Capítulo 10 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El dragón se elevó sobre la torre pasando cerca del punto por el que Nahia acababa de conseguir ascender y los miró mientras agitaba sus enormes alas. No la había matado por muy poco. Nahia dejó escapar un largo y profundo resoplido de alivio. Estaba arriba y viva. No podía creerlo. Se había librado y no sabía cómo. De no estar exhausta, habría dado un salto y un grito de alegría, pero no podía hacer ni una cosa ni la otra, solo mover la cabeza le resultaba un esfuerzo descomunal de lo extenuada que estaba.
—Te dije que lo conseguirías —Maika se sentó a su lado cruzando las piernas y sonrió de forma tímida.
—Casi te da con las garras —dijo Ana e hizo un gesto con la mano de que se había librado de una buena.
Logan permaneció de pie mientras la miraba con expresión reservada.
—Me alegro de que lo hayas logrado —expresó tras un momento.
—Gracias… por tu ayuda… No lo habría conseguido si no me guías por la pared.
—No ha sido nada. Era lo menos que podía hacer. No iba a dejarte a tu suerte.
—Gracias a vosotras… también.
—De nada —le dijo Ana restándole importancia con la mano.
—Antes en la rampa nos has ayudado tú. Un favor se devuelve con un favor —dijo Maika con convencimiento.
—A ese… no le ha gustado que me ayudarais… —dijo Nahia que miraba a Irakas-Gorri-Gaizt sobrevolar la torre haciendo círculos.
—¿No os parece un enorme buitre sobrevolando la carroña? —preguntó Maika, que arrugó la nariz mostrando en su rostro pesadumbre.
—Somos personas, no carroña —replicó Logan con tono seco mirando también al dragón.
—No para los dragones, para ellos solo somos esclavos o alimento —se quejó Ana con voz agria.
—O soldados que mueren por ellos —expresó con rabia un chico con pecas y pelo rizado del color de la calabaza que les había oído.
Nahia miró alrededor sin apenas moverse. La mayoría del grupo estaban tumbados en el suelo o sentados, esparcidos por el tejado plano de roca de la torre. Descansaban y se recuperaban de la dura experiencia. El área en el que estaban era grande, mucho más de lo que Nahia se había imaginado mientras subía. Allí cabían un par de dragones. Se percató de que le costaba respirar. Se veía obligada a hacerlo de forma rápida y breve y le dolían los pulmones. Era un pequeño suplicio que deseó que pasara pronto. Una leve brisa fría los arrullaba y Nahia la agradeció. Le hizo sentirse mejor. Se quedó tendida en el suelo intentando recuperar el resuello y descansar su castigado cuerpo. El frío que hacía allí arriba consiguió calmarlo algo.
—Mirad dónde estamos, es impresionante… —comentó una chica delgada de cabello moreno rizado que estaba de pie señalando justo detrás de ellos, hacia el sur.
—Es horrible —expresó una chica rubia que se llevó las manos a los ojos.
Maika y Ana se levantaron y Logan se giró para mirar. Nahia hizo un esfuerzo y se puso de costado para intentar ver, pero no podía apreciar nada más que el final de la azotea donde estaban.
—Impresionante y horrible a la vez —opinó Maika con tono de angustia y ojos de inquietud.
—De aquí no hay escapatoria… —se dio cuenta Ana y suspiró.
Logan no dijo nada, pero su expresión era de preocupación.
—¿Qué sucede? —inquirió Nahia, que ya intuía que no era nada bueno.
—Mejor que te ayudemos a verlo. Desde ahí no podrás apreciarlo —Logan le hizo un gesto a Maika. Entre los dos cogieron a Nahia por los brazos y la alzaron.
—Oh… Vaya… —balbuceó ella.
Desde allí arriba podía ver el suelo bajo ellos en la parte posterior de la torre. Trazaba una forma circular irregular y acababa en un acantilado, pero no era uno normal, ni mucho menos. Al fondo del acantilado no se veían rocas en el suelo o agua de un mar o lago. Se veían nubes. Una masa blanquecina acolchada de nubes y más nubes que se extendía no solo alrededor del acantilado sino hacia el exterior cubriéndolo todo. La torre y el suelo que la rodeaba terminaban en un precipicio que daba a los cielos.
—Estamos… en el aire… arriba… —se dio cuenta Nahia.
—En uno de los reinos de los dragones en los cielos, sí… —confirmó Logan asintiendo.
—Es imposible… Eso son nubes y están más bajas que nosotros —Maika miraba con los ojos muy abiertos.
—Y allí a lo lejos, entre las nubes, se ve azul… —Ana apenas podía creer lo que estaban viendo y su expresión lo mostraba.
—Debe ser el cielo. Es… increíble —Maika sacudió la cabeza sin poder creerlo.
