Más Allá de las Ciudades Libres: Las Islas del Verano - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
Al sur de Poniente, enclavadas en las profundas aguas azules del Mar del Verano, las Islas del Verano disfrutan del cálido sol sureño. Más de cincuenta islas conforman este verde archipiélago. Muchas de ellas son tan pequeñas que un hombre podría caminar a través de ellas en una hora, pero Jhala, la más grande de las islas, se extiende doscientas leguas de punta a punta. Debajo de sus imponentes montañas verdes existen vastos bosques, junglas, playas de arena verde y negra, caudalosos ríos repletos de monstruosos cocodrilos, y valles fértiles. Walano y Omboru, aunque de menos de la mitad del tamaño de Jhala, son cada una más grande que todos los Peldaños de Piedra combinados. Estas tres islas son el hogar de más de nueve décimas partes de la población de las islas.
Flores de mil tipos diferentes florecen con profusión en las Islas del Verano, llenando el aire con su perfume.
Los árboles están cargados de frutas exóticas, y una miríada de aves de vivos colores revolotea por los cielos.
Con su plumaje los isleños de verano hacen sus fabulosos mantos de plumas. Por debajo de los toldos verdes de los bosques tropicales merodean panteras manchadas más grandes que cualquier león y manadas de esbeltos lobos rojos. Tribus de monos se balancean a través de las ramas superiores de los árboles. También abundan los simios: los "viejos hombres rojos" de Omboru, pieles plateados en las montañas de Jhala, los acosadores de la noche en Walano.
Las Islas del Verano.
Los isleños de verano son un pueblo oscuro, negro del pelo y de los ojos, con la piel marrón como la teca o negra como el azabache pulido. Durante gran parte de su historia, vivieron aislados del resto de la humanidad.
Sus primeros mapas, como el tallado en los famosos Árboles Habladores de Árboles Altos, no muestran tierras más que las propias islas, rodeadas por un vasto océano que abarca el mundo. Como isleños, se echaron a los mares en el amanecer de los días, primeramente en barcas a remo, a continuación, en grandes naves más 298
rápidas, con velas de cáñamo tejido, sin embargo, pocos se aventuraron más allá de la vista de sus propias costas... y los que navegaron más allá del horizonte no siempre volvían.
Lomas Pasolargo, visitó las Islas del Verano en su búsqueda de maravillas, registró que los sabios de las islas afirman que sus antepasados una vez llegaron a las costas occidentales de Sothoryos y fundaron ciudades ahí, sólo para que fueran abrumadas y destruidas por las mismas fuerzas que posteriormente aniquilaran los asentamientos ghiscari y valyrios ubicados en ese peligroso continente. Los archivos de la Ciudadela tienen unas pocas crónicas antiguas de Valyria, pero ninguna habla de estas supuestas ciudades, y hay maestres que hacen dudar de la veracidad de estas afirmaciones.
El primer contacto registrado entre las Islas del Verano y el resto del mundo se produjo en los tiempos del Antiguo Imperio de Ghis. Un barco mercante ghiscari tocó tierra en Walano después de ser sacado fuera de curso por una tormenta, sólo para huir aterrorizado por el primer vistazo a los habitantes locales, a quienes los ghiscari daban por demonios con negras pieles quemadas por los fuegos del infierno. A partir de entonces, los marineros ghiscari cuidaron de mantenerse bien lejos de la Isla del Demonio, como llamaron a Walano en sus cartas; no tenían la menor idea de la existencia de Omboru, Jhala, o las islas menores.
Este contacto tuvo un profundo efecto en las mismas Islas del Verano, ya que les demostró que otros pueblos vivían en las tierras más allá de las olas. Con su curiosidad (y la avaricia) así despierta, los príncipes de las islas comenzaron a construir barcos más grandes y más fuertes, capaces de llevar provisiones suficientes para cruzar largas extensiones de océano, mientras que soportaban incluso las tormentas más feroces en el mar.
