Más Allá de las Ciudades Libres: Los Pastizales y el Mar Dothraki - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
Más allá del bosque de Qohor, Essos se abre sobre una vasta extensión de llanuras azotadas por el viento, suaves colinas, valles fértiles, grandes lagos azules, y estepas interminables donde la hierba crece tan alta como la cabeza de un caballo. Desde el Bosque de Qohor en el oeste hasta las altas montañas conocidas como los Huesos, las praderas se extienden más de setecientas leguas.
Fue aquí, en medio de estas hierbas, donde la civilización nació en la Edad del Amanecer. Hace diez mil años o más, cuando Poniente era todavía una aullante selva pablada sólo por los gigantes y los niños del bosque, las primeras ciudades verdaderas surgieron junto a las orillas del río Sarne y al lado de sus innumerables afluentes que lo alimentaban en su curso serpenteante hacia el norte hasta el Mar de los Escalofríos.
Las historias de esos días se han perdido para nosotros, es triste decirlo, acerca de los reinos de la hierba que existieron mucho tiempo antes de la carrera del hombre donde aprendió a leer y escribir. Sólo las leyendas persisten. Por ellas es que sabemos de las Reinas Pescadoras, que gobernaron las tierras adyacentes al Mar de Plata– el gran mar interior en el corazón de las praderas – desde un palacio flotante que recorría sin descanso las costas que lo rodeaban.
Cuentos suficientes sobreviven para convencer a la mayoría de maestres de la existencia pasada del Mar de Plata, aunque debido a la disminución de las precipitaciones durante los siglos, se ha reducido con tal gravedad que hoy sólo tres grandes lagos permanecen donde una vez sus aguas brillaban bajo el sol.
Las Reinas Pescadoras eran prudentes, benevolentes y contaban con el favor los dioses, se nos cuenta, y los reyes, señores y magos buscaban el palacio flotante para su consejo. Más allá de sus dominios, sin embargo, otros pueblos se levantaban, caían y combatían, luchando por un lugar bajo en el sol. Algunos maestres creen que los primeros hombres se originaron aquí antes de comenzar la larga migración hacia el oeste que los llevó a través del Brazo de Dorne a Poniente. También los ándalos pudieron haber surgido en los campos fértiles al 309
sur del Mar de Plata. Se cuentan cuentos acerca de los Hombres Peludos, una raza de peludos guerreros salvajes, que llegaban a las batallas sobre unicornios. Aunque mayores que los ibbeneses del presente, bien podrían haber sido sus antepasados. Escuchamos también acerca de la ciudad pérdida de Lyber, donde los acólitos de una diosa araña y un dios serpiente pelearon una sangrienta guerra sin fin. Al este de ellos estaban los reinos de los centauros, mitad hombre y mitad caballo.
En el sureste surgieron las orgullosas ciudades-estado de los qaathi; en los bosques al norte, las costas a lo largo del Mar de los Escalofríos, eran dominio de los caminantes de madera, un diminuto pueblo, de quienes muchos maestres creen fueron parientes de los niños del bosque; entre ellos se podían encontrar los reinos colina de los cymmeri, los piernas-largas gipps con sus escudos de mimbre y pelo cal-endurecido, y los piel morena de cabello claro zoqora, que viajaban a la guerra en carros.
La mayoría de estos pueblos ya no existen, sus ciudades fueron quemadas y enterradas, sus dioses y héroes están casi olvidados. De las ciudades qaathi, sólo Qarth permanece, soñando con las glorias del pasado mientras guarda celosamente las Puertas de Jade, que unen el Mar del Verano y el Mar de Jade. Otros se extinguieron, fueron conducidos al exilio, o conquistados y asimilados por los pueblos que les sucedieron.
Poniente recuerda a sus conquistadores como los sarnori, quienes en el apogeo de su gran reino incluían todas las tierras regadas por el Sarne y sus vasallos, y los tres grandes lagos que eran todo lo que quedaba del reducido Mar de Plata. Se hacían llamar los Hombres Altos (en su propia lengua la Tagaez Fen). Eran largos de las extremidades y de piel morena, al igual que los zoqora, aunque su cabello y sus ojos eran negros como la noche. Guerreros, hechiceros y estudiosos, trazaron su linaje hasta el rey héroe llamado Huzhor Amai (el Increíble), nacido de la última de las Reinas Pescadoras, tomó por esposa a las hijas de los grandes señores y reyes de los gipps, los cymmeri, y los zoqora, uniendo a los tres pueblos bajo su gobierno. Su esposa zoqora conducía su carro, se dice, su esposa cymmeri hizo su armadura (porque su pueblo fue el primero en trabajar el hierro), y llevaba sobre sus hombros una gran capa hecha de la piel de un rey de los Hombres Peludos.
