Capítulo 43 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El invierno se acababa y la primavera estaba a punto de llegar, Nahia podía olerlo en el ambiente y eso la animaba. Iban camino de la formación de armas con el desayuno sin digerir del todo porque, de nuevo, su líder había alargado el entrenamiento de formación y marcha matutino.
Irma-Mar-Gud y las tres instructoras aguardaban para la clase de daga con escudo. Llevaban semanas entrenando y ahora cada uno tenía no solo su propia daga sino también un escudo del que eran responsables.
«Hoy aprenderéis a combinar vuestro poder elemental con el poder marcial de las armas. Es una combinación letal que solo los de la sangre de dragón tienen a su disposición» envió el gran dragón marrón captando la atención de todos al instante.
Las tres instructoras dieron un paso al frente y mostraron sus escudos y dagas a las tres escuadras.
«Formad ante las instructoras y mostradles las armas como ellas os las muestran a vosotros».
La instructora Fatum estaba frente a la Escuadra Ígnea, así que Nahia y sus compañeros formaron delante de ella. La Escuadra Ardiente lo hizo ante la instructora humana y la Candente ante la Tauruk.
«Ahora quiero que os coloquéis el escudo a la espalda y saquéis vuestra Perla de Aprendizaje. No guardéis vuestra daga».
Aquella orden cogió a todos desprevenidos. En las clases de formación de armas nunca usaban magia y, por lo tanto, nunca usaban sus perlas. Como todos debían llevarlas consigo en todo momento, las tenían a la cintura. Se colocaron los escudos a la espalda usando una correa que se cruzaban al torso y sacaron la Perlas de Aprendizaje. Esperaron con la perla en una mano y la daga en la otra.
«Debéis despertar a vuestro dragón interior y enviar energía, vuestra energía elemental, al filo de vuestra daga. Cada uno debe enviar la energía elemental con la que está alineado. No enviéis solo energía pura porque esa no es válida para este ejercicio, debe ser elemental. Recubrid el filo de vuestra arma con ella».
Nahia observó su daga en la mano derecha y luego la perla en la izquierda. Se concentró y despertó al dragón interior. Envió una cierta cantidad de energía al filo, envolviéndolo, al tiempo que invocaba el elemento fuego, con el que estaba alineada. Su mente dirigía la energía y se aseguraba de que rodeaba únicamente el filo. De pronto, la perla destelleó y el filo de la daga comenzó a arder con una llama intensa. Tuvo que extender el brazo para no quemarse a sí misma. Observó cómo su arma parecía ahora una espada corta de fuego. Se quedó muy sorprendida.
Miró a sus compañeros y vio que todavía no lo habían logrado. Aguardó observándoles de reojo.
«Cuando lo consigáis aseguraos de regular la intensidad y la energía que enviáis al arma. No es buena práctica que os incineréis a vosotros mismos o a vuestros compañeros de escuadra».
Nahia reguló la potencia de la llama que recubría su daga y controló la energía que enviaba para mantenerla activa. Era un poco complicado, ya que no controlaba la sensibilidad con la que tenía que abrir y cerrar su flujo de energía. Finalmente consiguió crear un caudal pequeño y constante.
Al cabo de un momento, Dafne logró cubrir el filo de su daga con una luz tan potente que cegaba.
—Regula tu luz o nos cegarás a todos —dijo la instructora, que parecía mucho más curtida y con algunos años más que Dafne. También parecía ser más hosca.
Dafne asintió y trató de controlar la luz que emitía su daga.
—Menos intensidad, contrólala —ordenó la Fatum.
Con un esfuerzo que se apreciaba en su frente fruncida, Dafne redujo el potente resplandor que había creado hasta dejarlo en un brillo intenso pero tolerable. Mientras tanto, Lily recubrió el filo de su arma de agua, que en los extremos se iba congelando. Era un efecto muy curioso. Una capa de agua viva y ondulante recubría el filo culminado por una segunda más ancha de hielo y escarcha. Nahia no tuvo duda de que, si esa capa tocaba algo, lo congelaría.
—Controla la temperatura o congelarás el arma y tu propia mano —dijo la instructora.
Lily apretó la mandíbula y se esforzó en hacer como indicaba la instructora. La capa de hielo dejó de expandirse.
Aiden creó una capa alrededor de los filos de su arma que contenía relámpagos que intentaban escapar. Si ese filo tocaba algo, los rayos saltarían del arma a lo que rozase. Los rayos estaban contenidos en una capa nubosa oscura que daba la impresión de ser una tormenta muy pequeña.