—Este lugar debe ser entonces una de las islas que flotan entre las nubes. Eso se dice donde yo me crie —razonó Logan.
—Sí… el brujo Drakónido que me llevó hasta Gorja me dijo que nos traerían aquí arriba —asintió Nahia—. No lo quise creer… bueno, deseé que no fuera cierto, más bien, pero veo que decía la verdad.
—Impresionante. ¿Cómo harán los dragones para que no se caiga? —Maika se preguntó en voz alta mientras se rascaba la coronilla con el dedo índice.
—Magia poderosa —replicó Ana con cara de horror.
—Entonces la niebla que nos rodeaba abajo y no nos dejaba ver, no era niebla en realidad. Eran nubes —dedujo Nahia.
Logan asintió.
—Eso parece —convino Maika.
—De aquí no se puede salir. Quien intente escapar caerá desde los cielos para morir en la tierra que nos vio nacer —Ana suspiró profundamente.
Nahia sintió que se desvanecía.
—Dejadme en el suelo, por favor. No me encuentro bien.
Maika y Logan la bajaron con suavidad.
—Reposa, te vendrá bien —dijo Maika. Le acarició la frente y sonrió.
—Gracias… —Nahia quería hacerlo, pero todo lo que había sufrido y descubrir que estaban en una de las islas en los cielos era demasiado.
—Es horrible… —continuaba diciendo Ana, que ahora lloraba. Maika se acercó y la abrazó.
—Todo irá bien. Seguimos vivas —dijo para animarla.
Poco a poco todos se fueron dando cuenta de dónde estaban y de lo que Ana ya había deducido: no había escapatoria. Si caer de la torre significaba la muerte, caer desde aquel lugar implicaba morir mil veces peor. Los rostros se fueron ensombreciendo y los espíritus apagando. Mientras todos intentaban asimilar lo que estaban descubriendo, Nahia se centró en recuperarse. No podía hacer nada sobre aquella situación en aquel momento, lo más inteligente era descansar e intentar sobrevivir. Que estuvieran allí arriba no quería decir que estuvieran muertos, al menos no todavía. Tenía que recuperarse para seguir viviendo. La fría brisa volvió y con ella se sintió mejor, aliviada.
Maika siguió el borde del acantilado con la mirada.
—Mirad allí —señaló a su izquierda.
—Parece que no somos los únicos infelices a los que han hecho escalar una torre —comentó Ana oteando hacia donde Maika apuntaba.
Logan también se volvió y miró. Su rostro reservado mostró algo de sorpresa.
Nahia hizo un esfuerzo desde el suelo para colocarse de lado y mirar en aquella dirección. Pudo discernir otra torre casi idéntica a donde estaban ellos. Un dragón la sobrevolaba al igual que lo hacía Irakas-Gorri-Gaizt. Sobre la parte superior había otro grupo de personas. Sin embargo, su aspecto era algo extraño. A Nahia le pareció que eran mucho más fuertes que ellos y una cosa la dejó muy desconcertada: tenían cuernos en la cabeza. Eso era de los más extraño. Entrecerró los ojos para intentar verlos mejor. Sí, algunos tenían cuernos como los de un toro, otros como los de un carnero… Era eso o debido al esfuerzo había perdido la razón.
—¿Quiénes son? —preguntó Ana.
—Yo diría que son Tauruk-Kapro —Maika observaba con la cabeza inclinada—. Por lo que sé tienen ese tipo de cuernos y son grandotes. No aprecio sus caras desde aquí, pero parecen enormes toros y carneros sobre dos patas… así que tienen que ser de la raza de los Tauruk-Kapro…
Logan asintió.
—No he visto nunca uno, pero lo que me han explicado sobre esa raza encaja con lo que estamos viendo.
—Son de lo más… intimidantes —Nahia les observaba y le transmitían una sensación de peligro.
—Dicen que son muy fuertes y que tienen mal carácter —explicó Maika—. Aunque puede que no sean más que rumores malintencionados.
—Fuertes parecen —midió Logan.
—Quizá sean buenos y solo tengan una apariencia ruda —deseó Ana, que se encogió de hombros.
—Ya, como los dragones… —replicó Nahia.
—Ahí vas a tener razón —cambió de opinión Ana.
—Si están sobre esa torre quiere decir que les sucede lo mismo que a nosotros —dedujo Logan—. Creo que pronto los conoceremos.
—¿Eso crees? —Maika se extrañó.
—No lo sé, quizá nos mantengan separados. ¡Quién sabe lo que los dragones traman!
—A nuestra derecha hay otra torre... con otra raza diferente sobre ella… —descubrió Maika, que seguía explorando los alrededores.
