Capítulo 48 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Una semana más tarde les llegó la fatídica orden de que al día siguiente partirían para la guerra. Comenzaba la Prueba de Guerra, la prueba de final de año. Todos estaban muy nerviosos y fueron a prepararse, todos menos Nahia que tenía castigo todavía. Aprovechó su última noche de limpieza en los calabozos para hablar con Egil sobre aquello. Había continuado enseñándole su idioma, pero no habían podido avanzar tanto como a ella le hubiera gustado porque Framus la mantenía en el subsuelo uno, pero rotaba las zonas. Había muchos días que no le tocaba la sección sur, sino una de las otras tres. Cada vez que esto ocurría A Nahia le daba una rabia terrible.
Había intentado convencer a Framus para que la dejara limpiar siempre la zona sur, pero al Tergnomus esto no le encajaba. Para él no tenía lógica ni orden hacerlo así. Las cuadrillas de limpieza debían rotar. Ella había insistido, pero sin suerte. Tampoco podía arriesgarse a discutir con Framus, pues si lo hacía sospecharía que algo sucedía. Además, los Tergnomus tenían un carácter terrible cuando se enfadaban, chillaban y gesticulaban con muy mal humor.
Por fortuna aquella noche le tocó la sección sur. Resopló aliviada. Saludó a Ufrem y los otros que se encargaban de esa sección y se puso a trabajar con Nielse, con el que le tocaba ser pareja siempre. Esto era debido a que Nielse rogaba a Framus que fuera así. El miedo a los Serpetuss era tan evidente en el pobre Fatum que le permitían formar con Nahia.
—Mañana ir guerra —explicó Nahia a Egil mientras Nielse limpiaba y vigilaba.
—¿Mañana? ¿Guerra aquí? —Egil señaló el suelo.
—No, no aquí —Nahia negó con el dedo índice.
—¿Dónde? —preguntó Egil.
—Drameia, Tremia —respondió Nahia.
Egil echó la cabeza hacia atrás por la sorpresa.
—¿Mañana?
—Sí, mañana.
—¿Gran portal?
—Sí, imagino que gran portal.
—¿Por qué?
Esa era una buena pregunta. Cómo explicárselo.
—Ser prueba. Última prueba año.
—¿Prueba? No entender —dijo Egil negando con la cabeza.
—Pasar prueba para ser guerrero, para terminar curso.
Egil se quedó pensando.
—¿Prueba para guerrero?
—Eso es.
Egil asintió.
—Entiendo.
—No estoy segura, pero creo que voy a Tremia. ¿Puedo hacer algo por ti? —Nahia intentó representarlo con gestos.
Egil pareció entenderlo porque asintió. Lo pensó un largo momento.
—Buscar Lasgol.
—¿Lasgol? ¿Es una persona?
—Sí. Lasgol. Buscar Lasgol. Amigo.
Nahia asintió. Le parecía descabellado que pudiera encontrar a una persona llamada Lasgol en todo un mundo, pero eso era lo que Egil quería y ella lo intentaría.
—Buscaré a Lasgol —asintió Nahia.
—Buena suerte —deseó Egil y le ofreció su mano.
Nahia miró a derecha e izquierda. Solo Nielse estaba en al pasillo.
—Gracias, la necesitaré —dijo y le estrechó la mano a través de la mirilla.
Con la llegada del amanecer los seis escuadrones se presentaron a formar. Todos sabían qué día era. Nahia iba muy nerviosa y sus compañeros muy tensos. El resto de los de primer año que todavía seguían vivos en la academia, también. Los seis capitanes, los líderes de escuadrón, formaban tres a cada lado de las puertas del gran castillo con sus espaldas hacia él y los estandartes frente a ellos.
«¡Escuadrón Rojo, formad!» llegó la orden de Irakas-Gorri-Gaizt.
Nahia intentaba mantener la calma, pero pensar que iban a una misión real de guerra la tenía temblando. Buscó con la mirada a Ana, Maika y Logan y los vio con sus escuadras. Saber que ellos también estaban y participaban la calmó un poco.
De súbito oyeron dos terribles rugidos que provenían de las alturas. Levantaron la vista sobrecogidos y divisaron al coronel Lehen-Gorri-Gogor y al comandante Bigaen-Zuri-Indar sobrevolando el castillo. Planearon sobre la plaza de armas y descendieron desde los cielos para tomar tierra unos pasos más atrás de donde los líderes aguardaban con sus escuadras.
El coronel rugió.
«Hay tres días muy especiales durante el primer curso de formación en Drakoros. El primero ya lo habéis vivido: la Competición de Escuadras a mitad de año. Este de hoy es el segundo: la Prueba de Guerra al final del curso. Os aseguro que no lo olvidaréis nunca. Y el tercer día es el de la Graduación, si sobrevivís al día de hoy, y no todos lo haréis».
