Capítulo 18 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Se dirigieron al comedor y vieron que no eran los únicos. De los barracones de segundo y de tercero salía gente formando escuadras a medida que cruzaban la plaza de camino al desayuno. Nahia los observó echando miradas con disimulo. Los de segundo año estaban más cerca y vio que parecían bastante mayores que ellos. Solo tenían un año más, pero daba la impresión de que eran por lo menos tres.
Una escuadra de segundo año se puso delante de ellos y Nahia vio que en la capa, en mitad de la espalda, tenían bordado un dragón más grande plateado y el número dos también en ese color bajo el grabado. Tras un momento una escuadra de tercer año pasó a su lado a ritmo muy rápido, casi al trote, y Nahia se quedó boquiabierta. Si los de segundo año parecían tres años mayores que ellos, los de tercero al menos cinco. No solo eso, sus rostros y miradas eran de alguien que había vivido situaciones difíciles que habían dejado marca en sus almas.
—Interesantes, ¿eh? —dijo Lily a su lado.
—Más bien un poco aterradores.
—¿Y eso? Son guapos y mayorcitos.
—¿No crees que parecen demasiado mayores? Es como si cosas muy malas les hubieran pasado y obligado a crecer mucho más rápido de lo normal.
—Seguro que eso es precisamente lo que ha ocurrido —asintió Dafne, que iba detrás de ellas.
—Nahia tiene razón —se volvió Taika—. Parece que han crecido rápido, muy rápido, y todas las razas.
—Las experiencias de la vida nos marcan y nos cambian haciéndonos crecer —expresó Ivo, que seguía avanzando en cabeza directo hacia el comedor guiado por su apetito.
Llegaron al enorme edificio y Nahia se encontró con una nueva sorpresa. A ambos lados de la enorme puerta con arco descubrió a dos seres que nunca antes había visto. Eran de aspecto humanoide, solo que sus cuerpos estaban recubiertos de corteza y de sus brazos, piernas e incluso cabeza salían ramas cortas con algunas hojas. Sus rostros no estaban tan marcados por la corteza y parecían casi humanos. Tenían ojos marrones, al igual que lo que parecía ser su cabello, que se enredaba con las ramas y hojas y tenía aspecto de lianas.
—Esos son Exarbor —afirmó Taika.
—Sí, tienen que serlo. Parecen un cruce entre un humano y un árbol —apuntó Dafne.
—Una gran raza, se toman su tiempo y disfrutan de la vida —explicó Ivo y saludó a ambos inclinando su cabeza con sus grandes cuernos. Cada vez que los movía todos se apartaban.
—Cuidado con esa cornamenta que nos vas a sacar un ojo —protestó Dafne.
—Mantened una distancia prudencial y nada malo os sucederá. Además, es cortés dejar espacio para que otros puedan respirar —respondió Ivo con su tono tranquilo.
Los dos Exarbor devolvieron el saludo inclinándose. Al hacerlo todos comprobaron el porqué de su fama. Tardaron tres veces más que Ivo, que ya de por sí lo había hecho bastante lento.
—Los de primero… deben… registrarse —indicó el de la derecha con su lenta voz y un tono como de madera verde quebrándose.
—Somos la Escuadra Ígnea del Escuadrón Rojo —anunció Taika.
El Exarbor tenía una libreta en una mano y apuntó algo en ella con la otra. Nahia se fijó en que para escribir utilizaba un jugo que le salía del dedo índice. Lo que apuntaba era de color verde.
—Las tres mesas… del Escuadrón Rojo… están al fondo a la izquierda. No tienen pérdida… están pintadas de rojo. Vuestra mesa… tiene grabado el nombre… de vuestra escuadra.
—Qué bien organizado —comentó Taika positivamente impresionado.
—Nos gusta… la organización… y la eficiencia.
—La rapidez no tanto, ¿verdad? —soltó Dafne.
El Exarbor la miró durante un largo momento.
—Jo…jo… jo… —rio.
Todos se quedaron muy sorprendidos.
—Vaya, tiene sentido del humor —sonrió Lily—. Deberías humedecer un poco más el rostro, quizá con rocío mejoraría tu aspecto facial.
