Capítulo 34 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Las semanas pasaron de nuevo como si a aquella altura, en medio del cielo, transcurrieran cien veces más rápido que sobre la tierra firme. O quizá fuera que los vientos mucho más potentes las hacían pasar con la velocidad con la que se llevaban las nubes.
Todos los miembros de la Escuadra Ígnea estaban entregados a sus clases y estudios. Sabían que les iba la vida en ello. Nadie quería quedarse atrás y fracasar, porque podía significar el fin. Se les hacía difícil vivir con aquella presión diaria encima, pero era acostumbrarse o perecer y, por muy diferentes que fueran, todos tenían una característica común: querían sobrevivir.
El otoño terminó y marcó con su final la conclusión de la mitad del primer año en la academia. Nahia quería sentirse contenta de haber sobrevivido la mitad del curso, pero aquello también marcaba el día de la temida Competición de Escuadras. Nahia estaba muy asustada.
Ese día se despertó antes incluso de que saliera el sol. Había estado teniendo pesadillas toda la semana y la última noche habían sido terribles. En ellas siempre terminaba derrotada y humillada ante todos y castigada a muerte por débil e inservible.
—¡Vamos, despertad, hoy es un gran día! —les increpó a gritos Aiden.
—No es nada bueno para el espíritu despertar así, y menos aún en días importantes —se quejó Ivo en el camastro de al lado.
—¡Hoy es la Competición de Escuadras! —exclamó Aiden con tono emocionado.
—Lo sabemos, tranquilo —dijo Taika y se puso en pie de un salto.
—¡La victoria nos aguarda! —continuó gritando exaltado.
—¡Calla de una vez, cabeza de granito! —chilló Dafne, que se levantaba malhumorada por los gritos.
—¡Estos despertares tan bruscos afectan a mi belleza! —replicó Lily.
Nahia, que ya estaba levantada y muy nerviosa, comenzó a vestirse.
—Espero que no sea un día terrible —deseó por lo bajo.
—¡Hoy demostraremos a nuestro líder de qué está hecha la Escuadra Ígnea! —proclamó Aiden, que ya estaba vestido y preparado para salir.
—Os juro que un día lo estrangulo con su propia capa —dijo Dafne a Lily y a Nahia.
—Yo te lo sujeto —sonrió Lily.
Nahia sonrió, pero estaba tan angustiada que apenas pudo decir nada más.
Se vistieron y cogieron sus dagas y Perlas de Aprendizaje. Se las colgaron al cinturón, una a cada lado. Nahia pensó que las iban a necesitar, no para clase, sino para la competición, y se puso más nerviosa. Una vez preparados y empujados por los vítores y ánimos de Aiden salieron a la gran plaza de armas.
Todavía estaba amaneciendo. Se dirigieron a formar como cada mañana a su posición marcada por el estandarte llameante donde debía aguardar su líder, Irakas-Gorri-Gaizt. Nada más pisar la plaza se detuvieron. Su líder y el estandarte llameante no estaban donde siempre, sino frente al gran castillo. Los seis líderes formaban tres a cada lado de las puertas con sus espaldas hacia el edificio. Frente a cada uno se alzaba su estandarte.
—¡Vayamos con nuestro líder! —exclamó Aiden y echó a correr hacia él.
El resto no tuvieron más remedio que seguirle. Según corrían, Nahia vio que las demás escuadras hacían lo mismo.
«¡Escuadrón Rojo, formad en línea!» la orden de Irakas-Gorri-Gaizt llegó con urgencia y fuerza.
Formaron como siempre solían hacerlo cuando era en línea. La Escuadra Ígnea a la izquierda, la Ardiente en el centro y la Candente a la derecha. Aiden estaba disgustado por no haber conseguido estar en el centro, que era donde él creía que debían estar. Al resto les daba igual, excepto a Taika que había comentado que la posición central era la más segura al tener los flancos cubiertos. Cuando formaban así, Nahia era la primera por la izquierda, lo que la hacía sentirse muy expuesta y vulnerable a ataques.
«¡Mantened la formación y aguardad órdenes!» llegó con un sentimiento de que aquel era un momento importante.
