Capítulo 13 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
La comitiva con los seis grupos de elegidos de aquel año entró en la gran plaza de armas frente al majestuoso castillo. Según llegaron frente al colosal edificio, los dragones se fueron situando tres a cada lado de las grandes puertas de oro. Irakas-Gorri-Gaizt se situó a la izquierda siguiendo el orden en el que llegaban. Se detuvo y se giró por completo encarando a sus humanos. Parecía querer asegurarse de que sus polluelos estaban todos allí.
«Formad donde estáis y guardad silencio absoluto. Os quiero a todos como estatuas de piedra. El que me deshonre aquí morirá al instante» envió y se quedó con la cabeza alta, erguido y dando la espalda al colosal castillo.
Siguieron la orden con rapidez y permanecieron tan estoicos como les fue posible. Nahia les indicó a Maika y Logan que no la sujetaran, no quería correr riesgos y que el dragón los incinerase. Por fortuna, algo de vitalidad había regresado a su cuerpo y pudo mantenerse de pie y quieta. Maika y Logan la miraban de reojo por si necesitaba ayuda, pero ella les dijo con la mirada que estaba bien para no asentir y que se considerara que se había movido.
Vieron que el resto de los grupos se colocaba también de la misma manera. Los otros dragones debían haber dado la misma orden. Los seis grupos formaron, tres a cada lado de las puertas, dejando diez pasos de separación entre ellos. Nahia miró y vio que tenían a los Tauruk-Kapro a su izquierda y a los Fatum a la derecha. Al otro lado de las puertas formaban los Felidae, luego los Drakónidos y por último, los más alejados, los Escarlatum.
Todos aguardaron en silencio. Nahia observó alrededor y se dio cuenta de que todos los grupos tenían un número parecido de integrantes. Si la vista no le engañaba, los componían alrededor de dos decenas por cada grupo, después de las bajas que habían sufrido en la llegada. No había una raza que tuviera un número mayor o menor que fuera significativo y eso le pareció curioso. ¿Sería coincidencia o habría un motivo por el que aquello era así? No lo sabía. Ni siquiera sabía si las poblaciones de las diferentes razas eran parecidas o había mucha diferencia entre unos y otros. Se dio cuenta de que sabía muy poco de Kraido y sus razas y mucho menos de los dragones y sus reinos entre las nubes. Todo aquello siempre le había parecido lejano cuando estaba en su cabaña con su querida Aoma. Nunca le había dado mucha importancia ya que en realidad no la tenía en lo que era su tranquila vida. Ahora se veía en medio de aquella pesadilla y todo lo que nunca la preocupó por sentirse a salvo y alejada, comenzaba a tener importancia.
Las puertas del solemne y radiante castillo se abrieron sin hacer el más mínimo ruido, como si no pesaran y no rozaran la roca del edificio o el suelo, y un dragón enorme surgió del interior. Era rojo con vetas lilas que le bajaban por una espalda crestada y de un tamaño imponente, bastante más grande que Irakas-Gorri-Gaizt, de cerca de cincuenta varas de longitud. Su aspecto intimidaba, no solo por su enorme tamaño sino por su cabeza, con cuernos largos que se curvaban hacia atrás y unos ojos rubíes que parecían arder. Con él iba otro dragón de color blanco con vetas también lilas en los costados. Era algo más pequeño, pero también más grande que Irakas-Gorri-Gaizt, de unas cuarenta y cinco varas de longitud. Ambos eran magnificentes y terroríficos al mismo tiempo.
El dragón rojo se detuvo frente al castillo sin entrar en el patio donde todos formaban y soltó un profundo rugido seco y corto, como para llamar la atención hacia su persona, como si fuera a anunciar algo. El otro dragón se detuvo a su lado y también rugió una vez. Parecía que pedía atención para el dragón rojo.
«Bienvenidos a Drakoros, Academia de los Sangre de Dragón. Soy el coronel Lehen-Gorri-Gogor líder ejecutivo de esta institución de formación marcial. Mi parecer es la ley, la vida y la muerte aquí. A mi lado está el comandante Bigaen-Zuri-Indar, segundo al cargo en la dirección de esta escuela ilustre, afamada y con larga tradición militar» envió el dragón rojo junto a un fuerte sentimiento de autoridad que obligó a todos a encogerse.
El dragón blanco soltó un rugido tremendo, seco y corto, presentándose.
El coronel los miró a todos con su intensa mirada de fuego y levantó la cabeza para volver a dirigirse a ellos.
