Capítulo 20 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El edificio de las Artes Arcanas era casi tan majestuoso como el castillo. Toda la fachada era de plata con runas de oro enormes y símbolos en el lenguaje de los dragones. Por lo intricado de aquellas runas y símbolos Nahia pensó que debían de estar escritas en el lenguaje de su magia y en el de los dragones. Como ambos le eran ininteligibles solo pudo admirarlos y encogerse de hombros.
Entraron en el gran edificio. Era de forma redonda, tenía tres alturas y cada piso formaba un círculo sobre el anterior. Nahia intuyó que sería uno para cada curso. En el centro descubrió un enorme jardín muy bien cuidado con árboles con hojas de oro y plata alrededor de otra de aquellas enormes fuentes que lanzaban agua a quince varas de altura. Nahia se preguntó si aquellos árboles serían de verdad o solo de adorno. Ella no conocía ninguna especie de árbol con hojas como aquellas. A modo de tejado, el gran edificio tenía una amplia azotea y sobre ella una esfera blanca enorme muy parecida a la perla blanca por la que habían accedido a aquel reino.
Encontrar el aula roja no les resultó difícil pues las puertas de entrada a las clases marcaban el curso y el color del escuadrón que debía acceder. Los de primero estaban en la planta baja y la suya era la tercera por la izquierda según se accedía al edificio.
En el interior del aula, que era de grandes dimensiones, se encontraron con un dragón plateado aguardando al fondo. Con él estaba un Exarbor que parecía tener mil años. Sus hojas estaban chamuscadas y pasadas y sus ramas caducas y resecas. En el lado de acceso, siguiendo la forma circular del edificio, había bancos corredizos a tres alturas diferentes.
—Sentaos… todos en… los asientos —indicó el Exarbor junto al dragón.
Las tres escuadras lo hicieron en el orden en el que habían llegado, con Nahia y los suyos en la tercera altura.
«Bienvenidos, alumnos. Este lugar es de aprendizaje y desarrollo personal. No es un entorno hostil, aquí dentro no debéis temer. Mi objetivo es enseñaros, no castigaros y mataros, para eso ya están otros» envió junto a un sentimiento de tranquilidad.
Nahia se sorprendió al percibirlo. Era la primera vez que recibía un sentimiento agradable proveniente de un mensaje. Se preguntó si sería sincero o si no era más que una treta para que se confiaran y hacerlos fracasar con mayor facilidad. Tendría que esperar para resolver esa duda. Otra cosa que la asombró sobremanera fue que aquel dragón era sin duda femenino. Tenía rasgos en la cabeza y la cara que así lo denotaban. Era difícil de explicar, pero era más bonita y fina que los demás dragones que habían visto hasta entonces. El mensaje también llegaba con un tono femenino, más sedoso, muy diferente a los que hasta ahora habían recibido.
«Me presentaré. Soy Mag-Zilar-Ond y seré vuestra instructora de magia de dragón básica durante todo el primer año. Mi labor consiste en enseñaros a utilizar la magia que hay dentro de vosotros para hacerlo de forma eficiente y rápida en un futuro no muy lejano, lo cual es muy importante, como ya descubriréis. Esta, mi clase, solo abarca esa disciplina. Pero hay más disciplinas mágicas que cursaréis. No os voy a robar la sorpresa y el suspense, así que no os adelantaré cuáles son, solo os diré que aprenderéis mucho y os convertiréis en magos de gran poder si sobrevivís a este primer año y a los dos posteriores. Pero vayamos paso a paso. Antes de pensar en ser grandes brujos y brujas que dominan la magia de dragones, hay que despertarla y aprender a usarla. Este es Mabor-Exarbor, lo podéis considerar mi ayudante».
—Un placer… conocer a la nueva remesa… de estudiantes de este año… del Escuadrón Rojo —saludó y se inclinó muy despacio en una reverencia.
Nahia miraba con disimulo al dragón plateado y le pareció bastante mayor. Sus ojos reptilianos parecían cansados y su tamaño y escamas eran más grandes incluso que las de Irakas-Gorri-Gaizt, por lo que debía de ser más viejo que el capitán. Aquella clase era el nivel inicial de magia de dragones, así que supuso que cualquier instructor podría impartirlo, sobre todo teniendo en cuenta que ellos no sabían nada sobre magia. Le pareció extraño que lo hiciera alguien mayor que tendría grandes conocimientos.