Nahia miró con ojos de horror a sus compañeros. Lily y Dafne la miraron con similares ojos asustados.
Bigaen-Zuri-Indar rugió.
«Acompañaréis a vuestro líder de escuadra en una misión de guerra en territorio enemigo. Seguiréis sus órdenes al detalle. Esa puede ser la diferencia entre vivir y morir así que os recomiendo a todos que las sigáis sin dudar y sin fallar. Cumpliréis la misión y regresaréis. Si lo lográis y vuestro desempeño es aceptable os graduaréis. Si no lo es o si no conseguís regresar, fracasaréis y no llegaréis a graduaros de esta insigne y gloriosa institución».
El coronel rugió una vez más.
«Os deseo suerte. Cumplid con vuestra obligación con valor y honor. La gloria será vuestra».
Unos Tergnomus aparecieron con macutos y entregaron uno a cada miembro de cada escuadrón para que llevara a la espalda. La daga y la Perla de Aprendizaje que llevaban a la cintura y el escudo que portaban eran las reglamentarias de la academia.
«Escuadrón Rojo, marchamos. Seguidme» envió Irakas-Gorri-Gaizt.
Los otros seis escuadrones recibieron la misma orden de su líder y se pusieron todos en marcha. Nahia no sabía a dónde se dirigían, pero de una cosa estaba segura, si iban a una misión de guerra, no podía ser en aquel reino en el que estaban. Eso significaba que tenían que viajar a algún otro lugar.
No se equivocó. Marcharon en dirección sur. Cruzaron los Jardines de la Esperanza Baldía, luego la Plaza de la Neutralidad, el Puente del Cielo y llegaron a la puerta.
Se detuvieron frente a la gran perla a la que rodeaban las seis atalayas. Nahia sintió un escalofrío bajarle por la espalda al recordar lo mal que lo había pasado allí. Era una experiencia que se le había quedado grabada para siempre y que solía darle pesadillas.
Sarre-Urdin-Olto, el gran dragón azul que ejercía de guardián de la puerta los aguardaba. Los seis líderes extendieron las alas y de un brinco echaron a volar para subirse a las atalayas. El guardián hizo lo propio y se subió a la perla.
Por un momento todos esperaron expectantes.
—¿A dónde creéis que vamos? —preguntó Lily en un murmullo.
—A algún lugar a conseguir la gloria para nuestros señores —respondió Aiden en un susurro lleno de orgullo.
—Abrirán el portal e iremos a algún sitio, como hicimos al llegar aquí —dedujo Dafne.
—Va a ser más complicado que eso… —dijo Nahia.
—¿Por qué más complicado? —preguntó Ivo—. Yo soy muy contrario a las complicaciones.
—Porque esta perla solo comunica con lugares cercanos, de este mundo —dedujo Taika.
—Eso es, y nosotros vamos a un lugar lejano —dijo Nahia.
Todos la miraron sorprendidos.
—Tú sabes algo que nosotros no —se dio cuenta Lily, que ya lo había intuido y la miraba con grandes ojos.
Nahia se ruborizó.
—Algo sé, sí —confesó.
—Pues suéltalo si lo sabes —pidió Dafne arrugando la frente.
—Creo que vamos a un mundo que se llama Drameia. Está muy lejos de Kraido.
—¿Cómo sabes tú eso? —preguntó Aiden—. Eso debe ser un secreto militar.
Nahia resopló. Quería contárselo todo, pero temía que no lo entendieran o que la malinterpretaran. Que supiera lo que sabía era gracias a un hecho fortuito, y bueno, también por Egil…
—Me ha llegado…
—¿Cómo que te ha llegado si es información militar secreta? —exigió saber Aiden.
—En el Templo de la Avenencia. Mientras hacíamos guardia me llegaron las conversaciones del interior… —confesó.
No quería seguir guardándoselo para ella. Sentía que los estaba traicionando. Eran su escuadra, tenía que confiar en ellos y más si iban al frente.
—¿Te llegaron? Estábamos todos juntos y a mí no me llegó nada —dijo Aiden.
—A mí tampoco —dijeron Lily y Dafne a la vez.
—¿Quieres decir que percibiste las conversaciones? —preguntó Taika.
—Sí, no sé cómo ni por qué, pero me llegaron.
—Es por tu poder. Por ser una Nacida de la Llama —dijo Ivo con tono convencido.
Todos giraron la cabeza.
—¿Tú crees? —preguntó Aiden.
—Estoy convencido. Ella es especial. No lo captáis porque no estáis en paz y armonía con la naturaleza y el mundo que nos rodea. Yo sí lo estoy. Ella tiene un aura dorada especial. Yo la percibo.
—Eres un Tauruk profundo —sonrió Taika.
—Yo no capto ningún aura—dijo Aiden mirando a Nahia de arriba a abajo.
