Capítulo 31 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El otoño estaba resultando realmente complicado. Si la formación de armas era dura, la de magia se había vuelto de lo más enrevesada. Tenían que estudiar varios capítulos del tomo antes de cada clase y resultaban difíciles de entender y asimilar. Los dragones trataban la magia como si fuera algo natural para todos, cuando no lo era para las otras razas. Ni Nahia ni ninguno de sus compañeros de escuadra tenían ningún conocimiento sobre magia, sus fundamentos o cómo hacer uso de ella.
Llevaban un par de semanas trabajando sobre cómo utilizar el vínculo que existía entre su mente y el dragón que representaba su poder interno. Los ejercicios no eran muy difíciles, consistían en crear una pequeña esfera de poder del tamaño de una canica sobre la palma de una mano mientras con la otra usaban la Perla de Aprendizaje para ayudarse. Las primeras veces casi todos habían fallado, pero poco a poco habían ido consiguiendo crear las pequeñas esferas de energía. Los siguientes ejercicios habían consistido en mantenerlas levitando sobre sus manos y hacerlas subir y bajar manteniendo el control con la mente.
Nahia lo hacía bastante bien y parecía no tener dificultades. Dafne y Lily también eran buenas con esto. Los chicos estaban teniendo más problemas. Al principio no podían crear las canicas de energía y luego las movían sin ningún control, haciendo que subieran hasta el techo y se desintegraran contra este o que se cayeran al suelo con el mismo resultado. En la última clase habían conseguido ponerse más o menos al nivel de las chicas, pero con mucho esfuerzo e infinidad de intentos.
Aquella mañana se dirigían a la clase de magia y el nerviosismo se notaba en el humor del grupo.
—¿Habéis preparado la lección de hoy? —preguntó Nahia a sus compañeros según iban a la formación.
—Por supuesto, todos tenemos que llevar la parte teórica bien aprendida antes de entrar en el aula de formación —respondió Aiden.
—Lo de bien aprendida tiene bastantes matices… —comentó Lily.
—No tiene ningún matiz. Bien aprendida significa eso: bien aprendida —Aiden le lanzó una mirada de que no entendía de qué estaba hablando.
—Nada como una explicación comprensiva —comentó Dafne y cuando Aiden fue a decirle algo le dio la espalda.
Aiden masculló una sarta de cosas que sonaron a “insoportable” “increíble” y “peor escuadra del mundo”.
—Yo he intentado entenderlo, pero son conceptos alejados de la espiritualidad, la paz y la armonía —comentó Ivo—. No termino de comprenderlo del todo.
—Estamos en una academia de guerra, Ivo, aquí poca paz y espiritualidad vas a encontrar —dijo Lily.
—Estamos aquí para aprender a matar con armas y magia —aclaró Dafne con tono casi cruel.
—No es algo que comparta o que me agrade —se encogió de hombros Ivo.
—Por desgracia no tenemos elección —dijo Taika—. Vas a tener que aplicarte y aprender a hacerlo o te lo harán pagar. Los dragones lo verán como una debilidad y tendrás serios problemas.
—Lo sé… Pero no me gusta.
—Ánimo, gigantón, lo conseguirás —intentó levantarle la moral Lily.
Ivo sonrió, aunque sus ojos estaban apagados.
Entraron en clase y comprobaron que Mag-Zilar-Ond aguardaba al fondo del aula con Mabor junto a su pedestal.
«Escuadrón Rojo, bienvenidos. Hoy comenzaremos a utilizar ese poder interno que tenéis y que comenzáis a dominar. Lo canalizaremos para poder atacar con él, como habéis leído en los tomos de conocimiento» envió la dragona plateada y todos sintieron que era un momento importante.
—Prepararé… el blanco —dijo Mabor y con su habitual parsimonia se dirigió al extremo oeste del aula. Allí levantó un poste que tenía adherida una diana sólida de madera a media altura.
«Ahora que ya sabéis interactuar con el dragón interior de vuestro poder y crear una pequeña esfera de energía, aprenderéis a incrementarla y luego a usarla para atacar. Entiendo que todo esto ya lo habéis estudiado y, por lo tanto, no os parece tan extraño como vuestros rostros expresan ahora mismo».
Nahia disimuló su expresión de sorpresa. Los tomos hablaban de cómo crear las esferas de energía usando el poder interno del dragón y cómo enviar más poder para hacer la esfera más grande y poderosa. Lo que no se especificaba en el tomo era la forma de usarlas como un arma, o al menos ella no lo había visto o entendido.
«Que se presente el primer alumno».
—Escuadra Ígnea… primero —indicó Mabor.
Nahia ya se lo temía. Se levantó y fue hasta el pedestal donde se encontraba Mabor.
