Capítulo 21 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Las primeras luces de la mañana entraron por las ventanas del barracón antes de que el rugido matinal los despertara, de eso se encargó Aiden, que se puso en pie de un brinco.
—¡Despertad, comienza el día!
Ivo soltó un gruñido y se dio la vuelta en su catre para seguir durmiendo.
—El amanecer está con nosotros —murmuró Taika, que abría un ojo felino para observar la luz matinal.
—Un ratito más… —pidió Dafne y se tapó la cabeza con la sábana.
Nahia seguía tan cansada que no dijo nada. Tampoco se movió, permaneció quieta intentando recuperar algo más de sus exhaustas fuerzas.
—Mi piel necesita un poco más de descanso —pidió Lily.
Aiden se vistió a toda velocidad y recorrió toda la habitación para ver si sus compañeros se levantaban. Solo Taika se había incorporado y estaba terminando de vestirse.
—¡Despertad! ¡Hay que ir a formar! —gritó Aiden.
Ivo gruñó de nuevo y abrió un ojo.
—El despertar debe ser pacífico, como el sueño. Estos gritos matinales no son buenos para el alma.
—¡Levantad! ¡Nuestro líder aguarda! —los gritos de Aiden mostraban una clara incredulidad.
Nahia se incorporó de costado y volvió a sentirse muy dolorida y cansada. Necesitaba por lo menos otra semana de descanso y sueños largos y reparadores para recuperarse. Supo que no iba a tener ese lujo, así que intentó despejarse.
Dafne se levantó con los dedos índices tapándose los oídos.
—Ya es suficientemente malo tener que levantarse con la primera luz, no hace falta que vociferes como si estuviera ardiendo el barracón.
—¡Es que no os movéis! —argumentó Aiden, que gesticulaba fuera de sí.
Lily se levantó estirando los brazos y bostezando.
—Este alboroto perturba mi descanso. Si provocas que me salgan bolsas bajo los ojos te voy a arrancar esas escamas blancas tuyas y me voy a hacer un collar con ellas —amenazó a Aiden.
—¡Sois la peor escuadra que a uno le podría tocar! —vociferó él y alzó los brazos al aire furioso.
—Será mejor que os preparéis antes de que le de otro ataque —sugirió Taika, que ya estaba vestido y listo para salir.
Ivo comenzó a vestirse con bastante parsimonia. Sus movimientos eran amplios y lentos.
—Yo ya estoy —afirmó con la capa medio puesta.
Las chicas tardaron algo más. Nahia porque le dolía todo y cada movimiento que hacía le invitaba a soltar un grito, Dafne porque decidió cambiarse el peinado y llevar el pelo suelto y Lily porque, bueno, era Lily y prepararse le llevaba una eternidad.
—Vosotros tres no lleváis botas, nosotras sí —puso como excusa.
Taika sonrió.
—Ahora que lo mencionas, Aiden y yo tenemos garras por pies e Ivo pezuñas. ¿Tú qué tienes?
Lily puso cara exagerada de haber sido insultada.
—Por favor, nunca se pregunta a una dama cómo son sus pies. ¡Que descortés!
—Qué teatrera eres… Tiene pies parecidos a los de Nahia y a los míos, pero sus uñas son como garras de águila rojas. Las botas grandes le quedan bien por alguna razón —explicó Dafne con tono de estar enfurruñada.
—Dafne, qué mal despertar tienes… No se cuentan los secretos de una señorita y menos a un chico —regañó Lily.
—¿Os habéis dado cuenta de que ya no emitimos el destello de ayer? —preguntó Nahia mirándose el torso.
—Cierto, ya no brillamos. Qué curioso… —comentó Dafne.
—Yo lo prefiero así, me ponía nerviosa —confesó Lily.
—Espero que no signifique nada malo —deseó Nahia.
—Estoy seguro de que es lo normal —dijo Taika para tranquilizarla.
—Si ninguno brilla, debe ser el estado natural en que debemos estar. Lo extraño sería que unos brillaran y otros no —razonó Ivo rascándose la cabeza.
—¡Somos de los últimos, esto es una vergüenza! —gritó Aiden que tenía medio cuerpo fuera y veía a las otras escuadras salir por el pasillo.
—Ya vamos… —dijo Dafne.
—Creo que se me está arrugando la piel alrededor de mis preciosas orejitas rojas con tanto grito —opinó Lily mientras se las masajeaba.
