Capítulo 41 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El invierno continuaba implacable y la nieve parecía ahora constante. La plaza de armas estaba siempre cubierta de un manto blanco y tenían que limpiar el reloj solar para poder saber la hora. Por suerte ya tenían el cuerpo hecho a los horarios y eso no era un problema.
Aquella mañana Irakas-Gorri-Gaizt los hizo marchar algo más de lo habitual y no pudieron desayunar para no llegar tarde a las clases. Ivo estaba muy descontento. El desayuno era su momento favorito del día y cada vez estaba siendo más corto, por lo que su enfado iba en aumento.
—No entiendo por qué tenemos que marchar todas las mañanas. Podríamos hacerlo después de las clases —expresó con aspavientos.
—Después de las clases muchos vamos al gimnasio —dijo Nahia.
—O a la biblioteca —añadió Lily.
—Pues deberíamos desayunar primero y marchar después. La mente no puede razonar si el cuerpo no tiene sustento.
—En eso te voy a dar la razón —dijo Aiden.
—Vaya, es la primera vez que estás de acuerdo con algo que dice nuestro Tauruk —Dafne miraba a Aiden, extrañada.
—Nuestro Tauruk es de lo más raro, por si no te has dado cuenta, Fatum —aclaró Aiden.
—De lo más singular, prefiero ese término —dijo Ivo sin molestarse por el comentario.
—Un Tauruk excepcional —dijo Taika y le dio una palmada en su gran espalda.
—Un Tauruk hambriento —se quejó Ivo y todos sonrieron.
Llegaron a la formación de magia y se encontraron con algo inesperado. En el aula que siempre utilizaban, no estaba Mag-Zilar-Ond y Mabor como solía ser habitual. Sus lugares los ocupaban un dragón blanco enorme y otro Exarbor que todavía parecía más viejo que Mabor, lo cual era difícil.
«Bienvenidos, miembros del Escuadrón Rojo. Hoy es un día especial en el recorrido de la Senda. Ya estáis preparados para dar un paso importante. Dejáis atrás los estudios de magia básica para comenzar los de magia regular. También por ello, cambiáis de maestro. De aquí a final de año yo seré vuestra instructora. Mi nombre es Ande-Zuri-Koa y el Exarbor que ejerce como mi ayudante es Borme. Soy un dragón blanco y como ya habréis imaginado mi elemento principal es el aire. Espero no tener que descargar una tormenta sobre ninguno de vosotros. Advertiros que yo no soy tan benévola como lo es Mag-Zilar-Ond, así que si no estáis a la altura lo pagaréis».
El anuncio del cambio de maestro y avance en los estudios de magia dejó a Nahia muy inquieta. El hecho de que el nuevo dragón instructor fuera además más riguroso llevó el miedo a su cuerpo y el estómago se le agitó. Todo en aquella academia parecía complicarse a cada paso que daban.
«Hoy comenzaremos con los estudios de magia regular y descubriremos vuestra alineación elemental» envió la dragona albina y les hizo sentir que aquel era un paso crucial.
Por si el cambio fuera poco, había algo más diferente aquel día que los dejó extrañados: en medio del aula había colocada sobre el suelo una pirámide alargada sobre la que descansaba una esfera plateada del tamaño de la cabeza de Ivo.
—¿Qué es eso? —preguntó en un susurro Lily según se sentaban en sus sitios.
—Ni idea, pero no entiendo cómo se sostiene sobre la punta de la pirámide —murmuró Dafne observando con semblante hosco.
—Solo puede mantenerse así por efecto del poder de la esfera —comentó Taika.
Las otras dos escuadras también estaban cuchicheando sobre aquellos dos objetos.
—Silencio, nos vais a meter en un lío —dijo Aiden.
Todos callaron al ver que el Exarbor los observaba.
—Prepararé el proceso… —dijo Borme y con la lentitud de los suyos se acercó hasta la pirámide y la esfera que estaba sobre ella.
