Los Siete Reinos: Dorne y Casa Martell - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
Se dice que sólo un Dorniense puede conocer realmente Dorne. El más meridional de los Siete Reinos es también el más inhóspito… y extraño, a los ojos de cualquier hombre criado en el Dominio, el Oeste o Desembarco del Rey. Dorne es diferente de más formas de las que pueden ser contadas. Vastos desiertos de arena roja y blanca, montañas con traicioneros pasos, custodiadas por gente traicionera, un calor sofocante, tormentas de arena, escorpiones, comida extremadamente picante, veneno, castillos de barro, dátiles, higos, naranjas sanguinas– estas son algunas de las cosas que conoce el pueblo llano de los Siete Reinos sobre Dorne.- Y todas ellas existen, puedes estar seguro, pero hay mucho más que eso en este antiguo principado, ya que su historia se remonta a la Edad del Amanecer.
Las montañas rojas que componen su límites norte y oeste han mantenido a Dorne separado del resto del reino durante miles de años, a pesar de que los desiertos también han jugado un papel importante. Detrás de ese muro de montañas, más de las tres cuartas partes es un páramo que ardió. Tampoco la costa sur de Dorne es más hospitalaria, siendo su mayor parte un cúmulo de rocas y arrecifes, con pocos lugares protegidos. Los buques que tocan tierra en ellas, ya sea por elección o por casualidad, encuentran pocos lugares donde fondear; además, no hay bosques a lo largo de la costa que proporcionen madera para reparaciones, escasean los entretenimientos, hay pocas granjas y un menor número de aldeas donde obtener provisiones. Incluso es complicado conseguir agua dulce. Los mares del sur de Dorne son un hervidero de burbujas infestadas de kraken y tiburones.
No hay ciudades en Dorne, aunque la llamada ‘ ciudad de la sombra’ que se aferra a las murallas de Lanza del Sol es lo suficientemente grande para ser tenida en cuenta como ciudad (una ciudad construida de barro y paja, hay que decir). Más grande y más poblada, la Ciudad de los Tablones, en la desembocadura del Sangreverde, es quizás, lo más parecido que Dorne tiene a una ciudad, aunque es una ciudad con tablones en lugar de calles, donde las casas y salones y tiendas están hechas en barcos, barcazas y buques mercantes atados juntos con cuerdas de cáñamo y flotando con la marea.
El Archimaestre Brude, nacido en la Ciudad de la Sombra que se esconde tras los muros derruidos de Lanza del Sol, observó en una ocasión que Dorne tiene más en común con el Norte que con cualquiera de los otros 256
reinos que se encuentran entre ellos. “Uno de ellos es caliente y el otro frío, sin embargo, estos antiguos reinos de arena y nieve se distinguen del resto de Poniente por su historia, cultura y tradición. Ambos están poco poblados en comparación con los otros reinos. Ambos se aferran obstinadamente a sus propias leyes y tradiciones. Ninguno de los dos fue nunca realmente conquistado por los dragones. El Rey en el Norte aceptó a Aegon Targaryen como su señor pacíficamente, mientras que Dorne resistió el poder de los Targaryen durante casi doscientos años, antes de unirse finalmente al Trono de Hierro por matrimonio. Dornienses y norteños por igual, son ridiculizados como salvajes ignorantes por los cinco reinos ‘civilizados’ y celebrado su valor por quienes cruzaron sus espadas con ellos”.
Los dornienses presumen que el suyo es el reino más antiguo de los Siete Reinos de Poniente. En cierto modo, es cierto. A diferencia de los Ándalos que llegaron más tarde, los Primeros Hombres no eran gente de mar. No llegaron a Poniente en naves, sino a pie, por el puente de tierra que unía los Poniente con Essos– los restos de este puente son conocidos hoy en día como Peldaños de Piedra y el Brazo roto de Dorne -. Caminando o montando a caballo, las costas orientales de Dorne habrían sido inevitablemente el primer lugar donde pisaron Poniente. Pocos, sin embargo, optaron por permanecer allí, dado que esas tierras estaban lejos de ser acogedoras. Los niños del bosque habían abandonado Dorne y tenían una buena razón. La mitad oriental es un matorral en gran parte estéril, siendo un suelo seco, pedregoso y quebradizo incluso cuando se riega. Y más allá de Vaith, la parte occidental de Dorne no es más que un vasto mar de dunas inquietas donde el sol cae a plomo sin descanso, dando lugar de vez en cuando a tormentas de arena salvaje que pueden despojar a un hombre de la carne de sus huesos en cuestión de minutos. Incluso Garth Manoverde fue incapaz de hacer florecer flores en un ambiente tan duro e implacable, si es que se pueden creer los cuentos del Dominio (las propias leyendas de Dorne no hacen mención de Garth). En lugar de eso, condujo a su pueblo a través de las montañas hasta el Dominio, mucho más fértil. La mayor parte de los Primeros Hombres que llegaron tras él, echaron un vistazo a Dorne y continuaron. Pero no todos. Algunos vieron una belleza en esa tierra caliente y cruel y optaron por hacer sus casas allí. La mayoría de ellos se establecieron a las orillas del rio que llamaron Sangreverde. Aunque exiguo si se compara con el Mander, el Tridente o el Aguasnegras, las aguas del Sangreverde son la vida de Dorne. La mayor parte de los Primeros Hombres que optaron por quedarse en Dorne, en lugar de vagar al norte, se establecieron en las orillas del Sangreverde, excavaron canales y acequias para llevar sus aguas vivificantes a los árboles y cultivos que plantaron. Otros prefirieron vivir junto al Mar Angosto; las costas orientales de Dorne son menos inhóspitas que las del sur, y pronto se alzaron muchos pequeños pueblos, que vivían de la pesca de peces y cangrejos.
