Capítulo 12 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Llegaron hasta el puente. Era amplio y ascendía para luego volver a descender. Desde el extremo por el que accedieron no se veía el lado opuesto, donde desembocaba. Irakas-Gorri-Gaizt avanzaba con grandes pasos y el grupo intentaba seguirlo lo mejor que podía. El puente era tan ancho que cabían seis dragones en él, uno junto al otro.
—Puedo intentar andar… —dijo Nahia a Maika y Logan. Se sentía avergonzada de que tuvieran que llevarla. Era una carga y lamentaba que tuvieran que ayudarla por su propia debilidad física.
—De eso nada, no puedes con tu alma —se negó Maika.
Logan no dijo nada, pero negó con la cabeza.
—Vosotros también estáis cansados… No tendríais que llevarme…
—Pero si pesas menos que una pluma —dijo Maika—. Ni siento que te llevo.
Nahia sabía que no era del todo cierto, pero agradecía que Maika le restara importancia.
—Yo os doy relevo cuando queráis —se ofreció Ana voluntariosa.
Maika y Logan asintieron y continuaron llevando a Nahia que apenas apoyaba los pies en el suelo de roca del puente.
Alcanzaron el punto más elevado y entendieron por qué se llamaba Puente del Cielo.
—Estamos cruzando el vacío —comentó Maika.
—El cielo… —añadió Ana.
Logan miró a derecha e izquierda. Todo lo que se veía eran nubes y cielo azul. Asintió varias veces, impresionado.
—Este puente une los terrenos de llegada con lo que debe ser el reino —comentó Ana, mirando atrás hacia la perla y luego al frente.
Nahia la imitó y vio que los Fatum los seguían, liderados por el dragón azul. Se dio cuenta de que el puente estaba rodeado de nubes, no en la distancia en el cielo, sino a su lado, a la misma altura. Eran blancas como la nieve, lo rodeaban y pasaban por debajo. Tuvo la extraña sensación de estar cruzando un mar infinito. Era de lo más extraño y como sacado de un sueño. Cruzaban un océano de cielo sobre un puente. El problema era que la situación en la que estaban envueltos convertía aquel sueño en pesadilla. Bajó la mirada al suelo para asegurarse de que era de roca y que el puente era sólido. Todo aquel lugar parecía flotar entre las nubes, lo que era de locos.
Resopló intentando asimilar todo lo que veía. El cielo sobre sus cabezas estaba en algunas partes despejado y era de un azul muy celeste, el más celeste que había visto nunca. La brisa era fresca y comenzaba a tener bastante frío. Al darse cuenta de dónde estaba, entendió el porqué de su respiración entrecortada y rápida y aquella temperatura baja. No le sucedía nada, era por la altura a la que estaban. Cuanto más arriba se subía en las montañas, más costaba respirar y más frío era el aire. Estar entre las nubes estaba provocando los problemas de respiración que sufría. Tendría que andarse con cuidado porque podía perder el conocimiento, como ocurría a grandes alturas. Una cosa más de la que preocuparse, como si no tuviera ya bastantes.
Terminaron de cruzar el puente y al llegar al otro extremo se encontraron con una muralla y un gran arco. No tenía puertas. Pasaron por debajo y entraron en una gran plaza rectangular amurallada en sus cuatro lados. Vieron que había otras tres arcadas más. La muralla tenía unas treinta varas de altura. La plaza era inmensa, de un par de miles de varas en todas las direcciones y con suelo de piedra. Miles de cuadrados de roca la formaban. Pero lo sorprendente no era eso. Lo que dejó a todos pasmados fue que en cada baldosa de roca había insertadas piedras preciosas que brillaban a la luz del sol. Toda la plaza emitía infinidad de destellos cristalinos a intervalos variables, como si siguiera el compás de una canción que cantara el sol con sus rayos de luz.
—Esta plaza es… irreal… —comentó Ana barriéndola con los ojos muy abiertos.
—¿Son diamantes? —preguntó Maika—. No puede ser, ¿verdad?
Logan observó el suelo y arrugó la frente.
—Los dragones aprecian las joyas preciosas, podría ser.
