El Muro y Más Allá: La Guardia de la Noche y los Salvajes - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
Algo único en los Siete Reinos es la Guardia de la Noche, la hermandad juramentada que ha defendido el muro durante milenios desde la Larga Noche, el invierno que duró una generación y que llevó a los Otros hasta los reinos de los hombres y casi acabando con ellos. La historia de la Guardia de la Noche es larga. Los cuentos todavía hablan de caballeros negros sobre el Muro y su noble vocación. Pero la Edad de los Héroes queda lejos y los Otros no han aparecido en miles de años, si es que alguna vez existieron. Y así, año tras año, la Guardia se ha ido reduciendo.
Sus propios registros demuestran que ha habido una disminución progresiva desde incluso antes de la llegada de Aegon y sus hermanas. Aunque los hermanos negros de la Guardia todavía guardan los reinos de los hombres y continúan con tan noble vocación como pueden, ya que la amenaza no viene de los Otros, ni de espectros, gigantes, wargs, huargos, cambiapieles y otros monstruos de leyendas y cuentos de niños sino más bien, de bárbaros salvajes armados con hachas de piedra y garrotes; son salvajes, pero sólo hombres y no guerreros disciplinados. No siempre fue así.
Ya sea que las leyendas fuesen o no ciertas, es evidente que los Primeros Hombres y los Niños del Bosque (y hasta los gigantes, si creemos en la palabra de los bardos) temían algo como para llevar a cabo la construcción del Muro. Y esta gran construcción, tan simple como es, es justo lo que la convierte en una de las maravillas del mundo. Puede ser que en los inicios de su construcción fuese de piedra– los maestres difieren en esto –
pero todo lo que puede verse ahora en la distancia son cien leguas de hielo. Los lagos cercanos proveían el material, que los Primeros Hombres cortaron en grandes bloques y arrastraron sobre trineos hasta la pared, colocándolos de uno en uno. Ahora, miles de años después, el Muro alcanza más de setecientos metros de altura en su punto más alto (aunque esto varia notablemente a lo largo del mismo, ya que sigue los contornos de la tierra).
Cuenta la leyenda, que los gigantes ayudaron a levantar el Muro usando su descomunal fuerza para colocar los bloques de hielo en su lugar. Puede haber algo de verdad en esto, sin embargo, las historias hacen a los gigantes más grandes y poderosos de lo que realmente eran. Estas mismas leyendas también dicen que los Niños del Bosque– quienes no hicieron ellos mismos las paredes de hielo y piedra –contribuyeron con magia a su construcción. Pero como pasa a menudo, las leyendas tienen un dudoso valor.
Bajo la sombra de este muro de hielo, la Guardia de la Noche levantó diecinueve fortalezas– a pesar de que a diferencia de otros castillos de los Siete Reinos, éstas no tenían fortificaciones ni muros defensivos para protegerse (el Muro es más que suficiente para protegerse del Norte y la Guardia insiste en que no tienen enemigos en el Sur) –. El mayor y más antiguo de todos ellos es el Fuerte de la Noche, que ha permanecido abandonado durante los últimos doscientos años; con la Guardia en constante disminución quedó demasiado grande y demasiado caro de mantener. Los maestres que sirvieron en el Fuerte de la Noche antes de que este fuese abandonado dejaron claro que el castillo se había ampliado muchas veces a lo largo de los siglos y que poco quedaba de su estructura original a excepción de algunas de las bóvedas más profundas cinceladas en la roca bajo los cimientos del castillo.
Sin embargo, durante los miles de años de su existencia como el asiento principal de la Guardia de la Noche, ha acumulado muchas leyendas propias, algunas de las cuales han sido relatadas por el maestre Harmune en el Muro. El más antiguo de estos cuentos es el que se refiere al legendario ‘ Rey de la Noche’, acusado de haberse acostado con una hechicera pálida como un cadáver y de declararse a sí mismo rey. Durante trece años, gobernó con su ‘reina cadáver’, antes de que el Rey del Invierno, Brandon “El Rompedor”, en alianza con Joramun, el Rey-Más-Allá–del-Muro, acabasen con su reinado.
A partir de entonces, el nombre del Rey de la Noche fue borrado de la memoria. En la Ciudadela, los archimaestres descartan en gran medida estos cuentos, aunque algunos se permiten creer que pudo tratarse de un Lord Comandante que trató de hacerse un reino para sí mismo en los primeros días de la Guardia de la Noche.
Algunos sugieren que la reina cadáver era una mujer de los Túmulos, hija del rey de Fuerte Túmulo, que era por aquel entonces un rey por derecho y estaba asociado con tumbas. Se han barajado varios candidatos sobre quien pudo ser el Rey de la Noche, Bolton, Umber, Flint, Norrey, Woodfoot o incluso un Stark, dependiendo de dónde se narre el cuento. Como todos los cuentos, necesita tributos que lo hagan más atractivo para quienes lo escuchan.
