres de sus pequeños hijos como rehenes. Tres años más tarde, mató a los muchachos por su propia mano, cortando los corazones en dos cuando el tributo anual de su padre tardó en llegar. Cuando su padre, en duelo, trató de vengarse, el rey Qhored y sus hombres del hierro destruyeron su ejército y Bernar fue ahogado como tributo al Dios Ahogado, poniendo así fin a la casa Justman y lanzando las tierras de los ríos de nuevo a una sangrienta anarquía.
Pero después de esto, Qhored inició un lento declive. Los reyes que le siguieron lucharon con los hombres de las tierras verdes igualmente, pero estos cada vez eran más fuertes. Los Primeros Hombres comenzaron a construir barcoluengos como los suyos, defendían sus pueblos con muros de piedra en lugar de empalizadas de madera y zanjas de pinchos. Los Highgarden y los Hightower fueron los primeros en dejar de pagar el tributo. Cuando el rey Theon III Greyjoy navegó contra ellos, fue derrotado y asesinado por lord Lymond Hightower, el León de Mar, que revivió la práctica de la esclavitud en Antigua sólo el tiempo suficiente para convertir a los hombres del hierro capturados durante la batalla en trabajadores forzados a fortalecer las paredes de la ciudad.
La creciente fuerza de las tierras del oeste planteó una amenaza aún más grave para el dominio de los reyes de Sal y Roca. Isla Lejana fue la primera en caer, cuando su pueblo llano se levantó bajo las órdenes de Gylbert Farman para expulsar a sus señores hijos del hierro. Una generación más tarde, los Lannister capturaron la ciudad de Kayce cuando Herrock el bastardo hizo sonar su gran cuerno con bandas de oro y las putas de la ciudad abrieron las puertas traseras a sus hombres. Tres hijos de reyes del hierro sucesivos trataron de retomar el premio y fracasaron. La afrenta final llegó por cortesía de Gerold Lannister, el Rey de la Roca.
Gerold el Grande, como se le recuerda en el oeste, navegó con su propia flota a las Islas del Hierro en una atrevida incursión, llevándose a un centenar de rehenes hijos del hierro. Los mantuvo en Roca Casterly a partir de ese momento y colgaba uno cada vez que sus orillas eran allanadas. En el siglo siguiente, tras una sucesión de reyes débiles, perdieron Arbor, Isla del Oso, el Dedo de Pedernal y la mayoría de los enclaves que tenían a lo largo del Mar del Ocaso, hasta que sólo les quedó un puñado.
No se debe pensar que los hijos del hierro no tuvieron ninguna victoria durante esos años: Balon Greyjoy V, llamado Viento Helado, destruyó las débiles flotas del Rey en el Norte. Erich V Harlaw retomó Isla Lejana en su juventud sólo para perderla de nuevo en su vejez. Su hijo Harron mató a Gareth el Sombrío, de Altojardín bajo las murallas de Antigua. Medio siglo más tarde, Joron I Blacktyde capturó a Gyles II Gardener, cuando sus flotas se enfrentaron frente a las Islas Nubladas. Después de torturarlo hasta la muerte, Joron cortó su cadáver en pedazos para poner en sus anzuelos cebo ‘con un trozo de rey’. Más adelante en su reinado, Joron barrió el Rejo con fuego y acero y supuestamente se llevó a todas las mujeres de la isla de menores de treinta años de edad, ganando para sí mismo el nombre de Maidensbane por el que se le recuerda.
Sin embargo, todos estos triunfos resultaron ser de corta duración, igual que muchos de los reyes que los ganaron. A medida que los siglos pasaban, los reinos de las tierras verdes se hicieron más fuertes y las Islas del Hierro más débiles. Y al final de la Edad de los Héroes, otra crisis debilitó y dividió a los hijos del hierro aún más.
Con la muerte del rey Urragon III Greyiron (Urragon el Calvo), sus hijos más jóvenes convocaron una ‘Asamblea de Sucesión’ mientras que su hermano mayor Torgon, estaba asaltando el Mander, pensando que uno de ellos sería elegido para llevar la corona de sal y roca. Para su gran consternación, los capitanes y reyes eligieron a Urrathon Goodbrother de Gran Wyk en su lugar. Lo primero que el nuevo rey hizo, fue mandar asesinar a los hijos del viejo rey. Por eso y por la crueldad salvaje de la que a menudo hizo gala durante sus dos años como rey, Urrathon IV Goodbrother es recordado en la historia como Mal-Hermano. Cuando Torgon Greyiron regresó por fin a las Islas del hierro, declaró la asamblea inválida debido a que no había estado presente para hacer la reclamación. Los sacerdotes apoyaron su demanda, porque se habían cansado de la arrogancia y la falta de piedad de Mal-Hermano. El pueblo llano y los grandes señores se levantaron por igual en la convocatoria, reuniéndose en torno a las banderas de Torgon e incluso los propios hombres de Urrathon hicieron su corona pedazos. Torgon el Tardío reinó en su lugar, y gobernó durante cuarenta años sin haber sido elegido ni proclamado durante una ‘Asamblea de Sucesión’. Demostró ser un rey fuerte, justo, sabio y ecuánime… Pero poco podía hacer para detener el declive de las Islas del Hierro, ya que fue durante su reinado cuando perdieron la mayor parte de Cabo de Águilas a manos de los Mallister de Varamar.
Torgon había dado un golpe contra la institución de la asamblea en su juventud alzándose por encima del rey elegido. En su vejez, él lo hizo de nuevo, pues en los últimos cinco años de reinado pidió ayuda a su hijo Urragon para gobernar. En la corte y en el consejo, en la guerra y en la paz, el hijo se mantuvo al lado del padre durante la mayor parte de esos cinco años, de modo que cuando Torgon finalmente murió, parecía natural que su heredero elegido le sucediera como Urragon IV Greyiron. Ninguna asamblea fue convocada y esta vez ningún Galon Whitstaff surgió airado para protestar por la sucesión.
Al final, el golpe fatal dado por los capitanes y los reyes unidos ocurrió cuando Urragon IV murió después de un largo pero mediocre reinado. Había sido el deseo del rey moribundo pasar la corona a su sobrino nieto Urron Greyiron, rey de sal de Monteorca, conocido como Urron Manorroja. Los sacerdotes del Dios Ahogado estaban decididos a no permitir que el poder de elegir a un rey les fuese arrebatado por tercera vez, por lo que convocaron una vez más a ‘Capitanes y Reyes’ en el Viejo Wyk para una ‘Asamblea de Sucesión’. Cientos aparecieron, entre ellos reyes de sal y de roca de las siete islas principales, e incluso de Luz Solitaria. Sin embargo, apenas se habían reunido cuando Manorroja mando a sus lanzadores de hachas y las costillas de Nagga se tiñeron del rojo de la sangre. Trece reyes murieron ese día y medio centenar de sacerdotes y profetas. Era el final de las asambleas de sucesión y Manorroja gobernó como Alto Rey durante veintidós años y en lo sucesivo, lo hicieron sus descendientes. Los hombres santos nunca más han tenido el poder de hacer reyes.
