Capítulo 17 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Aguardaron a que las dos escuadras anteriores hubieron terminado y les tocó el turno. Entraron en el edificio, que era un gran almacén de roca sólida, y se acercaron a una larga barra que hacía las veces de mostrador. Nahia se sorprendió al ver que no había nadie atendiendo y, tras un momento, se sorprendió todavía más. No es que no hubiese nadie atendiendo, es que no se les veía de lo bajitos que eran. Se inclinaron sobre el mostrador para verlos.
—Esos son… Tergnomus… —masculló muy sorprendida observándolos como si hubiera descubierto unos seres mitológicos y mágicos.
Eran bajitos, de tamaño reducido, la mitad que un humano, a excepción de las manos y pies, que eran grandes en comparación. Tenían la cara afilada, con nariz larga y aspecto de ser un largo pico. Las orejas también eran muy largas y puntiagudas y se iban hacia atrás entre cabellos revueltos de tonalidades verduscas. Sus ojos eran oscuros y sus pieles de un color entre el blanco y el marrón con algo de tonalidad verde en la mezcla. A Nahia le parecieron unos seres fascinantes.
—Vaya, esto es toda una sorpresa —comentó Taika inclinando la cabeza a un lado mientras los observaba—. Qué curioso…
—¿Estos son quienes están repartiendo los uniformes? —Dafne también estaba sorprendida y por su expresión no le encajaba que estuvieran al cargo de la intendencia.
—No entiendo que haya Tergnomus aquí, nuestros señores dragones no los aprecian —comentó Aiden.
—Quizá no les gustan para aspectos bélicos, pero como sirvientes o trabajadores parece que sí —comentó Taika.
—Son encantadores, tan chiquititos… es como para llevárselos a casa —opinó Lily, que les sonreía.
—No creo que eso sea buena idea. Dicen que tienen muy mal humor —comentó Aiden.
—¿Como tú? —dijo Dafne y lo miró enarcando una ceja.
—Yo no tengo mal humor. ¿Por qué dices que tengo mal humor? No me conoces —se defendió él hablando a ladridos.
—Quizá sea porque te expresas como un león al que se le ha clavado una estaca en el pie y tiene prisa por ir a alguna parte —dijo Lily.
Aiden levantó la cabeza y la movió de lado a lado con expresión de estupor.
—Lo que ocurre es que tenéis envidia de un Drakónido seguro de sí mismo y de lo que hay que hacer aquí. Eso es lo que pasa.
—Sí, es eso, sin duda. Y se te ha olvidado añadir que además eres irresistible —dijo Dafne llena de sarcasmo y abriendo mucho los ojos.
—¡Siguiente, he dicho! —chilló el Tergnomus con voz de enfado.
—Somos la Escuadra Ígnea del Escuadrón Rojo —se presentó Aiden con rapidez y seguridad, orgulloso de sí mismo.
—Yo soy Hiputz, jefe de intendencia. Todo lo que necesitéis tiene que pasar por mí. Yo me encargaré de conseguíroslo si está aprobado.
—Encantados de conocerte, Hiputz —sonrió encantadora Lily y le guiñó un ojo.
—Tus encantos no te conseguirán materiales extra, Escarlatum, por muy preciosa e irresistible que seas.
—¿No…? ¡Qué lástima! —Lily le lanzó un beso.
El Tergnomus pareció sonrojarse, aunque con la piel tan áspera que tenía era difícil de decir.
—Escuadrón Rojo, ¿eh? —Hiputz se subió a un pedestal y los observó de arriba a abajo a todos.
—Sí, lo somos. ¿Por qué lo preguntas? —inquirió Taika con tono de sospecha en su voz y se quedó mirando al Tergnomus.
—No, por nada. Es que me da rabia que se desperdicie tan buen material cada año —comentó y se dio la vuelta bajándose del pedestal.
—¿Desperdiciar? —Taika frunció la frente y su mirada felina se agudizó.
—¿No sabéis en qué escuadrón estáis? —dijo Hiputz, al que ya no veían porque había desaparecido entre grandes cajas de madera en lo que parecía un almacén sin final que se expandía hacia el fondo. Allí había miles de cajas enormes y solo podían ver parte del almacén.
—Estamos en el Escuadrón Rojo y muy orgullosos —confirmó Aiden.
El Tergnomus no respondió. Por un momento desapareció y los dejó allí, esperando. Nahia y Lily intercambiaban miradas de confusión.
Por fin Hiputz apareció seguido de otros tres Tergnomus. Llevaban seis macutos verdes.
—Estáis en el escuadrón más famoso de esta academia militar —dijo Hiputz.
—¡Lo sabía! ¡Seremos héroes! —Aiden no podía estar más contento y levantó el puño en señal de victoria.
—¿Sí? Curioso… —Taika seguía sospechando algo porque lo miraba con ojos entrecerrados.
—También es el que más bajas tiene siempre. Hay años que ninguna de sus escuadras sobrevive —explicó Hiputz con total naturalidad, como quien da los buenos días y cuenta un chisme sin importancia.
