La Historia Antigua: La Llegada de los Ándalos - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
LOS ÁNDALOS SE OGIRINARON en las tierras de El Hacha, al noreste de donde ahora se ubica Pentos, aunque por muchos siglos fueron un pueblo migratorio que no permanecía en un solo lugar por demasiado tiempo.
Desde el corazón de El Hacha— un gran espolón de tierra rodeado por el Mar de los Escalofríos -ellos viajaron al suroeste para forjar Andalia: el antiguo reino que los Ándalos gobernaron antes de cruzar el Mar Angosto.
Andalia se extendía desde El Hacha hasta lo que ahora es la Costa Braavosi, y al sur hasta las Llanuras y las Colinas de Terciopelo. Los Ándalos trajeron consigo armas de hierro y armaduras de placas de hierro, contra los cuales las tribus que habitaban estas tierras no pudieron hacer nada. Una de estas tribus era la de los hombres peludos; su nombre ha sido olvidado, pero aún se recuerdan en ciertas historias Pentoshi. (Los Pentoshi creían que estaban emparentados con los hombres de Ib, y las historias de la Ciudadela concuerdan, aunque algunos argumentan que los hombres peludos se establecieron en Ib, y otros dicen que los hombres peludos llegaron desde Ib.)
El hecho de que los Ándalos forjaran el hierro ha sido tomado por algunos como prueba de que los Siete los guiaban— que el Herrero mismo les enseño este arte —y así lo enseñan los textos sagrados. Pero los Rhoynar ya eran una civilización avanzada en ese entonces, y ellos también sabían del hierro, así que tan sólo hace falta revisar un mapa para darse cuenta que los primeros Ándalos deben haber tenido contacto con los Rhoynar. El Olas Oscuras y el Noyne yacen directamente en el trayecto de la migración de los Ándalos, y según el historiador norvoshi Doro Golanthis aún existen restos de asentamientos Rhoynar en Andalia. Y no sería la primera vez que los hombres aprendieran a trabajar el hierro de los Rhoynar; se dice que los Valyrios también aprendieron el arte de ellos, aunque los Valyrios eventualmente los superaron.
Durante miles de años los Ándalos moraron en Andalia, haciéndose cada vez más numerosos. En el más antiguo de los libros sagrados, “La Estrella de Siete Puntas”, se dice que los Siete caminaban entre su gente en las colinas de Andalia, y que fueron ellos quienes coronaron a Hugor de la Colina y le prometieron a él y a sus descendientes grandes reinos en una tierra lejana. Esto es lo que los septones y septas enseñan como la razón por la cual los Ándalos dejaron Essos y marcharon rumbo al oeste hacia Poniente, pero la historia que, a través de los siglos, la Ciudadela ha descubierto podría proporcionar una mejor explicación.
Una vieja leyenda contada en Pentos afirma que los Ándalos asesinaron a las doncellas cisne que atraían a los viajeros hacia su muerte en las Colinas de Terciopelo, que se encuentran al este de la Ciudad Libre. Un héroe 22

que los Pentoshi llaman Hukko guiaba a los Ándalos en ese entonces, y se dice que asesinó a las siete doncellas no por los crímenes que cometieron, sino para entregarlas como sacrificio a sus dioses.
Algunos maestres piensan que Hukko podría ser una traducción del nombre Hugor. Pero las antiguas leyendas del este deben ser desconfiadas, incluso más que aquellas de los Siete Reinos. Demasiados pueblos han viajado de un lado a otro, y muchas leyendas y cuentos han sido entremezclados.
Aventureros ándalos en el Valle, con las Montañas de la Luna en la distancia.
Durante un par de siglos, mientras los ándalos prosperaban en las Colinas de Andalia, fueron dejados en paz.
Pero con la caída del Viejo Ghis llegó la gran oleada de conquistas y colonización del Feudo Franco de Valyria, mientras estos expandían sus dominios y buscaban más esclavos. Al comienzo, el Rhoyne y los Rhoynar sirvieron como un escudo. Para cuando los Valyrios llegaron al gran río, descubrieron que sería difícil cruzarlo a la fuerza. Los señores dragón no tendrían problemas, pero los que iban a pie y los jinetes a caballo encontraban desalentadora la perspectiva de enfrentarse a la resistencia Rhoynar, dado que los Rhoynar eran de momento tan poderosos como lo había sido Ghis en su gloria. Hubo una tregua durante años entre los Valyrios y los Rhoynar, pero tan sólo protegió a los ándalos de momento.