—¿Cómo vas a captar nada con esa cabeza de piedra que tienes? —dijo Dafne.
—Que es una anomalía, alguien singular, y que su poder es diferente al nuestro, con más oportunidades para hacer cosas grandes, ya nos lo dijo Mag-Zilar-Ond —recordó Lily.
—Eso será lo que ha provocado que captaras esas conversaciones —razonó Taika.
—Nos lo tienes que contar todo —dijo Lily animada.
—Yo no quiero saberlo, escuchaste a los cinco reyes y al oráculo. Seguro que eso se castiga con la muerte —dijo Aiden.
—Pues no escuches —dijo Lily.
—Y no te chives porque te sacaré los ojos de dragón que tienes con mi daga mientras duermes —amenazó Dafne.
—Yo te lo sujeto —se ofreció Ivo.
—¿No eras pacífico y equilibrado y eso? —le echó en cara Aiden.
—A veces hay que hacer lo que hay que hacer para que reine el equilibrio —respondió Ivo y le lanzó una mirada asegurándole que lo haría.
De pronto, la perla destelló tres veces seguidas con brillos plateados.
—El guardián está abriendo el portal —se dio cuenta Taika.
Un momento más tarde las tres esferas plateadas comenzaron a formarse una detrás de la otra. Un momento después el gran portal plateado se formó y la gran esfera que parecía tener dentro un mar de plata líquida quedó abierta sobre la perla.
«En vuestros macutos encontrareis una pulsera de plata con el símbolo del portal grabada en ella. Ponéosla. Evitará que sintáis los efectos negativos de cruzar el portal» envió su líder.
Nahia metió la mano en el macuto y vio que llevaban la pulsera, una cuerda y algo de comida y agua. Ya le había parecido un poco pesado. Como además llevaban el escudo a la espalda, esta sobrecarga no le agradaba demasiado. Se puso la pulsera, que le recordó a la de las mazmorras, solo que esta tenía una esfera grabada.
«También lleváis cuerdas. Las utilizaréis para subir al portal. Subid los unos por encima de los otros formando una escalera humana y los últimos con las cuerdas. Todos arriba. ¡Ahora!».
Obedecieron e Ivo se puso el primero con la espalda contra la perla. Luego Aiden se subió a sus hombros y se puso en la misma posición. El siguiente fue Taika. Nahia fue después y alcanzó la parte superior de la perla. Ayudó a Dafne y a Lily y luego las tres, con una cuerda subieron a Taika. Finalmente, Aiden e Ivo subieron. Para alzar a Ivo tuvieron que emplearse a fondo.
Mientras ellos ascendían, también lo hicieron las otras dos escuadras rojas. Los otros escuadrones aguardaron.
«Seguidme» le ordenó Irakas-Gorri-Gaizt y voló desde la atalaya para entrar en el portal. Desapareció en su interior y su escuadrón lo siguió.
Nahia salió del portal y cayó al suelo frente a él. La caída no fue muy pronunciada y quedó agazapada. A su alrededor cayeron sus compañeros y las otras dos escuadras. Todos de la misma forma, como si hubieran saltado de una altura considerable pero no mortal. Se giró y vio que a su espalda había una perla similar a la que acababan de usar con un portal abierto. También distinguió una docena de plataformas rodeándola y sobre ellas dragones vigilando. Eran dragones jóvenes de tamaño mediano.
«Moveos y formad frente a mí. El resto de los escuadrones llegará ahora».
Irakas-Gorri-Gaizt estaba a unos cien pasos frente a la perla entre dos plataformas. Fueron hasta él y formaron. Un momento después llegaba el Escuadrón Negro seguido por el Azul. Un rato más tarde los seis escuadrones formaban frente a sus líderes. Nahia miraba en todas las direcciones para intentar intuir dónde estaban. Veía nubes a su alrededor y cielo despejado donde terminaba la tierra a unos quinientos pasos. Además de eso, por el frescor y lo que costaba respirar, supo que estaban en alguno de los reinos de los dragones en el cielo. No estaban abajo en tierra, eso seguro. Taika miraba con ojos entrecerrados alrededor, probablemente deduciendo lo mismo.
«Nos ponemos en marcha. En formación. ¡Ahora!» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt y todos obedecieron siguiendo una amplia vía hacia el norte. Los seis escuadrones formaron una hilera con el rojo en cabeza. A Nahia le gustó ir primera, podía ver mejor el paisaje que les rodeaba. No era muy diferente al que habían dejado atrás. La vía dividía una gran esplanada de hierba alta y a ambos costados se distinguían bosques en la distancia. No se apreciaba ningún edificio.
Varios dragones pasaron volando sobre ellos y Nahia se preguntó si los estarían vigilando.
