Capítulo 42 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Los días de invierno pasaban y todos se esforzaban por no fracasar y seguir con vida. En la academia había un lugar donde nunca hacía frío y allí estaba Nahia aquel anochecer con su rutina de ejercicios físicos. Le dolían brazos, piernas y abdominales, pero estaba contenta. Ya solo le quedaba otra serie y terminaría por aquel día. Dafne estaba con ella. La Fatum protestaba más que se ejercitaba, pero aun así era una muy grata compañía.
—Sigue, no te pares que te veo. Solo esforzándote al máximo progresarás —arengó Nahia a Dafne.
—No he parado. Solo estoy haciendo el descanso que toca entre series —respondió ella tumbada boca arriba y mirando al techo.
—El descanso entre ciclos es de un momento, no de una hora de reloj solar.
—Ya es de noche, el reloj no funciona a estas horas —replicó Dafne.
—¡Menuda excusa! Sigue con la siguiente serie antes de que te enfríes.
—¿Enfriar? ¿Cómo me voy a enfriar aquí? ¿Tú ves a todos estos sudando a nuestro alrededor?
Nahia, tumbada en el suelo también boca arriba, miró alrededor y vio a Logan, que estaba ejercitándose al lado. Eso la animaba. Nada como ir al gimnasio y encontrarse con él. Por alguna razón, le alegraba el alma solo encontrárselo. Luego lo veía ejercitarse y la alegría se volvía aún mayor. La razón la desconocía, pero era así.
—Ellos se esfuerzan de verdad, no como una Fatum que yo me sé que protesta por todo y suda bien poquito.
—Los Fatum sudan muy poco, para que lo sepas, y las Fatum nada. En nuestra cultura sudar se considera vulgar y de muy mala educación.
—Ya, pues en la mía si el sudor es fruto del trabajo duro, se considera una virtud.
—Vale, ya sigo con la siguiente serie solo por no escucharte —refunfuñó Dafne y dándose la vuelta se puso a hacer flexiones.
Nahia sonrió. Se giró y se puso a hacer planchas. El control dentro del gimnasio era menor que en otros lugares de la academia. Había dos dragones de vigilancia en sendas atalayas a la entrada y salida del edificio, pero no en el interior, lo cual les daba una tranquilidad solo igualada por la que tenían en las habitaciones de cada escuadra en los barracones.
Estaba comenzando la última serie cuando Nahia se percató de que una cara conocida se acercaba.
—¡Lily! ¿Qué haces aquí?
La Escarlatum llegaba acompañada de Taika.
—Le he pedido a nuestro Felidae que me traiga.
—No he podido decirle que no, se ha puesto encantadora. Ya la conocéis —dijo Taika encogiéndose de hombros.
—¿No me dijiste hace tres noches que ni loca ibas a venir aquí? —preguntó Dafne y detuvo su serie para hablar con ellos.
Lily suspiró.
—No quería darle la razón al cabeza de granito.
Nahia y Dafne se miraron sin entenderlo del todo.
—El muy idiota dijo nada más empezar que tú no aguantarías dos estaciones y yo tres.
—Lo dijo, sí —asintió Taika.
—¿Y por eso no has venido antes? —Nahia no podía creerlo.
—Por eso y porque pensaba que no lo necesitaba. Pero desde que hemos empezado con el escudo estoy teniendo problemas y serios, mi cuerpo no me aguanta bien.
—Te entendemos —dijo Nahia asintiendo.
—Yo ya lo llevo mejor —dijo Dafne—. Pero porque vengo aquí y entreno.
—Pues parece que es mi destino también.
—Uno que compartimos las tres —sonrió Nahia.
—Uno de sudor y lágrimas —dijo Dafne y puso cara de horror.
Lily rio y Nahia se le unió.
—Os dejo, pasadlo bien —se despidió Taika y marchó.
—¿Qué tortura me vais a hacer pasar? —preguntó Lily a sus dos compañeras.
—La misma que pasamos nosotras —respondió Nahia.
Lily resopló.
—Piensa que pronto estarás fuerte y entonces podrás decirle al cabeza de mármol que no tenía razón —dijo Dafne.
—Mira, eso me animará a esforzarme.
—Pues nada, ven y te explicó lo que tienes que hacer —se ofreció Nahia.
Nahia observó a sus dos compañeras por un rato y les corrigió un par de posturas para que las hicieran mejor. Luego las dejó entrenar. Terminó su serie y se sentó en el suelo a observar a Logan luchar en la estera con Markus, el humano de la Escuadra Huracán, del Escuadrón Blanco. Ambos eran fuertes y ágiles. Entrenaban combate desarmado y eran muy buenos.
Cuando terminaron y Markus se marchó, Nahia saludó a Logan.
—Menuda sesión de entrenamiento —dijo.
