Capítulo 39 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Vencer en la final de la Competición de Escuadras fue algo increíble y que ninguno de los seis componentes de la Escuadra Ígnea pensó poder conseguir. Sin embargo, de alguna forma lo habían logrado. No hubo ceremonias ni reconocimientos. Según el comandante, la gloria de la victoria era suficiente premio y lo mínimo a lo que todos debían aspirar.
Tampoco su líder los recompensó de forma alguna, aunque como habían traído gloria y honor al Escuadrón Rojo les concedió un descanso adicional de tres días para recuperarse y perdón para el siguiente error que cometieran. A Nahia le pareció mucho viniendo de su líder y sabiendo que cometerían errores.
Lo que sí hubo en todas las escuadras fueron castigos, sobre todo en las que habían perdido en el primer combate. Se envió a gente a limpiar los calabozos, a labores de reconstrucción de la muralla, a labores de refuerzo de las atalayas, a picar roca y a doble turno de marcha y formación por las mañanas por un mes, lo que era duro pues perdían la comida de la mañana y solo tenían la de la noche. Dos escuadras quedaron muy mermadas, por lo que se disolvieron y sus miembros se repartieron entre las restantes. Para final de año se esperaba que desapareciesen dos o tres escuadras más de las dieciséis que quedaban. Era terrible y Nahia sufría y se enfurecía cada vez que lo pensaba. Los despiadados dragones sin alma los mataban por igual tanto abajo en los campos, como en la academia.
Lo único bueno que les trajo ganar la final fue el reconocimiento de las otras escuadras. Ahora cuando entraban en el comedor todos los de primer año saludaban con ligeras inclinaciones de cabeza. Era como si de pronto todos los respetaran. A Aiden el reconocimiento le encantaba.
—Da gusto que te respeten por ser victorioso —dijo a sus compañeros el primer día de vuelta a la normalidad, cuando desayunaban.
—El respeto no se gana en la victoria, se gana siendo buena persona —dijo Ivo, que ya estaba terminando su ración de pavo asado para ir a pedir la segunda.
—Eso es una tontería, por supuesto que se gana en la batalla.
—A ti no te saludan por respeto, cabeza de granito, lo hacen por temor —dijo Dafne.
—¿Me temen? ¡Mucho mejor! —Aiden se hinchó todavía más.
—Por lo loco que te vuelves —dijo Lily.
—Sigo sin creer que me den esos ataques que decís —Aiden negaba con la cabeza.
—Te lo hemos dicho. No puedes negar una evidencia que hemos presenciado todos —dijo Lily.
—Sí que puedo. Yo no lo recuerdo, así que no pasó.
—Taika, Ivo, decídselo vosotros que nosotras llevamos tres días haciéndolo y no nos cree.
—Pierdes la cabeza en el furor del combate y no reconoces a amigos ni enemigos —dijo Taika.
—Eso no puede ser.
—Puede ser porque me golpeaste tres veces en la cabeza en la final —dijo Ivo.
—Sería sin querer, accidental…
—¿Tres veces? —Ivo negó con la cabeza—. De accidental nada, estabas en un estado de frenesí y atacabas a todos por igual. Ni veías.
—La furia te cegaba. Atacabas como un poseso —dijo Taika.
—Deberías creerles, por tu bien, o terminarás haciéndote daño —recomendó Nahia.
—Bueno… es que no recuerdo nada…
—Por eso mismo, escucha a tus compañeros y lo que te queremos decir —dijo Nahia.
—Lo pensaré… —cedió.
—Ya es mucho —levantó las manos al cielo Dafne.
—Quiero aprovechar la ocasión para felicitar a Taika. Estuviste magistral —dijo Nahia y levantó el vaso de agua que estaba bebiendo a modo de brindis.
—¿Yo? Solo lo hice lo mejor que pude —Taika se ruborizó un poco, lo cual era extraño en un gran tigre blanco.
—Deberías ser el líder de la escuadra —dijo Dafne.
—Sin duda, tienes mucha cabeza —se unió Lily.
—Gracias, me halagáis, pero yo no quiero ser líder, no va conmigo. Soy un superviviente nato y me guio por la ley de la jungla. Ser fuerte, listo y sobrevivir, no guiar a otros, eso te lleva a la muerte —dijo y bajó la mirada al plato de comida.
—Vaya, pues es una pena porque talento y agallas para liderar tienes —dijo Dafne.
