La Historia Antigua: Diez Mil Barcos - El Mundo de Hielo y Fuego
By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson
LA ÚLTIMA DE las grandes migraciones hacia Poniente ocurrió mucho tiempo después de la llegada de los Primeros Hombres y de los Ándalos. Una vez que las guerras Ghiscari terminaron, los señores dragón de Valyria volvieron su mirada hacia el oeste donde el creciente poderío Valyrio llevó al Feudo y a sus colonias a entrar en conflicto con los pueblos del Rhoyne.
El río más caudaloso del mundo, y los múltiples afluentes del Rhoyne se extendían por gran parte del occidente de Essos. A lo largo de sus orillas había surgido una civilización y cultura tan legendaria y antigua como la del Viejo Imperio de Ghis. Los Rhoynar se habían enriquecido con la generosidad de su río; la Madre Rhoyne, como la llamaban.
Pescadores, comerciantes, maestros, eruditos, trabajadores de la madera, la piedra y el metal, ellos erigieron sus elegantes ciudades y pueblos desde la cabecera hasta las desembocaduras del Rhoyne, cada una más bella que la anterior. Estaba Ghoyan Drohe en las Colinas de Terciopelo, con sus arboledas y sus cascadas; Ny sar, la ciudad de las fuentes, llena de música; Ar Noy en el Qhoyne, con sus salas de mármol verde; la pálida Sar Mell de las flores; Sarhoy a orillas del mar con sus canales y jardines de agua salada; y Chroyane, la más grande de todas, la ciudad festiva con su grandioso Palacio del Amor.
El arte y la música florecieron en el Rhoyne, y se dice que su gente tenía su propia magia— una magia de agua muy diferente de las hechicerías de Valyria que eran producto de la sangre y el fuego. Aunque estaban unidas por la sangre, la cultura y el río que les había dado nacimiento, las ciudades Rhoynar eran extremadamente independientes, cada una con su propio príncipe… o princesa, ya que entre estas gentes de los ríos, las mujeres eran consideradas como iguales de los hombres.
Aunque generalmente eran un pueblo pacífico, los Rhoynar podían ser formidables cuando eran incitados, como debió haber aprendido muy a su pesar más de algún aspirante a conquistador Ándalo. El guerrero Rhoynar con su armadura de escamas plateadas, casco con forma de cabeza de pez, alta lanza, y escudo de caparazón de tortuga era respetado y temido por aquellos que lo enfrentaban en batalla. Se decía que la Madre Rhoyne misma les susurraba a sus hijos sobre cualquier amenaza, que los príncipes Rhoynar poseían extraños, y misteriosos poderes, que las mujeres Rhoynar peleaban tan ferozmente como los hombres Rhoynar, y que sus ciudades estaban protegidas por "murallas de agua" que se elevaban para ahogar a cualquier enemigo.
Por varios siglos los Rhoynar vivieron en paz. Aunque muchos pueblos salvajes habitaban las colinas y bosques alrededor de la Madre Rhoyne, todos se cuidaban de molestar a las gentes del río. Y los propios Rhoynar mostraban poco interés en expandirse; el río era su hogar, su madre, y su diosa, y muy pocos de ellos deseaban morar alejados del sonido de su eterna canción.
Cuando aventureros, exiliados y comerciantes del Feudo Franco de Valyria empezaron a expandirse más allá de las Tierras del Largo Verano en los siglos posteriores a la caída del Viejo Imperio de Ghis, los príncipes Rhoynar los recibieron, en un comienzo, y sus sacerdotes declaraban que todo hombre era bienvenido a compartir la generosidad de la Madre Rhoyne.

A medida que esos asentamientos Valyrios se transformaron en pueblos, y esos pueblos en ciudades, algunos Rhoynar llegaron a lamentar la tolerancia de sus padres. La amistad dio paso a la enemistad, particularmente en la ribera baja del río, donde la antigua ciudad de Sar Mell y la ciudad Valyria amurallada de Volon Therys se enfrentaban a través de las aguas, y en las costas del Mar del Verano, donde la Ciudad Libre de Volantis pronto rivalizó con el puerto escalado de Sarhoy, donde cada una de sus escalas dominaba cada una de las cuatro desembocaduras de la Madre Rhoyne.