Nahia dio un par de pasos y al ver que su cuerpo aguantaba medio bien, aunque le dolían músculos que ni sabía que tenía, decidió considerarlo una victoria. Los demás parecían haberse recuperado del primer día con rapidez, pero no era su caso. Decidió que debía aguantar la segunda jornada como fuera. Era mucho desear, pero salió del barracón con esa idea en la cabeza: sobrevivir un día más.
No tuvieron que pensar a dónde debían ir o qué debían hacer. Según salían se escucharon rugidos de llamada. De inmediato miraron hacia el estandarte de fuego de su escuadrón y vieron que su líder estaba junto a la gran llama, aguardando.
—¡Vamos, nuestro líder nos espera! —exclamó Aiden y echó a correr.
—Alguien debería decirle a nuestro dragoncillo cabeza de roca que se calme un poco —comentó Dafne siguiendo sus pasos, pero sin lanzarse a la carrera—. No por mucho correr se consiguen los mejores trofeos.
—Estoy de acuerdo contigo. Tanta prisa me revuelve el cabello —dijo Lily colocándoselo bien a un lado.
Nahia se fijó en el pelo negro azabache, largo y ondulado de la Escarlatum. Era precioso.
—Qué cabello más bonito tienes —dijo.
—¿Solo el cabello? Toda yo soy una obra de arte —dijo medio en serio medio en broma y rio con su seductora risa.
Dafne negó con la cabeza.
—Tú encima hínchale más el ego a esta, como si solita no se bastase.
Lily le hizo un gesto con la mano para que lo dejara y rio de nuevo. Nahia envidiaba no solo su cabello sino su espíritu. De entre todos, la Escarlatum era el ser que parecía tener más autoestima y mejor humor. Lo chocante era que la más bella era Dafne, pero su carácter hosco y gruñón parecía eclipsar lo radiante de su belleza física.
De pronto Nahia se percató de que no tenía frío, aunque el aire en el rostro lo sentía bien fresco. Se miró los ropajes escamados y tocó el interior de la capa de aquel material negro grueso. No sabía qué tipo de tela era aquella, pero protegía del frío por completo, cosa que la maravilló. Según se aceraban al estandarte también se dio cuenta de que le costaba menos respirar. Ya habían hablado del asunto y Taika les había asegurado que era debido a la altura en la que se encontraban, como Nahia ya sospechaba. Si les costaba menos respirar, debía ser porque se estaban acostumbrando a ella. Ese pensamiento la tranquilizó. Cuanto más tiempo pasaran allí arriba entre las nubes, más se aclimatarían y menos les costaría respirar.
Cruzaron la gran plaza de armas y según llegaban al estandarte se les juntaron las otras dos escuadras. Nahia notó que, al igual que en la suya, los que tiraban del grupo eran los Drakónidos. Se preguntó qué les habrían inculcado desde pequeños en su tierra para ser así. Nada bueno, eso seguro.
«Formad, escuadrón» envió Irakas-Gorri-Gaizt junto a un sentimiento de que era una orden inapelable.
Las tres escuadras rojas formaron en el orden establecido y se quedaron firmes y con la cabeza gacha ante su líder.
«Ahora iréis al desayuno y después a formación. Esta es una rutina que realizaréis todas las mañanas sin excepción a primera hora. De aquí en adelante no habrá más llamadas, os regiréis por el reloj solar. No lleguéis tarde o el castigo será ejemplar. ¡Romped formación y marchad!».
El desayuno fue rápido y no hablaron demasiado. Todos estaban pendientes de no llegar tarde. Uno debía vigilar el reloj solar. Taika propuso hacerlo por turnos, pero Aiden se negó. Él se encargaría de esa tarea porque no se fiaba del resto, eso lo dejó bien claro y se llevó varios comentarios poco afables de Dafne.
Llegaron a la Plaza de la Senda y rápidamente fueron en busca del Exarbor de peto rojo. Hoy tampoco eran de los primeros en llegar, lo que enojó a Aiden. La Escuadra Candente de su escuadrón ya partía hacia los edificios al norte.
—Escuadra Ígnea del Escuadrón Rojo —se presentó Aiden.
—Podríamos seguir a la Escuadra Candente —comentó Lily viéndolos marchar—. Tendremos la misma asignación.
—Eso es correcto… Escuadrón Rojo… Segundo día semana… Formación marcial básica… Edificio de Armas... Aula roja.
—¿Qué edificio es ese? —preguntó Aiden sin casi dejar terminar al Exarbor y con tono de que no podía con la lentitud de aquel ser.
