Capítulo 52 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Tres días más tarde Nahia formaba con su escuadrón frente al castillo. Era el día de la Graduación. Ella tenía el corazón roto por la muerte de Maika, que además no había sido la única baja de la prueba, dos más habían muerto y varios resultaron heridos. Por tres días Nahia había llorado de pena y rabia maldiciendo a los dragones y a sus oscuros y retorcidos corazones. Sin embargo, formando aquel día se había dado cuenta de algo: había sobrevivido al primer año de instrucción. Se graduaba y seguía viva, había conseguido lo que se había propuesto cuando llegaron a aquel lugar.
Miró a Logan, que formaba con su escuadra, y esperó a que él la mirara. Sabía que finalmente lo haría y no se equivocó. Logan la miró un instante y ella le hizo un gesto con la cabeza. Él le devolvió el gesto. Miró luego a Ana. Ella también la miró y sonrió. Nahia sonrió de vuelta. Otro pensamiento positivo le asaltó. No solo había sobrevivido, había aprendido a luchar, a usar su magia elemental y estaba en muy buena forma física, algo impensable cuando vivía con su abuela. Los dragones pagarían el haberle enseñado todo eso y haberla convertido en una Bruja de Dragón. Lo pagarían muy caro. Ahora veía clara su meta. Debía convertirse en una poderosa Bruja no para luchar por los dragones en lejanos mundos, sino para luchar contra ellos y derrotarlos.
—Lo pagarán —murmuró entre dientes.
Dafne y Lily la miraron preocupadas. Ella sonrió. Estaba bien, ahora tenía un propósito claro: luchar por la libertad como Maika le había pedido con su último aliento y vengar su muerte
El coronel Lehen-Gorri-Gogor rugió. Estaba frente a las puertas del castillo y junto a él estaba el comandante Bigaen-Zuri-Indar.
«Hoy es un día glorioso. Hoy los de primer año que han finalizado el curso con vida se gradúan. Es un día de gloria y honor. Los que formáis hoy frente a mí habéis logrado completar la formación de primer año y os graduáis. Debéis sentiros orgullosos y honrados, pues otros no lo han conseguido. No solo eso, muchos más no tienen ni siquiera la oportunidad pues no son de la sangre de los dragones. Hoy es un día de celebración y honor» envió Lehen-Gorri-Gogor.
«Honrad a los de primero» ordenó Bigaen-Zuri-Indar.
Los alumnos de segundo y tercero que estaban formando detrás de ellos con sus líderes de escuadrón lanzaron vítores al cielo.
—¡Sangre y gloria!
—¡Conquista y poder!
«Procederemos a la entrega de insignias» anunció Bigaen-Zuri-Indar.
Cuando Nahia pensaba que nada más del mundo de los dragones podría sorprenderla, vio algo que la obligó a frotarse los ojos para asegurarse de que no veía mal. Del cielo descendieron seis poderosos dragones, uno de cada color elemental. Pero eso no era lo que la dejó sin habla, sino que llevaban jinete. Los miró anonadada y se dio cuenta de que los montaban un humano, un Tauruk, un Drakónido, un Fatum, un Escarlatum, y un Felidae vestidos con pesada armadura, portando un gran escudo en una mano y una larga lanza en la otra. Tomaron tierra en mitad de la gran plaza, bajaron de los dragones con enorme agilidad y se dirigieron hasta los seis líderes. Llevaban unos cofres de plata.
Se situaron junto al estandarte de cada escuadrón mirando al grupo con su espalda al líder.
«Un día, los mejores de entre vosotros quizá lleguéis a ser como ellos. Son Jinetes de Dragón, un honor como ningún otro solo reservado a los mejores entre los mejores» envió el coronel.
Nahia se quedó pensando en por qué permitirían los dragones que los montaran. No tenía sentido. Eran criaturas poderosas y despiadadas que los odiaban por débiles. ¿Por qué había unos cuantos de entre los esclavos que podían montarlos? ¿Qué razón había detrás de aquello? No sabía qué era, pero sería importante. Tenía que averiguarlo.
«Entrega de insignia de graduación» anunció Bigaen-Zuri-Indar.