El más inquieto de los Primeros Hombres fue más allá y construyó casas en las estribaciones de las Montañas Rojas, donde las tormentas que se desplazan al norte solían descargar sus aguas, creando un verde y fértil cinturón. Los que subieron más, se refugiaron entre los picos, en valles escondidos y prados de alta montaña donde la hierba era verde y dulce. Sólo el más valiente y más loco se atrevió a internarse en las arenas profundas. Unos pocos de ellos encontraron agua en las dunas y crearon castillos en los oasis; sus descendientes, siglos más tarde, se convirtieron en los Señores de la Arena. Pero por cada hombre que tropezó con un pozo, probablemente un centenar murieron de sed bajo el ardiente sol de Dorne.
La mayoría de los ríos de Dorne fluyen con su cauce lleno sólo después de las raras (y peligrosas) tormentas. El resto del año son barrancos secos. En todo Dorne, sólo tres ríos fluyen día y noche, invierno y verano y nunca se secan. El Torrentine, surge de lo alto de las montañas del oeste y se precipita hacia el mar en una serie de rápidos y cascadas, aullando a través de cañones y grietas con un sonido como el rugido de una gran bestia.
Alimentado por manantiales de montaña, sus aguas son dulces y puras, pero es peligroso cruzarlo salvo por un puente e imposible de navegar. El Azufre tiene un cauce mucho más plácido, pero sus aguas son amarillas y neblinosas, y envueltas en el olor a azufre en sus orillas crecen plantas extrañas y raquíticas (de los hombres 257

que viven a lo largo de este río, no vamos a hablar). Pero las aguas del Sangreverde, aunque a veces fangosas, son saludables para plantas y animales por igual, y las granjas y los huertos se agolpan a las orillas del río por centenares de leguas. Por otra parte, el Sangreverde y sus afluentes, Azote y Vaith, son navegables en barco casi hasta su fuente (aunque son poco profundos y plagados de bancos de arena), por lo que sirven de arteria principal para el comercio.
De esos orígenes, surgieron los tres tipos de dornienses. El Dragón Joven, el rey Daeron I Targaryen, les dio los nombres por los que los conocemos en su libro, ‘ La Conquista de Dorne’. Los dornienses de piedra, son aquellas gentes de la montaña, en su mayoría descendientes de los Ándalos y los Primeros Hombres; los dornienses de arena habitan los desiertos y los valles de los ríos, con su piel quemada de color marrón bajo el sol ardiente de Dorne; los dornienses salados de las costas, de cabello oscuro y piel aceitunada, ágiles y con las costumbres más extrañas por su sangre Rhoynish (cuando la princesa Nymeria tocó tierra en Dorne, la mayor parte de los Rhoynar prefirieron permanecer cerca del mar que había sido su hogar durante tanto tiempo, incluso después de que Nymeria quemase su naves).
LA RUPTURA
El acontecimiento más importante de la historia de Dorne y tal vez de todo Poniente, es uno sobre el cual, para nuestra frustración, sabemos muy poco. La mayor parte de lo que sabemos de la Ruptura, llega a nosotros a través de canciones y leyendas. Los Primeros Hombres cruzaron de Essos a Poniente por tierra, todos están de acuerdo en eso, caminando o montando a caballo, a través de las colinas y bosques del gran puente que unía los dos continentes en la Era del Amanecer. Dorne fue la primera tierra que pisaron, pero pocos se quedaron, tal y como hemos narrado; muchos se fueron hacia el norte a través de las montañas y tal vez, a través de las salinas que hubo una vez, donde ahora se encuentra el Mar de Dorne. A medida que pasaban los siglos, el número que llegaba era cada vez mayor, reclamaron las Tierras de la Tormenta y el Dominio, las Tierras de los Ríos, incluso el Valle y el Norte. Arrasaron con las razas que se encontraron, mataron gigantes, talaron arcianos con sus hachas de bronce e iniciaron una sangrienta guerra contra los Niños del Bosque. Los niños, se defendieron lo mejor que pudieron, pero los Primeros Hombres eran más grandes y más fuertes. Montaban a caballo, vestidos y armados con bronce, abrumando a la antigua raza, que usaba hueso, madera y vidriagón para hacer sus armas. Por último, impulsados por la desesperación, la gente pequeña se volvió hacia sus verdevidentes y su magia y les suplicaron que detuviesen a la oleada de invasores.
Y así lo hicieron, se reunieron cientos (algunos dicen que en la Isla de los Rostros) y cantaron y oraron a los Antiguos Dioses para deshacerse de ellos e hicieron un espantoso sacrificio (algunos dicen que un millar de hombres cautivos sirvieron de alimento a los arcianos, mientras que otro cuento afirma que los Niños utilizaron la sangre de sus propios jóvenes). Y los Antiguos Dioses se agitaron, y los gigantes despertaron en la tierra, y todo Poniente temblaba.
Grandes grietas aparecieron en la tierra, y colinas y montañas se derrumbaron y fueron tragadas. Y a continuación, los mares se precipitaron dentro y el Brazo de Dorne fue roto y destrozado por la fuerza del agua, hasta que sólo unas pocas islas rocosas desnudas se mantuvieron por encima de las olas. El Mar de Verano se unió al Mar Angosto y el puente entre Essos y Poniente desapareció para siempre. O al menos eso dice la leyenda. La mayoría de los estudiosos están de acuerdo que Essos y Poniente estuvieron unidos una vez; un millar de cuentos y registros rúnicos hablan de la travesía de los Primeros Hombres. Pero hoy en día los mares los dividen tan claramente, que alguna versión de la ruptura del Brazo de Dorne debió haber ocurrido.