—Gracias… lo recordaré…
Nahia miró a Lily para saber si lo decía en serio o en broma. La Escarlatum le guiñó un ojo.
—No son muy despiertos —susurró al oído—. Esa cara no hay quien la reviva.
—Entrad… por favor… se forma cola…
Nahia miró a su espalda y vio a varias escuadras de primero aguardando.
—Vamos, ¡a comer! —dijo Ivo y con grandes zancadas entró en el comedor.
Entraron y nada más dar un par de pasos se detuvieron a contemplar el lugar. Al igual que todo allí, era de un tamaño impensable. La estancia tenía forma rectangular, era más larga que profunda y había un techo altísimo. Las paredes eran de roca y en ellas había incrustadas piedras preciosas alrededor de los grandes ventanales frontales y laterales por los que entraba la luz del día.
—Aquí cabe un ejército —afirmó Taika mirando alrededor.
—Así da gusto, me encanta que haya espacio —expresó Ivo abriendo los brazos.
—Se está llenado rápido. Parece que todo el mundo está muerto de hambre —comentó Dafne.
Nahia se fijó en que en los dos laterales opuestos del edificio había una especie de barra muy larga y la gente se acercaba allí a pedir la comida. La mitad a una barra y la otra mitad a la otra.
—Qué curioso, los de tercero se sientan en las mesas junto a la puerta —comentó Taika.
—Sí, los de segundo en las del medio y nosotros, los novatos, en las del fondo —comentó Dafne, que observaba cómo se iba sentando la gente.
—Supongo que es porque se han ganado ese privilegio —comentó Lily.
—A mí mientras me den de comer no me importa dónde tenga que sentarme, como si tengo que hacerlo en el suelo con las piernas cruzadas y esperar meditando —comentó Ivo.
—¿También meditas? —preguntó Dafne abriendo mucho los ojos.
—Por supuesto, ¿tú no?
—Pues no, me parece una pérdida de tiempo y no entiendo cómo un Tauruk que se supone que es de la raza más bestial de Kraido medita. Es… ilógico.
—No todos los Tauruk somos iguales y meditar te ayudaría con ese temperamento y acidez tuyas.
Dafne sonrió de medio lado.
—Me encanta mi temperamento y mi acidez, no quiero cambiarlos.
—Y yo que pensaba que todos los Fatum eran dulces y agradables —dijo Ivo y le lanzó una mirada.
—Ni todos los Fatum ni todos los Tauruk son iguales y en nuestra escuadra tenemos prueba viviente de ello —comentó Lily.
—Mejor si vamos a sentarnos, no sé si os habéis fijado, pero hay dos dragones en medio de la estancia que miran a todos lados —comentó Taika.
—Me he dado cuenta —dijo Nahia—. Son azules y no muy grandes.
Aquellas criaturas debían tener unas diez varas de largo.
—Serán jóvenes, los tendrán castigados en tareas de vigilancia y control —supuso Lily.
—Podría ser, sí —comentó Taika e hizo una seña para que fueran hacia la mesa al fondo.
Llegaron hasta la sección de los de primer año. Reconocieron las mesas de inmediato y se sentaron en la suya. Observaron el lugar sentados y sin decir nada por un momento, apreciando lo que les rodeaba e interiorizándolo. Estaban en un nuevo submundo. No era el lugar más vistoso, pero tampoco les producía una sensación de peligro, exceptuando a los dos dragones en el centro, que parecían controlarlo todo moviendo sus cabezas de lado a lado cada poco tiempo.
—¿Habéis notado que la mitad de las mesas de los de tercero están vacías? —comentó Taika.
—Será que ya no son parte de la academia —comentó Lily.
—Más bien del mundo de los vivos, no sé si me entendéis —dijo Dafne y guiñó un ojo varias veces.
—Te entendemos, el disimulo y la sutileza no son tu fuerte precisamente —dijo Lily.
Dafne sonrió.
—Tendré que trabajar en mejorarlos.
Lily hizo un gesto indicando que tendría que trabajarlo mucho.
