Capítulo 49 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Nahia despertó en el interior de lo que parecía una tienda militar, sobre una cama de campaña. Tenía algo de dolor de cabeza, pero no demasiado. Sus compañeros de escuadra estaban todos a su lado en la tienda, durmiendo. Se puso en pie extrañada. Recordaba que habían entrado en el gran portal y luego nada más. Se miró la pulsera de plata. Quizá solo servía para trayectos de corta distancia, no entre mundos. Sí, eso debía de ser. Vio que las cosas de todos estaban en la tienda: macutos, escudos y capas.
Oía mucho movimiento fuera. Abrió la puerta de lona y sacó la cabeza para mirar. Se quedó de piedra. Estaba en medio de un enorme campamento militar. Había miles de tiendas a su alrededor y soldados del ejército de los dragones por todas partes. Vestían ropajes que no había visto antes y no eran como los suyos. Las armaduras que portaban eran de escamas, pero no de dragón, sino de metal, emulando a las de dragón. Llevaban cascos también de metal que en la parte superior tenían un dragón rugiendo con las alas abiertas algunos y otros con ellas cerradas. Los ropajes eran de los colores elementales de los dragones.
Cerró los ojos con fuerza varias veces para asegurarse de que aquello no era un sueño. No, estaba viendo bien. Había soldados humanos, Tauruk-Kapro, Escarlatum, Fatum y Drakónidos por todas partes. Parecían muy atareados yendo de un lado a otro, llevando lanzas, escudos, cajas, sacos y todo tipo de intendencia. Se oían los gritos de los que debían ser los oficiales dando órdenes. Varios grupos de soldados pasaron en formación y a lo lejos podía verse a otros grupos practicando ataque y defensa con escudos y lanzas.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos? —preguntó Dafne, que también sacó la cabeza para ver lo que sucedía.
—¿A ti que te parece? —dijo Nahia señalando los soldados y las tiendas.
—Me parece que más vale que sean de los nuestros…
—Lo son, ¿verdad? —la cabeza de Lily apareció junto a las suyas.
—Sí, lo son —confirmó Nahia.
—Menos mal —resopló Dafne.
—Estupendo, ya veo un oficial Escarlatum muy guapo. Habría sido una pena que lo tuviera que congelar vivo con mi aliento elemental.
Un momento más tarde despertaba el resto. Se incorporaron y salieron de la tienda a ver dónde estaban y qué sucedía. Lo que descubrieron fue que estaban enfrente de un impresionante y descomunal glaciar con una parte derruida. En la parte todavía helada se había escarbado una gran puerta que debía conducir al interior.
—Ese glaciar, ¿no os parece una fortaleza con una parte derribada? —comentó Lily.
—Sí, tiene forma de fortaleza —asintió Dafne.
—Aquí hace frío y hay zonas todavía cubiertas de escarcha —comentó Taika observando una zona hacia el este.
—Estamos en algún lugar al norte —dedujo Ivo.
—Eso pienso yo también —dijo Taika.
—¿En Drameia? —preguntó Aiden.
Nahia asintió.
—Creo que sí. Me parece que esta es la fuerza de invasión que los cinco reyes están preparando para comenzar a conquistar este mundo —dijo Nahia.
—¿Entonces la invasión no ha comenzado todavía? —preguntó Aiden.
Nahia se encogió de hombros.
—No lo sé.
—Aquí no hay heridos, ni soldados con apariencia de haber luchado. Los uniformes, armaduras y armas están impolutos. Yo diría que estamos presenciando los preparativos de la invasión —dedujo Taika.
—Pues hay miles de soldados, ¿de dónde los han sacado? —preguntó Dafne.
—Los cinco reyes han acordado la invasión, tienen que enviar a sus ejércitos, creo —dijo Nahia.
—Si os fijáis en las capas de los soldados y de los oficiales, a la espalda en la mitad, tienen una runa y veo al menos tres diferentes —se dio cuenta Taika.
—Debe ser la runa que identifican a cada clan, a cada rey —dedujo Nahia.
—Eso es —dijo Taika asintiendo.
—¿Creéis que nos envían a luchar con ellos? —preguntó Dafne.
—Eso sería un honor —dijo Aiden, que miraba con orgullo a los soldados que pasaban en grandes formaciones.
