Capítulo 15 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Un rugido tremendo despertó a Nahia y provocó que casi se cayera del catre.
—¿Qué? ¿Cómo? —preguntó sorprendida y todavía sin terminar de despertar con los ojos medio cerrados.
—Los amos llaman —explicó Aiden desde la puerta.
Nahia miró hacia el Drakónido pero no pudo verle por el biombo que separaba ambos lados de la estancia.
—¿Qué es este escándalo? Necesito mi descanso de belleza —se quejó Lily en el catre de al lado desperezándose.
—Creo que es la llamada a formar —informó Dafne, que se estaba incorporando—. Un tanto brusca, la verdad, al estilo de los dragones.
En el otro lado del biombo Taika tenía la cabeza metida en el gran armario.
—Es curioso, el armario es enorme pero solo hay unas mantas y algunos paños para el aseo. Pensaba que nos darían ropajes.
Ivo se levantó y, tan grande como era, se estiró soltando un gruñido que resonó golpeando las paredes de roca del barracón.
—Mejor, a mí me gustan mis ropas. Si me dan otras seguro que me quedan pequeñas y son incómodas.
—Ya, como solo vistes esa falda extraña y una rústica prenda de cuero sobre ese torso de toro tuyo, imagino que cualquier ropaje te quedará incómodo —dijo Dafne, que lo miraba sacando la cabeza por el biombo mientras se ponía su chaleco de fina seda con bordados de plata.
—La ropa es superflua y oculta el alma —afirmó Ivo.
—Ahí no te falta algo de razón —coincidió Taika, que había dormido vestido—. En mi tribu la ropa se usa solo por decencia y tiene que ser resistente y permitir movilidad.
—Lo que pasa es que tenéis envidia de los exquisitos materiales y diseños que tenemos los Fatum para elaborar nuestras bellas prendas de vestir. Lo entiendo y no os juzgo por ello —dijo Dafne levantando la barbilla orgullosa mientras terminaba de vestirse. La Fatum había doblado con sumo cuidado sus vestimentas antes de irse a dormir, como si fueran un tesoro.
Nahia intentó incorporarse y sintió mil pinchazos de dolor por todo el cuerpo. Gruñó y se volvió a tumbar en el catre aguantando el sufrimiento.
—Pero si todavía es de noche… —se quejó Lily mirando hacia las ventanas por las que apenas entraban dos rayos de luz.
—Parece que la formación comienza con la primera luz —dedujo Taika y se encogió de hombros.
—Como tiene que ser. Debemos estar preparados para luchar por los amos desde el amanecer hasta el anochecer —expresó Aiden como si fuera un mantra.
—¿Este de qué árbol se ha caído de cabeza? —dijo Lily a Nahia y le hizo un gesto de que estaba fatal.
A Nahia se le pasó un poco el dolor con la gracia e intentó ponerse de nuevo en pie. Aguantó los pinchazos agudos que cada parte de su cuerpo le enviaba. Se miró las manos y las tenía agarrotadas. Esperaba no tener que utilizarlas aquella mañana. Había dormido vestida, ya que de lo cansada que estaba la noche anterior ni había logrado desvestirse así que solo tuvo que ponerse en pie para estar preparada.
Lily fue al baño y se acicaló antes de salir.
—Una debe estar guapa y preparada para afrontar cada día —dijo desde el interior.
Aiden se llevó su garra de semidragón al rostro y negó con la cabeza.
Taika en cambio sonrió.
—La imagen es fundamental —se unió Dafne a Lily—. Me alegro de que al menos una persona entre los presentes lo aprecie.
Nahia se miró sus ropajes de curandera, que eran sencillos y estaban bastante gastados además de algo sucios por las últimas experiencias vividas. Tenía una muda en su macuto junto al camastro, pero decidió reservarla para cuando realmente hiciera falta. De momento, seguiría con lo puesto, aunque no fuera ni elegante ni estuviera demasiado limpio.