Nahia miró de reojo y con disimulo. Junto a ellos formaba el Escuadrón Azul. Pudo ver a Ana, que tenía cara de estar muy asustada, seguida por el Escuadrón Negro. Luego había un gran espacio vacío frente a las puertas del castillo. El Escuadró Blanco era el siguiente y distinguió a Logan. Él no parecía asustado, tenía la mirada dura de siempre. A su derecha estaba el Escuadrón Marrón con Maika, a la que no pudo ver bien. El último Escuadrón era el Cristalino.
Todo el mundo estaba tenso. Formaban con rostros contraídos y cuerpos muy rígidos.
De pronto las puertas del majestuoso castillo se abrieron y el coronel Lehen-Gorri-Gogor, líder ejecutivo de la academia, apareció. Nahia lo observó intentando interiorizar lo enorme y poderoso que era aquel dragón rojo de más de cincuenta varas de longitud y con vetas lila a la espalda. Sus ojos rubíes en aquella cabeza de dragón milenario intimidaban. Nahia respiró profundamente para calmarse. Si antes estaba nerviosa, ahora mucho más.
Escoltándole iba el comandante Bigaen-Zuri-Indar, segundo al mando en la dirección de la academia. Nahia lo observó con disimulo. Era casi tan grande y terrorífico como el coronel. El hecho de que fuera de color blanco con vetas también lila no lo hacía menos temible. Con cada paso que daban el suelo parecía temblar. Nahia agradeció que hicieran una entrada formal y que no descendieran de los cielos porque cuando lo hacían eran todavía más aterradores. Se detuvieron entre los seis dragones capitanes y las escuadras que formaban, algo más retrasados.
Nahia sabía lo que venía ahora, así que se preparó. Lehen-Gorri-Gogor soltó un tremendo rugido anunciando su presencia y el comandante también emitió uno. Algunos se inquietaron y se movieron un poco en su sitio, eso no iba a gustar nada a sus líderes. Por fortuna, la Escuadra Ígnea no lo hizo.
El coronel volvió a rugir tras un momento y todos prestaron atención.
«Hoy es un día especial en Drakoros, Academia de los Sangre de Dragón. Como líder de esta institución de formación marcial siempre aguardo con anticipación este día. Hoy es la Competición de Medio Año o de Escuadras. Os aseguro que es una de mis favoritas. Lo es porque podemos evaluar el avance de los de primer año que, aunque todavía estáis muy verdes, tendréis la oportunidad de demostrar que tenéis lo que hace falta para ser Brujos de Dragón. Este día que marca la mitad del primer año de formación en esta ilustre academia es uno que no olvidaréis, eso puedo aseguráoslo» envió junto con un fuerte sentimiento de mando y orgullo.
Bigaen-Zuri-Indar rugió y se dirigió a ellos.
«Esta es una prueba que debéis superar. Quien no consiga pasarla no será apto para continuar con la segunda parte del año de instrucción. Y ya sabéis qué sucede con aquellos que fracasan. No habrá piedad ni benevolencia, así que os recomiendo a todos que os esforcéis al máximo».
Nahia ya se temía aquello, así que el mensaje del comandante no fue una sorpresa. No sabían cómo sería la prueba, pues no podían preguntar a los de segundo y tercero, pero ya anticipaban que sería dura. Llevaban días comentando lo que podría suceder tanto en el comedor como en la habitación y, exceptuando Aiden, todos estaban muy preocupados. Aiden, por supuesto, estaba convencido de que iba a triunfar.
«No hay ninguna razón por la que no podáis pasar la prueba. No suele ser el caso la mayoría de los años, pero siempre hay una primera vez. Yo mismo la juzgaré y también los resultados. Vuestros capitanes y líderes esperan lo mejor de vosotros, haréis bien en no deshonrarles» envió el coronel.
Nahia suspiró e intentó tranquilizarse. Lily, a su lado, la miró y luego a Dafne. Nahia envió miradas de preocupación y ellas de ánimo. Por desgracia lo que acaban de escuchar de aquellos dos dragones sin alma no daba ánimo alguno.
«Comandante, indique a los alumnos en qué consistirá la prueba» ordenó el dragón rojo al blanco.
El comandante rugió y anunció:
«La prueba se realizará por escuadras, no por escuadrón, y se tendrá en cuenta el desempeño de todos los miembros. Si uno o varios no están a la altura, afectará a toda la escuadra. La prueba estará dividida en dos partes: una primera prueba de resistencia física y una segunda de combate por escuadras».