—Si es el caso y han departido, que la madre naturaleza los acoja en su seno y de la vida extinta vida nueva cree —recitó Ivo e hizo un gesto juntando las palmas de sus enormes manos bestiales.
Nahia se fijó en que las manos del Tauruk eran como las de los humanos pero tres veces más grandes y gruesas. Sus manos y cuernos eran todavía más desproporcionados que su enorme cuerpo, aunque sin duda lo que más le sorprendía eran los pies con forma de pezuña. No porque fueran grandes, sino porque eran pezuñas y se mantenía sobre ellas de pie.
—Los de segundo curso tienen un tercio de sus mesas libres… —comentó Taika, que no perdía detalle de nada. Sus atributos felinos le hacían estar atento a todo, tanto lo que le rodeaba como lo que pudiera estar al acecho.
—Quizá estén de excursión —dijo Dafne con tono alegre y gesto cómico.
—Ya, seguro. Los dragones tienen aspecto de organizar actividades festivas cada poco… —dijo Lily.
—Voy a por comida, los malos presagios es mejor dejarlos para después de comer —Ivo se levantó y tan tranquilo se dirigió a la barra que tenían más cerca.
—Yo también, estoy famélica —dijo Lily que se levantó y fue tras Ivo.
—Espero que tengan buena comida, aunque lo dudo mucho —expresó Dafne poniéndose en pie.
Nahia se quedó un momento observando el lugar y a todos los que había en él. Por primera vez desde que habían pisado aquel reino de dragones escuchó conversaciones entre los miembros de las distintas razas. Eso le sorprendió. Los de segundo y tercer año hablaban entre ellos sentados a sus mesas y lo hacían con naturalidad. Parecían tranquilos pese a la presencia de los dos dragones en mitad del comedor. No daba la impresión de que estuvieran preocupados por ellos, como si supieran que mientras estuvieran allí podrían hablar con tranquilidad. Ese no era el caso de los de primero, que se iban sentando sin saber cómo comportarse o cómo actuar, mirando al resto con ojos de preocupación.
Las otras dos escuadras del Escuadrón Rojo llegaron y se colocaron en sus mesas. Estaban tan perdidos como ellos. Miraron alrededor y luego a Nahia. Ella bajó la cabeza algo avergonzada al ver que todos la miraban. En realidad lo que hacían era preguntarse dónde estaba el resto de su escuadra. Al verlos en la barra, algunos se decidieron y los imitaron. A Nahia se le hacía raro no intercambiar saludos o hablar con ellos, pero tampoco los conocía de nada, ni a los humanos. De hecho, no recordaba haber visto a los dos chicos que estaban en las otras formaciones. Volvió a sentirse mal por no haberse fijado. Luego recordó lo mal que lo había pasado en la Escalada y no se culpó. Bastante había tenido con sobrevivir.
—¡Qué aspecto más sabroso tiene esta comida! —dijo Ivo, que llegaba con una bandeja de madera y un plato enorme de lo que parecía un asado de carne.
—Lo tiene y huele muy bien —asintió Nahia—. Veo que no se andan con escaseces.
—No, eso me ha sorprendido. He pedido ración doble y me la han dado. Es que los Tauruk, y también los Kapro, comemos mucho, como el doble que las otras razas.
—Vaya, eso no lo sabía, pero por tu aspecto físico no me extraña.
—Ahora te digo si está bueno —dijo y le dio un tremendo mordisco al asado al más puro estilo bestial, sujetándolo con las manos y usando su boca como arma despedazadora.
Nahia disimuló un gesto de asombro.
Taika llegó con otra buena ración de carne, pero menor que la de Ivo, y se sentó junto al Tauruk.
—¿Qué tal está? —preguntó.
—Buenísimo, voy a tener que ir a por más.
—Estupendo —asintió Taika y se puso a comer. Lo hizo con garras y fauces al estilo de un tigre, cosa que a Nahia le sorprendió, pero menos.
Dafne llegó con una ración menor y algunas verduras.
—¿Tienen verduras? —preguntó Nahia.
—Sí, lo que pasa es que estos dos han ido directos a por la carne —dijo Lily, que también tenía asado con algo de verduras en el plato.
