Capítulo 47 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El humor y el ánimo de todos mejoró con la llegada de la primavera. Por fin el frío y la nieve dejaron paso al calor y al resurgimiento de la vida. Incluso dentro de las murallas de la academia se apreciaba que la vida renacía. Los pájaros llenaban las plazas y jardines y sus alegres cantos levantaban el espíritu de todos.
Ande-Zuri-Koa y Borme aguardaban para la clase de magia regular.
«El último avance que haremos este año es el de los ataques elementales. Es la más difícil de las técnicas de ataque con magia a este nivel y debéis aprender a usarla. Este primer año solo aprenderéis la forma más básica. En segundo y sobre todo en tercero se os enseñará a utilizar este poder en todo su potencial. Eso requiere mucho trabajo y estudio que ya realizaréis. Borme, prepara el blanco».
El Exarbor cogió un muñeco con forma humanoide y muy despacio lo colocó en el centro del aula. Vestía los mismos ropajes que ellos, lo cual era un tanto inquietante.
Nahia esperaba que no le tocara la primera a ella, que venía siendo lo habitual, pero no tuvo suerte.
—Escuadra Ígnea, primer integrante —llamó Borme.
Nahia suspiró y se presentó.
«Humana, lo que debes hacer es llamar a tu dragón interior y coger una cantidad de energía considerable. Luego debes transformar esa energía en una elemental, la alineada con tu poder, en tu caso el fuego. Una vez lo hayas logrado será momento de expulsarla. Aquí es donde debes tener mucho cuidado. La energía elemental de fuego debe salir de ti de forma controlada y prolongada. Lo hará en lo que conocemos como Aliento de Dragón. Debes canalizarla para que salga de ti a través de tu boca, como si fuera tu aliento, y proyectarla. Adelante».
Nahia miraba de reojo al gran dragón blanco y las dudas la invadían por completo. ¿Cómo iba ella a hacer eso?
—Debes mirar… hacia el blanco… —dijo Borme y lo señaló con su mano llena de hojas.
Nahia se volvió hacia el muñeco muy intranquila, lo observó y se intentó concentrar. Era consciente de que todo el escuadrón la estaba mirando, lo cual no facilitaba nada aquel ejercicio. No quería quedar mal delante del escuadrón y menos aún delante del dragón blanco, que a saber cómo se lo iba a tomar.
«No dudes y haz exactamente cómo te he explicado. Sigue cada paso».
No había vuelta atrás, tenía que hacer lo que el dragón le ordenaba. Sacó la Perla de Aprendizaje y la mantuvo en su mano izquierda. Se concentró lo máximo que pudo dadas las circunstancias y despertó a su dragón interior.
Obtuvo de él una cantidad de energía suficiente para crear una esfera del tamaño de su perla, que era la que solían utilizar para ejercitar los ataques con esferas elementales. Sin embargo, en este caso, no tenía que formar una esfera con la energía, sino transformarla en elemental en su interior y luego dejarla salir. Esto le pareció problemático.
«Siento tu poder, ahora debes transformarlo. ¡Hazlo!».
Nahia cerró los ojos e intentó crear una esfera de fuego en su interior, tras un instante pudo comprobar que su energía se convertía en fuego elemental.
«Bien hecho, ya tienes fuego en tu interior, lo puedo sentir. Ahora debes canalizarlo y dejarlo salir a través de tu aliento. Abre la boca y expúlsalo».
—Hacia el muñeco —indicó Borme, que se retrasó varios pasos bastante rápido para ser un Exarbor.
Los ojos de Nahia se abrieron para observar el blanco. Abrió la boca y fue a dejar escapar el fuego por su aliento cuando algo raro sucedió. Perdió el control del fuego interior y en lugar de salir por su boca, surgió por todo su cuerpo. Una llamarada se expandió a su alrededor. Asustada, Nahia se agachó entre los gritos de sorpresa de sus compañeros.
«Mal, muy mal. Así no. Debes controlar la energía en todo momento. La has dejado salir sin ningún control. Eso es inaceptable, podrías haber herido a alguien».
Nahia se miró el cuerpo. No ardía. Se tocó el cabello para asegurarse de que no se había consumido en la llamarada, pero parecía seguir allí. Se incorporó y miró a su alrededor. No había herido a nadie. Al muñeco y a Borme no los había alcanzado y sus compañeros estaban lejos, así que resopló aliviada.