«Por increíble que os parezca el efecto elemental que habéis creado, no se os ocurra tocar esos filos porque no solo os haréis daño, quedaréis como estúpidos ante todos. Y la estupidez se castiga, por si lo habéis olvidado».
Ivo consiguió rodear el filo de una capa de roca fina con piedras y pedazos de rocas con aristas en su interior que se movían alrededor a gran velocidad. Parecían querer romper la capa de roca que las contenía para salir despedidas.
Finalmente, Taika creo una capa con una sustancia negra en su interior que se movía como si fuera una sombra con vida propia. Parecía que la muerte recubría el filo. Nahia miraba asombrada y no era la única, el propio Taika observaba lo que acaba de crear con los ojos muy abiertos.
Poco a poco, todos los integrantes de las tres escuadras consiguieron recubrir sus armas con la energía elemental con la que estaban alineados.
«Ahora vuestras armas son mucho más potentes que antes. La daga es capaz de cortar con su filo y perforar con su punta, y además del daño físico podréis hacer daño elemental, ese que acabáis de añadir a vuestra arma. Instructores, mostrádselo».
La instructora Fatum avanzó y se colocó delante de Nahia. Le presentó el escudo.
—Golpea —ordenó.
Nahia obedeció y soltó un tajo al escudo. Al golpearlo se escuchó el habitual sonido del acero golpeando contra el acero. Sin embargo, algo más sucedió: parte del escudo comenzó a arder. Era como si le hubieran echado alcohol y al contacto con el fuego hubiera prendido. La instructora aguardó un momento y el fuego murió. Se desplazó frente a Dafne.
—Golpea, pero cierra los ojos al hacerlo. Los demás, cuidado.
Dafne asintió y golpeó. Al hacerlo se escuchó el sonido de metal contra metal y se produjo un destello potente de luz, como una explosión de luminosidad. Todos tuvieron que apartar la vista.
La instructora continuó con Lily. Su golpe congeló el centro del escudo. Al pasar a Aiden, su golpe provocó que un relámpago saltara de su arma al escudo. La Fatum sintió la descarga y tuvo que sacudir el brazo. El golpe de Ivo envió una pedrada sobre el escudo y sonó como si mil pedazos de roca lo golpeasen, quedó con un montón de abolladuras. El golpe final fue el de Taika y produjo un efecto muy extraño. La sustancia negra que rodeaba el arma se desplazó por el escudo como si fueran tentáculos negros. La instructora retiró el escudo con rapidez para librarse de ellos.
El resto de los alumnos fueron realizando el ejercicio y cuando todos terminaron quedaron expectantes.
«Con cada golpe, el poder elemental del arma decrecerá. Para mantener el arma con el poder elemental en toda su intensidad tendréis que enviar más energía y mantener el efecto. Ahora practicaréis por parejas los ataques con armas elementales y trabajaréis el control sobre el poder que debéis enviar al arma. Es muy importante mantener el control mental durante la lucha. Aquel que no consiga hacerlo y se deje llevar por la intensidad o los sentimientos de pelea, puede terminar muerto o consumido por su propio poder elemental. En la lucha, la furia y la rabia pueden ser vuestros aliados o vuestros peores enemigos. Eso es algo que debéis aprender a utilizar».
—Por parejas —ordenó la instructora Fatum.
Nahia se puso con Dafne, Lily con Aiden e Ivo con Taika.
La instructora indicó quién atacaba y quién defendía. Los que defendían guardaron las perlas y sacaron los escudos.
—Comenzad —ordenó.
Nahia atacó y Dafne preparó su escudo. Al golpearlo se produjo una llamarada bastante fuerte. Cuando retiró la daga para volver a atacar, Nahia observó que la llama tenía poca intensidad y envió más energía para intensificar el efecto elemental del fuego. El siguiente ataque envió otra llamarada por el escudo y según se preparaba para volver a atacar, recargó la daga con más energía para que la llama actuara con potencia. Nahia se preguntó cuánta energía podría enviar a la daga, pero no quiso sobrecargarla por miedo de hacer daño a Dafne.
A su lado podía ver cómo Lily sonreía mientras congelaba medio escudo de Aiden con cada golpe. Ivo, por su parte, estaba abollando el de Taika con sus ataques de tierra. Continuaron practicando un buen rato. Nahia se dio cuenta de que su energía interior iba decreciendo con cada embestida, se consumía. Si seguía golpeando, se quedaría sin energía y su dragón se apagaría.
—Cambio de rol —ordenó la instructora Fatum.
Dafne atacó y Nahia se protegió con su escudo. Al golpear su daga emitió un brillo cegador y Nahia tuvo que cerrar los ojos, pero no fue lo suficientemente rápida. Si Dafne hubiera querido matarla, si aquello hubiera sido una pelea de verdad, estaría muerta.