«Ya habéis descubierto vuestro dragón de poder interior y sois capaces de interactuar con él gracias al vínculo del dragón con vuestra mente para utilizar la magia que lleváis dentro. Esa es la parte inicial que ya habéis superado. Hoy comenzaréis con la parte más avanzada de la magia de dragón que se enseña el primer año y para ello primero debéis pasar una prueba».
El término prueba provocó un cierto grado de angustia incluso en Aiden, que siempre intentaba ocultar que tuviera ningún sentimiento de miedo o inquietud. Los integrantes de las otras escuadras también se movieron intranquilos.
«La prueba de la alineación elemental marcará un hito importante en vuestra vida, determinará qué tipo de magia elemental es la que corre por vuestras venas. Todos los de sangre de dragón tienen una, la que se ha ido formando en vuestro interior desde que nacisteis y ahora se mostrará».
—Todo preparado… mi señora —informó Borme.
«Muy bien. Es momento de descubrir qué tipo de magia tenéis. ¡Que comience la prueba!».
Borme se situó junto a su pedestal con el gran tomo abierto. Pasó una página y llamó al primer alumno.
—Nahia… del Escuadrón Ígneo.
Un suspiro salió de la boca de Nahia según se ponía de pie. Miró a sus compañeros, que le devolvieron miradas y gestos de ánimo. Se dirigió al lugar donde estaban la pirámide y la esfera, que ahora rotaba sobre el vértice en total equilibrio. Nahia no pudo distinguir si estaba apoyada en él o si rotaba un poco por encima, sin apoyarse.
«Sitúate frente a la esfera y extiende las manos hacia ella, sin tocarla. Deja dos palmos de distancia».
Nahia hizo como se le pedía. La esfera quedaba algo más alta que su cabeza, así que tuvo que extender los brazos hacia arriba. No sabía qué iba a suceder, pero estaba nerviosa. Contemplar la esfera rotando perfectamente equilibrada la inquietaba.
«No te muevas hasta que yo te lo indique» envió la dragona y cerró sus ojos.
Un momento después la esfera plateada emitió un destello. Nahia vio que alrededor de la esfera se formaba una capa de energía blanca. Era una bruma de poder que la propia esfera desprendía y creció hasta tener un grosor de un palmo alrededor de ella, cubriéndola por completo. Al girar la esfera el campo de fuerza a su alrededor también giraba, pero no a la misma velocidad ni en la misma dirección, sino en la contraria, lo que producía un efecto que a Nahia le pareció de lo más extraño y contra natura.
«La esfera está preparada para determinar tu alineación. Ahora debes despertar a tu dragón interior y enviar energía a tus dos manos, como si estuvieras creando una esfera de energía para atacar. En lugar de eso, situarás tus manos sobre la esfera, sumergiéndolas en la capa de energía exterior. Adelante. Sientas lo que sientas, no retires las manos. Debes finalizar el proceso sin levantar las manos de la esfera».
Nahia obedeció, no sin preocupación. Se concentró y buscó su dragón de poder. Lo encontró en el centro de su torso. Envió energía a sus manos usando su mente y pudo sentir cómo viajaba del dragón a las manos. Las puso sobre la bruma de energía y sintió un cosquilleo algo doloroso en las palmas. Por un momento estuvo a punto de levantarlas. Pero consiguió dominar sus miedos y buscó tocar la esfera con sus manos.
Algo extraño sucedió. Se produjo un destello en el momento en que tocó la esfera con ellas y se detuvo. Ya no giraba. Sin embargo, la capa de energía sí seguía rotando.
El cosquilleo era ahora mucho más intenso y dolía. Sentía una sensación como si le estuvieran dando calambres por las manos. Apretó la mandíbula y puso cara de dolor.
«Debes aguantar el dolor. Recuerda que la magia siempre tiene un precio y el dolor es el que tienes que pagar ahora».
