Capítulo 46 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Pasaron los días y Nahia seguía sin poder quitarse de la cabeza al pobre prisionero y lo que había sucedido en el Templo de la Avenencia. Por alguna razón le venía a la cabeza de continuo y aunque no se lo había contado a nadie, sentía una necesidad terrible de hablar con él. Era casi más fuerte que su propia voluntad. Su sentido común le decía que debía mantenerse alejada o se metería en un gran lío que podía costarle la vida. Aquello era un asunto muy grave, uno en el que estaban involucrados los cinco reyes dragones.
Los días de formación avanzaban y pronto acabarían el año. Si ella conseguía hacerlo la iban a enviar al frente en la Prueba de Guerra, y ahora ya sabía a qué frente, o lo sospechaba, la iban a enviar al mundo del que provenía Egil, el prisionero. Este conocimiento, esta casi certeza, todavía la hacía pensar en ello más. No pudiendo aguantar más, decidió hablar con él. Para ello necesitaba de una estratagema.
A la mañana siguiente, a primera hora, corrían a formar frente a Irakas-Gorri-Gaizt. Seguía haciéndoles marchar en formación cada día, aunque últimamente no se alargaba tanto, así que podían llegar al desayuno. Según corrían a formar y ya llegando frente a su líder, Nahia pisó mal y la bota se le torció a un lado. Soltó un gruñido y se fue al suelo. Se quedó en el suelo a tres pasos del grupo, agarrándose el tobillo derecho mientras gruñía.
Lily se dio cuenta y fue a ayudarla.
«Vuelve a la formación, Escarlatum» envió Irakas-Gorri-Gaizt.
Al recibir el mensaje, Lily se detuvo y miró a Nahia. No podía desobedecer la orden. Se volvió a colocar en la formación.
«Tienes un momento para ocupar tu posición en la formación, humana».
Nahia se agarraba el tobillo tumbada en el suelo. Hizo como que intentaba ponerse en pie, pero se tiró de nuevo con una mueca de dolor.
Sus compañeros de escuadra la miraban de reojo con gran preocupación, temiendo por su vida.
«Eres una desgracia, humana. No entiendo cómo puedes haber sido bendecida con el poder de una Nacida de la Llama y tener un cuerpo tan débil y lamentable. Todavía no entiendo cómo te alzaste con el triunfo en la prueba de medio año. Ya que no puedes formar y marchar quedas castigada a un mes de limpieza en los calabozos. Espero que limpiar excrementos y terminar agotada de hacerlo cada día te ayude a fortalecer ese cuerpo tan lamentable que tienes. Ve a la enfermería y luego a clase. Esta noche comenzarás tu castigo».
Nahia consiguió ponerse de rodillas y asintió. Se quedó con la cabeza gacha. Sus compañeros comenzaron con la marcha de cada mañana y ella se levantó y cojeando fue hasta la enfermería. Explicó lo que le había sucedido a los Exarbor enfermeros y tras diagnosticar la herida, dos Tergnomus enfermeras le vendaron el tobillo derecho.
Durante el resto del día Nahia acudió a las clases. Le dio pena tener que mentir a sus compañeros porque en realidad a su tobillo no le pasaba nada, lo había fingido, pero no se lo confesó. Necesitaba ver al prisionero y no quería decírselo a su escuadra para no ponerlos en un aprieto. Tampoco tenía plena confianza en que Aiden no se chivara a Irakas-Gorri-Gaizt.
Cuando terminó la clase que, por fortuna, fue de magia y no de armas, se dirigió a las mazmorras. Ya conocía el camino y el protocolo. Esperó frente a la horripilante fortaleza a que Tarcel saliera a recibirla.
—¿Otra vez tú? —se sorprendió el Tergnomus al verla y la miró con la mala cara que ponían los Tergnomus cuando algo no les encajaba.
Si ya de por sí eran poco agraciados en belleza física cuando se enfurruñaban eran feos de verdad.
—¿No aprendiste la lección la última vez?
—Tengo mala suerte —se defendió Nahia.
—Más bien será que eres torpe —dijo él con una mueca de que eso no era nada bueno para ella.