—¿Que tal está tu pariente, Ivo? ¿No tienes remordimientos al comértelo? —preguntó Dafne.
Nahia no podía creer que Dafne hubiera hecho aquella gracia. Era muy inapropiada.
Ivo la miró con su rostro bestial.
—No es pariente mío y eso ha sido de muy mal gusto. Deberías recapacitar y buscar el motivo por el que necesitas decir comentarios como ese. Estoy seguro de que te haría bien.
La respuesta serena y meditada de Ivo dejó sin posibilidad de réplica a Dafne.
—La verdad es que, para ser tan guapa y delicada de apariencia, menuda boquita que tienes, maja —dijo Lily, que para sorpresa de Nahia utilizó tenedor y cuchillo para el asado y las verduras. La Escarlatum tenía manos similares a los de los humanos, solo que sus uñas eran más largas y fuertes, tipo las de un ave rapaz.
—Supongo que será por contrastar —se encogió de hombros Dafne.
—Delicioso, en efecto —comentó Taika volviendo al asado—. Es una pena que haya un plato único, pero imagino que será por todos a los que tienen que alimentar.
Nahia se levantó para ir a por una ración. Se fijó en que Dafne también usaba cuchillo y tenedor y lo hacía con delicadeza. Claramente tenía modales. Otra cosa era su carácter algo arisco. Las manos de la Fatum eran muy parecidas a las de un humano, casi idénticas.
Nahia se acercó hasta la barra y vio que los que estaban sirviendo la comida eran una veintena de Tergnomus, todos vestidos con túnicas blancas y una boina del mismo color. Se quedó sorprendida mirándolos. Uno de ellos la vio y se acercó rápidamente.
—Hoy tenemos asado de vaca vieja con verduras a la parrilla con ajo y cebolla. Plato único. ¿Necesitas cubiertos?
—Eh, sí, cubiertos, sí.
—¿Ración simple de ambas cosas?
—Sí, por favor.
—Al momento —dijo el Tergnomus.
Se fue tras una pared y tras un momento apareció con los dos platos en una bandeja que era casi tan grande como él. Se subió a un altillo tras la barra y se la ofreció a Nahia.
—Gracias.
—No es necesario darlas, es mi trabajo y profesión —replicó el Tergnomus y se volvió a atender a la siguiente persona.
—Este lugar es de lo más pintoresco… —comentó Nahia para sí.
—¿Verdad que sí? — dijo una voz conocida.
Nahia levantó la cabeza de su bandeja y se encontró con Maika.
—¡Maika! ¡Qué alegría!
—¡Lo mismo digo! —Maika agarró de los brazos a Nahia y los frotó de forma amistosa con cuidado de no provocar que se le cayeran los platos.
—Qué desgracia que no nos haya tocado en el mismo escuadrón —se apenó Nahia.
—Lo es. Estamos todos desperdigados, este sistema que utilizan aquí es para eso, para que no estemos juntos.
—Ya me he dado cuenta.
—¿Estás bien?
—Sí, bastante bien. El cuerpo me duele horrores del esfuerzo, pero contenta de estar con vida.
—Ya te dije que lo lograrías —sonrió Maika.
—Ojalá tuviera tu físico, mis posibilidades aumentarían mucho.
—Seguro que tienes otras cualidades que yo no tengo y que te ayudarán aquí.
—No estoy yo tan segura.
«Solo está permitido hablar en las mesas» les llegó a las dos de pronto. El mensaje mental las pilló desprevenidas. Maika echó la cabeza hacia delante y Nahia hacia atrás. Agarró con fuerza la bandeja como para mantener el equilibrio y consiguió que no se le cayeran los platos al suelo.
Las dos miraron a los dragones azules en el centro. Uno de ellos las miraba.
—Mejor lo dejamos —dijo Maika.
—Sí, mejor. Cuídate mucho. Y sobrevive.
—Tú también —asintió Maika y se fue a pedir a la barra.
Nahia regresó a su mesa y se sentó.
—¿Amiga tuya? —preguntó Lily mirando a Maika.
—Sí. Bueno… nos conocimos al llegar.