Nahia y Logan se giraron para mirar en esa dirección. Distinguieron lo que parecían seres humanos como ellos, solo que tenían algo semejante a alas plegadas a la espalda.
—Esos son Fatum, sin duda —afirmó Logan.
—Tienen que serlo, sí. Son los únicos que tienen alas entre todas las razas —estuvo de acuerdo Ana.
Nahia volvió a revolverse por el suelo hasta conseguir una posición que le permitiera verlos mejor sin ponerse de pie. Tuvo que mirar entre las piernas de varios de sus compañeros que también observaban las torres al este. Por lo que pudo distinguir, la torre era muy similar a la que habían escalado los Tauruk-Kapro. Se fijó en los Fatum y pudo comprobar que se parecían mucho a ellos, los humanos. Las dos diferencias mayores eran que tenían unas alas a la espalda similares a las de una mariposa o libélula y que tenían orejas más puntiagudas que las de los humanos. No podía vérselas desde tan lejos, pero distinguía algunas alas. Le pareció de lo más singular e interesante. Eran como humanos voladores, aunque en ese momento no pudieran hacerlo porque el dragón que volaba sobre su torre los aniquilaría y porque tenían las alas mutiladas, o eso se decía.
—Parecen primos nuestros —comentó Maika con tono animado.
—Si no fuera por las alas, pasarían por humanos —estuvo de acuerdo Logan.
—¿No parecen más delgados que nosotros? —preguntó Ana.
—Buena apreciación. Parecen más delgados y no tan altos —Maika se había llevado la mano a los ojos para ver mejor.
—Supongo que una raza que tiene alas y en algún momento pudo usarlas, por lo general, será gente ligera —razonó Logan mientras los estudiaba.
Nahia observaba a los Fatum sobre su torre y pensó en la razón por la cual los dragones habían construido varias de aquellas edificaciones. ¿Tendrían una por cada una de las razas? Podía ser pero ¿para qué? ¿Por qué no utilizar una por turnos si aquello solo era un ejercicio de iniciación? Quizá tuvieran otra función. El mundo de los dragones era todo un misterio para Nahia. Tendría que ir descubriéndolo si sobrevivía lo suficiente, cosa que dudaba, visto lo visto.
—Esto es un tanto extraño… —comentó pensativa.
—¿Te refieres a las otras razas? —Logan se volvió hacia ella.
—Sí, pero no solo eso. Me refiero a las torres, su localización y esta isla en el aire. Decidme, ¿qué veis abajo frente a nosotros?
—La gran perla blanca está en el centro, allí abajo —señaló Maika.
—¿Qué veis a su alrededor? —Nahia se sentía mejor pero sus fuerzas eran muy limitadas y decidió guardarlas por si acaso. No se puso en pie.
Maika y Logan estudiaron los alrededores de la perla desde la altura en la que estaban, acercándose al borde. Luego regresaron con Nahia.
—Hay seis torres alrededor de la perla —contó Logan—. Y están situadas a la misma distancia unas de otras. Crean un círculo completo.
—Y en cada torre hay subida una raza diferente —dijo Maika, que se llevó la mano a la barbilla y se quedó pensando.
—Hay más. Estamos en un área de tierra en círculo rodeado de abismo —explicó Logan.
—¿Otra isla? —Nahia se sorprendió.
—Casi, hay un puente que une este lugar con lo que parece un tramo de tierra más grande.
—Sí, al norte —asintió Maika.
—Y nosotros estamos al sur, ¿verdad? —Nahia no estaba segura.
Logan miró hacia el sol.
—Es difícil decirlo aquí arriba, pero yo diría que sí, estamos al sur.
—Entonces esto es como un puerto de llegada —razonó Nahia.
—Si consideras las nubes como si fueran el mar y el portal un barco, sí, es un puerto —sonrió Maika.
Logan hizo un gesto de que tenía cierto sentido.
—Ummm… parece que cada torre tiene una delante, al otro lado de la esfera —señaló Ana.
—Sí, y delante de la nuestra está la peor de las razas —comentó Maika.
—¿Los Drakónidos? —quiso saber Nahia.
—Esos mismos. No los veo muy bien por la distancia, pero son Drakónidos. Cabeza de dragón y escamas, eso sí puedo apreciar.
Logan asintió y cruzó los brazos.
—Están en la torre justo frente a la nuestra y un dragón los sobrevuela.
—Aunque sean fieles siervos de sus amos, parece que reciben el mismo trato que las otras razas —dedujo Ana.
—Eso tendré que verlo para creerlo —expresó Nahia, que imaginaba que tendrían un trato de favor por parte de los dragones.
—Al otro lado de la perla y a la izquierda está la torre con una raza de lo más interesante —comentó Maika.
