Capítulo 29 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Nahia se puso de pie a toda velocidad y, dejando un paso de distancia, echó un vistazo por la mirilla. El corazón le latía deprisa por el susto que se había llevado. El prisionero la observó a través de la mirilla. Aguardó sin acercarse, como quien sabe que corre peligro de sufrir un castigo.
El extraño la miró con ojos humanos tras una máscara de oro viejo que representaba la cabeza de un dragón. En realidad, no era una simple máscara, parecía un yelmo, pues le cubría toda la cabeza.
—Perdón… no quería molestar… —dijo Nahia extendiendo su mano en actitud pacífica desde el exterior.
El prisionero la miró inclinando la cabeza. El yelmo de dragón le hacía parecer un Drakónido, lo que le producía una sensación de inquietud profunda. Si un Drakónido tenía aspecto amenazante por sí mismo, aquel era algo extraño.
De detrás de la máscara surgió un sonido que Nahia identificó como la voz del prisionero. Había realizado una pregunta, dedujo, ya que terminó con una entonación descendente, pero no pudo entender ni una sola palabra.
—No te entiendo…
De nuevo una frase surgió de la máscara de dragón, una que Nahia no pudo comprender. A esta siguió otra y una tercera. El prisionero hablaba, pero ella no entendía ni una palabra de lo que decía.
—Lo siento… no te entiendo. ¿No hablas el idioma unificado de Kraido?
El prisionero señaló a Nahia con su dedo índice. Luego se llevó la mano a la boca de la máscara e hizo como que hablaba. Por último, se encogió de hombros.
Definitivamente no la entendía y ella a él tampoco. Nahia repitió los signos que el extraño le había hecho para hacerle entender que ella tampoco entendía nada.
El prisionero asintió y se puso de cuclillas. Se señaló el torso con su dedo índice y luego señaló a Nahia con el mismo dedo índice.
Nahia se quedó pensativa. ¿Qué le estaba queriendo decir? Mientras lo intentaba entender, el prisionero lo repitió.
—Me dices que tú eres como yo, ¿verdad?
El prisionero inclinó la cabeza.
—Yo, como tú —dijo Nahia y se señaló a ella con el dedo índice y después a él.
El extraño asintió.
Nahia se alegró de haberse podido comunicar, aunque fuera tan poco. Se acercó más a la abertura para intentar verlo mejor. Imaginaba que el extraño era un chico por su fisonomía, pero se lo preguntó. Se señaló a sí misma, a su cabello largo, a sus pechos y luego señaló al prisionero.
El extraño negó con la cabeza, hizo que la máscara girara de un lado a otro y pudo comprobar que parecía una única pieza con un cierre en la parte de la nuca. Le pareció horrible. Además, parecía ser sólida, pesada. ¿Por qué se la habrían puesto? Le señaló la máscara y luego abrió manos y brazos en gesto de intriga.
El prisionero la miró. Entendía la pregunta, eso lo notó en sus ojos. El problema era cómo transmitir la respuesta. Le hizo un gesto con la mano a Nahia para que esperara mientras pensaba cómo explicárselo.
—No deberías hablar con ese prisionero —dijo una voz a su espalda.
Nahia dio un brinco enorme del susto. Se volvió y vio a Ufrem, que limpiaba el suelo con una fregona y un cubo de madera algo más adelantado.
—Qué susto me has dado…
Ufrem dejó de limpiar y la miró.
—Este lugar asusta a cualquiera. Hacer cosas que no deberías, también.
—¿Está prohibido hablar con los prisioneros? —preguntó, se imaginaba la respuesta, pero se hizo la tonta.
—Lo está. No se puede hablar con ningún prisionero de las mazmorras.
—Bien, lo recordaré…
—Además, ese en concreto es…especial.
—¿Este? ¿Por qué?
—Tú estás aquí para limpiar, no para hacer preguntas.
—Perdón… Es la situación. Y este lugar me pone un poco nerviosa.
—Y habladora —dijo Ufrem con ironía en el tono.
—Sí, bueno, los nervios a algunos nos hacen parlotear.
—Lo veo, sí. Cosa de humanos, supongo.
—Sí, somos un poco curiosos y habladores.