Malthar Xaq, un príncipe de la pequeña isla de Koj, fue el más grande de estos constructores de barcos, y es recordado hoy como Malthar el Jinete del Viento y Malthar el Hacedor de Mapas.
Una nueva era de exploración y comercio comenzó cuando los grandes barcos cruzaban fuera a través de las aguas, enviados por Malthar y sus príncipes compañeros. Muchos no regresaron. Más lo hicieron. Naath, las Islas del Basilisco, las costas del norte de Sothoryos, y las costas del sur tanto de Poniente como de Essos fueron visitadas, y en menos de medio siglo, un próspero comercio había crecido entre las Islas del Verano y el Feudo Franco de Valyria. Las islas carecían de hierro, estaño y otros metales, pero eran ricas en piedras preciosas (esmeraldas, rubíes, zafiros y perlas de muchos tipos), especias (nuez moscada, canela, pimienta), y maderas duras. Entre los señores dragón se desarrolló una moda por monos, simios, cachorros de pantera, y loros. Maderasangrienta, ébano, caoba, corazón púrpura, majagua, burl, madera de tigre, aurocorazón, marfil rosado y otras maderas raras y preciosas también fueron muy solicitadas, junto con el vino de palma, frutas, y las plumas.
Los valyrios también ofrecían oro por esclavos. Entonces, como ahora, los isleños de verano eran un pueblo hermoso, alto, fuerte, elegante y rápido para aprender. Estas cualidades llamaron a piratas y esclavistas de Valyria, las Islas del Basilisco, y Viejo Ghis. Mucha aflicción sobrevino mientras estos asaltantes descendían sobre tranquilos pueblos para llevarse a sus habitantes a la esclavitud. Durante un tiempo, los príncipes de las islas instigaron este comercio con la venta de sus enemigos y rivales capturados a los esclavistas.
Niños del Verano del Maestre Gallard sigue siendo una fuente principal en la historia de las Islas del Verano.
Gran parte de la historia– que una vez fue oscurecida por el hecho de que muchas historias de las Islas del Verano se registraron en muy complicados versículos –se ha vuelto bastante clara gracias a sus esfuerzos exhaustivos. Aunque aún restan ciertas controversias– Mollos cuestiona la cronología de Gallard acerca de los primeros príncipes de Walano, por poner un ejemplo –no ha aparecido un mejor trabajo sobre el tema.

Las historias talladas en los árboles habladores nos dicen que estos "Años de la Vergüenza" perduraron por la mayor parte de dos siglos, hasta que una mujer guerrera llamada Xanda Qo, Princesa del Valle del Loto Dulce (y que ella misma había sido esclavizada por un tiempo), unió a todas las islas bajo su gobierno.
Como el hierro era escaso y costoso en las islas, las armaduras era poco conocidas, y las perforantes lanzas largas y las cortantes lanzas cortas tradicionales entre los isleños del verano demostraron ser de poco valor contra las espadas y hachas de acero de los esclavistas, por lo que Xanda Qo armó a sus marineros con altos arcos de aurocorazón, una madera que sólo se encuentra en Jhala y Omboru. Estos grandes arcos tenían un mayor alcance que los arcos recurvados de cuerno y tendones que los esclavistas usaban, e incluso podían lanzar flechas de una yarda de largo con la fuerza suficiente para atravesar una cota de mallas y cuero cosido e incluso una buena placa de acero.
Una nave cisne de las Islas del Verano.
Para darle a sus arqueros una plataforma sólida en la que apuntar y disparar, Xanda Qo construyó barcos más grandes que cualquiera que se hubiera visto previamente en el Mar del Verano– barcos de gran elegancia que encajaban hábilmente entre sí sin siquiera un clavo, muchos vallados con maderas preciosas de las islas endurecidos con magia, por lo que los arietes de barcos esclavistas se rompieron y astillaron contra sus costados. Tan veloces como fuertes, sus barcos a menudo lucían altas y curvas proas esculpidas con las formas de aves y bestias. Gracias a estos "cuellos de cisne" ganaron el sobrenombre de "naves cisne".