LOS REYES DEL HIERRO
Los Greyiron se encontraban entre las casas más antiguas y de mayor renombre de las Islas del Hierro. Durante la larga edad de la ‘Asamblea por Sucesión’, los capitanes y los reyes les otorgaron coronas de sal y roca en al menos treinta y ocho ocasiones, según Haereg, dándoles el doble de reyes que a cualquier otra casa.
Esta época, terminó con Urron Manorroja y la masacre del Viejo Wyk. A partir de entonces, la corona de las islas del hierro se hizo de hierro negro y pasaría de padres a hijos por derecho de primogenitura. Tampoco los Greyiron tendrían a reyes en todas las islas. Se acabaron los reyes de sal y de roca. Urron Manorroja y sus herederos se convirtieron a sí mismos en los únicos reyes de las Islas del Hierro. Los gobernantes de Viejo Wyk, 196

Gran Wyk, Pyke, Harlaw y las islas menores, fueron reducidos a señores y varias líneas antiguas se extinguieron por completo cuando se negaron a doblar la rodilla. Pero el derecho de la casa Greyiron a la corona de hierro no fue indiscutible. Junto con la ‘Asamblea de sucesión’, también se rompió en el Viejo Wyk la prohibición de luchar entre hijos del hierro. Durante los siglos que siguieron, Urron Manorroja y sus sucesores tuvieron que hacer frente al menos a una docena de grandes rebeliones y al menos dos grandes levantamientos. Tampoco eran señores ni reyes en tierras verdes y no tenían la ventaja de la unidad. Uno por uno, todos sus puntos de apoyo que tenían en Poniente se perdieron. El golpe más contundente fue el dado por el Rey Garth VII, Puño Dorado, rey del Dominio, cuando echó a los hombres del hierro de las Islas Nubladas, renombrándolas como Islas Escudo y reasentándolas con sus propios guerreros, los más feroces y mejores marineros para que defendieran la boca del Mander.
La llegada de los ándalos a los Siete Reinos sólo aceleró la decadencia de las Islas del Hierro, porque a diferencia de los Primeros Hombres que habían llegado antes, los Ándalos eran intrépidos, con barcos tan rápidos como los suyos y en condiciones de navegar, tan buenos como los que cualquier hijo del hierro podría construir. Con los Ándalos inundando las tierras de los ríos, el oeste y el Dominio, nuevos pueblos surgieron a lo largo de las costas, ciudades amuralladas y robustos castillos de piedra y madera se levantaron sobre cada cala, y grandes señores y reyezuelos comenzaron a construir buques de guerra para defender sus costas y comerciar.
A su debido tiempo, los Ándalos invadieron las Islas del Hierro, igual que habían hecho con todas las tierras que se encontraban por debajo del Cuello. Las sucesivas olas de aventureros ándalos azotaron las islas, a menudo en alianza con una u otra facción de los hijos del hierro. Se casaron con algunas de las antiguas familias de la isla y a otras les dieron un sangriento final con el espada y el hacha. La casa Greyiron se encontró entre las destruidas. El último Rey del Hierro, Rognar II, fue derribado cuando los Orkwood, Drumm, Hoare y Greyjoy hicieron causa común contra él, con el apoyo de gran cantidad de piratas Ándalos, mercenarios y señores de la guerra. Después de esto, los vencedores no pudieron ponerse de acuerdo sobre quien iba a suceder a Rognar como rey, por lo que se decidió que iban a zanjar el asunto con el ‘ Baile de los dedos’, un juego popular entre los hijos del hierro en que los jugadores hacen girar un hacha y se la lanzan uno al otro, tratando de atraparla en el aire. Harras Hoare se alzó como vencedor a costa de dos dedos. Y como Harras Mano Tocón, gobernó sobre las Islas durante treinta años.
Muchos creen que la historia de Harras para ganar su corona no es más que la fantasía de un cantante. En verdad, el Archimaestre Haereg sugiere que Harras fue elegido porque había tomado una doncella Ándala como esposa, ganando con ello el apoyo de su padre y otros muchos señores Ándalos poderosos.
Harras Muñón victorioso.
LOS SANGRE NEGRA
El Archimaestre Hake nos dice que los reyes de la casa Hoare fueron ‘negros de pelo, negros de ojos y negros de corazón’. Sus enemigos afirmaron que su sangre era negra, oscurecida por la sangre de los Ándalos, pues muchos príncipes Hoare tomaron esposas de esa raza. Los auténticos hijos del hierro tenían agua salada en sus venas, proclamaron los sacerdotes del Dios Ahogado; los reyes Hoare de sangre negra eran falsos usurpadores, impíos que debían ser echados de la tierra. Muchos trataron de hacer precisamente eso a lo largo de los siglos, como Haereg menciona con cierto detalle. Ninguno tuvo éxito. Lo que les faltaba de valor a los Hoare, lo compensaban con astucia y crueldad.
Algunos fueron encantadores, pero siempre había razones para temer su enfado. Sus mismos nombres proclamaban su naturaleza para que todos los supieran, nombres que nos llegan después del paso de cientos de años: Wulfgar Hacedor de Viudas, Craghorn Sonrisa Roja, Horgan Mata Curas, Fergon el Feroz, Othgar el Desalmado, Othgar Amor de Demonio.
Los sacerdotes del Dios Ahogado los denunciaron a todos ellos ¿Los reyes de la casa Hoare fueron realmente hombres impíos? Hake cree que lo eran, pero el Archimaestre Haereg tiene una visión muy diferente, lo que sugiere es que el verdadero crimen de los reyes de ‘sangre negra’ no era ni la impiedad, ni el culto al demonio, sino la tolerancia. Porque fue bajo su reinado que la Fe de los Siete llegó por primera vez a las Islas del Hierro, e impulsados por las reinas Ándalas, estos reyes concedieron a septas y septones su protección y les dieron permiso para moverse por las islas y predicar la Fe.
El primer septo de las islas fue construido en Gran Wyk en el reinado de Wulfgar Hacedor de Viudas. Cuando su bisnieto Horgan permitió la construcción de otro en Viejo Wyk, donde se habían celebrado en otra edad las Asambleas de Sucesión, la isla entera se levantó en una sangrienta rebelión, aguijoneados por los sacerdotes.
El septo fue incendiado, el septón hecho pedazos y los adoradores de los Siete arrastrados al mar para ahogarlos y que pudieran recuperar su fe. Fue en respuesta a esto, alega Haereg, que Horgan Hoare comenzó a masacrar sacerdotes.
Los reyes Hoare también desalentaron la rapiña. Y como los saqueos disminuyeron, aumentó el comercio.