Los Rhoynar enfrentando el poderío del Feudo Franco.
Las disputas entre los ciudadanos de las ciudades rivales se hicieron cada vez más frecuentes y rencorosas, produciendo al final una serie de pequeñas pero sangrientas guerras. Sar Mell y Volon Therys fueron las primeras ciudades en entrar en batalla. La leyenda afirma que el enfrentamiento empezó cuando los Valyrios pescaron y mataron una de las gigantescas tortugas que los Rhoynar conocían como el Viejo Hombre del Río y consideraban sagradas como consortes de la propia Madre Rhoyne. La Primera Guerra Tortuga duró menos de dos cambios de luna. Sar Mell fue asaltada e incendiada, pero salió victoriosa después de que los magos del agua Rhoynar invocaran el poder del río e inundaran Volon Therys. La mitad de la ciudad fue arrasada, si le damos crédito a los cuentos.
No obstante, otras guerras la sucedieron: la Guerra de los Tres Príncipes, La Segunda Guerra Tortuga, la Guerra del Pescador, la Guerra de la Sal, la Tercera Guerra Tortuga, la Guerra en el Lago Daga, la Guerra de las Especias, y muchas más, demasiado numerosas para escribirlas aquí. Ciudades y pueblos fueron quemados, ahogados, y reconstruidos. Miles fueron asesinados o esclavizados. En estos conflictos los Valryos eran quienes salían victoriosos con mayor frecuencia. Los príncipes del Rhoyne, muy orgullosos de su independencia, peleaban por su cuenta, mientras que las colonias Valyrias se ayudaban entre ellas, y cuando estaban en apuros, convocaban el poder del mismísimo Feudo. “Historia de las Guerras Rhoynar” de Beldecar hace un excelente trabajo describiendo estos conflictos, los cuales se extendieron por casi dos siglos y medio.
Esta serie de conflictos alcanzó un clímax sangriento hace mil años durante la Segunda Guerra de las Especias, cuando tres señores dragón de Valyria se unieron con sus parientes y primos en Volantis para derrotar, saquear y destruir Sarhoy, la gran ciudad portuaria Rhoynar sobre el Mar del Verano. Los guerreros de Sarhoy fueron salvajemente asesinados, sus hijos fueron arrastrados a la esclavitud, y su orgullosa ciudad amarilla fue pasada por el fuego. Después los Volantinos sembraron las ruinas humeantes con sal para que Sarhoy no pudiera volver a levantarse nunca jamás.

Pilas de muertos a lo largo de Rhoyne
La destrucción absoluta de una de las ciudades más ricas y hermosas del Rhoyne, y el esclavizamiento de su gente, conmocionó y consternó al resto de príncipes Rhoynar. "Todos seremos esclavos a menos que nos unamos para ponerle fin a esta amenaza," declaró el más poderoso de ellos, Garin de Chroyane. Este príncipe guerrero convocó a sus compañeros para unírsele en una gran alianza, para arrasar todas las ciudades Valyrias en el río.
Tan sólo la Princesa Nymeria de Ny Sar habló en su contra. “Esta es una guerra que no podemos esperar ganar," les advirtió, pero los otros príncipes la abuchearon y le juraron sus espadas a Garin. Incluso los guerreros del mismo Ny Sar estaban ansiosos por luchar, y Nymeria no tuvo otra opción más que unirse a la gran alianza.
El ejército más grande que Essos jamás haya visto pronto se reunió en Chroyane, bajo el mando del Príncipe Garin. Según Beldecar, tenía un cuarto de millón de hombres. Desde los nacimientos del Rhoyne hasta sus múltiples desembocaduras, todo hombre con edad para pelear tomó la espada y el escudo y se dirigió hacia la ciudad festiva para unirse a esta gran campaña. El príncipe declaró que mientras el ejército se mantuviera cerca de la Madre Rhoyne, no tendrían por qué temerle a los dragones de Valyria; sus propios magos de las aguas los protegerían contra los fuegos del Feudo.
