Capítulo 36 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Nahia no podía creer que les obligaran a continuar con la segunda prueba de inmediato. Estaban exhaustos, no podían moverse. A ella el cuerpo le dolía horrores. No podía entenderlo ni creerlo. Miró de reojo a su líder y recordó que los dragones eran así, desalmados y brutales. Si alguno de los competidores muriese les daría igual, incluso lo encontrarían entretenido. El odio que sentía por ellos crecía con cada día que pasaba en la academia.
Les llegó un terrible rugido que ya conocían, el del coronel.
«Ahora que habéis descansado, es momento de pasar a la prueba de combate. Os deseo suerte a todos» envió Lehen-Gorri-Gogor.
El dragón blanco rugió a continuación.
«Pasamos a la prueba de combate por escuadras. Esta prueba es eliminatoria. Los que obtengan los mejores puestos serán recompensados y los que acaben en los últimos, castigados. Os recomiendo que luchéis con toda el alma porque os va la vida en ello» envió Bigaen-Zuri-Indar.
Nahia sintió que el estómago se le revolvía.
El coronel hizo un inciso.
«Me indican que varias escuadras no tienen a todos sus miembros disponibles para esta prueba. Eso es una desgracia y un deshonor para su líder. En cuanto a la competición, se realizará con los miembros remanentes en cada escuadra. Adelante, comandante».
Entre todos los que habían caído durante la primera parte del año y en esta prueba, bastantes escuadras tenían bajas. Nahia se animó al pensar que la suya estaba completa. Eso era bueno, muy bueno. No solo por la prueba sino porque le daba cierta seguridad en sus compañeros.
«La prueba de combate se realizará de tres escuadras en tres escuadras. Tres entrarán en el laberinto elemental y solo una saldrá victoriosa. Las escuadras, por supuesto, no pueden ser del mismo escuadrón, al menos, no hasta la final. Lucharéis con daga y magia. Podréis crear esferas de energía, pero no grandes. Se os dará una Perla de Entrenamiento especial. Las dagas que utilizaréis también son especiales. No tienen filo ni punta, pero están cargadas de energía. No matan, pero dejan fuera de combate si se acierta en una parte vital del cuerpo del enemigo. Cada escuadra entrará con su estandarte. El último luchador en pie que salga con los tres estandartes ganará el combate» explicó el gran dragón blanco.
Cuanto más oía, más nerviosa se estaba poniendo Nahia. Iban a tener que luchar de verdad entre ellos y aplicarse. Hasta ese momento solo habían estado luchando en clase y todo estaba muy medido.
«Dos apuntes finales. El combate será aquí mismo, en la plaza de armas. Sin embargo, para hacerlo más interesante, la plaza tendrá un aspecto un tanto diferente. Os recomiendo que no toquéis las paredes a no ser que estéis seguros de que no son dañinas. Esta también es una prueba con tiempo. El estandarte se irá consumiendo. Si no vencéis antes de que se consuma, perderéis».
De pronto el suelo de la plaza comenzó a destellar en los diferentes colores elementales de los dragones: blanco, rojo, negro, azul, marrón y cristalino. Líneas de estos colores se fueron formando en el suelo y luego convirtiéndose en paredes de tres varas de altura. Un momento después formaban diferentes pasadizos y formas geométricas por toda la plaza creando un laberinto de colores indescifrable. Tres puertas aparecieron en la muralla exterior, equidistantes.
Nahia miraba a sus compañeros. Estaban todos estupefactos. Aquel laberinto de paredes elementales que se acaba de formar ante ellos no parecía real. El mundo de los dragones y su magia no dejaba de sorprenderles. Donde hacía un momento estaba la gran plaza de armas que tan bien conocían, ahora había un laberinto de batalla con paredes y formas de magia elemental.
«Líderes, presentad escuadra» ordenó el comandante.
«Escuadra Ígnea, ¡a competir! Extremo Sur. Llevad el estandarte y luchad con honor. ¡Derrotad a las escuadras rivales!» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt.
Aiden cogió el estandarte, que ya volvía a arder, y se hinchó tanto que estuvo a punto de reventar de lo orgulloso que estaba. El estandarte se encogió hasta medir dos varas. Aiden El resto siguieron a Aiden, que ya marchaba hacia el extremo sur de la plaza. Según la bordeaban vieron las paredes que la rodeaban y comenzaron a preocuparse. Algunas eran de fuego, otras de hielo y otras de una negrura muy preocupante. Estaban compuestas de trozos de paredes elementales, unos tras otros. El cómo se mantenían alzadas o pegadas entre si les era incomprensible.
En la entrada sur les esperaban dos Tergnomus.