¿Sucedió en el espacio de un solo día, como dicen las canciones? ¿Fue el trabajo de los Niños del Bosque y la magia de sus verdevidentes? Estas cosas no están tan claras. El Archimaestre Casandro sugiere otra teoría en su ‘ Canción del Mar’: Cómo se rompieron las Tierra, sino fue causado por el canto de los verdevidentes (o como él lo llama, Canción del Mar). Un levantamiento lento de las aguas, que durante siglos y no en un solo día y a causa de veranos calurosos e inviernos cortos y cálidos que derretían las heladas de más allá del Mar de los Escalofríos, haciendo que los océanos se elevasen. Muchos maestres encuentran plausible este argumento y han llegado a aceptar sus puntos de vista. Pero si la ruptura se produjo en una sola noche, o en el transcurso de los siglos, no cabe duda de que lo ha hecho: los Peldaños de Piedra y el Brazo Roto de Dorne, dan mucho pero elocuente testimonio de este suceso. También hay muchos que sugieren que el Mar de Dorne era un mar interior de agua dulce, alimentado por arroyos de montaña y mucho más pequeño de lo que es hoy en día, cuando el Mar Angosto invadió sus límites e inundó las marismas que había entre ellos. Incluso si aceptamos que los Antiguos Dioses rompieron el Brazo con su Martillo de las Aguas, como afirman las leyendas, los verdevidentes cantaron su canción demasiado tarde.
No cruzaron a Poniente más vagabundos, dado que los Primeros Hombres no eran gentes de mar… Pero muchos de sus antepasados ya habían realizado la travesía y superaban en número a las razas autóctonas y siempre menguantes (casi tres a uno en el momento en que se separaron las tierras). Esta disparidad no hizo más que aumentar en los siglos que siguieron, pues las mujeres de los Primeros Hombres daban a luz hijos con mayor frecuencia que el resto de las razas de Poniente. Y por lo tanto, los Niños del Bosque y los gigantes se desvanecieron, mientras que la raza de los hombres se extendió y multiplicó, tomando bosques y campos para sí mismos y levantando pueblos, fortalezas y reinos.
LOS REINOS DE LOS PRIMEROS HOMBRES
La falta de unidad en Dorne es evidente incluso en nuestras fuentes más antiguas. Las grandes distancias entre cada pequeño asentamiento y los dificultosos viajes entre las ardientes arenas y las escarpadas montañas ayudaron a aislar cada pequeña comunidad de todos las demás y dieron lugar a la aparición de muchos pequeños señores, más de la mitad de los cuales, comenzaron a llamarse a sí mismos, reyes. Existieron reyezuelos a lo largo de todo Poniente, de eso estamos seguros, pero rara vez tantos (ni tan pequeño su reino) como los reinos de Dorne de los Primeros Hombres. No vamos a hablar de todo esto. La mayoría gobernaron sobre dominios tan pequeños y sus conquistas tan efímeras que no son dignos de ser nombrados. Algunos de 259
los más grandes merecen una mención: aquellos cuyas líneas echaron profundas raíces, perdurando por miles de años.
En la desembocadura del Torrentine, la casa Dayne elevó su castillo en una isla donde el rugiente río corre a encontrarse con el mar. La leyenda dice que el primer Dayne fue llevado allí siguiendo la estela de una estrella fugaz y encontró allí una piedra de poderes mágicos. Sus descendientes gobernaron sobre las montañas occidentales durante siglos a partir de entonces, como reyes del Torrentine y señores de Campoestrella. Hacia el norte y el este, hay un hueco en las montañas que proporciona el paso más corto y fácil entre Dorne y el Dominio; la casa Fowler talló su asentamiento en las pedregosas laderas de este paso. Dominio del Cielo es el nombre de su asentamiento, conocido por su posición elevada y numerosas torres de piedra. En ese momento, el paso sobre el que se cernía era conocido como Camino Ancho (y que pasó a llamarse después Paso del Príncipe) y los Fowler tomaron para sí mismo grandiosos títulos como Señores del Dominio del Cielo, Señores del Camino Ancho y Reyes de la Piedra y el Cielo.
En el mismo sentido, hacia el este, donde las montañas se unen al Mar de Dorne, se estableció la casa Yronwood, en los altos valles y colinas verdes bajo sus picos y tomó el control del Camino de Piedra (segundo de los dos grandes pasos de Dorne. Aunque este último mucho más empinado, estrecho y traicionero que el Camino Ancho). Bien protegidos y en una tierra relativamente fértil, sus tierras estaban bien surtidas de madera y poseían valiosos yacimientos de hierro, estaño y plata, convirtiendo esto a los Yronwood en los reyes más ricos de Dorne. Llamados a sí mismo como los Sangre Real, Señores del Camino de Piedra, Maestros de las Colinas Verdes y Grandes Reyes de Dorne, los señores de la casa Yronwood gobernaron Dorne durante un tiempo, desde los dominios de la casa Wyl hasta las cabeceras del Sangreverde… Aunque sus esfuerzos por arrodillar a los otros reyes de Dorne a su voluntad rara vez tuvieron algún éxito.
Un segundo rival de los Grandes Reyes de Dorne existió durante la época de los Primeros Hombres, gobernante de un gran abigarrado castillo de madera al sur del Bosqueverde, cerca de Limonar, donde los ríos desembocan en el Mar de Verano. Era una realeza curiosa, puesto que cada vez que un rey moría, su sucesor era elegido entre una docena de familias nobles que se habían establecido a lo largo de la orilla este del rio.
Los Wade, Shell, Holt, Brook, Hull, Lake Brownhill y Briar, todos ellos gobernaron desde la alta colina de Limonar. Pero al final, este curioso sistema se vino abajo cuando una disputada elección enfrentó a las casas reales, unas contra otras. Después de una generación de conflictos, tres de las antiguas casas habían sido eliminadas y el otrora poderoso reino del río se había fragmentado en una docena de reinos pendencieros.
Otros reinos pequeños existían en otras partes de Dorne, en las arenas profundas, entre las altas cumbres, a lo largo de la Costa de la Sal y en las islas y el brazo quebrado. Pero pocos de ellos se acercaron al prestigio de los Dayne de Campoestrella, los Fowler de Dominio del Cielo o los Yronwood de Yronwood.
LA LLEGADA DE LOS ÁNDALOS
Los Ándalos dejaron su huella en Dorne al igual que lo hicieron en todo Poniente al sur del Cuello. Sin embargo, la mayoría de los historiadores coinciden en que su impacto fue menor aquí que en cualquiera de los otros reinos del sur. A diferencia de los Primeros Hombres, los Ándalos si eran gentes de mar. Y los más aventureros de sus capitanes conocían bien las costas de Dorne y solían decir que no había nada allí salvo serpientes, escorpiones y arena. No es entonces de extrañar que Dorne haya tenido comparativamente pocos 260

invasores, cuando había reinos más ricos y tierras más verdes mucho más cerca, justo al otro lado del Mar Angosto.
