Capítulo 23 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Fueron al edificio posterior y nada más verlo intuyeron que era especial. Tenía forma de gran esfera blanca con tonos plateados y brillaba a la luz del sol. Ni siquiera parecía un edificio, era más como un gran monumento, una réplica más grande de la perla por la que habían llegado hasta aquel reino en los cielos. Quizá por ello les había pasado desapercibido. Tuvieron que buscar la entrada, pues no se apreciaba a primera vista. Resultó que la puerta estaba abierta, pero no la veían. Al ser el edificio en forma de esfera y la sala de entrada del mismo color que la cara exterior, la puerta desaparecía y daba la impresión de ser solo pared.
—El efecto óptico es increíble —dijo Nahia frente a la puerta extendiendo el brazo y moviendo la mano hacia el interior para asegurarse de que no había pared y sí una puerta.
—Muy bien pensado y elaborado —convino Taika, que observaba con ojos entrecerrados.
—Yo me veo reflejada en la esfera, aunque distorsiona mi cuerpo —comentó Lily haciendo poses hacia la pared brillante.
—No tenemos tiempo para esto, hay que entrar a estudiar —dijo Aiden y sin esperar a nadie entró en el edificio.
—Pues ya nos ha fastidiado la ilusión óptica el cabeza de piedra este —comentó Dafne con un gesto de incredulidad.
—Esta forma tan esférica y este color tirando a plateado no me resultan muy tranquilizadores —comentó Ivo.
—Bueno, quizá sea porque se parece bastante al portal que nos trajo hasta aquí —dijo Dafne.
—Muy cierto —convino Taika—. Puede que esté relacionado. No sé si os habéis fijado, pero en el mundo de los dragones las esferas parecen importantes.
—Yo no me había dado cuenta, pero te creo —afirmó Lily.
—Yo sí lo he notado —expresó Nahia.
—Eso es porque eres… singular —dijo Dafne e hizo como que le lanzaba el mensaje mental de su cabeza a la de Nahia.
Lily rio.
—Yo no quiero ser singular… Ha dicho que las cosas serán más difíciles para mí… —expresó ella decaída.
—No adelantemos acontecimientos —dijo Taika—. De momento sabemos que eres muy afín a la magia. Eso es una ventaja, algo positivo.
—Cierto, no es algo negativo, tranquila —tranquilizó Lily y le puso el brazo sobre los hombros—. Además, ahora eres la más famosilla del Escuadrón Rojo.
—Eso seguro —asintió Dafne.
—Pues preferiría no serlo.
—Será mejor que entremos antes de que llamemos la atención de algún dragón —dijo Taika mirando hacia una de las atalayas, donde un dragón blanco hacia guardia.
—Sí, será lo más prudente —se unió Ivo siguiendo la mirada de Taika.
Entraron en la biblioteca y Nahia se quedó helada. El lugar era increíble. Tenía seis pisos redondos con barandillas de cristal que daban a un patio circular. En medio había una gran columna de plata con lo que parecía un libro enorme de tapas de oro. Alrededor del monumento había mostradores donde una veintena de Exarbor parecían estar muy ocupados con grandes tomos abiertos que parecían consultar.
—Vaya, esto sí que no me lo esperaba —afirmó Lily con grandes ojos que observaban aquel lugar increíble.
—En los pisos de arriba se ven mesas y grandes estanterías con libros. No sabía que los dragones leyeran, o que apreciaran los libros —comentó Dafne con el entrecejo arrugado.
—Hay mucho que desconocemos sobre ellos —afirmó Ivo.
—De hecho, sabemos muy poco de su mundo —puntualizó Taika.
Aiden se dirigió hacia el grupo.
—Lo he preguntado. Tenemos que ir a la primera planta. Allí nos darán los libros y podremos coger una mesa de ese nivel para estudiar. No podemos ir a los otros niveles.
—¿Por qué no? —preguntó Dafne con mirada de sospecha.
—Porque no —respondió Aiden a malas.
—Es decir, que no lo sabes —replicó ella.
—No se pregunta cuando te dicen lo que debes o no debes hacer —Aiden sacó pecho.
—Querrás decir que los obtusos como tú no preguntan. Los que tenemos algo de mollera, preguntamos —respondió Dafne.
—Tú sigue así y verás dónde terminas —dijo Aiden señalándola con su garra.
Dafne puso mala cara y lo ignoró.