A pesar de que tomó la mayor parte de una generación, los isleños de verano, dirigidos por la hija de la princesa Xanda (y eventual sucesora) Chatana Qo, la Flecha de Jhahar, prevalecieron en última instancia, en las que llegaron a ser conocidas como las Guerras Esclavistas. Aunque la unidad de las islas no sobrevivió a su propio reinado (porque la Flecha se casó imprudentemente y no gobernó tan bien como había luchado), los esclavistas ahora incluso huían a la vista de una nave cisne, cada una de estas orgullosas naves es conocida por llevar un destacamento de mortales arqueros armados con arcos de aurocorazón. Al día de hoy, los arqueros (y las arqueras) de las Islas del Verano son estimados como los mejores del mundo. Tampoco se pueden encontrar comúnmente esos arcos, dado que los príncipes de las islas han prohibido la exportación de madera de aurocorazón desde las Guerras Esclavistas; sólo los arcos de huesodragón son conocidos por superarlos, y esos son extremadamente raros.
Algunos isleños del verano que tuvieron el deseo de ver el mundo en general han sido conocidos por rentarse como arqueros mercenarios y vendevelas en el extranjero. Otros se han unido a los piratas de las Islas del Basilisco; algunos se convirtieron en capitanes de oscuro renombre cuyas acciones son relatadas con temor en puertos tan distantes como Qarth y Antigua. Los isleños del verano han aumentado su número entre las 300
compañías libres de las Tierras de la Discordia, como guardias en los séquitos de los príncipes mercantes de las Ciudades Libres, o como luchadores en las fosas de las ciudades esclavistas de Astapor, Yunkai y Meereen...
pero a pesar del indudable valor y habilidad con las armas que muestran como individuos, los isleños no son un pueblo guerrero.
Los isleños de verano nunca han invadido alguna tierra más allá de sus propias costas, ni intentado conquistar a personas extranjeras. Sus grandes naves cisne navegan más lejos y más rápido que los barcos de cualquier otra nación, hasta los últimos confines de la tierra, sin embargo, los príncipes de las Islas del Verano no tienen barcos de guerra como tal y parecen preferir el comercio y la exploración que la conquista.
A lo largo de su larga historia, las Islas de Verano se han unido bajo un solo gobernante no más de media docena de veces, y nunca por mucho tiempo. Hoy en día, cada una de las islas más pequeñas tiene su propio gobernante, equivalente a un príncipe o una princesa en la lengua común; las islas más grandes (Jhala, Omboru y Walano) frecuentemente tienen varios príncipes rivales.
No obstante, las islas son en general un lugar tranquilo. La guerras tal y como se libran allí son altamente ritualizadas, con batallas que se asemejan a combates de torneo, en los que grupos de guerreros se reúnen en campos de batalla elegidos y consagrados por adelantado, en los momentos considerados propicios por sus sacerdotes. Se pelean con lanzas, hondas y escudos de madera, al igual que sus antepasados hicieron hace cinco mil años; los arcos aurocorazón y flechas de una yarda de largo que son llevados por sus arqueros en las batallas contra los enemigos del otro lado del mar nunca se utilizan en contra de su propio pueblo, porque sus dioses lo han prohibido.
Las guerras en las Islas del Verano rara vez duran más de un día, y no hacen daño a nadie más que a los propios guerreros. No hay cultivos destruidos, casas pasadas por la antorcha, ciudades saqueadas, ningún niño es dañado, ni las mujeres son violadas (aunque mujeres guerreras a menudo luchan junto a sus hombres en la línea de batalla). Incluso los príncipes vencidos no sufren ni la muerte ni la desfiguración aunque deben salir de sus casas y palacios para pasar el resto de sus días en el exilio.
Aunque Jhala es la mayor de las Islas del Verano, Walano es la más poblada. Ahí se puede encontrar Último Lamento, con su gran puerto, el somnoliento Puerto Loto, y el soleado Árboles Altos, donde sacerdotisas en vestidos de plumas tallan canciones e historias en los troncos de los árboles enormes como torres que dan sombra a la ciudad. En estos Árboles Habladores se puede leer toda la historia de las Islas del Verano, junto con los mandamientos de sus muchos dioses y las leyes por las que viven sus vidas.