Sin embargo, siempre hay algunos que escogen los caminos que otros rechazan, buscando fortuna en las esquinas más sombrías del mundo. Y así fue como los Ándalos hicieron su camino hacia Dorne. Algunos de los Primeros Hombres habían llegado antes que ellos, escogiendo tierras de su elección a lo largo del Sangreverde y las costas, o se habían aventurado en las montañas. Otros se establecieron en lugares donde ningún otro hombre había pisado antes que ellos. Entre esos estaban los Uller y los Qorgyle; el primero plantó su sombrío asiento al lado del apestoso rio Azufre, mientras que el segundo se estableció en medio de las dunas y arenas profundas, fortificando el único pozo en cincuenta leguas a la redonda. Más al este, los Vaith levantaron un alto y pálido castillo en las colinas, en la unión de los dos arroyos que al unirse forman el río que les dio nombre. En otras partes del reino, los Allyrion, los Jordayne y los Santagar tallaron sus asentamientos. Y en la costa oriental, entre el Brazo Roto y el Sangreverde, un aventurero Ándalo llamado Morgan Martell y sus descendientes lucharon contra la casa Wade y la casa Shell, que fueron derrotadas, tomaron sus aldeas y quemaron sus castillos y establecieron un dominio de cincuenta leguas sobre la costa pedregosa y diez leguas de ancho. Durante los siglos venideros su fuerza crecería poco a poco… Ya entonces los Martell eran conocidos por su cautela. Hasta la llegada de Nymeria, ningún Dorniense les habría contado entre los más poderosos de la región. De hecho, aunque rodeados de reyes por todos lados, los propios Martell nunca presumieron de reclamar ese título y en ciertos momentos de la historia, de buena gana se arrodillaron antes los reyes Jordayne de Tor, los piadosos Allyrion de Godsgrace, los numerosos mezquinos reyes del Sangreverde y los poderosos Yronwood de Yronwood.
ESPADA DEL AMANECER
Los Dayne de Campoestrella, son una de las más antiguas casas de los Siete Reinos, aunque su fama se basa en gran medida en su espada ancestral, llamada Albor y los hombres que la empuñan. Sus orígenes se pierden con la leyenda, pero parece probable que haya estado en poder de los Dayne desde hace miles de años. Los que han tenido el honor de examinarla, dicen que no se parece a ninguna espada de acero valyrio, pálido como ‘milkglass’, aunque en todo lo demás, parece compartir las propiedades del acero valyrio, siendo 261

increíblemente fuerte y cortante. Aunque muchas casas tienen sus espadas en herencia que pasan en su mayoría de señor a señor, algunos como los Corbray, han prestado la hoja a un hermano o sobrino sólo para ser devuelta de nuevo al señor. Pero ese no es el método de los Dayne. Al portador de Albor, siempre se le dio el título de ‘ Espada del Amanecer’ y sólo un caballero de la casa Dayne que sea considerado digno puede llevarla. Por esta razón, las ‘Espadas del Amanecer’ son famosos a lo largo de los Siete Reinos. Hay chicos que sueñan secretamente con ser hijos de Campoestrella para poder reclamar la legendaria espada y el título que conlleva. El más famoso de todos fue ser Arthur Dayne, el más mortal de la Guardia Real de Aerys II, quien derrotó a la Hermandad del Bosque Real y ganó renombre en cada torneo y combate cuerpo a cuerpo. Murió noblemente junto a sus hermanos juramentados al final de la Rebelión de Robert, después de que lord Eddard Stark le diera muerte en combate singular. Lord Stark devolvió Albor a Campoestrella después de esto, como signo de respeto a ser Arthur y sus familiares.
LA LLEGADA DE LOS RHOYNAR
Los Martell gobernaron sus modestos dominios durante cientos de años antes de que la princesa Nymeria y sus diez mil barcos tocasen tierra en la costa de Dorne, cerca del lugar donde ahora destaca el castillo Lanza del Sol y la Ciudad de la Sombra.
El estandarte de la casa Martell (centro) y algunos de sus vasallos (en el sentido horario de arriba abajo) Dayne, Fowler, Jordayne, Qorgyle, Toland,
Uller, Vaith, Wyl, Yronwood, Allyrion, y Blackmont
La historia de cómo Nymeria tomó a Mors Martell como su esposo, quemó sus naves y vinculó a los Rhoynar a su casa, corazón y mano y honor, se ha contado anteriormente. No tenemos porqué repetirlo aquí. Tampoco vamos a repetir los viejos cuentos familiares de batallas ganadas y perdidas, las alianzas hechas y rotas. Basta decir que la riqueza y el conocimiento que los Rhoynar trajeron con ellos a Poniente, junto con la ambición de lord Mors y la voluntad indomable de Nymeria del Rhoyne, permitieron a los Martell ampliar en gran medida su zona de poder, ya que derrotó a señores y reyezuelos, uno tras otro, hasta que al fin derribaron incluso a los Yronwood y unieron todo Dorne… No como un reino, sino como un principado, porque Mors y Nymeria nunca 262

se llamaron a sí mismos rey y reina, prefiriendo los títulos de príncipe y princesa, al estilo de las ciudades-estado del Rhoyne.