—Estaríamos protegidos, así que no lo creo… —opinó Dafne.
—No, no sería una prueba si vamos con todos ellos —negó con la cabeza Lily.
Nahia no dijo nada, pero estaba convencida de que los dragones habrían elegido algo con bastante más riesgo para sus vidas. Eso seguro.
Un oficial Drakónido llegó hasta ellos.
—Los líderes de escuadrón os esperan a la salida del campamento. Debéis ir a su encuentro —señaló al sur.
—Ahora mismo —dijo Aiden y entró en la tienda a por sus cosas.
—Ahora descubriremos de qué trata esta misión —dijo Dafne.
Recogieron su equipamiento, se prepararon y cruzaron el campamento. Según lo hacían vieron al resto de integrantes de los escuadrones, que salían de tiendas cercanas a la suya. Se unieron y fueron en formación pasando entre los soldados. Nahia vio a Ana y la saludó. Ella le devolvió el saludo con ojos apagados. Luego localizó a Logan, que parecía en calma tensa, como siempre. Por último, a Maika, que le sonrió y ella le devolvió la sonrisa. No hablaron pues cada uno iba con su escuadra, pero se enviaron miradas de ánimo.
A medida que cruzaban el campamento militar se fueron dando cuenta de lo enorme que era. Nahia se quedó muy impresionada de la magnitud de aquel ejército. Allí había decenas de miles de soldados.
Al salir del campamento se encontraron con una zona de tundra y unos pocos vigías. Miraron atrás y vieron el gran campamento, el glaciar al fondo y una docena de dragones sobrevolándolo. Nahia se dio cuenta entonces de que la perla a la que habían salido, el portal en este lado estaba dentro del glaciar, escondido. Tenía que ser así porque no había más que llanura en todas direcciones y una perla del tamaño de una montaña solo podría estar en el interior de otra más grande: el glaciar.
Llegaron ante sus líderes. Los seis dragones estaban a una legua del campamento, en medio de una planicie recubierta en parte de escarcha y en parte de nieve.
«Formad, Escuadrón» llegó la orden de Irakas-Gorri-Gaizt.
Formaron y aguardaron órdenes. El resto de los escuadrones formó también, cada uno frente a su líder.
«Atended con la máxima concentración. Lo que voy a comunicaros es crítico y secreto. Estamos en territorio enemigo. Hemos viajado por el gran portal a otro mundo. El portal por el que habéis salido está dentro del glaciar. Al ser un trayecto tan largo las pulseras no han podido manteneros conscientes. Estamos en Drameia. Los locales lo llaman Tremia. Los cinco reyes están preparando la invasión de este mundo para mayor gloria de nuestra raza. El ejército que habéis visto se prepara para atacar pronto. Este mundo es uno de los tres originarios, así que es de vital importancia recuperarlo. Cuando digo recuperarlo es porque hace miles de años los dragones reinamos aquí».
Un grupo de soldados de patrulla pasó cerca de Irakas-Gorri-Gaizt, que interrumpió su discurso y los miró pasar. Tras un momento, continuó.
«Estamos en un continente al norte de este mundo. Los locales lo llaman Continente Renacido. Por fortuna, hay portales de los tiempos antiguos. El primero está al sur de aquí y allí es a donde iremos. Desde allí nos separaremos para realizar la misión».
A Nahia lo de separarse no le gustó demasiado. El resto encajaba con lo que ya había deducido. Miró a Ana, que estaba cerca. Vio cómo tragaba saliva. Estaba asustada.
«Nuestra misión es de reconocimiento. Debemos viajar a los portales que hay en este mundo y asegurar que están intactos, operativos y reconocer la zona donde se encuentran para evaluar el riesgo de su utilización durante la campaña de invasión. Es probable que nos encontremos con humanos y otras razas locales. De ser así debemos eliminarlos para no perder el factor sorpresa de la invasión».
Aquello no le sonó nada bien. Miró a Logan y consiguió cruzar una mirada con él. Le hizo un gesto de tranquilidad con la cabeza que Nahia entendió. Intentó calmarse, pero la cosa se iba a poner fea. Miró a Maika y vio que no había sonrisa en su rostro, había preocupación.