«Estamos en los dominios de Erre-Gor-Mau, líder del clan Gondra y rey de este reino en los cielos, así como de la raza de los humanos abajo. Solo tenemos permiso de paso y los dragones que no somos de este reino no podemos volar aquí sin permiso del rey», les explicó su líder y respondió a muchas de las preguntas que se estaban haciendo todos. Nahia se sintió con ganas de correr hasta uno de los acantilados y lanzarse abajo. Su casa, su abuela y su pueblo estaban allí, pero por desgracia ella no tenía alas y si saltaba se mataría.
«El castillo del rey y su ciudad se encuentran al norte del reino. Nosotros no vamos allí, nos dirigimos al este».
De pronto vieron lo que parecía una gran montaña en la distancia. Sin embargo, al acercarse más siguiendo la vía se dieron cuenta de que no era una montaña, aunque tuviera su tamaño. Era una descomunal perla unas cien veces más grande que la que habían cruzado. Todos se quedaron anonadados del tremendo tamaño del objeto.
Llegaron hasta la perla, que se alzaba como un gran edificio esférico, y vieron que tenía unas largas escaleras que permitían subir a ella. Contemplando la perla y las escaleras, Nahia se dio cuenta de que ambas eran creaciones de los dragones, no eran naturales. Lo pensó y llegó a la conclusión de que aquello se había construido tan grande para poder abrir un portal enorme que pudiera alcanzar distancias larguísimas. Erre-Gor-Mau la había construido para poder viajar desde Kraido a Drameia. La distancia entre ambos mundos debía ser descomunal. También tuvo claro al ver aquello que ellos estaban condenados a realizar ese viaje. Ya no tenía ninguna duda.
La gran perla también estaba rodeada de una docena de atalayas y sobre ellas había grandes y plateados dragones, algo que dejó a Nahia intrigada.
Aquellos no podían ser vigías. Eran dragones de edad y al ser plateados estaban allí para algo. Nahia todavía no sabía qué elemento controlaban los dragones plateados, pero siendo el oráculo uno de ellos supuso que tendría que estar relacionado con el tiempo, pues se suponía que era capaz de ver o predecir el futuro.
«Nos detenemos. Mantenemos la formación» llegó la orden de Irakas-Gorri-Gaizt.
Los seis escuadrones se detuvieron y aguardaron un largo rato. Todos estaban nerviosos. La presencia de aquella perla descomunal no calmaba a nadie precisamente. Todo lo contrario, hasta los más despistados se habían dado cuenta ya de lo que iba a pasar a continuación.
De súbito se escucharon fuertes rugidos y todos miraron hacia el cielo. Del norte llegaban una quincena de dragones que volaban en formación creando un gran triángulo. En cabeza, liderando, iba un enorme dragón rojo. Nahia supo quién era de inmediato. Erre-Gor-Mau venía hacia ellos con su escolta real. Los dragones sobrevolaron la perla y a ellos realizando varias pasadas y rugiendo con fuerza. Nahia pensó que buscaban intimidar con su poder, aunque no sabía muy bien por qué. Al verlos descender y tomar tierra algo separados entendió que les estaban indicando quién mandaba allí.
«Quietos. Aguardad» envió su líder que, junto con los otros líderes de los escuadrones, avanzó despacio hacia el rey y su guardia. Nahia se percató de que tanto el rey como su guardia eran más grandes que sus líderes, lo cual la dejó boquiabierta. Aquellos eran dragones muy poderosos. Al llegar los líderes ante el rey todos bajaron la cabeza hasta casi tocar el suelo con ella, esto no lo habían visto nunca. Que un dragón se agachara les parecía impensable y que lo hicieran sus líderes más todavía. Sin embargo, allí estaban los seis con sus cabezas gachas rindiendo pleitesía al rey de aquel reino en los cielos.
Por un momento Erre-Gor-Mau pareció hablar a los seis líderes. Luego regresaron con los escuadrones.
«Tenemos permiso del rey para usar su portal. Subid por las escaleras» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt.
Así lo hicieron y mientras subían vieron que los dragones plateados de las atalayas destellaban. Luego lo hizo la gran perla. Estaban abriendo el portal.
El portal por el que habían llegado lo había abierto el guardián rápidamente, pero no fue el caso. Los dragones plateados tardaron un largo rato en conseguir que se formara el portal, y eso que eran una docena. Nahia imaginó que para abrir aquello se requería de mucha energía y dragones poderosos y sabios. Cuando se formó sobre la perla, no tuvo ninguna duda de que era así. Se sintió como una hormiga ante lo enorme que era la esfera y el mar argénteo que la llenaba.
Sus compañeros no decían nada, pero todos tenían la expresión en el rostro de estar superados por aquel portal grandioso.
«Ha llegado el momento. Entrad. La misión nos espera» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt.
Nahia suspiró profundamente.
No lo pensó dos veces y entró en el descomunal portal.