—No… veo nada… —dijo para que le diera un momento.
—Parad —ordenó la instructora—. Tienes que controlar la potencia de tu poder elemental. La luz es un poder muy fuerte, más que muchos. Puedes dañar los ojos de tu contrincante si no te andas con cuidado. ¡Contrólalo! —dijo a Dafne.
—Sí… no sabía… —Dafne asintió.
Junto a ellos, Aiden soltó un golpe que hizo que un relámpago descargara sobre el escudo de Lily. Este la protegió del golpe, pero no de la descarga, y se le cayó el escudo al suelo mientras sacudía el brazo.
Taika golpeó el escudo de Ivo y unos tentáculos negros se extendieron por todo él. Ivo miraba con ojos muy abiertos. La negrura se hizo con el escudo hasta el punto de que Ivo tuvo que soltarlo antes de que se propagara a su brazo.
—No me contagies esa oscuridad —le dijo a Taika, que estaba tan sorprendido como él.
Continuaron entrenando hasta que las instructoras dieron el alto.
«Ahora que podéis ver el poder que los elementos añaden a vuestros ataques físicos es momento de que entendáis las ventajas de ese poder aplicadas a la defensa. Quiero que envolváis vuestros escudos con el poder de vuestro elemento y lo uséis para defenderos».
Nahia se quedó muy sorprendida. Utilizar el fuego para atacar se le había pasado por la cabeza, pero rodear su escudo de llamas no. ¿No se consumiría? ¿Se calentaría tanto que sería imposible manejarlo? Lo sabría en un momento.
—Mismas parejas, usad escudos elementales —ordenó la instructora.
Nahia se concentró y envió energía elemental a rodear el escudo. Lo hizo de forma que solo rodearan la parte exterior del mismo, la parte interior no la tocó. El escudo comenzó a arder.
Dafne echó la cabeza atrás y calculó cómo debía golpear para que las llamas no le alcanzaran la mano. Lanzó una estocada directa con su daga elemental de luz. Al contacto se produjo un resplandor cegador y al mismo tiempo una llamarada defensiva del escudo. Nahia tuvo que retroceder deslumbrada y Dafne tuvo que irse hacia atrás también para evitar que la llama le quemara el brazo.
El resultado fue parecido con sus compañeros. Aiden golpeó el escudo congelado de Lily y el relámpago que produjo rompió parte de la protección helada. Al mismo tiempo el hielo comenzó a congelar su daga y Aiden tuvo que retirarla a toda velocidad. Taika golpeó el escudo de Ivo, que estaba rodeado de roca pura, y la negrura consiguió romper parte de la protección mientras gran cantidad de resquicios rocosos salían despedidos hacia Taika, que tuvo que protegerse.
Cambiaron posiciones y Nahia al golpear con su daga de fuego recibió una descarga de luz del escudo de Dafne, que brillaba con una intensidad cegadora. Tuvo que detener los ataques porque no veía nada. Lily atacó con su daga helada y el escudo protegido por rayos de Aiden descargó sobre ella. Al segundo ataque se le quitaron las ganas de seguir. Ivo golpeó el escudo negro de Taika y con cada golpe la negrura intentaba llevarse su daga. Terminó forcejeando con unos negros tentáculos. Consiguió conservarla, pero dejó de atacar.
Las otras dos escuadras estaban teniendo combates similares. Todos intentaban adaptarse a la situación y a las ventajas y desventajas de los ataques y defensas elementales. Las caras y gestos de sorpresa eran continuos.
Al terminar los ejercicios, el dragón marrón se dirigió a ellos.
«Ahora que conocéis cómo aplicar vuestro poder elemental a la daga y al escudo, al ataque y a la defensa, quiero que lo practiquéis y que mejoréis vuestro dominio. Debéis ser capaces de atacar y defender con daga y escudo cargados de poder elemental y enviar energía para soportarlos a ambos. No es fácil y requiere mucha práctica. Y practicar haréis hasta que manejar vuestras armas elementales sea algo que hagáis sin pensar».
—Ya habéis oído. ¡A practicar! Y cambiad de parejas —ordenó la instructora Fatum.
Nahia suspiró. Aquello iba a ser intenso, tendrían que tener cuidado porque ahora se podían hacer daño de verdad. Antes corrían peligro de cortes y punzadas, pero ahora era de todo tipo. No se equivocó. Antes de terminar la clase, Draider, el Drakónido de la Escuadra Ardiente, y Beck, el Fatum de la Candente, tuvieron que ser llevados a la enfermería, uno con quemaduras y el otro con un brazo congelado.