En la desembocadura del Rhoyne, los Valyrios fundaron la primera de sus colonias. Allí se levantó Volantis por algunos de los hombres más acaudalados de Feudo Franco para recoger la riqueza que fluía por el Rhoyne, y desde Volantis sus ejércitos conquistadores cruzaron el río.
Al principio los Ándalos podrían haber luchado contra ellos, y los Rhoynar podrían haberles ayudado incluso, pero la marea era imparable. Así que es probable que los Ándalos escogieron huir, en lugar de enfrentar la esclavitud inevitable, que venía con la conquista de los Valyrios. Se retiraron a las tierras de El Hacha, y cuando aquello no los protegió, se retiraron más hacia el noroeste hasta que llegaron al mar. Algunos debieron haberse rendido y entregado a su suerte, y otros pudieron haber hecho un último esfuerzo por resistirse, pero muchos otros construyeron barcos y navegaron en gran número a través del Mar Angosto hacia las tierras de los Primeros Hombres en Poniente.
Los Valyrios les negaron a los Ándalos la promesa de los Siete en Essos, pero en Poniente ellos eran libres.
Hechos fervientes por el conflicto y la huida, los guerreros de los Ándalos tatuaron en sus cuerpos la estrella de siete puntas y juraron por su sangre y por los Siete que no descansarían hasta haber labrado sus reinos en las Tierras del Ocaso. Su éxito le dio a Poniente un nuevo nombre: Rhaesh Andahli- la Tierra de los Ándalos, como los Dothraki le dicen hoy en día.

Es igualmente convenido por los septones, los cantantes, y los maestres, que el primer lugar dónde aterrizaron los Ándalos estaba en los Dedos en el Valle de Arryn. Se encontraron tallas de la estrella de siete puntas esparcidas en las rocas y piedras a lo largo de esa área — una práctica que en el futuro fue usada en las conquistas de los ándalos.
Barriendo a través del Valle con fuego y espada, los ándalos comenzaron su conquista de Poniente. Sus armas y armaduras de hierro superaron el bronce con el que los Primeros Hombres luchaban todavía, y muchos de los Primeros Hombres perecieron en esta guerra. Probablemente era una guerra— o una serie de muchas guerras —que duraron décadas. Eventualmente algunos de los Primeros Hombres se rindieron, y es por esto que aún existen casas en el Valle que proclaman con orgullo su descendencia de los Primeros Hombres, como los Redfort y los Royce.
Los bardos dicen que el héroe Ándalo Ser Artys Arryn voló sobre un halcón para asesinar al Rey Grifo sobre la Lanza del Gigante, fundando de este modo el linaje real de la casa Arryn. Estas son tonterías, si bien una corrupción de la verdadera historia de los Arryn entremezclada con leyendas de la Edad de los Héroes. En cambio, lo que sucedió fue que los reyes Arryn suplantaron a los Reyes Supremos de la Casa Royce.
Con el Valle resguardado, los ándalos volvieron su atención al resto de Poniente y marcharon desde la Puerta de Sangre. En las guerras posteriores, los aventureros Ándalos forjaron pequeños reinos de los viejos reinos de los Primeros Hombres y lucharon entre sí con tanta frecuencia como lo hicieron con sus enemigos.
En las guerras sobre el Tridente, se dice que siete reyes ándalos unieron fuerzas contra el último verdadero Rey de los Ríos y las Colinas, Tristifer el Cuarto, quien era descendiente de los Primeros Hombres, y lo derrotaron en lo que los bardos afirman fue su centésima batalla. Su heredero, Tristifer el Quinto, demostró ser incapaz de defender el legado de su padre, y así fue como su reino cayó ante los ándalos.
La masacre de los Niños del Bosque a manos del guerrero ándalo, Erreg el Matarreyes.