—Cada uno debe encontrar su vocación y destino en esta vida —intervino Ivo—. Todos somos diferentes y tenemos diferentes virtudes y fallos. Dejad que Taika viva su vocación y encuentre su destino.
—Sí, tienes razón, no queríamos presionarte, Taika, solo darte las gracias —dijo Nahia.
—Las acepto de muy buen gusto y te las devuelvo, porque tú conseguiste triunfar donde el resto fracasamos.
—Eso es, te debemos ser campeones —dijo Dafne.
—Quizá tú deberías ser nuestra líder —dijo Taika.
—¿Yo? Ni loca, si soy un riesgo andante…
—Ya, uno que es capaz de atacar a un rival con su propia esfera y con la mente. Eres toda una prodigio —dijo Lily.
—Más que una prodigio, una calamidad. Me dio otro ataque y casi os dejo vendidos, además de que casi muero por ello.
—Tienes un pequeño problemilla, eso es todo —le restó importancia Dafne e hizo un gesto con la mano.
—Un problemazo, más bien —dijo Nahia.
—Los problemas a veces nos los pone la vida para que los solventemos y nos realicemos —dijo Ivo.
—Este no veo cómo voy a solventarlo. No puedo coger el mando porque os fallaré. Volveré a sufrir ataques en momentos críticos, lo sé. Necesitáis a alguien más confiable.
—Ese soy yo —afirmó Aiden convencido.
—¿Cómo vas a ser tú que ni recuerdas lo que haces? —dijo Dafne.
—Tú estás descalificado por perder la cabeza cada dos por tres —dijo Lily.
Aiden puso mala cara, pero no dijo nada.
—A mí no me miréis. Yo no sirvo para escuadras de guerra. Lo mío es paz, amor e individualidad —dijo Ivo.
—Que lo diga un ser hecho para la guerra es algo chocante —replicó Dafne.
—Pues yo no quiero el liderazgo. La responsabilidad de tomar decisiones difíciles envejece y te saca arrugas y canas. Y como comprenderéis, de eso nada —expresó Lily. Puso caras de belleza y echó su hermosa melena azabache a un lado y luego al otro.
Todos miraron a Dafne, que era la última que quedaba.
—A mí me encanta mandar, pero con mi mal carácter lo más seguro es que os castigue a todos a muerte cada día. No, mejor que no sea yo, estaría el triple de irritable, lo cual no os conviene.
—Eso seguro —dijo Aiden y antes de que Dafne pudiera responder se levantó y se marchó de la mesa.
—En ese caso, seguiremos teniendo el equipo campeón de primer año y sin líder, cada cual haciéndolo lo mejor que pueda —dijo Nahia.
Todos asintieron y sonrieron. Terminaron de desayunar y se levantaron para marchar. Nahia buscó con la mirada a Logan.
Él la miró de vuelta y le saludó con la cabeza, con respeto. Nahia sonrió. Vio que a Logan se le curvaron un poco los labios, lo que la animó mucho.
Tres noches más tarde, estaban a punto de irse a dormir cuando Lily le dejó algo envuelto en un paño a Nahia sobre su catre.
—¿Qué es? —preguntó Nahia extrañada.
—Un regalo.
—¿Un regalo? Pero si no tenemos nada que regalar.
—No te creas, ábrelo y verás.
Sorprendida, Nahia abrió el paño y dentro encontró un collar de cuero que en lugar de una joya en el centro, tenía un contenedor de madera.
—¿Es lo que creo que es?
Lily rio.
—Sí, es un collar para que lleves tus tónicos. Sé que los llevas en el cinturón, pero he pensado que cuando tienes un ataque, cuanto más cerca esté de la boca, más fácil será tomarlo.
Nahia se puso el collar y sacando uno de sus tónicos lo colocó en el contenedor. Encajaba muy bien y quedaba bien asegurado por la sujeción de cuero, era como un bolsillo. Lo miró colgando de su cuello y asintió.
—Funcionará a la perfección. ¡Muchas gracias, Lily! —dijo y se levantó para darle un abrazo.
—No es nada —sonrió ella—. Me gusta hacer cosas con mis manos y se me da bien. Soy buena tejiendo, cosiendo, haciendo prendas, collares, pulseras y todo tipo de manualidades.