—El edificio fortaleza al norte… detrás del de magia… Lo reconoceréis porque… en la fachada… tiene dibujados… un cuchillo… una lanza… una espada…. y un escudo de plata.
—No creo que sea difícil encontrarlo —sonrió Lily.
—¡Vamos, no lleguemos tarde! —urgió Aiden, que ya corría.
—Este va a llegar a la guerra antes de que empiece —comentó Dafne y se llevó la mano a la frente.
Llegaron al edificio y no había duda alguna de que era el Edificio de Armas. Parecía una gran fortaleza alargada sin muralla alrededor. Por su enorme longitud, que se expandía hacia los lados para luego formar un cuadrado con una plaza descubierta en su interior, allí podían formar hasta treinta escuadrones, si no más.
En la parte frontal y central, que parecían las principales, estaban dibujados en plata el cuchillo, la espada, la lanza y el escudo. Se apreciaban desde muy lejos. Nahia se preguntó por qué solo esas armas y no por ejemplo un arco.
—¡Vamos, que ya entran! —urgió Aidan al ver que otras escuadras también entraban en el interior.
—¿Ese no se da cuenta de que esas escuadras son de segundo y tercer año? —comentó Dafne, irritada.
—¿Cómo sabes que son de segundo y tercer año? —preguntó Ivo.
—Parecen mucho más maduros y curtidos que nosotros —opinó Lily, que los miraba con ojos entrecerrados.
—Eso también, pero sus capas son diferentes —comentó Dafne.
—¿Diferentes cómo? —preguntó Ivo, que no parecía apreciar la diferencia.
—Tienen un dragón diferente en la espalda y debajo el número dos y el número tres, si te fijas bien se aprecia —explicó Taika.
—Oh… cierto…
Nahia ya se había percatado. Le pareció curioso que llevasen todos los mismos colores que los de primero. Dedujo que los escuadrones se mantenían al pasar de año. Darse cuenta de aquello la desmoralizó un tanto ya que significaba que tendrían casi seguro el mismo líder. Serían el Escuadrón Rojo los tres años y servirían a Irakas-Gorri-Gaizt. Eso era mucho que tragar y asimilar.
Entraron en el gran edificio y vieron que las escuadras se dirigían a diferentes estancias. Buscaron la que les tocaba y no les resultó difícil encontrarla, ya que las aulas de primero estaban situadas cerca de la entrada. Solo tuvieron que buscar la asignada a su escuadrón. Una runa roja sobre el arco de la puerta doble de madera les dio a entender que aquella era el aula. La puerta estaba abierta, así que entraron. Las otras dos escuadras rojas estaban ya dentro.
Descubrieron que el aula era un espacio amplio sin mobiliario. Al fondo aguardaba un dragón macho negro de gran tamaño. Frente a él estaban un Felidae con forma de león, un Escarlatum y un Drakónido. Eran todos chicos de mayor edad que ellos. Vestían armaduras diferentes, más pesadas y sólidas, si bien también de escamas con detalles de oro y plata que refulgían a la luz. A la cintura los tres portaban espadas largas, parecían auténticos guerreros. El león tenía escamas blancas en una mejilla, el Escarlatum marrones sobre nariz y cejas, mientras que el Drakónido las tenía rojas y en diagonal en el lado izquierdo de su rostro.
Todos se situaron formando frente al dragón y los guerreros. Se arrodillaron sentándose sobre los talones e inclinaron el cuerpo sobre las rodillas hacia delante, mostrando respeto, como debían hacer.
«Bienvenido, Escuadrón Rojo, a la formación marcial básica. Soy Mai-Beltz-Gaiz y seré vuestro maestro. Un Brujo de Dragón debe ser capaz de dominar la magia y las armas. Yo os enseñaré la parte inicial de la senda de las armas que debéis seguir y dominar».
Nahia observaba al gran dragón negro y le pareció realmente espeluznante. Todo en él era negro, aunque de diferentes tonalidades. Las escamas brillaban mientras que su cuerpo y cresta, que le bajaba por la espalda, eran opacos y no reflejaban la luz.
«Conmigo están tres guerreros expertos que ejercerán de formadores. La experiencia ha demostrado que en el arte de las armas las razas inferiores aprenden mejor si pueden emular a un maestro de una raza similar. Por este motivo están aquí. Los dragones no necesitamos de armamento auxiliar, nos bastan nuestras garras y fauces. No es vuestro caso. Para vosotros las armas son una ventaja aunque algunas de las razas tengan garras y fauces que pueden usar. Formadores, tomad la palabra».