«Por supuesto, el combate se realizará después de la prueba física y será eliminatorio. No queréis quedar en las últimas posiciones…» añadió el coronel.
Nahia no pudo evitar poner cara de horror.
«Comenzareis con la prueba física. Es una prueba de resistencia y de rapidez. Cada escuadra deberá escalar cuatro atalayas y hacerlo antes de que su estandarte se extinga. Dejadme deciros que el tiempo estipulado es el justo y necesario y se ha medido a conciencia. Todo aquel que no logre superar esta primera parte… creo que no he de enfatizar que comenzará mal. Las cuatro torres a escalar son las dos que forman la esquina sur y las dos que forman la esquina norte de la academia. La prueba comienza y termina en el reloj de sol» especificó el comandante.
Nahia resopló sin poder evitarlo. La distancia a recorrer era enorme. Les obligaban a ir desde el reloj a la muralla sur, subir las dos atalayas en cada esquina y luego cruzar toda la academia para llegar hasta la muralla norte, subir también esas dos atalayas y regresar hasta el reloj de sol cruzando de nuevo casi toda la academia. Nahia empezó a sudar, aquella prueba los iba a destrozar. Subir a una torre costaba una barbaridad, subir y bajar cuatro le parecía imposible. Además, tenían que hacerlo a toda velocidad. Solo de pensarlo se estaba poniendo mala. Y no era la única, Lily y Dafne también tenían muy mala cara.
«Además, para hacerlo más emocionante y como es tradición, todos los alumnos de segundo y tercer año asistirán a la prueba como espectadores. Y sus capitanes también. Ya están situados sobre las atalayas» envió el coronel.
Nada más decirlo aparecieron los de segundo y tercer año y formaron frente al edificio, en un lateral de la plaza, sin entrar en ella. Nahia resopló. No solo tenían que pasar la prueba sino hacerlo con público. La cosa cada vez se estaba poniendo peor.
«Ha llegado el momento de comenzar con la prueba. Lo haremos de seis escuadras en seis escuadras, una de cada escuadrón. Esto fomentará la rivalidad y la motivación. Dejaremos que sean los capitanes quienes elijan sus escuadras» envió el coronel y sacudió sus enormes alas rojas como si de verdad estuviera emocionado por la prueba.
Irakas-Gorri-Gaizt se irguió.
«Escuadra Ígnea, primera. Marchad en formación hasta el reloj solar. Llevaos el estandarte. No me deshonréis ante todos o lo pagaréis con vuestras vidas» ordenó.
Nahia estaba aterrada. Miró el estandarte en llamas y no se atrevió a cogerlo. Aiden no dudó, lo cogió por una barra sólida que tenía en el centro y se lo llevó orgulloso. Por alguna razón, no quemaba.
Las seis escuadras formaron delante del reloj en una línea. Nahia miró a las otras y vio que la de Maika estaba junto a la suya. Ella la vio y con disimulo le hizo la mariposa de la victoria. A Nahia el gesto le llegó al alma. Se sintió un poco menos aterrada. Le devolvió el gesto con cuidado.
«A mi orden clavad el estandarte y comenzad la prueba. ¡Ahora!» ordenó el comandante.
Aiden clavó el estandarte en llamas en el suelo y con él el resto de los que los portaban.
Y la prueba dio comienzo.
—¡Torre izquierda! —dijo Taika.
—¡Vamos, todos! —Aiden salió corriendo como loco.
Casi de forma natural tres de las escuadras se dirigieron a la torre izquierda y tres a la derecha debido a cómo se habían colocado delante del reloj. De inmediato nació la competitividad entre escuadras. Todos corrían a más no poder y al ver que la escuadra con la que competían iba más rápida, la intentaban superar. Nahia vio que la Escuadra Granito de Maika se dirigía a la misma torre que la suya. Se alegró de que Maika fuera con ella, aunque se tratara de una competición. Subirían juntas, como lo habían hecho a su llegada a aquel reino en los cielos. La otra escuadra que iba con ellos era la Escuadra Huracán del Escuadrón Blanco.
Las tres llegaron casi al mismo tiempo a la base de la torre izquierda. Al hacer la torre esquina con la muralla, solo tenía dos caras interiores por las que se podía subir, así que una de las tres escuadras tendría que quedar relegada por el momento. Como Aiden había corrido como un poseso y sus compañeros le habían tenido que seguir, llegaron los segundos, después de la Escuadra Huracán.
