Capítulo 40 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El invierno había traído el frío y aunque sus vestimentas les protegían de los rigores del clima, todos caminaban un poco más rápido por las zonas abiertas donde el viento soplaba con más fuerza. Vivir a aquella altura significaba que debían soportar temperaturas más bajas, y ahora que el mal tiempo había llegado, todavía más.
Formar delante de Irakas-Gorri-Gaizt por las mañanas era una obligación que cada día les costaba un poco más. No era por la nieve y el frío, sino porque los hacía formar y marchar por toda la plaza en formación marcial. Llevaban haciéndolo desde después de la competición. No les habían explicado el motivo, más allá de que todo soldado debía saber marchar en formación. En un principio habían pensado que era un castigo por no haberlo hecho bien en la prueba, pero notaron que no eran los únicos. Todos los escuadrones realizaban ejercicios de marcha militar a primera hora de la mañana tras formar ante su líder. Esto los tenía desconcertados. Lo que estaba claro era que les robaba tiempo de desayuno y eso sí que era un castigo, sobre todo para Ivo.
Aquella mañana invernal iban de camino a la clase de armas tras el cada vez más corto desayuno con un cielo completamente encapotado. Los copos de nieve comenzaron a revolotear a su alrededor.
—¿No os parece extraño? —preguntó Nahia.
—¿El qué? ¿La nieve o el frío? —preguntó en respuesta Dafne.
—Ambas cosas, pero sobre todo que no sé si nieva por encima o por debajo de nosotros.
Lily asintió y extendió las manos para que los copos de nieve se posaran sobre ellas.
—Yo diría que ahora mismo nieva por encima de nosotros y muy probablemente por debajo también.
—Eso me agradaría mucho verlo —comentó Ivo—. Me refiero a la parte en que nieva por debajo.
—No creo que nos permitan presenciarlo —opinó Taika y miró hacia la muralla oeste, donde estaban los dos dragones de vigilancia sobre dos atalayas.
—Cierto. No podemos subir a las murallas sin permiso de nuestro líder de escuadrón —explicó Aiden.
—Tampoco es que podamos escapar de aquí. ¿A dónde vamos a ir? —preguntó Lily.
—En este reino, además de la Perla Blanca por la que llegamos no hay más que esta academia y las montañas que se ven al norte, ¿no? —preguntó Nahia.
—Eso es incorrecto —corrigió Aiden y todos se detuvieron y lo miraron.
—¿Qué más hay aquí arriba? —preguntó Dafne.
—¿Es que no os han enseñado nada en vuestras naciones? —el Drakónido se detuvo bajo la nieve que caía y gesticuló con los brazos.
—Se ve que no tanto como a vosotros —dijo Lily.
—¿Qué más hay aquí arriba? —quiso saber Ivo.
Aiden suspiró.
—No sé todo lo que hay, pero os puedo decir que está el gran núcleo de poder que sostiene esta isla en el aire.
—¿El gran núcleo de poder? —preguntó Taika interesado.
—No he visto ninguno, pero todos los reinos de los dragones tienen uno. Es un núcleo de gran energía cuya función es mantener el reino levitando. Requiere de muchísimo poder mágico, o eso se dice en mi tierra.
—Eso también me gustaría verlo —comentó Ivo.
—No es bueno acercarse, es demasiado poderoso y podría matarte —advirtió Aiden.
—Bueno, pues lo miraremos desde lejos. ¿Sabes dónde está? —preguntó Lily.
Aiden negó con la cabeza.
—Ni idea, ni creo que debamos saberlo.
—Y aparte de eso, ¿qué más hay aquí? —preguntó Dafne.
—¿Tenemos que hablar de esto bajo la nieve? —se quejó Aiden.
—Sí, porque una vez entremos en formación de armas no podremos hablar —dijo Lily y puso cara de que quería saberlo.
Aiden suspiró mientras le caían copos de nieve sobre la capucha escamada de su capa.
—Este reino es conocido por tener al Gran Oráculo y el Templo de la Avenencia. Son los que lo hacen especial, aparte de esta academia, claro —el Drakónido lo dijo como si fuera un hecho conocido por todos.
—Yo no he oído nunca nada sobre ningún Gran Oráculo ni ningún Templo de la Avenencia —dijo Dafne cruzando los brazos sobre el torso y frunciendo el ceño.
—Yo tampoco —se unió Lily.
—Parece que los Drakónidos tienen más información que el resto de las razas —comentó Taika enarcando una ceja.
—Información privilegiada —añadió Ivo.
Aiden se encogió de hombros.
—Somos los favoritos de nuestros señores, es natural que compartan más información con nosotros que con el resto de sus razas esclavas.