Los tres formadores dieron un paso adelante.
—¡Todos en pie! —ordenó el león.
—¡Formad como escuadra! —ordenó el Escarlatum.
—¡Mantened la cabeza gacha ante vuestro señor y maestro en armas, Mai-Beltz-Gaiz, —ordenó el Drakónido.
Al instante todos se pusieron de pie y formaron erguidos, pero con la cabeza bajada.
«Estoy seguro de que todos estáis pensando qué arma os va a tocar y cómo manejarla. Miráis a las espadas que los formadores llevan a la cintura y pensáis que en nada vosotros también las llevaréis. Eso es del todo erróneo. Para poder manejar un arma con propiedad, primero hay que preparar el cuerpo y aprender a luchar sin ella. Eso es lo que aprenderéis en esta clase».
El Felidae se situó frente a la escuadra de Nahia y sus compañeros, el Escarlatum frente a la Escuadra Ardiente y el Drakónido frente a la Escuadra Candente.
«Comenzaremos la lección con un ejercicio sencillo. Cada uno de vosotros intentará derribar con sus manos y fuerza física al maestro».
Nahia miró a Lily y Dafne con ojos de temor. Ella no iba a poder derribar a un león tan fuerte y curtido como aquel ni en mil años. Lily la miró y puso cara de que ella tampoco iba a poder. Dafne no dijo nada, pero resopló. Sonó a que sentía lo mismo que sus compañeras.
—Adelante —hizo una seña el Felidae a Nahia.
Ella maldijo la mala suerte que la había puesto en primer lugar. Si siempre le iba a tocar ser la primera iba a sufrir mucho. No iba a poder ver cómo lo hacían los demás y aprender algo antes de sufrir la humillación que tocara en cada momento.
Se adelantó y observó al león ante ella. Era fuerte y de aspecto fiero. Solo de pensarlo le tembló una rodilla.
—Sitúa tus brazos sobre mis hombros —ordenó.
Nahia así lo hizo.
El Felidae echó una pata hacia atrás.
—Ahora echa una pierna hacia delante algo flexionada.
Ya empezaba a ver lo que pretendía el león. Nahia hizo como le indicaba.
—Ahora empuja con todas tus fuerzas. Debes moverme de mi posición.
A Nahia se le escapó un suspiro. Respiró por la nariz y empujó con todas sus pocas fuerzas. No sucedió nada. El león debía pesar al menos tres veces lo que pesaba Nahia. Era imposible que ella lo pudiera mover. Además, estaba en algún tipo de posición defensiva que lo impedía.
—Sigue empujando, esfuérzate —pidió el instructor con tono duro.
Nahia apretó los dientes e intentó con todo su ser moverlo. Mientras se esforzaba, los otros dos humanos, dos chicos fuertes, intentaban mover a sus instructores con la misma suerte que ella.
—Más fuerte —ordenó el instructor y Nahia, que ya estaba quedándose sin fuerzas, hizo un último intento y lo dio todo. El león no se movió ni un ápice de donde estaba clavado al suelo.
Nahia resopló y se quedó sin energías.
—Muy bien, es mi turno. Imita mi postura.
Nahia miró a los ojos felinos del león buscando el tono de broma. La mirada dura y decidida le indicó que lo estaba diciendo en serio. No se atrevió a protestar o a decir nada e hizo lo que le pedía el instructor.
Sin mediar palabra, el Felidae impelió a Nahia con un empujón seco de las palmas de sus garras. La chica salió volando hacia una de las paredes. No la golpeó por muy poco, o más bien, porque el instructor había calculado su fuerza para que no lo hiciera. Nahia se quedó tendida con un buen golpe en las posaderas.
Un momento después los dos chicos humanos volaban como ella con el mismo resultado.
Hubo unos murmullos de protesta.
«¡Silencio! Prestad atención. Sois débiles de cuerpo y mente. Esta prueba solo lo pone de manifiesto. Esforzaos, los débiles no sobrevivirán» envió el dragón negro y todos guardaron silencio al instante.
—Siguiente —pidió el Felidae.
Dafne dejó salir un resoplido y fue a realizar el ejercicio mientras Nahia se levantaba dolorida y volvía a su lugar en la formación.
La Fatum lo intentó con todo su ser y parte de su carácter, que tenía mucho, pero no consiguió nada. Terminó en el mismo sitio donde Nahia había caído con el trasero dolorido. No le hizo nada de gracia.
