Los Reyes Targaryen: Daeron I el Joven Dragón - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
Cuando Aegon III murió en el vigésimo sexto año de su reinado, 157 años después de que el Conquistador fuese coronado, dejó atrás dos hijos y tres hijas. El mayor de sus hijos, Daeron, era un muchacho de catorce años cuando asumió el trono. Tal vez por su genio y su encanto o tal vez debido al recuerdo de lo sucedido durante la regencia del padre de Daeron, el príncipe Viserys decidió no insistir en una regencia mientras el joven rey aún seguía siendo menor de edad. En su lugar, Viserys continuó sirviendo como Mano del Rey mientras Daeron gobernaba de forma hábil y competente. Pocos previeron que Daeron, el primero de su nombre, se cubriría de gloria igual que su antepasado Aegon el Conquistador cuya corona llevaba (su padre había preferido una sencilla diadema). Sin embargo esa gloria se convirtió en cenizas casi con la misma rapidez. Daeron era un joven de rara brillantez y contundencia y al principio se encontró con la resistencia de su tío, sus consejeros y muchos grandes señores cuando propuso por primera vez completar la Conquista
‘trayendo Dorne al reino’. Sus señores le recordaron que al contrario que Aegon y sus hermanas, él no tenía más dragones aptos para la guerra a lo que Daeron respondió ‘tenéis un dragón, está delante de vosotros’. Al final, como no se podía llevar la contraria al rey, cuando este reveló sus planes de conquista– realizados con la ayuda de Alyn Velaryon ‘Puño de Roble’ –algunos comenzaron a pensar que de hecho, podría ser posible, dado que era una campaña mucho mejor que la de Aegon en su momento. Daeron I mostró ampliamente su destreza en los campos de Dorne, que durante cientos de años había desafiado al Rejo, las Tierras de la Tormenta e incluso a los dragones de la casa Targaryen.
Daeron dividió su ejército en tres partes: una liderada por Lord Tyrell que bajó por el Paso del Príncipe en el extremo occidental de las Montañas Rojas de Dorne; uno liderado por el primo y almirante de la flota real, Alyn Velaryon, viajando por el mar; y uno dirigido por el propio rey, marchando por el traicionero paso del Sendahueso, donde hizo uso de pasos de cabras que otros consideraron demasiado peligrosos, para así poder ver las torres de vigilancia de Dorne y evitar las mismas trampas que habían detenido a Orys Baratheon. El joven rey barrió a su paso a toda fuerza que tratase de detenerlo. El Paso del Príncipe fue ganado y lo más importante, la flota real rompió las defensas de la Ciudad de los Tablones, pudiendo navegar así rio arriba.
De este modo, Dorne tuvo que dividir su defensa en dos, la mitad para controlar a ser Alyn en el Sangreverde, las fuerzas de Dorne en el este y en el oeste no podían ayudarse mutuamente. Y a partir de este punto, una serie de audaces batallas, que fueron de gran volumen en su totalidad. Hay muchos cuentos sobre esta guerra, pero el mejor de ellos es el de la conquista de Dorne, dado que la campaña de Daeron se considera una maravilla de elegante simplicidad, tanto en su prosa como en sus estrategias.

Un año después, los invasores estaban frente a las puertas de Lanza del Sol y luchaban para abrirse camino en la llamada Ciudad de la Sombra. En el 158 DC, el príncipe de Dorne y los lores más poderosos de Dorne hincaban la rodilla ante Daeron en la Sumisión de la Lanza. El joven dragón había logrado lo que Aegon el Conquistador no pudo. Había aun rebeldes en los desiertos y montañas, hombre de la marca que huían rápidamente de la ley, pero eran escasos en número. El rey rápidamente consolidó su control en Dorne, dando el trato merecido a esos rebeldes cuando los encontró… aunque no sin dificultad. En un episodio infame, una flecha envenenada que tenía que haber acertado en el rey, pero lo hizo en su primo, el príncipe Aemon (hijo menor del príncipe Viserys) que tuvo que ser enviado de vuelta a casa en un barco para recuperarse. Sin embargo, en el 159 DC el interior del país estaba pacificado y el joven dragón era libre de volver triunfante a Desembarco del Rey, dejando a Lord Tyrell en Dorne para mantener la paz. Como garantía de una futura paz con Dorne y un buen comportamiento, catorce rehenes de alta cuna viajaron con el rey a Desembarco, todos ellos hijos e hijas de las grandes casas de Dorne.
Cartas de Dorne registradas por el maestre Gareth, sugieren que Lord Qorgyle, señor de Piedra Arenisca, organizó un intento de asesinato a Lord Tyrell. Sin embargo, sus motivos fueron objeto de especulación en los últimos años. Algunos dicen que creció en el la ira ante su temprana lealtad – poniendo fin a la demagogia de uno de los señores más notorios – y la poca consideración que Lord Tyrell le dio. Mientras que otros afirman que todo formaba parte de un plan traicionero que pretendía arrullar tanto al rey como a Lord Tyrell para acabar con ellos cuando confiasen en él.
Esta táctica resulto menos eficaz de lo que Daeron había esperado. Mientras que los rehenes ayudaron a asegurar la continua lealtad de los de su propia sangre, el rey no había anticipado la tenacidad del pueblo llano de Dorne, sobre los cuales no tenía poder alguno. Diez mil hombres, se dice, murieron en la batalla para conquistar Dorne; cuarenta mil más murieron en el transcurso de los tres años siguientes, mientras el pueblo de Dorne luchaba tenazmente contra los hombres del rey.

Lord Tyrell, a quien Daeron había dejado a cargo de Dorne, trató valientemente de sofocar el fuego de la rebelión, viajando de castillo en castillo con cada luna y castigando a cada partidario de los rebeldes que encontraba, ahorcándolos, quemando los pueblos que albergaban proscritos y así sucesivamente. Pero el pueblo llano contraatacó, y cada día amanecían con suministros robados o destruidos, campos quemados, caballos muertos y poco a poco el número de soldados y hombres de armas muertos en los callejones de la ciudad se elevó de forma alarmante. Eran emboscados a la sombra de las dunas, asesinados en sus campamentos. Pero la auténtica rebelión comenzó cuando Lord Tyrell y su séquito viajaron a Piedra Arenisca, donde su señoría fue asesinado en una cama de escorpiones.
Cuando se corrió la voz de su fallecimiento, la rebelión barrió Dorne de un extremo a otro. En el 160 DC el propio joven dragón se vio obligado a regresar a Dorne para sofocar a los rebeldes. Ganó varias pequeñas victorias luchando en la Sendahueso mientras que Lord Alyn Puño de Roble descendió una vez más a la Ciudad de los Tablones para remontar el Sangreverde. Aparentemente después de esta paz rota, los dornienses accedieron a reunirse en el 161 DC para renovar su lealtad y discutir los términos… Pero era traición y asesinato lo que tenían en mente y no la paz. En una sangrienta traición, Dorne atacó al joven dragón y su ejército bajo la bandera de la paz. Tres caballeros de la Guardia Real fueron asesinados tratando de proteger al rey (un cuarto, para su eterna vergüenza, arrojó su espada y se rindió). El príncipe Aemon, el caballero dragón, fue herido y capturado, pero no antes de que matase a docena de enemigos. El reinado de Daeron I finalizó así, con cuatro cortos años. La gloria puede ser eterna, sin embargo, es tan fugaz como pronto olvidada hasta en sus últimas consecuencias, incluso en las mayores victorias si estas conducen a desastres aún mayores.