—Pero son miles… miles de millares —comentó Ana.
Nahia tenía la misma duda, pero no dijo nada para ahorrar las escasas fuerzas que le quedaban. Estaba tan mal que hasta hablar le costaba.
—Es posible que sean diamantes u otras piedras preciosas y las usen como decoración —aventuró Logan.
—¡Por los cielos, qué desperdicio! —exclamó Maika.
—Shhh… Susurra, que no te oiga el dragón —advirtió Ana.
No dijeron más. Los susurros y exclamaciones llegaron desde otras partes. No eran los únicos que estaban deslumbrados por el suelo de aquella plaza, las otras razas también murmuraban y exclamaban ante semejante despliegue de riqueza y despilfarro.
Avanzaron anonadados y descubrieron que en el centro de la plaza había tallados en el suelo en color plata tres círculos concéntricos enormes que rodeaban una gran fuente de bellas formas. De pronto, como si supiera que se acercaban, la fuente propulsó un chorro de agua a más de quince varas de altura. Varios de los integrantes del grupo se asustaron y perdieron el ritmo. El avance y la formación sufrieron, así que tuvieron que corregir de inmediato y volver a sus posiciones. Irakas-Gorri-Gaizt les lanzó una mirada de enfado. Todos temieron por sus vidas.
La fuente en realidad parecía un géiser. Nahia se preguntó si el agua estaría fría o caliente. Seguro que estaba hirviendo, teniendo en cuenta que había sido construida por dragones o alguna de las razas esclavas para su disfrute. Nahia no se imaginaba a los dragones tallando fuentes o construyendo torres y murallas. No, aquello lo habían construido las razas esclavas, seguro. Eso o los dragones tenían algún tipo de magia que les permitía hacerlo. Por alguna razón eso no le encajó, tenían alientos de fuego y magia mental, pero dudaba que tuvieran algún tipo de magia de construcción.
Según avanzaron siguiendo a Irakas-Gorri-Gaizt y el resto de las comitivas que iban por delante, Nahia pudo ver que en las cuatro direcciones cardinales había una puerta en arco. Ellos habían accedido por la puerta sur y se dirigían a la norte cruzando la inmensa plaza. Las puertas eran tan grandes que varios dragones podrían pasar por debajo al mismo tiempo.
«Esta es la Plaza de la Neutralidad. Al sur se encuentra la Puerta del Puente del Cielo que hemos dejado atrás. Al norte la Puerta de Drakoros, Academia de los Sangre de Dragón, a donde nos dirigimos. Seguid y mantened el paso y la formación. El que se quede atrás y me desprestigie morirá». La amenaza golpeó la mente de todos como un latigazo, aunque provocó que avivaran el paso e intentaran no romper la formación.
Cruzaron la plaza y a Nahia le pareció que tardaron una eternidad de lo inmensa que era. Empezaba a entender que en el reino de los dragones todo era de proporciones descomunales. No le pareció extraño, construirían las cosas a su medida, la de seres titánicos, no a la de sus diminutos esclavos. Viendo las otras dos puertas, al este y al oeste, se preguntó a dónde conducirían. Irakas-Gorri-Gaizt no las había mencionado, por lo que no debía interesarles, o quizá estuviera prohibido cruzarlas. Fuera como fuese, la dejó intrigada. ¿Qué más cosas había en aquel reino neutral en los cielos aparte de la Puerta del Puente del Cielo, aquella Plaza de la Neutralidad y Drakoros, la academia marcial?
La curiosidad la atacaba con cada paso que daban. Quería ir a una de las dos puertas laterales y echar una ojeada al otro lado. Un dolor agudo le subió por el costado debido al castigo físico que su cuerpo había recibido y decidió que no era el momento, ni tampoco una buena idea. La imagen de un dragón arrancándole la cabeza de un mordisco por haberla sacado por la puerta le saltó a la mente y le quitó todas las ganas de curiosear. Quizá un día lo descubriera, pero no iba a ser ahora.