Todavía había una gran cantidad de hierro bajo las colinas de Gran Wyk, Monteorca, Harlaw y Pyke, y también plomo y estaño. La necesidad que tenían los hombres del hierro de madera para construir sus barcos era tan grande como siempre, pero ya no tenían la fuerza para robarla allá donde la encontrasen. En su lugar, cambiaban hierro por madera. Cuando llegó el invierno y soplaron vientos fríos, el hierro se convirtió en la moneda de los reyes de la casa Hoare y lo usaron para comprar cebada, trigo y nabos para mantener alimentado a su pueblo (y carne de res y cerdo para sí mismos). ‘ Pagar el precio del hierro’ adquirió un nuevo significado… Uno que muchos hijos del hierro encontraron humillante y los sacerdotes denunciaron como vergonzoso. Alcanzaron el momento más deshonroso y de menos poder en las islas durante los reinados de los tres Harmund. Mejor recordados en las Islas del Hierro como Harmund el Anfitrión, Harmund el Regateador y Harmund el Hermoso. Harmund el Anfitrión fue el primer rey de las Islas del Hierro que sabía leer y escribir, dio la bienvenida a viajeros y comerciantes de todas partes del mundo en su castillo de Gran Wyk, atesoraba libros y dio a septones y septas su protección. Su hijo, Harmund el Regateador, compartió su amor por la lectura y se hizo famoso como viajero, fue el primer rey de las Islas del Hierro que visitó las tierras verdes sin una espada en la mano. Después de haber pasado su juventud como escudero de la casa Lannister, el segundo Harmund volvió a Roca Casterly como rey y tomó a lady Lelia Lannister (hija del rey de la Roca y ‘la flor más 198
bella del oeste’) como su reina. En un viaje posterior, visitó Altojardín y Antigua, para tratar con sus señores y reyes sobre comercio. Sus propios hijos fueron criados en la Fe, o en la versión particular del rey Harmund de ella. A su muerte, el primogénito subió al trono. Harmund el Hermoso (influido, dicen algunos, por su madre Lannister, la reina viuda Lelia) anunció que a partir de ese momento los saqueadores serían ahorcados y se prohibió formalmente tomar esposas de sal y a los hijos de tales se los declaró bastardos y sin derechos a heredar. Intentaba, con estas medidas, poner fin a la esclavitud en las islas, cuando un sacerdote conocido como Shrike, comenzó a predicar contra él. Otros sacerdotes hicieron lo mismo y los señores de las islas les prestaron atención. Sólo los septones y sus seguidores se pusieron de parte del rey Harmund, que fue derrocado en quince días y sin apenas derramamiento de sangre. Lo que le siguió, no fue ni de lejos tan poco sangriento. El mismo Shrike le arrancó la lengua al rey depuesto para que nunca más pudiese decir ‘mentiras y blasfemias’. Harmund también fue cegado y su nariz fue cortada para que todos los hombres pudiesen ver ‘el monstruo que es’. En su lugar, señores y sacerdotes coronaron a su hermano menor Hagon.
El nuevo rey denunció la Fe, rescindió los edictos de Harmund y expulsó a septones y septas de su reino.
Quince días después cada septo de las Islas del Hierro ardía en llamas. El rey Hagon, pronto pasó a ser conocido como Hagon Sin Corazón, y permitió incluso la mutilación de su propia madre, la reina Lelia, la ‘puta’
Lannister que fue culpada por Shrike por hacer que su marido y sus hijos dieran la espalda al auténtico dios.
Sus labios, orejas y párpados fueron cortados y su lengua arrancada con tenazas calientes, después de lo cual fue subida a un barcoluengo y devuelta a Lannisport. El rey de la Roca, su sobrino, se enfadó tanto por tal atrocidad que convocó a sus banderizos.
Aunque Harmund II aceptó a los Siete como los dioses verdaderos, siguió honrando al Dios Ahogado y a su regreso a Gran Wyk, habló abiertamente de ‘los Ocho Dioses’ y decretó que una estatua del Dios Ahogado debía colocarse en las puertas de cada septo. Eso no agradó ni a los septones, ni a los sacerdotes y fue denunciado por ambos. En su intento de aplacarlos, el rey anuló su decreto y declaró que no había un dios sino Siete caras… Y el Dios Ahogado era una de ellas, el Extraño.
La guerra que siguió dejó diez mil muertos, tres cuartas partes de ellos hijos del hierro. En el séptimo año, los hombres del oeste desembarcaron en Gran Wyk, destrozaron a Hagon en la batalla y capturaron su castillo.
Hagon Sin Corazón fue mutilado de la misma manera que su madre antes de ser ahorcado. Ser Aubrey Crakehall, al mando de los ejércitos Lannister, ordenó que el castillo de Hoare fuese arrasado, pero mientras sus hombres lo saqueaban, encontraron a Harmund el Hermoso en un calabozo. Crakehall valoró la posibilidad de restaurarlo en el trono, pero el antiguo rey estaba ciego, quebrado y medio loco tras su largo confinamiento. Ser Aubrey le concedió ‘el don de la muerte’ en su lugar, sirviendo a Harmund una copa de vino con leche de amapola. Luego, en un acto de locura, el caballero decidió reclamar las islas para sí mismo.
Esto no agradó ni a los hijos del hierro ni a los Lannister. Cuando la noticia llegó a Roca Casterly, el rey ordenó volver a sus buques de guerra, dejando a Crakehall solo. Sin el poder y la riqueza de los Lannister respaldándole, el ‘Rey Aubrey’ vio su cumbre y caída rápidamente. Su reinado duró menos de medio año antes de ser capturado y sacrificado al mar por el propios Shrike.
La guerra entre los hijos del hierro y los hombres del oeste se mantuvo de forma inconexa durante cinco años más, terminando finalmente en una paz exhausta que dejó a las Islas del Hierro empobrecidas, quemadas y rotas. El invierno siguiente fue largo y duro, y es recordado en las islas por la hambruna. Hake nos dice que murieron tres veces más hombres de hambre ese invierno que en las batallas que lo precedieron.
Pasarían siglos antes de que las Islas del Hierro se recuperasen, en una lenta escalada hacia la prosperidad y el poder. De los reyes que reinaron durante esta época, no tenemos registros. Muchos fueron títeres de señores o sacerdotes. Algunos se parecían más a los rapiñadores de la Edad de los Héroes, hombres como Harrah 199

Hoare, su hijo Ravos el Rapiñador, que atacó salvajemente el Norte durante su reinado, los sangrientos años del ‘Lobo Hambriento’, pero fueron raros y distantes entre ellos. Tanto la rapiña como el comercio desempeñaron un papel en la restauración del orgullo y poder de las islas. Otras tierras ahora construyen buques de guerra más grandes y más formidables que los de los hombres del hierro, pero en ningún lugar hay marineros más atrevidos. Los comerciantes que zarpaban desde Puerto Noble, en Pyke, y desde los puertos de Gran Wyk, Harlaw y Monteorca, navegaban a través de los mares, haciendo escalas en Lannisport, Antigua y las Ciudades Libres y regresaban con tesoros que sus antepasados nunca habían soñado.