—Los Fatum lo son más. Te diré para calmar tu curiosidad que ese prisionero es peligroso.
—¿Él? Si es un humano, ¿no?
Ufrem se acercó, mantuvo la distancia y observó al prisionero.
—Sí, es humano y chico, y también peligroso. No debes hablar con él.
—Oh, no lo haré.
—Más te vale. El castigo por hacerlo será ejemplar. Aquí abajo no se andan con tonterías —dijo Ufrem y cerró la mirilla con un movimiento rápido.
Nahia se sintió extraña al desaparecer el prisionero, como si debiera seguir conversando con él.
—Siento haber mirado dentro —se disculpó Nahia.
—La curiosidad mató al Felidae, que no te ocurra a ti, humana.
Nahia recogió su cepillo y fregona y continuó limpiando el tramo que le quedaba. Ufrem abrió la siguiente sección y siguieron con sus tareas.
En la última se volvieron a cruzar con un Serpetuss. Nahia se quedó quieta, como petrificada y mostrando la pulsera. Lo último que quería era llamar la atención de aquellos seres tan repelentes y mortíferos. Estaba segura de que si la mordía moriría envenenada y no llevaba ningún antídoto contra venenos con ella.
Finalizaron el turno de limpieza y Ufrem la acompañó hasta la entrada.
—Deja la pulsera de plata aquí, no se permite sacarla de las mazmorras.
—Oh, de acuerdo.
—Te espero mañana a la misma hora.
—Aquí estaré.
Ufrem asintió y marchó.
Nahia salió de las mazmorras y pasando entre los dos dragones negros se dirigió a los barracones. Miró la luna. Era de madrugada, así que el turno de limpieza había sido largo. No había podido ir a cenar y encima ahora tenía muy pocas horas para dormir y poder reponerse. Resopló. Al día siguiente tendría mucho sueño y estaría cansada, lo que no la ayudaría con las clases. Ya preveía que iba a pasar un mes agotador.
—Este castigo va a ser un verdadero tormento —masculló mientras se alejaba de las mazmorras.
Los siguientes días fue a limpiar después de las clases. La verdad era que le deprimía ir a aquel lugar tan lúgubre. Estaba cansada y, aunque limpiar no se le hacía muy duro, le restaba parte de la poca energía que le quedaba después de las clases.
Además tenía mucha curiosidad. Aquel prisionero con máscara de dragón la intrigaba mucho. No sabía por qué y era consciente de que no debía arriesgarse a comunicarse con él porque podría meterse en un buen lío, pero no podía evitarlo. Era un misterio que deseaba resolver, algo en su interior y algo del exterior le empujaban a descifrar aquello. Decidió confiar sus pensamientos a sus compañeros de escuadra una mañana mientras se preparaban.
—Ya tienes bastantes problemas, delgaducha, no te busques más —advirtió Aiden.
A Nahia aquello no le sorprendió. Aiden solo vivía para hacer lo que era correcto para los dragones.
—¿Dices que es un prisionero humano importante? —preguntó Taika con su voz suave y rasposa y con tono enigmático.
—Eso creo.
—Importante para los dragones, asumo… —preguntó Dafne.
Nahia asintió.
—Lo tienen en una mazmorra y le han puesto una máscara de oro con forma de cabeza de dragón que le cubre toda la cabeza, como un yelmo —explicó Nahia.
—Qué extraño… ¿Para qué hacer eso si ya lo tienen en una mazmorra? —preguntó Ivo.
—Eso mismo me pregunto yo —dijo ella encogiéndose de hombros.
—Será monstruosamente feo y no quieren que se vea su rostro —bromeó Lily con tono risueño.
—No es eso —dijo Aiden.
Todos lo miraron.
—Tú sabes algo —acusó Dafne—. Suéltalo…
—No es que yo sepa algo, es que vosotros no sabéis nada —respondió él—. En la cultura de los dragones, y en la de los Drakónidos también, una máscara de oro completa se usa a veces en prisioneros.
—¡Mira por dónde! —dijo Dafne haciendo un gesto de que no podía creer que Aiden no lo hubiera dicho antes.
