Capítulo 50 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Continuaron hacia el sur, de vuelta al gran glaciar en el que estaban el valle helado y la perla. Como ya habían estado en el interior del valle decidieron bordearlo por el lado oeste. A media altura vieron a la Escuadra Ardiente no muy lejos.
—Menudos vagos esos, no han avanzado mucho que se diga —opinó Dafne señalándolos.
—No es que no hayan avanzado, ¡están siendo atacados! —se dio cuenta Nahia.
Más al oeste identificaron una veintena de nativos con lanzas.
—¡Vamos a ayudarles! ¡Por la gloria de los dragones! —Aiden ya corría hacia ellos.
Dafne miró a Ivo, que se encogió de hombros. Sonrió y echó a correr tras Aiden.
—El karma —dijo.
Correr por la helada tundra no era nada fácil y debían tener cuidado de no patinar e irse al suelo. Además, el fuerte y cortante viento de aquel lugar les daba bandazos de forma inesperada.
Llegaron hasta sus compañeros de Escuadrón, que se defendían de un número superior de atacantes diferentes a los que acaban de combatir. Eran más delgados, no tan fuertes y brutales, aunque altos y atléticos. Su piel era de un color blanco cristalino y brillaba reflectando la luz como si fueran de copos de nieve cristalizados. El pelo níveo refulgía con igual intensidad y parecía nieve congelada. Sin duda eran también nativos del hielo. Iban armados con jabalinas que llevaban a la espalda y cuchillos largos a la cintura.
Según llegaron a ellos se situaron detrás.
—¡Escuadra Ígnea al refuerzo! —avisó Aiden.
—¡Enemigos nativos con lanzas arrojadizas! —avisó Brendan, el humano rubio que estaba detrás de Draider, el Drakónido que sujetaba el escudo y la daga en posición defensiva. Ocupaban el lado izquierdo de la formación.
Cordelius, el enorme Kapro, estaba en medio también con escudo y daga y Evelyn, la Fatum tras él. Sangraba de una herida fea en la mano derecha. Parecía que una jabalina se la había perforado.
En el lado derecho Lara, la pantera negra, aguantaba con escudo y daga y a su espalda se refugiaba Elsa, la Escarlatum, que tenía una jabalina clavada en el muslo.
De pronto varias jabalinas sobrevolaron a la Escuadra Ardiente y cayeron sobre la Ígnea.
—¡Escudos! —advirtió Taika.
Las jabalinas salieron rebotadas.
—Aquí atrás no podemos pelear —dijo Aiden.
—Tiene razón. Nos colocaremos como ellos, a su izquierda —comandó Taika—. ¡Cambiamos formación!
Se pusieron los chicos delante y las chicas detrás. Maniobraron y se situaron junto a la otra escuadra. Ahora formaban dos filas de seis.
Los enemigos estaban sobre una pequeña loma helada, eran más y tenían la ventaja de la altura.
—¿Qué proponéis? —preguntó Brendan.
—Avancemos todos en formación cerrada con escudos arriba hasta llegar hasta ellos —dijo Taika.
—Tenemos dos heridos —respondió Brendan.
—Si no acabamos con el enemigo no podremos atenderles —dijo Aiden.
—Tiene razón —se unió Taika—. Nos irán mermando con sus jabalinas.
Brendan lo pensó y asintió.
—¡Todos a una, avanzamos, escudos al frente! —dio la orden Brendan.
Avanzaron en perfecta formación como habían entrenado cada mañana delante de su líder.
Los nativos lanzaron las jabalinas, pero los escudos que llevaban al frente o sobre la cabeza las rechazaron. Llegaron hasta la base de la loma y los nativos cambiaron de táctica al verlos tan cerca. Bajaron corriendo con jabalinas y cuchillos en las manos y se lanzaron sobre ellos.
La primera línea aguantó el embate y Aiden, Ivo, Taika, Draider, Cordelius y Lara rechazaron a los atacantes con sus escudos manteniendo la formación.
—¡Segunda línea, ataques elementales! —comandó Brendan.
Nahia, Dafne, Lily y Brendan crearon bolas elementales. Evelin no podía lanzar y cubría con su escudo a Elsa, que se había derrumbado en el suelo. Lanzaron las bolas librando las cabezas de sus compañeros. Fuego, hielo, luz cegadora y más fuego los alcanzaron. Se escucharon gritos de dolor y varios cayeron muertos o heridos. Los escudos salvaron a los de la primera línea de algunas explosiones demasiado cercanas.
—¡Armas elementales! —dijo Nahia a Brendan.
—¡De acuerdo!