«Vuelve a intentarlo y controla la energía en tu interior. No puedes permitir que explote hacia el exterior. Eso es una deflagración descontrolada y es muy peligroso. Debes conseguir que el fuego salga hacia delante como si fuera el aliento de uno de nosotros, de un dragón. Hazlo y bien esta vez».
El mensaje era una orden que Nahia sabía que no podía ejecutar mal o terminaría castigada o algo peor. Intentó tranquilizarse cuanto pudo y se concentró de nuevo. La primera parte del proceso no tuvo ningún problema, consiguió la energía y la transformó en fuego elemental en su interior. Esta vez no creó una esfera para encapsularlo, sino que dejó que siguiera vivo y ardiente en su interior. Notaba que tenía que hacer algo con esa energía llameante o la consumiría por dentro. Su instinto le decía que debía apagarla antes de que la consumiera a ella, pero eso la haría fracasar en el ejercicio.
Abrió los ojos y miró al muñeco, que parecía uno de sus compañeros, hasta llevaba la capucha puesta. Abrió la boca y dirigió su energía interna para que surgiera como si fuera su aliento, pero de forma controlada, sin hacerlo de golpe, dejándola fluir como un río. Una llamarada intensa salió de su boca como si fuera el aliento de un dragón y proyectó fuego sobre el muñeco. La llamarada lo alcanzó y lo envolvió.
«Muy bien. Mantén el flujo de energía constante, que siga surgiendo».
Nahia estaba pasmada. Podía ver cómo el fuego salía propulsado de su boca hacia el muñeco, que ahora ardía por completo envuelto en llamas. Dejó salir toda la energía elemental que había transformado y que se proyectara contra el muñeco. Al quedarse sin más fuego que lanzar, cerró la boca.
«Eso ha estado mucho mejor. Debes mejorar el control del flujo y aprender a transformar energía interna en elemental según la necesites en lugar de tenerla preparada de antemano. Eso es algo que ejercitaremos en las siguientes clases. ¡Que pase el siguiente alumno!».
Nahia se retiró pasmada mientras el muñeco ardía. La armadura había aguantado al principio, pero poco a poco se había ido consumiendo por el fuego hasta quedar abrasada, al igual que el muñeco. Borme dejó que se consumiera por completo y con tranquilidad trajo otro que tenía preparado. Por lo que pudieron ver, el Exarbor tenía más de una docena de muñecos tapados con una lona en un lado del aula.
Dafne fue la siguiente y en su caso, el efecto no fue tan destructivo. Al igual que Nahia, al principio tuvo problemas para controlar la energía interior y en dos ocasiones emitió dos explosiones de luz que casi cegaron a todos. A la tercera consiguió canalizar su energía elemental como aliento y envió su luz cegadora contra el muñeco.
Lily, por su parte, tuvo algunos problemas más y estuvo a punto de congelar por completo a Borme, al que alcanzó sin querer cuando su aliento helado se le descontroló. Al dragón blanco no le gustó lo más mínimo y Lily casi termina limpiando mazmorras. Por fortuna en el siguiente intento lo hizo bien y su aliento helado atinó al muñeco.
Aiden sufrió mucho para manejar la tormenta que generaba en su interior. Todas las veces que intentó que saliera como un aliento controlado, fracasó. Los rayos y relámpagos salían en todas las direcciones sin ningún control. Ande-Zuri-Koa le ordenó parar y no continuar hasta que consiguiera canalizar su poder elemental en un aliento frontal.
Ivo tuvo muchos problemas para convertir su energía interna en energía elemental de tierra. Las primeras veces no lo consiguió y cuando abría la boca y emitía su aliento, salía como energía pura, no elemental y, aunque golpeaba al muñeco y lo tumbaba de la fuerza, no era lo que el dragón había ordenado. Tuvo que dejarlo porque todos su intentos eran infructuosos.
Taika también tuvo problemas de índole extraña. Conseguía convertir la energía elemental pero al intentar enviarla como un aliento de dragón, lo que salía de su boca eran unos tentáculos negros que se agarraban a todo cuanto encontraban. Por desgracia alcanzaron a Borme y estuvieron a punto de consumirlo, por lo que Taika los destruyó y no lo intentó más al no tener ningún control sobre esa energía oscura interior.
