Capítulo 9 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Mientras Nahia se aferraba al primer saliente, en el lado opuesto de la torre el otro grupo ya subía. Nahia se preguntó cómo les iría.
Logan comenzó a subir con una agilidad y naturalidad impresionantes, como si toda su vida la hubiera pasado escalando torres. Ella lo siguió y de inmediato se dio cuenta de que tenía problemas tremendos para asegurarse contra la pared y no caer de espaldas. ¿Cómo lo estaban consiguiendo los demás? No era nada sencillo. No solo tenía que apoyarse bien, también sujetarse y mantener el equilibrio para no despeñarse. Y el macuto a la espalda tampoco ayudaba. Lo único que se le ocurrió fue que todos aquellos debían haber pasado tiempo subiendo a árboles, muros y tejados en sus aldeas.
—¡Vamos, tú puedes! —llegó el ánimo de Maika, que ya había ascendido hasta la mitad de la torre. Ana iba algo más retrasada, pero parecía estar subiendo bastante bien.
—Sí… —fue todo lo que pudo responder Nahia, que jadeaba por el esfuerzo y solo había escalado cinco varas.
—Tú sígueme, es más fácil de lo que parece. Pégate mucho contra la pared en todo momento —intentó animar y aconsejar Logan.
Nahia se sujetó en una piedra saliente con las dos manos y colocó los pies donde recordaba que Logan lo había hecho. Al menos tenía buena memoria.
Empezó a sentirse dolorida. No solo en dedos y manos, sino también en piernas y brazos. Miró hacia abajo y vio que había ascendido bastante, al menos para lo que ella podía, y se animó. Por fortuna no tenía mal de alturas, eso la consoló. No era tan imperfecta después de todo, solo un tanto débil de cuerpo.
Siguió subiendo, intentando copiar cada movimiento de Logan de la forma más exacta posible. De pronto sintió mucho calor y se asustó. ¿Era su condición que atacaba en aquel momento? Si era eso podía darse por muerta. Caería al suelo desde aquella altura y se partiría la espalda y la cabeza. Sintió que la angustia le atenazaba la garganta. Le costaba respirar y sentía el calor en su torso.
—No, ahora no —masculló intentando controlarse.
Respiró profundamente por la nariz y exhaló. Volvió a repetirlo. Lo hizo una tercera vez y se sintió mejor. Eso la tranquilizó un poco. ¿Había sido el inicio de uno de sus ataques? Se quedó pegada a la pared, sujetándose con la suficiente fuerza para no irse de espaldas y sin apretar demasiado para ahorrar energías. No, no había sido uno de sus ataques. El calor que había sentido era por el esfuerzo. El sudor le bañaba la frente y le caía por los brazos.
«Se me está agotando la paciencia. Sois el grupo de humanos más lamentable que he recibido en diez años. ¡Subid! ¡Alcanzad la plataforma superior!».
El mensaje mental golpeó la mente de Nahia con fuerza y tuvo que agarrarse con todo su ser para no perder el equilibrio.
Se escuchó un grito desesperado y un chico que iba delante de Logan cayó de espaldas.
—¡No! —exclamó Logan e intentó agarrarlo.
No lo consiguió. El chico se golpeó contra la rampa con un sonido seco y casi hueco para salir rebotado y terminar contra el suelo en la base de la torre. Se oyeron exclamaciones de horror y gritos ahogados.
«Un débil menos que no recorrerá la Senda de los Dragones. Llevamos ya dos y ni siquiera habéis terminado este sencillo ejercicio de iniciación. Me parece que muy pocos de vosotros, si acaso alguno, sobrevivirá toda la Senda. Esperaba que este año tuviéramos una mejor cosecha, pero ya veo que no va a ser así. No sois dignos. ¡Escalad! ¡Ya!».
Horrorizados por lo sucedido y temiendo la ira del dragón continuaron subiendo. Los que iban más avanzados consiguieron llegar arriba, se tumbaron sobre la plataforma y miraron hacia abajo. Intentaron animar y ayudar a los que iban llegando.