«Soy un dragón milenario. Ahora no entendéis qué significa eso, pero lo haréis. Soy duro, inflexible y me rijo por la más pura disciplina. También soy justo, aunque eso vuestras inferiores mentes es más que probable no lo lleguen a comprender. La disciplina es imperativa aquí. Seguiréis toda orden de un dragón, sea cual sea su rango, sin la más mínima dubitación. Aquel que rompa esta simple regla, morirá. No hay excepciones. Aquel que sea disciplinado y cumpla con todo lo que se le ordene al instante, puede que sobreviva. La formación que se os impartirá en esta academia es marcial y aprenderéis a servir a vuestro propósito en los ejércitos de los dragones».
Nahia miró a Ana y Maika. En sus ojos vio que, al igual que ella, se temían lo peor. Aquellos dos dragones eran terribles y el mensaje del líder de la academia no les proporcionaba tranquilidad, precisamente. Ana tenía los ojos húmedos. El único que parecía entero era Logan, que fruncía el ceño.
«Estáis desorientados, angustiados, afligidos. Es natural pues os acaban de arrancar de vuestras tranquilas, pacíficas e insignificantes vidas para traeros a servir a este insigne y glorioso lugar. En esta academia se estudia la Senda de los Dragones y se domina el arte de la guerra y la conquista. Debéis entender que es un honor enorme el que se os hace dándoos la oportunidad de formaros aquí. Pocos son los de nuestra sangre, los elegidos entre las razas inferiores que tienen el privilegio de servirnos. Cuanto antes lo entendáis y lo aceptéis, mejor será para vosotros, eso os permitirá sobrevivir en este lugar. Aquellos que se nieguen o tengan dificultades para aceptar este honor, este destino de gloria que se abre en vuestras insulsas vidas, perecerán. Eso puedo aseguráoslo. Este es un lugar de gloria, pero también de muerte, pues ambas siempre estarán unidas. No hay gloria sin muerte y así lo marca la Senda».
El mensaje del dragón les llegó a todos no como una amenaza, sino como si se les hiciera en verdad un halago y se les presentara un futuro glorioso en la guerra al servicio de los dragones y muriendo por ellos. Nahia se dio cuenta de que el dragón rojo usaba el poder de su mente para que el mensaje calara en ellos de forma más profunda, casi como si lo que decía fuera una verdad inquebrantable, pero ella sabía que no era así. Los habían llevado allí para que lucharan, mataran y murieran por ellos. Eso no era un honor ni era glorioso, ese mensaje no lo iba a aceptar nunca. Si eso significaba que sus opciones eran mínimas y que iba a morir en aquel lugar, lo aceptaba. Lucharía para que no fuera así, pero no se iba a dejar convencer.
«Habéis completado la Escalada, nuestro pequeño ritual de bienvenida. Parece que algunos han perecido y otros han resultado heridos. Eso no me complace. Muestra debilidad y si algo odia un dragón es la debilidad. Por fortuna para vosotros, elegidos de la sangre de dragones, en esta academia convertiremos vuestra debilidad en fortaleza… o pereceréis en el intento. Eso queda en vuestras manos».
Al recibir el mensaje y el sentimiento de advertencia, Nahia tensó su cuerpo pese al cansancio y el dolor que sentía. No quería parecer débil, ni lo más mínimo, o su existencia se acortaría de modo brusco.
«Tras las presentaciones, lo primero que haremos será formar las escuadras. Capitanes de Escuadra, explicadles lo que significa» envió el coronel.
Irakas-Gorri-Gaizt levantó la cabeza, irguiéndose, y les envió un mensaje.
«Una escuadra es la unidad militar más pequeña. En el ejército de los dragones una escuadra está formada por tres dúos, o lo que es lo mismo, seis integrantes. Formaréis como una escuadra durante todo el tiempo que estéis en la academia y cuando finalicéis la formación combatiréis como una escuadra en los campos de batalla».
Nahia miró de inmediato a Ana, Maika y Logan y ellos la miraron de vuelta. Nahia les hizo un gesto con la cabeza, indicando que ellos cuatro podrían formar un grupo. Ana puso expresión de que esperaba que sí y Maika asintió ligerísimamente y le sonrió. Logan asintió también muy levemente, aunque estaba serio. No fueron los únicos que ya buscaban agruparse. Las miradas y gestos eran claros. Nahia calculó que había tres escuadras allí y un par de personas adicionales que quedarían descolgadas. Deseó con toda su alma no ser una de las descolgadas y que le tocara con Ana, Maika y Logan.
Nahia se percató de que el resto de las razas también lo estaban haciendo de la misma manera.
El comandante soltó un rugido profundo y tremendo anunciando que iba a pronunciarse.