Garin dividió sus enormes huestes en tres partes; una marchó por la orilla este del Rhoyne, la otra por el lado oeste, mientras que una gran flota de galeras de guerra mantenían el paso en las aguas, dejando el río libre de naves enemigas. Desde Chroyane, el Príncipe Garin condujo sus huestes río abajo, destruyendo cada aldea, pueblo, y asentamiento en su camino y aplastando cualquier oposición.
En Selhorys ganó su primera batalla, derrotando un ejército Valyrio de treinta mil hombres y tomando la ciudad por asalto. Valysar corrió la misma suerte. En Volon Therys, Garin se enfrentó a cien mil enemigos, cien elefantes de guerra, y tres señores dragón. Aquí también triunfó, pero a un gran costo. Miles fueron incinerados, pero miles más buscaron refugio en las aguas poco profundas del río, mientras sus magos levantaron enormes remolinos de agua contra los dragones del enemigo. Los arqueros Rhoynar derribaron a dos de los dragones, mientras que el tercero escapó, herido. Como consecuencia, la Madre Rhoyne se levantó con furia para engullir Volon Therys.
Después de esto, los hombres empezaron a llamar Garin el Grande al victorioso príncipe, y se dice que en Volantis los grandes señores temblaban de terror a medida que sus huestes avanzaban. En vez de enfrentársele en campo abierto, los Volatinos se refugiaron tras sus Murallas Negras y recurrieron al Feudo buscando ayuda.
Y los dragones llegaron. Pero no fueron tres, como los que el príncipe Garin había enfrentado en Volon Therys, sino que fueron trescientos o más, si podemos creer en los cuentos que nos han llegado. Contra sus fuegos, los Rhoynar no tuvieron opción. Decenas de miles fueron incinerados mientras otros se precipitaron al río, esperando que el abrazo de la Madre Rhoyne les ofreciera protección contra el fuego de dragón… tan sólo para ahogarse con el abrazo de su madre.
Algunas crónicas insisten en que los fuegos ardieron con tal intensidad que las mismísimas aguas del río hirvieron y se convirtieron en vapor. Garin el Grande fue capturado vivo y obligado a observar como su gente sufría por su insolencia. Sus guerreros no recibieron misericordia alguna. Los Volantinos y sus parientes Valyrios los pasaron por la espada— fueron tantos que se dice que su sangre tiñó de rojo el puerto de Volantis tan lejos como alcanzaba la vista.
Después los vencedores reunieron sus propias huestes y marcharon hacia el norte a lo largo del río, saqueando Sar Mell salvajemente antes de avanzar hacia Chroyane, la ciudad del príncipe Garin. Encerrado en una jaula dorada por órdenes de los señores dragón, Garin fue arrastrado de regreso a la ciudad festiva para presenciar su destrucción.
En Chroyane, la jaula fue colgada de las murallas, de modo que el príncipe pudiera presenciar el esclavizamiento de las mujeres y niños cuyos padres y hermanos habían muerto en su valerosa e irremediable guerra… pero se dice que el príncipe invocó una maldición sobre los conquistadores, suplicándole a la Madre Rhoyne para que vengara a sus hijos. Y así fue que, esa misma noche, el Rhoyne se desbordó y con una intensidad como no había sido vista nunca antes. Cayó una espesa niebla llena de vapores malignos, y los conquistadores Valyrios empezaron a morir de psoriagrís. (Existe, por lo menos, algo de verdad en la historia: en siglos posteriores, Lomas Pasolargo escribió de las ruinas ahogadas de Chroyane, sus infectas nieblas y aguas, y el hecho de que los viajeros descuidados infectados con la psoriagrís merodean las ruinas— un peligro para aquellos que viajan en el río por debajo del derrumbado Puente de los Sueños.) Más arriba en el Rhoyne, en Ny Sar, la Princesa Nymeria pronto recibió noticias de la demoledora derrota de Garin y del esclavizamiento de los pueblos de Chroyane y Sar Mell. Ella vio que el mismo destino le esperaba a su propia ciudad. Así que reunió cada embarcación que quedaba en el Rhoyne, grande o pequeña, y las llenó con tantas mujeres y niños como pudo llevar (ya que la mayoría de hombres en edad de pelear se habían marchado con Garin, y habían muerto). Nymeria condujo esta irregular flota río abajo, pasando a través de pueblos humeantes en ruinas y campos de muertos, a través de aguas atestadas de cadáveres flotantes e hinchados. Para evitar a Volantis y sus huestes, decidió seguir el viejo canal y emergió hacia el Mar del Verano por donde estaba Sarhoy.
