Capítulo 8 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
«Formad en dos grupos con orden y rapidez» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt.
La orden era simple, pero acatarla para aquel grupo de inexpertos y asustados jóvenes, no tanto. Unos iban hacia un lado y otros hacia el opuesto. Hasta ahí todo bien, pero luego al ver que no les seguían los demás, volvían y se entremezclaban de nuevo en el centro. Nahia se dio cuenta de que aquello no iba nada bien. Si no lo solucionaban de inmediato el dragón les haría pagar con sangre.
Logan agarró a un par por el brazo con cada mano y les indicó que se situaran a cada lado de una línea divisoria invisible que trazó con su pie derecho. Cuando le hicieron caso, cogió a otros dos y lo repitió. Continuó empujando a quien se despistaba al lugar que le correspondía intentando organizar el caos reinante antes de que el dragón los castigara. Nahia se situó en el lado de Logan y se llevó a Ana y Maika consigo.
Terminaron de formar, pero no eran dos mitades exactas. Había más personas en el grupo de Logan que en el otro. Como había estado organizando, algunos lo habían tomado por líder y más gente se había sumado a su mitad, incluso después de haberles especificado dónde colocarse. Era natural, pero un inconveniente en aquel momento.
«No habéis cumplido la orden. Una bien sencilla». El mensaje que les llegó fue neutro, sin furia, solo decepción.
La cola del dragón se movió y, antes de que nadie pudiera reaccionar, golpeó con fuerza a los cinco primeros del grupo de Logan que salieron despedidos para rodar por el suelo de roca. Ana agarró a Nahia de la mano con fuerza y ahogó un grito. Nahia vio la cola pasar frente a sus ojos, no la había alcanzado por dos dedos. El corazón le latía tan fuerte del susto que pensaba que iba salírsele del torso. Maika tenía los ojos tan abiertos como podía.
El dragón rojo observó a los cinco desafortunados que intentaban ponerse en pie, doloridos.
«Cumplid la orden o moriréis» envió, pero no les llegó como una amenaza, sino como una verdad inexorable.
Cuatro de los golpeados consiguieron ponerse en pie y corrieron a situarse en la otra mitad. El último casi no podía andar del golpe y comenzó a arrastrarse, intentando llegar hasta los otros cuatro.
El dragón lo observó con ojos apagados, como quien contempla algo que le decepciona tanto que lo da por perdido. Luego emitió una especie de rugido tenue.
«Qué lamentable humano… No mereces vivir. Sin embargo, hoy me siento generoso. Iba a calcinarte, pero te dejaré proseguir con tu intranscendente existencia un poco más».
El desdichado llegó hasta el resto, que lo ayudaron a incorporarse y mantenerse en pie.
«El grupo que no tiene en sus filas a ese afortunado al que acabo de perdonar la vida, id a la rampa derecha de la torre. ¡Rápido!» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt con un mensaje mental acompañado de un sentimiento de urgencia.
Todos salieron corriendo hacia la rampa. Al llegar se pararon ante ella y se quedaron mirando la gran torre que se alzaba. Nahia los observó, estaban tan perdidos como ella. Le dieron pena, la misma que sentía por sí misma y aquella horrible situación en la que se encontraba.
«El resto, id a la rampa izquierda».
Nahia suspiró con fuerza. Logan y los otros compañeros comenzaron a correr y ella los siguió presta tirando de Ana. Maika fue tras ellas. Al llegar al pie de la gran rampa descubrió que la pendiente era muy pronunciada. Las dos rampas parecían sostener los laterales de la torre. Lo pensó mejor, no, no eran para sostenerla, debían ser para subir a sus costados.
«A mi orden ascenderéis por las rampas y continuaréis subiendo hasta llegar a la cima. Quien no lo logre no será digno de caminar la Senda. Y ya sabéis lo que les ocurre a aquellos que no lo son, así que os recomiendo que os esforcéis o no volveréis a esforzaros».
—Oh, no… —Ana comenzó a sollozar de nuevo.
Nahia la miró y vio que su rostro, bello, delicado incluso, se ensombrecía. Le dio lástima, parecía frágil de espíritu. Pensó que el destino se reía de ellas, una era frágil de espíritu y la otra de cuerpo. ¿Cómo iban a sobrevivir allí?
—Tranquila, lo conseguiremos —aseguró, aunque no estaba nada convencida, por no decir que lo dudaba muchísimo. Miró hacia la rampa y luego a la pared vertical de roca de la torre y se le cayó el mundo encima. ¿Cómo iban a subir por allí? Era imposible y más para alguien como ella, débil de constitución y sin apenas fuerza física. Miró a Ana, que tampoco era muy fuerte, y luego a Maika. Ella al menos parecía mucho más competente en el aspecto físico, quizá pudiera conseguirlo.