«Muy bien, humana. Crea la esfera» ordenó Mag-Zilar-Ond.
Nahia sacó la Perla de Aprendizaje de su cinturón y la sujetó en la mano izquierda. Cerró los ojos y buscó el dragón brillante y poderoso en el centro de su torso. Al hacerlo sintió como si lo estuviera llamando y él viniese a su encuentro. Era una sensación de lo más extraña, pues era consciente de que estaba sucediendo solo en su mente, una interpretación de su poder mágico para que no perdiera la razón. Se concentró y abrió la mano derecha. Se vinculó con el dragón y buscó crear la pequeña esfera sobre la palma de su mano. La Perla de Aprendizaje destelló en un color blanco plateado. Nahia supo que la criatura estaba ayudando. La pequeña esfera se formó, abrió los ojos y la observó. Era translúcida y emitía destellos, como si tuviera vida. Se concentró en mantenerla levitando sobre su palma.
«Muy bien hecho. En tu caso el poder fluye con facilidad. Eso me complace. Ahora quiero que envíes más poder a la esfera y la hagas crecer hasta que sea del mismo tamaño que la Perla de Aprendizaje sin desestabilizarla ni destruirla».
Los ojos de Nahia apuntaron a la Perla de Aprendizaje. Era mucho más grande que su pequeña esfera de energía. No se desalentó y llamó a su dragón de poder. Por lo que había leído en los tomos, su mente debía emitir órdenes a su dragón interior y a la Perla de Aprendizaje simultáneamente para que ambos trabajaran en conjunto. Así lo hizo y comenzó a enviar energía del dragón a la esfera que levitaba sobre su mano derecha. Al hacerlo, la perla emitió un destello.
La esfera comenzó a incrementar su tamaño según le iba llegando la energía que partía del centro del torso de Nahia. Continuó creciendo y Nahia se concentró en evitar que se desestabilizara y se destruyera. Reforzó la capa exterior de la esfera, que iba expandiéndose, enviando energía extra para que aguantara. Le costó un momento, pero consiguió que fuese del mismo tamaño que la perla. Las observó y se sintió muy bien, lo había conseguido.
«Has logrado formar la esfera de energía. Muy bien hecho. Ahora es momento de aprender a usarla como arma. Hay dos formas de hacerlo, una es enviando la esfera contra el blanco con la fuerza de la mente. La otra, más sencilla pero también efectiva, es lanzándola con la mano como si lanzaras un objeto. Ambas funcionan y ambas son destructivas. En tu caso, que eres afín a tu poder, quiero que uses tu mente».
Nahia suspiró. No sabía si podrá hacer aquello. Lanzar algo con la mente se le antojaba impensable. Le pareció que era como intentar mover un objeto con la mente. Eso era imposible, al menos en el mundo terrenal. Allí arriba, en el mundo en los cielos de los dragones, cualquier cosa era posible.
«Focaliza tu mente en la esfera y luego en la diana. Hazlo repetidamente cada vez más rápido».
La instrucción era clara aunque un tanto complicada de llevar a cabo, pero Nahia hizo como la dragona le decía. Se centró en la esfera, luego en la diana, luego en la esfera de nuevo y luego en la diana, y comenzó a pasar de una a otra cada vez más rápido. De súbito, la esfera abandonó su posición y se dirigió directa contra el centro del objetivo a gran velocidad. Golpeó la diana y se produjo una explosión de energía. Trozos de madera salieron volando en todas las direcciones. La diana resultó totalmente destruida.
No podía ser. Nahia se quedó con la boca abierta y una mirada de total incredulidad. No podía creer lo que acababa de hacer.
«Excelente trabajo. Me complace mucho, eres una alumna aventajada, Nacida de la Llama. Ahora vuelve a tu sitio y veamos cómo lo hace el resto».
A Nahia le costó un momento reaccionar y cumplir con la orden. Se fue hasta su sitio mientras Mabor ponía una nueva diana.
—Espectacular —dijo Dafne cuando se sentó.
—Impresionante —la felicitó Lily.
—Muy bien hecho —congratuló Aiden, que asentía muy complacido.
—No sé… cómo ha pasado… —Nahia estaba pasmada.
—El siguiente… —llamó Mabor.
—Me toca a mí, a ver qué pasa —Dafne salió decidida.
Todos observaron a la Fatum, que no lo hizo tan mal. Fue capaz de ampliar la esfera y lanzarla con la mente, solo que no pudo acertar en la diana. Por alguna razón se le desvió a la izquierda y la esfera explotó contra la pared. Mag-Zilar-Ond le indicó que repitiera el ejercicio. Dafne lo hizo y la esfera volvió a fallar golpeando la pared algo a la derecha. Tendría que trabajar en mejorar su focalización en el objetivo.