CASTILLOS ACTIVOS DE LA GUARDIA DE LA NOCHE
Torre Sombría
Castillo Negro (sede del comandante de la Guardia)
Guardiaoriente del Mar
CASTILLOS ABANDONADOS DE LA GUARDIA DE LA NOCHE
Guardia Gris
Puerta de la Reina (una vez llamado Puerta de la Nieve antes de ser rebautizado en honor a la Buena Reina Alysanne)
Lago hondo
El Fuerte de la Noche
Túmulo largo
Guardiaverde
Antorchas
Escudo de Roble
Guardiaoccidente del Río
Garita
Marcahielo
Puertapiedra
Fortaleza Azabache
Puertaescarcha
Guardiabosque del Lago
Colina Escarcha
De la Guardia de la Noche bien podría decirse que es la primera orden militante en los Siete Reinos (cuyo primer deber de todos sus miembros es mantener la defensa del Muro y todos han de estar entrenados y armados para este fin). Sus hermanos jurados están divididos en tres grupos: Mayordomos (suministran a la Guardia comida, ropa y todas las cosas que necesiten para defender el Muro), Constructores (mantienen tanto el Muro como los castillos) y los Exploradores (se aventuran en las tierras salvajes más allá del Muro para hacer la guerra con los salvajes).
A todos ellos los dirigen oficiales de alto rango de la Guardia de la Noche y el de mayor categoría de todos ellos es el Lord Comandante. El mismo es elegido por todos los miembros de la Guardia: todos los integrantes (cazadores furtivos, violadores, analfabetos e hijos de las grandes casas) votarán para elegir al hombre que debe conducirlos hasta su muerte. Es una costumbre que ha dado buenos resultados a la Guardia, y los esfuerzos para cambiarla (como cuando quinientos años atrás el Lord Comandante Runcel Hightower intentó que su hijo heredase el puesto) nunca han durado.
Por desgracia, la verdad más acuciante sobre la Guardia en su actualidad es su declive. Puede que alguna vez sirviera a un gran propósito. Pero si los Otros nunca existieron– y no se les ha visto en miles de años –no son ninguna amenaza para los hombres. El enorme gasto de mantenimiento del Muro y de los hombres se ha vuelto cada vez más insoportable. Sólo tres castillos de la Guardia permanecen guarnecidos en la actualidad y los efectivos son menos de una décima parte que cuando Aegon y sus hermanas llegaron a Poniente y sin embargo, el tamaño de la Guardia sigue siendo una carga.
Algunos sostienen que el Muro sirve como una forma de librar al reino de asesinos, violadores, cazadores furtivos y gente de esa calaña, mientras que otros ponen en duda la sabiduría de poner armas en las manos de tales individuos y entrenarlos para la guerra. Las redadas de los Salvajes pueden considerarse, y con razón, más una molestia que una amenaza. Muchos sabios sugieren que los señores del Norte son fuerza suficiente para reconducir a los salvajes de vuelta a las tierras más allá del Muro. Solo el hecho de que los propios norteños honren a la Guardia de la Noche, la ha mantenido funcionando y gran parte de la comida que mantiene al Castillo Negro, Torre Sombría y Guardiaoriente del Mar no sale del Agasajo, sino de los regalos anuales que los norteños hacen a la Guardia como señal de apoyo y reconocimiento.

LOS SALVAJES
En las tierras de más allá del Muro vive un grupo diverso de gente– todos ellos hijos de los Primeros Hombres
–que los más civilizados del sur, llaman Salvajes. Este no es el término por el que se denominan a sí mismos. El más grande y numeroso de los pueblos de más allá del Muro se llama a si mismo Pueblo Libre, en su creencia de que sus costumbres salvajes les permiten una mayor libertad que los arrodillados del Sur. Y es cierto que viven sin señores ni reyes ni necesitan inclinarse ante ningún hombre ni sacerdote, independientemente de su nacimiento, sangre o de la estación. Pero también viven humildemente y no están exentos del hambre ni del frío, de las barbáricas guerras o de las depredaciones de su propia especie. La anarquía más allá del Muro no es envidiable, como cualquiera que haya visto a los Salvajes en acción puede atestiguar (y muchos también han dado testimonio en una serie de historias basadas en cuentos de la Guardia de la Noche). Su orgullo en su pobreza, son sus hachas de piedra y sus escudos hechos de mimbre y madera, sus pieles infestadas de pulga, todo esto es parte de la razón por la que se distinguen de las gentes de los Siete Reinos.
Las innumerables tribus y clanes suelen ser en su mayoría adoradores de los Antiguos Dioses de los Primeros Hombres y los Niños del Bosque: son los dioses de los árboles (hay relatos que dicen que hay personas que adoran a diferentes dioses: dioses oscuros bajo la tierra en los Colmillos Helados, dioses de la nieve y el hielo en la Costa Helada, o los dioses cangrejo de Punta Storrold, pero nunca ha habido forma fiable de confirmarlo).
La principal causa por la que los Salvajes escalan el muro es en gran parte para conseguir hierro y acero que ellos no pueden fabricar. Muchos de los invasores están armados con armas de madera, piedra e incluso cuerno en algunos casos. Algunos llevan hachas de bronce y cuchillos, pero incluso estos últimos se consideran algo valioso. Los famosos líderes a menudo han robado acero, en ocasiones de los exploradores de la Guardia que ellos mismos habían matado.