—Ese enorme libro dorado en esa especie de monumento no será… —comenzó a decir Lily.
—Es la Senda de los Dragones —confirmó Aiden—. ¿Podéis creer que está ahí mismo? ¡Es increíble! —expresó muy excitado.
—¿Te lo han dicho los Exarbor? —preguntó Ivo.
—Sí, es una maravilla.
—Tamaño dragón es… —asintió Lily.
—¿No has pedido leerlo? —preguntó Dafne con tono de ironía.
Aiden se puso muy tieso.
—Está en la lengua antigua de los dragones, pero hay copias en la lengua unificada de Kraido en todos los niveles y podemos consultarlas. ¡Es maravilloso! —Aiden estaba contentísimo.
—Sí, maravillosísimo —dijo Lily con guasa.
—Recordadme que no me vaya sin leerlo, que con mi memoria se me olvidará —pidió Dafne con un tono lleno de sarcasmo.
—Vayamos al primer nivel y que nos den los tomos de estudio —sugirió Taika—. Así veremos mejor este lugar tan especial.
Subieron por unas escaleras de caracol hasta el primer nivel. Contra la superficie esférica de la pared había estanterías llenas de libros. Frente a ellas estaban dispuestas mesas de estudio y unas columnas cuadradas que parecían sostener el piso superior. En las columnas había lo que parecían escritos enmarcados. Se acercaron a ver el más cercano.
—“Nada hay que sea más despreciable que la debilidad” —leyó Lily.
—Mira, esa nos la conocemos —afirmó Dafne con mucha ironía.
—Esta también: “El Brujo Dragón dominará la magia y las armas por igual” —leyó Ivo del otro lado de la columna, donde había otro escrito enmarcado.
—Son extractos de La Senda de los Dragones —dedujo Taika.
—Pues mira qué bien, así no tendré que leérmela —afirmó Dafne con tono festivo.
—¡Por supuesto que la leerás! ¡Todos debemos leerla! —Aiden estaba fuera de sí.
—Shhh… —llegó la advertencia de un Exarbor que estaba en una mesa no muy lejos y tenía el dedo índice en sus labios de corteza.
Aiden se contuvo y, negando con la cabeza, se acercó al Exarbor.
—Necesitamos el tomo Magia de Dragón Básica.
—¿Escuadra… y Escuadrón…?
—Somos la Escuadra Ígnea del Escuadrón Rojo.
—Muy bien… seguidme…
El grupo siguió al Exarbor, que andaba a un ritmo tan lento como hablaba.
—Está prohibido… hacer ruido.
—Entendido —asintió Aiden.
—Y traer… comida…
—De acuerdo.
—Y… sacar libros…
—¿No podemos llevarnos los libros para estudiar? —preguntó Lily sorprendida.
El Exarbor se detuvo y se giró.
—Se estudia… solo aquí…
—Oh, bueno, yo prefería estudiar en el barracón…
—No… solo aquí… —dijo negando con el dedo índice, que parecía una rama y del que le salía una hoja.
—Cumpliremos con todas las normas, por supuesto —aseguró Aiden.
—Por supuesto —repitió Dafne imitando la voz de Aiden y haciendo una mueca.
Este le lanzó una mirada de odio.
El Exarbor se volvió muy despacio y continuó. Al cabo de un momento llegaron hasta una estantería grande.
—Aquí tenéis los tomos… Recordad lo dicho…
—Lo recordaremos, no causaremos ningún problema —aseguró Aiden.
El Exarbor se inclinó un poco a modo de saludo y marchó.
—Tomad —dijo Aiden y a cada uno le dio una copia del tomo.
—¿Y ahora? —preguntó Dafne.
—Ahora a estudiar —canturreó Lily con tono alegre.
—Busquemos mesa —dijo Taika observando las que tenían cerca. Había personas de otras escuadras estudiando.
De pronto Nahia vio a alguien al que reconoció y una alegría enorme le llenó el corazón.
—¡Maika! —saludó levantando la mano.
—¡Nahia! —correspondió ella al verla. Estaba sentada en una de las mesas con un tomo.
Nahia corrió a su lado y la abrazó con fuerza.
—¡Qué alegría verte!
—Lo mismo digo —rio Maika.
—Shhh… no se hace ruido… —riñó un Exarbor cercano que colocaba un tomo en su sitio en otra gran estantería.
Las dos lo miraron y asintieron.