Logan sonrió al verla y se acercó. Se sentó en el suelo junto a Nahia.
—Para mejorar hay que buscar buenos contrincantes.
—Y luchar de verdad.
—Cierto —Nahia asintió.
—Tú ya haces las series como una experta. Y veo que ahora tienes a dos alumnas —Logan miró a Dafne y Lily, que se ejercitaban entre gruñidos de dolor.
—Porque me has ayudado y enseñado. Ahora que lo pienso, ni te lo he agradecido. Muchas gracias.
—No hay de qué —Logan le restó importancia con un gesto.
—¿Cómo ves nuestras posibilidades de sobrevivir? —preguntó Nahia, a la que aquello le preocupaba mucho.
—Solo tenemos que aguantar un poco más y habremos sobrevivido tres estaciones.
Nahia asintió.
—Sí, pero queda una, la más difícil.
—Bueno, será en primavera y eso siempre anima.
—Cierto, la primavera nos levantará el ánimo. Pero al final tendremos la Prueba de Guerra… Iremos al frente…
Logan asintió pensativo.
—Será una misión por escuadrón. No te separes de tu líder y sobrevivirás.
—He oído rumores de que nuestro líder elige las misiones más peligrosas…
—Sí, esa fama tiene. Mi líder también. Aun así, nosotros tenemos que cumplir las órdenes y no fallar.
—Sí… ¿Y si la misión es demasiado peligrosa?
—No pienses en el peligro, solo en finalizarla. Mantente con tu escuadra y cumple lo que te ordenen.
—Ya, porque si no mi líder es capaz de dejarme en el frente.
—O matarte allí mismo.
—¿Tú crees que haría eso? —Nahia lo miró con los ojos muy abiertos.
—He oído historias, ha sucedido y más de una vez. Si los deshonras en el campo de batalla, te matan.
Nahia resopló.
—Lo que nos faltaba. Si no nos mata el enemigo lo hará nuestro líder.
—Por eso debemos completar la misión y no darle esa opción.
—Espero que podamos…
—Podremos —aseguró Logan y juntando las manos frente a su rostro le hizo la mariposa de la victoria.
Nahia se emocionó. Con ojos húmedos ella también hizo la mariposa de la victoria.
Logan se levantó.
—Sobreviviremos —aseguró y se marchó.
Por la noche, después de cenar y ya en el dormitorio, se preparaban para ir a dormir cuando Taika llamó con los nudillos al biombo de las chicas.
Lily sacó la cabeza y al ver que era Taika sonrió y le hizo un gesto con la mano para que pasara.
—Estamos todas visibles, pasa.
Taika lo hizo y se quedó en la entrada.
—¿Todo bien? —preguntó Nahia sentada en su camastro con las piernas cruzadas.
—Algo le pasa o no tendría esa cara ni estaría aquí tan tarde —adivinó Dafne tumbada en su catre ya lista para dormir.
Taika suspiró y asintió.
—Tengo problemas con mi magia. Como creo que es bastante evidente.
—Sí, esa magia negra tuya es de lo más extraña y hasta algo grotesca —dijo Lily.
—No la he elegido yo, créeme. Preferiría cualquiera de las vuestras.
—Te creo y te compadezco un poco —Dafne hizo una mueca de horror.
—Bien…he intentado estudiar y practicar por mi cuenta, pero no consigo avanzar en su dominio. Por ello y tras ver a Lily pedir ayuda hoy, he pensado dejar de lado mi orgullo de tigre y hacer lo mismo.
—Vaya, eso te honra. Bien por ti —felicitó Lily.
—Pedir ayuda es lo primero que yo hice y te la pedí a ti. Cuesta, pero es lo que hay que hacer —aseguró Nahia.
—Pues bien, necesito ayuda y a vosotras tres la magia se os da bien…
—A Nahia y a Dafne muy bien, a mí regular —confesó Lily.
—Yo estaré encantada de ayudarte en lo que pueda —dijo Nahia.
—Cuenta conmigo también —se unió Dafne.
—Aquí dentro no practiques con magia —dijo Aiden desde su camastro.
—¡Pero se puede saber por qué nos escuchas! —gritó Dafne.
—Porque no sois de fiar. Nada de magia aquí, sois capaces de crear un fuego y moriremos todos abrasados —prohibió Aiden.
—Esta vez el Drakónido tiene razón. Está prohibido hacer magia en los barracones —dijo Ivo.
—¿Dónde se puede practicar magia con seguridad? —preguntó Nahia.
—En la biblioteca —dijo Ivo—. En el cuarto nivel hay salas especiales. Si pedís permiso a los Exarbor os dejarán practicar allí.
Nahia, Dafne y Lily se miraron extrañadas.
—¿Y cómo sabes tú eso? —preguntó Dafne.
—Porque yo uso una. Soy el peor en magia de todos así que pedí ayuda a uno de los Exarbor y me explicó lo de las salas de práctica.