Rey Harwyn Hoare.
La rapiña continuaba, pero los ‘lobos de mar’ ya no cazaban cerca de casa, los reyes de las tierras verdes se habían vuelto demasiado poderosos para ellos. En su lugar, encontraron presas en las lejanas Islas del Basilisco y los Peldaños de Piedra, y a lo largo y ancho de la costa de las Tierras de la Disputa. Algunos se alistaron como mercenarios, luchando por una u otra de las Ciudades Libres en sus interminables guerras comerciales. Uno de ellos fue Harwyn Hoare, el tercer hijo del rey Qhorwyn el Astuto. Un rey astuto y avaricioso, Qhorwyn había pasado todo su reinado acumulando riquezas y evitando la guerra: ‘la guerra es mala para el comercio’, dijo, mientras duplicaba e incluso triplicaba el tamaño de sus flotas y mandaba a sus herreros a forjar más armaduras, espadas y hachas. ‘La debilidad invita al ataque’, declaró Qhorwyn. ‘Para tener paz, debemos ser fuertes’. Su hijo Harwyn, no tenía ningún deseo de paz ni uso para las armas y armaduras que su padre forjó.
Un niño beligerante y el tercero en la línea de sucesión, Harwyn Hoare fue enviado a los Peldaños de Piedra, Volantis, Tyrosh, Braavos y se convirtió en hombre en los jardines del placer de Lys, pasó dos años en las islas del Basilisco como cautivo de un rey de los piratas, vendió su espada a cualquier compañía que la pagase en las Tierras de la Disputa y luchó en varias batallas con los Segundos Hijos.
Cuando Harwyn regresó a las Islas del Hierro, se encontró con que su padre había enfermado así como su hermano hacía dos años de la Escala de Grises. Todavía quedaba un segundo hermano entre Harwyn y la corona, pero tuvo una muerte repentina, incluso aun cuando el rey estaba respirando hasta el último momento de la disputa. Los presentes declaran que la muerte accidental del príncipe Harlan fue por una caída del caballo, pero por supuesto, habría sido el final de sus vidas si hubiesen dicho lo contrario. Más allá de las Islas del Hierro, se dio por sentado que el príncipe Harwyn estaba detrás de la desaparición de su hermano.
Algunos afirmaban que lo habría hecho él mismo, otros que habría contratado a los Hombres Sin Rostro de Braavos.
El rey Qhorwyn expiró seis días después que su heredero, dejándole la corona a su hijo Harwyn. Se coronó como Harwyn Mano Dura y pronto escribiría su nombre con sangre en las historias de los Siete Reinos. Cuando el nuevo rey visitó los astilleros de su padre, declaró que ‘los barcoluengos están destinados a navegar’.
Cuando inspeccionó las armerías reales dijo ‘se forjan espadas para bañarlas en sangre caliente’. El rey Qhorwyn había dicho muchas veces que la debilidad invita al ataque. Cuando su hijo miró a la Bahía del Hierro, sus ojos sólo vieron debilidad y confusión en las tierras de los ríos, donde los señores del Tridente se rebelaban sin descanso bajo el pisotón de Arrec, Rey de la Tormenta, que los gobernaba desde el lejano Bastión de Tormentas.
Harwyn reunió a sus hombres y llevó al otro lado de la bahía a un centenar de los barcoluengos de su padre.
Atracaron en Varamar y cargaron con sus barcos por tierra hasta el Forca Azul del Tridente, para barrer después las tierras desde el río a fuego y espada. Algunos señores de los ríos se levantaron en armas contra ellos; la mayoría no lo hizo, porque tenían poco amor y menos lealtad a su Rey de la Tormenta.
En aquellos días, se creía que los hijos del hierro eran unos combatientes salvajes en el mar, pero fáciles de poner a la fuga en tierra. Harwyn Hoare no era como los otros hijos del hierro. Templado en las Tierras de la Disputa, demostró ser tan feroz en la tierra como en el mar, acabando con todos sus enemigos. Después de vencer a los Blackwood en aplastante batalla, muchos señores del Tridente se pusieron de su parte. En Buenmercado, Harwyn se encontró con Arrec Dundarron, el joven Rey de la Tormenta, que llevaba un ejército que hacia honor a su nombre. Pero llegaban enfermos, cansados y hambrientos, estaban lejos de casa y los hombres del hierro y los señores de los ríos los hicieron añicos. El rey Arrec perdió dos hermanos y la mitad de sus hombres y aún tuvo la suerte de escapar con vida. Cuando huyó hacia el sur, el pueblo llano de las tierras de los ríos se rebeló y sus guarniciones fueron expulsadas o sacrificadas. Las amplias y fértiles tierras de los ríos, así como toda su riqueza, pasaron de las manos de Bastión de Tormentas a las de los hombres del hierro.
En un golpe de audacia, Harwyn Mano Dura había aumentado sus tierras en diez veces las Islas del Hierro.
Estos señores del Tridente que se le habían unido con la esperanza de librarse de los Dundarron, pronto aprendieron que sus nuevos amos eran mucho más brutales y exigentes que los anteriores. Harwyn gobernaría con mano dura hasta su muerte, pasando mucho más tiempo en las tierras de los ríos que en las Islas, montando a caballo de un extremo a otro del Tridente a la cabeza de un ejército, olfateando cualquier atisbo de rebelión, mientras recaudaba impuestos, tributos y esposas de sal. ‘Su palacio era una tienda de campaña y su trono una silla de montar’, era lo que decían sus hombres de él. Su hijo Halleck, que le sucedió en el trono cuando Mano Dura murió a los sesenta y cuatro años, era un hombre de su misma calaña.
Halleck visitó sólo tres veces las Islas del Hierro durante su reinado, pasando allí menos de dos años en total.
Aunque él se llamaba hijo del hierro, y hacia sacrificios al Dios Ahogado y en todo momento mantuvo tres sacerdotes a su lado, había más del Tridente en Halleck Hoare, que parecía mirar las islas sólo como una fuente de armas, barcos y hombres. Su reinado fue aún más sangriento que el de su padre, aunque menos exitoso, marcado por guerras sin éxito contra el oeste y las tierras de la tormenta y no menos de tres intentos fallidos de conquistar el Valle, terminando siempre en desastre en la Puerta de Sangre. Al igual que su padre, el rey Halleck pasó gran parte de su reinado en tiendas de campaña. Cuando no estaba en guerra, gobernaba sus dominios desde una modesta torre en Buenmercado, en el corazón de las tierras de los ríos, cerca del sitio de la mayor victoria de su padre. Su propio hijo deseaba un asiento más grande y pasó la mayor parte de su reinado construyéndolo. Pero la historia de Harren el Negro y de Harrenhal ya la hemos contado. Las llamas de dragón que destruyeron Harrenhal pusieron fin a los sueños del rey Harren y al dominio de las tierras de los ríos por los hombres del hierro, así como a la ‘línea negra’ de la casa Hoare.