—Las dagas y Perlas de Entrenamiento —pidió uno. Se las entregaron.
—Aquí las de competición —ofreció el otro.
Cogieron las dagas y al empuñarlas de inmediato discernieron que una energía viva rodeaba el filo y la punta del arma, que eran romos. Las perlas para la prueba eran algo más pequeñas que las que solían usar.
—Capuchas puestas para proteger golpes en la cabeza —dijo el Tergnomus que les entregaba las armas.
Todos se pusieron las capuchas, que también estaban revestidas de escamas. A Nahia lo de golpes en la cabeza no le sonó nada bien.
«Preparadas, escuadras. Entrad ahora» llegó la orden del comandante.
Entraron y aparecieron en un rectángulo de paredes brillantes. Una pared apareció tras ellos cerrando la entrada.
—Veamos, ¿cuál es el plan? —preguntó Dafne. Tocó una de las paredes con la daga y se produjo un destello cegador.
—No tocar las paredes, para empezar —dijo Lily intentando volver a ver.
—Es fácil, acabaremos con las otras dos escuadras, cogeremos sus estandartes y ganaremos —afirmó Aiden, que veía cómo el estandarte comenzaba a consumirse.
—Sí, claro, porque va a ser así de sencillo —replicó Nahia, incrédula.
—Mirad arriba —dijo Lily.
Observaron que el comandante y el coronel volaban a dos de las atalayas para ver mejor el combate desde las alturas. Los líderes hicieron lo mismo compartiendo otras tres atalayas. Los alumnos de segundo y tercero subieron al tejado de los barracones, que era plano, para ver la pelea.
—Qué bien, tenemos público —murmuró por lo bajo Dafne.
—Mejor olvidarnos de ellos y centrarnos en lo nuestro —sugirió Nahia.
—Lo mejor que podemos hacer es buscar alguna posición ventajosa —sugirió Taika.
—¿Para una emboscada? —preguntó Ivo.
—Sí, algo así. Esto es un laberinto, habrá sitios propicios. La sorpresa es siempre la mejor aliada —dijo Taika.
—Yo prefiero atacar de frente y vencer con fuerza de choque —dijo Aiden.
—Menuda estrategia… —dijo Dafne.
—No, no me gusta —Lily negaba con la cabeza.
—Si seguimos hablando nos van a sorprender a nosotros —se quejó Aiden.
Taika asintió.
—Iré primero. ¡Seguidme!
—¿Vamos en formación? —preguntó Nahia.
—Mejor en línea de a uno. Delante tenemos un pasillo estrecho —dijo Taika.
—De acuerdo, adelante.
Taika avanzó seguido de Aiden. Ivo fue tras ellos y Lily, Dafne y Nahia cerraron el grupo. Nada más avanzar un poco se dieron cuenta de que, en efecto, aquello era un verdadero laberinto. Había pasillos estrechos y amplios, habitaciones cuadradas, triangulares y en forma de rombo, y todo tipo de pequeños muros más bajos detrás de los que se podían resguardar. Como la plaza era tan grande y amplia, el laberinto era enorme. Iban a tener dificultades para encontrarse.
De súbito, el estandarte llameante emitió un destello rojo muy potente que subió hacia los cielos.
Todos miraron a Aiden.
—¿Qué has hecho? —riñó Dafne.
—Yo nada… Lo ha hecho solo.
—Sí, solo… —regañó Lily.
Tras un momento se produjo un resplandor marrón que vieron a su izquierda y un momento después uno azul a su derecha. Los dos subían hacia el cielo y se veían perfectamente.
—Ya sabemos cómo vamos a encontrarnos —afirmó Ivo.
—Veis como no era yo… —se defendió Aiden.
—Todos detrás de ese muro bajo —dijo Taika y lo señaló.
—No lo toquéis, es del elemento aire y a saber qué hace —advirtió Lily.
Nahia pensó que les soltaría una descarga o un soplido fuerte.
Se agazaparon detrás del muro. La habitación en la que estaban era triangular con tres entradas, una en cada esquina.
—Nahia, Dafne y Lily, vosotras usad esferas de energía. Necesitaremos sorprenderles. Nosotros tres usaremos las dagas.
—Sí, mejor —dijo Ivo con expresión en su rostro de que la magia se le daba mal.
—Estoy de acuerdo —asintió Aiden.
—Clava el estandarte allí detrás —Taika señaló una forma de herradura en un lado de la estancia.
—Voy —Aiden se apresuró a colocarlo. Al golpear el estandarte contra el suelo se quedó de pie llameando. Aiden corrió a refugiarse detrás del muro bajo.