«El primer día de aprendizaje en esta clase es uno que ninguno de vosotros olvidará nunca. No lo digo para asustaros, no es esa mi intención, aunque alguno puede que se espante. Lo digo porque lo primero que vamos a hacer es despertar vuestro poder interior, vuestra magia, y eso es algo muy especial. Mabor, comencemos con el ritual, son tres escuadras completas y nos llevará tiempo».
Mabor se acercó a un ritmo muy lento al centro de la estancia, donde había un pedestal con un gran tomo abierto.
Nahia se puso nerviosa y miró a Lily, que abría mucho los ojos.
—Esto se pone peliagudo —susurró Dafne muy bajito.
Aiden le hizo un gesto para que guardara silencio.
—Está al otro lado de esta inmensa estancia, no puede oírnos —replicó Dafne convencida de que el dragón estaba demasiado lejos.
—No creo que nos oiga desde allí si hablamos muy bajito —asintió Taika, que calculaba la distancia con los ojos cerrados.
—A menos que los dragones tengan un oído muy desarrollado —comentó Lily.
—Pues solo nos faltaba eso. Como no son ya de por sí criaturas poderosísimas —se quejó Dafne.
—Los dragones tienen un oído y una vista normales, no son excepcionales —comentó Ivo.
—¿Cómo sabes tú eso? —preguntó Aiden sorprendido. La expresión de su cara delataba que él también lo sabía, por lo que parecía que era cierto.
—No solo los Drakónidos saben sobre sus señores —dijo Ivo tan tranquilo.
—¿A alguno de vosotros se os ha despertado el poder? —preguntó Dafne.
—¿Te refieres a que se haya manifestado la magia? A mí no —negó con la cabeza Lily.
Nahia también negó con la cabeza. Taika hizo lo mismo.
—Yo he intentado despertarla, pero no lo he conseguido —reconoció Aiden.
—Yo he preferido mantenerme en paz —comentó Ivo.
—Es decir, nada de nada —confirmó Dafne.
El Exarbor anotó algo en el tomo.
—Estoy preparado, mi señora —le dijo a la dragona.
«Muy bien, comencemos con el ritual. No sentiréis demasiado dolor, pero algo es inevitable. Como con todo en el mundo de la magia, siempre hay un precio que pagar. En este caso, un poco de sufrimiento. No os matará, tranquilos, lo soportaréis. El miedo, la angustia y los nervios… ya es cosa vuestra. Aquellos que los dominen, más fácilmente pasarán este pequeño y algo doloroso rito. Aquellos que no… bueno, sufrirán, pero no de mi hacer sino del suyo propio. La mente es poderosa y puede facilitar o complicar una experiencia hasta extremos insospechados. En eso nada puedo hacer».
—Todos tranquilos. Afrontemos esta prueba con serenidad y sin temores. Todo saldrá bien —dijo Ivo con su voz calmada.
—Ya, porque la naturaleza nos protegerá —replicó Dafne con tono de incredulidad.
—Eso mismo —Ivo hizo un gesto con sus manos.
Dafne puso los ojos en blanco.
Lily le cogió la mano a Nahia y le hizo un gesto de ánimo. Esta lo agradeció y sonrió.
«Que se adelante el primer alumno» pidió Mag-Zilar-Ond.
Mabor-Exarbor señaló con su mano de ramas al primero de la izquierda del grupo de abajo.
Era un Drakónido y se puso en pie muy rápido. Con paso decidido avanzó. Cuando estaba a la altura de Mabor, éste le preguntó su nombre. El Drakónido se lo dio y el Exarbor lo apuntó en el tomo.
«Acércate a mí» pidió la dragona de plata.
El Drakónido no mostró miedo ni duda alguna y avanzó hasta llegar ante ella, que estaba sentada sobre sus patas de atrás y se apoyaba en las de delante irguiendo la cabeza. El Drakónido se arrodilló como debía hacer ante un dragón.
«Levanta. Para este ritual te necesito de pie».
El Drakónido así lo hizo.
«Abre tus brazos y cierra tus ojos. Sentirás que algo en tu interior cobra vida. No te resistas, déjalo despertar».
El Drakónido asintió y abrió los brazos.
Mag-Zilar-Ond abrió la boca y de ella surgió un rayó plateado que alcanzó al Drakónido en el medio del pecho. La dragona mantuvo el rayo constante, como si quisiera atravesarlo. Él seguía con los brazos abiertos y ahora tenía la cabeza echada hacia atrás. Comenzó a emitir un gruñido, como si le doliera. La dragona siguió proyectando el rayo un largo rato. El Drakónido gruñía ahora más alto, como si le doliera más. Pese a eso, ella continuó con el ritual, el rayo no cejó. Tras otro largo rato el gruñido se tornó en puro sufrimiento. Ahora estaba padeciendo de verdad.