El Archimaestre Hagedorn ha presentado la teoría de que los centauros no eran más que guerreros a caballo, según la percepción de las tribus vecinas que aún no habían aprendido a domar y montar a caballo. Su punto de vista ha sido ampliamente aceptado en la Ciudadela, a pesar de los supuestos "esqueletos de centauros"
que aparecen grotescos de cuando en cuando.
Un hombre así puede o no haber existido nunca, pero nadie puede dudar de la gloria de los hombres altos en su apogeo. Un pueblo orgulloso y pendenciero, que pocas veces se unió bajo un solo gobernante, pero sus reinos dominaron las praderas occidentales, desde el Bosque de Qohor a la costa oriental del desaparecido Mar de Plata, y cincuenta leguas más allá. Sus ciudades relucientes estaban esparcidas por las praderas como joyas a través de un manto de terciopelo verde, brillando bajo la luz del sol y las estrellas.
La más grande de estas ciudades era Sarnath de las Torres Altas, donde el Alto Rey habitaba en su legendario Palacio con Mil Habitaciones.
Por ley y costumbre todos los reyes menores sarnori estaban sujetos al Alto Rey, pero en realidad muy pocos de los Altos Reyes alguna vez ejercieron un poder real.
Hacia el este se levantó Kasath, la Ciudad de las Caravanas; Sathar, la Ciudad de la Cascada, en la unión de dos afluentes del Sarne; Gornath en el lago, con sus canales; Sallosh en las Costas Plateadas, Ciudad de Académicos, con su vasta biblioteca y sus Paredes Pintadas. Corriente abajo, donde el Sarne gira hacia el norte, las prósperas ciudades fluviales de Rathylar, Hornoth y Kyth se servían de barcos que surcaban sus aguas de un azul profundo. Aquí, también, estaba Mardosh, la Ciudad de los Soldados, conocida como Mardosh la 310
Invencible. En el delta, donde el Sarne se dividía y desembocaba en el Mar de los Escalofríos, se podían encontrar las ciudades portuarias de Saath (al oeste) y Sarys (al este).
El Reino de Sarnor (llamado así, aunque estaba compuesto por dos docenas de reyes rivales) fue una de las grandes civilizaciones del mundo conocido por más de dos mil años, sin embargo, mucho de lo que sabemos de ellos viene sólo a partir de fragmentos de sus de historias de otro modo perdidas, la más notable, Anales del Verano y el Invierno, y los registros acerca de ellos de Qarth, la Bahía de los Esclavos, y las Ciudades Libres.
Comerciantes sarnori viajaron a Valyria y a Yi Ti, a Leng y a Asshai. Barcos sarnori navegaron el Mar de los Escalofríos hacia Ib, las Mil Islas y el Lejano Mossovy. Reyes sarnori pelearon contra los qaathi y el Antiguo Imperio de Ghis, y llevaron muchas incursiones contra las bandas de jinetes nómadas que recorrían las estepas al este.
Sus jinetes llevaban acero y sedas de araña y cabalgaban yeguas de carbón negro, mientras que los más grandes de sus guerreros iban a la batalla en carros tirados por equipos de caballos de color rojo sangre (a menudo impulsados por sus esposas o hijas, porque era costumbre entre los sarnori que hombres y mujeres hicieran la guerra juntos).
Incluso en los Siete Reinos, la gloria de Sarnath de las Torres Altas se celebró, y Lomas Pasolargo incluyó el Palacio de las Mil Habitaciones entre sus nueve Maravillas Hechas por el Hombre.
Hoy, sin embargo, el Reino de Sarnor está en el olvido, y hay muchos más en Poniente, incluso los estudiantes de la Ciudadela, conocen poco y menos de su larga y orgullosa historia. Sus torres están caídas, sus ciudades en ruinas y abandonadas, y plantas nocivas y altas hierbas crecen donde una vez sus granjas, campos y pueblos se encontraban. Las tierras que una vez gobernaron están escasamente pobladas y atravesadas sólo por los khalasares errantes de los señores de los caballos dothrakis y caravanas parecidas a las que los khals les permiten hacer el largo y lento cruce desde las Ciudades Libres hasta Vaes Dothrak y la Madre de las Montañas.