En esta misma era un ándalo, recordado en las leyendas como Erreg el Matarreyes, se topó con la gran colina de Alto Corazón. Allí, bajo la protección de los reyes de los Primeros Hombres, los niños del bosque cuidaban de los enormes arcianos tallados que la coronaban (treinta uno, según el Archimaestre Laurent en su manuscrito “Antiguos Lugares del Tridente”). Cuando los guerreros de Erreg intentaron talar los árboles, se 24
dice que los Primeros Hombres pelearon junto a los niños, pero el poder de los Ándalos fue mucho mayor. A pesar de que los niños y los Primeros Hombres hicieron un valiente esfuerzo para defender su arboleda sagrada, todos fueron asesinados. Hoy en día los cuentacuentos afirman que los fantasmas de los niños aún merodean la colina por las noches. Incluso hoy en día, los ribereños evitan el lugar.
Los clanes de las Montañas de la Luna son descendientes obvios de los Primeros Hombres, que no doblaron la rodilla a los Ándalos y por eso se ocultaron en las montañas. Hay similitudes además, en sus costumbres con las costumbres de los salvajes de más allá del Muro— tales como robar a la novia, un terco deseo de gobernarse —y todos los salvajes descienden, indiscutiblemente, de los Primeros Hombres.
Al igual que los Primeros Hombres antes que ellos, los Ándalos demostraron ser enemigos acérrimos de los niños restantes. A sus ojos, los niños adoraban dioses extraños y tenían extrañas costumbres, por lo que los Ándalos los expulsaron de todos los espesos bosques que el Pacto les había concedido. Debilitados y aislados con el paso de los años, los niños carecían de cualquier ventaja que pudieran haber tenido sobre los Primeros Hombres. Y lo que los Primeros Hombres nunca pudieron lograr— erradicar por completo a los niños —los Ándalos casi lo lograron en muy poco tiempo. Algunos pocos niños pudieron haber escapado al Cuello, donde podrían haber encontrado seguridad entre los pantanos y las ciénagas, pero si lo hicieron, no quedó ningún rastro de ellos. Es posible que unos pocos sobrevivieran en la Isla de los Rostros, como algunos han escrito, bajo la protección de los hombres verdes, a quienes los Ándalos nunca pudieron exterminar. Pero de nuevo, nunca se han encontrado pruebas definitivas.
De cualquier modo, los pocos niños restantes escaparon o perecieron, y los Primeros Hombres se hallaban perdiendo guerras tras guerra, y reino tras reino, ante los invasores ándalos. Las batallas y guerras fueron interminables, pero eventualmente todos los reinos sureños cayeron. Al igual que los hombres del Valle, algunos se sometieron ante los ándalos, incluso tomando la fe de los Siete. En muchos casos, los ándalos tomaron a las esposas e hijas de los reyes derrotados en matrimonio, a modo de consolidar su derecho a gobernar. Ya que, a pesar de todo, los Primeros Hombres eran mucho más numerosos que los ándalos y no podían simplemente dejarlos de lado.
El hecho de que muchos castillos sureños aún tengan bosques de dioses con arcianos tallados en su interior se dice que es gracias a los primeros reyes Ándalos, quienes cambiaron su deseo de conquista por el de la integración, evitando de este modo conflictos basados en la diferencia de credos.
Incluso los Hombres del Hierro— los feroces guerreros navegantes que se pensaban seguros en sus islas -
cayeron ante el avance de la conquista Ándala. Porque aunque a los Ándalos les tomó mil años dirigir su atención hacia las Islas del Hierro, cuando lo hicieron, lo hicieron con renovado fervor. Los Ándalos arrasaron las islas, exterminando el linaje de Urron Manorroja, que había gobernado con hacha y espada durante mil años.
Haereg escribe que, en un comienzo, los nuevos reyes Ándalos intentaron forzar la adoración de los Siete en los hombres del hierro, pero estos no lo aceptaron. En su lugar, permitieron que su fe coexistiera junto a la del Dios Ahogado. Al igual que en el continente, los Ándalos se casaron con las esposas e hijas de los hombres del hierro y tuvieron hijos con ellas. Pero a diferencia de en el continente, la Fe nunca echó raíces; ni siquiera se mantuvo firme entre las familias de sangre Ándala. Con el tiempo, tan sólo la fe del Dios Ahogado reinó sobre las Islas del Hierro, con sólo unas cuantas casas recordando a los Siete.
Tan sólo el Norte fue capaz de mantener a los Ándalos a raya, gracias a los impenetrables pantanos del Cuello y los antiguos fuertes de Foso Cailin. Es difícil estimar el número de armadas Ándalas que fueron destruidas en 25
el Cuello, pero fue así como los Reyes del Invierno preservaron su regencia durante los siglos venideros.