Los líderes llamaron uno por uno a cada miembro del escuadrón y el jinete le entregó a cada uno una insignia de plata que tenía un dragón grabado y el número uno. Nahia cogió el suyo sin mirar ni de reojo a Irakas-Gorri-Gaizt, no quería arriesgarse a enfurecerlo y que la matara allí mismo. Sabía que lo quería hacer porque la había desobedecido delante de los otros líderes en la misión. Volvió a su posición y bajó la cabeza.
Cuando los jinetes terminaron de entregar las insignias cerraron los cofres, volvieron a donde aguardaban sus dragones y se subieron de nuevo a ellos. Un momento más tarde echaban a volar. Nahia no concebía lo que veía.
«Felicidades a todos los que os habéis graduado. En el segundo año de formación os esperan cosas de lo más interesantes. Aprenderéis el uso de la espada, descubriréis vuestra Marca de Talento y una nueva afinidad marcial, aprenderéis el uso de la magia mental, descubriréis nuevos ataques elementales y tendremos competiciones entre escuadrones y más sorpresas que prefiero no revelar ahora. Será un año para recordar. Ahora marchad y disfrutad de una semana de descanso» envió Lehen-Gorri-Gogor.
Los de segundo y tercero volvieron a gritar vítores en su honor.
—¡Sangre y gloria!
—¡Conquista y poder!
Entre esos gritos se retiraron en formación y se dirigieron a los barracones.
Al atardecer Nahia se dirigía a las mazmorras a cumplir con su castigo. Irakas-Gorri-Gaizt la había vuelto a castigar por lo sucedido con la muerte de Maika. Según iba hacia allí se cruzó con Logan.
—¿Mazmorras? —preguntó el.
—¿Reconstrucción de muralla norte? —preguntó ella.
Logan asintió y puso cara de resignación. Nahia le sonrió.
—Ana está de camino a las cocinas a labores de limpieza.
—Nos han castigado a los tres, es lógico —se encogió de hombros Logan.
—Quería darte la gracias por haberme… salvado —Nahia le estaba muy agradecida.
—Yo creo que le salvé a él —dijo Logan y sonrió, algo muy raro en él.
—Sí, de un montón de insultos que le iba a soltar.
—Que podían haberse convertido en Aliento Elemental.
Nahia sonrió.
—Gracias, de verdad.
—No hay de qué —dijo él bajando la cabeza.
—No sé cómo lo hiciste, ya me enseñarás lo del cuello.
—Sin problema, en el gimnasio —dijo y miró hacia arriba.
Había un dragón de vigilancia en una atalaya que los observaba.
—Mejor que vayamos a nuestros respectivos castigos —dijo Nahia.
—Sí, mejor.
Se giraron para partir a sus respectivas sanciones.
—Logan…
Él se volvió.
—Hemos sobrevivido.
—Te dije que lo haríamos.
Nahia asintió.
—¿Sobreviviremos al segundo año?
—Lo haremos —dijo Logan con seguridad. Luego juntó las manos y le hizo la mariposa de la victoria.
El gesto le llegó al alma a Nahia. Le devolvió el saludo y se separaron.
Ya entrada la noche, Nahia descorrió la mirilla de la celda de Egil en las mazmorras.
—Egil —llamó.
El prisionero se levantó y fue hasta la puerta.
—Solo tengo un momento, Framus no me ha asignado esta sección.
Egil asintió.
—Yo Tremia —dijo.
—¿Bien? —preguntó Egil.
—Muy bien. Encontré a Lasgol.
—¿Lasgol? ¿Sí?
Nahia metió la mano por la mirilla y le dio la cabeza de flecha a Egil, que la cogió y la estudió.
—Flecha Guardabosques. Sí, Lasgol —dijo emocionado.
—También Camu.
—¿Camu? ¿Bien? —preguntó Egil muy afectado. Nahia no podía verlo por la máscara, pero lo oía en su tono.
—Sí, bien. Los dos bien —aseguró asintiendo.
Egil suspiró tan fuerte que se oyó a través de su máscara y de la puerta.
—Gracias… Gracias.
—Tú y yo luchar —dijo Nahia.
—¿Luchar?
—Por la libertad.
Egil asintió.
—Luchar. Por libertad.
Nahia le extendió la mano a través del mirador y Egil la tomó.
El pacto quedó cerrado y el destino de ambos mundos con él.