—Siéntate conmigo y hacemos como que estudiamos —dijo Maika.
—De acuerdo —Nahia cogió una silla y se sentó junto a ella en la mesa.
—Cuéntame, ¿qué tal todo? ¿Cómo te las estás arreglando? —preguntó Maika.
—Sigo viva, ya es mucho —respondió ella con una medio sonrisa.
—Muy cierto, yo también.
—No tenía duda de que tú te adaptarías y sobrevivirías. Eres dura —reconoció Nahia y le puso la mano en el brazo.
—De momento me arreglo, pero en este sitio nunca se sabe…
—¿Qué tal tu escuadra?
—Escuadra Granito del Escuadrón Marrón. Somos duros —sonrió Maika.
—¿Te arreglas bien con tus compañeros?
—Bueno, digamos que no es ideal, pero nos las arreglamos. La Drakónida es insoportable con su lealtad desmedida a los dragones. No la aguanto.
—Ya, como el nuestro entonces.
—El Kapro que tenemos es un bruto tremendo. Arremete contra todo a la más mínima.
—Nuestro Tauruk es un tanto singular…
—¿No es un bestia?
—Pues no… es bastante tranquilo…
—Eso sí que es raro.
—Ya, eso me dicen.
—¿Qué tal el Felidae? Yo tengo una leona que es bastante noble, aunque fiera.
—Yo un tigre muy listo, siempre está pensando y razonando.
—Mi Fatum es un chico guapo y encantador. Es con quien mejor me llevo.
—El mío es chica y guapísima, pero tiene un carácter un poco agrio, aunque me cae bien.
—¿Y el Escarlatum?
—Oh, la mía es un encanto, me gusta. Nos llevamos muy bien.
—El mío es un chico vanidoso y muy guapo, y no parece de fiar —guiñó un ojo Maika.
—Menudo repaso les hemos dado, como nos oigan… —Nahia sacudió la mano y miró alrededor esperando que ninguno de sus compañeros la hubiera oído. Por suerte estaban bastante lejos en otra mesa.
—Y que lo digas.
—¿Qué sabes de Ana y Logan? —preguntó Nahia interesada por su bienestar.
—Con Logan solo he podido hablar un momento. Ya sabes cómo es de reservado, así que apenas me contó nada. Me dijo que estaba bien y que no me preocupara por él sino por mí misma.
—Ya, eso es muy de Logan —asintió Nahia recordando cómo era y cómo se comportaba.
—Ana lo está pasando mal.
—¿Sí?
Maika asintió.
—La he visto un par de veces… No lo está llevando nada bien. Una chica de su escuadrón, la Fatum, ha muerto. No me contó cómo ha pasado, pero parece que le ha afectado mucho.
—Oh, eso es terrible. Este lugar… —Nahia sacudió la cabeza.
—Ya sabes que no es de espíritu fuerte y me da la impresión de que esta experiencia está pudiendo con ella.
—Ya… pero físicamente podrá arreglárselas, mejor que yo al menos.
—Quizá, pero si te falta el espíritu, el cuerpo no te va a llevar muy lejos —Maika suspiró y en sus ojos Nahia vio que estaba preocupada.
—A ver si la consigo ver y le doy ánimos —deseó Nahia.
—Tampoco es que podamos hacer mucho más.
—Intentemos ayudarla, tenemos que hacerlo —afirmó Nahia convencida y le apretó el brazo a Maika.
—Eso haremos —asintió la chica y sonrió.
—Si ves a Logan cuéntaselo también. A ver si entre los tres podemos animarla.
—Tienes buen corazón —dijo Maika y le dio un abrazo.
—Igual que el tuyo —respondió Nahia, que agradeció mucho el abrazo y el contacto humano.
—El mío es algo más frío —rio Maika.
Por un largo rato las dos conversaron entre susurros para no ser amonestadas por los Exarbor de la biblioteca. Disfrutaron de la compañía mutua. Nahia estaba encantada de haber podido por fin hablar con Maika y compartir experiencias y sensaciones. La vida en la academia era dura, estricta y peligrosa, y tener una amiga con la que hablar de todo era un lujo y le hizo un bien enorme a su alma y a su cabeza. Sin embargo, tras despedirse para ir a cenar se quedó triste pensando en la pobre Ana y si estaría bien. Tendría que estar más atenta a ver si conseguía verla y hablar con ella.