—También, sí.
—Bueno, veamos el lado positivo. No tengo que explicarte cómo funciona todo esto —se le mejoró la cara al darse cuenta.
—Cierto, me acuerdo de todo a la perfección.
Te llevaré con Framus y él se encargará de asignarte al equipo de limpieza más oportuno. Vayamos a registrarte.
Nahia asintió y los dos fueron con el Exarbor de control de entrada a las mazmorras. Para sorpresa de Nahia se acordaba de ella.
—Nahia Aske… Escuadrón Rojo, Escuadra Ígnea… —apuntó en el registro sin preguntarle nada.
—Sí, eso es —asintió ella.
Tercel la acompañó y la dejó con Framus, que al verla puso cara de desaprobación, arrugó la gran nariz fea que tenía y negó con la cabeza.
—Algunos no aprenden…
—He tenido mala suerte —se señaló el tobillo vendado.
—La mala suerte puede ser confundida con la debilidad con facilidad en este mundo —advirtió haciendo gestos con el dedo índice.
—Agradezco el consejo —dijo Nahia, que podía ver que el Tergnomus estaba disgustado de verla allí de nuevo.
Los Tergnomus siempre estaban más o menos disgustados, por lo que no era fácil saber si lo estaba más de lo normal.
—Si puedo pedir un favor…
Framus la miró con el ceño fruncido.
—No estamos para hacer favores ni la vida más fácil a nadie —refunfuñó.
—Me gustaría que me asignaran a la misma sección que la otra vez. Con Ufrem… si puede ser… —Nahia lo pidió de todas formas.
El Tergnomus iba a decirle algo de mal humor, pero se quedó pensativo.
—Te veo más fuerte, irás a un nivel más abajo.
—No con este tobillo —Nahia apoyó el pie e hizo un gesto de dolor. Quería ir al mismo nivel, no por miedo, sino porque allí tenían al prisionero con el que quería hablar.
—¿Cuándo te has hecho eso? —cuestionó Framus.
—Esta mañana.
Framus suspiró y negó con la cabeza enfadado.
—Está bien. Subnivel uno entonces, con Ufrem.
—Muchas gracias —agradeció Nahia con una gran sonrisa.
—No te olvides de ponerte la pulsera. Los Serpetuss andan un poco revueltos últimamente.
Ese comentario no le gustó lo más mínimo.
—¿Revueltos?
—Sí, no sabemos qué les pasa, pero están más inquietos de lo habitual. Así que si te los cruzas, quédate quieta como una estatua.
—Lo haré. Descuida.
Framus condujo a Nahia hasta la sección donde estaban Ufrem y su equipo de limpieza, en el primer subsuelo.
Ufrem la vio entrar en la estancia con Framus y negó con la cabeza.
—Pensé que no volvería a verte.
—Sí, esa era mi intención también.
—Está coja —dijo Framus señalando el tobillo de Nahia.
—¿Por qué me envían trabajadores lisiados? ¡Como si no tuviera suficiente tarea! ¡Esto es bochornoso! —comenzó a quejarse Ufrem.
—¡A mí no me digas! ¡Ha venido así! —respondió Framus también a gritos.
Los dos Tergnomus comenzaron a discutir y gritarse por un largo rato. Finalmente Framus marchó entre gritos y aspavientos.
—Qué decepcionante… —dijo Ufrem a Nahia y le puso la pulsera de plata.
—Como ya tienes experiencia, no hace falta que te lleve de la mano. Te emparejarás con Nielse, es el Fatum que está al fondo. Solo lleva una semana y los Serpetuss lo tienen muerto de miedo —explicó Ufrem.
—De acuerdo —asintió Nahia.
—Sección sur, que es la más cercana, así no castigarás mucho el tobillo.
—Gracias —Nahia se inclinó en agradecimiento.
Ufrem hizo un gesto de quitarle importancia.
—¡Coged fregonas, cepillos y baldes y poneos a ello! —gritó enfadado.
—Al momento —dijo Nahia.