Los viajeros nombran a éstas las Tierras Encantadas por las muchas ciudades en ruinas que les salpican, o la Gran Desolación por sus grandes vacíos, pero es como el Mar Dothraki que estas praderas son más conocidas en la actualidad. Sin embargo ese uso es relativamente reciente, puesto que los dothraki son una raza joven, y fue sólo desde que la Maldición destruyó Valyria que sus khalasares llegaron a dominar estas tierras, barriendo el este con fuego y acero para conquistar y destruir las antiguas ciudades que una vez prosperaron aquí y llevándose a sus pueblos a la esclavitud.
La caída de los grandes reinos sarnori tomó menos de un siglo. A pesar de que las Ciudades Libres del oeste estaban atrapadas en una feroz lucha por su dominancia durante lo que se conoció como el Siglo de Sangre, también los pastizales estallaron en una guerra. Durante los años que siguieron a la Maldición, los jinetes de las estepas orientales, hasta ahora dividido en sesenta tribus pendencieras en guerra perpetua entre sí, por fin se habían unido bajo un solo líder, un Khal dothraki llamado Mengo. Aconsejado por su madre, la supuesta reina bruja Doshi, Khal Mengo obligó a los otros nómadas a aceptar su gobierno, extinguiendo o esclavizando a los que se negaban.
El Antiguo Imperio de Ghis luchó cinco guerras contra el creciente Feudo Franco de Valyria, nos dice la historia.
Durante la Segunda y la Tercera Guerra Ghiscari, los hombres altos tomaron sus espadas como aliados de Valyria. En la Cuarta Guerra, reyes rivales tomaron lados opuestos, algunos de unieron a los ghiscari y otros a los valyrios. Lomas Pasolargo escribió acerca de un caído obelisco tallado con las figuras de los aliados de Ghis en esa cuarta guerra, y señaló que los guerreros muy altos que estaban representados– hechos más altos 311
gracias a sus altos yelmos –fueran los sarnori. El obelisco fue levantado por Ghis, pero las tallas eran valyrias, por lo que fueron capturados y esclavizados todos los guerreros.
Despectivos hacia los señores de los caballos, que habían sido más que una molestia para ellos durante siglos, los hombres altos ignoraron la amenaza del este durante demasiado tiempo, incluso cuando los khalasares empezaron a invadir a través de sus marcas orientales. Algunos de sus reyes, incluso trataron de utilizar a los dothrakis en sus propias guerras, ofreciéndoles oro, esclavos y otros regalos para luchar contra sus rivales.
Khal Mengo tomó estos regalos con mucho gusto... y entonces tomó las tierras conquistadas, quemando los campos, granjas y pueblos para devolver los pastizales a su estado salvaje (los dothraki consideran a la tierra como su madre y creen que es pecaminoso cortar su carne con arados, palas y hachas).
No fue sino hasta que el hijo de Mengo, Khal Moro llevó su khalasar hasta las mismas puertas de Sathar, la legendaria Ciudad de la Cascada, que los hombres altos parecieron darse cuenta del peligro. Rotos en la batalla, los hombres de Sathar fueron pasados por el cuchillo, sus mujeres y niños llevados como esclavos; tres cuartas partes de ellos murieron en la marcha agotadora hacia los mercados de esclavos de la ciudad colina ghiscari Hazdahn Mo. Sathar, la más hermosa de las ciudades de los pastizales, fue reducida a cenizas y escombros. Está escrito que fue el propio Khal Moro quien dio a las ruinas su nuevo nombre: Yalli Qamayi, el lugar del Lamento de los Niños.
Incluso entonces, los reyes de Sarnor resultaron incapaces de unirse. Con la quema de Sathar, los reyes de Kasath al oeste y Gornath al norte enviaron sus ejércitos, no para ayudar a sus vecinos, sino para reclamar una parte del botín. En su codicia por la tierra, Kasath y Gornath incluso entraron en conflicto entre sí y se enfrentaron en una batalla campal de tres días al oeste de Sathar, columnas de humo negro se elevaron en el cielo oriental.
Este no es el lugar para hacer la crónica de los acontecimientos de los años y las guerras que siguieron, de cómo las grandes ciudades de los Reinos de Sarnor cayeron poco a poco a los dothrakis. Aquellos que deseen una explicación más detallada pueden leer El fin de los Hombres Altos de Bello, Tribus de los Caballos, un Estudio sobre los Nómadas de las Llanuras Orientales de Essos del Maestre Illister, los capítulos acerca del este y apéndices de Batallas y Asedios del Siglo de Sangre del Maestre Joseth, y el definitivo Ciudades en Ruinas, Dioses Robados de Vaggoro.