LOS GREYJOY DE PYKE
La muerte de Harren el Negro, rey de las Islas del Hierro, y sus hijos las dejó en el caos. Muchos de los grandes señores y guerreros famosos estaban con el rey Harren en las tierras de los ríos. Algunos murieron con él cuando Harrenhal ardió; otros, cuando las tierras de los ríos se alzaron contra ellos. Sólo unos pocos llegaron a la costa con vida y aún menos barcos estaban esperándoles, sin quemar, para llevarlos a casa.
Aegon Targaryen y sus hermanas prestaron poca atención a las Islas del Hierro en el periodo inmediatamente posterior a Harrenhal. Tenían preocupaciones más apremiantes y enemigos poderosos que derrotar en todas partes. Libres para valerse por sí mismos, entre los hijos del hierro pronto surgió la lucha. Qhorin Volmark, un señor menor de Harlaw, fue el primero en reclamar el trono. Su abuela había sido hermana de Harwyn Manodura. Sobre ese lazo, Volmark se declaró a si mismo legítimo heredero de la ‘línea negra’.
En el Viejo Wyk, los sacerdotes se reunieron bajo los huesos de Nagga para coronar rey a uno de los suyos, un hombre santo llamado Lodos que decía ser el hijo vivo del Dios Ahogado. Otros candidatos surgieron pronto en Gran Wyk, Pyke y Monteorca, y durante un año completo sus seguidores lucharon entre ellos por tierra y mar. Fue Aegon el Conquistador quien puso fin a los combates en el 2 DC, cuando él y Balerion descendieron sobre Gran Wyk acompañados de una flota de guerra inmensa. Los hombres de hierro colapsaron ante su visión. Qhorin Volmark murió por la propia mano del Conquistador, degollado con Fuegoscuro. En el Viejo Wyk, el rey-sacerdote Lodos se volvió hacia su dios, pidiendo a los kraken de las profundidades que arrastrasen al fondo los buques de guerra de Aegon. Cuando los kraken no se presentaron, Lodos llenó su túnica con piedras y caminó al mar para ‘pedir consejo a su padre’. Miles lo siguieron. Sus cadáveres hinchados fueron arrastrados a la costa durante los años siguientes, aunque el cuerpo del sacerdote nunca se encontró entre ellos.
En Gran Wyk y Pyke, los contendientes supervivientes se apresuraron a doblar la rodilla y hacer homenaje a la casa Targaryen. Pero ¿quién iba a gobernarlos? En el continente algunos instaron a Aegon a hacer a los hijos del hierro vasallos de lord Tully. Otros sugirieron que las islas fuesen dadas a Roca Casterly. Unos pocos fueron tan lejos como para pedirle que barriese las islas con las llamas de su dragón, poniendo fin al flagelo de los hombres del hierro por todos los tiempos. Aegon eligió un camino diferente. Reuniendo a los señores restantes de las Islas del Hierro, anunció que iba a permitirles escoger a su propio señor. Como era de esperar, escogieron a uno de los suyos: Vickon Greyjoy, lord Segador de Pyke, un famoso capitán, descendiente del Rey Gris.
Aunque Pyke era más pequeño y más pobre que Gran Wyk, Harlaw y Monteorca, el Greyjoy se jactaba de su largo y distinguido linaje. En los días de la ‘Asamblea de sucesión’ sólo los Greyiron y los Goodbrother habían dado más reyes que los Greyjoy, y los Greyiron estaban extintos.
Exhaustos y empobrecidos por años de guerra, los hombres del hierro aceptaron a su nuevo señor sin reparos.
Le llevó a las Islas del Hierro la mayor parte de una generación recuperarse de las heridas causadas por la caída de Harren y la guerra fratricida que le siguió. Vickon Greyjoy, entronizado en Pyke en el trono de Piedramar, resultó ser un gobernante severo pero cauteloso. Aunque el saqueo no estaba permitido por ley, ordenó que la práctica se limitara a aguas lejanas, más allá de las costas de Poniente, a fin de no provocar al Trono de Hierro. Y puesto que Aegon había aceptado a los Siete como sus dioses y había sido ungido por el Septón Supremo en Antigua, lord Vickon permitió a los septones regresar a la islas una vez más a predicar su Fe. Esto enfureció a muchos de los hijos del hierro más piadosos y a los sacerdotes del Dios Ahogado, como siempre lo había hecho antes.
‘Que prediquen’, dijo lord Vickon cuando se quejaron ante él, ‘Necesitamos vientos que llenen nuestras velas’.
Era el hombre de Aegon, y no dudó en recordárselo a su hijo Goren, ningún hombre salvo un idiota se atrevería a alzarse contra Aegon Targaryen y sus dragones. Estas fueron las palabras que Goren Greyjoy recordaría cuando lord Vickon murió en el 33 DC y fue sucedido por su hijo, que echó abajo una conspiración torpe para restaurar la ‘línea negra’ y coronar al hijo de Qhorin Volmark en su lugar.
Se enfrentó a su prueba más seria cuatro años más tare, cuando Aegon el Conquistador murió de un derrame cerebral en Rocadragón y su hijo Aenys fue coronado rey en su lugar. Aunque amable y bienintencionado, Aenys Targaryen fue ampliamente reconocido como un hombre débil, incapaz de sentarse en el Trono de Hierro. El nuevo rey estaba aún adaptándose al trono cuando las rebeliones se alzaron por todo el reino. Una de estas revueltas convulsionó las Islas del Hierro, liderada por un hombre que decía ser el rey-sacerdote Lodos que había regresado al fin de visitar a su padre. Pero Goren Greyjoy actuó con decisión, hasta el punto de mandar la cabeza de Lodos en escabeche a Aenys Targaryen. Su Gracia estaba tan feliz con el regalo que prometió a lord Goren otorgarle lo que estuviese a su alcance. Como sabio que era, el salvaje Greyjoy pidió al rey que le diera permiso para expulsar a septas y septones de las Islas del Hierro. Y el rey Aenys se vio obligado a concederlo. Un siglo pasaría antes de que se construyese otro septo en las islas.
Durante largos años después de esto, los hijos del hierro se mantuvieron tranquilo bajo la sucesión de los Greyjoy. Evitando otros pensamientos de conquista, vivían de la pesca, el comercio y la minería. Todo el ancho Poniente giraba en torno a Desembarco del Rey, y Pyke y los hijos del hierro tuvieron poco y menos que ver con los asuntos de la corte. La vida era dura en las islas, sobre todo en invierno, pero siempre lo había sido.
Algunos hombres aún soñaban con retornar al viejo camino, cuando los hombres del hierro eran un pueblo temido, pero los Peldaños de Piedra y el Mar de Verano estaban muy lejos y los Greyjoy de Piedramar no permitirían nunca más el saqueo cerca de casa.