Las otras islas del verano.
Mientras Jhala, Walano y Omboru dominan el archipiélago, un número de las islas más pequeñas son dignas de mención:
Las Piedras Cantantes, al oeste de las islas principales, tienen picos mellados tan plagados de agujeros y caminos al aire libre que hacen una música extraña cuando sopla el viento. Los habitantes de las Piedras pueden decir la dirección desde la que sopla el viento a partir del sonido de su canto. Nadie puede decir si los dioses o los hombres le enseñaron a las piedras a cantar.
Cabeza de Piedra, la isla más septentrional de la cadena, es claramente el trabajo de los hombres; la cara norte de esta roca marina ha sido tallada con un austero parecido a un dios olvidado, mirando furiosamente a través del mar. Es la última vista que los isleños de verano ven mientras navegan hacia el norte a Poniente.

Koj, una vez el hogar de Malthar el Hacedor de Mapas, todavía cuenta con los mejores astilleros del archipiélago. Tres cuartas partes de las famosas naves cisne de los isleños fueron construidas sobre Koj, y el Palacio Perlado, sede de los Príncipes de Koj, es famoso por su colección de cartas y mapas.
Abulu, una pequeña isla desierta al noreste de Walano, sirvió durante más de dos años como el hogar de Nymeria y sus seguidores. Los príncipes de las islas se negaron a permitir que se establecieran en las islas más grandes, por temor a despertar la furia de Valyria. Como la mayoría de la gente de Nymeria eran mujeres, Abulu se conoció como la Isla de las Mujeres, un nombre que todavía lleva hoy. Las enfermedades, el hambre, y las redadas de esclavos cobraron un peaje constante a los rhoynar allí, hasta que finalmente Nymeria llevó sus diez mil barcos de nuevo al mar en busca de un nuevo refugio. Unos pocos miles de sus seguidores eligieron quedarse atrás, sin embargo, y sus descendientes permanecen en la Isla de las Mujeres en la actualidad.
Aunque una veintena de dioses grandes y pequeños son honrados en las Islas del Verano, una reverencia especial se muestra al dios y la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. La unión entre el hombre y la mujer es sagrada para estas deidades; unidos en este acto de culto, los isleños creen, que los hombres y las mujeres honran a los dioses que los crearon. Sean ricos o pobres, hombres o mujeres, de alta o baja cuna, se espera que todos los isleños del verano habiten durante un tiempo en los templos del amor que salpican las islas, compartiendo sus cuerpos con cualquiera que pudiera desearlos.
La mayoría sirven a los dioses por no más de un año, pero las que se consideran los más bellos, compasivos y más expertos permanecen. En Braavos serían llamados cortesanos, mientras que en Desembarco del Rey se pensaría que no son más que sexoservidores, pero en Jhala, Walano, Omboru, y las otras islas estos sacerdotes y sacerdotisas son muy apreciados, ya que aquí se considera la entrega de placer carnal como un arte tan digno de respeto como la música, la escultura, o la danza.
Hoy en día los isleños de verano son una vista común en Antigua y en Desembarco del Rey, y las naves cisne con sus velas como nubes ondulantes atraviesan todos los mares de la tierra. Marineros audaces, sus capitanes desprecian navegar junto a las costas como otros marinos, sino que andan sin miedo a través de las profundidades del océano, lejos de la vista de la tierra. Hay ciertos indicios de que los exploradores de Koj bien pueden haber mapeado las costas occidentales de Sothoryos hasta el fin del mundo y descubierto tierras extrañas y pueblos aún más extraños mucho más al sur, o a través de las infinitas aguas del mar del Ocaso...
pero la verdad sobre estos cuentos la conocen sólo los príncipes de las islas y los capitanes que les sirven.
El culto de una isla del verano en un templo del amor.