La leyenda nos dice que Nymeria llevó diez mil naves hacia el mar, buscando un nuevo hogar para su pueblo, más allá del alcance de Valyria y sus señores dragón. Beldecar sostiene que este número fue muy exagerado, quizás hasta diez veces. Otros cronistas ofrecen otros números, pero a decir verdad nunca se hizo ningún tipo de conteo. Podemos decir con seguridad que eran muchísimas naves. La mayoría eran embarcaciones fluviales, esquifes y botes de pértigas, galeras comerciantes, botes de pesca, barcazas de placer, incluso balsas, sus cubiertas y bodegas repletas de mujeres, niños y ancianos. Sólo uno de cada diez estaba en condiciones de navegar, insiste Beldecar.

El viaje de Nymeria fue largo y terrible. Más de un centenar de barcos naufragaron y se hundieron con la primera tormenta que su flota enfrentó. Muchos más regresaron por miedo y fueron capturados como esclavos cerca de Volantis. Otros se quedaron atrás o se alejaron, para no ser vistos nunca jamás.
La Princesa Nymeria liderando diez mil barcos.
El resto de la flota navegó por el Mar del Verano hacia las Islas del Basilisco, donde se detuvieron para tomar agua fresca y provisiones, tan sólo para caer en manos de los reyes corsarios de la Isla Hacha, la Garra y la Montaña Aullante, quienes dejaron de lado sus propias riñas por el tiempo suficiente para caer sobre los Rhoynar con fuego y espadas, pasando cuarenta naves por la antorcha y llevándose a cientos como esclavos.
Después, los corsarios ofrecieron permitirle a los Rhoynar asentarse en las Isla de los Sapos, con tal que ellos renunciaran a sus barcos y enviarán a cada rey treinta niñas vírgenes y muchachos bonitos cada año como tributo.
Nymeria se negó y condujo su flota una vez más al mar, esperando encontrar un refugio entre las selvas humeantes de Sothoryos. Algunos se establecieron en la Punta del Basilisco, otros junto a las relucientes aguas verdes de Zamoyos, entre las arenas movedizas, cocodrilos, y podridos árboles medio-sumergidos. La propia princesa Nymeria guió las naves a Zamettar, una colonia de Ghiscari abandonada durante mil años, mientras otros se abrieron camino río arriba hacia las ruinas ciclópeas de Yeen, la guarida de ghouls* y arañas.
[*Los ghouls, procedentes de mitologías orientales, son cadáveres que se dedican a devorar a otros cadáveres.
Denominación que conservamos por considerarla más ajustada que la del «vampiro».]
Existían riquezas escondidas en Sothoryos— oro, gemas, maderas poco comunes, pieles exóticas, misteriosas frutas, y extrañas especias —pero los Rhoynar no pudieron prosperar allí. El sofocante calor y la humedad agobiaron sus espíritus, y enjambres de moscas que picaban esparcieron una enfermedad tras otra: fiebre verde, la plaga danzante, hervores de sangre, llagas supurantes, la putrefacción dulce. Los jóvenes y los ancianos resultaron ser especialmente vulnerables a este tipo de contagios. Incluso zambullirse en el río significaba cortejar a la muerte, ya que el Zamoyo estaba infestado con bancos de peces carnívoros, y diminutos gusanos que ponían sus huevos bajo la piel de los nadadores. Dos de los nuevos pueblos en Punta del Basilisco fueron arrasados por esclavistas, sus poblaciones fueron pasadas por la espada o arrastradas en cadenas, mientras que los que estaban en Yeen tuvieron que lidiar con los ataques de los espíritus moteados de las espesas junglas.
