Capítulo 33 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Por la noche, cenando en el comedor, comentaron el tema de las armas. Ahora todos llevaban la Perla de Aprendizaje colgando del cinturón a la derecha y la daga a la izquierda, todos excepto Dafne que era zurda y las llevaba al revés.
—Es una lástima que no comencemos con el aprendizaje de la lanza —comentó Aiden mientras degustaba una chuleta de toro a la plancha con ajos acompañada de pimientos rojos dulces.
—¿Por qué lo dices? —preguntó Taika con interés.
—Porque es la más noble de las armas.
—¿No lo es la espada? —preguntó Taika.
—No para un Drakónido.
—En mi cultura es la espada —aseguró Taika.
—Nosotros somos más de dagas —comentó Dafne.
—Yo… la verdad es que ni idea… —Nahia no sabía qué arma preferían los humanos. Ella no entendía nada de armas.
—El hacha de dos cabezas para nosotros —dijo Lily—. Pero aquí no la usan.
—Tampoco los arcos —comentó Dafne—. Eso sí que es curioso.
—Los arcos son para cobardes —opinó Aiden.
—Ya estamos con las opiniones absolutas —levantó las manos Dafne.
—En la cultura de los dragones los arcos y flechas son considerados armas menores y solo utilizadas por aquellos que no son capaces de dominar las armas nobles —explicó Aiden.
—O quizá a los dragones no les gusten por alguna razón —comentó Dafne.
—Porque el arco es un arma inferior —reiteró Aiden.
—Ummm… puede que Dafne haya dicho algo interesante —comentó Taika con ojos entrecerrados, pensativo—. Si los dragones detestan esta arma puede ser porque realmente sea un arma inferior, o porque es un arma que los incomoda de alguna forma…
—Esto se pone interesante —comentó Lily, que miraba a Taika y a Aiden pasando la mirada de uno a otro.
—Nada incomoda a un dragón. El acero no puede traspasar sus escamas y las flechas no pueden perforarlas tampoco —explicó Aiden.
—Sí, cierto, eso lo sabemos… —Taika se quedó pensativo.
—Tampoco la magia les afecta, tienen defensas mágicas innatas —confirmó Dafne.
—Siendo así, ¿cómo se unieron las razas para luchar contra los dragones en la Gran Insurrección? —preguntó Nahia e inclinó la cabeza.
No podía entenderlo, era algo que siempre se había preguntado. Si tan formidables eran los dragones, ¿cómo es que las razas se habían unido y revelado contra ellos si no tenían forma de vencerlos?
Todos la miraron con expresiones de sorpresa.
—¿No sabes lo que sucedió? —preguntó Dafne.
—La verdad es que no… mi abuela no me ha contado mucho… solo que las razas se unieron para luchar contra los dragones y conseguir liberarnos de su esclavitud.
—Eso es cierto, lo hicieron —confirmó Ivo—. El camino de la guerra no es el de la sabiduría, pero así pasó.
—Pero… si el acero no puede matarlos y la magia tampoco, ¿por qué lo intentaron? Mis padres no era unos suicidas, no lo habrían hecho de no haber alguna opción de vencer —razonó Nahia.
—Ni tus padres, ni los demás —comentó Lily y bajó la cabeza.
—Lo hicieron porque creyeron que había una oportunidad —explicó Dafne.
—Y todos fueron engañados —sentenció Aiden.
—¿Engañados? —preguntó Nahia.
—El líder de la revuelta, Dramkon Udreks, un Drakónido, hizo creer a todos los líderes de las otras razas que había descubierto la forma de acabar con los dragones —explicó Lily.
—Pero era mentira… —añadió Dafne.
—Y por su engaño todos los que se revelaron murieron —dijo Lily.
—A la Gran Insurrección también se la conoce como el Gran Engaño —explicó Taika.
—Pero… no entiendo… ¿por qué le creyeron mis padres? ¿Por qué le creyeron los líderes de las demás razas?
—Porque fueron unos ingenuos y unos crédulos. Nada puede matar a los dragones —se expresó Aiden con su crudeza y certeza habitual.