Basta decir que de todas las orgullosas ciudades sarnori, sólo Saath permanece intacta hoy, y que la ciudad portuaria es un lugar triste, muy disminuido de lo que una vez fue, sobreviviendo en gran parte debido al apoyo del Ib y Lorath (cuya colonia de Morosh está cerca). Sólo es en Saath que los hombres siguen llamándose a sí mismos Tagaez Fen; menos de veinte mil sobreviven, cuando una vez los hombres altos fueron contados por millones. Sólo aquí todavía son adorados los cien dioses del Reino de Sarnor. Dioses parecidos de bronce y mármol que adornaban las calles y los templos de los hombres altos que ahora se inclinan torcidamente, invadidos por la maleza, a lo largo de los caminos cubiertos de hierba de Vaes Dothrak, la ciudad sagrada de los señores de los caballos.
Sathar fue la primera de las ciudades de los pastizales en caer a los dothrakis, pero de ninguna manera fue la última. Seis años más tarde, Khal Moro arrasó Kasath también. En este ataque fueron ayudados sus jinetes, increíblemente, por Gornath, cuyo rey había hecho causa común con los dothrakis y tomado una de las hijas del Moro como esposa. Sin embargo, Gornath fue la siguiente, una docena de años después. Khal Horro había matado por aquel entonces a Khal Moro, poniendo fin a la línea del poderoso Khal Mengo. El rey de Gornath murió a manos de su propia esposa dothraki, que se nos dice lo despreciaba por su debilidad. Después, Khal Horro la tomó para sí, mientras las ratas devoraban el cuerpo de su difunto marido.

Horro fue el último de los grandes khals en tener la lealtad de todos los dothrakis. Cuando fue asesinado por un rival, sólo tres años después de la destrucción de Gornath, su gran khalasar se dividió en una docena de hordas menores, y los jinetes retomaron una vez más sus caminos pendencieros. Sin embargo, el perdón que esto proporcionó al Reino de Sarnor duró poco, pues los hombres altos habían mostrado su debilidad, y los khals que siguieron a Horro compartían su gusto por la conquista. En los años siguientes, se esforzaban por superarse los unos a los otros en la conquista de territorios cada vez más amplios, destruyendo las ciudades de los pastizales, esclavizando a sus pueblos, y llevando a sus dioses rotos de vuelta a Vaes Dothrak para dar testimonio de sus victorias.
Una a una, las demás ciudades de los hombres altos fueron abrumadas y destruidas, dejando sólo ruinas y cenizas para marcar el lugar donde sus orgullosas torres una vez estuvieron. Para los académicos y estudiosos de la historia, la caída de Sallosh en las costas plateadas fue especialmente trágica, porque cuando esa Ciudad de Académicos fue quemada, su gran biblioteca no se salvó, y la mayor parte de la historia de los hombres altos y los pueblos que habían estado antes que ellos se perdió para siempre.
Pronto siguieron Kyth y Hornoth, destruidas por khals rivales, cada uno de los cuales trataba de superar al otro en el salvajismo. La ciudad fortificada Mardosh la Inconquistable resistió en las tierras de los caballos más largamente. Por cerca de seis años la ciudad aguantó, separada de sus tierras interiores, rodeada por una sucesión de khalasares. Llevados a la inanición, los mardoshis devoraron a sus perros y caballos, luego a las ratas, ratones y otras alimañas, y finalmente comenzaron a comerse a sus muertos. Cuando ya no podían soportar, los guerreros sobrevivientes de la guardia de la ciudad mataron a sus mujeres y niños para evitar que cayeran a los khals, luego abrieron las puertas de la ciudad y se precipitaron hacia adelante para un ataque final. Ellos cayeron como hombres. Después, los dothraki nombraron las ruinas de Mardosh, Vaes Gorqoyi, la Ciudad de la Carga Sangrienta.
La caída de Mardosh finalmente despertó a los restantes reyes sarnori acerca de la profundidad de su riesgo.
Dejando a un lado sus propias rencillas y rivalidades en el pasado, los hombres altos se reunieron desde arriba y abajo del Sarne, y montaron un gran ejército bajo las murallas de Sarnath, decididos a romper el poder de los khals de una vez por todas. Liderados por Mazor Alexi, el último de los Altos Reyes, se dirigieron audazmente hacia el este. En la hierba alta, a la mitad del camino entre Sarnath y las ruinas de Kasath, se encontraron con la potencia combinada de cuatro khalasares en lo que para siempre fue conocido como el Campo de Cuervos.
La batalla ante las puertas de Sathar.
