Más Allá de Poniente: Las Ciudades Libres - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
Poniente forma una pequeña parte de nuestro mundo, cuyos confines aún siguen siendo desconocidos incluso para el más sabio de los hombres. Aunque nuestro propósito aquí era hacer una crónica de la historia de los Siete Reinos, sería descuidado de nuestra parte ignorar las otras tierras más allá de los mares– al menos en resumen –porque cada una tiene sus propias características y aporta sus propios colores y patrones a este gran tapiz que llamamos el mundo conocido.
Lamentablemente, el conocimiento de la Ciudadela se hace más fino cuanto más viajamos desde las tierras que los hombres de oriente llaman los Reinos del Ocaso, hacia el conjunto de los reinos más lejanos de Essos.
Sabemos aún menos sobre el extremo sur de Sothoryos y el lejano Ulthos, y nada en absoluto sobre las tierras que puedan estar más allá de Luz Solitaria y cruzando el Mar del Ocaso.
Y las mismas restricciones, por supuesto, se aplican al tiempo, así como a la distancia. Como hemos demostrado con el propio Poniente, entre más antigua sea la civilización, menos podemos saber verdaderamente de ella. Por lo tanto, voy a omitir por completo las desaparecidas civilizaciones de Valyria, el Viejo Ghis y cualquier remanente que persista de esas culturas– cuyos datos conocidos ya he tocado en otra parte de este volumen. Mientras que para la misteriosa Qarth, puedo señalar que no hay mejor fuente que El 271

Compendio de Jade de Colloquo Votar, el trabajo más importante acerca de las tierras alrededor del Mar de Jade.
Sin embargo, todavía existen conocimientos esenciales a impartir, incluso de los más exóticos de los lugares...
aunque la mayoría de lo que sabemos de estos lugares lejanos se deriva de cuentos y leyendas de viajeros y debe ser visto como tal.
Por ahora, vamos a empezar con nuestras vecinas más cercanas y más conocidas, las Ciudades Libres. Sus historias nos son conocidas a partir de los registros que sus propios eruditos y magísteres han hecho durante siglos, llegando hasta los tempranos tiempos de su establecimiento como feudos. Es gracias a estos mismos registros que algunas de las historias de los pueblos que precedieron a los valyrios son conocidos por nosotros.
Un problema que afecta a todos los estudios de los registros antiguos es lo diferente que las variadas culturas calculan los días, las estaciones y los años. El gran trabajo del Archimaestre Walgram, El Cálculo del Tiempo, profundiza en este problema, pero hay poco consenso sobre lo que las fechas significan en realidad en nuestro propio conteo del tiempo.
Las monedas de las Ciudades Libres: (arriba de izquierda a derecha) Braavos, Pentos, Lys, Myr y Tyrosh; (abajo, de izquierda a derecha) Volantis (anverso y reverso), Norvos, Qohor y Lorath.
LAS CIUDADES LIBRES
Essos, el vasto continente que está cruzando el Mar Angosto, está repleto de civilizaciones extrañas, exóticas y antiguas, algunas todavía luchan y se conservan, otras cayeron con el tiempo y se convirtieron en leyenda. La mayoría de ellas demasiado distantes como para ser de interés para los habitantes de los Siete Reinos, salvo tal vez para los marineros lo suficientemente audaces para navegar en aguas extrañas buscando oro y gloria.
Las Nueve Ciudades Libres, sin embargo, son nuestras vecinas más cercanas y principales socias en el comercio, y sus historias están mucho más entrelazadas con las nuestra. Durante siglos, las galeras comerciales han navegado hacia arriba y hacia abajo del Mar Angosto, comerciando tapices finos, lentes pulidas, delicados encajes, frutas exóticas, especias extrañas, y una gran variedad de otras mercancías, a cambio de oro y lana y otros productos. En Antigua, Desembarco del Rey, Lannisport, y cada puerto entre Guardiaoriente del Mar y la Ciudad de los Tablones, se pueden encontrar marineros, banqueros y comerciantes de las Ciudades Libres, comprando, vendiendo y contando sus historias.
Cada una de las Ciudades Libres tiene su propia historia y carácter, y cada una ha llegado a tener su propio idioma. Todos ellos son corrupciones del original, el Alto Valyrio puro, dialectos que derivan lejos de su origen con cada nuevo siglo desde que la Maldición cayó sobre el Feudo Franco.
Ocho de las Nueve Ciudades Libres son las orgullosas hijas de Valyria, que todavía están gobernadas por los descendientes de los colonos originales que se establecieron allí hace cientos o miles de años. En estas ciudades, la sangre valyria todavía es apreciada considerablemente. La novena ciudad es una excepción, Braavos de las Cien Islas fue fundada por esclavos fugitivos que huían de sus amos valyrios. Los primeros braavosis, se dice, vinieron de todas las tierras bajo el sol, pero con el paso de los siglos, crecieron juntos sin importar su raza, credo o idioma para formar un nuevo pueblo mestizo.
Hablamos de Nueve Ciudades Libres, aunque a lo ancho de Essos uno puede encontrar muchas otras ciudades, asentamientos y puestos de avanzada valyrios, algunos, más grandes y más poblados que Puerto Gaviota, Puerto Blanco o incluso Lannisport. La distinción que establece a las Nueve aparte no es su tamaño, pero si sus orígenes. En su apogeo antes de la Maldición, otras ciudades, como Mantarys, Volon Therys, Oros, Tyria, Draconys, Elyria, Mhysa Faer, Rhyos, y Aquos Dhaen eran grandes, gloriosas y ricas, pero con todo su orgullo y su poder, ninguna jamás se gobernó a sí misma. Ellas fueron gobernadas por los hombres y mujeres enviados desde Valyria para gobernar en nombre del Feudo Franco.
Eso nunca pasó con Volantis y el resto de las Nueve. Aunque nacieron de Valyria, cada una era independiente de su madre desde su nacimiento. Todas menos Braavos eran hijas obedientes, ni le hicieron la guerra a Valyria ni desafiaron a los señores dragón en cualquier asunto de importancia; permanecieron como aliadas dispuestas y socias comerciales de su madre y miraron hacia las Tierras del Largo Verano buscando su liderazgo en tiempos de crisis. En materias de menores, sin embargo, las Nueve Ciudades Libres tomaban sus propias decisiones, bajo el gobierno de sus propios sacerdotes, príncipes, arcontes o triarcas.