Lily era más fuerte que Nahia y Dafne, pero tampoco pudo mover ni un ápice al león, que la lanzó igual que a sus compañeras.
Les tocó a los chicos. El primero fue Aiden, que afrontó convencido la prueba. Empujó con todo lo que tenía con la esperanza de que su poderío físico pudiera mover al instructor. Lo intentó de verdad, con todo su músculo y espíritu, sabiéndose uno de los elegidos de sus amos, uno que era fuerte y poderoso, más que las otras razas. No lo consiguió. No solo eso, el león lo envió volando como a las chicas y terminó en el suelo en el mismo lugar que ellas. Nahia se percató de que aquel instructor no solo era fuerte, sino que controlaba su fuerza física con precisión.
Ivo fue el siguiente. Sus compañeros le desearon suerte por lo bajo, si alguien podía vencer a aquel instructor, ese era Ivo. Por otro lado, no era el típico Tauruk-Kapro, por lo que su escuadra no sabía muy bien qué esperar de él. Era el más fuerte de todos, de eso no había duda, pero que fuera a vencer al instructor era algo diferente porque Ivo no empleaba nunca su fuerza bruta, al contrario que los de su raza.
Adoptó una posición bastante más retrasada que los otros dos Tauruk-Kapro porque se había acercado con paso mucho más lento y pausado. De hecho, parecía que iba meditando hacia la prueba, lo cual era un tanto desconcertante. Todos esperaban que Ivo pudiera, al menos, hacer algo de mella en el instructor, al que sacaba una cabeza de altura y un hombro de anchura.
El instructor miró a Ivo a los ojos y Nahia se dio cuenta de que no había duda en ellos. Aquel Felidae tenía la total certeza de que el gran Ivo no iba a poder moverlo y esto la descorazonó. Si Ivo no podía, no había esperanza para ninguno. Y como si hubiera tenido una premonición, eso fue lo que sucedió. Ivo lo intentó con toda su bestialidad, que la sacó. No se contuvo, se comportó como los otros dos Tauruk-Kapro. Uno era un Kapro, con grandes cuernos de carnero, llamado Cordelius y la otra era una Tauruk, no tan grande como Ivo, pero con bastante peor humor, a la que se conocía como Valka.
Los tres pusieron a prueba a sus instructores y empujaron con la fuerza de seres nacidos para llevarse por delante a quien fuera con sus enormes y potentes cuerpos. Sin embargo, y para sorpresa de todos, ninguno consiguió mover a su instructor. No solo eso, lo que fue peor y los dejó en total ridículo fue que los tres instructores los enviaron volando de espaldas al mismo punto al que habían enviado a todos, como si no pesaran nada, como si no fuera un esfuerzo para ellos.
Nahia suspiró profundamente mientras veía a Ivo levantarse magullado y algo dolido por la derrota, aunque lo disimulaba. Le tocó el turno a Taika y los miró con ojos de quien sabe lo que va a suceder y es inevitable. Y así fue. Si Ivo no había podido, y era el más fuerte de todos, Taika tampoco. Terminó como el resto y tras levantarse con agilidad, volvió a la formación.
«Espero que hayáis aprendido la lección. La fuerza bruta no lo consigue todo. Trabajaréis hasta que seáis capaces de mover a vuestros instructores, hasta que seáis capaces de lanzarlos de espaldas como lo han hecho ellos. Los instructores os enseñarán ahora una pose defensiva básica y una serie de ejercicios y movimientos para mejorar vuestro equilibrio, agilidad y fuerza corporal. Os aconsejo que os apliquéis, y mucho, porque lo que habéis evidenciado hoy aquí es lamentable».
Nahia miró a sus compañeros y estos le devolvieron miradas de no saber muy bien qué esperar. El instructor les mostró la postura defensiva que estaba empleando y luego varias combinaciones de movimientos de pies y brazos de índole defensiva, todas sin armas. Las tres escuadras practicaron los movimientos el resto del día hasta que los instructores dieron la clase por finalizada.
Nahia se retiró con su escuadra hacia el comedor para cenar. Iba pensando en caer rendida sobre su catre y se dio cuenta de que cada músculo de sus brazos, piernas y abdomen le dolía del esfuerzo. Lo peor de todo era que solo habían realizado movimientos, nada más. Que el cuerpo le doliera tanto le pareció un síntoma de que la cosa se pondría mucho peor y el dolor se multiplicaría hasta puntos insospechados.