Por más de un año los Rhoynar lucharon por sobrevivir en Sothoryos, hasta el día en que un bote de Zamettar llegó a Yeen y se encontró con que cada hombre, mujer, y niño en aquella atormentada ciudad en ruinas había desaparecido durante la noche. Entonces Nymeria convocó a su gente de regreso a los barcos e izó las velas una vez más.
Por los siguientes tres años los Rhoynar deambularon en los mares del sur, buscando un nuevo hogar. En Naath, la Isla de las Mariposas, el pacífico pueblo les dio la bienvenida, pero la diosa que protegía aquella extraña tierra pronto empezó a atacar a los recién llegados con una mortal enfermedad, llevándolos de vuelta a sus barcos. En las Islas del Verano, se establecieron en una roca inhabitada frente a la costa oriental de Walano, la cual pronto empezó a ser llamada Isla de las Mujeres, pero su terreno delgado y pedregoso producía muy poca comida, y muchos murieron de hambre.
Cuando las velas fueron izadas de nuevo, algunos de los Rhoynar abandonaron a Nymeria para seguir a una sacerdotisa llamada Druselka, quien afirmaba haber escuchado a la Madre Rhoyne pidiendo que sus hijos regresaran a casa… pero cuando Druselka y sus seguidores regresaron a sus viejas ciudades, encontraron a sus enemigos esperándolos, y pronto la mayoría fueron perseguidos, asesinados, o esclavizados.
El maltrecho y destrozado remanente de los diez mil barcos navegó hacia el oeste con la Princesa Nymeria.
Esta vez ella se decidió por ir a Poniente. Después de tanto deambular, sus naves eran incluso menos navegables que cuando habían partido de la Madre Rhoyne. La flota no llegó completa a Dorne. Incluso hoy en día existen grupos aislados de Rhoynar en los Peldaños de Piedra, que afirman ser descendientes de aquellos que naufragaron. Otros barcos, desviados de curso por las tormentas, llegaron a Lys o Tyrosh, donde prefirieron entregarse como esclavos antes que perecer ahogados.
El resto de las naves desembarcó en las costas de Dorne cerca de la desembocadura del río Sangreverde, no muy lejos de las antiguas murallas de arenisca del Barco de Arena, asentamiento de la Casa Martell.
Árida, desolada, y escasamente poblada, Dorne en ese entonces era una tierra pobre donde una veintena de señores y pequeños reyes peleaban constantemente sobre el dominio de cada río, arroyo, pozo, o pedazo de tierra fértil. Muchos de estos señores Dornienses veían a los Rhoynar como intrusos no deseados, invasores extranjeros de extrañas costumbres y dioses, que debían ser expulsados de vuelta al mar de donde habían venido. Pero Mors Martell, el Señor de Barco de Arena, encontró en los recién llegados una oportunidad… y si podemos darle crédito a los bardos, su señoría también perdió el corazón por Nymeria, la feroz reina guerrera que había liderado a su gente a través de medio mundo para mantenerlos libres.
Se dice que, de entre los Rhoynar que llegaron a Dorne con Nymeria, ocho de cada diez eran mujeres … pero un cuarto de ellas eran guerreras, según la tradición Rhoynar, e incluso aquellas que no lo eran, se habían endurecido durante el tormentoso viaje. Así como también miles que habían sido niños cuando partieron del Rhoyne habían llegado a la adultez y habían tomado la lanza durante los años que deambularon. Al unirse a los recién llegados, los Martell habían incrementado por diez veces el tamaño de sus huestes.