Se nos dice que Khal Haro, Khal Qano, Khal Loso (el Cojo), y Khal Zhako mandaban entre todos casi ochenta mil jinetes. La gran horda del Alto Rey de Sarnor llevaba seis mil carros falcados, con diez mil jinetes acorazados 313
detrás de ellos, y otros diez mil jinetes ligeros (muchos de ellos mujeres) en los flancos. Detrás de ellos marchaba la infantería sarnori, cerca de cien mil lanceros y honderos, dando a los hombres altos una gran ventaja en los números. En esto todos los cronistas están de acuerdo.
Cuando la batalla empezó, los carros sarnori amenazaron con llevarse todo a su paso. Su avance destrozó la tierra y se rompió a través del centro de la horda dothraki, las cuchillas giratorias en las ruedas de sus carros cortaban a través de las patas de los caballos dothrakis. Cuando el propio Khal Haro cayó ante ellos, cortado en pedazos y pisoteado, su khalasar se dispersó y huyó. A medida que los carros fulminaban a los jinetes éstos huían, el Alto Rey y sus jinetes acorazados cayeron tras ellos, seguido por la infantería sarnori, agitando sus lanzas y gritando victoria.
Su euforia duró poco. La derrota era fingida. Los hombres altos cayeron en la profundidad de una trampa; los dothrakis huyendo se volvieron de pronto y desataron una tormenta de flechas desde sus grandes arcos. Los khalasares de Khal Qano y Khal Zhako barrieron desde el norte y el sur, mientras que Loso el Cojo y sus gritones circularon alrededor y atacaron a los sarnori desde la parte posterior, cortando su retirada.
Totalmente cercado, el Alto Rey y su poderoso ejército fueron cortados en pedazos. Algunos dicen que cien mil hombres murieron ese día, entre ellos Mazor Alexi, seis reyes menores, y más de sesenta señores y héroes. A medida que los cuervos se deleitaban con sus cadáveres, los jinetes de los khalasares caminaban entre los muertos y se peleaban por sus objetos de valor.
Carente de defensores, Sarnath de las Torres Altas cayó ante Loso el Cojo menos de quince días después. Ni siquiera el Palacio de las Mil Habitaciones se salvó cuando Khal Loso pasó la ciudad por la antorcha. Las demás ciudades de los pastizales siguieron una a una, y así el Siglo de Sangre llegó a su fin. Sarys, en la desembocadura del Sarne, fue la última en caer, dando poco en cuanto a esclavos o saqueo, porque la gente de la ciudad había huido en gran medida para el momento en que Khal Zeggo descendió sobre ella.
No se debe pensar que el Reino de Sarnor fue la única víctima de los señores de los caballos. La colonia valyria de Essaria, a veces recordada como la Ciudad Libre Perdida, fue abrumada de manera similar. Hoy sus ruinas son conocidas por los dothrakis como Vaes Khadokh, la Ciudad de los Cadáveres. En el norte, Khal Dhako saqueó y quemó Ibbish, reclamando la mayor parte del pequeño punto de apoyo que los hombres de Ib habían labrado en la costa norte de Essos (una colonia ibbenese mucho más pequeña sobrevive en los densos bosques al lado del Mar de los Escalofríos, amontonándose alrededor de la ciudad que han llamado Nuevo Ibbish). En el sur, otros khals llevaron sus hordas dentro del Desierto Rojo, destruyendo los pueblos y ciudades qaathi que una vez salpicaron el desierto, hasta que sólo la gran ciudad de Qarth permaneció, protegida por su imponente Muralla Triple.
A pesar de su larga historia, poco se puede decir con certeza de los qaathi– un pueblo ahora desaparecido del mundo, excepto por un remanente en Qarth.
Lo que puede decirse es que los qaathi surgieron en los pastizales y establecieron pueblos allí, entrando en contacto y conflictos ocasionales con los sarnori. Ellos a menudo se llevaron la peor parte de estas guerras, y así comenzaron a desplazarse más al sur, creando nuevas ciudades-estado. Una de ellas, Qarth, se fundó en la costa del Mar de Verano. Sin embargo, las tierras en el sur de Essos demostraron ser más inhóspita que las que los qaathi habían desocupado, convirtiendo el desierto a medida que ellos establecían sus asentamientos allí.
Las personas qaathi ya estaban en camino al colapso cuando la Maldición golpeó, y cualquier esperanza de utilizar el caos en el Mar del Verano en su beneficio se desvaneció cuando los dothrakis atacaron, destruyendo todas las restantes ciudades qaathi salvándose solo Qarth misma.
