Más Allá de las Ciudades Libres: Leng y Asshai de la Sombra - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
Al sudeste de Yin, rodeada por las cálidas aguas verdes del Mar de Jade, la isla verde de Leng es el hogar de
"diez mil tigres y diez millones de monos", o eso es lo que Lomas Pasolargo afirmó una vez. Los grandes simios de Leng también son famosos; entre ellos están los manchados simios jorobados que dice son casi tan inteligentes como los hombres, y los simios encapuchados tan grandes como gigantes, tan fuertes que pueden tirar de los brazos y las piernas de un hombre tan fácilmente como un niño podría tirar de las alas a una mosca.
Un hombre yitish y una mujer lengii
La historia de Leng se remonta casi tan lejos en el tiempo como la del propio Yi Ti, pero poco y menos es lo que se sabe al oeste del Estrecho de Jade. Hay extrañas ruinas en las profundidades de la selva de la isla: enormes edificios, caídos hace mucho, y tan cubiertos de maleza que los escombros apenas se mantienen por encima de la superficie... pero bajo tierra, se nos dice, interminables laberintos de túneles conducen a enormes cámaras, y pasillos tallados descienden cientos de pies bajo la tierra. Ningún hombre puede decir quiénes podrían haber construido estas ciudades, o cuándo. Siendo tal vez el único remanente de algunos pueblos desaparecidos.
Los actuales habitantes de Leng son de dos tipos, tan completamente diferentes entre sí que debemos considerarlos como pueblos totalmente independientes.
Durante gran parte de su historia reciente, Leng ha sido parte del Imperio Dorado de Yi Ti, gobernada desde Yin o Jinqi. Durante estas épocas, decenas de miles de soldados, comerciantes, aventureros y mercenarios hicieron una migración desde el imperio hacia la isla, en busca de fortuna. Aunque Leng se liberó de Yi Ti hace cuatrocientos años, los dos tercios septentrionales de la isla están todavía dominados por los descendientes de estos invasores yitish.
Otras islas notables en el Mar de Jade, según lo registrado por Corlys Velaryon en sus cartas:
La isla de los Elefantes, cuyos shan gobiernan desde un palacio de marfil.
Marahai, la Isla del Paraíso, una media luna verde acompañada por unas islas gemelas de fuego, donde sus montañas ardientes lanzan penachos de piedra fundida día y noche.
La Isla de los Látigos, una desoladora y estéril parada en el camino, donde esclavistas de media docena de tierras compran, venden, crían, cambian, y marcan sus mercancías antes de continuar su camino.
Para el viajero, siguen siendo indistinguibles de las personas del Imperio Dorado; hablan un dialecto de la misma lengua, rezan a los mismos dioses, comen los mismos alimentos, siguen las mismas costumbres, e incluso reverencian al emperador azul en Yin... aunque ellos sólo adoran a su propia diosa-emperatriz. Sus principales ciudades, Leng Yi y Leng Ma, se asemejan a Yin y Jinqi mucho más de lo que lo hacen a Turrani, la ciudad en el sur. El tercio meridional de Leng es habitado por los descendientes de las personas desplazadas por los invasores del Imperio Dorado. Los lengii nativos son, quizás, la más alta de todas las razas conocidas de la humanidad, con muchos hombres entre ellos que llegan a los siete pies de altura, y algunos tan altos como ocho. De piernas largas y delgadas, con su carne del color de la teca engrasada, tienen grandes ojos de oro y supuestamente pueden ver más lejos y mejor que los demás hombres, especialmente por la noche. Aunque formidablemente alta, las mujeres lengii son famosamente ágiles y hermosas, de una belleza sorprendente.
Durante gran parte de su historia, Leng ha sido una isla de misterio, puesto que los lengii nativos rara vez navegaron más allá de la vista de sus propias costas, y los marineros que por casualidad avistaron sus costas, mientras cruzaban el Mar de Jade vivieron una fría recepción en caso de que se atrevieran a desembarcar. Los lengii no tenían ningún interés en dioses extranjeros, productos extranjeros, comida, vestimenta o costumbres extranjeras; ni tampoco permitían que personas ajenas a ellos minaran su oro, cosecharan sus árboles, recogieran sus frutos o pescaran en sus mares. Los que fueron tentados a hacerlo tuvieron un final rápido y sangriento. Leng se hizo conocida como una guarida de demonios y brujos, un lugar que hay que evitar, una isla cerrada. Y así se mantuvo durante muchos siglos.