Sus descendientes continuaron esta tradición hasta nuestros días, incluso mientras luchaban contra sus rivales y se probaban a sí mismos contra los Reyes Tormenta y los del Dominio por igual. En las canciones, Nymeria siempre ha sido una bruja y una guerrera; ninguna de estas afirmaciones es cierta. A pesar de que no llevaba armas durante la batalla, si dirigió a sus soldados en muchos campos de batalla, al mando de ellos con astucia y habilidad. La suya era una forma de sabiduría que supo pasar a sus herederos, quienes comandarían los ejércitos cuando muriesen ellos o estuviesen demasiado ancianos y enfermos. Y aunque ninguno fue capaz de igualar las hazañas de Nymeria de encadenar a seis reyes con cadenas de oro a la pared, sus herederos lograron mantener Dorne independiente contra los reyes rivales al norte de las montañas y mantenerlo, en contra de los señores rencorosos y de mal genio de las montañas y desiertos que gobernaban. La casa Martell ha gobernado Dorne durante setecientos años, en los que ampliaron Lanza del Sol, vieron crecer la Ciudad de la Sombra y la Ciudad de los Tablones y derrotaron a todos lo que osaron amenazar su dominio.
La princesa Nymeria y Mors Martell en el trono de Lanza del Sol.
LOS NOMBRES DE LOS SEIS REYES ENCADENADOS POR NYMERIA A LA PARED, TAL Y COMO SE RELATA EN
LAS HISTORIAS
- YORICK DE LA CASA YRONWOOD: el Sangrereal, el más rico y poderoso de los reyes de Dorne depuestos por la casa Martell
- VORIAN DE LA CASA DAYNE: Espada del Amanecer, reconocido como el mejor caballero de todo Dorne.
- GARRISON DE LA CASA FOWLER: el Rey Ciego, anciano y ciego y aun así, temido por su astucia.
- LUCIFER DE LA CASA DRYLAND: último de su estirpe, Rey del Azufre, señor de las Puertas del Infierno.
- BENEDICT DE LA CASA BLACKMONT: quien adoraba a un dios oscuro y se dice que tenía el poder de transformarse en buitre.
- ALBIN DE LA CASA MANWOODY: Un hombre problemático y trastornado que reclamó el dominio sobre las Montañas Rojas.
LAS EXTRAÑAS COSTUMBRES DEL SUR
Separados en sus inicios, y unidos hace miles de años por los Rhoynar, los dornienses tienen su propia orgullosa y tensa historia y propias costumbres.
Los dornienses de piedra tienen más en común con los del norte de las montañas y son los menos influenciados por las costumbres Rhoynar. Esto no los ha hecho aliados de los señores de las Marcas o del Dominio, al contrario, se dice que los señores de las montañas son tan salvajes como los clanes de las montañas del Valle, guerreando por siglos con el Dominio y las Tierras de las Tormentas y entre ellos mismos.
Si las baladas nos hablan de valientes escaramuzas con crueles dornienses en las Marcas eso se refiere más que nada a los señores de Montenegro y Sepulcro del Rey, Wyl y Dominio del Cielo. Y de Yronwood, también.
Los Guardianes del Sendahueso se mantuvieron como los más orgullosos y poderosos de los vasallos de la Casa Martell, aunque mantengan unas relaciones bastante tumultuosas.
Los dornienses de arena son los más influenciados por los Rhoynar, acostumbrados a la dura vida del desierto.
Los ríos de Dorne son míseros comparados con el Mander o el Tridente, pero proveen agua suficiente para regar los campos y sostener las aldeas y pueblos. Lejos de los ríos, los hombres sobreviven de distintas maneras: viajando de oasis en oasis, cruzando el desierto con ayuda de pozos que conocen, criando a sus hijos, sus cabras y sus caballos. Los dornienses de arena son los maestros criadores de los famosos corceles de arena, los más hermosos caballos en los Siete Reinos. Aunque delgados e incapaces de cargar con un caballero en armadura completa, son rápidos e incansables, capaces de correr todo un día y una noche sin apenas más que unos tragos de agua. Los dornienses adoran a sus corceles de arena casi tanto como aman a sus hijos, y el Rey Daeron dejó constancia en su Conquista de Dorne que el Rey de Bosquepinto prefirió apuñalar a sus corceles de arena en sus propios salones.
Antes de la llegada de Nymeria, los Reyes de Yronwood eran la Casa más poderosa en Dorne, mucho más que los Martell en aquel entonces; ellos gobernaban medio Dorne (un hecho que los Yronwood aún no permiten que se olvide). Siglos después de que los Martell se alzaran como los gobernantes de Dorne, los Yronwood siguen siendo la casa más rebelde, como lo han probado innumerables veces, incluso después de que el Príncipe Maron Martell unió a Dorne con el Trono de Hierro, este hábito continuó y los Yronwood cabalgaron junto al Dragón Negro en no menos de cinco rebeliones Fuegoscuro.
Los dornienses de sal, los vástagos de los Rhoynar, olvidaron su lengua madre durante los siglos que han pasado, aunque aún queden restos de ella en la forma en que los dornienses hablan la Lengua Común (recortando algunos sonidos, alargando otros y acentuando otros en lugares distintos). El acento de los dornienses ha sido descrito por algunos como encantador, y por otros (los marqueños, principalmente e injustamente) como incomprensible. Pero más que nada los Rhoynar trajeron con ellos sus costumbres y sus leyes, que los Martell propagaron por todo Dorne.
Dorne es el único lugar entre todos los siete reinos donde el heredero es el primogénito, sea hombre o mujer.
Abundan las grandes Damas y Princesas y son objeto de tantas canciones e historias grandiosas como los Caballeros y Príncipes.
Hay otras costumbres que demuestran que los dornienses son diferentes: no les importa mucho si un hijo nace dentro o fuera del matrimonio, tampoco si nace de un amante. Muchos lords, y algunas damas, tienen amantes elegidos por amor o lujuria, más que por alianzas o nobleza. E incluso, cuando nos referimos al amor, que un hombre yazga con otro hombre, o una mujer con otra mujer, no causa ningún inconveniente o sorpresa; aunque los septones han intentado conducirlos por el buen camino, no ha surtido mucho efecto.
Incluso la moda es diferente en Dorne, donde el clima favorece las túnicas y los velos sueltos y la comida es especiada y picante, lista para arder en la boca, sazonada con pimientos dragón y veneno de serpiente.