«Ahora iremos hasta la perla que está al sur en esta tundra. Avanzad a la carrera. ¡Vamos!» envió Irakas-Gorri-Gaizt y se elevó a los cielos. El resto de los dragones líderes echaron a volar también. Un momento después los seis escuadrones corrían en dirección sur por la tundra. Pronto llegaron a una parte de hierba y continuaron al sur. Les llevó tiempo llegar hasta la perla, pero lo lograron. Estaba sola, sin protección o vigilancia. O eso parecía.
Del cielo descendieron los seis líderes y se posaron alrededor de la perla. Mientras el grupo se recuperaba de la larga carrera, abrieron un portal. Esta perla y el portal eran similares en tamaño al de Goraleku. Nahia dedujo que las distancias que podían recorrer con este portal y los similares que hubiera allí eran para aquel mundo.
«Cada uno de los escuadrones se encargará de una de las perlas. Es hora de empezar. Esperad a que os de la orden para subir al portal».
Nahia vio cómo el primer equipo en partir fue el Azul y deseó con toda su alma que a Ana no le pasara nada. Ella le lanzó una mirada de despedida antes de entrar al portal. Fue una mirada llena de miedo y angustia. Nahia sintió un escalofrío y tuvo un mal presentimiento que intentó sacudirse de encima. Lo peor era que se separaban, iban a lugares diferentes, lugares de aquel mundo de los que no sabían nada, con gentes y peligros desconocidos. Cuanto más lo pensaba más se inquietaba. Siguió el Escuadrón Negro y luego el Blanco de Logan. Nahia lo miró y él le devolvió la mirada antes de cruzar. Una mirada de seguridad, intensa. Logan regresaría, seguro, no le iba a pasar nada.
Intentó serenarse mientras veía entrar al Escuadrón Cristalino, pero aquel sentimiento extraño de que algo iba mal no la abandonaba. Quería entrar para que se le pasara, pero parecía que iban a ser los últimos porque los siguientes fueron los marrones, con Maika. Nahia la miró y deseó que su amiga regresara intacta de la misión. Maika la miró y sonrió como siempre hacía, con aquella sonrisa mitad felicidad, mitad coraje. Cuando despareció y ya solo quedó el Escuadrón Rojo, se dio cuenta de que ella también podría morir.
«Voy a seleccionar la runa de la perla de destino en el portal. Entrad cuando os lo diga».
Nahia suspiró. No podía quitarse el mal presagio de encima.
El portal destelló.
«Perla de destino seleccionada. ¡Entrad!».
Subieron a la perla y entraron.
Nahia cayó al suelo y se agachó para amortiguar la caída. Su escuadra cayó a su lado y todos hicieron el mismo gesto. Se quedaron agazapados y miraron a su alrededor. La Escuadra Ardiente y la Escuadra Candente cayeron a ambos lados. Un momento más tarde Irakas-Gorri-Gaizt salía del portal volando.
Todos miraban alrededor con ojos atentos. Estaban en territorio desconocido.
Nahia observó el lugar. Sentía mucho frío, más que dónde habían entrado al portal. Estaban en medio de lo que parecía un descomunal valle helado. Era gigantesco, con paredes de roca helada que se alzaban a los cielos. Tocó el suelo, estaba congelado. A su espalda tenían una perla idéntica a la que habían cogido para llegar allí. Si el suelo y las paredes heladas la sorprendieron lo hizo todavía más el cielo. Cuando miró hacia arriba no lo pudo ver bien, pues había una capa de hielo que no dejaba apreciarlo con claridad y cubría el gigantesco valle.
—Estamos en el interior de un glaciar —susurró Ivo.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Aiden.
—Yo sé muchas cosas, te sorprenderías.
—Tiene que ser un glaciar o un valle helado, como prefiráis —dijo Dafne.
—Hace frío del de verdad, se me está arrugando la cara. No me gusta nada —se quejó Lily.
—Este lugar está en completo silencio… transmite sensación de tranquilidad… —opinó Taika.
—No nos confiemos, seguro que hay peligro —dijo Nahia, que no se fiaba de aquella serenidad helada que les rodeaba.
Irakas-Gorri-Gaizt voló sobre ellos en el interior del valle.
«Voy a asegurar la zona. No os mováis. Capto mucho poder mágico aquí dentro».
—Ya os decía yo… — Nahia miraba preocupada.
