Capítulo 16 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Según corrían cruzando la plaza de armas se toparon con las otras escuadras, que hacían lo mismo para formar frente a sus líderes. Se formó un revuelo y tuvieron que andarse con cuidado de no golpearse o tropezar los unos con los otros y caer.
—Ha elegido el sitio más lejano de la plaza —se quejó Lily según se acercaban al gran dragón rojo.
—¿Te extraña? —preguntó Dafne con cara de disgusto.
La Escarlatum hizo un gesto de que no, en absoluto.
Se apresuraron a llegar hasta Irakas-Gorri-Gaizt. Se situaron frente al dragón y sobre tres cuadrados que había marcados en el suelo. La forma en que estaban señalados sorprendió a todos: con piedras preciosas. Debían ser rubíes por sus destellos rojizos al alcanzarles los rayos del sol. No tuvieron duda de que aquellos cuadrados eran para ellos pues el suelo brillaba rojo. Formaron frente a su líder, una escuadra junto a la otra. La primera por la izquierda era la de Nahia. Aiden había corrido a ocupar ese lugar y el resto le habían seguido. No tenían más remedio, ya que no querían dar ningún motivo al dragón para que se enfureciera con ellos.
«Este es el sitio en que formaréis ante mí durante todo este primer año de formación. Para marcarlo y para que reconozcáis el estandarte de vuestro escuadrón, lo plantaré ante vosotros. Permaneced quietos y en silencio» envió y todos recibieron el mensaje claro y fuerte en sus mentes.
Nahia empezaba a soportar mejor los mensajes que no llevaban asociados algún sentimiento negativo. Ya no le impactaban tanto y esto lo interpretó como que su mente se iba adaptando y acostumbrando a aquel tipo de comunicación tan directa.
De súbito, entre ellos y el gran dragón rojo, apareció una columna de fuego surgiendo del suelo. Tenía más de cinco varas de altura por una de grosor y terminaba en una corona ardiente. Todos se fueron uno o dos pasos hacia atrás del susto.
«¡Mantened la posición! ¡No salgáis de vuestro recuadro! Este es el estandarte de nuestro escuadrón. Cuando lo veáis, iréis hacia él».
Todos volvieron a las posiciones iniciales, aunque el miedo a la alta columna de fuego intenso no se les pasaba.
«Apreciad los estandartes de los otros escuadrones» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt.
Nahia miró a la derecha y vio que el dragón azul levantaba un estandarte de agua y hielo. Este también tenía unas cinco varas y era de color blanco azulado. El exterior estaba helado, mientras que en el interior se apreciaba un chorro de agua que primero subía y luego bajaba. Siguió mirando y vio el estandarte marrón hecho de tierra. Este tenía una corteza dura de piedra y en el interior se veían miles de pequeñas rocas que subían y bajaban a gran velocidad. El estandarte blanco la dejó muy impresionada pues estaba hecho de viento y relámpagos. Los rayos subían y bajaban las cinco varas de altura pero sin salirse y golpear a los de su escuadrón, estaban contenidos en corrientes muy fuertes de aire que los envolvían. No pudo apreciar el resto de los estandartes. Tendría que fijarse otro día. Todos ellos parecían vivos, lo que la dejó muy sorprendida.
Cruzó miradas con Lily y Dafne y ambas parecían impresionadas por el despliegue de magia de los dragones. No decían nada para no arriesgarse a enfadar a su líder, pero se notaba que querían comentarlo, al igual que ella. Aiden, por su parte, tenía expresión de estar encantadísimo con lo que estaban presenciando. Taika observaba y analizaba con sus ojos felinos, siempre atento. Ivo no parecía ni estar presente. Su rostro bestial estaba en calma y sus extraños ojos parecían perdidos, como si estuviera meditando sobre lo que acaban de presenciar. Desde luego eran un grupo de lo más singular.
El gran dragón rojo observó a sus tres escuadras con sus ojos encarnados de gran reptil depredador.
«Ahora sois el Escuadrón Rojo. Los otros escuadrones cogerán el color de su líder y os referiréis a ellos por su color. Este escuadrón lo formáis las tres escuadras que habéis sido elegidas y será así el resto del año. Cada una tendrá un nombre por el que me dirigiré a ella. Os denominaré ahora. La escuadra de la humana rubia será la Escuadra Ígnea. La del humano moreno será la Escuadra Ardiente. La del humano rubio será la Escuadra Candente. Así os referiréis entre vosotros».
El mensaje llegó junto a un sentimiento de pertenencia. Los integrantes de las tres escuadras se miraron entre ellos y luego a las otras. A Nahia los nombres le parecieron significativos. El dragón era rojo y tenía aliento elemental de fuego, por lo que dedujo que los nombres de las escuadras estaban relacionados con ese elemento de la naturaleza.