—Pues yo no tanto —tuvo que reconocer Nahia mirando su nuevo collar—. Lo que no entiendo es cómo nunca se me había ocurrido llevarlo al cuello.
—Eso es porque no tienes mucho aquí —dijo Dafne que estaba dentro de su camastro y señalaba la cabeza con su dedo índice.
Nahia la miró extrañada. Dafne no solía meterse mucho con ella y aquel comentario era un poco hiriente. Los últimos días Dafne estaba de un humor todavía más oscuro de lo que era habitual en ella.
—Oye, no seas así —regañó Lily.
Dafne la ignoró.
—¿Estás bien, Dafne? ¿Te pasa algo? —preguntó Nahia que tenía la sospecha de que algo había.
—No me pasa nada. ¿Por qué me tiene que pasar algo?
—Porque últimamente estás de lo más insoportable —dijo Lily—. Casi más que Aiden.
—Os he oído —llegó la voz de Aiden desde el otro lado del biombo.
—Pues no escuches —contestó Lily.
—Si hablarais más bajo y nos dejarais dormir no escucharíamos —respondió Aiden.
—Calla y ronca, que es lo único que sabes hacer bien —dijo Dafne de mal humor.
Se escucharon improperios en el lenguaje Drakónido que nadie entendió.
—¿Qué te pasa, Dafne? —Nahia se sentó en el camastro de la Fatum sin pisarla.
—Sí, ¿qué tienes? —preguntó Lily y se agachó al otro lado del camastro para hablar con ella.
Dafne cruzó los brazos sobre la manta con la que se cubría.
—Me estoy quedando atrás… —confesó con voz bajita para que los chicos no la oyeran.
—¿Atrás? ¿Te refieres a las clases? —preguntó Nahia.
—Pues claro, no me voy a referir al campeonato de ronquidos que tienen esos tres al otro lado del biombo todas las noches.
—Si en magia vas muy bien —dijo Lily—. Lo haces mejor que yo.
—Mira que sois obtusas. Hay días que casi prefiero hablar con Aiden que con vosotras. Me refiero a las clases de armas —explicó.
—La peor en armas soy yo —dijo Nahia.
—Eras, ya no. Ahora lo soy yo.
—¿Tú crees? —Nahia no estaba muy segura de aquello.
—Antes lo eras tú, pero últimamente has mejorado mucho. Con el cuchillo me arreglo bien, pero la parte física me está matando. No puedo con ella, me quedo siempre molida tras cada clase. Pronto me va a pasar algo y ese dragón azul sin alma me lo va a hacer pagar. Y sabéis los rumores que corren… Pronto morirá otro de primero y no quiero ser yo.
—No me había dado cuenta de que tenías problemas —dijo Nahia.
—Yo sí —reconoció Lily—. Y tiene razón. Ahora la peor es ella y no tú —dijo a Nahia.
—Tiene que ser por el entrenamiento de fuerza que hago con Log… Taika. Es cierto que me canso menos y aguanto mejor las clases.
—Pues ya sabes qué tienes que hacer —le dijo Lily con expresión de que era obvio.
—Sí… bueno… ¿Me ayudaríais? —preguntó Dafne como con dudas y bajando la cabeza algo avergonzada.
—Por supuesto. Somos de la misma escuadra, somos amigas.
—¿Lo somos? ¿O somos compañeras forzosas? —preguntó Dafne.
—Somos amigas, y las amigas están para ayudarse —aseguró Lily—. Puede que este concepto de la amistad no lo tengas muy trabajado por esa personalidad tan áspera que tienes, pero ya te irá entrando —soltó y rio.
—Eso es. Por supuesto que somos amigas y nos vamos a ayudar las unas a las otras —aseguró Nahia—. Yo tampoco tengo mucha experiencia con amistades… pero pienso aprender.
—Desde luego, vaya amigas novatas que me han tocado —Lily puso los ojos en blanco y luego volvió a reír.
—¿Y ellos? ¿Los consideramos amigos? —preguntó Nahia.
—¿A esos tres? Ni en sueños —afirmó Lily.
Nahia y Dafne se miraron sin saber si hablaba en serio o no. Un instante después Lily rompía a reír. Nahia y Dafne asintieron y se unieron a las risas.
—¿Queréis dejar de hacer ruido? ¡Estamos intentando dormir! —llegó el grito de Aiden.
—¡Tú quedas fuera, por cabeza de granito! —gritó Lily y volvieron a reír.