«Subid. ¡Ya!» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt con un mensaje de autoridad incuestionable.
Ambos grupos a los dos lados de la torre comenzaron a ascender por la rampa y al momento se dieron cuenta de que la superficie era lisa y resbaladiza. Parecía húmeda, como si hubiera llovido sobre ella, aunque el resto del área estaba seca. Los más osados subieron a toda velocidad, pero resbalaron y cayeron deslizándose de espaldas y haciendo caer a los que estaban detrás. En un momento el ascenso se volvió una pesadilla. Los que conseguían llegar a media rampa comenzaban a resbalar y caer hacia atrás y se llevaban consigo a varios que ascendían tras ellos. Había gritos, golpes, quejas y hasta algunos sollozos.
«Es triste comprobar cómo, en efecto, los humanos sois los más incompetentes de las ocho razas. Este sencillo ejercicio lo pone de manifiesto» envió Irakas-Gorri-Gaizt junto a un sentimiento de gran decepción.
Nahia intentaba subir por la rampa siguiendo a Maika, que lo estaba haciendo mejor que ella. Miró alrededor y se percató de que casi todos lo hacían mejor, incluso Ana le pasó por la derecha. Se sintió avergonzada, pero intentó no perder la esperanza. Se vio en serias dificultades para mantenerse en pie, así que se dejó caer de bruces sobre la plataforma, era lo único que se le había ocurrido. Una chica pasó resbalando sin control a su lado. Nahia intentó agarrarla, pero no consiguió cogerla del brazo. La pobre terminó abajo con un buen porrazo. Miró de reojo al dragón, que parecía que estaba mirándola. Nahia sintió el pánico corriendo libre por su cuerpo y se levantó como si la hubiera picado una serpiente para intentar subir de nuevo.
Tras un breve instante volvió a tirarse al suelo. La cosa iba muy mal para casi todos. Solo Logan y unos pocos habían logrado superar la mitad de la rampa. Como debía ascender, Nahia comenzó a hacerlo arrastrándose sobre la rampa como si fuera una serpiente. Para su sorpresa, empezó a pasar a varios que intentaban subir medio agachados y que se esforzaban por todos los medios en no patinar sin demasiada suerte.
Uno de los chicos grandes que iba en cabeza junto a Logan resbaló y comenzó a descender de espaldas. Descendía mientras intentaba mantener el equilibrio moviendo los brazos. Buscaba no caer y al mismo tiempo detener su retroceso, pero no lo consiguió. Se llevó consigo a un chico rubio y una chica pelirroja que no pudieron apartarse y terminaron todos al pie de la rampa.
Nahia siguió subiendo pegada al suelo y se percató de que, aunque era la que más lento iba, al menos no patinaba. Su ropa y el peso de su cuerpo parecían ejercer suficiente fricción para evitar que se deslizase. Eso la extrañó. Palpó la superficie de la rampa y la observó con detalle. No estaba mojada de la lluvia. Le habían aplicado alguna sustancia líquida y resbaladiza.
—Echaos al suelo —dijo a Ana y Maika, que se agarraban la una a la otra y estaban en serios apuros. Intentaban mantener el equilibrio sujetándose entre sí. Por momentos funcionaba, pero no del todo.
Ana la miró y asintió varias veces. Se soltó de Maika de manera desesperada y se tiró al suelo contra la rampa. Maika comenzó a patinar de lado y, al verse perdida, también se lanzó al pavimento.
—Hay que subir reptando —indicó Nahia haciendo gestos.
Maika pareció haberlo entendido y comenzó a ascender serpenteando. Ana también se puso a hacer lo mismo y tras un par de minutos eran media docena los que subían de aquella forma.
—¡Todos al suelo, contra la rampa! —gritó Nahia.
Las dos chicas de las escamas negras iban algo más arriba y al oírla hicieron caso, se pegaron contra la rampa y comenzaron a subir arrastrándose.
—¡Subid arrastrándoos! —gritó Nahia a los restantes, que no le habían hecho caso. Uno de ellos cayó rodando. Logan se echó al suelo y con él los que iban en cabeza.
Todo el grupo ascendía ahora arrastrándose como culebras de agua por la resbaladiza rampa. Los últimos que habían caído pronto alcanzaron a Nahia que, aunque avanzaba, lo hacía más despacio que el resto. Levantó la mirada y vio que Logan y otro chico rubio ya habían llegado al final.
—Ayudémosles —dijo Logan al chico rubio señalando a los que iban consiguiendo llegar.
—De acuerdo.
Ambos se pusieron a echar una mano a los que iban llegando y poco a poco todos fueron alcanzando el final de la rampa.
—Vamos, Nahia, te esperamos aquí —dijo Maika, que la miraba con sus ojos pardos mientras le hacía señas de ánimo para que continuara subiendo.