«Debéis aprender a comportaros con propiedad. Os explicaré las reglas básicas que rigen esta academia marcial. Memorizadlas y no cometáis un error. Para empezar, cuando estéis ante un dragón en la academia, mostraréis respeto poniéndoos de rodillas, sobre las dos, sentados sobre vuestros talones y con el cuerpo echado hacia delante. ¡Hacedlo!».
Todos se arrodillaron. Mirándose los unos a los otros consiguieron entender la postura. Se sentaron sobre los talones y luego doblaron el cuerpo sobre las piernas y las rodillas, hacia delante. Nahia no tuvo dificultad en hacerlo, al igual que Dafne y Lily. Ivo y Aiden, por el contrario, no consiguieron doblarse del todo bien. No eran para nada flexibles. Taika, sin embargo, sí lo era, tanto o más que las chicas, lo que a Nahia le resultó chocante al ser un tigre tan grande. Sus habilidades innatas de felino debían proporcionarle esa agilidad extra.
«¡En pie! ¡Formad como escuadra!».
Todos obedecieron al instante y se colocaron como siempre hacían.
«Es momento de establecer el orden de formación, tal y como lo hacéis es incorrecto. La primera línea estará compuesta por Humano, Fatum y Escarlatum. La segunda por Drakónido, Tauruk-Kapro, y Felidae. Formad siempre así y no olvidéis el orden o perderéis la cabeza. Os la arrancaré de un bocado si cometéis un error tan grande en algo tan sencillo».
Las tres escuadras formaron frente a su líder como él había indicado. Irakas-Gorri-Gaizt los miró de arriba a abajo a cada uno, como si quisiera memorizar sus caras.
«Eso que veis en mitad de la plaza es un reloj solar. Sirve para indicar y medir el tiempo. Sé que no estáis acostumbrados a la noción de tiempo ni a medirlo o respetar las horas. Sin embargo, aquí arriba es muy importante. ¿Quién de entre vosotros sabe leerlo? Quien sepa que dé un paso adelante».
Nahia no tenía ni idea. Miró a Dafne y Lily y por sus expresiones de extrañeza dedujo que ellas tampoco.
Los tres Drakónidos de las escuadras dieron un paso al frente.
Lily y Dafne pusieron cara de incredulidad.
«Vosotros tres explicaréis a vuestras escuadras cómo funciona el reloj solar. A partir de hoy todos formaréis a primera hora de cada día. Quien se retrase será castigado. No habrá excusas ni piedad. Tras formar iréis a desayunar al comedor común y a segunda hora comenzaréis la formación. Cada día de la semana se impartirá una materia diferente durante todo ese día. La formación durará siete horas diurnas. Las cuatro últimas de cada día las dedicaréis a fortalecer las áreas en las que estéis débiles. Para unos será la parte física, para otros la mágica y para los más torpes, ambas. Os recomiendo que uséis esas horas o no lograréis sobrevivir a la Senda. Las horas nocturnas las pasaréis en el barracón. En vuestra habitación del barracón. Está prohibido deambular por los edificios. Está prohibido salir de la habitación del barracón de noche. Está prohibido hablar con otros alumnos excepto en el comedor en vuestra mesa, en biblioteca por estudios o en el gimnasio para practicar y ejercitaros. Está prohibido llegar tarde a las clases. Quien me deshonre y quiebre alguna regla, lo pagará. Ahora id al reloj solar y aprended a leerlo. ¡Romped formación!».
Rompieron filas y Aiden les hizo una seña para que lo siguieran. Los llevó hasta el reloj solar que estaba en el centro de la gran plaza de armas. Era circular, de más de diez varas de anchura. Una aguja alta proyectaba una sombra sobre él.
—Es sencillo —comenzó a explicar Aiden—. El día se divide en doce partes. Son las líneas que veis trazadas en el suelo. La sombra de la aguja es la que marca el momento del día que es.
—Interesante sistema, avanzado —comentó Taika, que observaba el reloj mientras razonaba su funcionamiento.
—No veo la necesidad de medir el tiempo. Nos guiamos por la altura del sol en el firmamento como siempre, es mucho más natural —se expresó Ivo.
—Estoy de acuerdo con nuestro bestialito —dijo Lily asintiendo.
—El sistema tradicional está bien, pero este es más sofisticado. No sé si me convence tener que andar mirando este artilugio cada vez que quiera saber qué momento del día es —comentó Dafne arrugando la nariz.
—Nosotros no usamos medidores del tiempo —dijo Nahia y se rascó la sien.
—Este sistema es exacto, los vuestros no —dijo Aiden—. Por eso los amos nos enseñaron.
—¿Y qué pasa con la noche, listillo? —preguntó Dafne.
—El reloj solo marca las horas diurnas. Las nocturnas también son doce pero no se representan ya que el reloj funciona con el sol marcando la hora con esa aguja que veis —respondió Aiden.
—Resumiendo, de noche no funciona —dijo Dafne con ironía en el tono.
—Si los dragones miden el tiempo así, tendremos que estar atentos al movimiento del sol y las horas —comentó Taika.