Nahia había rebasado la mitad de la altura de la torre y le parecía haber logrado el mayor de los hitos. Por desgracia, su logro no servía de nada. Tenía que alcanzar la parte superior o el dragón acabaría con ella. El problema era que con lo cansada que estaba y lo que le dolía todo el cuerpo no iba a poder llegar a la meta.
—Vamos, no te rindas. ¡Puedes hacerlo! —dijo Logan, que con una mano se sujetaba y con la otra le hacía gestos para que siguiera subiendo.
Nahia agradecía el ánimo. Se sentía tan endeble, tan poco valiosa… una carga.
—Sigue, Logan, no me esperes.
El joven la miró desconcertado por un momento y luego negó con la cabeza.
—Los humanos nos ayudamos. Al menos, los de mi comarca. Te espero, sigue subiendo.
Aquello mostraba el buen corazón de Logan y se lo agradecía en el alma, pero a ella la hacía sentirse muy mal. No tenía la vitalidad necesaria, siempre iba a ser una carga para todos. Siendo aquella prueba solo el comienzo, ¿cómo iba a sobrevivir cuando las cosas empeoraran? Y lo que era peor, pondría en peligro a personas nobles como Logan que quisieran ayudarla.
Maika se había detenido a tres tercios de la torre y la esperaba.
—Si yo he llegado hasta aquí, tú también puedes —dijo y le hizo un gesto de ánimo.
Ana iba soltando lamentos mientras ascendía. Por cada uno conseguía avanzar un poco. Era una técnica extraña, pero parecía que le funcionaba.
Nahia luchó contra el desánimo. Respiró por la nariz tres veces, dejando escapar largas bocanadas de aire y consiguió sentirse un poco mejor. Levantó la cabeza y vio a Logan y Maika esperándola. Si no continuaba, el dragón se iba a hartar y los calcinaría a los por su culpa. Tenía que seguir adelante. Pensó en su abuela. Tenía que conseguirlo, por ella.
—Voy… —fue cuanto pudo decir y colocó el pie derecho en el saliente donde recordaba que Logan había puesto el suyo. Comenzó a ascender hacia él. Los ojos claros del moreno la observaban con preocupación, sin duda porque podía ver que a ella le temblaban los brazos con cada esfuerzo.
—Sacúdelos —dijo Logan y sacudió su brazo derecho. Uno donde se apreciaban fuertes músculos que ella no tenía. Los suyos parecían carentes de otra cosa que no fuera algo de nervio.
Sacudió el brazo derecho como Logan le indicaba mientras se sujetaba fuerte con el izquierdo y sobre todo sus pies. Le sorprendía que sus pies aguantaran. No sabía por qué, pero era una buena noticia. Así como sus manos la estaban matando, sus pies parecían tan cómodos pisando aquellos salientes de roca y aguantando su peso. Le pareció cuanto menos curioso, pero no le dio más importancia porque no quería gafarlo y que de repente le fallaran. Si le fallaba un pie se mataba.
Después de sacudir los dos brazos, se sacudió las dos piernas.
—Mucho mejor —le dijo a Logan y continuó ascendiendo. Sabía que aquello solo la aliviaría un rato, pero decidió aprovecharlo. El más mínimo respiro podía significar la diferencia entre vivir y morir en aquella torre interminable.
No tardó mucho en tener que detenerse de nuevo para volver a sacudir brazos y piernas. Esta vez la sensación de descanso le duró menos, pero la volvió a aprovechar para ascender un poco más.
Continuó con aquella estrategia y fue ganando altura. Logan y Maika la miraban y la animaban. Ana llegó hasta el final y la ayudaron a subirse a la plataforma, donde soltó un último lamento.
Maika fue la siguiente en llegar a la cima.
—Yo ya estoy, ahora tú —animó haciendo gestos con los brazos para que subiera.
Logan llegó también al final, pero no subió a la plataforma y se quedó esperándola.