La esfera comenzó de pronto a cambiar de tonalidad. Se volvió de un azul intenso y Nahia sintió algo insólito en sus manos: como si agua las recorriera. Tuvo que mirarlas para asegurarse de que en realidad no las había sumergido en un río. Las dos manos estaban sobre la esfera cubiertas por la capa de energía, no había agua por ningún lado. Sintió que se le congelaban y el dolor hizo que estuviera a punto de retirarlas.
Tras un momento la esfera cambió de color y se volvió marrón. Nahia sintió que sus manos estaban rodeadas de tierra árida. Comenzó a sentir como si rocas rugosas se rasparan contra sus palmas y de nuevo tuvo que esforzarse para no retirarlas. El siguiente color del que se tornó la esfera fue completamente blanco. Al momento Nahia percibió como si el viento le acariciara las manos y se sintió bien, aliviada. De súbito, padeció una descarga terrible que le subía por las dos palmas, como si un rayo la hubiera alcanzado. No apartó las manos de milagro. Obviando el dolor empujó para abajo, hacia la esfera, que ya cambiaba de color.
Ahora se volvió de color rojo y Nahia supo lo que venía. Un ardor tremendo le subió por las manos. Se le quemaban, las notaba achicharradas mientras la esfera mostraba un color rojo intenso. Le costó horrores no levantarlas y soportar el dolor. Por fortuna el color cambió a uno muy brillante, como transparente, pero muy luminoso. Todo dolor desapareció de sus manos en un instante y sintió un alivio tremendo. Resopló aliviada. Estaba disfrutando del momento cuando la esfera cambio a un color negro como la noche. Nahia sintió que sus manos desaparecían, como si la oscuridad se las llevara y un dolor intenso regresó.
Aguantó como pudo sin moverlas hasta que la esfera cambió al color plateado inicial. El dolor fue menguando y fue reemplazado por el cosquilleo que, si bien también era algo doloroso, no tenía punto de comparación.
«Muy bien. Se ha evaluado tu alineación contra los cuatro elementos primarios de la magia: agua, tierra, aire y fuego, y los dos secundarios, luz y oscuridad. Veamos con cuál estás alineada».
La esfera destelló tres veces con brillantes destellos plateados y se volvió completamente roja.
«Fuego es tu elemento» envió Ande-Zuri-Koa e hizo sentir a todos el fuego en sus cuerpos por un instante.
—Nahia… Elemento fuego… —apuntó Borme en su tomo.
«Puedes retirar las manos y volver a tu sitio».
Nahia retiró las manos aliviada y las miró. No les había pasado nada. Sintió un gran alivio. Que su elemento fuera el fuego tenía todo el sentido, por eso ardía por dentro y por fuera. Quizá esa era la causa de su condición. Tendría que estudiarlo y ver si estaba relacionado. También explicaba por qué ella era una Nacida de la Llama, o eso supuso. Se sentó y resopló.
—Dafne… del Escuadrón Ígneo —llamó Borme.
La Fatum se puso en pie.
—Suerte —le deseó Nahia en un susurro.
Dafne fue hasta el centro y el proceso se repitió. Dafne aguantó el dolor y no separó las manos de la esfera en ningún momento. La esfera mostró una luz brillante y transparente como su elemento.
—Dafne… Elemento luz… —apuntó Borme en su tomo.
Cuando regresó a su sitio los miró contrariada.
—¿Qué se supone que puedo hacer con luz? —preguntó.
Nahia se encogió de hombros.
—Ni idea.
Le tocó a Lily y realizó el proceso, también aguantando el dolor y sin separar las manos. En su caso el elemento fue agua. Lily regresó muy contenta a su sitio.
—El azul me sienta genial —dijo sonriente.
Aiden fue el siguiente del grupo y fue a realizar la prueba convencido de que sería excelente. Le tocó el elemento aire, de lo que se alegró.