Todos se quedaron agazapados frente a la perla mientras el portal se fue diluyendo hasta desaparecer. Nahia se percató de que ya no podrían salir de allí si Irakas-Gorri-Gaizt no les abría otro. Miró alrededor y discernió cuevas y grutas a diferentes alturas de las paredes de roca y hielo. Le dio la impresión de que eran madrigueras enormes de seres peligrosos, o quizá era solo su imaginación alimentada por el temor que sentía. Aguardaron en tensión hasta que el dragón rojo regresó hasta ellos descendiendo sobre la perla.
«Este lugar es singular. Aquí hay criaturas de poder descansando, criaturas antiguas y también poderosas. Capto mucho poder. No nos conviene despertarlas. Vamos a asegurar los alrededores. Estamos al norte de este mundo, en un lugar que se conoce como el Continente Helado por los locales. Habrá frío y hielo ahí fuera y también posibles nativos del hielo. Todos atentos».
Irakas-Gorri-Gaizt echó a volar hacia el norte. Las tres escuadras lo siguieron al trote, observando el valle helado con aprensión. A Nahia las cuevas y aquella tranquilidad profunda le transmitían malas vibraciones. Llegaron a la pared norte y una gran caverna con forma de túnel apareció ante ellos. Su líder no podía salir volando de allí, así que bajó a tierra y avanzó hacia la cueva.
De pronto, una araña albina gigante descendió por la pared e Irakas-Gorri-Gaizt le lanzó una tremenda llamarada con su aliento de fuego. La araña se retiró a las alturas con varias patas y parte del cuerpo muy chamuscadas. Irakas-Gorri-Gaizt entró en la cueva y lo siguieron. Avanzaron por un gran y largo túnel y otra criatura impresionante apareció frente a ellos. Era una serpiente nívea de un tamaño enorme. Irakas-Gorri-Gaizt se quedó mirándola y abrió las fauces como si fuera a usar su aliento de fuego. La serpiente siseó enseñando sus colmillos. Todos aguardaron con los escudos y dagas en las manos. De pronto, la serpiente se retiró y les dejó pasar.
«Son guardianes de este lugar. Ahora tenemos paso libre» informó Irakas-Gorri-Gaizt.
Avanzaron por el túnel sin más contratiempos y salieron a un mundo gélido de hielo que los dejó pasmados. Miraran donde mirasen todo estaba congelado. Una capa de hielo y escarcha cubría cuanto se apreciaba. El viento soplaba con corrientes gélidas y hacía un frío feroz. Se apreciaban grandes glaciares como del que acaban de salir en la lejanía.
Por un momento todos se quedaron observando aquel paraje tan impactante y al tiempo desolador. No parecía un sitio donde alguien pudiera sobrevivir mucho tiempo.
«Debemos reconocer toda la zona y asegurarla. Yo lo haré por aire. Daré unas pasadas largas alejándome de aquí. Escuadrón Ardiente, asegurad la zona oeste del glaciar. Escuadrón Candente, la este. Escuadrón Ígneo id al norte y luego al sur. Recordad que puede haber nativos. Si os encontráis con un grupo no dejéis testigos de nuestra presencia aquí. Esperad mis instrucciones una vez hayáis asegurado todas las zonas» ordenó y dando un brinco extendió las alas, las sacudió con fuerza, y echó a volar.
Los tres escuadrones se miraron los unos a los otros con incertidumbre. Un momento después se ponían en movimiento.
—Al norte y con cuidado —dijo Nahia a sus compañeros sin poder sacudirse de encima el mal presentimiento que tenía desde que habían llegado a aquel mundo.
Las tres escuadras pronto se perdieron de vista. La Escuadra Ígnea avanzaba en dirección norte en formación pisando el suelo cubierto de hielo y escarcha.
—Este viento gélido está destrozando mi preciosa piel —se quejó Lily.
—Cúbrete cuanto puedas con la capucha —aconsejó Dafne.
—¿Qué tal os adaptáis a este frío? —preguntó Ivo.
—Yo fatal —respondió Dafne.
—Lo mismo, y no hablo más para que no se me corten los labios —dijo Lily.
—Yo lo llevo bien, en mi tierra hace bastante frío —comentó Aiden.
—Yo también, pero claro, yo soy del norte de mi nación, donde hace frío, y tengo pelaje para protegerme —explicó Taika.