—Qué remedio… —se quejó Lily cuya expresión indicaba que no estaba contenta con lo de medir el tiempo y adaptarse a lo que marcara.
—Estoy impaciente por ver qué tenemos hoy de formación —comentó Aiden muy animado.
—Ya, impacientísimos estamos —ironizó Dafne.
Lily soltó una risita contagiosa.
«Atención, escuadrón» envió Irakas-Gorri-Gaizt con un sentimiento de orden inapelable. El gran dragón extendió las alas, las sacudió con fuerza y, dando un enorme brinco, echó a volar. Ascendió sobre la plaza y pasando entre las grandes torres de la muralla, salió de la academia sobrevolando la puerta sur por la que habían accedido el día anterior.
—¿Sabes qué pasa ahora? —preguntó Nahia a Taika.
—No, pero imagino que el dragón rojo regresará en breve y nos dará órdenes.
El Felidae no se equivocó. Irakas-Gorri-Gaizt regresó y tomó tierra en la parte superior izquierda de la plaza, junto al estandarte viviente que seguía ardiendo en el lugar donde lo había plantado el dragón.
«Mi escuadrón formará frente a mí» envió.
—Vamos todos —urgió Aiden.
Llegaron y formaron tal y como les había instruido su líder.
«Ahora marcharéis a intendencia. Es el edificio cuadrado con rejas en las ventanas que está en medio de la muralla oeste. Allí se almacena todo lo que los alumnos necesitan, desde ropaje a armas tradicionales y mágicas. Lo primero que os asignarán son los ropajes de la academia. Id y que os den la ropa que vestiréis de aquí en adelante. Una vez vestidos iréis al comedor que se encuentra en la muralla sur, es el edificio bajo y alargado. Desayunaréis y os reuniréis conmigo aquí al oír mi llamada. No tenéis mucho tiempo, así que os recomiendo que os apresuréis o no desayunaréis. ¡Romped la formación y marchad!».
Nahia sintió la orden golpearle la mente, pero la aguantó bien. Vio que Dafne y Lily echaban la cabeza atrás. Le dio la impresión de que a ellas les afectaban más los mensajes mentales de los dragones. Se sintió un poco mejor, si bien sabía que aquel tipo de consuelo no era digno, tenía que buscar la forma de proteger mejor su mente de aquellos ataques.
—Vamos, rápido —urgió Aiden que de nuevo quería ser el primero, aunque fuera en llegar a intendencia. Apresuró el paso.
—Tranquilo, que no todos tenemos tus ganas de destacar —dijo Dafne con desgana.
—Deberíais. Tenemos que triunfar en todo ante nuestro líder y señor —dijo e hizo señas para que aceleraran.
—Hay que cruzar toda la plaza de armas, hay tiempo —dijo Ivo, que no apresuraba el ritmo, aunque sus grandes zancadas eran como dos de Nahia.
Nahia se puso detrás de Ivo, intentando seguir su paso. Pronto vieron que no eran el único escuadrón que iba a intendencia. Según iban terminando con su líder todos se volvían y se dirigían hacia el edificio.
Taika se percató.
—Va a formarse una buena cola allí.
—¿Sí? Pues yo no quiero perderme el desayuno —se pronunció Ivo, que comenzó a dar zancadas más grandes y rápidas.
—Vaya, parece que sí que hay algo que hace que nuestro Tauruk se acelere —comentó Lily y sonrió.
—Ya os lo he dicho, hay que ser primeros en todo siempre —les echó en cara Aiden con tono hosco y se puso a correr.
—Este nos va a llevar por el camino de la amargura —negó con la cabeza Dafne.
Se dirigieron a intendencia a la carrera siguiendo a Aiden. Nahia echaba vistazos hacia las otras escuadras a ver si conseguía ver a sus amigos. Vio a Maika y le lanzó una mirada, pero estaba muy lejos y ella no la vio. A Logan y Ana no los consiguió localizar.
Al llegar a intendencia ya tenían dos escuadras delante y tuvieron que esperar haciendo cola.
—Terceros, esto no es aceptable —expresó Aiden disgustado.
—Ni que dieran medallas al honor —dijo Dafne.
—Debemos destacar en todo. ¿Es que no os han enseñado nada en vuestra tierra?
—Tú estás bastante tocado de la cabeza —dijo Dafne e hizo un gesto con las manos sobre su cabeza que Nahia interpretó que quería decir locuelo en el mundo de los Fatum.
—Terceros. Bien, no perderemos el desayuno —Ivo se frotó su musculoso y amplio abdomen.
Tuvieron que esperar y Nahia aprovechó para volver a observar bien a sus compañeros de escuadra. Para una humana como ella, resultaban de lo más chocantes, pero tendría que acostumbrarse. No tenía otra elección. Aquellos cinco no era con quienes quería convivir y formar vínculos, pero ya veía claro que no tendría más opción. Suspiró profundamente y se resignó.