—¿Qué esperas de un Drakónido? Traición, que te venda a sus señores dragones, nada más —dijo Dafne.
—No tenía el apoyo de la mayoría de los Drakónidos, para empezar, y lo que sucedió lo tenían merecido.
—Retira eso si no quieres que te corte la lengua —Dafne se levantó y se inclinó amenazante hacia Aiden con la mano en la empuñadura de su daga.
—Y yo te sacaré los ojos —se unió Lily, que también se puso en pie y se inclinó hacia él con la daga medio sacada.
—Tranquilas, si atacáis el castigo será ejemplar —avisó Taika e hizo un gesto con la cabeza hacia los dos dragones azules que vigilaban el comedor.
Aiden no se movió y las miró sin echarse atrás.
Las dos otearon a los dragones y se sentaron un momento después lanzando miradas de odio a Aiden, que las ignoró y siguió cenando.
—Me niego a creer eso… tuvo que haber una razón —Nahia no podía creer que sus padres fueran tan inocentes que se dejaran engañar por falsas promesas. Y no solo ellos, sino el resto de las razas, miles habían muerto en la revuelta.
—Dramkon Udreks hizo creer a los líderes de las otras razas que había una forma de matar a los dragones —explicó Taika.
—No le creerían solo por su palabra, y menos siendo un Drakónido —razonó Nahia.
—Cierto, lo demostró. Por lo que sabemos, Dramkon Udreks mató a varios dragones frente a los líderes y los convenció —explicó Ivo.
—Por ello se unieron y se preparó el gran alzamiento. Los líderes contaron a las razas que Dramkon Udreks tenía la forma de matar a los dragones y que, si se le unían todos, los derrocarían —continuó Lily algo más calmada.
—Pero cuando llegó el momento de la verdad resultó que Dramkon Udreks y su forma de matar a los dragones era un engaño. Estos arrasaron a los insurrectos, matándolos por centenas —contó Dafne con rabia en el tono.
—Así fue —asintió Ivo con tono de gran pesar—. La guerra y el derramamiento de sangre solo conducen a más guerra y más derramamiento de sangre.
Nahia negaba con la cabeza. Sus padres, al igual que su abuela, eran personas con cabeza, conocedores del mundo en el que vivían. ¿Cómo pudieron dejarse engañar así?
—¿Cuál fue el engaño? —preguntó.
—Hicieron creer a las razas que se podía matar a los dragones cuando es algo imposible para las razas esclavas —afirmó Aiden.
—Sí, pero… ¿cómo? —insistió Nahia, que necesitaba entenderlo.
—¡Qué más da el cómo! No era verdad y todos murieron—dijo Dafne sacudiendo la cabeza con rabia.
—Necesito entenderlo —dijo Nahia muy contrariada.
Empezaba a sentirse mal. El calor comenzaba a apoderarse de su cuerpo.
—Todos queremos entenderlo, pero no hay una respuesta que podamos darte. Yo al menos no la conozco —dijo Lily.
—Los líderes de las ocho razas estaban convencidos, así que la prueba debió ser más que convincente, pero nunca transcendió —explicó Taika—. No fue divulgada. Solo los ocho líderes la conocían. Precisamente para que los dragones no supieran que tenían un arma que usar contra ellos.
Nahia escuchaba y su temperatura corporal iba en aumento. El corazón comenzó a latirle con mucha fuerza, cada vez más rápido.
—Por desgracia, no funcionó. Luego se corrió el rumor de que todo había sido un engaño —contó Dafne.
—Eso es lo que todo el mundo cree, a día de hoy —añadió Lily.
—Un gran engaño o un fracaso —comentó Ivo—. En cualquier caso, supuso la muerte de miles.
Nahia negaba con la cabeza.
—Necesito saber… si fue un engaño… o sucedió algo que impidió la revuelta —Nahia no podía respirar. Se dio cuenta de que estaba teniendo un ataque.
—¿Estás bien? —Lily se preocupó al ver que se ahogaba.
—Sí… es que…
—Estás teniendo uno de tus ataques —dijo Dafne y le puso la mano en la frente—. Ardes como el fuego.