Los exploradores de la Guardia de la Noche hablan de pueblos todavía más extraños que habitan en los rincones más alejados de las tierras más allá del Muro, de guerreros revestidos de bronce en un valle escondido lejos, hacia el norte y los Pie de Cuerno, que van descalzos incluso sobre el hielo y la nieve. Sabemos de salvajes que viven en la orilla congelada y tienen chozas y trineos de hielo tirados por perros. Hay media docena de tribus que hacen sus hogares en cavernas y rumores de caníbales en la parte más alta de los Ríos Helados más allá del Muro. Pero pocos exploradores han penetrado más de medio centenar de leguas en el Bosque Encantado y sin duda hay más tipos de salvajes de los que ellos pueden siquiera imaginar.

La amenaza que representan para el reino estos pueblos salvajes es descartable, a excepción de las escasas ocasiones en las que se unieron bajo el liderazgo de un Rey-Más-Allá-Del-Muro. Aunque muchos de los asaltantes salvajes y jefes de guerra han aspirado a ese título, pocos se lo han ganado.
Un explorador salvaje
Ninguno de los salvajes que se ha alzado como Rey-Más-Allá-Del-Muro ha hecho nada para construir un verdadero reino o cuidar de su gente; en verdad, estos hombres son señores de la guerra, no reyes y aunque han sido muy diferentes unos de otros, todos ellos han llevado a su pueblo contra el Muro, con la esperanza de atravesarlo y conquistar los Siete Reinos del sur. El primer Rey-Más-Allá-Del-Muro, según cuenta la leyenda, fue Joramun, que afirmaba tener un cuerno capaz de derribar el Muro cuando despertase a ‘los Gigantes de la Tierra’ (que el Muro siga en pie pone en duda su eficacia, e incluso su existencia).
Casa Austera fue el único intento de hacer un asentamiento en las tierras más allá del Muro, al abrigo de Punta Storrold y junto a un puerto de aguas profundas. Pero fue quemado y destruido hace seiscientos años, aunque la Guardia sigue sin poder decir con certeza que sucedió. Algunos dicen que los caníbales de Skagos cayeron sobre ellos, otros que fueron los esclavistas del Mar Angosto quienes tuvieron la culpa. Las historias más extrañas han sido contadas, enviaron un barco de la Guardia para investigar qué había sucedido y volvieron con un informe de gritos espantosos que resonaban desde los acantilados de Casa Austera, en los que no se pudo encontrar a ningún hombre o mujer con vida. Un relato más fascinante de Casa Austera, puede ser el que cuenta el maestre Willys: nos cuenta una historia de los tres años que pasó más allá del Muro entre los Salvajes, los exploradores y las brujas de los árboles. Willys viajó a Casa Austera con un comerciante Pentoshi y se instaló allí como curandero y consejero para poder escribir sobre sus costumbres. Un cacique (Gorm el Lobo), que compartía el control de Casa Austera con otros tres jefes le dio protección. Cuando Gorm fue asesinado en una pelea de borrachos, Willys pasó a encontrarse en peligro de muerte y regreso a Antigua. Allí dejó su experiencia, sólo para desaparecer un año después cuando comenzaron los alumbrados. Se dijo en la Ciudadela que fue visto por última vez en los muelles, en busca de un barco que lo llevase a Guardiaoriente del Mar.
Los hermanos Gendel y Gorne fueron unos reyes que gobernaron juntos hace tres mil años. Lideraron a sus gentes por un laberinto de cavernas subterráneas por las que lograron atravesar el Muro para atacar el Norte.
Gorne mató al rey Stark en la batalla sólo para ser asesinado a su vez por el heredero del rey y Gendel y sus súbditos salvajes huyeron de regreso a sus cavernas. Nunca fueron vistos de nuevo.

Un ejército salvaje reuniéndose junto al Muro
El señor Astado les seguiría, mil años después (o quizás dos mil). Su nombre se pierde en la historia, pero se dice que él conocía el modo de usar la magia para cruzar el Muro. Después de él, siglos más tarde, llegó Bael el Bardo, cuyas canciones aún se cantan más allá del Muro… Pero hay dudas acerca de si realmente existió o no.
Los Salvajes cuentan lo que hizo y dan crédito a muchas de sus canciones, pero las viejas crónicas de Invernalia no dicen nada de él. Ya fuese por las derrotas y humillaciones que se decía que habían sufrido con su visita (incluyendo una historia improbable en la que desfloró a una heredera Stark y la dejó en cinta) o porque nunca existió, nunca podremos decirlo con seguridad.
Entre los salvajes se dice que Gendel y su pueblo se perdieron y quedaron atrapados en las cavernas, aún vagan por ellas hoy en día. Entre las historias de los exploradores, sin embargo, se dice que Gendel murió también y que sólo un puñado de sus seguidores siguieron con vida para huir de nuevo a las cavernas.