Sin embargo, en cierto modo, la destrucción dothraki llevó a un resurgimiento de Qarth. Obligados a buscar su lugar en el mar, los Sangrepura que gobernaban Qarth velozmente construyeron una flota y tomaron el control de las Puertas de Jade– el estrecho entre Qarth y Gran Moraq, que une el Mar del Verano con el Mar de Jade. Con la flota valyria destruida, y la atención de Volantis vuelta hacia el oeste, no había nadie para oponerse a que ellos establecieran su control sobre la ruta más directa entre el este y el oeste, y así ganaron enormemente tanto por el comercio y como por los peajes para el paso seguro.
Muchos en las Ciudades Libres creen que el empuje hacia el oeste de los señores de los caballos fue rechazado en Qohor, cuando el intento de Khal Temmo por tomar esa ciudad fue derrotado por el valor de tres mil Inmaculados, soldados esclavos que resistieron contra dieciocho cargas de los aulladores. Creer que la resistencia de los Tres Mil de Qohor puso fin a los sueños dothrakis de conquista, sin embargo, sugiere una complacencia semejante a la del Alto Rey de Sarnor de cuando los señores de los caballos primero vinieron hirviendo desde el oriente. Hombres más sabios saben que es sólo cuestión de tiempo para que los khalasares se unan de nuevo bajo algún gran khal y giren hacia el oeste una vez más en busca de nuevas conquistas.
Los dothrakis han intentado muchas veces extender su poder hacia el este también, pero sólo han encontrado en las Montañas de los Huesos un obstáculo casi insalvable. Esos sombríos picos inhóspitos forman un inmenso muro de piedra entre los señores de los caballos y las riquezas de más al este. Existen sólo tres caminos lo suficientemente grandes como para llevar un ejército a través de ellas, y contra ellos sobresalen las poderosas ciudades fortificadas de Bayasabhad, Samyriana y Kayakayanaya, defendidas por decenas de miles de temibles mujeres guerreras, los últimos restos del gran reino de Hyrkoon, que una vez florecieron más allá de los Huesos en lo que hoy se conoce como el Gran Mar de Arena. Muchos khal han muerto bajo sus muros, y aun así aquellas murallas inviolables siguen de pie.
Al oeste de los huesos, sin embargo, desde el Mar de los Escalofríos en el norte hasta las Montañas Pintadas y el Skahazadhan en el sur, la gran extensión de pasto donde la floreció la primera civilización sigue siendo una desolada tierra azotada por el viento donde ningún hombre se atreve a arar un surco, planta una semilla o levantar una casa por miedo a los khalasares que vagan libremente allí al día de hoy, exigiendo regalos de cualquier hombre que intente cruzar sus tierras y haciéndoles la guerra a la otros.
Los dothrakis todavía permanecen nómadas, gente salvaje y descontrolada que prefiere las tiendas de campaña a los palacios. Pocas veces, los khals conducen sus grandes manadas de caballos y cabras sin fin a través de su "mar," luchando el uno contra el otro cuando se encuentran y de vez en cuando yendo más allá de las fronteras de sus propias tierras por esclavos y saqueo, o para reclamar los "regalos" que los magísteres y patriarcas de las Ciudades Libres les otorgan a ellos siempre que existe la posibilidad de que vayan demasiado hacia el oeste.
Se dice que las ciudades fortificadas de Bayasabhad, Samyriana y Kayakayanaya son defendidas por las mujeres dada la creencia de que las que dan a luz son las únicas que tienen permitido a tomar la vida a voluntad. El Verdadero Reporte de los Viajes de Addam de Valle Oscuro, el reporte de un comerciante y sus presuntos viajes por el este de Essos, brinda poca información adicional sobre estos temas, o cualquier otro sobre el que los estudiosos estén interesados, y en su lugar pasa la mayor parte de su tiempo para encontrar maneras de recordarle a los lectores que las mujeres guerreras caminan con el pecho desnudo y decoran sus mejillas y pezones con clavos de rubí y anillos de hierro.
Los señores de los caballos sólo tienen un asentamiento permanente: la "ciudad" que llaman Vaes Dothrak, que se sitúa por debajo de la sombra del pico solitario que llaman la Madre de las Montañas, junto a un lago sin fondo que nombran el Vientre del Mundo. Es aquí donde los dothrakis creen que nació su raza. Vaes 315

Dothrak no es una verdadera ciudad, no tiene ni paredes ni calles. Sus vías de hierba están llenas de dioses robados, y sus palacios hechos de hierba tejida.
El caparazón hueco de la ciudad es gobernado por mujeres: las brujas del dosh chalen, todas las viudas de los khals muertos. Los dothrakis estiman a Vaes Dothrak como la más santa de las ciudades. Ninguna sangre puede ser derramada allí, puesto que los jinetes creen que es un lugar de paz y poder, donde un día todos los khalasares se juntarán una vez más bajo los estandartes del gran khal que conquistará todo, el " semental que monta el mundo”.