Nahia y Brendan se concentraron y comenzaron a aplicar una capa de fuego a los escudos de sus compañeros. Un momento más tarde los seis escudos ardían por la parte exterior. Los atacantes se sorprendieron al verlo, pero siguieron atacando con jabalina y cuchillo. Ivo y Cordelius no tenían problema pues eran más fuertes que los nativos. El resto luchaba por su vida.
—¡Más armas elementales! —dijo Nahia a Brendan y comenzaron a prender fuego a los filos de las dagas. Esto ayudaría a sus compañeros.
Los enemigos, al ver las armas y escudos de fuego y que no podían romper la primera línea de la formación, se detuvieron y atacaron por los flancos rodeando la formación por derecha e izquierda.
—¡Cubrid los flancos! —exclamó Taika.
Nahia vio que un enemigo aparecía a su izquierda y no lo pensó dos veces. Llamó a su dragón interior y cogiendo energía invocó Aliento Elemental. De su boca salió una llamarada tremenda que alcanzó de pleno al nativo que avanzaba a clavarle el cuchillo. Murió incinerado en un instante.
En el lado derecho Brendan protegía a las dos heridas e hizo lo mismo. Usó su aliento de fuego. Lily fue a ayudar y utilizó su aliento de hielo en otro de los atacantes. Dafne se quedó con Nahia y la ayudó cegando al siguiente enemigo. La batalla duró un poco más, hasta que los últimos atacantes cayeron abrasados o congelados en su intento de romper la formación defensiva.
—¡Enemigo derrotado! —llamó Brendan.
—¡Victoria gloriosa! —exclamó Aiden emocionado.
—Cordelius, Ivo, subid a la loma y decidnos si veis más enemigos —dijo Taika.
Nahia se acercó a las dos heridas.
—Hay que hacerle un torniquete —dijo y dejando su macuto en el suelo lo abrió y sacó un pequeño saco con algunas medicinas que les habían dado por si eran heridos.
No era mucho, aguja e hilo de suturar heridas, un ungüento desinfectante, otro para cicatrizar y hierbas contra la fiebre.
—¡No hay enemigos a la vista! —llegó la confirmación de Cordelius.
—Pensaba que el acero no atravesaría nuestras escamas de dragón —dijo Dafne observando cómo Nahia trataba la herida.
—El filo ha entrado entres dos escamas… hay bastante espacio entre unas y otras… y es tela —dijo Elsa aguantando el dolor.
Dafne miró sus pantalones y se dio cuenta de que Elsa tenía razón.
—Y no usamos guantes para tener mejor dominio de la magia —dijo Evelin, cuya mano sangraba mucho.
Nahia las curó haciendo uso de sus conocimientos de curandera. Todos quedaron muy impresionados y tuvo que explicar que esa era su antigua profesión.
—Me alegra tener una curandera tan buena en la escuadra —dijo Taika.
—Y en nuestro escuadrón —dijo Brendan y sonrió.
—Me alegro de poder ayudar. Hubiese preferido ser curandera que Bruja de Dragón, pero es lo que ha tocado.
—La vida que nos espera es misteriosa en su complejidad —comentó Ivo, que ya había bajado de la loma.
Todos le miraron con expresiones de que no le entendían, pero a él no le importó.
—¿Qué vais a hacer? —preguntó Nahia a Brendan cuando terminó de curar a las dos heridas.
—Esperaremos aquí al líder. No podemos moverla —dijo Brendan señalando a Elsa.
—Podríais llevarlas ya a la perla —sugirió Nahia.
Brendan puso gesto de que no le gustaba la idea.
—Puede interpretarse como debilidad… Esperaremos al líder antes de retroceder. Esas son sus órdenes.
Nahia suspiró. Entendía el por qué, pero no le gustaba.
—De acuerdo, nosotros seguimos hasta el sur —dijo Taika.
Se despidieron y la Escuadra Ígnea siguió hacia la parte sur del gran glaciar. Les llevó un buen rato rodearlo y llegar por fin a la zona que tenían que investigar. La recorrieron en silencio y atentos. Llegaron hasta otro glaciar más pequeño y totalmente azul de gran belleza y se detuvieron a una distancia prudente. Ya habían tenido dos encuentros desagradables en aquel lugar de hielo y escarcha y no querían un tercero. Ni siquiera Aiden hizo ademán de ir a explorarlo.
Por desgracia, sus deseos no se cumplieron. Un grupo de una docena de nativos surgió del interior. Aquella zona estaba llena de nativos en todas las direcciones, por lo que parecía.
—¡En formación! —llamó Taika y todos se colocaron con rapidez.
—Esos son diferentes… más raros… —comentó Dafne viendo que la docena de nativos se acercaba.