—¿La que más bajas tiene? —Dafne enarcó ambas cejas y se estiró mucho, como si fuera a echar a volar huyendo de allí, solo que no podía.
—Eso suena fatal. Yo soy demasiado bella y encantadora como para morir tan pronto —comentó Lily negando con el dedo índice.
—Yo simplemente preferiría no morir —expresó Nahia, a la que aquella noticia no le había gustado nada. ¿Es que nada le podía salir bien? ¿Es que no podía tener un poquito, solo una pizca de buena suerte? Todo se torcía y empeoraba a cada paso que daba.
—Las malas noticias hay que tomarlas con serenidad. Quizá deberíamos sentarnos y meditar el futuro que nos espera —propuso Ivo.
—Futuro cortito, parece ser —comentó Dafne enfurruñada.
—¿Hay alguna razón especial por la que este escuadrón sea tan propenso a las bajas? —preguntó Taika a Hiputz.
—A su líder, Irakas-Gorri-Gaizt le gustan las misiones arriesgadas. Presenta a su escuadrón a las más complejas y peligrosas, o eso me han dicho. ¡Pero qué sé yo! Tan solo soy un Tergnomus de intendencia —dijo Hiputz encogiéndose de hombros.
—Tergnomus, jefe de intendencia —puntualizó el segundo Tergnomus.
—Que tiene mucha información —añadió el tercero.
—Porque lo oímos y vemos todo —afirmó el cuarto.
—Sí, ya sé lo que soy. Tengo muy buena memoria. Y os tengo dicho que no habléis, que sois unos bocazas —amonestó Hiputz volviéndose hacia ellos con muy mal humor. Luego cambió al idioma de los Tergnomus y comenzó a gritarles. Ellos empezaron a gritarle de vuelta y en un momento aquello se convirtió en una batahola.
—Vaya con los Tergnomus… pues sí que tienen mal humor —comentó Taika con expresión de contrariedad.
—Ya no me parecen tan encantadores y ni loca me llevo uno a casa. Mira como gritan… y esos rostros desencajados de ira. ¡Qué horror! —Lily puso cara de espanto.
—Discutir y enfurecerse es de necios. Deberían relajarse y disfrutar de estar vivos y de este maravilloso día —afirmó Ivo con tono positivo.
Los Tergnomus le ignoraron y siguieron discutiendo a grito pelado y gesticulando mucho. Las cosas se tornaron feas cuando uno de ellos intentó golpear a Hiputz con el macuto. Falló por poco. El Tergnomus jefe se defendió y le golpeó con el suyo desde el pedestal y se fue de espaldas. Los otros dos comenzaron a golpearse el uno al otro con los macutos mientras seguían gritando a pleno pulmón.
—¡Detened la discusión y atendednos! —gritó Aiden.
Las palabras del Drakónido no surtieron efecto.
—¡He dicho que nos atendáis! —gritó enfadado.
Tampoco le hicieron caso y siguieron discutiendo y dándose con los macutos en la cabeza los unos a los otros.
—¡Que nos atendáis! —gritó Aiden tan fuerte que casi tuvieron que taparse los oídos. De súbito, comenzó a aporrear el mostrador con los dos puños.
—No creo que te vayan a hacer caso así —dijo Dafne.
Aiden continuó golpeando el mostrador, cada vez con más fuerza y más rápido. Tras un instante parecía un loco. Golpeaba y golpeaba y golpeaba.
—Aiden, tranquilo, que te vas a hacer daño —dijo Taika e intentó sujetarle un brazo. El Drakónido continuó golpeando con todas sus fuerzas una y otra vez. No parecía que viera u oyera nada.
—Para ya, Aiden, te vas a lesionar —dijo Dafne.
Los Tergnomus se percataron de lo que sucedía y dejaron de discutir para quedarse mirando al Drakónido, que golpeaba el mostrador con sus puños de forma repetitiva.
—Ayudadme —pidió Taika intentando sujetarle un brazo.
Nahia y Lily le agarraron del otro. Aun así, el Drakónido continuó golpeando con la vista perdida al frente.
—Le ha dado algún tipo de ataque —diagnosticó Dafne y le pasó la mano por delante de la cara. Aiden no respondía.
—¿Se te ocurre cómo sacarle de él? —preguntó Taika, que tenía que usar toda su fuerza para controlar el brazo de Aiden.
—Imagino que pronto saldrá de él o se agotará —se encogió de hombros Dafne.
—O quizá no —dijo Nahia, que con ayuda de Lily intentaba sujetar el otro brazo y tenían problemas.
Ivo se acercó. Sin mediar palabra cerró su puño y le dio un fuerte golpe a Aiden en la nuca. El Drakónido se derrumbó al suelo y quedó inconsciente. Gracias a que le agarraban los brazos no se dio un golpe.
—¡Ivo! —protestó Taika con expresión de total sorpresa en la cara.
—Pero ¿qué haces? —Lily miraba a Ivo sin poder creerlo.
—Solucionar el problema —dijo él y tan tranquilo volvió a retrasarse.