—Yo prefiero este frío a los ataques de calor que me dan —dijo Nahia intentando ser positiva—. Con suerte no me darán aquí con estas temperaturas tan bajas.
—Esperemos… —sonrió Ivo.
Continuaron hacia el norte hasta llegar a un pequeño glaciar con una cueva de entrada y se detuvieron a unos pasos de ella.
—¿Entramos? —preguntó Dafne, pero con tono de que no era buena idea.
—Tenemos que reconocer la zona. No veo ninguna actividad sospechosa —comentó Taika.
—Tampoco huellas —añadió Ivo.
—Esto parece un desierto helado. No creo que haya nadie —opinó Nahia.
—Esa cueva puede tener hostiles dentro escondidos para una emboscada. Debemos asegurarla —afirmó Aiden.
—Ya está el cabeza de granito con sus ideas Drakónidas —se quejó Dafne.
Lily no habló, pero hizo gestos negando con la cabeza.
—Yo voy a asegurar esa cueva, es nuestro deber. Vosotros haced lo que queráis —afirmó Aiden y avanzó hacia la entrada.
—Espero que salga una criatura milenaria y se lo coma de un bocado —expresó Dafne.
—Lo devolvería —dijo Lily que de inmediato se llevó las manos a los labios.
—No podemos dejar que vaya solo… —Nahia lo miraba avanzar.
—Es poco humano y contrario a los principios de la naturaleza y el equilibrio armónico —opinó Ivo.
—Vayamos antes de que se meta en un lío —dijo Taika.
Todos siguieron a Aiden refunfuñando.
Cuando estaban a unos pasos de la cueva Aiden se detuvo.
El resto del grupo llegó hasta él.
—¿Qué sucede? —preguntó Taika.
—He visto moverse algo…
—¿Puedes ser más impreciso? —dijo Dafne.
En ese momento, de la cueva salieron seis nativos de las nieves tan grandes y musculosos que a su lado Ivo parecía un crío.
Nahia los observó con la boca abierta. Tenían la piel azul y su cabello y barba eran blanquecinas como el hielo. Llevaban grandes hachas de dos cabezas en las manos. Lo que más le impresionó es que tenían aspecto brutal, fiero.
—Esos no parecen muy amistosos —señaló Dafne.
—¡Poneos en formación, rápido! —dijo Taika.
Formaron con Nahia, Dafne y Lily en primera línea y Aiden, Ivo y Taika en segunda.
Los seis nativos de aspecto salvaje avanzaron hacia ellos blandiendo sus grandes hachas de guerra con hojas azuladas. Avanzaban en una línea, sin preocupación aparente, como quien sabe que sus rivales son simples hormigas a las que va a aplastar.
—¿Qué hacemos? —preguntó Nahia.
—No parece que vengan con intención de hablar —valoró Dafne.
—Pero qué feos y brutos que parecen… —opinó Lily con gesto torcido.
—Si pelea quieren, pelea tendrán —dijo Aiden seguro de sí mismo.
—Te sacan una cabeza y son como tu primo mayor —dijo Dafne.
—Eso es porque soy joven, en cinco años seré como ellos.
—Ya, y yo más grande que ellos, pero el momento es ahora —dijo Ivo.
—Esos parecen guerreros nativos curtidos. Nosotros somos jóvenes e inexpertos, mejor evitar el enfrentamiento —opino Taika.
—Nuestro líder ha dicho que nada de testigos, tenemos que matarlos —afirmó Aiden.
—Te juro que lo voy a cegar y entregárselo para que lo despedacen —refunfuñó Dafne.
—Primera línea, cambiad a magia, quizá eso los asuste —dijo Taika.
—De acuerdo, aunque a esos para mí que no los asusta ni un dragón milenario —opinó Lily.
Las tres guardaron escudo y daga y sacaron la Perla de Aprendizaje. Se concentraron y crearon tres bolas elementales en su mano que levitaron sobre esta.
Los seis salvajes azulados llegaron frente a ellos y se detuvieron. Los señalaron y uno de ellos, el más fuerte, comenzó a gritarles en un idioma que no entendían.
—No te entendemos —dijo Nahia.
El salvaje comenzó a gesticular y los señalaba mientras gritaba.
—Parece que no le gustamos —dijo Dafne.
De pronto dio un grito de guerra y los seis se lanzaron al ataque.
