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Readers Treasury

Los Reyes Targaryen: Aegon I el Conquistador - El Mundo de Hielo y Fuego

By George R. R. Martin, Elio M. García Jr., Linda Antonsson

AEGON I

EL REY AEGON, EL Primero de Su Nombre, pudo haber conquistado los Siete Reinos a la edad de 27, pero ahora encaraba el formidable desafío de gobernar su recién forjado reino. Los siete reinos en guerra rara vez habían estado en paz dentro de sus propias fronteras y mucho menos sin ellas, y unirlos bajo un reinado requirió de un hombre verdaderamente extraordinario. Por lo que fue una fortuna para el reino que Aegon fuera tal hombre: un hombre con abundante visión y determinación. Y aunque su visión de un Poniente unificado resultó más difícil de lo que Aegon pudo haber imaginado- sin mencionar que mucho más costosa -, fue una visión que dio forma al curso de la historia de cientos de años por venir.

Fue Aegon quien visualizó una gran ciudad real que rivalizara y sobrepasara Lannisport y Antigua, emergiendo alrededor de su vulgar Fuerte Aegon. Y mientras Desembarco del Rey había sido un atestado, fangoso y maloliente lugar en sus inicios, siempre estaba lleno de actividad. La gente utilizaba un improvisado septo construido a partir del casco de una coca del Aguasnegras, y poco después, con dinero enviado por el Septón Supremo, se levantó un septo mucho más grande en la Colina de Visenya. Luego éste se uniría al Septo de la Conmemoración en la Colina de Rhaenys como un monumento a la Reina.) Donde una vez sólo eran vistos barcos de pesca, ahora comenzaron a aparecer cocas y galeras de Antigua, Lannisport, las Ciudades Libres, e incluso de las Islas del Verano, y así cambio el flujo de comercio desde Valle Oscuro y Poza de la Doncella hasta Desembarco del Rey. El Fuerte Aegon seguía creciendo, rebosando más allá de su empalizada inicial para abarcar más de la Colina Alta de Aegon, y una nueva fortaleza de madera fue alzada, con murallas de 50 pies de alto. Ésta se mantuvo hasta el año 35 DC, cuando Aegon la derribó, para que la Fortaleza Roja fuera construida como un castillo digno para los Targaryen y sus herederos.

De acuerdo a la historia del Archimaestre Gyldayn, fue sugerido en la corte que Aegon dejara a la Reina Visenya encargada de la construcción de la Fortaleza Roja, así él no tendría que soportar su presencia en Rocadragón. En los últimos años, su relación- que nunca fue muy cálida –se había vuelto cada vez más distante.

Por el año 10 DC, Desembarco del Rey se había convertido en una verdadera ciudad, y para el 25 DC había sobrepasado a Puerto Blanco y Puerto Gaviota para convertirse en la tercera ciudad más grande del reino. Y, sin embargo, durante gran parte de tiempo, fue una ciudad sin murallas. Pudo ser que Aegon y sus hermanas pensaran que nadie se atrevería a asaltar una ciudad que albergara dragones, pero en 19 DC llegaron noticias de que una flota pirata había saqueado Arboles Altos en las Islas del Verano, tomando a miles como esclavos y una fortuna en riquezas. Molesto por aquello-y comprendiendo que él y Visenya no estarían siempre en Desembarco del Rey– Aegon, al fin, dio la orden de que las murallas fueran construidas. Este proyecto estuvo a cargo del Gran maestre Gawen y la Mano, Ser Osmund Strong. Aegon decretó que debería haber espacio suficiente para que la ciudad pudiera expandirse dentro de las murallas, la cual sería defendida por siete puertas, en honor a los Siete. La construcción comenzó al año siguiente, y para el 26 DC estuvo completada.