Para nosotros, sin embargo, la única verdadera importancia de Vaes Dothrak es el comercio que tiene lugar allí. Los dothrakis mismos nunca compran ni venden, considerándolo poco viril, pero en su ciudad sagrada, con la venia del dosh Khaleen, mercaderes y comerciantes de más allá de los Huesos y las Ciudades Libres se reúnen, para regatear y cambiar mercancías y oro. Las caravanas que alimentan los grandes mercados oriental y occidental de Vaes Dothrak dan hermosos regalos a los khals que encuentran cruzando el mar Dothraki, ya que a cambio reciben protección.
Así que, por extraño que parezca, esta "ciudad" vacía de los nómadas se ha convertido en la puerta de enlace entre el este y el oeste (para aquellos que viajan por tierra). Muchos pueblos lejanos que de otro modo no se conocerían o incluso no sabrían el uno del otro, se reúnen aquí en este bazar extraño debajo de la Madre de las Montañas, y comercian con seguridad.
Vaes Dothrak.
EL MAR DE LOS ESCALOFRÍOS
El Mar de los Escalofríos está limitado al oeste por Poniente, al sur por Essos, al norte por el vasto desierto congelado de hielo y nieve que los marinos llaman el Desierto Blanco, y al este por tierras y mares desconocidos.
El verdadero alcance de este vasto, frío e inhóspito mar quizá nunca se sepa, porque ningún hombre de los Siete Reinos alguna vez ha navegado más al este que las Mil Islas, mientras que aquellos que se aventuran demasiado al norte se encuentran con vientos huracanados, mares congelados, y las montañas de hielo que 316
puede aplastar incluso el barco más fuerte. Más allá de ellos, los marineros nos dicen, eternas ventiscas furiosas y las montañas mismas gritan como locas en la noche.
Durante mucho tiempo ha sido aceptado entre los sabios que nuestro mundo es redondo. Si esto es cierto, debería ser posible navegar a través de la parte superior del mundo y por un lado, y descubrir tierras y mares inimaginables. A través de los siglos, muchos marinos audaces han tratado de encontrar un camino a través del hielo a lo que hay más allá. La mayoría, por desgracia, han perecido en el intento, o regresado de nuevo al sur medio congelados y mucho más disciplinados. Si bien es cierto que el Desierto Blanco retrocede durante el verano y se expande de nuevo en invierno, sus propias costas están en constante cambio, ningún marino ha tenido éxito en la búsqueda de este legendario paso del norte, ni el mar cálido de verano que el maestre Heriston de Puerto Blanco sugirió una vez que podría estar oculto y sepultado detrás de los acantilados helados del norte lejano.
Los marineros, son por naturaleza muy crédulos y supersticiosos, aficionados a sus fantasías como cantantes, cuentan muchos cuentos de estas gélidas aguas del norte. Hablan de luces extrañas que brillan en el cielo, donde la madre demonio de los gigantes de hielo baila eternamente a través de la noche, tratando de atraer a los hombres hacia el norte a su perdición. Ellos murmuran acerca de la Bahía de los Caníbales, donde los barcos entran bajo su propio riesgo sólo para encontrarse atrapados para siempre cuando el mar se congela duramente detrás de ellos.
Hablan de pálidas nieblas azules que se mueven a través de las aguas, nieblas tan frías que todo barco que pasa sobre ellas se congela al instante; de espíritus ahogados que se elevan en la noche para arrastrar la vida hacia las grisáceas y verdosas profundidades; de las sirenas de carne pálida con las colas de escamas negras, mucho más malignas que sus hermanas del sur.
Sin embargo, de todos los extraños y fabulosos habitantes del Mar de los Escalofríos, los más grandes son los dragones de hielo. Estas bestias colosales, muchas veces más grandes que los dragones de Valyria, se dice que están hechos de hielo viviente, con ojos de cristal azul pálido y vastas alas translúcidas través de las cuales se pueden vislumbrar la luna y las estrellas que giran a través del cielo. Mientras que los dragones comunes (si algún dragón verdaderamente puede decirse que es común) respiran fuego, dragones de hielo supuestamente respiran frío, un frío tan terrible que puede congelar un hombre macizo en la mitad de un latido del corazón.
Marineros de medio centenar de naciones han vislumbrado estas grandes bestias a lo largo de los siglos, por lo que tal vez hay algo de verdad detrás de estos cuentos. El Archimaestre Margate ha sugerido que muchas leyendas del norte– brumas congelantes, barcos de hielo, la Bahía de los Caníbales, y similares –se pueden explicar cómo informes distorsionados de actividad de los dragones de hielo. Aunque es una idea divertida, y con una cierta elegancia, ésta no sigue siendo más que pura conjetura. Como los dragones de hielo se derriten supuestamente cuando mueren, nunca se ha encontrado ninguna prueba real de su existencia.