EL KRAKEN ROJO
PASARÍA UNA BUENA PARTE DE UN SIGLO hasta que el kraken se despertara; todavía los sueños no habían muerto, para los sacerdotes que todavía doblaban la rodilla en el profundo mar de sal y predican las Antiguas Costumbres, ni en los cien burdeles y las tabernas del muelle donde los marineros todavía relatan los cuentos de los días pasados, cuando los hijos del hierro eran ricos y orgullosos, y cada remero tenía un docena de 203

esposas de sal para calentar su cama por la noche. Muchos chicos y jóvenes crecieron bebiendo tales historias, hambrientos de las glorias de la vida de saqueos.
Uno fue Dalton Greyjoy, el joven salvaje hijo heredero de Pyke y las Islas de Hierro. De él Hake escribe, “Él amó tres cosas: el mar, su espada, y las mujeres.” Un niño intrépido, testarudo y arrebatado, que se dice estaba remando a los cinco años y saqueaba a los diez, navegó con su tío a las Islas del Basilisco para atacar las ciudades de los piratas por el pillaje.
A los catorce años, Dalton Greyjoy había navegado tan lejos como al Viejo Ghis, luchado en una docena de eventos, y tomando a cuatro esposas de sal. Sus hombres lo amaron (más que sus esposas, porque se cansaba rápidamente de las mujeres). Su amor era su espada, un espadón de acero valyrio que le había quitado a un corsario muerto, llamado Anochecer. En su decimoquinto año, luchando en los Peldaños de Piedra como saqueador, vio a su tío asesinado y vengó su muerte, recibiendo una docena de heridas y surgiendo de la lucha bañado en sangre de la cabeza a los pies. Desde ese día los hombres lo llamaron el Kraken Rojo.
Después, ese mismo año, la noticia de la muerte de su padre lo localizó en los Peldaños de Piedra, y el Kraken Rojo exigió el trono de Piedramar como el Señor de las Islas de Hierro. En seguida comenzó a construir barcoluengos, a forjar espadas, y a entrenar a los luchadores. Cuando le preguntaron por qué, el joven señor contestó: “Se acerca la tormenta.”
La tormenta que él había previsto llegó el año siguiente, cuando el Rey Viserys I Targaryen murió en la Fortaleza Roja en Desembarco del Rey. Su hija Rhaenyra y su medio hermano Aegon reclamaron el Trono de Hierro, y provocaron la orgía de sangre, batallas, rapiñas y asesinatos conocida como la Danza de Dragones.
Cuando la noticia localizó Pyke, se dice que el Kraken Rojo se había reído.
A lo largo de la guerra, la Princesa Rhaenyra y sus negros disfrutaron de una gran ventaja en el mar, pues entre sus partidarios se contaba Corlys Velaryon, Señor de las Mareas, la legendaria Serpiente de Mar, que comandaba la flota de la Casa Velaryon de Marcaderiva. Esperando enfrentarse a eso, el concilio verde del Rey Aegon II extendería la mano a Pyke, ofreciéndole un lugar a Lord Dalton en el concilio privado como Lord Almirante del reino, siempre que él trajera sus barcoluengos para luchar contra la Serpiente de Mar. Era una buena oferta, y la mayoría de los muchachos la hubiese aceptado, pero Lord Dalton tenía una rara agudeza para ser un chico tan joven y eligió esperar y ver que podría ofrecer la Princesa Rhaenyra.
Cuando llegó su misiva, era mucho más de su agrado. Los negros no lo necesitaban para que navegara con su flota alrededor de Poniente y batallara en el Mar Angosto, que era una proposición bastante arriesgada. La 204
princesa sólo solicitaba que él atacase a sus enemigos. Entre esos enemigos se encontraban los Lannister de Roca Casterly, cuyas tierras estaban cerca de su casa y eran vulnerables. Lord Jason Lannister se había llevado con él a la mayoría de sus caballeros, arqueros, y luchadores expertos para atacar a los aliados de Rhaenyra en las tierras de los ríos, dejando las tierras de oeste escasamente defendidas. Lord Dalton vio la oportunidad.
Mientras Lord Jason se desplomaba en la batalla en las tierras de los ríos y su ejército se tambaleaba de batalla en batalla bajo una sucesión de comandantes, el Kraken Rojo y sus hombres de hierro cayeron en las tierras del oeste como lobos en un rebaño de ovejas. Roca Casterly era demasiado fuerte para ellos, una vez que Johanna, la viuda de Lord Jason, obstruyó sus puertas; pero los hombres del hierro quemaron la flota de los Lannister y saquearon Lannisport, llevándose inmensas cantidades de oro, granos y mercancías, y apoderándose de centenares de mujeres y chicas como esposas de sal, incluso a la dama favorita del rezagado Lord Jason y sus hijas naturales.
Las incursiónese y depredaciones siguieron. Los barcos vikingos navegaron por las costas occidentales, atacando como en los tiempos lejanos. El Kraken Rojo comandó el ataque que capturó Kayce. Castibello cayó, y también la Isla Bella y toda su riqueza. Lord Dalton exigió a cuatro de las hijas de Lord Farman como esposas de sal y entregó a la quinta- ”la más fea“ —a su hermano Veron.
Durante casi dos años, el Kraken Rojo gobernó el Mar del Ocaso como sus antepasados lo habían hecho antaño, mientras en otra parte de Poniente marchaban y chocaban grandes ejércitos y los dragones volaban por los cielos y se encontraban en batallas sangrientas.
Todas las guerras deben acabar, sin embargo, y también la Danza de Dragones. La princesa Rhaenyra murió, y después el Rey Aegon II. Por ese tiempo también la mayoría de los dragones de los Targaryen estaban muertos, junto con veintenas de señores grandes y pequeños, cientos de caballeros valientes, y decenas de miles de hombres comunes y campesinos. Los restantes "negros" y "verdes" acordaron los términos, y el joven hijo de Rhaenyra se coronó como el Rey Aegon III y se casó con Jaehaera, la hija de Aegon II.
La paz en Desembarco del Rey no significó la paz en el oeste, sin embargo. El Kraken Rojo no había perdido su apetito por la batalla. Cuando el concilio de regentes, que gobernaban en nombre del nuevo niño rey, le ordenó que dejara sus incursiones, él continuó como antes.
Finalmente, era una mujer quien demostraría ser la perdición del Kraken Rojo. Una chica sólo conocida como Tess le abrió la garganta a Lord Dalton con su propia daga, mientras él dormía en la alcoba de Lord Farman en Castibello, y luego lo tiró al mar.
El Kraken Rojo nunca había tomado a una esposa de piedra. Sus herederos más cercanos eran sus hijos de sal, chicos jóvenes engendrados con varias de sus esposas de sal. Pocas horas después de su muerte, estalló una sangrienta disputa por la sucesión. E incluso antes de que las batallas empezaran en Viejo Wyk y Pyke, los pobladores de la Isla Bella se sublevaron y mataron a los de hierro que aún permanecían entre ellos.