—Podré crear tormentas con mi magia —dijo.
—Tú ya eres un tormento, así que no es una novedad —dijo Dafne.
—Tormenta, no tormento —corrigió Aiden.
—Te está tomando el pelo —se rio Lily
Ivo fue el siguiente en realizar la prueba. Le tocó el elemento tierra. Le encajaba bien. Se sentó con una sonrisa en la cara.
Finalmente le tocó el turno a Taika. Pasó la prueba y se alineó con el elemento oscuridad.
—No sé qué podré hacer con este tipo de magia —dijo Taika encogiéndose de hombros.
Los demás se miraron y ninguno pudo darle una explicación, no tenían ni idea.
Al finalizar la Escuadra ígnea le tocó a la Candente y luego a la Ardiente. Uno por uno todos sus integrantes fueron pasando la prueba y se fue determinando su alineación elemental.
«Ahora ya conocéis la alineación elemental de vuestro poder. Os habréis dado cuenta de que para la mayoría coincide con el color de vuestras escamas. El poder ya se estaba manifestando en vuestro cuerpo y las escamas indican el elemento con el que tenéis afinidad. Ahora yo lo sabéis con seguridad. Hay unos pocos para los que el color de las escamas no coincide con el resultado obtenido en la prueba de hoy. Esto puede deberse a dos motivos. Uno, que seáis una excepción, una singularidad, y el color de vuestras escamas sea indicativo de un poder mayor que se manifestará en otro momento. El segundo, que tengáis más de una afinidad y que la que muestran vuestras escamas aparezca más adelante. En cualquier caso, no tenéis nada que temer. Es en realidad una bendición, pues seréis más poderosos que el resto, que solo tiene una afinidad elemental».
Ande-Zuri-Koa hizo una pausa para que todos asimilaran la información que les había transmitido. Nahia se dio cuenta de que tenía escamas doradas y le había salido afinidad con el fuego. Eso la convertía en un caso singular. Aunque Ande-Zuri-Koa asegurara que no tenía por qué preocuparse a ella le preocupaba. Sus compañeros de escuadra todos tenían las escamas del color que la alienación elemental había determinado. Y no solo los de su escuadra, también los de las otras dos escuadras.
—Una singularidad… Nahia… Escamas de Oro —apuntó Borme.
Todos la miraron y Nahia quiso que la tierra la tragara.
«Ahora que ya conocéis vuestro elemento, es momento de comenzar a usarlo. Escuadra Ígnea, adelantaos».
Nahia miró a sus compañeros, que estaban tan sorprendidos como ella. Se levantaron y dieron un paso al frente.
«Quiero que todos creéis una esfera de energía. Adelante».
Los seis sacaron sus Perlas de Aprendizaje y cerrando los ojos buscaron el dragón brillante y poderoso en el centro de su torso. Se concentraron y abriendo la otra mano crearon la esfera de energía sobre la palma. Las Perlas de Aprendizaje destellaron en un color blanquecino plateado. El tamaño de las bolas de energía que eran capaces de crear ahora tras todo el entrenamiento era bastante más grande.
«Muy bien. Las esferas que habéis creado son de pura energía y esa no es la forma más eficiente, ni la más poderosa de crearlas. Lo que quiero que hagáis es destruirlas y crear una nueva, solo que esta vez utilizaréis la alineación con vuestro elemento para crearlas».
Uno por uno, fueron destruyendo las bolas de energía y comenzaron a crearlas de nuevo. Nahia llamó al dragón de poder en su interior e invocó una bola del elemento fuego. La Perla de Aprendizaje brilló y un momento más tarde una bola de fuego levitaba sobre la palma de su mano derecha. La observó y se quedó pasmada. La bola ardía y tenía un aspecto de lo más intimidante. Dafne creó la suya que brillaba con una luz tan potente que cegaba, parecía haber creado una estrella en su mano. Tuvieron que apartar la vista para no quedar cegados. La bola de Lily era del azul del océano y su interior parecía el propio mar ondulante. Aiden creó una blanca que en su interior contenía relámpagos y rayos que intentaban salir. Ivo creó una bola marrón llena de miles de piedras y trozos de roca que parecían tener vida propia. Finalmente, Taika creó una tan negra que parecía que devoraba toda luz a su alrededor.