El último Rey-Más-Allá-Del-Muro que trató de cruzarlo fue Raymun Barbarroja, quién unió a los salvajes en el 212 o 213 DC. No fue hasta el 226 DC cuando él y sus Salvajes escalaron el Muro en grupos de cientos, y miles alcanzaron el otro lado. Las tropas de Raymun se contaban por miles y lucharon todo el camino hasta Lago Largo, donde el señor Lord William Stark y Lord Harmon de la casa Umber (el Gigante Borracho), cargaron con sus ejércitos contra ellos. Con dos ejércitos rodeándole y el lago a sus espaldas, Barbarroja luchó y murió, pero no antes de matar a Lord William. Cuando la Guardia de la Noche se presentó una vez pasado todo, el Lord Comandante Jack Musgood (llamado Alegre Jack antes de la invasión y Durmiente Jack después de ella) se encontró con un muy enojado Artos Stark (hermano del difunto Lord William, y el más terrible guerrero de su época) y dejaron a la Guardia el deber de enterrar a los muertos. Esta tarea al menos, la cumplieron admirablemente.

LAS TIERRAS DE LOS RÍOS
Hay mucha historia– tanto de alegrías como de tragedias –en las tierras del Tridente y sus tres afluentes. Se extiende desde el Cuello hasta el nacimiento del Aguasnegras y por el este hace frontera con las tierras del Valle; las tierras de los ríos, son el corazón palpitante de Poniente. Ninguna otra tierra de los Siete Reinos ha visto tantas batallas, ni tantos reyezuelos, ni la ascensión y caída de tantas casas reales. Las causas de todo esto están claras. Rica, fértil y tiene frontera con cada uno de los otros seis reinos excepto Dorne, aunque poseen pocos límites naturales para evitar la invasión. Las aguas del Tridente hacen las tierras perfectas para el sosiego, la agricultura y la conquista, mientras que las ramas del río estimulan el comercio y los viajes en tiempos de paz y sirven de barreras y caminos en tiempos de guerra.
La importancia del Tridente en la región no se hizo nunca tan clara como cuando el rey Harwyn Hoare, abuelo de Harren el Negro, luchó por las tierras de los ríos con el rey de la Tormenta Arrec. Los nacidos del hierro fueron capaces de lograr el dominio sobre los ríos y los utilizaron como medio de transporte para sus fuerzas de forma rápida entre sus bastiones lejanos y los campos de batalla. El rey Tormenta sufrió la peor derrota en el cruce del Forca Azul, cerca de Buenmercado, donde los barcoluengos resultaron decisivos para permitir que los hijos del hierro aprovechasen la travesía del río a pesar de la superioridad numérica de Arrec.
Las tres ramas del Tridente son las que dan a las tierras de los ríos su nombre: El Forca Rojo, coloreado por el barro y el limo que fluye desde las montañas del oeste; el Forca Verde, cuyas aguas son verdes, cubiertas por el musgo al salir de los pantanos del cuello, y el Forca Azul, llamado así por la pureza de sus espumosas aguas, alimentado por un manantial. Sus aguas son los caminos por los que desplazarse en las tierras de los ríos y no es extraño ver barcazas para cruzar por cada tramo de un kilómetro. Nunca ha habido una ciudad en la tierra de los ríos por extraño que pueda parecer (aunque los grandes mercados son comunes), probablemente debido al historial rebelde de la región y a la tendencia que tenían los reyes en el pasado de rechazar algunas licencias para que lugares como Salinas o Buenmercado se expandiesen. Durante los largos siglos en que los Primeros Hombres reinaron en Poniente, un sinnúmero de pequeños reinos se levantaron y cayeron en las tierras de los ríos. Sus historias, entrelazadas con los mitos y las canciones, están en gran medida olvidadas, a excepción de los nombres de algunos reyes y héroes legendarios cuyos hechos han quedado registrados en erosionadas piedras con runas cuyo significado es incluso disputado en la Ciudadela. Por lo tanto, mientras 163
que los bardos nos regalan coloridos cuentos de Artos el Fuerte, Florian el Loco, Jack Nuevededos, Sharra la Reina Bruja y el Rey Verde del Ojo de Dioses, la existencia misma de ese tipo de personajes ha de ser cuestionada por cualquier estudioso serio.
La verdadera historia de las tierras de los ríos comienza con la llegada de los ándalos. Después de cruzar el Mar Angosto y arrasar el Valle, estos conquistadores venidos del este se dispusieron a hacerla suya, navegando con sus barcos hasta el Tridente y sus tres grandes ramas. En aquellos días, parece que los ándalos lucharon contra los caciques y sus bandas que los septones posteriormente nombrarían reyes. Uno por uno, fueron invadiendo cada una de las tierras de los reyezuelos. Las canciones nos hablan con el paso de los años de la caída de Poza de la Doncella y la muerte de su rey niño, Florian el Valiente, quinto de su nombre; El Lavadero de la Viuda, donde tres hijos de Lord Darry fueron detenidos por el señor ándalo de la guerra Vorian Vypren y sus caballeros por un día y una noche, matándolo antes de caer ellos mismos; La noche en White Wood, donde supuestamente los Niños del Bosque emergieron de debajo de una colina hueca para enviar cientos de lobos contra un campamento ándalo, muriendo cientos de hombres a la luz de la luna creciente; la gran batalla de Río Amargo, donde Blackwood de Raventree y los Bracken de Septo de Piedra hicieron causa común contra los invasores sólo para ser destruidos por la carga de 777 caballeros ándalos y siete septones, que llevaban la estrella de las siete puntas de la Fe en sus escudos. La estrella de siete puntas fue llevada por todos los rincones por los ándalos, en sus escudos y estandartes, bordados en sus túnicas y a veces incluso en su propia carne.