Nahia asintió y sacó uno de los tónicos de Aoma. Le quitó la tapa de un mordisco y se lo tomó de un trago. Todos la miraban preocupados.
—Se me… pasará… enseguida.
—No quiero sacar conclusiones precipitadas, pero parece que hablar de ciertos temas transcendentales para ti te altera, y eso provoca tus ataques —razonó Taika.
Nahia, que ya comenzaba a sentirse mejor, miró al Felidae.
—Puede ser… sí.
—En ese caso será mejor que aprendas a controlar tus emociones o te meterás en problemas y arrastrarás a tu escuadra —dijo Aiden
—No escuches nada de lo que diga ese —dijo Dafne y le acarició la mano para calmarla.
—Ya estoy… mejor —aseguró Nahia, que sentía que podía respirar de nuevo y sus pulsaciones se iban calmando.
—La verdad es que nadie sabe qué ocurrió en realidad, solo los ocho líderes lo sabían y murieron todos. Los dragones no tuvieron piedad con ellos —explicó Taika—. Puede ser incluso que el Gran Engaño no lo fuera, y que los dragones crearan ese falso rumor para que nadie volviera a intentar algo así —razonó.
—Eso podría ser —dijo Lily y miró a Taika interesada.
—Seguro que los Drakónidos hicieron correr el bulo por las ocho naciones —dijo Dafne, lanzando una mirada dura a Aiden.
—Puede ser que fuera lo que fue: un gran engaño y que se divulgara la verdad —sentenció Aiden.
Nahia se quedó muy trastocada. No conocía todo aquello. ¿Por qué no se lo había contado Aoma? ¿Era solo por protegerla o había algo más? Ella no quería pensar que sus padres habían dado la vida por un gran engaño. Estaba convencida de que no se habrían dejado estafar así. Pero ¿y si era como Aiden decía? ¿Y si realmente fueron todos engañados?
—¿Qué fue de Dramkon Udreks? —preguntó.
—Fue el último de los líderes en ser capturado. A él no lo mataron los dragones, está en algún lugar que se desconoce —explicó Dafne.
—Entonces si no murió ni fue ejecutado, sí que parece que fue un engaño… —el ánimo de Nahia cayó por los suelos.
—O eso quieren que pensemos —dejó caer Taika con su tono de zorro.
Todos se volvieron hacia él.
—Si lo mataban, no parecería un engaño, sino algo que salió mal —razonó Nahia siguiendo el hilo de la sugerencia de Taika—. Pero si lo dejaban con vida, parecería que había traicionado a todos los líderes rebeldes.
—Así es —asintió Taika.
—Lo que nos lleva a que ambas cosas pueden haber pasado —dijo Ivo—. Pensar en el peor de los resultados no tiene por qué ser el que se obtiene y tampoco el mejor. El equilibrio suele ser el resultado más probable.
—Podéis elucubrar cuanto queráis. Fue un gran engaño y demuestra que los dragones son invencibles —se pronunció Aiden, que se levantó de la mesa y se marchó.
—Yo sigo pensando que hay algo más detrás de todo esto… —confesó Nahia.
—A todos nos gustaría —dijo Lily.
—También hay que pensar que el cabeza mármol puede estar en lo cierto —dijo Dafne.
—Yo quiero saber la verdad de lo que sucedió, sea una cosa o la otra —dijo Nahia convencida.
—No eres la única, a todos nos gustaría —se unió Taika.
—La mayoría de las veces es mejor no meter la cabeza en la boca del león —advirtió Ivo.
—Tienes razón, pero yo necesito respuestas —insistió Nahia.
Continuaron comiendo y charlando de temas menos transcendentales y agónicos. Al finalizar la cena y levantarse, Nahia miró hacia la mesa de Ana. Aguardó un momento hasta que ella se diera cuenta y la mirara. Cuando lo hizo, Nahia puso sus manos sobre su cara e hizo la mariposa de la victoria. Ana lo vio y sonrió. Un instante después le devolvía la mariposa.
Nahia sonrió y se marchó a los barracones.