En 134 DC, Lady Johanna Lannister tuvo su venganza por todo lo que el Kraken Rojo les había infligido a ella y a los suyos. Con sus propias flotas destruidas, ella persuadió a Ser Leo Costayne, el anciano almirante del Dominio, de enviar a sus espadachines a las Islas de Hierro. Embrollados en su propia guerra de sucesión, los hijos de hierro fueron cogidos desprevenidos. Miles de hombres, mujeres, y niños fueron pasados por las espadas, una veintena de pueblos y centenares de barcoluengos pasaron por la antorcha. Finalmente Costayne murió en la batalla, su ejército fue esparcido y destruido. Sólo una parte de su flota (repleta de despojos de guerra, incluyendo muchas toneladas de granos y peces) retornó a Lannisport, pero entre los nobles cautivos que habían traído a Roca Casterly, se hallaba uno de los hijos de sal del Kraken Rojo. Lady Johanna ordenó 205
castrarlo y lo entregó como bufón a su hijo. “Demostró ser un bufón ocurrente”, observó el Archimaestre Haereg, “y ni la mitad de necio que su padre.”
En otras tierras, un señor que acarreara tal destino a su casa sería justamente repudiado por la gente, pero cosas así son habituales para los hijos de hierro de las islas, por lo que el Kraken Rojo se venera hasta el presente y se le considera uno de sus grandes héroes.
EL VIEJO CAMINO Y EL NUEVO
Desde ese día hasta hoy, el lord Segador de la casa Greyjoy ha gobernado las Islas del Hierro desde el trono de PIedramar en Pyke. Ninguno desde el Kraken Rojo ha planteado una auténtica amenaza para los Siete Reinos o el Trono de Hierro, pero pocos pueden ser realmetne descritos como súbditos fieles a la corona. Fueron reyes en días pasados, e incluso un millar de años después no pueden borrar el recuerdo de la corona de madera de deriva. Se puede encontrar una relación completa de sus reinados en la ‘ Historia de los Hijos del Hierro’ del Archimaestre Haereg.
En ella, se puede leer sobre Dagon Greygoy, el Último Saqueador, cuyos barcoluengos acosaron las costas occidentales cuando Aerys I Targaryen se sentaba en el Trono de Hierro. De Alton Greyjoy, el Tonto Sagrado, que buscó nuevas tierras para conquistar más allá de Luz Solitaria. De Torwon Greyjoy, que juró con sangre por Aceroamargo y luego lo traicionó por sus enemigos. De Loron Greyjoy, el bardo, y su gran y trágica amistad con el joven Desmond Mallister, un caballero de las tierras verdes. Cerca del final de la gran obra de Haereg, se llega a Quellon Greyjoy, el más sabio de los hombres sentado sobre el trono de Piedramar desde la Conquista de Aegon.
Era un hombre enorme, de seis pies y medio de altura, tan fuerte como un buey y tan rápido como un gato, o eso dicen. En su juventud ganó fama como guerrero, luchando contra corsarios y esclavistas en el Mar de Verano. Un leal sirviente del Trono de Hierro, dirigió un centenar de barcoluengos por el sur de Poniente en la guerra de Nuevepeniques y desempeñó un papel crucial en la batalla de los Peldaños de Piedra.
Como señor, sin embargo, Quellon eligió el camino de la paz. Prohibió la rapiña. Llevó maestres a las Islas del Hierro para servir como curanderos a los enfermos y como tutores a los jóvenes y con ellos llegaron los cuervos, cuyas negras alas atarían las islas a las tierras verdes, más estrictas que nunca antes. Fue lord Quellon quien liberó a los esclavos que quedaban y prohibió la práctica de la esclavitud en las Islas del Hierro (no fue un completo éxito). Y mientras tanto, él no tomó esposas de sal, y aunque permitió que otros hombres lo hicieran, tenían que pagar un alto impuesto por tal privilegio.
Quellon Greyjoy engendró nueve hijos con tres esposas. Las dos primeras eran esposas de roca, que se unieron a él por los ritos de un sacerdote del Dios Ahogado, pero su última mujer, era de las tierras verdes, una Piper de Princesa Rosada y se casó con ella en la casa de su padre, por un septón. En eso, como en muchas otras cosas, lord Quellon se apartó de las antiguas tradiciones de los hijos del hierro, con la esperanza de forjar lazos más fuertes entre sus propios dominios y el resto de los Siete Reinos. Tan fuerte era lord Quellon Greyjoy que pocos se atrevían a hablar abiertamente en su contra, porque era conocido por su carácter fuerte y tenaz y temiblemente airado. Quellon Greyjoy seguía sentado en su trono de Piedramar cuando Robert Baratheon, Eddard Stark y Jon Arryn levantaron sus banderas en la rebelión. La edad le había servido para profundizar en su naturaleza cautelosa y como la lucha se extendió por las tierras verdes, su señoría estuvo resuelto a no 206
tomar parte en la batalla. Pero sus hijos tenían un hambre implacable de tesoros y gloria y su propia salud y fuerzas estaban fallando. Lord Quellon, llevaba un tiempo sufriendo dolores de estómago que habían ido creciendo de forma insoportable hasta el punto de necesitar leche de la amapola para dormir a diario. Aun así, se resistió a todos los ruegos hasta que un cuervo llego a Pyke con la noticia de la muerte del príncipe Rhaegar en el Tridente. Estas noticias unieron a sus tres hijos mayores: los Targaryen han tenido su tiempo, dijeron, y si la casa Greyjoy no se une a la rebelión ahora, quizá nunca pueda compartir el botín de la victoria. Lord Quellon cedió. Se decidió que demostrarían su lealtad atacando a los Targaryen más cercanos. A pesar de su creciente debilidad, su señoría insistió en comandar la flota el mismo. Cincuenta barcoluengos fueron llevados desde Pyke hasta el Dominio. La mayor parte de la flota de los hijos del hierro se quedó en casa para protegerse de un posible ataque de los Lannister, porque aún no sabían si Roca Castely se pondría del lado del rey o de los rebeldes.
Poco y menos necesita decirse del final de Quellon Greyjoy. En la historia de la Rebelión de Robert, no es más que un añadido final al resultado de la guerra. Los hijos del hierro hundieron algunos barcos de pesca y capturaron algunos comerciantes, quemaron algunas aldeas y saquearon algunas ciudades pequeñas. Pero en la desembocadura del Mander, se encontraron con la resistencia inesperada de los isleños de los Escudos, que salieron en su propia flota para presentar batalla. Una docena de barcos fueron capturados o hundidos en la lucha que siguió, y aunque los hijos del hierro ganaron más de lo que perdieron, lord Quellon Greyjoy se encontraba entre sus muertos.