Ana llegó y se agarró a la pared. Su rostro mostraba un miedo enorme.
—Esto es una pesadilla… —comentó.
Nahia se dio cuenta de que era la última. Sintió una vergüenza tremenda, pero no se vino abajo y continuó subiendo. Ya sabía que era mucho más débil que los demás, incluso que la pobre Ana. Aquello no la pillaba por sorpresa. Cualquier ganadero, pastora y no digamos minero o minera, tenía un físico mucho más desarrollado que el suyo. ¡Qué se le iba a hacer! Tendría que arreglárselas de alguna forma. Pensó en Aoma, ella le diría que siguiera adelante, que no se rindiera nunca. La situación podía ser difícil, desesperante, insufrible incluso, pero la derrota solo llegaba si uno se rendía.
Continuó subiendo, debía seguir las sabias enseñanzas de su abuela. No podía fallarle.
—Nunca darse por vencida, siempre luchar y seguir adelante —masculló entre dientes. Si fracasaba, no sería por no haberlo intentado con todo su ser. Apretó la mandíbula.
Movió un brazo delante del otro, ayudándose de sus pies, arrastrando su cuerpo rampa arriba.
—Dame la mano —oyó decir a Logan.
Nahia levantó la mirada y se percató de que había conseguido llegar al final de la rampa. Cogió la mano del muchacho y, de un tirón, su compañero la alzó a la repisa que había al final de la rampa, como si fuera un muñeco de trapo sin peso alguno. Aquel chico era fuerte de verdad.
—Sujétate aquí —indicó y puso su mano sobre un saliente de la pared de la torre.
Nahia consiguió permanecer de pie, apoyada contra la pared de la muralla. Le pareció todo un logro haber llegado hasta allí. Solo había un pequeño problema: ahora comenzaba lo peor, tenía que escalar la pared vertical de roca.
—Vamos, hay que subir, el dragón nos observa —advirtió Maika y comenzó a escalar la pared. Nahia observó cómo lo hacía. Apoyaba manos y pies en unos salientes desiguales.
Ana se limpió la nariz con la manga de su blusa y siguió a Maika.
—Esto es terrible… —expresó y sus ojos verdes se humedecieron, apagándose.
Parecía que la pared no era lisa a propósito. Nahia entrecerró los ojos y estudió el muro que se alzaba ante sus ojos. Se había construido colocando bloques de roca que sobresalían en algunos puntos por toda la pared. Dedujo que eran puntos de apoyo que debían utilizar para subir. Estaban bastante separados y desperdigados, así que no sería fácil.
Se miró las manos y luego los pies, iba a forzarlos y mucho, y también piernas y brazos. Eso la preocupó. Tenía muy poca fuerza y todavía menos resistencia a esfuerzos continuados. Escalar aquella torre le iba a llevar una eternidad y su cuerpo no iba a aguantar. Se fijó en sus compañeros que, algo más arriba, escalaban como podían y se agarraban a cada saliente con todo su ser. Se jugaban la vida y todos eran muy conscientes. Se dio cuenta de que las chicas parecían hacerlo bien, más ágiles y menos pesadas que los chicos, que estaban teniendo problemas.
—¿Podrás subir? —preguntó Logan, que seguía abajo.
—No lo sé… hasta arriba no creo —Nahia negó con la cabeza.
Recordó que en su corta vida había intentado numerosas veces subirse a árboles y a algún que otro muro y el resultado siempre había sido el mismo: terminaba en el suelo con un buen porrazo y las posaderas doloridas. Sus manos, brazos y piernas no eran lo suficientemente fuertes para sostener su débil cuerpo, que era bien ligero. La esperanza comenzó a menguar y su espíritu se apagó. Cuanto más lo pensaba más le parecía que escalar era imposible para ella.
«Recordad que los débiles no sobrevivirán. Detenerse a ayudar no es más que una muestra evidente de falta de carácter y liderazgo. Nadie debe ayudar a los endebles. Solo un ser sin carácter se para a ayudar a otro frágil de cuerpo o espíritu» llegó el mensaje de Irakas-Gorri-Gaizt.
—Eso va por nosotros —dijo Logan, que con rapidez miró de reojo al dragón.
—Sí, tú sigue. Continúa con los demás, no me ayudes o ese es capaz de incinerarte.
—Lo que dice no está bien, no estoy de acuerdo. A mí me enseñaron mis padres a ayudar a quien lo necesitara.
Nahia asintió con la cabeza.
—Y es lo correcto, pero ya no estamos con nuestros seres queridos. Ahora estamos en uno de los reinos de los dragones y tenemos que seguir sus leyes y órdenes o moriremos. Ve, te lo ruego. Sigue subiendo.
Logan suspiró.
—Agárrate fuerte y sígueme. Te iré indicando dónde apoyarte.
—Gracias. Te sigo. Tú sube.