Ufrem abrió las puertas y las rejas de las tres zonas que debían limpiar y luego se marchó cerrando la puerta de salida tras ellos. Nahia y Nielse comenzaron por el primer pasillo. Solo había un par de antorchas en cada lado a lo largo de toda la primera sección y el pasillo era amplísimo, por lo que no se veía demasiado.
—Soy Nahia, Escuadra Ígnea del Escuadrón Rojo —se presentó a su compañero.
El Fatum se volvió hacia ella. Era de primer año, sin duda.
—Soy Nielse, de la Escuadra Granito del Escuadrón Marrón.
—¿Escuadra Granito del Escuadrón Marrón? —preguntó Nahia muy interesada.
—Sí… ¿por qué?
—Entonces conoces a Maika.
—Sí, es mi compañera humana de la escuadra.
—Maika y yo somos amigas —dijo Nahia sin poder ocultar su entusiasmo.
—Oh, es una chica muy maja. Nos llevamos bien.
—Me imagino. Es un encanto y fuerte.
—Más que yo —reconoció el Fatum con pesar, que para ser chico era debilucho.
—Si quieres mejorar eso te recomiendo que vengas al gimnasio. Yo he mejorado mucho desde que voy y la Fatum de mi escuadra también.
Nielse la miró inseguro de si lo decía por ayudar o si se estaba burlando de él.
—Si tú lo dices…
—De verdad, yo estaba muy débil, por eso terminé aquí la primera vez.
—Como yo ahora…
—Por eso te recomiendo ir al gimnasio.
—Un poco tarde ya…
—Nunca es tarde, te lo aseguro.
—Gracias… lo pensaré.
—Ah, y hazme un favor, saluda a Maika de mi parte.
—Sin problema.
—Pero con un saludo especial.
El Fatum miró a Nahia enarcando una ceja.
Ella le hizo el saludo de la mariposa de la victoria.
Nielse la miró como si estuviera loca.
—Es una mariposa y la V es de victoria —explicó Nahia.
El Fatum lo pensó un momento.
—Creo que lo entiendo… La saludaré así de tu parte.
—Mil gracias—sonrió Nahia.
Se pusieron a limpiar y cuando Nahia pasó frente a la celda que buscaba, la reconoció. Allí tenían al prisionero de la máscara de dragón dorada, a Egil. Se acercó a la puerta. Deseó que no le hubieran cambiado de celda o su plan de hablar con él haría aguas. Con disimulo descorrió la mirilla y echó una rápida ojeada dentro. Al principio no vio apenas nada, pues al ser de noche solo la luz de los astros penetraba por una diminuta ventana enrejada y alumbraba el interior de la celda. Miró mejor y vio al ocupante. Tenía pies de humano. Siguió por las piernas y el tronco hasta verle la cabeza. Parecía tener una cabeza de dragón dorado.
Era él.
Nahia vio que Nielse estaba limpiando más adelantado y concentrado en su tarea.
—Soy Nahia, quiero hablar contigo —susurró Nahia al prisionero.
De inmediato se puso en pie y se acercó a la puerta. Miró a Nahia y asintió con la cabeza.
Nahia le señaló.
—Tú Egil.
El prisionero echó la cabeza hacia atrás. Estaba sorprendido de que ella supiera su nombre. Al momento asintió varias veces.
—Yo Nahia —dijo y se señaló el torso.
—Na…hia —imitó el sonido Egil.
—Eso es. Tú Egil y yo Nahia —dijo ella señalándolo a él y luego de nuevo a ella.
Egil asintió.
—Tú Nahia —dijo, y Nahia se dio cuenta de que era inteligente. Había usado el “tú” que ella acababa de usar.
—No deberías hablar con los prisioneros… —llegó la voz de Nielse.
Nahia lo miró y vio que el Fatum la estaba observando. La había descubierto.
Iba a decir algo cuando vio una sombra acercarse al Fatum.
—Quieto. No te muevas.
—No… —dijo el Fatum y se volvió.
Un Serpetuss enorme se acercaba a él erguido, amenazante. Abrió la boca, mostró las fauces y siseó muy fuerte.
A Nielse el terror lo invadió y echó a correr.
—¡No! ¡Quieto! —advirtió Nahia.