«Buen trabajo, mantenedlas estables. Borme, coloca la diana».
—Al momento… —el Exarbor fue tan rápido como le fue posible.
Mientras todos controlaban sus bolas elementales, Borme situó la diana en la pared y se retiró.
«Lanzad con la mano la bola elemental contra la diana en orden de formación».
Nahia era la primera. Miró la diana, luego su bola de fuego y con un movimiento fluido la lanzó. Mente y brazo estaban en perfecta armonía. La bola salió directa hacia la diana y al golpearla se produjo una explosión de fuego que no solo destruyó la diana, sino que consumió en llamas todo a su alrededor. Nahia echó la cabeza atrás de la sorpresa. La explosión había sido mucho mayor que la de energía con la que solían practicar y las llamas mucho más peligrosas.
«Como habéis podido apreciar, al aplicar magia elemental los efectos son mucho más poderosos. Siguiente».
Borme colocó una nueva diana e hizo una seña de que estaba lista. La bola que creó Dafne fue una de enorme luz que al estallar contra la diana la destruyó y creó un haz tan potente que cegó momentáneamente a media aula.
«El elemento luz puede que no parezca tan potente como el fuego, pero puedo aseguraros de que lo es. La magia de luz tiene ramificaciones muy interesantes que ya descubriremos más adelante. La más importante que ya os adelanto es que puede sanar».
Nahia miró a Dafne y ésta le devolvió una mirada de que no estaba demasiado contenta con el elemento con el que estaba alineada.
Lily lanzó su bola contra la diana y al estallar congeló todo cuanto había a su alrededor. La diana quedó encajada en un bloque de hielo. Indicaron a Aiden que lanzara la suya sobre la diana congelada. Al estallar los rayos y relámpagos que contenía en su interior quedaron libres y golpearon el bloque de hielo destruyéndolo. Aiden asintió muy satisfecho.
Borme colocó otra diana. Ivo lanzó su bola y, al estallar, miles de piedras y rocas con aristas golpearon la diana. Se quedó perplejo del poder destructivo que había creado. Taika fue el último. La suya era muy oscura y parecía tener vida propia, daba miedo solo verla. La lanzó contra la diana y al impactar algo muy extraño sucedió. Se produjo una explosión sorda y toda el área alrededor de la diana se cubrió de negro. Un momento después desaparecía y también la diana. Taika se quedó pasmado y con ojos muy abiertos contemplando lo que había causado.
«Ahí tenéis los seis elementos principales en acción. Aprenderéis a utilizarlos para realizar ataques más poderosos y desarrollar otras habilidades. Tenéis mucho que aprender y mejorar».
Después de finalizar las demostraciones la Escuadra Ígnea le tocó el turno a la Ardiente. Sus integrantes realizaron el mismo ejercicio y mostraron sus poderes elementales. Luego terminó la ronda la Candente.
Cunado finalizaron, Ande-Zuri-Koa los envió a todos a la biblioteca a que estudiaran cómo dominar el manejo de la magia elemental. Por una vez todos partieron animados a estudiar. El nuevo poder que habían adquirido los tenía muy intrigados, todos querían saber cómo usarlo y qué más podían hacer con él.
Empezaban a entender el verdadero potencial de la magia que corría por sus venas.
Por la noche se estaban preparando para ir a dormir en su habitación, pero estaban alterados por lo que habían experimentado.
—Yo me he quedao helada con lo que hemos aprendido hoy —comentó Lily mientras se peinaba su largo cabello azabache.
—En tu caso además es lo correcto —bromeó Dafne doblando su capa.