«Es probable que algunos de vosotros hayáis hecho ya pequeñas amistades en vuestro periplo hasta llegar aquí. Seguro que estáis pensando que formaréis escuadra con vuestros nuevos amigos… Esa mentalidad es de seres inferiores y débiles. Capitanes, explicadles cómo se forman las escuadras en el ejército de los dragones».
Irakas-Gorri-Gaizt levantó la cabeza de nuevo.
«Las escuadras se forman con un componente de cada raza, y la elección de los integrantes será al azar».
—¡No! —se le escapó a Nahia.
Ana abrió mucho los ojos y se quedó con expresión de estar en shock.
—¿De cada raza? —Maika miraba hacia los otros grupos con cara de estupor.
Logan se mordía el labio inferior.
Un murmullo de protesta y desasosiego siguió al anuncio. Uno que partía de los seis grupos.
«¡Silencio! ¿Quién os ha dicho que podéis hablar, seres inmundos?» envió Irakas-Gorri-Gaizt con un sentimiento de furia que les golpeó la mente como si fuera una barra de hierro candente.
Nahia sintió que se ahogaba. Aquello no podía estar pasando, no podían separarla de sus amigos. No solo era desalmado, no sobreviviría sin ellos a su lado. Los miró con ojos llenos de angustia. Los tres estaban tan descolocados e inquietos como ella.
Esta vez quien habló fue el comandante.
«Comencemos con la formación de escuadras. El primero por la derecha de cada línea primera que dé un paso al frente» ordenó el dragón blanco con un mensaje de orden directa y un sentimiento de que no podía ser de otra forma.
Para asegurar que no había ninguna confusión, Irakas-Gorri-Gaizt envió un mensaje mental al chico que debía dar el paso adelante. Fue evidente porque se le fue la cabeza hacia atrás y al momento se movió. En los otros grupos de las otras razas se repitió la misma situación.
«Muy bien. Vosotros seis formaréis la primera escuadra. Situaos tras los grupos en formación de tres por dos. No habléis ni os mováis» ordenó el comandante.
Los seis obedecieron mientras todos observaban de reojo, sin levantar la mirada. Cuando formaron en dos hileras de tres, todos pudieron apreciar lo diferentes que eran las razas entre sí. El Tauruk-Kapro era más alto y fuerte que los demás, seguido por el Felidae y el Drakónido. El humano y el Escarlatum eran de parecida altura y fortaleza. El Fatum era el que menos fortaleza física tenía.
«Bien, continuemos. Que dé un paso al frente el siguiente continuando por la izquierda en la fila de formación».
De nuevo Irakas-Gorri-Gaizt no permitió duda alguna y envió el mensaje al chico pelirrojo que debía dar el paso al frente. Así lo hizo tras un momento de desconcierto y luego se juntó con los otros cinco de las otras razas para formar la escuadra.
El proceso continuó y los llamados fueron dando un paso al frente para retirarse a formar su escuadra. Le llegó el momento a Logan, que estaba a la derecha de Nahia. Recibió el mensaje mental de Gorri, pero apenas movió la cabeza. Se giró hacia Nahia, Maika y Ana.
—Hay que sobrevivir —les susurró y marchó a formar su escuadra.
Al verlo marchar Nahia sintió que el corazón se le caía por un pozo negro sin fondo. Una tristeza enorme y un vacío en el estómago la asaltaron. Logan ya no estaría con ella y de pronto se sintió indefensa. Sin su ayuda, ¿cómo iba sobrevivir allí?
—Tranquila, lo lograrás —le susurró Maika como si le estuviera leyendo los pensamientos.
Y le llegó el turno a ella.
«Paso al frente, humana» envió Irakas-Gorri-Gaizt.
Nahia aguantó bastante bien el mensaje mental y dio un paso al frente. No quiso ni mirar a los otros grupos para ver con quién le había tocado. Lo iba a descubrir en un momento, así que prefirió no preocuparse.
«A formar, dos filas de tres» envió Irakas-Gorri-Gaizt.
Antes de moverse, Nahia soltó un suspiro profundo. Se armó de valor y fue a formar con su escuadra, temiéndose lo peor. Avanzó al lugar en el que debían formar despacio, dejando que los demás fueran antes. No tenía prisa ni ganas de integrarse en aquel grupo, quería estar con Ana, Maika y Logan, no con aquellos cinco desconocidos de razas extrañas.
Vio que el Tauruk-Kapro se había situado en la mitad de la primera fila. Era enorme y fortísimo. Según Nahia se acercó a él pudo constatar que le sacaba la cabeza y parte del torso. Tenía un aspecto de lo más temible con aquellos cuernos de toro y rostro bestial. No le miró mucho por si acaso. A su derecha se puso el Drakónido, era como todos los que había visto antes y no le llamó tanto la atención. A la izquierda se situó el Felidae. Este sí que le sorprendió y mucho. Era un tigre blanco, casi albino, precioso. A Nahia le dio la impresión de que era chico.