Cuando Mors Martell tomó a Nymeria como esposa, cientos de sus caballeros, escuderos y señores banderizos también se casaron con mujeres Rhoynar, y muchos de aquellos que ya estaban casados tomaron mujeres como amantes. Así fue como los dos pueblos se unieron por sangre. Estas uniones enriquecieron y fortalecieron a la Casa Martell y a sus aliados Dornienses. Los Rhoynar trajeron consigo innumerables riquezas; sus artesanos, trabajadores del metal y de la piedra, trajeron habilidades más avanzadas que las alcanzadas por sus homólogos Ponienti, y sus armeros pronto empezaron a producir espadas, lanzas y armaduras de escamas y placas que ningún herrero Ponienti podía esperar igualar. Aún más importante, se 31
dice que las brujas del agua Rhoynar conocían hechizos secretos que hacían que los arroyos secos volvieran a fluir y que los desiertos florecieran.
Para celebrar estas uniones, y asegurarse de que su pueblo no pudiera regresar al mar, Nymeria quemó los navíos Rhoynar. "Al fin dejaremos de deambular", declaró. "Hemos encontrado un nuevo hogar, y aquí viviremos y moriremos."
(Algunos Rhoynar lamentaron la pérdida de las naves, y en vez de abrazar su nueva tierra, empezaron a navegar las aguas del Sangreverde, considerándolo una pálida sombra de la Madre Rhoyne, a quien siguieron adorando. Aún existen hoy en día, y son conocidos como los huérfanos del Sangreverde.) Las llamas iluminaron la costa por cincuenta leguas mientras cientos de cascos destrozados eran pasados por la antorcha y se convertían en cenizas; a la luz de las llamas, la Princesa Nymeria nombró a Mors Martell como Príncipe de Dorne, al estilo Rhoynar, afirmando su dominio sobre las "arenas rojas y blancas, y todas las tierras y ríos desde las montañas hasta el gran mar salado."
No obstante, tal supremacía era más fácil de declarar que de conseguir. Siguieron años de guerras, mientras los Martell y sus compañeros Rhoynar encontraron y sometieron a un rey tras otro. No menos de seis reyes conquistados fueron enviados al Muro con cadenas de oro, por Nymeria y su príncipe, hasta que sólo quedo el más grande de sus enemigos: Yorick Yronwood, el Sangre Regia, Quinto de su Nombre, Señor de Palosanto, Guardián del Sendahueso, Caballero de los Pozos, Rey de las Marcas Rojas, Rey del Cinturón Verde, y Rey de los Dornienses.
Durante nueve años Mors Martell y sus aliados (entre ellos la Casa Fowler de Dominio del Cielo, la Casa Tolland de Colina Fantasma, la Casa Dayne de Campoestrella, y la Casa Uller de Sotoinferno) pelearon contra Yronwood y sus banderizos (los Jordayne de Tor, los Wyl de Sendahueso, junto a los Blackmont, los Qorgyle, y muchos más), en batallas demasiado numerosas para ser mencionadas aquí. Cuando Mors Martell cayó ante la espada de Yorick Yronwood en la Tercera Batalla de Sendahueso, la Princesa Nymeria asumió el mando completo de sus ejércitos. Se requirieron dos años más de batallas, pero al final fue ante Nymeria que Yorick Yronwood dobló la rodilla, y Nymeria gobernó desde Lanza del Sol a partir de entonces.
Aunque se volvió a casar dos veces (primero con el anciano Lord Uller de Sotointerno, y después con el apuesto Ser Davos Dayne de Campoestrella, la Espada de la Mañana), Nymeria permaneció como la incuestionable gobernante de Dorne por cerca de veintisiete años, y sus esposos sirvieron como consejeros y consortes. Sobrevivió una docena de atentados contra su vida, acabó con dos rebeliones, y desbarató dos invasiones del Rey Tormenta Durran el Tercero y una del Rey Greydon del Dominio.
Cuando por fin murió, fue la mayor de las cuatro hijas de Mors Martell quien la sucedió, no el hijo que tuvo con Davos Dayne, ya que para entonces los dornienses habían adoptado muchas de las leyes y costumbres de los Rhoynar, aunque los recuerdos de la Madre Rhoyne y de los diez mil barcos se fueron desvaneciendo hasta convertirse en leyendas.