En su celo por los Siete, los conquistadores miraban a los Antiguos Dioses de los Primeros Hombres y los Niños del Bosque como si fuesen poco más que demonios y cayeron sobre las sagradas arboledas con acero y fuego, destruyendo los grandes arcianos cada vez que los encontraban. El gran cerro llamado Alto Corazón, especialmente sagrado para los Niños y los Primeros Hombres, era un cerro coronado por los arcianos más antiguos que se habían visto en los Siete Reinos, Alto Corazón seguía siendo la morada de los Niños y sus verdevidentes. Cuando el rey ándalo Erreg Kinslayer rodeó la colina, los Niños salieron en su defensa invocando nubes de cuervos y ejércitos de lobos… O eso dicen las leyendas. Sin embargo, ni los picos ni las garras estaban a la altura del acero de los ándalos, que masacraron a los verdevidentes, las bestias y a los Primeros Hombres por igual y se hizo junto a la colina de Alto Corazón otra de cadáveres la mitad de alta que la primera… tal y como lo cuentan los bardos. La verdadera historia sugiere lo contrario, insistiendo en que los niños habían abandonado hacía mucho las tierras de los ríos. Pero lo que está claro es que el bosque fue destruido y hoy en día sólo quedan tocones donde una vez hubo arcianos.
Aunque el nombre de Erreg es uno de los más negros en las historias antiguas, uno puede preguntarse si existió alguna vez de verdad. El archimaestre Perestan ha sugerido que Erreg, podía ser de hecho, una corrupción del título de ándalo y no un nombre en absoluto. Perestan va más allá en su ‘ Consideración sobre la historia’, sugiriendo que este ándalo sin nombre había talado los árboles a instancias de un rival del rey del río que utilizaba a los ándalos como mercenarios.
El penúltimo y más grande de los reyes de los ríos que quedaba en pie antes de la llegada de los ándalos, fue Tristifer IV de la casa Mudd, Martillo de la Justicia, que gobernó desde un gran castillo llamado Piedrasviejas, en una colina a orilla del Forca Azul. Los bardos nos cuentan que luchó en un centenar de batallas contra los invasores y ganó noventa y nueve de ellas, sólo para caer en la centésima cuando cabalgaba a la guerra contra una alianza de siete reyes ándalos. Sin embargo, parece conveniente que haya siete reyes en las canciones: probablemente este sea otro cuento inventado por los septones como una lección de piedad.
Antes de los Mudd, habían existido otros reyes igual de poderosos. Los Pescadores, se dice en algunas crónicas que habían sido el primero y más antiguo linaje de reyes de los ríos (en otros se contabilizan como una 164
segunda dinastía y la revisión de los Anales de los Ríos del antiguo septo de Peasedale sugiere que eran la tercera).
Los Blackwood y los Bracken, ambos afirman haber reclamado las tierras de los ríos en varias ocasiones durante la Edad de los Héroes. Los Mudd tuvieron más éxito en la unificación de varias tierras de los ríos que sus predecesores, pero su reinado no duró mucho. El Martillo de Justicia fue sucedido por su hijo, Tristifer V, o Tristifer el Último, que fue incapaz de contener la marea de los ándalos y no pudo siquiera mantener a su propio pueblo unido.
Los reyes ándalos que derribaron Piedrasviejas y mataron a Tristifer, se casaron con la nobleza de los Primeros Hombres restantes y pasaron por el cuchillo a todos los que no doblaron la rodilla. Los ándalos se repartieron las tierras entre ellos. La sangre de los últimos reyes de los Primeros Hombres ya era escasa antes de que los ándalos comenzaran la guerra contra ellos para dominarlos. Aunque muchos señores se nombrasen a si mismo reyes de los ríos y de las colinas o rey del Tridente, siglos pasarían antes de que cualquiera de estos pequeños monarcas tuviese suficiente influencia sobre estas tierras para ser digno de ese título.
El primero de los reyes ándalos que tuvo toda las tierras de los ríos bajo su dominio, fue un bastardo nacido de la unión entre los enemigos Blackwood y Bracken. Cuando era un niño, Benedict Ríos, fue despreciado por todos, pero llegó a ser el guerrero más grande de su edad y pasó a llamarse ser Benedict el Temerario. Su destreza en la batalla le ganó el apoyo tanto de la casa de su madre, como la de su padre y pronto otros señores de los ríos doblaron también la rodilla ante él. Benedict tardó más de treinta años en acabar con todos los reyezuelos del Tridente. Como rey, se hizo conocido como Benedict el Justo, nombre que le gustó lo suficiente como para dejar de lado su apellido bastardo y tomar Justman como nombre para su casa. Tan sabio como severo, reinó durante veintitrés años, extendiendo sus dominios hasta el Cuello y Poza de la Doncella. Su hijo, otro Benedict, reinó durante sesenta años y añadió Valle Oscuro, Rosby y el nacimiento del Aguasnegras al reino del río.