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Desembarco del Rey cuando era Fuerte Aegon

Tal como crecía la ciudad y su prosperidad, también lo hacia el reino. Esto, en parte, fue debido a los esfuerzos del Conquistador en ganarse el respeto de sus vasallos y del pueblo llano. Aegon a menudo era ayudado por la Reina Rhaenys (mientras estaba viva), por quien el pueblo sentía un cariño especial. Ella disfrutaba de los cantantes y bardos, cosa que su hermana, la Reina Visenya, pensaba que era una pérdida de tiempo, pero esos cantantes componían canciones de elogio para los Targaryen y las llevaban por todo el reino. Y si esas canciones también contenían mentiras audaces que hicieron lucir a Aegon y sus hermanas mucho más gloriosos, la reina no lo lamentaba… aunque es posible que los maestres sí.

La reina hizo mucho para unir al reino a través de matrimonios que ella arregló entre casas lejanas. Así, la muerte de Rhaenys en Dorne en el 10 DC, y la ira que prosiguió, fue sentida por la mayor parte del reino, quienes habían amado a la hermosa y amable reina.

Sin embargo, a pesar de ser un reino cubierto de gloria, la Primera Guerra Dorniense se destacó como la gran derrota de Aegon. Esta guerra comenzó en el 4 DC, terminando en el 13 DC después de años de tragedia y sangre derramada. Muchas fueron las calamidades de aquella guerra. La muerte de Rhaenys, los años de La Ira del Dragón, el asesinato de señores, asesinos pretensiosos en Desembarco del Rey y la Fortaleza Roja; eran tiempos oscuros.

Pero fuera de tanta tragedia surgió al menos algo destacable: la Hermandad Juramentada de la Guardia Real.

Cuando Aegon y Visenya pusieron precio por las cabezas de los señores Dornienses, muchos fueron asesinados, y en respuesta los Dornienses contrataron sus propios asesinos. En una ocasión en el 10 DC, Aegon y Visenya fueron atacados en las calles de Desembarco del Rey, y si no hubiera sido por Visenya y su espada Hermana Oscura, el rey no habría sobrevivido.

A pesar de esto, el rey todavía creía que sus guardias eran suficientes para defenderle; Visenya lo convenció de lo contrario. (Se dice que cuando Aegon señaló a sus guardaespaldas, Visenya desenvainó Hermana Oscura y cortó su mejilla antes de que sus guardias pudieran reaccionar. “Tus guardias son lentos y torpes,” se cree que fue lo que dijo Visenya, a lo que el rey se vio obligado a estar de acuerdo.) 55

Fue Visenya, no Aegon, quien decidió como debería estar formada la Guardia Real. Siete campeones por los Señores de los Siete Reinos, quienes serían caballeros. Ella moldeó sus votos usando los de la Guardia de la Noche como ejemplo, por lo que iban a renunciar a todo salvo su deber para con el rey. Y cuando Aegon habló sobre realizar un gran torneo para elegir al primer Guardia del Rey, Visenya le aconsejó que él necesitaría guardias con más habilidad que sólo en armas para protegerlo; que también necesitaría inquebrantable lealtad. El Rey le confió a Visenya elegir al primer miembro de la orden, y la historia muestra que fue prudente al hacerlo: dos murieron defendiéndolo, y el resto le sirvió hasta el final de sus días con honor.

El Libro Blanco lleva el recuento de cada caballero que juró los votos, sus nombres y acciones: Ser Corlys Velaryon, el primer Señor Comandante; Ser Richard Roote; Ser Addison Colina, Bastardo de Maizal; los hermanos Ser Gregor Goode y Ser Griffith Goode; Ser Humfrey el Bufón, un caballero errante; y Ser Robin Darklyn, llamado Robin el Oscuro, el primero de muchos Darklyn que llevaron la capa blanca.