—Podrías haberlo comentado —amonestó Lily.
—Lo acabo de hacer.
—Vuelve a tus meditaciones, que nos tienes contentas —dijo Dafne.
—Encantado —respondió Ivo que pareció no captar o ignorar el sarcasmo.
—Pues mañana después de las clases podemos ir a practicar a la biblioteca —se ofreció Nahia.
—Te lo agradezco, de verdad —Taika inclinó la cabeza.
—Tú me ayudaste y ahora lo hago yo, un favor hay que devolverlo siempre.
—Si es de buena voluntad —añadió Ivo.
—Pero bueno, ¿no estabas meditando? —preguntó Dafne.
—Lo estoy, pero habláis mucho y alto. Es difícil concentrarse.
—Mañana mismo empezaremos —le tranquilizó Nahia.
—Además, con Nahia y conmigo vas a mejorar a la velocidad del rayo —aseguró Dafne.
—Eso o morirás entre llamas y ciego —dijo Aiden desde el otro lado.
—¡Calla, cabeza de roca! —gritaron Dafne y Lily a la vez.
Al día siguiente tras las clases Nahia, Dafne y Taika fueron a la biblioteca de magia y hablaron con uno de los Exarbor allí.
—Nos gustaría disponer de un aula para practicar magia —pidió Nahia.
—Sois… de primero… ¿Magia regular? —preguntó el Exarbor.
—Sí, eso es —asintió Nahia.
—Nombres… escuadra… escuadrón.
—Dafne, Taika y Nahia de la Escuadra Ígnea del Escuadrón Rojo.
El Exarbor abrió un tomo, pasó las páginas y con su dedo índice apuntó en verde algo en una sección.
—Muy bien… acompañadme… no podéis ir… sin acompañante…
Dafne resopló.
—Va a llevarnos una eternidad ir con él —susurró a Lily al oído mientras el Exarbor salía de detrás del mostrador.
—La paciencia… es la mayor de las virtudes… —dijo el Exarbor, que de alguna forma la había ido.
—Y el buen oído la segunda —murmuró Dafne.
El Exarbor los condujo hasta el cuarto piso subiendo por tres escaleras de caracol. Una vez allí los llevó hasta una puerta de plata. La abrió y entraron en un aula que estaba completamente revestida de plata.
—Paredes reforzadas… contra magia elemental —dijo—. Evita incendios y similares.
Nahia, Dafne y Taika se miraron gratamente sorprendidos.
En el centro había una esfera blanca grande. El Exarbor se acercó a ella y la tocó con su mano. La esfera se activó y comenzó a emitir pulsaciones.
—Es una esfera… de protección… Si capta magia dañina… la intenta disipar.
—¿Intenta? ¿No lo consigue siempre? —quiso saber Dafne.
—En el mundo de la magia… todo y siempre… no existen, deberías saberlo… Estudia más…
Dafne miró al Exarbor con grandes ojos. Fue a replicar, pero Nahia le tiró de la manga y no lo hizo.
—Agradecemos el consejo —dijo Taika.
—Cuando terminéis… venid a registraros para la salida…
—¿Y si nos olvidamos? —quiso saber Dafne.
—Entonces… se os dará por muertos… en accidente de magia… y se notificará a vuestro líder.
—Oh, tranquilo, no lo olvidaremos —dijo Nahia—. No nos va a pasar nada.
—Ya… todos dicen eso…
—¿Hay accidentes?
—Por supuesto… que hay accidentes… estáis experimentando con magia…
—Oh, genial —Dafne hizo un gesto sarcástico.
—Buen estudio… —se despidió el Exarbor y partió.
—Un encanto el cabeza de árbol centenario ese —se quejó Dafne.
—Nos ha explicado las cosas como son, nos gusten o no —comentó Taika.
—Cierto —Nahia estaba de acuerdo.
—Muy bien, pongámonos a ello —dijo Dafne.
—Espero que no necesitemos de esa esfera —dijo Nahia.
—Todo irá bien. A ver, Taika, concéntrate y saca esa negrura tuya —pidió Dafne.
—Con tranquilidad y cuidado —añadió Nahia.
—Empezaré por crear la esfera de energía y tornarla en elemental.
—Tranquilo. Recuerda que yo tengo la magia elemental que neutraliza la tuya. Si la negrura se te escapa de las manos la destruiré con mi luz.
Taika asintió.
—Vamos a ello.
Trabajaron por horas hasta que un Exarbor se acercó a decirles que debían dejar la estancia. No había ocurrido ningún accidente y Taika sintió que progresaba un poco con la ayuda de Nahia y Dafne.
Tenía todavía un largo camino que recorrer para dominar aquella negrura que generaba y que no entendía, pero ahora sentía que podría lograrlo gracias a la ayuda de sus compañeras.