Fueron los navegantes del Imperio Dorado los que abrieron Leng al comercio, sin embargo, incluso entonces la isla seguía siendo un lugar peligroso para los de afuera, porque la emperatriz de Leng se sabía que tenía reuniones con los Antiguos, dioses que vivían muy por debajo de las ciudades subterráneas en ruinas, y de vez en cuando los Antiguos decían que ella llevara a todos los extranjeros a la isla a la muerte. Esto es conocido por haber pasado al menos cuatro veces en la historia de la isla si el Compendio Jade de Colloquo Votar puede ser creído.
No fue sino hasta Jar Har, el sexto de los emperadores verde mar, que Leng fue conquistado con fuego y acero y tomado dentro de su imperio, y que estas matanzas se acabaron de una vez por todas.
En los cuatro siglos desde que Leng se liberó del yugo de Yi Ti, la isla ha florecido bajo el gobierno de una larga fila de diosas-emperatrices. La primera de la dinastía actual, todavía es venerada en el este como Khiara la Grande, era de ascendencia lengii pura; quien para complacer a sus súbditos, tomó dos maridos, uno lengii y uno yitish. Esta costumbre continuó con sus hijas y sus hijas, a su vez. Por tradición, el primero de los consortes imperiales comanda los ejércitos de la emperatriz, y el segundo sus flotas.
Leyendas que persisten afirman que los Antiguos todavía viven por debajo de la selva de Leng. Muchos de los guerreros que Jar Har hizo descender por debajo de las ruinas, regresaron locos o no lo hicieron en absoluto, así que el dios-emperador finalmente decretó que las vastas ruinas de las ciudades subterráneas debían ser selladas y olvidadas. Incluso hoy en día, está prohibido entrar en tales lugares, bajo pena de tortura y muerte.
ASSHAI-DE-LA-SOMBRA
Y así llegamos, casi, hasta el fin del mundo.
O, al menos, al final de nuestro conocimiento.
La más oriental y meridional de las grandes ciudades del mundo conocido, el antiguo puerto de Asshai se sitúa en el final de un largo trozo de tierra, en el punto donde el Mar de Jade se reúne con el Estrecho de Azafrán.
Sus orígenes se pierden en las brumas del tiempo. Incluso los asshaii no pretenden saber quien construyó su ciudad; solamente dicen que la ciudad ha estado allí desde el principio del mundo y va a estar allí hasta que termine.
Pocos lugares en el mundo conocido son tan remotos como Asshai, y menos los que son prohibidos. Los viajeros nos dicen que la ciudad está construida enteramente de piedra negra: pasillos, casuchas, templos, palacios, calles, muros, bazares, todo. Algunos dicen también que la piedra de Asshai tiene una sensación desagradablemente grasosa, que parece beberse la luz, oscureciendo cirios, antorchas y fuegos del hogar por igual. Las noches son muy negras en Asshai, todos están de acuerdo, e incluso los días más brillantes de verano son de alguna manera grises y sombríos.
Asshai es una ciudad grande, expandiéndose por leguas en las dos orillas del negro río Ceniza. Detrás de sus enormes paredes terrestres hay tierra suficiente para que Volantis, Qarth y Desembarco del Rey estén de pie una al lado de la otra y aun así hay espacio para Antigua.
Un relato del Archimaestre Marwyn confirma los informes de que ningún hombre cabalga en Asshai, sea guerrero, mercader o príncipe. No hay caballos en Asshai, no hay elefantes, ni mulas, ni burros, no hay cebras, 334
no hay camellos, no hay perros. Estas bestias, cuando son llevadas allí por barco, pronto mueren. La influencia maligna del Ceniza y sus aguas contaminadas han sido implicadas, como es bien explicado En Miasmas de Harmon; los animales son más sensibles a la podredumbre exudada por dichas aguas, incluso sin beber de ellas. Los escritos del Septón Barth especulan más salvajemente, en referencia a los misterios más altos con poca evidencia.
Sin embargo, la población de Asshai no es mayor que la de un pueblo mercante de gran tamaño. Por la noche las calles están desiertas, y sólo uno de cada diez edificios muestra una luz. Incluso en lo alto del día, no hay multitudes para ser vista, no hay comerciantes que gritan sus mercancías en los mercados ruidosos, no hay mujeres chismorreando en un pozo. Los que caminan por las calles de Asshai están enmascarados y velados, y tienen un aire furtivo sobre ellos. Las veces que no, caminan solos, o viajan en palanquines de ébano y de hierro, ocultos detrás de cortinas oscuras y viajando a través de las calles oscuras sobre las espaldas de los esclavos.
Y no hay niños en Asshai.
A pesar de sus aspectos prohibidos, Asshai-de-la-Sombra durante muchos siglos ha sido un próspero puerto, donde los barcos de todo el mundo vienen a comerciar, atravesando vastos y tempestuosos mares. La mayoría llegan cargados de alimentos y vino, porque más allá de las paredes de Asshai poco crece a salvo de la hierba fantasma, cuyos brillantes tallos vidriosos son incomibles. Si no fuera por la comida traída de otro lado del mar, los asshaii habrían muerto de hambre.