Nahia ya miraba hacia allí. La curiosidad le podía. Una cosa era lo que había oído sobre las razas en su aldea y otra muy distinta verlas allí. Era como si la mitología se tornara realidad. Había rodado sobre sí misma y conseguido un ángulo de visión bastante aceptable entre las piernas de un chico moreno y alto. Lo que descubrió sobre la torre la dejó boquiabierta. Aquellos no parecían humanos, ni primos suyos en ninguna forma. Eran leones, tigres y panteras, solo que se mantenían sobre dos patas. Por un momento pensó que la posición desde la que miraba le estaba jugando una mala pasada. No podía ser que se mantuvieran de pie erguidos.
—Eso sí que es extraño e interesante. La raza felina —comentó Logan—. Siempre he pensado que no podían ser reales.
—Son los Felidae y por lo que parece, son bien reales —comentó Maika, que estiraba el cuello para verlos mejor.
—No puedo creer que estén erguidos como nosotros. Parecen tigres y leones de verdad —expresó Ana y se llevó las manos a las mejillas.
—Son una raza parte felina, parte humanoide —comentó Logan—. Dicen que son realmente fieros.
—Eso lo creo —afirmó Maika, que observaba con ojos entrecerrados.
—Yo no sé si quiero conocer a un león o tigre andante… —comentó Ana—. Igual me come la cabeza…
—Esperemos que no —deseó Nahia, que entendía muy bien el temor de Ana.
—Son una raza esclava como nosotros, no serán tan diferentes… —expresó Maika.
Logan no dijo nada ni en un sentido ni en el otro y se limitó a estudiarlos desde la distancia.
—Pues nos queda la raza más singular de todas, en mi opinión —expresó Maika y señaló a la torre a la derecha al otro lado de la perla.
Nahia se movió en el suelo buscando alguna forma de verlos. Apartó con la mano los pies de una chica que se había puesto delante para mirar.
—Los Escarlatum —afirmó Logan.
Nahia consiguió por fin vislumbrarlos. Lo primero que le sorprendió fue que tenían la piel de diferentes tonalidades de rojo purpúreo intenso y lo segundo los cuernos, curvados y puntiagudos. Su fisonomía era similar a la de los humanos. Le parecieron extraños y llamativos.
—Dicen en mi aldea que nunca debes fiarte de ellos —comentó Maika.
—¿No? —Nahia no sabía gran cosa sobre esa raza. Por lo que su abuela le había contado eran listos y atractivos. Todo lo contrario que los Tauruk-Kapro.
—Son muy buenos embelesando y embaucando —afirmó Ana—. O eso se dice.
—Quizá solo tengan mala fama, mejor no apresurarnos a sacar conclusiones —pidió prudencia Logan.
—Las fábulas y la mitología tienen base real, deberías hacerles caso —aconsejó Maika.
Logan inclinó la cabeza y no dijo más.
—Ahora que lo pienso… faltan dos razas, ¿verdad? —preguntó Nahia—. ¿Veis otras dos torres?
Maika y Logan miraron alrededor.
—No, solo seis torres —confirmó Maika.
—Con seis razas —continuó Logan.
—¿Y las otras dos?
Maika se rascó la coronilla pensativa.
—Por lo que tengo oído los dragones no usan a los Tergnomus y a los Exarbor para la guerra.
—¿Y eso? —a Nahia le extrañó—. ¿Por qué a ellos sí y aquellas dos razas no?
—Los Tergnomus son muy pequeños, los dragones los desprecian por su reducido tamaño. No son buenos luchadores, así que los usan principalmente para la minería, que se les da muy bien —explicó Logan.
—A los Exarbor también desprecian por su lentitud —dijo Ana—. Son una mezcla entre un árbol y un humano. Viven mucho tiempo, pero son muy lentos y apenas tienen agilidad. No sirven para la guerra y se prenden fuego con demasiada facilidad.
Nahia inclinó la cabeza.
—Tiene su sentido. Bueno, desde el punto de vista de un dragón, quiero decir.
—Un punto de vista horrible —dijo Ana.
Nahia y Maika asintieron. En eso estaban todos de acuerdo.
«Ha llegado el momento de bajar de la torre. Todos preparados» llegó el mensaje de Irakas-Gorri-Gaizt por sorpresa. Varios perdieron el equilibrio y se cayeron sobre el suelo de la azotea. Por fortuna, ninguno se fue abajo.
—Oh, no… —Nahia sintió que se le atenazaba el estómago. No le quedaban fuerzas para bajar.
El dragón rojo comenzó a descender de los cielos y sin avisar se dirigió al centro de la torre, donde estaban todos.
—¡Apartaos! —avisó Logan al ver que el dragón iba a aterrizar sobre ellos.
—¡Corred! —gritó Maika señalando el descanso del dragón.