La casa Justman gobernó las tierras de los ríos durante casi tres siglos según afirman las crónicas. Su línea se terminó cuando Qhored Hoare, rey de las Islas del Hierro, asesinó a los hijos del rey Bernarr II mientras estaban cautivos en Pyke. Su padre no los sobrevivió mucho tempo, provocando una guerra de venganza desesperada contra los hijos del hierro. De nuevo, las tierras se sumieron en otro periodo de anarquía y derramamiento de sangre. El reino que Benedict el Temerario había tejido se rasgó en pedazos una vez más y de nuevo hubo un centenar de años de conflictos, apareciendo de nuevo reyezuelos Blacwood, Bracken, Mallister, Vance y Charlton en una pugna por la supremacía. El poco probable vencedor de todas estas luchas fue lord Torrance Teague, un aventurero de nacimiento dudoso que se hizo con una fortuna en oro en un audaz ataque a las tierras del Oeste y utilizó esas riquezas para contratar un gran número mercenarios del otro lado del Mar Angosto. Guerreros experimentados en mil batallas, sus hojas demostraron la diferencia y Teague fue nombrado Rey del Tridente en Poza de la Doncella después de seis largos años de guerra. Se dice, sin embargo, que ni Torrence ni sus herederos se sentaron seguros en el trono. Los Teague fueron tan poco amados por aquellos que doblaron la rodilla que se vieron obligado a mantener a hijos de todas las casas como rehenes para utilizarlos en caso de traición. Aun así, el cuarto monarca Teague, Theo Silla Dolorosa, pasó todo su reinado a caballo, llevando a sus caballeros de una rebelión a la siguiente mientras colgaba rehenes de cada árbol. Al igual que con los Primeros Hombres, las dinastías de los reyes ándalos resultaron ser de corta duración y los enemigos rodeaban el reino por todas partes.
Los hombres de las Islas del Hierro allanaron sus costas hacia el oeste, mientras que los piratas de los Peldaños de Piedra y Tres Hermanas hicieron lo mismo por el este. Los hombres del oeste cabalgaron por todo el Forca Roja para saquear y conquistar, y las tribus salvajes de las Montañas de la Luna bajaban para quemar y 165

saquear y llevarse a las mujeres. Desde el Suroeste, los señores del Domino enviaron columnas de caballeros cubiertos de hierro por todo el Aguasnegras; al sureste se encontraba el dominio de los señores de la tormenta, siempre ávidos de oro y gloria.
En toda la larga historia del Tridente, bajo cientos de gobernantes, apenas hubo un momento en que los hombres de esta tierra no estuvieron o sufrieron una guerra con al menos uno de sus vecinos. Algunos incluso se vieron forzados a luchar en dos o en tres a la vez. Peor aún, algunos reyes de los ríos nunca contaron con el apoyo de sus señores vasallos. Los recuerdos de antiguos agravios y traiciones pasadas no eran dejadas de lado a menudo por los señores del Tridente, cuyas enemistades corrían tan profundas como los ríos que riegan sus tierras. Una y otra vez, uno y varios de estos señores se unirían con algún invasor contra su propio rey; de hecho, en algunos casos, fueron estos señores los que trajeron forasteros a las tierras de los ríos ofreciéndoles tierras, oro o hijas a cambio de ayuda contra los enemigos de la familia.
El Rey Benedict de la casa Justman
Más de un reino fue derrocado por tales alianzas y cada nueva batalla solo sirvió para sentar las bases de la siguiente. En retrospectiva, es fácil de ver que era sólo cuestión de tiempo hasta que uno de los invasores optara por quedarse y reclamar las tierras de los ríos para sí mismo. El primero en hacerlo fue el rey de la Tormenta, Arlan III Dundarron; Humfrey de la casa Teague era rey de los Ríos en aquella época. Un gobernante piadoso, fundó muchos septos y casas madre en las tierras de los ríos y trató de reprimir la adoración de los Dioses Antiguos en su reino. Esto llevó a Árbol de Cuervos a levantarse contra él, los Blackwood nunca se habían convertido a la Fe de los Siete. Los Vance de Atranta y los Tully de Aguasdulces se le unieron en la rebelión.
El rey Humfrey y sus partidarios, apoyados por las estrellas y espadas de la Fe Militante, estaban a punto de aplastarlos cuando lord Roderick Blackwood envió a un mensajero a Bastión de Tormentas para pedir ayuda.
Lord Blackwood estaba unido a la casa Dundarron por matrimonio, lord Arlan había tomado por esposa a una de las hijas de Blackwood por los viejos ritos, bajo el gran arciano muerto en el bosque de dioses de Árbol Cuervo.