—¡Tirad contra ellos! —gritó Taika.
Nahia miró su bola elemental de fuego. Envió más energía de su dragón interior y la hizo más grande. Luego miró a uno de los salvajes, utilizó su mente y envió la bola contra su poderoso torso azul. Esta impactó y estalló en llamas consumiéndolo en un momento. Dafne envió la suya lanzándola con la mano. Alcanzó a uno de los salvajes en el torso y se produjo una explosión de luz que lo cegó. Dejó de correr y gritó al cielo mientras se frotaba los ojos. Lily lanzó su bola de hielo y al golpear en los pies del salvaje que se le aproximaba los congeló. No pudo seguir corriendo.
—¡Cubríos! —dijo Taika y las tres corrieron y se pusieron a la espalda de los tres chicos que con sus escudos y dagas listas estaban preparándose para aguantar la embestida de los salvajes.
El líder fue directo contra Ivo, como si este fuera el líder del grupo al ser el más grande. Ivo se defendió con el escudo. Recibió un hachazo tremendo que aguantó, pero por poco. Aiden, en la izquierda, luchaba con un salvaje con la confianza habitual en él, solo que su rival era más fuerte y curtido. De un golpe cruzado con la gran hacha lo envió volando a un lado y se quedó tirado en el suelo. El salvaje levantó el hacha para partirlo en dos antes de que pudiera levantarse, pero Nahia le lanzó una bola de fuego y lo hizo arder. Murió un instante después sin poder rematar a Aiden. Taika esquivó el hacha de su contrincante en lugar de bloquearla con el escudo y le clavó la daga en el costado. El salvaje rugió de dolor y rabia, soltó un golpe lateral con su gran arma y Taika se retrasó dejando pasar el filo por delante de su estómago. Acto seguido avanzó con un potente salto y le clavó la daga en el cuello hasta la empuñadura.
Solo quedaba el que parecía el jefe, que luchaba con Ivo. Le había arrancado el escudo de un golpe de hacha y ahora Ivo sujetaba el arma del salvaje con sus dos manazas forcejeando para quitársela. El salvaje agarraba su hacha también con dos manos y ambos ejercían toda la fuerza que podían. Era una pelea de colosos. El salvaje le soltó una tremenda patada a Ivo en el estómago y el Tauruk se dobló soltando el hacha. El salvaje la levantó para golpearle justo cuando la bola de luz de Dafne le estalló en la cara cegándolo. Dio un paso hacia atrás, sorprendido. Fue a avanzar, cegado, pero la bola de hielo de Lily le congeló los pies. Aun así, intentó avanzar. Por fortuna, la bola de fuego de Nahia le alcanzó en la cabeza y ardió en una llamarada. Murió al momento.
—¡Muy bien luchado! —congratuló Taika.
—Quedan el ciego y el congelado —dijo Aiden, que se ponía en pie con el brazo dolorido—. Hay que rematarlos.
—No vamos a hacerlo —dijo Ivo—. Eso sería muy malo para nuestro karma. Romperíamos el equilibrio natural.
—Nuestro líder lo ha ordenado así —replicó Aiden.
—Los voy a congelar vivos. Como son de por aquí y tienen esas pieles azules, yo creo que sobrevivirán a mi frío. Así cumpliremos con nuestro deber y no tenemos mal karma —explicó Lily mirando a Ivo.
—Eso no es… —comenzó a protestar Aiden y Dafne le lanzó un fragmento de hielo a la cabeza.
—Calla, cabeza de hielo.
Lily los congeló por completo con tres bolas elementales de hielo lanzadas a cada uno. Una vez congelados Taika los tiró al suelo.
—Arreglado. No queda nadie en pie.
—¿Ahora qué hacemos? —preguntó Dafne mirando alrededor.
—Yo creo que ya hemos explorado bastante la zona norte del glaciar. Aquí hay nativos salvajes, grandes y agresivos. Tenemos que reportar —opinó Lily.
—Correcto. Vayamos al sur y completemos las órdenes —dijo Taika.
—De acuerdo. Hacia el sur —señaló Ivo.
—A ver qué nos encontramos… —dijo Nahia preocupada.
—Sea lo que sea seguro que rompe el equilibrio armónico… —dijo Dafne y le lanzó una mirada a Ivo. El Tauruk sonrió y no dijo nada.