Los barcos traen barriles de agua dulce también. Las aguas del Ceniza lucen negras bajo el sol del mediodía y brillan con una fosforescencia verde pálido por la noche, y los peces que nadan en el río son ciegos y retorcidos, tan deformes y horribles que sólo los tontos y los portadores de sombras considerarían comer de su carne.
Cada tierra bajo el sol tiene necesidad de frutas, granos y vegetales, por lo que uno podría preguntarse porque ningún marinero navegaría hasta los confines de la tierra, cuando podría vender más fácilmente su carga a los mercados más cercanos a casa. La respuesta es el oro. Más allá de las paredes de Asshai, la comida es escasa, pero el oro y las gemas son comunes... aunque algunos dirán que el oro de las Tierras Sombrías es tan poco saludable a su manera como los frutos que crecen allí.
No obstante los barcos llegan. Por el oro, las piedras preciosas, y otros tesoros, y para ciertas cosas sobre las que se habla sólo en susurros, cosas que no se pueden encontrar en cualquier lugar sobre la tierra, salvo en los bazares negros de Asshai.
La ciudad oscura por la Sombra es una ciudad llena de magia. Los brujos, magos, alquimistas, bardos lunares, sacerdotes rojos, alquimistas negros, nigromantes, aeromantes, piromantes, magos de sangre, torturadores, inquisidores, envenenadores, esposas de dioses, caminantes nocturnos, cambiaformas, adoradores de la Cabra Negra, el Niño Pálido y el León de la Noche , todos encuentran acogida en Asshai-de-la-Sombra, donde nada está prohibido. Aquí son libres de practicar sus hechizos sin restricción o censura, llevando a cabo sus ritos obscenos, y fornicando con los demonios, si ese es su deseo.
Los más siniestros de todos los brujos de Asshai son los portadores de sombras, cuyas máscaras lacadas ocultan sus rostros de los ojos de los dioses y los hombres. Son los únicos que se atreven a ir río arriba más allá de las paredes de Asshai, en el corazón de las tinieblas.

En su camino desde las Montañas del Amanecer hacia el mar, el Ceniza corre aullando a través de una estrecha hendidura en la montaña, entre acantilados tan empinados y estrechos que el río está perpetuamente en la sombra, salvo por unos momentos al mediodía cuando el sol está en su cenit. En las cuevas que salpican los acantilados, demonios, dragones y cosas peores hacen sus guaridas. Cuanto más lejos de la ciudad se va, estas criaturas se vuelven más horribles y retorcidas... hasta que al final uno se encuentra ante las puertas de Stygai, la Ciudad Cadáver en el fondo de la sombra, donde incluso los portadores de sombras temen pisar. O al menos eso dicen las historias.
¿Hay algo de verdad en estas fábulas sombrías traídas de los confines de la tierra por los cantantes y los marineros y aprendices de brujería? ¿Quién puede decirlo? Lomas Pasolargo nunca vio Asshai-de-la-Sombra.
Incluso la Serpiente Marina nunca navegó hasta ahí. Los que lo han hecho no han regresado para contarnos sus relatos. Hasta que lo hagan, Asshai y las Tierras Sombrías y cualesquiera que sean las tierras y los mares que podrían estar más allá de ellos deben seguir siendo un libro cerrado para los sabios y reyes por igual.
Siempre hay más para saber, más que ver, más que aprender. El mundo es vasto y maravillosamente extraño, y hay más cosas bajo las estrellas, cosas que incluso los Archimaestres de la Ciudadela pueden soñar.
Asshai-de-la-Sombra
EPÍLOGO
Desde que puse la pluma en el pergamino, mucho ha cambiado en Poniente y en el mundo más allá.
Los lectores deben entender que un trabajo como éste no es una labor de pocas semanas… o incluso años.
Empecé a establecer el marco para esta historia en años más pacíficos durante el apogeo del reinado del buen Rey Robert, con la intención de dedicarles el volumen a Robert y a sus herederos, como un relato de las tierras y el reino que han heredado.
Pero aquel no fue el caso. La muerte de la noble Mano, Jon Arryn, ha desatado la locura en el reino, una locura nacida del orgullo y la violencia, que ha destrozado el reino de Robert, y el de su legítimo hijo y heredero, Joffrey. Los pretendientes intentan hacerse con el Trono de Hierro, y desde el este llegan inquietantes rumores acerca de dragones renacidos.
En estos tiempos de conflicto, debemos orar para que el buen Rey Tommen tenga un reinado largo y justo, y para que sea capaz de sacarnos de la oscuridad y llevarnos de regreso a la luz.