Lily la miró y se dio cuenta.
—¡Ah, lo dices por mi poder elemental!
Dafne sonrió.
—No he podido resistirme.
—Ya, eso es porque eres muy lúcida —replicó Lily remarcando sus palabras.
Dafne la miró con una ceja enarcada.
—Oh, por la luz, ya, muy graciosa —rio Dafne.
Lily rio también.
—Tenéis un humor increíble. Me anima el alma —agradeció Nahia.
—Si no nos reímos un poco en este sitio nos vamos a quedar como el cabeza de roca —dijo Dafne.
—Calla que igual te oye, oídos tiene —dijo Lily.
—Os oigo perfectamente —dijo desde el otro lado del biombo—. Pero no me vais a arruinar este día. Hoy mi poder elemental se ha manifestado y es impresionante. Estoy muy satisfecho.
—Ya, contigo mismo. Eso lo sabemos —replicó Dafne.
—Con lo conseguido hoy. Puedo encapsular el poder de la tormenta en una esfera y hacerlo estallar descargando sobre el enemigo. Es impresionante.
—Lo es —estuvo de acuerdo Taika—. Lo que hoy hemos aprendido es algo que da que pensar.
—¿Crees que será peligroso? —preguntó Nahia—. A mí la explosión de fuego y la llamarada que surge me deja un tanto preocupada.
—No es peligroso si aprendes a dominarlo. Es lo que debemos hacer para ser una fuerza en el campo de batalla.
—O podemos matarnos a nosotros mismos en un descuido —comentó Ivo.
—Yo no cometeré tal descuido y seré invencible —aseguró Aiden.
—Por supuesto, no podría ser de otra manera —replicó Dafne.
—La verdad es que nos da un poder que no imaginábamos tener —dijo Nahia—, o al menos yo no lo imaginaba. Me preocupa un poco…
—Tranquila, si se te va la mano con el fuego siempre me tienes a mí, que puedo apagarlo con mi poder de agua. Soy tu enemigo natural —rio Lily.
—Es verdad. No te alejes por si acaso.
—Yo entonces soy el de Taika —dijo Dafne—. Yo soy luz y él es oscuridad.
—Así es, somos fuerzas contrarias de la naturaleza —convino Taika.
—¿Y qué pasa con Aiden e Ivo? —preguntó Lily.
—Puede considerarse que lo son. El rayo poco puede contra la roca —razonó Taika.
—Y la roca nada puede contra el rayo —dijo Aiden.
—Visto así, sí, están neutralizados —dijo Dafne.
—Pues ya tenemos los elementos neutralizados. Ahora con no separarnos e ir siempre formando estas parejas, todo solucionado —dijo Lily.
—Pobre Ivo —compadeció Dafne.
—Orgulloso debería estar de formar pareja conmigo, que soy el más poderoso —comentó Aiden, orgulloso.
—Ya empezamos… —Dafne se llevó las manos a la cabeza.
—Aprenderemos a dominar nuestros poderes elementales, no os preocupéis —dijo Taika—. Por ahora podemos sentirnos muy satisfechos de haberlos despertado y descubierto. Disfrutemos de este momento, no son muchas las alegrías y debemos disfrutar de las que tenemos.
—Muy bien dicho —felicitó Lily—. Descansemos y soñemos con nuestros nuevos poderes.
—Buenas noches a todos —deseó Nahia.
—Buenas noches —respondieron el resto casi al unísono.
Aquella noche Nahia soñó que era capaz de lanzar enormes bolas de fuego a dragones y que éstos ardían al estallar sus proyectiles contra sus cuerpos. Los vencía a todos, nadie podía detenerla. Los dragones morían a su paso y ella avanzaba sin miedo por el campo de batalla. Nada podía matarla y nada podía interponerse en su camino hacia su meta: un mundo sin dragones y con todas las razas viviendo libres y felices en armonía.