Roderick Blackwood y Elston Tully cayeron en la lucha, junto con los señores Bracken, Darry, Smalwood y lord Vance. El rey Humfrey, su hermano y campeón, ser Damon y sus hijos Humfrey, Hollis y Tyler perecieron en la 166
batalla final de la campaña, una refriega sangrienta que tuvo lugar entre dos cerros conocidos como ‘las Tetas de la Madre’ en tierra reclamada tanto por los Blackwood como por los Bracken.
El rey Humfrey fue el primero en morir ese día, según está escrito. Su heredero, el príncipe Humfrey, tomó posesión de su corona y espada pero murió poco después, con lo cual el segundo hijo, Hollis, hizo lo mismo, sólo para ser asesinado a su vez. Y así fue como la sangrienta corona pasó de un hijo a otro y finalmente al hermano y campeón del rey, todo en el espacio de una sola tarde. En el momento en que el sol se puso, la casa Teague se había extinguido por completo junto con el reino de los ríos y las colinas.
La lucha, que es conocida como la Batalla de los Seis Reyes, en honor a Arlan III, rey de la Tormenta y a los cinco reyes de los ríos que mataron sus hombres de la tormenta, algunos de los cuales reinaron durante horas o minutos.
Ciertas cartas y documentos encontrados por los maestres durante su servicio en Bastión de Tormentas, sugieren que Arlan III no tenía intención de tomar para sí las tierras de los ríos, sino restaurar en el trono a la casa Blackwood, más concretamente a lord Roderick Blackwood. La muerte del señor torció estos planes, dado que el heredero de Árbol Cuervo tenía sólo ocho años de edad y al rey de la Tormenta ni le gustaban, ni confiaba en los hermanos de Lord Blackwood. Parece ser que el rey Arlan consideró coronar a Shiera, hija mayor de Roderick, con su propio hijo a su lado, pero los señores de las tierras de los ríos se negaron a ser gobernados por una mujer y su Gracia decidió finalmente añadir las tierras de los ríos a sus propios dominios por lo que serían más de tres siglos, aunque los señores de los ríos se levantaron contra Bastión de Tormentas al menos una vez en cada generación.
Una docena de pretendientes de otras tantas casas intentarían coronarse como Rey del Río o Rey del Tridente y juraron liberarse del yugo de los reyes tormenta. Algunos incluso tuvieron éxito… durante quince días, una luna e incluso un año. Pero sus tronos fueron construidos de barro y arena y al final Bastión de Tormenta marchaba para acabar con ellos. Así terminaron los breves reinados sin gloria de Lucifer Justman (Lucifer el Mentiroso), Marq Mudd (El bardo loco), Lord Robert Vance, Lord Petyr Mallister, Lady Jeyne Nutt, el Rey Bastardo ser Addam Ríos, el Rey Campesino Pate de Buenmercado, y ser Lymond Fisher, caballero de Piedrasviejas, y una docena más.
Cuando finalmente las tierras de los ríos fueron arrancadas de las manos de Bastión de Tormentas, no fue por un señor de los ríos, sino por unos conquistadores rivales de más allá de las tierras del Tridente: Harway Hoare, Manodura, rey de las Islas de Hierro. Cruzaron la Bahía del Hierro con un centenar de barcoluengos y desembarcaron toda su fuerza cuarenta leguas al sur de Varamar y marcharon hacia el interior del Forca Azul llevando con ellos sus naves, sobre sus hombros en una hazaña que los bardos de las islas todavía celebran.
Los hijos del hierro navegaron rio arriba y rio abajo saqueando y asaltando a su antojo, los señores de los ríos retrocedieron ante su avance o se refugiaron en sus castillos, no muy dispuestos a tomar parte en una batalla por un rey al que muchos de ellos habían insultado. Los que tomaron las armas fueron salvajemente castigados. Un caballero joven y audaz, Samwell Ríos, hijo natural de Tommen Tully, señor de Aguasdulces, reunió una pequeña multitud y se reunió con el Rey Harwin en la Piedra Caída, pero sus líneas se hicieron añicos cuando Harwin cargó contra ellos. Cientos se ahogaron intentando huir. Ríos fue cortado en dos, de modo cada mitad de su cuerpo pudiese ser entregado a cada uno de sus padres. Lord Tully abandonó Aguasdulces sin luchar y huyó con todos sus efectivos para unirse a los que se habían juntado en el salón de Árbol Cuervo, donde fueron acogidos por lady Agnes Blackwood y sus hijos.
Pero cuando lady Agnes avanzó contra los hijos del hierro, su beligerante vecino, Lothar Bracken, cayó sobre su retaguardia con todas sus fuerzas y puso a su ejército en fuga. Lady Agnes y dos de sus hijos fueron 167
capturados y entregados al rey Harwyn, que obligó a la madre a ver como estrangulaba a sus dos hijos con sus propias manos. Sin embargo, si los cuentos son ciertos, lady Agnes no lloró ‘tengo otros hijos’ le dijo al rey de las Islas del Hierro ‘Árbol Cuervo durará cuando usted y los suyos sean destruidos. Su linaje acabará en sangre y fuego’. Probablemente, este discurso profético sea una invención posterior añadida a la historia por algún cantante o narrador. Lo que sí sabemos es que Harwyn Manodura quedó impresionado con su desafío y le ofreció salvar su vida y convertirse en su esposa de sal. ‘Me gustaría más tener una espada dentro de mí que tu polla’ respondió lady Agnes. Y Harwyn Manodura le concedió su deseo.