Lily fue la siguiente. Logró crear la esfera y la intentó lanzar con la mente, pero no lo logró. Mag-Zilar-Ond le dijo que lo intentara con la mano. Lily arrojó la esfera como si lanzara una bola y fue hacia la diana. Pareció que el lanzamiento se quedaba corto, pero alcanzó la parte baja del objetivo y se produjo una explosión que la destruyó. Lily emitió un grito de alegría.
—Sin euforia… —amonestó Mabor y fue a poner otra diana.
El siguiente fue Aiden, que estaba convencido de que lo iba a lograr. Los humos se le bajaron rápido cuando comenzó a tener serios problemas para ampliar la esfera. La primera vez se descontroló y se destruyó. Por fortuna, al destruirse no explotaba, sino que parecían implosionar. La segunda vez logró crear la esfera, aunque era bastante más pequeña que su perla. No buscó agrandarla porque se le desestabilizaba.
Intentó lanzarla con la mente y la esfera no se movió del sitio. Tuvo que resignarse tras varios intentos y hacerlo con la mano. Eso lo hizo bien, alcanzando la diana en el medio. Sin embargo, la explosión no fue muy fuerte y solo la partió en dos. Regresó con el grupo con expresión de estar muy decepcionado consigo mismo.
Le tocó a Ivo que se acercó con caminar pausado. Tuvo muchos problemas para crear la esfera y mantenerla levitando. Cuando intentó enviar más poder para hacerla más grande, no lo consiguió. Finalmente, y viendo que no podía, lanzó su esfera con su potente brazo y alcanzó la diana, pero la explosión fue mínima y no causó daño alguno. Se encogió de hombros y volvió con el grupo al dar Mag-Zilar-Ond su ejercicio por terminado.
Taika fue a realizar el ejercicio con su habitual calma y concentración. También tuvo problemas para crear y mantener la esfera, pero finalmente consiguió crear una de un tamaño entre la de Ivo y la de Aiden. Al igual que ellos tuvo que lanzarla con la mano. Alcanzó a la diana en el centro, pero la explosión ni siquiera la partió.
Al finalizar la Escuadra Ígnea le tocó a la Ardiente. Sus componentes fueron realizando el ejercicio. Luego les tocó el turno a los de la Escuadra Candente. Nadie consiguió la proeza de Nahia, pero quedó claro que los Fatum y Escarlatum eran los más aptos en el manejo de la magia. Los humanos les pisaban los talones y luego iban los Drakónidos. Los Felidae y los Tauruk-Kapro no parecían muy afines.
«Ahora que sabéis cómo hacerlo os quiero a todos repitiendo el ejercicio contra la pared, a cinco pasos. Separaos bien de forma que no os alcancéis los unos a los otros por accidente. Lanzad las esferas de energía contra la pared frente a vosotros. Imaginad que un contrincante quiere atravesaros con su espada. Lo haréis hasta que os quedéis sin energía interna. Cuando el dragón interior se apague, no os quedará energía. Continuad practicando hasta ese momento».
Todos se situaron como les había indicado Mag-Zilar-Ond y practicaron todo el día. Algunos más rápido, los más aptos, y otros más despacio, los que tenían más problemas. Nahia se percató de que se le daba muy bien, tanto lanzar la esfera con la mente como con la mano. Incluso intentó sobrecargar la esfera para hacerla algo más grande y potente y lo consiguió, pero al estallar contra la pared hizo mucho ruido.
—La esfera… no más grande que la perla… —corrigió Mabor, que era lento, pero no se le escapaba nada de lo que sucedía.
Al finalizar, se fueron a la biblioteca a terminar el día. Por una vez Nahia iba contenta. No era ese el caso de Aiden, Taika y en especial Ivo, cuyos resultados habían sido bastante pobres.
Según se sentaban en una de las mesas de la biblioteca de magia, Nahia vio que Ana estaba en otra al fondo. Se alegró tanto de verla que se puso en pie y salió como una flecha a hablar con ella sin despedirse de sus compañeros.
—¡Ana, qué alegría! —dijo al llegar junto a ella.
Ana levantó la mirada del tomo y se dio cuenta de quién era.
—¡Nahia! —exclamó con ojos húmedos por la ilusión.
Las dos se abrazaron con fuerza, como asegurándose de que en verdad la otra persona era real, de carne y hueso.
Nahia se sentó junto a su amiga.
—He intentado hablar contigo, pero nunca coincidimos —le susurró al ver que un Exarbor las observaba.
—Yo suelo verte en el comedor, pero como no se nos permite hablar…
—Ya, lo mismo me sucede a mí. Aun así, deberíamos saludarnos, aunque solo sea un gesto.