Un segundo rugido, este más amenazante, llegó hasta ellos.
—Mejor si os dais prisa… —aconsejó Taika.
—¡Hemos de formar ante nuestros señores, corred! —urgió Aiden.
—Vayamos antes de que al Drakónido le dé un ataque —comentó Dafne con rostro de que no podía creer que fuera así.
Salieron de la habitación en orden de camastro y con Aiden haciéndoles gestos para que se dieran prisa.
Encontraron el ancho pasillo inferior de los barracones con gente que corría por él. Varias escuadras salían en aquel momento al igual que lo hacían ellos. Nahia se cruzó con Logan, que pasaba con la suya.
—¡Logan! —llamó ella saludando con la mano.
Él la oyó y volvió la cabeza. Sus ojos se encontraron.
—Nahia, ¿estás bien? —preguntó deteniéndose.
—Sí, tranquilo. ¿Tú?
—Bien, sí —asintió él mirándola de arriba abajo como queriendo asegurarse de que seguía de una pieza.
—¿Has visto a Ana y Maika? —preguntó Nahia.
—No, solo a ti.
Por un momento se quedaron con las miradas entrelazadas.
—¡Vamos, Nahia, no te quedes atrás! —llamó Aiden desde algo más adelante, que había notado que se había detenido.
Logan miró a su escuadra, que le llamaba también. Se volvió hacia Nahia.
—Será mejor que vayamos.
—Sí, o tendremos problemas.
—Ten mucho cuidado aquí —advirtió él con preocupación en sus ojos claros.
—Lo tendré, no te preocupes —aseguró ella e intentó que sonara con seguridad, aunque no lo consiguió del todo.
Él asintió y girándose siguió a los de su escuadra a la carrera.
Nahia suspiró y buscó a los de la suya. Según se juntaba con ellos Lily se puso a su lado.
—Guapo chico ese moreno de ojos claros —dijo y le guiñó un ojo sonriente.
—Sí… bueno… —Nahia no supo qué decir así que siguió corriendo.
Al llegar a la descomunal plaza de armas se encontraron con que todos corrían a formar con sus escuadras. Hubo un momento de desconcierto, no solo en su escuadra sino en casi todas. Se detuvieron al ver a los seis dragones del día anterior. Estaban situados en la zona norte de la plaza, de espaldas al gran castillo, como se habían colocado la jornada previa. Lo que les desconcertó fue que no les llegó orden alguna de ellos.
—¡Rápido, formemos! Somos de los últimos. ¡Qué desprestigio tan grande llegar tarde! —expresó Aiden y en su rostro Drakónido se apreciaba la contrariedad que sentía.
—Llegar un poco antes o un poco después no cambia nada en la vida. Tengamos tranquilidad —expresó Ivo.
A Aiden aquel comentario no le gustó nada y le lanzó una mirada de disgusto al Tauruk.
—A mí me gusta llegar la última, que me miren —soltó Lily tan tranquila y sin apresurarse.
—No sé si eso es bueno aquí. A los dragones no me parece que vaya a gustarles que les hagas esperar —advirtió Taika.
Nahia estaba del todo de acuerdo con el Felidae. Se apresuró, no quería sufrir la ira de una de aquellas seis criaturas.
—Situémonos donde ayer, creo que es lo que se espera que hagamos —sugirió Taika que observaba a los dragones y a las otras escuadras con sus grandes ojos felinos.
—No saber cómo actuar ante nuestros señores dragones es algo inaceptable —Aiden levantó las manos al cielo.
—Si nadie te informa de qué has de hacer, no es inaceptable no saberlo —replicó Dafne con voz de desagrado.
—No saber no es excusa ante nuestros amos —replicó Aiden con tono de advertencia.
—Mejor si nos colocamos como ha sugerido Taika y no discutimos, que a nada nos conduce hacerlo —intervino Ivo con su tono sereno.