Nahia se temió lo peor. No sabía qué era aquel rayo plateado ni lo que le estaba haciendo a aquel infeliz, pero que sufría mucho estaba claro.
—Aguanta, como un auténtico Drakónido —animó Aiden por lo bajo.
—Eso tiene muy mal pinta —comentó Dafne.
—Sí, vamos a sufrir, y a mi sufrir se me da muy mal. Además, es muy malo para mi cutis —opinó Lily.
—Podremos con eso —comentó Taika e hizo un gesto de ánimo con el puño.
«No te resistas a tu poder interior. Deja que despierte» envió Mag-Zilar-Ond al Drakónido y extendió el mensaje a todos para que entendieran lo que estaba sucediendo.
El Drakónido soltó una especie de rugido y tras de lo que pareció una eternidad, de su torso surgió un destello plateado.
«Eso es. Muy bien, el poder ha despertado en ti». Mag-Zilar-Ond detuvo el rayo y el Drakónido cayó de rodillas frente a la dragona y bajó los brazos. Por un momento se quedó allí quieto, como sobrepasado por la experiencia.
«Levanta y regresa a tu sitio. Ahora tienes poder».
Se levantó con dificultad y regresó a su puesto tambaleándose. Su rostro mostraba sufrimiento. Todos pudieron apreciar que del centro de su pecho surgía una luz plateada, como si tuviera una estrella de ese color incrustada.
«Sigamos, que pase el siguiente. Este ritual debe proseguir hasta que todos hayáis pasado por él».
Nahia se dio cuenta de que aquello iba a ser largo y doloroso. Solo con el primero Mag-Zilar-Ond había tardado un buen rato.
No se equivocó, el ritual se prolongó todo el día. Uno por uno, todos fueron pasando y todos sufrieron. Cuando le tocó el turno a Nahia se levantó y caminó decidida. Aiden, Taika e Ivo ya habían pasado y aunque en sus rostros podía ver que habían sufrido, los tres habían soportado el ritual y los tres tenían ahora aquella estrella de plata brillando en mitad del pecho. Ella no quería ser menos que sus compañeros. Si ellos habían pasado el ritual, ella también lo pasaría, daba igual lo que le doliera.
Abrió los brazos y cerró los ojos ante Mag-Zilar-Ond. El rayo le alcanzó en el torso y de inmediato empezó a sentir un pinchazo de dolor que se fue incrementando poco a poco según pasaba el tiempo. Nahia no sentía que nada se despertara en su interior, solo un dolor agudo que iba creciendo. Lo que sí percibió fue que aquel rayo argénteo penetraba en su cuerpo y actuaba sobre algo. No era la carne, ni ningún órgano, sino algo diferente. Era como si estuviera irradiando poder a un pequeño huevo de escamas plateado en el interior de su torso. Esta imagen apareció en su mente, cosa que se le hizo muy rara. ¿Por qué veía como si en medio de su pecho tuviera un huevo con escamas plateadas? Debía de ser que el dolor que estaba sufriendo la hacía ver alucinaciones. Pero no, el dolor no era tan intenso y ella tenía los ojos cerrados. Aquello no era una alucinación, era su mente que intentaba racionalizar lo que le estaba sucediendo.
Mag-Zilar-Ond continuó enviando poder a su cuerpo por medio del rayo plateado y Nahia sintió que el dolor se agudizaba y el sufrimiento crecía. Apretó la mandíbula y se centró en el huevo plateado que veía en el interior de su pecho. Intuyó que, de ser un huevo, para que su magia despertara debía romperse. Era como si la dragona estuviera incubando aquel huevo por medio del rayo plateado. Nahia decidió intentar ayudar al proceso y que así el dolor cesara. Se concentró y deseó con todo su ser que el huevo se rompiera y que lo que fuera que hubiera dentro naciera. Como nada sucedía lo deseó todavía más en medio de un gran sufrimiento. No sabía si tendría efecto alguno, quizá no, pero aun así lo intentó.
Y entonces sucedió. La parte superior del huevo se rompió en mil pedazos y de su interior surgió un dragón del tamaño de la palma de su mano. Era muy brillante y desprendía una luz cegadora, irradiaba poder.
«Perfecto. El poder ha despertado en ti». Mag-Zilar-Ond detuvo el rayo.