—Razón no le falta al bestia este —comentó Dafne con una sonrisa.
—Esta no es forma de solucionarlo —se quejó Taika y se arrodilló a ver cómo estaba Aiden. Nahia hizo lo mismo.
Lily se volvió hacia Ivo.
—¿No eras tú el de la paz, serenidad, tranquilidad, armonía y todo eso? —preguntó enarcando ambas cejas.
—Lo soy, sí. Pero si hay que solucionar un problema, lo soluciono.
—Al estilo Tauruk, según veo —dijo Lily.
Ivo no dijo nada y se encogió de hombros.
—Cada vez me cae mejor este Tauruk —expresó Dafne con una sonrisa y le dio una palmada en la espalda.
Un momento más tarde salían de intendencia. Taika e Ivo cargaban con Aiden y el resto llevaban los macutos de todos. Fueron hasta los barracones, a su habitación, y dejaron a Aiden descansando en su catre.
—Pongámonos los ropajes —dijo Taika.
—De acuerdo —convino Dafne.
—Espero que no sean muy feos, militares y eso —deseó Lily.
Sacaron los ropajes de los macutos. Había unas botas de cuero, pantalones, una túnica de mangas largas hasta la cintura, y una capa de un material similar al lino. Eran de color negro y estaban recubiertas por completo de grandes escamas rojas que brillaban con reflejos plateados al darles la luz.
—Hiputz nos ha dado uno de cada medida. Tiene muy buen ojo el Tergnomus —dijo Dafne cogiendo el de su tamaño y comenzando a vestirse.
—El rojo sobre negro es muy resultón y va a juego con mi piel, me quedará de maravilla —sonrió Lily, a la que no le disgustó la vestimenta lo más mínimo.
—Llamativa y vistosa es —comentó Taika no como algo bueno, sino todo lo contrario.
—Mirad, las capas tienen la estampa de un dragón grabada en plata en mitad de la espalda y bajo ella el número uno —dijo Lily mostrándoselo.
—Es para que no olvidemos que somos de primero y pertenecemos a los dragones —comentó Dafne con ironía.
—Hasta las botas están recubiertas de escamas —comentó Nahia—. Qué curioso, ¿no?
Taika estaba raspando una escama de su capa con las fuertes uñas de su zarpa.
—Estas escamas son de dragón, no se rayan. Nos protegerán, el acero no las traspasará.
—¿Tú crees? —Dafne se puso a examinar las de su pantalón.
—Mis ropajes me quedan bien, eso es sorprendente —expresó Ivo con tono de estar contento, y se ajustó bien la capa.
—Yo necesitaré toda la armadura que puedan darnos —confesó Nahia.
—Pue si es armadura, es realmente ligera. Estas ropas apenas pesan —dijo Dafne, que tenía la capa entre sus brazos y calibraba cuánto podía pesar.
—Eso también me viene bien —asintió Nahia, que al ponerse la capa comprobó que en efecto era liviana pese a que el material negro era grueso.
—Esta armadura es ligera y resistente —concluyó Taika que hizo varias pruebas sobre su capa, túnica y pantalones—. El material no sé qué puede ser, pero las escamas son de dragón, seguro.
—¿Serán de nuestro líder? —preguntó Nahia.
Taika negó con la cabeza.
—Serán de algún dragón rojo que ha muerto en batalla.
—Eso tiene más sentido. Nuestro líder necesita sus escamas —dijo Dafne—. No creo que se deshaga de ellas.
—¿Quizá los dragones muden su piel de escamas? —aventuró Nahia.
—Interesante noción. Sí, podría ser —se quedó pensativo Taika.
—Con los dragones cualquier cosa es posible, sobre todo las malas —afirmó Dafne.
—¿Alguien sabe si es así? —preguntó Nahia de nuevo.
Los demás se miraron y negaron con la cabeza.
—Igual el dragoncillo este lo sabe —dijo Dafne señalando con el pulgar a Aiden—. Pero aquí nuestro amante de la paz con cuernos de toro lo ha dejado fuera de combate.
Ivo hizo un gesto de disculpa.
—Cuando despierte nos lo podrá decir. Tenemos tiempo y la paciencia es una virtud.
—Ya, una de la que tú a veces te olvidas —replicó Dafne con una mueca graciosa.
—Lo que no olvido es que tanto el alma como el cuerpo necesitan alimentarse. En este momento, lo segundo. Vayamos a desayunar —propuso Ivo.
—¿Y él? —Nahia miraba a Aiden en su catre.
—Lo despertamos después —sugirió Dafne—. Igual no se lo toma del todo bien si lo hacemos ahora.
—Muy de acuerdo —dijo Ivo y salió por la puerta sin esperar a nadie.
Nahia, Lily y Taika se miraron y asintieron. Mejor dejarlo descansar y evitar su enfado, que sería mayúsculo al despertar. Además, no querían perderse el desayuno. Todos estaban muy hambrientos, incluso Nahia, que no era de comer mucho. En ese momento podría engullir una vaca entera a la parrilla.