Se colocaron dónde y cómo lo habían hecho el día anterior. Nahia se fijó en que casi todos lo habían hecho así y a los que no pronto les dijeron las otras escuadras que lo hicieran. En pocos momentos todos estuvieron situados y aguardando órdenes.
Un dragón descendió desde los cielos y se plantó delante de los seis que aguardaban. Era de color blanco con vetas lilas de unas cuarenta y cinco varas de longitud. Todos reconocieron al comandante Bigaen-Zuri-Indar, segundo al cargo de la academia militar.
«Atención. Primer orden del día: asignación de escuadras a escuadrones y estos a su líder» envió el comandante a todos y el mensaje llegó con tal fuerza que lo sintieron como si les golpearan en la cabeza con un martillo.
Nahia miró a Lily a su lado, que le hizo un gesto de dolor. Dafne cerraba los ojos para aguantarlo.
—¿Sabéis qué significa eso? —preguntó Nahia en un susurro a los de su escuadra.
—Cosas militares, supongo —susurró Lily y puso cara de que no sabía de qué iba aquello.
—Creo que nos van a agrupar y supongo que nos asignarán a uno de esos seis dragones —dedujo Taika.
—Oh, claro, eso tiene sentido —convino Nahia.
Pensó que quizá tuviera suerte y agruparan a Ana, Maika y Logan en su mismo escuadrón. Eso sería estupendo. Los buscó con la mirada. Estiró el cuello y se giró en todas las direcciones a ver si los encontraba. Consiguió ver a Logan, lo que la animó. Maika estaba algo más lejos. A la que no vio fue a Ana. Había demasiada gente para poder localizarla. Deseó con toda su alma que no le tocara el dragón rojo. Ya había visto lo despiadado que era en la Escalada y, aunque se imaginaba que los otros iban a ser parecidos, quiso pensar que igual había uno que tuviera algo de corazón y decencia, si es que eso era posible.
«Este año, por el número de escuadras que tenemos cada escuadrón contará con tres de ellas. Es una lástima porque el número ideal es de cuatro, pero esta cosecha no ha sido nada fructífera y tendremos que conformarnos con lo que ha tocado».
El mensaje les llegó de nuevo con fuerza, como otro golpe mental y tuvieron que asimilarlo.
Nahia se recuperó y no pudo aguantarse de la rabia que sentía.
—¿Fructífera? Pero si nosotros hemos perdido gente llegando hasta aquí.
—Nosotros también —confirmó Lily.
—Todos —asintió Dafne.
—En el ejército las bajas son inevitables —dijo Aiden.
—Pero si ni siquiera habíamos llegado, ni estábamos en ningún ejército —dijo Nahia y lo miró con enfado.
—Nuestros señores saben cómo prepararnos. La Senda será dura y larga —respondió Aiden con la mirada fija en el coronel.
Nahia lo miró con grandes ojos de furia.
—Mejor si guardamos silencio, es peligroso y pueden oírnos —aconsejó Taika con su tono rasposo y suave.
Nahia hizo un esfuerzo por calmarse. Dafne la miró y le hizo un gesto indicándole que estaba con ella.
«Como es tradición en esta academia, la selección de escuadras será al azar. Así es más justo y equilibrado para los capitanes líderes. Comenzaré por crear la esfera selectora. No quiero ver ninguna reacción. Todos formaréis donde estáis. Si hemos de perder alguna escuadra más, la perderemos» envió el coronel y cerró los ojos.
Nahia recibió el mensaje y un sentimiento muy fuerte de que no debía moverse. Se percató de que el sentimiento afectaba a su cuerpo pues intentó mover el pie derecho una pizca y no lo logró. Aquel dragón afectaba a la mente con los mensajes y sentimientos que transmitía. Esto dejó a Nahia preocupada. Los dragones tenían un poder enorme sobre las razas esclavas y, lo que era peor, ellos no podían defenderse.