Nahia se sentó en el suelo de espaldas al muro con la perla en una mano. Llamó a su dragón interior y con su poder creó una esfera de energía sobre la palma de su mano derecha. Intentó ampliarla una vez creada, ya que no era muy grande, pero no pudo. Debía ser por la perla, que controlaba el poder que podían dar a la esfera. Dafne y Lily crearon las suyas. Estaban preparadas.
De pronto la escuadra marrón entró por la esquina más a la izquierda de la estancia a la carrera y con sus dagas en las manos. Al ver que no había nadie se detuvieron en mitad de la estancia. Discernieron el estandarte y se separaron en dos grupos para rodear la herradura. Tres por arriba y tres por abajo. Los de abajo quedaron al descubierto.
—¡Ahora! —dio la señal Taika y salió de detrás del muro con su daga en la mano a una velocidad enorme.
Aiden intentó seguirle pero fue más lento e Ivo muchísimo más. Mientras ellos corrían al ataque, Nahia, Dafne y Lily se pusieron de pie. Libraban el medio muro con sus brazos y cabeza. Lanzaron sus esferas contra los tres atacantes de la parte inferior apuntando cada una al que tenía más cerca. La esfera de Nahia alcanzó de lleno el torso de un Fatum que, al estallar, salió despedido de espaldas y quedó inconsciente en el suelo. Dafne alcanzó a un humano en las costillas que de la explosión de energía se dobló de dolor y cayó al suelo. Lily le dio en el hombro derecho a una Felidae y la explosión la desequilibró.
Taika llegó hasta ellos y con un salto prodigioso cayó sobre la leona antes de que pudiera reaccionar. Le clavó el cuchillo en el corazón. Se produjo una descarga de energía y la Felidae quedó inconsciente. Se giró con rapidez y eliminó al humano de otra cuchillada en el estómago. Aiden llegó y remató al Fatum clavándole su arma en el cuello. No penetró, pero la descarga lo dejó sin sentido.
—¡Recargad! —gritó Taika a las chicas.
Los otros tres componentes del equipo marrón ya habían descubierto la trampa y salían a por Taika y Aiden. Ivo era tan lento que justo acababa de llegar a la refriega. Taika encaró a un Drakónido y comenzaron a intercambiar tajos y estocadas mientras se movían con agilidad esquivando y bloqueando para volver a atacar. Ivo se enfrentó a un Kapro tan grande como él con cuernos de carnero. Optaron por la daga primero, pero tras un par de intercambios de tajos consiguieron cada uno sujetar el brazo armado del otro y forcejearon como dos bestias de la naturaleza. Aiden atacaba a un humano que era más rápido y algo más hábil con la daga que él.
Nahia ya tenía la esfera lista, pero vio que Dafne y Lily todavía no. Lanzó la suya contra el humano que tenía en aprietos a Aiden. La esfera le dio en la cabeza, de lado, y estalló. El humano cayó al suelo como un tronco talado. Aiden miró a Nahia y le hizo un gesto de agradecimiento. Fue a ayudar a Taika.
Dafne y Lily ya tenían las suyas creadas.
—Ayudad a Ivo —dijo Nahia señalando hacia él.
Las dos enviaron sus esferas contra la espalda del gran carnero. Las explosiones no consiguieron derribarlo, pero perdió el equilibrio y clavó una rodilla. Ivo le propinó un golpe en medio de la cabeza con la empuñadura de la daga y se produjo una descarga de energía, pero el gran carnero no cayó. Ivo lo golpeó tres veces más con rapidez y el Kapro quedó en el suelo inconsciente.
—Nos replegamos —dijo Taika y todos volvieron tras el muro.
Nahia, Dafne y Lily ya invocaban nuevas esferas.
Aguardaron un momento, pero el equipo azul no apareció. Los estandartes volvieron a destellar.
—No se han movido —dijo Taika observando el destello azul que subía hacia el cielo.
—Pues estarán usando nuestra misma estrategia —dedujo Aiden.
—El Escuadrón Azul está bastante tocado, quizá esa escuadra tenga bajas —sugirió Nahia.
—Buena información —dijo Taika.
—Tengo una amiga en esa formación, y hoy he visto a otro azul caer.
—Si son menos será fácil vencer, ¡ataquemos! —se puso en pie Aiden.
—Agáchate, cabeza de roca, que te van a dejar de lo más guapo cuando te den con una esfera en la cara.
Aiden se agachó de inmediato.
—Los Drakónidos no valoramos la belleza corporal.
—Eso es porque no tenéis ninguna —soltó Lily y sonrió encantadora.
Aiden puso cara de haberse ofendido.
—La peor escuadra… —masculló entre dientes.
—¿Qué hacemos, Taika? —preguntó Nahia.