—¿Una máscara de oro completa con forma de cabeza de dragón? —preguntó Nahia.
Aiden miró al techo y calló.
—Habla, sabemos que no nos estás diciendo todo —dijo Ivo y, aunque su tono fue suave como siempre, se notó cierta amenaza en él.
El Drakónido lo miró y arrugó la frente.
—A mí no me amenaza nadie.
—No te está amenazando. Te estamos pidiendo que nos transmitas el conocimiento que tú tienes y nosotros no. Es simplemente eso —dijo Taika mirándole fijamente a los ojos y entrecerrando los suyos.
—Bien… si no lo sabéis… Las máscaras de oro se usan para ocultar el rostro de alguien importante.
—Eso ya lo habíamos deducido —le dijo Dafne con sorna.
—Sigue —pidió Nahia.
—Que la máscara sea de dragón es muy significativo. Indica que quien la lleva es muy importante para los dragones, para algo de gran importancia para ellos.
—O sea, es un prisionero de lo más importante para nuestros queridos señores —razonó Lily.
Aiden asintió.
—Así es.
—¿Sabes por qué? —preguntó Taika.
El Drakónido negó con la cabeza.
—Poder, guerra, victoria, metales y joyas preciosas, uno de ellos.
—Ya, todo lo que les gusta —hizo un gesto de despreció Dafne—. Necesitaríamos afinar un poco más en el motivo.
—No necesitamos afinar nada. Si se enteran de que andáis husmeando cerca de ese prisionero os matarán —afirmó Aiden—. Eso os lo aseguro. Yo no pienso verme involucrado en esto. No quiero oír ni una palabra más acerca de este asunto. Dejadlo estar, no os concierne. Lo que nuestros señores quieran con ese prisionero no es de nuestra incumbencia.
—En parte tiene razón —razonó Taika—. No sé hasta qué punto debemos involucrarnos en esto. Podríamos morir todos y no sabemos quién es ni su importancia, tanto para los dragones como para nosotros, si es que la tiene.
—Taika habla con sensatez y cordura —asintió Ivo—. No es conveniente meter la mano en un avispero…
—Pero si es importante para los dragones, es posible que también lo sea para nosotros —dijo Nahia—. Yo… siento como que lo es… Ya sé que es solo un sentimiento infundado, pero algo me dice que es importante para todos.
—Yo lo que sé es que el cementerio está lleno de aquellos que tuvieron sentimientos y premoniciones relacionados con los dragones —afirmó Dafne—. No me gustaría terminar como ellos.
—No te lo tomes a mal, Nahia, pero sin algo más tangible, yo tampoco metería mi preciosa naricita en el asunto —aconsejó Lily.
Nahia suspiró.
—Lo sé… lo sé… es solo que…
—Sé prudente y mantente alejada. Si consigues algo más de información relevante, lo volvemos a evaluar —dijo Taika. Su tono suave e inteligente la calmó y reafirmó.
—Está bien. De momento me mantendré a la escucha, a ver qué más puedo averiguar sobre el prisionero de la máscara dorada de dragón.
—Más vale que lo hagas con mucho cuidado o tendremos pronto una vacante —advirtió Aiden.
—Desde luego, ¡qué aguafiestas eres! —reprochó Lily.
—Solo digo la verdad. Nuestros amos no tendrán piedad.
—Y seguro que tú te alegrarás —le echó en cara Dafne.
Aiden puso cara de ofendido. Su chata nariz de dragón subió hacia su frente.
—No soy yo quien desafía a nuestros señores. Yo os he advertido, lo que hagáis es cosa vuestra.
—¿Y no te chivarás? —Dafne lo miró con una ceja enarcada.
—Eso es cierto. ¿Podemos confiar en que no irás a contárselo a tus señores? —preguntó Lily.
Aiden guardó silencio y en sus ojos reptilianos Nahia vio que había dolor. Las acusaciones le habían afectado.
—No dirá nada porque es de nuestra escuadra y su lealtad es primero con su escuadra —dijo Taika.
—Y porque si se chiva le partiré la espalda en dos —afirmó Ivo tan tranquilo.
Aiden se puso en pie.
—Lo que ha dicho Taika —afirmó y salió del dormitorio.