El pobre Fatum estaba fuera de sí del terror que sentía. Corrió y el Serpetuss le dio persecución arrastrando su largo cuerpo por el suelo.
Nahia vio a Nielse llegar a su altura en su huida alocada y sin pensarlo dos veces se lanzó sobre él y lo placó. Cayeron los dos al suelo.
—No te muevas ni hables si quieres vivir —dijo Nilsa y le puso la mano en la boca mientras lo bloqueaba con el peso de su cuerpo.
El Serpetuss llegó hasta ellos y se irguió todavía más con la boca abierta y las fauces a la vista. Siseó con un sonido estridente y horrible. El Fatum temblaba bajo el cuerpo de Nahia, que aplicaba todo su peso sobre él para que no se moviera. El Serpetuss bajó hasta sus cabezas y Nahia se temió lo peor. Nielse tenía los ojos desorbitados del miedo. Quería gritar pero Nahia le tapaba la boca y no podía.
La bestia reptiliana los olió y por un momento Nahia pensó que les iba a clavar las fauces a los dos de un solo mordisco. Intentó quedarse tan quieta como pudo y que Nielse tampoco se moviera. El Serpetuss olió la pulsera de ambos y tras un momento de duda en el que Nahia pensó que estaban muertos, aquel vigilante de los pasillos de las mazmorras continuó con su ronda.
Nahia y Nielse se quedaron tumbados en el suelo respirando con dificultad del miedo que habían pasado.
—Gracias… me has salvado…
—¿No sabes que no hay que moverse?
—Lo sé… pero… el terror…
—Si corres te matarán.
—Sí… me doy cuenta…
Nahia se puso en pie negando con la cabeza y le dio la mano al Fatum para que se levantara también.
—Mira, te hago un trato. Yo intentaré que no te maten los Serpetuss y tú mantienes la boca cerrada sobre mis conversaciones con ese prisionero.
Nielse lo meditó un momento.
—Trato hecho —dijo y le ofreció la mano a Nahia.
Ella la aceptó y la estrechó.
—Ahora sigue limpiando como si nada hubiera pasado.
—De acuerdo —Nielse recogió su cepillo y fregona, que había soltado para salir huyendo, y se puso a limpiar.
Nahia se acercó de nuevo a la mirilla.
—Egil —llamó.
El prisionero asintió.
—Necesitó hablar contigo.
Egil negó con la cabeza y se encogió de hombros.
No la entendía. Nahia le hizo el gesto de hablar con las manos en la boca y luego le señaló a él.
Egil asintió. Le entendió.
—Tú, Egil, Tremia —dijo Nahia, que había memorizado el nombre del mundo del que era originario el prisionero.
Egil asintió varias veces.
—Yo Kraido —dijo Nahia.
Egil asintió. Aquello lo entendía también.
—Kraido atacar Tremia —dijo e hizo en gesto de una puñalada.
Egil echó la cabeza hacia atrás. Lo entendió y asintió.
Nahia vio que el problema iba a ser cómo entenderse con alguien que no hablaba su idioma. Sin embargo, le dio la sensación de que aquel prisionero era muy inteligente y captaba las cosas a la primera. Decidió que haría un esfuerzo para enseñarle unas palabras y ver si conseguían entenderse.
—Yo enseñar a ti —dijo Nahia con un gesto como si ella escribiera algo y luego señalándole a él.
Egil asintió y le hizo un gesto señalándose a sí mismo y luego haciendo como que leía un libro.
—Veo que quieres aprender, muy bien. Te enseñaré.
Egil no entendió aquello. Dijo no con la cabeza.
Nahia sonrió y le volvió a hacer el gesto de que ella escribía para él.
—Nahia —dijo Egil y luego realizó una reverencia.
Su muestra de gratitud la sorprendió.
Aquella noche no pudieron comunicarse mucho más pues aparte de tener que limpiar los enormes y largos pasillos, Framus apareció un par de veces para ver cómo iban y un Serpetuss otras dos. Nahia se dio cuenta de que enseñar a Egil su idioma iba a ser complicado en aquellas circunstancias. Tendría que andarse con mucho cuidado.