Llegaron al final de la plaza y Ana le dio relevo a Maika. Logan no quiso que lo sustituyeran y negó con la cabeza con contundencia. Nahia no podía agradecerles lo suficiente a Ana, Maika y Logan que la ayudaran. Lo intentaba y las palabras se le atragantaban en la garganta de la emoción. Quería decirles que ya estaba mejor, que podía caminar sola, pero no era verdad. Estaba mal y por el momento no podía arreglárselas por sí misma. Esperaba recuperarse, lo que no sabía era si lo lograría antes de agotar a sus compañeros. Volvió a sentirse fatal por ser una carga para ellos. No era del todo su culpa y lo sabía. Había nacido así, con aquella debilidad física. Y tampoco había pedido estar allí, la habían obligado. Aun así, en aquellos momentos, ser consciente de ello tampoco la consolaba.
Pasaron bajo la puerta norte siguiendo el gran desfile que parecían formar. Los humanos tenían problemas para mantener la formación y el paso, pero no eran los únicos. Las otras razas parecían tenerlos también. Nahia imaginó que, a excepción de los Drakónidos, que seguro que ensayaban formaciones y desfiles militares antes de ser seleccionados, el resto de las razas tendrían problemas. Los Fatum, a los que veía detrás, claramente los tenían y llevaban más heridos que ellos.
Tras dejar atrás el gran arco llegaron a lo que parecía un inmenso jardín muy bien cuidado. Un amplio camino de piedra de más de cien pasos de ancho lo cruzaba y lo tomaron sin miramientos. Sin embargo, a ambos lados se apreciaban unos jardines maravillosos. Había rosas, lavanda, azaleas, amapolas, jazmines, claveles, lirios y gran cantidad de diferentes flores y plantas realmente preciosas, hasta orquídeas. Sus aromas les llegaron embriagadores y Nahia miraba a todos lados encandilada. No podía creer que los dragones apreciaran la belleza de delicadas flores y mantuvieran semejantes jardines dignos de auténticos reyes.
—Esto es increíble —comentó Maika.
—Más que eso, teniendo en cuenta dónde estamos —añadió Ana que pese a no ser tan fuerte como Maika aguantaba bastante bien.
Logan miró alrededor, llenó los pulmones del perfume encandilador de las flores y asintió.
—Sorprendente.
Nahia observó hacia el este y luego al oeste y se percató de que tras los grandes jardines se alzaban bosques de frondosos árboles. Unos caminos de piedra algo más estrechos, con cabida para un par de dragones, surgían de la vía principal y se perdían en los bosques.
—¿Creéis que alguien podría escapar y esconderse en esos bosques? —preguntó Maika con una inflexión que sonaba a deseo.
—Eso es muy arriesgado. Yo no me atrevería… —negó con la cabeza Ana.
—No llegarías. El dragón te alcanzaría —dijo Logan con tono de que era mala idea.
—Supongo que tenéis razón… es que está ahí mismo… dan ganas de lanzarse a correr.
—Las distancias planas engañan a la vista. Creo que esos bosques están bastante lejos —la intentó disuadir Ana.
Nahia se percató de que en efecto todo allí era planicie y no había montañas. Era como si un dios hubiera cortado con un filo descomunal toda la superficie de leguas a la redonda y construido caminos, plazas, jardines y bosques sobre el corte plano.
—Seguro que alguien lo ha intentado antes. Si a mí me dan ganas a otros… —comentó Maika y se interrumpió. Como si le hubiera oído, un Fatum a sus espaldas comenzó a correr por uno de los caminos laterales entre los jardines.
Corría como el viento entre las flores y plantas en dirección oeste.
—¡Oh…! —Ana echó la cabeza atrás al darse cuenta.
—Disimulad, que tenga una oportunidad —pidió Logan.
—No miréis —dijo Maika a los que tenía al lado, que ya se habían percatado.
Nahia vio que por delante de ellos un Tauruk-Kapro hacía lo mismo huyendo hacia el este.
—Otro que lo intenta… —murmuró Ana y se calló de inmediato.