La derrota de las huestes de lady Blackwood significó el fin de la resistencia de los señores de los ríos a los hijos del hierro, pero no el fin de los combates, puesto que las noticias de la invasión habían llegado al lejano Bastión de Tormentas y al rey Arrec. Al mando de un poderoso ejército, el rey Tormenta cabalgó hasta el norte para luchar contra el enemigo. Tan ansioso estaba este joven rey por luchar a brazo partido contra los hombres del hierro que pronto cometió un error garrafal dejando atrás a su convoy de aprovisionamiento.
Un grave error, como pudo comprobar cuando cruzó el Aguasnegras y encontró cada castillo cerrado a cal y canto y pueblos y campos calcinados. Muchos señores de los ríos se habían unido a los hombres del hierro en aquel momento. Bajo el mando de los señores Goodbrook, Paege y Vypren, se deslizaron por el Aguasnegras y cayeron sobre el convoy de aprovisionamiento antes de que llegase al río, poniendo en estampida la retaguardia de Arrec y quedándose con sus suministros. De modo que una hambrienta multitud de señores de la tormenta finalmente se enfrentó a Harwyn Manodura en Buenmercado, donde Lothar Bracken, Theo Carlton y una veintena de otros señores de los ríos se le habían unido. El rey Arrec tenía el doble de hombres que sus enemigos, pero estaban cansados por los largos días de marcha, confundidos y desanimados y su rey pronto demostró ser testarudo e indeciso. Cuando se unieron a la batalla, estaba resulto que sería una derrota demoledora para los señores de la tormenta. Arrec logró escapar de la carnicería, pero dos de sus hermanos murieron combatiendo y el reinado de Bastión de Tormentas sobre las tierras de los ríos llegó a su fin de forma sangrienta.
Se dice, que se escuchó al pueblo llano por todas las tierras de los río alegrándose al escuchar la noticia, mientras que sus señores, envalentonados, se levantaron contra las guarniciones de señores de la tormenta que quedaban dispersas por toda la región, expulsándolos o pasándolos por la espada. Las campanas sonaron en Septo de Piedra durante un día y una noche, según cuentan los cronistas y bardos, y los hermanos mendicantes iban de pueblo en pueblo proclamando que en el Tridente, eran sus propios amos de nuevo.
Estas celebraciones duraron poco, obviamente. Se ha dicho, sobre todo cerca de Septo de Piedra que lord Lothar Bracken había hecho causa común con los hijos del hierro con la creencia de que Manodura le haría rey cuando los hombres de la tormenta fuesen expulsados, pero no hay evidencia escrita que apoye esta afirmación. Parece poco probable; Harwyn Hoare no era el tipo de hombre que regalaba coronas. Y de la misma forma que Arlan Dundarron hizo tres siglos atrás, Harwyn Hoare tomó las tierras de los ríos para sí mismo.
Esos señores de los ríos que habían apostado por él no habían hecho más que cambiar un amo por otro… Y su nuevo amo era más duro, más cruel y más exigente que el anterior. El propio Lothar Bracken fue de los primeros en aprender la lección cuando trató de rebelarse contra Manodura medio año después. Sólo unos pocos señores de menos importancia se unieron bajo su bandera y el rey Harwyn y sus hombres los aplastaron por completo, saquearon Septo de Piedra y colgaron a lord Bracken en una jaula de cuervos durante un año, mientras moría poco a poco de hambre.
A lo largo de su vida, dos veces intentó Arrec Dundarron cruzar el Aguasnegras y recuperar lo que había perdido pero sin éxito. Su hijo mayor y sucesor, el rey Arlan V lo intentó también y murió en el intento. Harwyn 168


Hoare gobernaría las tierras de los ríos hasta su muerte (que sucedió a la edad de sesenta y cuatro años mientras se acostaba con una de sus esposas de sal) y su hijo y nieto mantendrían el cruel dominio de los hombres del hierro sobre el Tridente.
El nieto de Harwyn, Harren el Negro, pasó la mayor parte de su vida construyendo una monstruosa fortaleza en el Tridente, la cual llevaría su nombre, y volviendo a las Islas del Hierro con poca frecuencia. Así estaban las cosas cuando Aegon el Conquistador llegó a tierra y puso fin a Harren en el holocausto que envolvió Harrenhal.
Después, Aegon nombró a Edmyn Tully de Aguasdulces (primero de los señores de los ríos en rendirse a Aegon) señor del Tridente y redujo al resto de señores a ser sus vasallos. El reinado lo conservó para sí mismo: no habría más reyes en Poniente que Aegon.
El Rey Tormenta Arrec observando la Batalla de Mercadobello