Nahia abrió los ojos. Se miró el torso y vio que brillaba con una luz que procedía del interior, de aquel dragón que acaba de despertar. No sabía qué significaba ni el efecto que tendría en ella, pero se alegraba de que el dolor hubiera cesado por fin. Las consecuencias de aquel proceso las descubriría al día siguiente, porque en aquel momento se sentía agotada y apenas se mantenía en pie. Volvió a su sitio como pudo.
Las siguientes fueron Dafne y Lily. Ambas sufrieron el proceso y tardaron algo más que Nahia, por lo que su agonía fue mayor. Sin embargo, lo lograron y al sentarse las tres juntas se agarraron de las manos para animarse y consolarse.
Tuvieron que esperar a que todos pasaran por el ritual, lo que fue una tortura adicional, ya que estaban exhaustos y doloridos. Cuando por fin todos hubieron pasado, la dragona se dirigió a ellos.
«Estoy muy satisfecha. Todos habéis conseguido despertar el poder que lleváis dentro. No siempre sucede así. Hay quien no es capaz de despertarlo y debe ser… expulsado. Es una lástima, pero ocurre todos los años. Vosotros habéis tenido suerte en ese aspecto. Ahora marchad a descansar y reponeos. Hacedlo con la certeza de que la magia, el poder de la sangre de dragón, reside en vosotros» envió junto a un sentimiento de éxito.
El sentimiento positivo les extrañó, pero nadie dijo nada. Todos se encaminaron hacia el barracón exhaustos y doloridos. Nahia se sentía diferente y decidió consultarlo con sus compañeros aprovechando que Aiden no corría.
—¿Alguno se siente, no sé… diferente después de esto?
—Bueno, llevamos una estrella plateada que brilla como incrustada en el torso, así que un poco yo diría que sí —replicó Dafne, que se miró el destello que le surgía del interior atravesando los ropajes.
—Yo estoy agotada. No sé qué me han hecho en ese ritual, pero estoy cansadísima —expresó Lily y bostezó.
—Mi paz se ha visto quebrada por esta experiencia. Necesitaré meditar y centrarme para serenar mi ser —se pronunció Ivo.
—Creo que todos sentimos cansancio físico —comentó Aiden, estirándose.
—A mí como me deje marca esta estrellita se va a enterar esa dragona instructora de magia —dijo Lily enfadada.
—Creo que Nahia se refiere a si interiormente nos sentimos diferentes, ¿verdad? —preguntó Taika.
—Sí, eso es. ¿Os ha cambiado esto algo por dentro? Es que yo… siento como si un dragón brillante hubiera despertado en mi interior…
—Eso es lo que debemos sentir todos —respondió Aiden.
—¿Un dragón? —preguntó Dafne, sorprendida.
—Sí, eso es lo que yo he sentido. Un dragón que ha nacido de un huevo plateado en mi interior —explicó Nahia.
—Yo no he sido capaz de sentir más que una fuerte luz en mi interior —dijo Taika.
—¿Y tenemos todos que ver ese dragón? —preguntó Lily enarcando una ceja.
—Así debe ser —confirmó Aiden.
—¿Tú lo has visto? —preguntó Lily con tono de reto.
—Este seguro que lo ve, vive convencido de la maravilla que son los dragones, como para no sentir uno dentro —afirmó Dafne.
—Por supuesto que lo siento y que lo he percibido, como debe ser —afirmó Aiden.
Lily y Dafne pusieron cara de no estar sorprendidas lo más mínimo.
—Debemos pensar que todos lo manifestaremos y lo sentiremos en algún momento. Será parte de nuestro ser, será una experiencia nueva y maravillosa —expresó Ivo con tono místico en su voz profunda.
—Ya, como la que acabamos de pasar, dolorosa y nada trascendental —rebatió Dafne.
—Si tengo un dragón brillante dentro más vale que no me estropee la piel —expresó Lily.
—Debemos ser positivos. Todos deberíamos manifestar el poder y sentirlo y así lo haremos —aseguró Taika—. Ahora vayamos a descansar.
El grupo llegó a los barracones y nada más entrar en su habitación se metieron en sus catres. De lo exhaustos que estaban se quedaron dormidos casi de inmediato. Nahia tuvo sueños extraños donde un dragón brillante surgía de su cuerpo para tomar forma frente a ella, radiante y poderoso, pero en lugar de ser su enemigo, este era su defensor y amigo. Durmió y descansó como hacía días que no conseguía hacerlo.