Para aquel entonces, la guerra estaba decidida. Prudentemente, su heredero, Balon Greyjoy, optó por volver a sus propias aguas y reclamar el trono de Piedramar. El nuevo señor de las Islas del Hierro era el hijo mayor de lord Quellon, un hijo de su segundo matrimonio (los hijos de su primer matrimonio habían muerto todos en su juventud). En muchos sentidos, era como su padre. A los trece años podía manejar los remos de un drakar y bailar la ‘Danza de los Dedos’. A los quince, pasó un verano en los Peldaños de Piedra, rapiñando. A los diecisiete, era capitán de su propio barco, A pesar de que carecía del tamaño de su padre y su fuerza bruta, Balon Greyjoy tenía toda su rapidez y habilidad con las armas. Y nadie podía cuestionar su valor.
Sin embargo, cuando era niño, Lord Balon había deseado liberar a los suyos del Trono de Hierro y restaurarles su orgullo y poder. Una vez sentado en el trono de Piedramar, barrió muchos de los decretos de su señor padre, la abolición de los impuestos sobre las esposas de sal y declaró que los hombres que fueran capturados en la guerra podrían mantenerse como esclavos. Aunque no expulsó a los septones, les aumentó por diez los impuestos. Mantuvo a los maestres, porque habían demostrado ser demasiado útiles como para abandonarlos. Mientras tanto, mató a su propio maestre en Pyke por razones que siguen siendo un tanto oscuras. Lord Balon, de inmediato solicitó otro a la Ciudadela.
Lord Quellon había pasado la mayor parte de su largo reinado evitando la guerra: lord Balon comenzó a su vez a prepararse para ella. Por encima del oro o la gloria, Balon codiciaba una corona. Este sueño de coronas ha parecido rondar a la casa Greyjoy a lo largo de su historia. Algunas veces no, pero suele terminar en derrota, desesperación y muerte, como lo hizo para Balon Greyjoy. Durante cinco años se preparó, reuniendo hombres y barcoluengos, y la construcción de una gran flota de enormes buques de guerra con casco reforzado y espolones de hierro, sus cubiertas erizadas de escorpiones. Los barcos de esta flota del hierro eran más galeras que barcoluengos, más grandes de lo que cualquier hombre del hierro había construido antes.

Las restantes torres del castillo de Pyke
En el 289 DC, lord Balon dio su golpe, declarándose a sí mismo rey de las Islas del Hierro y envió a sus hermanos Euron y Victarion a Lannisport para quemar la flota de los Lannister. ‘El mar será mi foso’, declaró mientras los barcos de Tywin ardían en llamas, ‘Y ¡Ay del hombre que se atreva a cruzarlo!’. El rey Robert se atrevió. Robert Baratheon, primero de su nombre, había ganado la gloria eterna en el Tridente. Rápido para responder, el joven rey convocó a sus banderizos y envió a su hermano Stannis, señor de Rocadragón, alrededor de Dorne con la flota real. Buques de guerra del Rejo y Antigua los alcanzaron y se unieron a ellos.
Balon Greyjoy envió a su propio hermano Victarion a su encuentro, pero en el estreño de Isla Lejana, lord Stannis atrajo a los hijos del hierro a una trampa y la flota del hierro se estrelló. Con el ‘foso’ de Balon ahora indefenso, el rey Robert no tuvo ninguna dificultad en cruzar con su ejército la Bahía del Hierro, desde Varamar y Lannisport. Con los Guardianes del Norte y Occidente a su lado, Robert forzó el desembarco en Pyke, Gran Wyk, Harlaw y Monteorca, y cortó su huida a través de las islas con acero y fuego.
Balon se vio obligado a replegarse a su bastión de Pyke, pero cuando Robert derribó su muralla y envió a sus caballeros al asalto a través de la abertura, toda resistencia se derrumbó. El renacer del reinado de las Islas del Hierro había durado menos de un año. Sin embargo, cuando Balon Greyjoy fue llevado encadenado ante el rey Robert, el hombre del hierro se mantuvo desafiante ‘puedes cortarme la cabeza’, le dijo Balon, ‘pero no puedes llamarme traidor, ningún Greyjoy hizo nunca un juramento a un Baratheon’. Robert Baratheon, siempre misericordioso, se dice que se rió de eso, porque le gustaban los hombres con espíritu, incluso si eran sus enemigos. ‘Jura ahora’, respondió ‘o tú y los tuyos perderéis vuestra terca cabeza’. Y así, Balon Greyjoy dobló la rodilla y se le permitió vivir, después de renunciar a su último hijo varón superviviente como rehén por su lealtad.
Las Islas del Hierro sobrevivieron como siempre lo han hecho. Desde el reinado del Kraken Rojo hasta nuestros días, la historia de los hijos del hierro es la historia de una gente atrapada entre los sueños de la gloria pasada y la pobreza presente. Cuentas aparte de Poniente, entre las aguas grises y verdes las islas siguen siendo un reino para ellas mismas. El mar está siempre en movimiento, siempre cambiante, dicen los hijos del hierro, y sin embargo sigue siendo eterno, sin límites, nunca igual y siempre igual. Lo mismo sucede con los hijos del hierro, la gente del mar. ‘Puedes vestir a un hombre del hierro con sedas y terciopelos, enseñarle a leer y escribir y darle libros, instruirlo en la caballerosidad, la cortesía y los misterios de la Fe’ escribe el Archimaestre Haereg ‘pero cuando le mires a los ojos, el mar todavía estará allá, frío, gris y cruel’.
PYKE
Pyke no es ni el castillo más grande ni el más glorioso de las Islas del Hierro, pero si puede que sea el más antiguo y es desde allí, donde los señores de la casa Greyjoy gobiernan a los hijos del hierro. Durante mucho tiempo, se ha dicho que la isla de Pyke toma el nombre de su castillo; el pueblo llano de las islas insiste en lo contrario. Pyke es tan antiguo que nadie puede decir con certeza cuando fue construido, ni el nombre del Lord que lo construyó. Al igual que el trono de Piedramar, sus orígenes se pierden en el misterio. Una vez, hace siglos, Pyke era como los otros castillos: construido sobre sólida roca en un acantilado con vistas al mar, con una muralla y torres. Pero los acantilados sobre los que descansaba no eran tan sólidos como parecía y bajo el interminable acoso de las olas, comenzó a desmoronarse. Las paredes cayeron, el suelo cedió, y los edificios exteriores se perdieron. Lo que queda de Pyke hoy es un montón de torres dispersas en media docena de islotes, con el mar y las olas entre ellos. Una sección de la muralla, junto con el gran portón de entrada y las torres defensivas se extiende a través de la punta, el único acceso al castillo y es todo lo que queda de la construcción inicial. Un gran puente de piedra desde el promontorio conduce al primero de los islotes y el más grande, el Gran Guardián de Pyke. Más allá de eso, puentes de cuerda conectan las torres una con otra. A los Greyjoy les gusta decir que cualquiera de sus hombres puede caminar por uno de esos puentes cuando la tormenta está aullando tan fácilmente como remar. Por debajo de las murallas del castillo, las olas rompen día y noche con las rocas que quedan y que sin duda, son demasiado grandes para ser arrastradas por el mar.