La cena aquella noche se tornó de lo más entretenida gracias a las nuevas habilidades que habían desarrollado en la formación de armas. Nadie, a excepción de Ivo, comía el excelente cordero asado de lo impresionados que estaban y las ganas que tenían de comentarlo con los demás.
—No puedo creer que hayamos sido capaces de hacer lo que hemos hecho hoy con nuestros poderes elementales —comentó Dafne, que seguía atónita y sacudía la cabeza.
Taika asintió varias veces.
—Ha sido de lo más interesante y sorprendente.
—Mi poder elemental es el mejor con diferencia —proclamó Aiden, orgulloso.
—¿Te refieres para ataque o para defensa? —preguntó Lily.
—Para ambas cosas. Tengo el poder elemental del elemento aire. Puedo crear tormentas de relámpagos y encapsularlas en una esfera o aplicarlas a dagas y escudos. Es impresionante.
—No sé, yo prefiero el fuego de Nahia —comentó Dafne—. Te despistas y te abrasa entera.
—El tuyo tampoco es nada malo —dijo Nahia—. Me has dejado cegada cuatro veces. No sabía a qué atacaba ni por dónde me defendía, no veía nada. Todavía veo grandes motas blancas. De hecho miro al plato de cordero y ni lo veo.
—Entonces ya te ayudo yo, pásamelo —dijo Ivo con una sonrisa extendiendo su enorme brazo y mano bestial.
—No seas glotón, todavía tienes un trozo de tu ración —riñó Lily.
—Esto no me dura ni un suspiro —dijo Ivo—. Además, la paz interior comienza cuando el estómago está servido.
—No sé yo qué filósofo te guía, pero ese dicho a mí no me suena que sea muy profundo precisamente… —dijo Lily.
Ivo se encogió de hombros y siguió comiendo.
—No digo que cegar a tu oponente no sea un poder valioso, solo digo que el fuego me parece más poderoso —comentó Dafne.
—Sigo pensando que una descarga de un rayo es más poderosa que una llama —insistió Aiden, satisfecho consigo mismo.
—¿Qué pasaría si lo mojo de arriba abajo con mi poder de agua? —sugirió Lily.
—¿A cabeza de granito? —preguntó Dafne.
—Sí, cuando vaya a soltar uno de sus rayos.
—Por lo que tengo entendido, el agua es conductora del rayo, por lo que lo más probable es que él reciba la descarga —razonó Taika.
—¡Toma! ¡El más poderoso, dice! —se burló Dafne.
—Lo voy a llevar bien mojadito todo el día —rio Lily con malicia.
—¡Eso no es así! ¿Desde cuándo el agua es mala para las descargas? ¿No van juntas en las tormentas?
Taika levantó las manos.
—Solo comento lo que creo que es verdad. No lo sé con seguridad, pero hay gente que ha muerto al caer un rayo en el río o lago en el que se bañaban.
—A mí también me suena —dijo Ivo y luego se levantó a por una segunda ración.
—Eso solo lo decís porque sabéis que tengo el mejor poder elemental y tenéis envidia.
—Sí, de recibir descargas bajo la lluvia —rio Dafne.
—O dándose un baño en el lavabo —se unió Lily.
Aiden se levantó ofuscado.
—Vosotras dos sois insoportables —dijo y se marchó.
—Uy, se ha enfado el dragoncito —dijo Dafne y puso cara de pena.
—Mira que es creído —comentó Lily.
—Yo creo que el poder más singular es el de Taika —comentó Nahia.
—Singular es —convino Taika—. Todavía no sé muy bien cómo utilizarlo. Es como si tuviera vida propia. Tiende a oscurecer todo lo que le rodea.
—A mí me da un poco de repelús —confesó Lily.
—No te culpo, es magia oscura —convino Taika.
—Lo importante es que aprendamos a usarlos de forma que podamos aplicarlos a nuestras armas —comentó Dafne.
—Sí, porque yo he tenido que pedir otro escudo en intendencia. Ivo con sus rocas me lo ha dejado destrozado —comentó Taika.
—Será que el metal que usan no es del bueno —se excusó Ivo, que ya regresaba con su segunda ración y se sentaba a la mesa.
—O igual es que eres un poco bruto —dijo Lily con una risita.
—Nah, es que el metal es malo —aseguró Ivo convencido y siguió comiendo tan tranquilo.
Los demás sonrieron y continuaron debatiendo sobre las posibilidades de sus poderes elementales en sus dagas y escudos. Cuando se marcharon a descansar, Nahia vio a Maika en su mesa y le hizo la seña de la mariposa. Maika la vio y sonriendo le devolvió el saludo. Nahia fue a descansar contenta aquel día, toda una novedad.