Las exclamaciones de sorpresa y apoyo al intento de huida fueron acalladas rápidamente para que los dragones no se percataran y los fugitivos tuvieran una oportunidad. Por un momento todos observaron con disimulo, en silencio, esperando que lo lograran, deseando que no fueran descubiertos en su intrépido intento de fuga.
De pronto el dragón azul que lideraba a los Fatum desplegó las alas y con un fuerte brinco echó a volar.
—Oh, no… —se lamentó Ana entre dientes.
—Que no lo alcance… —deseó Maika.
El Fatum corría a gran velocidad, parecía muy ágil y rápido. Tenía los bosques del oeste muy cerca. Nahia deseó que llegara, que con un último esfuerzo lograse internarse entre los árboles y desparecer en su espesura. Alentó de forma callada al joven Fatum. Quizá podía extender sus alas y planear la distancia que le quedaba.
En ese momento del cielo descendió el dragón azul en su dirección. Abrió la boca y de ella salió un chorro potente y largo de agua helada que alcanzó al Fatum cuando le quedaba ya nada para llegar a los árboles. Quedó congelado donde estaba en postura de carrera. No consiguió escapar ni salvar la vida y murió congelado. El dragón azul se elevó a los cielos y rugió victorioso.
Nahia miró hacia el lado contrario, donde el Tauruk-Kapro corría todo lo que podía. Al ser mucho más grande y pesado que el Fatum no iba tan rápido. Le estaba costando bastante más cruzar los jardines para llegar a los árboles del este. En el cielo vio al dragón blanco, que lideraba el grupo de enfrente, y ya volaba para darle caza. Nahia supo que no lo iba a conseguir. Aun así cerró los ojos y deseó que lo hiciera, que de alguna forma pudiera recorrer la distancia que le faltaba hasta alcanzar el bosque sin que el dragón lo matara. Abrió los ojos con miedo por el desdichado y vio cómo el dragón descendía sobre el Tauruk-Kapro y le enviaba desde sus fauces un caudal terrible de rayos y relámpagos como salidos de la peor de las tormentas. Los rayos alcanzaron al fugitivo y lo electrocutaron causándole la muerte al instante. Cayó al suelo convulsionando.
—Qué horror… —se lamentó Ana y comenzó a llorar.
—Déjame que te releve —dijo Maika y cambiaron de posición. Ana estaba muy afectada y sus pocas fuerzas la abandonaron.
Nahia vio cómo Maika la sostenía y se lo agradeció con una mirada.
—Saldremos de esta —dijo Maika.
Nahia quiso creerle, pero tras lo que acaban de ver, lo dudaba mucho.
«A este lugar lo llamamos los Jardines de la Esperanza Baldía, estoy seguro de que entendéis el motivo. También espero que hayáis captado el mensaje subyacente en este lugar. No hay posibilidad de huir, no hay esperanza de escapar. Es inútil siquiera pensarlo. Si no habéis entendido el mensaje os aliento a que salgáis corriendo para cruzar los jardines e intentéis llegar a los bosques. Me encantará enseñaros la lección con fuego» envió Irakas-Gorri-Gaizt junto a un sentimiento de reto. Nadie se atrevió a intentarlo, era una locura siquiera considerarlo.
Las comitivas reanudaron la marcha una vez que los dos dragones volvieron a sus posiciones de liderazgo. Cruzar los maravillosos jardines tenía ahora un sentido menos poético y más drástico. Eran como un espejismo en el desierto para alguien que no tuviera agua. Daban esperanza al alma donde no la había para el cuerpo. Quien intentara cruzarlos moriría.
Ana y Maika se cambiaron de nuevo cuando llegaron al final. Logan solo negó con la cabeza cuando le preguntaron si quería que lo relevaran. Nahia sintió una gran admiración por él. No solo no se quejaba por tener que cargar con ella todo el trayecto sino que no quería que otro tomara su lugar y lo hacía de corazón y sin protestar ni pedir ningún reconocimiento. A Nahia le pareció un chico increíble.