Frente al coronel comenzó a formarse una esfera translúcida de tres varas de diámetro que se suspendía en el aire. Al verlo, todos se dieron cuenta de que el coronel estaba usando su poder para crearla y los nervios comenzaron a afectar a los presentes. Varios ahogaron exclamaciones que no surgieron de sus bocas y otros intentaron dar un paso atrás, temerosos, pero no lo lograron.
La esfera terminó de formarse. Era blanca y de forma perfecta. Emitía un destello blanquecino. A Nahia le pareció que era preciosa, aunque se dio cuenta de que seguramente la usarían en algo que no iba a ser bueno para ellos. Se sostenía a unas cinco varas de altura frente al coronel y entre los seis dragones.
«Comencemos con la selección aleatoria. Capitanes, adelante» envió el coronel.
Nahia miraba asustada, pero llena de curiosidad. ¿Qué iban a hacer con aquella esfera mágica? De pronto los seis dragones se irguieron. Nahia intuyó que iban a usar su magia. No se equivocó. Los seis abrieron sus bocas y de ellas salieron sus alientos elementales dirigidos a la esfera cristalina. El dragón marrón envió su aliento de tierra, el azul el de agua, el blanco el de aire, el rojo el de fuego, el negro uno oscuro como la noche, y el dragón cristalino uno de luz brillante y casi transparente.
«Muy bien, que la selección se realice» ordenó el coronel y a su orden la esfera comenzó a rotar sobre sí misma mientras los seis dragones seguían enviando su aliento elemental sobre ella.
El miedo comenzó a subirle a Nahia del estómago hacia el torso. Aquello empezaba a tener mala pinta. La esfera rotaba cada vez más rápido, como fuera de control, solo que no se movía del punto en el que estaba suspendida en el aire.
De súbito tres rayos marrones surgieron de la esfera y se dirigieron a tres de las escuadras. Al llegar a ellas, se dividieron en otros seis rayos que alcanzaron a cada componente de la escuadra en el torso. Todos quedaron marcados con un círculo marrón en su pecho.
Nahia miraba con ojos como platos, al igual que sus compañeros de escuadra. Tres rayos azules siguieron a los marrones y seleccionaron a otras tres formaciones, que se dividieron en seis rayos y marcaron a todos los componentes con un círculo azul. Nadie gritaba ni se movía porque no podían, pero la experiencia era de las que producían un miedo intenso. Nahia se dio cuenta de que los rayos que emitía la esfera no herían a los seleccionados, aunque de base tenían el aliento elemental y mortal de uno de los dragones. El rayo blanco siguió al azul y seleccionó a otras tres escuadras, cuyos integrantes quedaron marcados con círculos blancos en el torso.
Todo el mundo estaba tan pasmado con lo que estaban presenciando que ni se daban cuenta de a qué dragón estaban siendo asignados. No fue el caso de Nahia, que lo supo de inmediato en cuanto vio el rayo rojo llegar a su escuadra. Todos quedaron marcados con un gran círculo rojo en medio del torso.
Sintió que se le hundía el corazón. Lo último que quería era que le tocara aquel dragón y eso era justo lo que había pasado. Pertenecían al escuadrón rojo, el de Irakas-Gorri-Gaizt. No podía creer su mala suerte. Miró a las otras dos escuadras que habían quedado marcadas de rojo. Estaban algo lejos y tuvo que estirar el cuello para identificar qué humanos había en ellas con la esperanza de que fueran sus amigos. Vio a un chico moreno y el corazón le dio un vuelco pensando que era Logan. Lo miró mejor y vio con enorme tristeza que no era él, sino otro con un cabello similar. Buscó al otro humano y llegó la desesperación. Era un chico rubio, ninguno de sus amigos estaba en su escuadrón. El alma se le cayó hasta el suelo, no aquel que pisaba, sino uno mucho más abajo, donde moraban las razas esclavas.
El reparto continuó y Nahia descubrió que a Logan le había tocado el dragón blanco. A Maika le tocó el escuadrón del dragón marrón y a Ana el del azul. Nahia no podía creerlo. Era como si las fuerzas de la naturaleza estuvieran en su contra. Les había tocado separados a todos. Estaban condenados por alguna razón, como si una maldición hubiera caído sobre ellos. Siendo así, sus oportunidades de sobrevivir eran todavía menores.