—¡Vamos, arriba! —gritó Aiden y comenzó a ascender por la cara interior izquierda.
Nahia iba tan acelerada que no tuvo tiempo para pensar.
La torre, era como todas las atalayas en aquel lugar, con rocas salientes y entrantes que permitían escalar sin cuerda. También tenía una altura similar a la que habían subido el primer día. Nahia sabía que le iba costar mucho trabajo subir. Confiaba en que todo el entrenamiento marcial más el extra que había realizado en el gimnasio, le permitiera aguantar mucho mejor.
Según subían Taika se puso en cabeza. Era el más ágil de los chicos y subía con facilidad. Le seguía Aiden, que no era tan ágil, pero sí fuerte y tiraba de fuerza. Ivo había empezado bien, pero comenzaba a perder ritmo. Era muy fuerte y podía subir sin muchas dificultades, el problema era que también era torpe y colocar sus pezuñas en los salientes era todo un reto para él. Nahia subía bastante bien y pasó a Dafne, algo que la sorprendió. Lily iba un poco por delante.
De pronto comenzaron a llegar los miembros de la escuadra de Maika.
—Sitio, Nahia, que paso —dijo Maika con una sonrisa cuando la alcanzó y la pasó por la derecha.
—Ten cuidado —advirtió Nahia y saludó con la cabeza.
—Descuida, te veo en la siguiente torre —dijo y continuó ascendiendo.
Los miembros de las dos escuadras se entremezclaron, pero no hubo encontronazos ni mal hacer, solo pura competición. Aiden no quería que el Drakónido del Escuadrón Marrón le sobrepasase y ambos subían por la pared de la torre como posesos. Por desgracia los Felidae eran los mejores escaladores con diferencia y cuando llevaban media torre subida, quedó claro.
Nahia se concentró y fue subiendo a su ritmo. Estaba sorprendida de lo bien que lo estaba haciendo teniendo en cuenta lo mal que lo había hecho la primera vez. A tres cuartos de la torre las distancias entre los buenos escaladores y los no tan buenos eran claras. Nadie decía nada, todos subían concentrados y siendo conscientes de que ya estaban a una altura considerable y que de caer se podrían romper la espalda o matarse. Taika consiguió llegar hasta la plataforma de arriba y esperó.
Cuando Aiden le alcanzó aventajando al otro Drakónido lo miró con semblante hosco.
—¿Por qué te paras? ¡Sigue!
Taika le devolvió una mirada tranquila.
—Es una prueba de escuadra y se nos puntuará como tal.
—Si llegas antes que otras escuadras se puntuará positivo.
—Prefiero esperar a mis compañeros y ayudarles.
Aiden negó con la cabeza.
—Eso es un error.
—Lo veremos al final de la prueba.
—Yo no os voy a esperar.
Taika asintió.
—Lo imaginaba.
Aiden subió a la plataforma y fue hasta el centro.
—Hay que bajar por la cuerda —le dijo a Taika y comenzó a descender.
La siguiente en llegar arriba fue Lily y Taika la ayudó a subir.
—Gracias, tigrecillo —sonrió ella.
Él sonrió y negó con la cabeza.
Nahia fue la siguiente, muy orgullosa de haber podido subir hasta arriba.
—¡Conseguido! —exclamó muy animada cuando Taika la ayudó a alcanzar la plataforma. Ella luchaba contra sus propias fuerzas, no tanto contra la prueba.
Dafne llegó tras un momento.
—Esto es un suplicio —se quejó.
Ivo tardaría todavía un poco.
—Id bajando, yo me quedo con Ivo —dijo Taika.
—¿Estás seguro? —preguntó Nahia.
—Es mejor que yo ayude al grandullón. Vosotras id avanzando, os alcanzaremos más adelante. Tened en cuenta que vuestras fuerzas se irán agotando antes que las nuestras.
Nahia lo pensó un instante y se dio cuenta de lo que Taika ya había deducido. Al final de la prueba Ivo y él estarían más sobrados de fuerzas que ellas y las alcanzarían. Esperarles ahora era perder un tiempo valioso que no tenían.
—De acuerdo, seguimos.