—Eso me gustaría…
—Pues pensemos un gesto que nos podamos hacer —propuso Nahia, animada.
—No se me ocurre… ¿un guiño?
—Eso va a ser difícil de ver con tanta gente allí. Además, hay mucho movimiento entre los que van a por comida y los que vuelven con ella.
—Sí, cierto. Pero no puede ser muy descarado o los dragones vigías se darán cuenta y no quiero que me castiguen, o algo peor…
—Sí, he oído que has perdido a un compañero. Lo siento…
—Fue horrible… todavía no puedo creerlo. Solo protestó en alto y el dragón negro lo mató, sin aviso y sin piedad.
—¿Solo por eso?
—Sí, dio un salto hacia delante rapidísimo y le arrancó la cabeza con sus fauces. Su cuerpo decapitado cayó al suelo. Luego el dragón escupió la cabeza a un lado. Fue algo terrible…
—Son unos desalmados, es su naturaleza.
—No había necesidad… solo se quejó… Lo mató por hablar, por no estar de acuerdo.
—Siento que tuvieras que presenciar eso.
—Tengo pesadillas casi todas las noches… En muchas soy yo a la que matan… Vivo en una angustia constante.
—¡Cuánto lo siento! En clase de magia puedes relajarte, no creo que la dragona plateada sea tan malvada como el dragón negro. Es dura, pero creo que no es de mal corazón.
—Todos son horribles. Nos matarán sin ningún miramiento, no te engañes. Lo veo en sus ojos de reptil.
Nahia asintió.
—Sí, tienes razón, cualquiera de ellos nos puede matar en cualquier momento. Pero no debes vivir angustiada, es mejor no pensar en ello y concentrarse en la tarea a realizar.
—No creas que no lo intento. Es como ahora, estoy estudiando magia pero mi cabeza no deja de pensar en que, si no lo hago bien, si fallo, me van a matar de una forma terrible —explicó y comenzó a llorar.
Nahia la volvió a abrazar para consolarla.
—Tranquila, no llores. Me tienes a mí.
—Tú… no podrás salvarme… de ellos —masculló sollozando.
—Tienes que dejar de pensar así, eso solo te hundirá más. Yo también tengo malos sueños y mi cabeza también me dice que puedo morir en cualquier momento. Pero lucho contra esos sentimientos y me concentro en hacer bien las cosas y sobrevivir. Eso es lo que tienes que hacer.
—No sé si podré… Cada día estoy más hundida… A veces pienso que lo mejor es acabar cuanto antes con esta agonía… No veo salida…
—No digas eso, ¡eso nunca! Hay una salida. La encontraremos y seguiremos adelante. Te lo prometo. Confía en mí, saldremos de aquí con vida.
Ana lloró desconsolada y Nahia tuvo que taparla con su abrazo o lo verían como un signo de debilidad. Allí no había dragones, pero sí Exarbor, y podrían informar. Nahia no sabía si se podía confiar en los Exarbor y en los Tergnomus de la academia. Muy probablemente no, por muy esclavos que fueran. Pensó en los Drakónidos, que también eran esclavos y en los que no se podía confiar en absoluto.
—Gracias… por animarme… y consolarme —dijo Ana.
—No es nada. Ahora escúchame, no debes llorar. No debes dejar que te vean sollozando. Eso les da una excusa para acusarte de débil y es lo peor que puedes hacer.
Ana asintió con la cabeza y se pasó la manga por la nariz y los ojos.
—Lo intentaré.
—Muy bien. Oh, ya se me ha ocurrido qué gesto podemos hacer.
—Dime, ¿cuál?
—Este —Nahia juntó ambas manos con las palmas hacia dentro y los dedos extendidos y pegados. Luego las puso frente a su rostro y las separó formando una V.
—Una V.
—De victoria —asintió Nahia.
—Me gusta —dijo Ana y una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Y mira, si mueves las manos hacia delante y hacia atrás, parece una mariposa.
—Es verdad, lo parece.
—La llamaremos la Mariposa de la Victoria.
—Precioso nombre —estuvo de acuerdo Ana, que sonrió al ver cómo Nahia movía sus manos creando el efecto de que era una mariposa.
—Cuando nos veamos hagamos este gesto. Recordémonos que hay que vencer a los dragones.
—Hagámoslo —dijo Ana con semblante de estar convencida.
—Si ves a Maika o Logan cuéntaselo. Yo haré lo mismo si los veo. Así los cuatro podremos saludarnos y darnos ánimos.
—Lo haré.
Las dos se volvieron a abrazar un largo momento y Nahia deseó con todo su ser que Ana no se rindiera, que siguiera luchando. Debía sobrevivir.