La esfera dejó de rotar y los seis dragones dejaron de enviar su aliento elemental sobre ella. Un momento después comenzó a desvanecerse hasta que desapareció del todo, como si nunca hubiera estado allí.
«Ya tenemos las escuadras asignadas a cada líder. Vuestro capitán y líder de escuadra es el dragón del color con el que habéis sido marcados» envió el coronel junto a un sentimiento de que quien no entendiera aquello era poco más inteligente que una lombriz.
«Desde este momento seguiréis todas y cada una de las indicaciones de vuestro líder de escuadrón. Viviréis y moriréis por sus órdenes, que seguiréis sin dubitación alguna. Ahora, capitanes, los escuadrones son vuestros» envió el coronel junto a un sentimiento de que era una orden imperativa y, extendiendo las alas, dio un brinco tremendo y ascendió hacia los cielos.
Mientras el gran dragón blanco ascendía, el espíritu de Nahia descendía a las profundidades.
—Qué mala suerte… —masculló entre dientes.
—¿Esto en concreto o toda nuestra maravillosa situación? —preguntó Dafne.
—Esto y todo —Nahia movió la cabeza de lado a lado con expresión de gran resignación.
—Seguro que ahora nos darán buenas noticias, verás —Dafne la miró con expresión de pura ironía.
Taika se volvió.
—Recordad el objetivo: sobrevivir el curso y graduarse. Mantened el espíritu —animó.
—La gloria nos espera. Seremos el orgullo de nuestros amos y señores —soltó Aiden.
—Con este sí que estamos perdidos. Nos llevará de cabeza contra el enemigo, cargando los primeros —dijo Dafne.
—Por supuesto. Lideraremos el escuadrón rojo y seremos el orgullo de nuestro líder —afirmó Aiden convencido.
Dafne puso los ojos en blanco.
Lily negó con la cabeza.
—Quizá sería mejor que nos relajásemos y nos tomásemos las cosas con calma. No hay por qué cargar ni morir ahora mismo —expresó Ivo con tono tranquilo y expresión serena en su cara mitad toro, mitad bestia.
Nahia observó a las otras dos escuadras que formaban el escuadrón con ellos.
—¿Conoces a los de tu raza de las otras escuadras de nuestro escuadrón? —preguntó a Lily.
La Escarlatum los observó y negó con la cabeza.
—No los conozco, mi nación es grande.
—¿Vosotros? —susurró Nahia al resto.
Todos miraron y estudiaron a los componentes de las otras escuadras.
—No, no los conozco —afirmó Taika.
—Yo tampoco, pero no me extraña. Mi nación es grande y los Tauruk-Kapro tendemos a vivir separados —explicó Ivo.
—Nosotros somos más tribales y nos gusta la manada, pero no son de la mía —explicó Taika.
—Nosotros vivimos entre aldeas en los bosques y casas en los árboles la mayoría. No son de la mía —negó con la cabeza Dafne.
—Yo no necesito conocerlos. Son Drakónidos. Serán orgullosos, leales y valientes.
—Como no podría ser de otra forma… —añadió Dafne con sarcasmo.
«Las escuadras rojas formarán mi escuadrón frente a mí» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt, que echó a volar y descendió para situarse en la parte superior izquierda de la gran plaza.
—Vayamos rápido con nuestro líder —dijo Aiden.
—Vayamos, sí —convino Taika.
Corrieron a formar frente a su líder y junto a ellos lo hicieron las otras dos escuadras rojas. Lo mismo estaba ocurriendo con los otros cinco escuadrones. Cada dragón había elegido una zona de la plaza para situarse y reunir al suyo.
Nahia corría con el alma rota y una idea fija en la cabeza que se repetía una y otra vez: “sobrevivir el curso y graduarse”.