Al finalizar los jardines y continuar por el amplio camino empedrado, divisaron unas murallas de más de treinta varas. Detrás de estas distinguieron varios edificios de piedra rectangulares, sólidos, altos y regios, de más de cincuenta varas de altura. Nahia supo que eran edificios militares, pues parecían un enorme castillo junto con varias fortalezas a sus lados. Tras ellos se apreciaban montañas en la distancia, contra el firmamento. Esto le pareció sorprendente. Por fin se divisaban montañas en el paisaje.
«Atención. Estamos ante la insigne Drakoros, Academia de los Sangre de Dragón. Contemplad lo magnífica que es y mostrad respeto» envió Irakas-Gorri-Gaizt junto a un sentimiento de gran orgullo.
Nahia recibió el mensaje y el sentimiento como si le cayera encima una cascada de agua. Se dio cuenta en ese momento de que los dragones podían no solo transmitir mensajes y sentimientos duros y malignos, sino también positivos. De hecho, se sintió mucho mejor, aunque solo fuera por un momento. Se detuvieron a las puertas de las murallas. La primera comitiva parecía estar pidiendo permiso para acceder al gran complejo militar.
Nahia observó el inmenso castillo en el centro, las altísimas murallas que rodeaban todo el lugar, la veintena de atalayas a lo largo de la muralla con dragones apostados en ellas y supo que una vez entraran en aquel sitio no habría escapatoria posible. La academia parecía una majestuosa y descomunal fortaleza sin salida para ellos.
—Es lo más increíble que he visto en mi vida —expresó Maika.
—Es grandioso, quita la respiración —Ana miraba anonadada.
Hasta Logan parecía muy sorprendido y observaba con grandes ojos. No dijo nada, solo sacudió la cabeza como si aquello no fuera posible.
Nahia miraba intentando asimilar lo gigantesco y esplendoroso que era aquel castillo-fortaleza y los edificios que lo rodeaban tras las murallas. Su mente estaba teniendo serios problemas para poder entender cómo era posible que algo tan inmenso y regio existiera. No tenía palabras.
Las puertas de entrada a la academia tenían más de treinta varas de altura y otras diez de amplitud. Según pasaban por ellas, Nahia pudo ver que en las dos hojas de las puertas, que parecían de plata sólida, había grabadas varias runas enormes y un sello en cada una con la imagen de un dragón de perfil mostrando sus fauces y garras de forma amenazante. No tenía ni idea de qué significaban, pero tuvo la sensación de que aquel era un lugar de guerra, de agresión.
—Empiezo a sentir mucho miedo… —confesó Ana.
—Tranquila, no eres la única —la intentó consolar Maika.
Nahia miró alrededor y se percató de que el resto del grupo también estaba asustado y con ganas de salir de allí corriendo. Nadie se atrevió, pues sabían lo que les esperaba de hacerlo.
Entraron en el enorme recinto militar y avanzaron desde la puerta sur hacia el castillo que se alzaba en el centro. Según se acercaban empezaron a notar ciertos detalles que los dejaron sin habla. Toda la fachada principal del castillo y la de los edificios adyacentes estaban recubiertos de piedras preciosas y tallados de estilo rúnico en plata bordeaban las ventanas y cornisas de los edificios. Las puertas de todos, que eran más de una docena y de oro puro hasta donde podían ver, tenían grabados en plata.
Sin embargo, lo que más sorprendió a Nahia no fue eso, sino lo inmensamente grande que eran todos los edificios, el patio donde estaban, las murallas que los rodeaban, las atalayas… todo era gigantesco, del tamaño de los dragones.
Las comitivas se detuvieron frente al castillo.
«Bienvenidos a Drakoros, aquí se forjará vuestro destino. Los que sean fuertes de cuerpo, mente y magia sobrevivirán y tendrán un porvenir de gloria. Los que sean débiles en cualquiera de los tres atributos mayores fracasarán y morirán en la Senda de los Dragones. Vuestro es el destino, nuestra la Senda».
Con aquel lapidario mensaje Irakas-Gorri-Gaizt les daba la bienvenida a la academia militar. Nahia tuvo claro que pocos de ellos sobrevivirían. Quiso pensar que ella lo lograría, pero al verse apoyada en sus compañeros supo que si alguien tenía pocas posibilidades de sobrevivir allí era precisamente ella.