—Sí… no me gusta… —dijo Nahia, que se fijó en que tenían un aspecto de lo más extraño.
Eran de piel azulada con el cuello y los brazos de un blanco cristalino, como si la nieve se hubiera cristalizado sobre su piel. El rostro era similar al de los humanos, con ojos de un azul muy intenso. Llevaban la cabeza afeitada y en ella se apreciaban tatuajes blancos con extrañas runas. Vestían pieles de foca y collares de huesos. En las manos llevaban cayados y no se les apreciaba más armas. No eran ni altos ni fuertes y sin embargo emanaban poder.
De pronto, a unos cien pasos se detuvieron. Los observaban con detalle, estudiándolos. Uno de ellos se adelantó y les habló en su idioma, pero no lo entendieron. Los señaló y luego al glaciar a sus espaldas.
—Creo que nos pregunta si venimos del glaciar —dedujo Nahia.
—¿Qué le decimos? —Lili miró a sus compañeros para ver qué opinaban.
—Al enemigo hay que confundirlo. Le diremos que no —opinó Aiden.
—¿No será mejor decir la verdad y evitar otro conflicto? —propuso Dafne.
—La verdad es siempre el mejor camino —ofreció Ivo.
—Ambas respuestas pueden funcionar bien o mal —se encogió de hombros Taika.
—Vale, le digo que sí a ver si hay suerte —Nahia miró al líder de los nativos de hielo y asintió varias veces.
El líder nativo se retiró con los otros y de pronto comenzaron a mover sus cayados y entonar algún tipo de plegaria en su idioma.
—¿Qué hacen? —Nahia estaba confundida.
—Nos cantan una canción, ¡qué majos! —dijo Lily.
—Eso no es una canción —dijo Ivo—. Eso es magia.
Todos miraron al Tauruk.
—¿Magia? —Nahia miró hacia los nativos y empezó a sentir que se le ponía la carne de gallina—. Es magia, seguro —asintió.
—¿Buena o mala? —quiso saber Aiden, que ya sacaba su daga.
—Lo sabremos en un momento —dijo Taika.
Alrededor de ellos comenzó a formarse una neblina baja que parecía salir del suelo helado. Era de un color azul claro, bonito. La neblina se fue haciendo más espesa y cubrió toda el área a su alrededor.
—¿Qué es esto? —Nahia comenzó a notar una sensación de peligro.
—No parece hacer nada, ¿no? —dijo Aiden.
—No es natural, no me gusta —opinó Ivo.
De pronto los ojos de Lily se pusieron del mismo color que la neblina. Sin decir una palabra, sacó su daga se acercó a Taika, que la miraba extrañado, y le lanzó una estocada al estómago. Taika reaccionó y desvió la daga con su antebrazo en un movimiento defensivo casi instintivo.
—¿Pero qué…? —Aiden reaccionó y le cogió el brazo de la daga a Lily, que se volvió hacia Aiden y abrió la boca.
—¡Cuidado Aiden, Aliento Helado! —avisó Nahia.
Aiden abrió mucho los ojos y se tiró a un lado. Lily lanzó el aliento y no le alcanzó por un pelo.
—¡Ivo, hay que noquearla! —dijo Nahia.
El Tauruk avanzó y antes de que Lily atacara le dio un golpe en la cabeza. Cayó al suelo sin sentido.
—¡Es esta neblina, hay que salir de aquí! —dijo Nahia.
—¿Atacamos? —preguntó Aiden.
Dafne soltó su aliento de luz y cegó a Aiden. Nahia la miró y vio que Dafne también tenía los ojos azules.
—¡Ivo, rápido!
No hizo falta, Taika golpeó en la nuca a Dafne y cayó sin sentido.
«Salid del área de acción del conjuro. Son magos. Nunca acercarse a menos de doscientos pasos de un mago. Regresad a la perla. Yo me encargo de ellos» llegó el mensaje de su líder, que apareció volando sobre ellos.
—¡Salgamos de aquí! —gritó Nahia.
Ivo se echó al hombro a Lily, Taika hizo lo propio con Dafne y Nahia agarró de la mano a Aiden para guiarlo porque estaba ciego.
Corrieron hacia el glaciar mientras su líder enviaba una llamarada terrible sobre la docena de magos. Nahia miró hacia atrás y pensó que su líder los habría incinerado a todos.
Se equivocó, seguían en pie. Habían aguantado el aliento de fuego del dragón. ¿Cómo era eso posible? Los vio correr y retirarse a la carrera hacia su glaciar. Irakas-Gorri-Gaizt dio otra pasada y volvió a atacar con su aliento de fuego. Dos cayeron muertos, pero el resto soportaron el ataque elemental. Eso dejó a Nahia atónita.