—Aquí está mi mano —dijo y la extendió hacia ella.
Nahia vio la mano extendida y suspiró. Parecía estar tan cerca que le dio esperanzas. Pensó en ir a alcanzarla y en ese momento le pareció que estaba a un mundo de distancia. Quería llegar hasta ella, que Logan la sujetara y la ayudara a llegar a la plataforma, pero su cuerpo no podía más. Estaba exhausta, tenía las manos agarrotadas y le dolían horrores. Los brazos y piernas ya ni le respondían, los sentía sin vida alguna. Solo se mantenía sobre la pared gracias a sus pies, que de alguna forma se mantenían firmes.
Miró abajo y la altura era tremenda. No se explicaba cómo había sido capaz de subir hasta allí sin caerse y matarse. Tenía que ser por el miedo que sentía del dragón, que la observaba desde abajo, y por la ayuda de Logan. En su vida hubiera imaginado poder hacer algo así, tan exigente físicamente. Estaba muy cerca de lograrlo, el problema era que su cuerpo ya no daba más.
«El ejercicio ha llegado a su fin. Quien no esté en la plataforma no verá un nuevo amanecer» llegó el mensaje de Irakas-Gorri-Gaizt.
Varios de los que estaban arriba se echaron hacia atrás, hacia el centro de la plataforma, como queriendo evitar que el dragón pensara que no lo habían conseguido. Tras un momento se fueron retirando todos, incluyendo los del otro lado que ya habían ascendido. Solo quedaron Maika, que estaba tumbada en la esquina con los brazos extendidos hacia abajo, y Logan, que tampoco se movió pese a la amenaza mortal del dragón.
Nahia supo que aquel monstruo no la perdonaría. Iba a morir de una forma horrorosa. Algo se encendió en su interior, una mezcla de fuego y rabia. Su fuego interior ya lo conocía, y no era bueno. La rabia a veces le salía sin ella quererlo, como si un pequeño volcán estallara en su interior. Esta vez se combinaron ambos y sintió que sus brazos y piernas comenzaban a arder. Al fuego le siguió una explosión de energía que recargó sus miembros de fuerza y vitalidad. Las manos dejaron de estar agarrotadas, los calambres desaparecieron y se sintió fuerte.
Miró al dragón, que extendía sus alas. Venía a por ella. No iba a sobrevivir ni siquiera un día. Su cuerpo reaccionó y, propulsado por el miedo, comenzó a subir hacia Logan a toda velocidad. Iba más rápido incluso de lo que el propio joven había subido. No entendía cómo lo estaba haciendo, pero no tenía tiempo de razonarlo. Se concentró en ascender por donde había visto que Logan lo había hecho. Tenía que escapar de una muerte cierta, su cuerpo lo sabía y le propulsaba.
Logan vio que Nahia llegaba hasta él y con expresión de sorpresa retiró la mano que ella ya no necesitaba y ascendió hasta la plataforma con gran agilidad. Se situó junto a Maika y miró hacia abajo. Nahia subía ahora como si fuera una experta escaladora, que para nada era, emulando cada movimiento de Logan. Sintió una corriente de aire fuerte que la alcanzaba por la espalda y supo que era el dragón que volaba hacia ella. No quiso mirar, si lo hacía el miedo podía distraerla y se despeñaría o se agarrotaría y el dragón la despedazaría. Apretó la mandíbula y continuó subiendo tan rápido como su cuerpo en llamas le permitía. Llegó hasta Maika y Logan. Los brazos de ambos la agarraron y tirando de ella la auparon a la plataforma.
Nahia puso los pies sobre la superficie firme y sus piernas le fallaron. El fuego que la había propulsado hasta la cima se había apagado en su interior. Se derrumbó. Ana la agarró para que no se fuera de espaldas y se quedó en el suelo sin poder levantarse. Los brazos tampoco le aguantaban.
—Lo he conseguido… —balbuceó exhausta y se quedó tendida en la fría superficie de roca.