Dejemos a un lado tales fantasías y volvamos a la realidad. A pesar de las leyendas siniestras que han surgido en torno a sus límites norteños, las aguas del Mar de los Escalofríos pululan de vida. Cientos de variedades de peces nadan a través de sus profundidades, incluyendo salmones, peces lobo, lanzas de arena, patines grises, lampreas y otras anguilas, peces blancos, truchas, tiburones, arenques, caballas y bacalaos. Cangrejos y langostas (algunos de un tamaño verdaderamente monstruoso) se encuentran en todas partes a lo largo de sus costas, mientras que las focas, narvales, morsas y leones marinos tienen sus colonias y zonas de reproducción en y alrededor de las innumerables islas rocosas y promontorios en el mar.
Dejando a los dragones de hielo aparte, los verdaderos reyes de estas aguas del norte son las ballenas. Media docena de especies de estas grandes bestias tienen sus hogares en el Mar de los Escalofríos, entre ellas las ballenas grises, las ballenas blancas, las ballenas jorobadas, las salvajes ballenas manchadas con sus partidas de caza (que muchos llaman los lobos del mar salvaje), y los poderosos leviatanes, los más antiguos y más grandes seres vivos de la tierra.
Los límites más occidentales del Mar de los Escalofríos, desde Skagos y los Acantilados Grises hasta el delta del Sarne, son las zonas de pesca más ricas del mundo conocido. El bacalao y el arenque son especialmente abundantes aquí. Pescadores de tierras tan lejanas como las Tres Hermanas (en el oeste) y Morosh (en el este) se ha sabido que trabajan en estas aguas... pero lo hacen con la tolerancia de la Ciudad Libre de Braavos, cuyas flotas dominan los mares al noroeste de Essos, protegidas por los barcos de guerra del Señor del Mar. Junto con la banca y el comercio, la pesca es uno de los "tres pilares" sobre los que se fundamenta la riqueza y la prosperidad de Braavos.
La leyenda afirma que mil naves yacen sepultadas en Bahía de los Caníbales, algunas todavía habitadas por los hijos y nietos de sus tripulantes originales, que sobreviven deleitándose con la carne de los marineros recién capturados por el hielo.
Navegando hacia el este, un navegante intrépido eventualmente pasa de aguas braavosis a aquellas en las que domina la Ciudad Libre de Lorath, aunque con una fuerza más débil, y desde allí, pasando el Hacha, donde muchos pueblos han vivido, muerto y perecido a lo largo de los milenios en incontables. Al este del Hacha están las profundas aguas azules de la Bahía Malezamarga, donde los barcos de Ib y Lorath han pugnado tan a menudo por la supremacía, y la última gran flota de guerra del Reino de Sarnor fue enviado a pique por la del Señor del Mar de Braavos. En Ib estas aguas son conocidas como la Bahía Batalla, mientras que los lorathis la nombraron Bahía Sangrienta. Sin importar su nombre, se dice que un millar de barcos hundidos y los huesos de cincuenta mil marineros ahogados están esparcidos por el fondo de la bahía, el hogar de los cangrejos por los que Malezamarga es famosa.
Más allá de la Bahía Malezamarga se encuentra el delta del Sarne, el gran río que fluye al norte cuyos muchos afluentes irrigan gran parte de Essos central. Aquí destaca Saath con sus paredes blancas, la última (y muchos dicen la menor) de las grandes ciudades del caído Reino de Sarnor. Las ruinas de la ciudad hermana de Saath, Sarys, saqueada y destruida hace siglos por un khal dothraki, se pueden encontrar a todo lo ancho del delta.
Entre ellas, en otra desembocadura del gran río, se levanta la colonia (minera y pesquera) lorathi de Morosh.
Aquellos lo suficientemente audaces para continuar aún más al este se pasan al lado de las costas del pequeño y pastoral Reino de Omber, cuyos cobardes reyes y débiles príncipes son mejor conocidos por los granos, piedras preciosas, y niñas que pagan a los señores de los caballos dothrakis cada año a cambio de no ser molestados. Al este de Omber nuestro marinero llegaría a la Bahía de los Colmillos, famosa por ser una zona de cría para las morsas. Y poco después, el marino intrépido se encontrará atravesando el corazón del Mar de los Escalofríos, donde cada piedra y ola es regida por los hombres peludos de la gran isla de Ib.