Apartados del resto de los dornienses, sean de piedra, de arena o de sal, están los huérfanos del Sangreverde, quienes lloraron cuando Nymeria quemó sus naves, de esas ruinas construyeron sus barcazas, soñando con que algún día podrían volver al Madre Rhoyne; de sangre Rhoynar pura, se dice que en secreto aún hablan entre ellos su lengua, aun después de que el bisnieto de Nymeria, Mors II la prohibiera.
El gobierno de los sucesores de Nymeria, también conocidos como Príncipes Rojos (aunque entre ellos hubiera dos princesas), estuvo marcado por las guerras dentro y fuera de Dorne. Ellos crearon la Cuidad de los Tablones, como un punto de reunión, uniendo las barcas y barcazas. Poco a poco fue creciendo y los príncipes erigieron un alcázar para salvaguardar los barcos que cada vez más llegaban desde las Ciudades Libres a tan seguro puerto.
Un ejemplo de las diferentes leyes y actitudes de los dornienses, influenciados por los Rhoynar se puede encontrar, curiosamente, en los últimos días de la Danza de los Dragones, según dice el Archimaestre Gyldayn, en su historia concerniente al intento de reino de Gaemon Cabellopálido: Un decreto tras otro bajó desde la Casa de los Besos, donde el niño-rey tenía su hogar, cada uno más peligroso que el anterior. Gaemon decretó que las niñas debían heredar de la misma forma que lo hacían los niños, que al pobre se le debía dar pan y cerveza en tiempos de hambre, que aquellos que hubieran perdido un miembro en la guerra debían ser alojados y alimentados por aquellos señores por los que hubieran guerreado. Gaemon decretó que los esposos que golpearan a sus esposas debían ser golpeados asimismo, sin importar lo que la mujer hubiera hecho para merecer el castigo.
Estos edictos fueron, casi seguramente, obra de una prostituta dorniense, Sylvenna Arena, considerada como la amante de la madre del Rey, Essie, si se ha de creer en Seta.
DORNE CONTRA LOS DRAGONES
De todas las amenazas que Dorne había enfrentado, ninguna era tan grave como la que representaban Aegon el Conquistador y sus hermanas. Los dornienses mostraron gran valor en batalla… y gran aflicción ante las derrotas sufridas, pues el camino a la libertad es escarpado. Y así, de todos los Siete Reinos, sólo Dorne permaneció independiente de la Casa Targaryen, resistiendo embate tras embate de Aegon, sus hermanas y sus descendientes, sin doblar la rodilla ante el Trono de Hierro.
Los dornienses no pelearon grandes batallas contra los Targaryen, tampoco buscaron defender sus castillos contra los dragones. Meria Martell, princesa de Dorne había aprendido de la Última Tormenta, del Campo de Fuego y del destino de Harrenhal. En vez de eso, cuando Aegon se volvió hacia Dorne, en el 4 DC, los dornienses simplemente se esfumaron antes de la llegada de los dragones.
La Reina Rhaenys lideró el primer asalto a Dorne, moviéndose rápidamente para tomar los asentamientos dornienses al acercarse a Lanza de Sol, tras quemar la Ciudad de los Tablones a lomos de Meraxes, mientras Aegon y Lord Tyrell guerreaban contra los señores de las montañas. Los dornienses acosaron y emboscaron a las fuerzas Targaryen, después se escabulleron entre las rocas en cuanto vieron a los dragones volar. Muchos de los hombres de los Tyrell murieron de sed e insolación mientras marchaban hacia Sotoinfierno; los que sobrevivieron encontraron el castillo vacío, pues los Uller habían huido.
Aegon tuvo más éxito, pero sólo en el breve sitio de Yronwood, donde se enfrentó a un puñado de ancianos, niños y mujeres. Incluso Dominio del Cielo, hogar de la Casa Fowler, fue abandonado. En Colina Fantasma, lugar de la Casa Toland sobre las blancas colinas de caliza, mirando al Mar de Dorne, Aegon vio la insignia del fantasma en los estandartes de la casa Toland ondeando sobre las murallas y le informaron que Lord Toland enviaba a sus caballeros para enfrentarlo. Aegon asesinó al mensajero con su espada Fuegoscuro al descubrir que había sido un engaño de Lord Toland, quien había huido del castillo con toda su gente. Después de eso, los Toland eligieron una nueva insignia para sus estandartes, un dragón mordiendo su cola, verde sobre campo de oro, en recuerdo del engaño.
Aun así, el asalto de Lord Orys Baratheon al Sendahueso fue un desastre. Los astutos dornienses hicieron llover rocas, flechas y lanzas desde las alturas, asesinando a los hombres por la noche y, finalmente, cerrando el Sendahueso delante y detrás de los invasores. Lord Orys fue capturado por Lord Wyl junto con muchos de sus banderizos y caballeros, quienes estuvieron cautivos por más de dos años, hasta que se pagó su peso en oro, en el 7 DC, y aún entonces, todos y cada uno de ellos regresó sin la mano de la espada, para que nunca más levantaran las armas contra Dorne.
DE LA HISTORIA DE ARCHIMAESTRE GYLDAYN, DURANTE LA DEFENSA DE LANZA DEL SOL:
Lord Rosby, castellano de Lanza de Sol y Guardián de la Arena, tuvo un final más amable que la mayoría.
Después de que los dornienses se introdujeran en la Ciudad de la Sombra para retomar el castillo, fue atado de pies y manos, arrastrado a la Torre de la Lanza y lanzado por una ventana, por nada más y nada menos que la anciana Princesa Meria en persona.
A salvo tras el asalto en el Sendahueso, los dornienses simplemente cedieron sus asentamientos, negándose a defenderlos o a doblar la rodilla. Lo mismo ocurrió cuando los Targaryen llegaron a Lanza de Sol, para encontrar que la Princesa Meria (de quien se burlaban sus enemigos llamándola el Sapo Amarillo de Dorne, pero que es una heroína para los dornienses hoy en día) se había esfumado entre las arenas. La Reina Rhaenys y el Rey Aegon reunieron a los cortesanos y funcionarios que quedaban, declarándose victoriosos y poniendo Dorne bajo las órdenes del Trono de Hierro.