Una vez terminaron, pasaron el resto de los componentes de las otras dos escuadras. Corrieron una suerte parecida. Muy pocos lo hicieron bien, y Ande-Zuri-Koa terminó la clase enviando a todos a la biblioteca a estudiar Aliento Elemental. Debían aprender a usarlo pues era una de las armas más potentes del arsenal mágico de un Brujo de Dragón.
En la biblioteca, Nahia estudiaba la habilidad del tomo de magia inicial cuando vio a alguien que reconoció de inmediato.
—Logan, qué alegría verte.
El moreno levantó la mirada y sus ojos claros se encontraron con los de Nahia.
—Nahia, ¿cómo va todo? Siéntate y cuéntame.
Nahia se sentó a su lado. Uno de los componentes de su equipo, la leona con la que había luchado en la prueba de medio año, la miró y saludó con la cabeza. Ella le devolvió el saludo.
—Bueno, hoy hemos tenido una clase de magia un tanto peliaguda.
Logan asintió.
—A mí la magia me cuesta un poco.
—¿Habéis llegado al Aliento de Dragón?
—Sí, ayer, por eso estoy aquí —Logan le mostró el tomo que estaba estudiando. Mismo capítulo que ella.
—Parece que estamos todos con lo mismo.
—Tú tienes aliento de fuego, será digna de ver la llamarada que sueltas.
—Y tú las tormentas con tu alineación de aire.
—Sí, pero son muy difíciles de controlar.
—Ya, nuestro Drakónido está igual. La ha liado hoy en clase…
—Lo entiendo.
—Una pregunta… ¿no te parece raro que, teniendo escamas plateadas, tu elemento sea el aire?
Logan la miró un instante a los ojos y luego a sus escamas.
—Tú las tienes doradas y tu elemento es el fuego.
—Ya, por eso, debería tener escamas rojas y tú escamas blancas, como todo el mundo que está alineado con el fuego y el aire.
—Cierto, pero tú y yo somos diferentes.
—Eso opino yo también. La cuestión es… ¿por qué?
Logan se encogió de hombros.
—¿Un capricho de la naturaleza?
—¿Eso crees? ¿Opinas que es una coincidencia?
—¿Tú no?
Nahia se mordió el labio inferior.
—Verás… yo creo que hay un motivo. No sé todavía cuál, pero no creo que sea una casualidad. Tampoco que tú y yo hayamos coincidido aquí con estas escamas.
—Que somos una rareza está claro. Tú eres una Nacida de la Llama y yo, un Hijo de la Tormenta.
—¿Hijo de la Tormenta? —Nahia se quedó con la boca abierta.
—Así me ha llamado mi líder.
—¿Te han hecho alguna prueba? A mí sí. Resulta que soy inmune al fuego.
—Yo soy inmune a la tormenta, a sus rayos y relámpagos.
—Es decir, ambos somos inmunes a nuestro propio poder elemental. ¡Eso tiene que significar algo!
Logan miró a derecha e izquierda. Un Exarbor los observaba.
—Tranquila, no te excites que nos castigan.
—Vale… ya me tranquilizo… Es que tiene que ser algo de importancia.
—Significa que tú y yo somos singulares, raros, no creo que signifique nada más.
—Pues yo estoy convencida de que sí. Es una coincidencia demasiado grande para no significar nada.
—No sé…
—Debemos buscar ese significado.
—Está bien, mantendré ojos y oídos atentos.
—Yo también. Si descubres algo prométeme que me lo dirás.
—¿Por qué no iba a hacerlo?
—Quizá no sean buenas noticias…
—Oh, ya veo. Te lo diré aunque no lo sean.
—De acuerdo. Es un trato —dijo Nahia y le ofreció la mano.
Logan miró la mano, luego a Nahia y la estrechó.
—Es un trato.
—Una cosa más… —dijo Nahia según se levantaba—. En la final de la prueba de medio año, ¿cambiaste tu posición con tu compañera a propósito?
Logan la miró con su habitual seriedad.
—Puede ser.
—¿Para qué no tuviéramos que luchar tú y yo?
—Es posible.
—Lo imaginaba, gracias.
Logan asintió y se volvió a centrar en el tomo que estaba estudiando.
Nahia supo por aquel detalle que Logan era un chico excepcional. Se marchó decidida a averiguar qué significaban sus escamas y las de Logan. Quizá le llevara los tres cursos descubrirlo, pero al final lo haría.
Estaba convencida de que no era una mera coincidencia. Había algo importante tras ello.