—Cuando hablas así me dan ganas de pedirle a Ivo que te estampe un puñetazo en esa cara de dragón idiota que tienes —dijo Dafne.
—La violencia no soluciona nada —dijo Ivo y negó con la cabeza.
—Quizá no, pero nos encantaría verlo —sonrió Lily.
—No es culpa mía que los amos no compartan información o conocimiento con vuestras razas —dijo Aiden.
—Todos aquí sabemos por qué lo hacen—dijo Dafne y gesticuló como diciendo algo a Lily.
—¿Qué es ese Gran Oráculo? —preguntó Nahia queriendo detener la discusión.
—El Gran Oráculo es un dragón milenario que puede ver el futuro. Los líderes de los cinco clanes lo consultan de tanto en tanto.
—¿Y cómo es que está aquí? —quiso saber Nahia.
—Imagino que porque este reino es neutral —razonó Taika—. Si realmente puede ver el futuro y uno de los cinco dragones líderes se hace con él, tendría una gran ventaja sobre los otros cuatro.
Aiden asintió.
—Taika está en lo correcto. Por esa razón está en el reino neutral.
—¿Y es realmente un oráculo? ¿Puede predecir el futuro? —preguntó Nahia.
—Así es. Es un dragón ancestral de gran poder —aseguró Aiden.
—No sé yo si eso no serán más que creencias infundadas —Ivo arrugó la nariz, no estaba nada convencido.
—A mí también me suena un poco a cuento para niños —se unió Lily y movió la cabeza de un lado a otro.
—Entre los míos se cree en oráculos y brujas con poder para conocer el futuro —comentó Taika.
—En mi pueblo también —dijo Dafne—. Hay quienes predicen tormentas, malas cosechas, calamidades y similares.
—Entre los míos se cree en la profecía: en que un día, un esclavo se alzará contra los dragones y los vencerá, liberando a los pueblos dominados —explicó Nahia.
—Eso lo creen todas las razas excepto los Drakónidos y es una quimera. Nunca sucederá —aseguró Aiden.
—Porque tú lo digas —replicó Lily.
—¿Todos conocéis la profecía? —Nahia miró a sus compañeros bajo la nieve, que no cesaba de caer.
Dafne asintió.
—Nosotros la tenemos.
Taika e Ivo asintieron también.
—Es una de las razones principales por la que se produjo la Gran Insurrección. Su líder se alzó como el elegido de la profecía —explicó Dafne.
—Por eso consiguió convencer al resto de líderes —comentó Lily.
—Oh, no lo sabía —negó con la cabeza Nahia.
—Hay mucho que tu abuela no te ha contado —dijo Lily.
—Lo habrá hecho de buena voluntad, para protegerla —opinó Taika con tono agradable.
Nahia asintió varias veces.
—Sí eso, seguro.
—Ha hecho bien. Ya se demostró que la profecía era una fantasía y que alzarse contra los dragones era inútil —afirmó Aiden.
Nahia no quería pensar como Aiden, pero tenía que reconocer que tenía mucha razón. No conocía todo lo que había pasado durante la insurgencia, pero se le antojaba imposible derrocar a los dragones.
—¿Y el templo que has mencionado? —preguntó cambiando un poco de tema.
—El Templo de la Avenencia —dijo Aiden—. Es un templo donde se reúnen los cinco líderes dragones para discutir temas de gran relevancia. No lo hacen a menudo, solo cuando algo muy importante va a suceder y necesitan un acuerdo de los cinco clanes. También ocurre cuando se decide consultar al Gran Oráculo.
—Interesante —dijo Taika—. Entiendo que vendrán sin sus ejércitos.
Aiden asintió.
—Vienen solos. De lo contrario habría disputas entre ellos. Por ello se llama el Templo de la Avenencia, porque deben avenir.
—En poco se pondrán de acuerdo esos —comentó Dafne.
—Sí, eso estaba pensando yo también —comentó Lily quitándose un copo de la punta de la nariz.
—Bueno ya vale de charla, corramos a clase de armas. No quiero llegar tarde —dijo Aiden y echó a correr.
Según corrían Nahia iba pensando en todo lo que habían comentado. Tenía muchas preguntas sobre las que quería respuestas. Algunas quizá las tuviera Aoma, otras tal vez estuvieran en algún lugar de aquella academia o de sus alrededores.
Al llegar a clase de armas se encontraron con que Mai-Beltz-Gaiz no estaba allí. En su lugar había otro dragón tan poderoso como el dragón negro, solo que este era marrón. Frente a él había un instructor Tauruk, otro Fatum y un humano. Todos de género femenino en este caso, lo que dejó a Nahia sorprendida.