—Si son menos no saldrán a por nosotros —razonó el tigre.
—Vayamos y carguemos, les pasaremos por encima —insistió Aiden—. El estandarte se está consumiendo.
Taika miró el estandarte y asintió.
—No podemos esperar. Vayamos, pero hay que estudiar el terreno primero.
Todos asintieron. Se pusieron en pie y se dirigieron por el gran laberinto hacia la posición rival. Llegaron a un pasillo que parecía conducir directo a donde estaba el estandarte. Taika hizo un gesto de no seguir por allí y rodear la pared de fuego para observar por el otro extremo. Así lo hicieron.
Taika se echó al suelo y arrastrándose sacó la cabeza muy rápido retrasándose enseguida. Una bola de energía estalló contra la pared de agua que había a su lado y salpicó a todos de agua helada.
—Tres tiradores y un luchador. Tienen dos bajas —informó Taika.
—¿Qué estrategia? —quiso saber Ivo.
—Ivo, Aiden y yo entraremos por aquí y cargaremos. Hay una entrada trasera. La guarda el luchador, es una Drakónida. Vosotras tres os encargaréis de ella. Una vez la eliminéis entraréis por detrás y acabaréis con los tiradores que estarán sobre nosotros.
—De acuerdo —todos asintieron.
—En posición. Os daré la señal de ataque.
Se separaron. Nahia, Dafne y Lily llegaron a la entrada trasera de la estancia, que era circular. Parte de la pared era del elemento aire y la otra parte de tierra.
Taika soltó un rugido de tigre y no tuvieron duda de que era la señal. Lily, Dafne y Nahia entraron en la estancia por la parte posterior. En la parte anterior Taika se lanzaba a un lado para esquivar una esfera que explotó sobre una pared de tierra. Fragmentos de roca salieron de ella y golpearon al tigre con fuerza. Aiden, que avanzaba hacia los tiradores, recibió una esfera en el estómago. Se dobló de dolor y se fue al suelo. A Ivo lo alcanzaron en el hombro derecho, pero la explosión no lo detuvo. Lily fue a lanzar su esfera contra la Drakónida, pero fue demasiado lenta. Una cuchillada la alcanzó en medio del cuello y cayó sin sentido. Dafne lanzó la suya y alcanzó a la Drakónida en el costado derecho. Al explotar se dobló de dolor. Nahia atinó en la cabeza y cayó al suelo sin sentido.
Taika luchaba con una pantera negra por el suelo. Aiden recibió una segunda esfera en el torso según se recuperaba de un Fatum y cayó inconsciente. A Ivo lo alcanzó en el costado un humano y se detuvo a recuperarse del dolor. Nahia y Dafne llegaron agazapadas por la espalda. Según el Fatum se volvía hacia ellas las dos lanzaron sus esferas. Le alcanzaron en el torso y cayó inconsciente.
El humano se volvió y lanzó contra Dafne, a la que alcanzó en una pierna. Del dolor perdió el equilibrio y se fue al suelo. Nahia se escondió detrás de una forma alta rectangular y creó otra esfera de energía. Sacó la cabeza y vio que el humano atacaba a Ivo. Esta vez le alcanzó en plena cara e Ivo se fue al suelo, inconsciente. Nahia salió de su escondite y lanzó contra el humano. Le dio en la nuca y se cayó tieso al suelo.
Taika se levantó. Había acabado con la pantera.
—Escuadra Roja —llamó.
Nahia salió con una nueva esfera en la mano.
—Aquí —dijo.
—Auch, aquí —se quejó Dafne desde el suelo.
—Voy a coger los tres estandartes, no queda mucho tiempo —dijo Taika y salió a la carrera.
Nahia ayudó a Dafne a ponerse en pie.
Un momento después aparecía Taika con los tres estandartes.
«Vencedor: Escuadra Ígnea. A tiempo» llegó el mensaje del comandante.
Nahia resopló.
—Lo hemos logrado, no me lo puedo creer.
—Yo tampoco —se unió Dafne.
—Hemos tenido suerte —reconoció Taika.
De pronto aparecieron varios Tergnomus. Se acercaron a los que estaban sin sentido y les inyectaron algo en el reverso de la mano. Tras un momento todos comenzaron a volver en sí.
«Ayudadles y salid del laberinto. El siguiente combate aguarda» ordenó el comandante.
Salieron y fueron con su líder.
«Bien hecho. El Escuadrón Rojo sale victorioso» envió Irakas-Gorri-Gaizt.
Todos se intentaban recuperar como podían. Estaban exhaustos y doloridos y aquello no había terminado. Nahia resopló. Habían sobrevivido al primer combate.