—Entiendo. Hay experiencias que unen, como la Escalada —dijo Lily sonriendo.
—Eso es.
—Buenísimo. Voy a por otra ración —afirmó Ivo y se puso en pie.
—No hables con nadie. Está prohibido hablar fuera de las mesas, me lo acaba de enviar uno de esos dragones —informó Nahia.
—Nuevas reglas, mira tú por dónde —dijo Dafne.
—No podía ser tan bonito —comentó Lily.
Ivo marchó en busca de su ración extra. Según iba hacia la barra se cruzó con Aiden, que llegaba vestido con los ropajes que le habían dejado en el cuarto. Ivo lo ignoró por completo y fue a pedir.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó Aiden según llegó a la mesa.
—¿No lo recuerdas? Qué curioso… —dijo Dafne con una sonrisa traviesa.
—Recuerdo que estábamos en intendencia…
—¿Y luego? —preguntó Taika con ojos entrecerrados.
—Luego… no sé lo que pasó.
—¿Recuerdas golpear el mostrador? —preguntó Nahia interesada. Era raro que no recordara lo que había pasado. Quizá fuera por el fuerte golpe recibido, eso lo explicaría, pero había sido en la nuca, no en la cabeza. No, el golpe no era. A Aiden le pasaba algo más.
—Sí… creo que sí.
—¿Nada más? —preguntó Taika.
—Pues… no… hasta que me he despertado en mi camastro. ¿Me habéis llevado vosotros?
—Sí, hemos sido nosotros —confirmó Taika.
—Porque te has desvanecido —informó Dafne con sonrisa astuta.
—¿Desvanecido? ¿Yo? No puede ser.
—Me temo que sí —confirmó de nuevo.
En ese momento llegó Ivo con otra ración de carne asada.
—Le estábamos contando a Aiden que se ha desmayado en intendencia —dijo Dafne y le guiñó un ojo.
—Oh, sí, desmayado. Quizá la excitación del momento —aventuró Ivo y se puso a comer.
—Es de lo más extraño. Qué vergüenza más grande… Espero que no me haya visto ningún señor dragón.
—Tranquilo por eso, nadie te ha visto —le aseguró Taika.
—Ve a comer algo, te hará bien —sugirió Nahia.
Aiden suspiró.
—Sí, quizá sea la falta de alimento. Iré a coger fuerzas. Esto no me puede volver a pasar. Qué desgracia…
Aiden marchó y el resto se miraron.
—¿No deberíamos decirle la verdad? —preguntó Nahia.
—¿A ese “cabeza de dragón”, “todo por mis amos”, “el primero de cabeza”? Claro que no. Ahora tenemos algo con lo que bajarle los humos —afirmó Dafne.
—Algo de razón tiene —convino Lily pensativa—. Será menos inaguantable y eso es de apreciar.
—Pero tiene derecho a saber…
—Así evitaremos una disputa —dijo Taika—. Si le decimos que Ivo le golpeó habrá pelea. No lo dejará pasar, los Drakónidos son muy orgullosos.
—Fue por su bien —opinó Nahia.
—Lo fue —asintió Ivo y siguió comiendo.
—Él no lo verá así. Es un Drakónido —Taika hizo un gesto con las manos.
—Entonces igual deberíamos decírselo, a ver qué pasa —sonrió Dafne.
—Eres terrible —le recriminó Lily.
—No se lo diremos y evitaremos una trifulca que puede terminar mal —afirmó Taika—. ¿Todos de acuerdo?
Nahia asintió y luego todos los demás. La última fue Dafne.
—Está bien, no se lo diremos. Qué aguafiestas sois… —se quejó la Fatum.
Aiden volvió con una ración doble de asado y se sentó a comer mientras los demás hablaban sobre el comedor, los Exarbor, los Tergnomus y los dragones en el centro. Cuando Aiden terminaba de comer llegó hasta ellos un rugido terrible.
—Nos llaman a clase —dedujo Taika.
De pronto se escucharon más rugidos, uno detrás de otro.
Nahia resopló. No sabía qué esperar de las clases, pero imaginaba que sería algo difícil, doloroso y seguramente mortal.