Dejando a Lord Rosby para mantener Lanza de Sol y a Lord Tyrell al mando de una hueste para detener cualquier revuelta, los Targaryen regresaron a Desembarco del Rey a lomos de sus dragones. Sin embargo, apenas acababan de pisar la ciudad real, los dornienses se rebelaron contra ellos con una rapidez impactante.
La guarnición fue pasada por la espada y los caballeros que los lideraban fueron torturados, de hecho se convirtió en una diversión para los Lords dornienses apostar cuál caballero viviría más mientras le retiraban pedazo a pedazo las partes del cuerpo.
Lord Tyrel y su ejército habían sido enviados a Sotoinfierno para recuperar el Vaith y reconquistar Lanza de Sol, pero desparecieron en el desierto y nuca se supo de ellos, aunque los viajeros aseguran que de cuando en cuando el viento mueve las arenas y revela restos de huesos y armaduras. A pesar de eso, los dornienses de arena aseguran que las arenas son el cementerio de cientos de años de batallas, así que esos restos pueden ser de cualquier época.

Aegon I liberando el fuego de Balerion durante la furia del Dragón La guerra contra Dorne tomó un nuevo giro tras la liberación de Orys Una-Mano y los otros señores mancos, ya que el Rey Aegon buscaba venganza. Los Targaryen liberaron a sus dragones, quemando los castillos una y otra vez, mientras que los dornienses respondían con su propio fuego, haciendo arder la mitad de la Selva y destruyendo media docena de pueblos y aldeas. El ataque arreció y más castillos dornienses cayeron ante el fuego dragón en el 9 DC. Los dornienses respondieron un año después enviando a Lord Fowler a asediar y quemar el castillo marqueño de Canto Nocturno, tomando a sus defensores como rehenes, mientras otro ejercito a las órdenes de Ser Jeoffrey Dayne marchaba hacia las mismas murallas de Antigua, arrasando los campos y pueblos a su alrededor.
Los Targaryen regresaron con sus dragones, desatando su furia contra Campoetrella, Dominio del Cielo y Sotoinfierno. En Sotoinfierno los dornienses obtuvieron sus mayores éxitos contra los Targaryen: el proyectil de un escorpión atravesó el ojo de Meraxes y el gran dragón, junto con la Reina que lo montaba, cayeron del cielo; en sus estertores de muerte, el dragón destruyó la torre más alta del castillo y parte de la muralla. El cuerpo de la Reina Rhaenys nunca regresó a Desembarco del Rey.
DE LA HISTORIA DE ARCHIMAESTRE GYLDAYN:
Si la Reina Rhaenys sobrevivió a su dragón sigue siendo tema de discusión, algunos dicen que perdió su montura y murió en la caída, otros que fue aplastada por el cuerpo de Meraxes en el patio, algunos afirman que sobrevivió para después tener una muerte lenta en los calabozos de los Uller. Las verdaderas circunstancias de su muerto no se sabrán nunca, pero la historia nos dice que Rhaenys, hermana y esposa de Aegon I pereció en Sotoinfierno en Dorne, en el décimo año de la Conquista.
Los dos años siguientes fueron llamados los años de la Ira del Dragón. Golpeados por el dolor tras la muerte de su amada hermana, el Rey Aegon y la Reina Visenya arrasaron en llamas todo castillo, fortaleza y asentamiento en Dorne… excepto Lanza de Sol y la Ciudad de la Sombra. Por qué las ignoraron es motivo de conjeturas: en Dorne se dice que los Targaryen temían que la Princesa Meria tuviera algún artefacto matadragones, algo que hubiera conseguido en Lys. Es más probable, como sugiere el Archimaestre Timotty en sus Conjeturas, que los Targaryen esperaran que los dornienses, tras sufrir la gran destrucción, se rebelaran contra los Martell, que estaban a salvo. Si esto es verdad, entonces explicaría las cartas enviadas desde las Marcas hacia las Casas dornienses, urgiéndolos a rendirse, y asegurando que los Martell los habían traicionado, comprando su seguridad a expensas del resto de los dornienses.
La ultima y gloriosa fase de la Primera Guerra Dorniense empezó. Los Targaryen pusieron precio a las cabezas de los Lords dornienses y media docena o más fueron ultimados por asesinos (aunque sólo dos vivieron lo suficiente para cobrar la recompensa). Los dornienses respondieron con holgura y muchas fueron las muertes despiadadas que siguieron. Ni siquiera en Desembarco del Rey había seguridad, Lord Fell murió ahogado en un burdel y el propio Rey Aegon fue atacado en tres ocasiones diferentes. Cuando la Reina Visenya y su escolta fueron atacados, tres de sus guardias murieron antes de que ella misma acabara con el último atacante usando la Hermana Oscura. Los peores actos los cometieron los Wyl de Wyl, cuyas acciones no necesitamos recordar, son infames y aún se rememoran, especialmente en Fawnton y Roble Viejo.
Dorne era una ruina marchita y ardiente, y sin embargo los dornienses seguían escondidos, peleando desde las sombras, rehusando a rendirse; incluso el pueblo llano se negaba a rendirse, la mortandad era incontrolable.
Cuando la princesa Meria murió en 13 DC, su trono pasó a su hijo, el anciano y decadente Príncipe Nymor.
Harto de la guerra, envió a Desembarco del Rey una delegación encabezada por su hija, la Princesa Deria. Esta delegación, que llevaba consigo el cráneo de Meraxes como regalo para el Rey, fue mal recibida por algunos, la Reina Visenya y Orys Baratheon entre ellos. Lord Oakheart exigía que la Princesa Deria fuera enviada al peor burdel, donde cualquier hombre pudiera gozarla. Pero el Rey Aegon no permitió semejante acción y en cambio escuchó a la enviada.