La “regla de seis” ahora formaba parte de las leyes, fue establecida por Rhaenys cuando se sentaba en el Trono de Hierro mientras el rey dirigía uno de sus proyectos. Una petición fue hecha por los hermanos de una mujer, que había sido golpeada hasta la muerte por su marido, después de que él la encontrara con otro. Él se defendió, notando debidamente, que era legal que un hombre castigara a una esposa adúltera (lo que era verdad, aunque en Dorne, las leyes difieren) sobre todo cuando él usó una vara no más gruesa que un dedo pulgar. Sin embargo, la había golpeado cien veces, según los hermanos, y éste no lo negó. Después de reflexionar con los maestres y septones, Rhaenys declaró que, aunque los dioses hicieron a las mujeres para que sean obedientes a sus maridos y que ellos pudieran atizarlas legalmente, sólo podrían recibir seis golpes—

uno por cada uno de los Siete, salvo el Extraño, que era la muerte. Por esta razón, ella declaró que noventa y cuatro de los golpes del marido habían sido ilegales y estuvo de acuerdo en que los hermanos de la mujer muerta pudieran emparejar esos golpes sobre el marido.

Habiendo establecido a los consejeros— quiénes, en los tiempos de Jaehaerys I formaron el concilio privado que aconsejaría a menudo al rey de ahí en adelante —Aegon el Conquistador dejó la gobernación diaria del reino a sus hermanas y estos consejeros de confianza. Mientras,, él trataba de unir al reino con su presencia—

para intimidar a sus súbditos y asustarlos (cuando era necesario).

Por medio año el rey voló entre Desembarco del Rey y Rocadragón, mientras la ciudad era su asiento real, la isla, que apestaba a azufre y agua salada, era el lugar que más amaba. Pero la otra mitad del año se dedicaba al progreso de la ciudad. Aegon viajó por todo el reino por el resto de su vida, hasta su último viaje en el 33

DC- ofreciendo sus respetos al Septón Supremo en el Septo Estrellado cada vez que visitaba Antigua, siendo invitado bajo el techo de los señores de las grandes casas (incluso Invernalia, en ese último viaje), señores menores, caballeros y posaderos comunes. El rey traía consigo un gran séquito que lo seguía donde quiera que iba; en uno de sus viajes, mil caballeros lo seguían, al igual que muchos señores y damas de la corte.

En estos viajes, el rey no sólo era acompañado por sus cortesanos sino también por maestres y septones por igual. Con frecuencia, seis maestres lo acompañaban para aconsejarle e informarle acerca de las leyes locales y tradiciones de los antiguos reinos, para que así pudiera gobernar con criterio en su corte. Antes de procurar unir el reino bajo un conjunto de leyes, el rey respetó las diferentes costumbres de cada reino y tratando de juzgar como lo habían hecho sus antiguos reyes. Desde la culminación de la Primera Guerra Dorniense hasta la muerte de Aegon en el 37 DC, el reino estuvo en paz, y Aegon reinó con sabiduría y paciencia. Le había dado al reino tanto “un heredero como un repuesto” por sus dos esposas: el mayor, el Príncipe Aenys, hijo de Rhaenys (muerta hacía mucho tiempo) y el menor, el Príncipe Maegor, hijo de Visenya.

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La corona de Aegon el Conquistador

Aegon murió donde había nacido, en su amada Rocadragón. Los reportes afirman que estaba en la Cámara de la Mesa Pintada, contándoles a sus nietos Aegon y Viserys los relatos de su conquista, cuando se detuvo y colapso. Fue algo fulminante, dijo el maestre, y el Dragón murió rápido y en paz. Su cuerpo fue quemado en Rocadragón como era costumbre de los Targaryen y los Valyrios antes de ellos.

Aenys, Príncipe de Rocadragón y heredero al Trono de Hierro, estaba en Altojardin cuando se enteró de la muerte de su padre y rápidamente voló en su dragón para recibir su corona.

Pero todos aquellos quienes sucedieron a Aegon el Conquistador en el Trono de Hierro encontraron un reino mucho menos sumiso a su dominio.

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