«Bienvenidos. A partir de hoy comenzáis una nueva etapa de aprendizaje después de haber pasado la prueba de medio año. Yo seré vuestro instructor a partir de ahora y hasta el final del curso. Mi nombre es Irma-Mar-Gud. Ahora comenzaréis a trabajar una nueva parte de vuestro desarrollo, el estudio de armas regular. Lo primero que haréis es aprender a trabajar con los escudos. Es un elemento muy importante porque no solo os protegerá sino que podréis usarlo para atacar. Instructores, comenzad con la formación».
Nahia y sus compañeros se quedaron de piedra, aquello sí que no lo esperaban. Nuevo maestro y nuevos instructores además de nuevo nivel de enseñanza. En aquella academia cada día se encontraban con una sorpresa.
Esta vez les tocó la instructora Tauruk. Era muy fuerte y grande, casi tanto como Ivo. De un gran baúl que había junto a la pared oeste sacó un escudo para cada uno de la escuadra y los entregó.
Nahia recibió el suyo y al sopesarlo y palparlo vio que era de metal. Se dio cuenta de que si con la daga que llevaba a la cintura había tenido suerte, con el escudo no sería el caso. Pesaba más de lo que esperaba. Además, tendría que llevarlo en el brazo izquierdo, pues usaba la daga con la derecha y ese era su brazo más débil.
La instructora no perdió un momento y comenzó a mostrarles cómo sujetarlo con propiedad y la postura en la que debían poner las piernas para detener los golpes de forma eficiente.
—Tú, Tauruk, atácame con tu daga —dijo a Ivo.
Ivo la miró y en sus ojos apareció la duda.
—Me atacarás con una estocada directa al corazón —ordenó la instructora.
La boca de Ivo se abrió para objetar pero la instructora no se lo permitió.
—Ni una palabra. Haz lo ordenado.
Ivo no parecía nada contento con aquello, pero hizo como le indicaban. Sacó su daga y con el arma en la mano derecha y el escudo en la izquierda se puso en posición con las patas traseras ligeramente flexionadas. Como estas terminaban en pezuñas, era un poco extraño.
—Ejecuta el ataque —ordenó la Tauruk, que solo llevaba un escudo en su mano izquierda y aguardaba en posición defensiva.
Ivo suspiró hondo y atacó. La daga se dirigió al cuerpo de la poderosa Tauruk, pero no llegó a rozarlo. Con un movimiento rapidísimo interpuso su escudo en la trayectoria de la daga y esta golpeó el metal. Al hacerlo, salió desviada hacia un lado y dejó a Ivo mal posicionado. Sin mediar palabra, la instructora le soltó un tremendo golpe con el escudo a la cara. Ivo cayó al lado opuesto como un árbol talado y se quedó tendido en el suelo, sin sentido.
—Que nadie lo socorra, se recuperará en breve —ordenó la Tauruk—. Como habéis podido ver, con un escudo se puede defender y a su vez atacar y derribar hasta al más potente de los adversarios. Pero para ello hay que saber cómo y dónde golpear.
Nahia estaba helada. Al pobre Ivo lo había dejado inconsciente de un solo golpe, lo que le parecía imposible con lo fuerte y alto que era. Por otro lado, la instructora también era fuerte y alta aunque no tanto como Ivo. Estaba claro que la técnica tenía mucho que ver.
—Ahora os colocaréis por parejas y realizaremos ejercicios de ataque con daga y defensa con escudo. Quiero que seáis capaces de defender cualquier ataque que os realicen desde cualquier dirección. Cuando dominéis esto, pasaréis a hacer lo que acabo de mostraros. Aprenderéis a atacar y contratacar con vuestro escudo. Antes de terminar el invierno seréis capaces de tumbar a vuestros compañeros con un golpe de escudo, eso os lo aseguro.
A Nahia la última frase le preocupó sobre manera. ¿Cómo iban a practicar el dejar a un compañero fuera de combate? Tenía la sensación de que iba a ser precisamente dándoles con el escudo en la cara. Solo de pensarlo le bajó un escalofrío por la espalda. Miró a Dafne, que le devolvió una mirada con el entrecejo arrugado. Estaba pensando lo mismo que ella.
Ivo se recuperó tras un momento y se puso en pie sin protestar. Comenzaron a realizar los ejercicios bajo la dirección y atenta mirada de su instructora. Para el final de la clase, Nahia ya no podía mantener el escudo levantado, no tenía fuerza en el brazo izquierdo, tal y como se temía. Tendría que trabajar más su brazo débil. Eso le hizo pensar en el entrenamiento extra en el gimnasio y en Logan. Quizá lo viera allí. Ese pensamiento la animó. En cuanto salieran, iría al gimnasio, aunque poco iba a poder trabajar el brazo porque lo tenía cansadísimo.