Según Deria, Dorne quería paz, pero la paz de dos reinos que no se encontrasen en guerra, no la paz de un vasallaje. Muchos argumentaron con Su Gracia contra esto, y la frase “sin sumisión no hay paz” se escuchaba a menudos en los salones de la Fortaleza de Aegon; se decía que el Rey se vería débil si accedía a semejantes demandas y que los señores del Dominio y las Tierras de la Tormenta que tanto habían sufrido en la campaña estarían furiosos.
Sopesando estos hechos, el Rey estaba a punto de rechazar estos términos, hasta que la Princesa Deria le entregó una carta privada de su padre, el Príncipe Nymor. Aegon la leyó en el Trono de Hierro, y los hombres contaron que cuando levantó la mano, esta sangraba de lo mucho que la había crispado; quemó la carta y voló a Rocadragón inmediatamente a lomos de Balerion. Cuando regresó, a la mañana siguiente, accedió a los términos y firmó un tratado de paz.
Hasta el día de hoy, nadie sabe qué contenía la carta, pese a las muchas especulaciones. ¿Revelaba Nymor que Rhaenys estaba viva, destrozada y mutilada y prometía acabar con su sufrimiento si Aegon ponía un alto a las hostilidades? ¿Amenazaba con emplear todas las riquezas de Dorne para contratar Hombres Sin Rostro para que se encargaran de Aegon y su joven hijo y heredero Aerys? Según parece, estas preguntas jamás serán respondidas.
El resultado, sea como sea, fue una paz que se mantuvo aún durante los problemas con el Rey Buitre y más allá. Hubieron otras Guerras Dornienses, es seguro, incluso en tiempos de paz, cuadrillas de Dorne descendían de las Montañas Rojas para saquear las tierras más ricas y verdes del Norte y el Oeste.
El Príncipe Quoren Martell guió a los dornienses en apoyo a la Triarquía cuando se enfrentaron al Príncipe Daemon Targaryen y a la Serpiente de Mar en los Peldaños de Piedra. Durante la Danza de Dragones ambos bandos cortejaron a los dornienses, pero el Príncipe Quoren se negó a tomar partido: “Dorne ya ha danzado con los dragones antes” se cuenta que dijo en respuesta a la carta de Ser Otto Hightower, “preferiría dormir con los escorpiones”.
No fue hasta la subida al trono del Rey Daeron I que el tratado de paz eterna probó no ser eterno, y conocemos el costo de ello. La conquista de Dorne por el Joven Dragón fue una hazaña gloriosa, celebrada en 268

canciones e historias, pero duró menos de un verano y costó cientos de vidas, incluyendo la del valiente y joven rey. La paz fue un logro del hermano de Daeron, el Rey Baelor I, el Santo, y el costo de ello también fue doloroso.
El intento del Rey Aegon IV, el Indigno, de invadir con los “dragones” diseñados por él no merece discusión, fue un loco disparate de principio a fin y terminó en humillación.
Fue el hijo de Aegon, el Rey Daeron II, el Bueno, quien finalmente atrajo a Dorne al reino… no con hierro y fuego, sino con espadas suaves, sonrisas, un par de buenos casamientos y un solemne tratado que aseguraba a los príncipes dornienses su estilo y privilegios que garantizaba que su tierras y costumbre prevalecerían en Dorne.
Dorne fue un aliado cercano a los Targaryen en los años siguientes, con los Martell apoyando a los Targaryen contra los Pretendientes Fuegoscuro y enviando lanzas para pelear contra los Reyes Nuevepeniques en los Peldaños de Piedra. Su lealtad fue recompensada cuando Rhaegar Targaryen, Príncipe de Rocadragón y heredero del Trono de Hierro desposó a la Princesa Elia Martell de Lanza de Sol y tuvo dos hijos con ella. Pese a la locura del padre de Rhaegar, Aerys II, un príncipe de sangre dorniense pudo haberse gobernado el reino, pero el levantamiento de la Rebelión de Robert terminó con las vidas de Rhaegar, su esposa y sus hijos.
La hija del Príncipe Quoren pensaba diferente, la Princesa Aliandra llegó joven al trono y creyó ser una segunda Nymeria, alentó a sus nobles a que probaran su valía atacando las Marcas, pero también mostró un gran favor al Príncipe Alyn Velaryon cuando su primer viaje lo llevó a Lanza de Sol, y cuando regresó del Mar del Ocaso.
LANZA DEL SOL
La historia de Lanza del Sol es curiosa. Habiendo sido poco más que una redonda y fea torre llamada Barco de Arena en los primeros días del reinado de los Martell, con el tiempo la adornarían hermosas torres distintivas de la moda Rhyonar. Se volvió conocida como Lanza del Sol cuando el sol de Rhoyne se casó con la lanza de los Martell. Con el tiempo fueron construidas la Torre del Sol y la Torre de la Lanza, el domo dorado de la primera y la alta espiral de la segunda serían lo primero que avistaran los viajeros por tierra o por mar.
El castillo se asienta en una punta rodeada de agua por tres de sus lados… y el cuarto por la Ciudad de la Sombra. Aunque los dornienses la llaman ciudad, no pasa de ser un pueblo… un pueblo extraño, polvoriento y 269

feo. Los dornienses construyeron sus viviendas apoyándose en las murallas de Lanza de Sol, y luego apoyándose en las paredes de las casas sus vecinos y así siguieron hasta que la Ciudad de la Sombra tomó la forma que hoy tiene. Hoy es un revoltijo de callejones angostos, bazares llenos de las especias de Dorne y del este, y de las casas dornienses, construidas con ladrillos de lodo que permanecen frescos en lo más ardiente del verano.
Las Murallas Ondulantes se construyeron hace más de setecientos años y envuelven Lanza de Sol, ondulando alrededor de la Ciudad de la Sombra en una serpenteante y defensiva cortina que obligaría a desviarse de su camino a los enemigos más fuertes.
Solo la Triple Puerta constituye un camino recto hacia el castillo, cruzando las Murallas Ondulantes. Y estas puertas están fuertemente defendidas.

MÁS ALLÁ DEL REINO DEL OCASO
Las ruinas envueltas en neblina de Chroyane, la Ciudad Festiva de los rhoynar.