Los rodeó y vio que detrás formaba en un lado el Fatum, era sin duda una chica y muy guapa. Tenía el pelo moreno, liso y largo atado en una coleta. Nahia no pudo evitar mirar las alas que llevaba plegadas a la espalda. En el otro extremo de la línea de tres estaba el Escarlatum y tampoco había duda de que era una chica porque era no solo muy guapa sino que muy atractiva. Nahia se situó en medio entre las dos y no dijo nada. Se quedó mirando a la inmensa espalda del Tauruk-Kapro que tenía delante y no le dejaba ver nada de lo que pasaba al frente.
La asignación de escuadras continuó hasta que todos tenían la suya. La última, quedó con solo cuatro miembros, ya que los números de ese año no daban. Nahia se preguntó qué pasaría con ellos, pero enseguida obtuvo la respuesta.
«Parece que este año tenemos una escuadra con dos miembros menos. Eso es algo que la pone en desventaja, por lo que se le asignará a dos miembros de segundo año que han estado parte del año pasado en enfermería» informó el comandante.
Nahia no quiso saber por qué razón aquellas personas de segundo año habían pasado casi todo el año en la enfermería. Caerse de una torre y romperse un montón de huesos le vino a la cabeza. Por otro lado, no los habían matado, y eso era raro, siendo aquellos dragones tan desalmados y despiadados como eran. Debía haber alguna razón que intentaría averiguar, más que nada porque le daba un poco de esperanza que no todos los caminos llevasen a la muerte en aquel lugar, aunque la enfermería no era precisamente donde ella quería terminar.
El coronel Lehen-Gorri-Gogor tomó la palabra de nuevo.
«Una vez asignadas las escuadras, es momento de que entendáis cómo funciona esta ilustre academia marcial. Este es un lugar de formación y adiestramiento militar. Estáis aquí para aprender el arte de la guerra y convertiros en Brujos de Dragón. Os formaréis en el manejo de magia de dragón y armas. Os advierto desde ahora que no será nada fácil. Todos los años suele haber bajas, es inevitable. Es un adiestramiento que requiere de máxima concentración y esfuerzo. Los que no ponen el empeño exigido o son inadecuados, no sobrevivirán al adiestramiento. Os formaréis durante los tres próximos años. Al final de cada uno habrá una ceremonia de graduación. Los que obtengan los galones en sus disciplinas y el privilegio y oportunidad de graduarse, pasarán una prueba final que será una prueba real en el campo de batalla, en territorio enemigo. Los que completen la prueba y sobrevivan, se graduarán. Los que no, como el resto que vayan pereciendo en la Senda durante el año, no serán más que ceniza al viento» envió con un sentimiento de advertencia mezclado con peligro.
Nahia negó con la cabeza con el ánimo muy decaído. Tenía que formarse en matar a otros, que era lo último que hubiera querido hacer en la vida, y sobrevivir a la formación, que ya le quedaba claro que podía acabar con ella de manera fácil y en cualquier momento. Además, si por una gracia del destino conseguía llegar al final del año, la iban a enviar a territorio enemigo. Era de locos. ¿Cómo iba ella a sobrevivir en una zona de guerra? ¿Por qué les iban a enviar a territorio enemigo siendo unos infelices novatos? Una cosa era entrenamiento duro y otra enviarlos a la muerte de cabeza. Se sintió perdida. Aunque sobreviviera al curso, algo que le parecía imposible, ¿cómo iba a sobrevivir a una misión real de guerra? Decidió no pensar más en ello porque cuanto más lo hacía peor y más desmoralizada se sentía.
«Comandante Bigaen-Zuri-Indar. Finalice la presentación» ordenó el coronel.
El gran dragón blanco rugió y se irguió.
«Tenéis mucho que asimilar. Reflexionad y preparaos para un futuro glorioso al servicio de vuestros señores o la muerte. Vuestra es la elección, la única de la que dispondréis siempre. Con el amanecer comenzará vuestra formación. Estad preparados».
El mensaje lapidario del comandante dejó a Nahia con el estómago revuelto. ¿Asimilar aquello? ¿Prepararse? Le parecía una broma despiadada. Iba a morir y su presentimiento se cumpliría. Sí, eso era lo que iba a suceder y no iba a poder evitarlo.
El coronel Lehen-Gorri-Gogor se dio la vuelta y se dirigió al interior del gran castillo.
El comandante Bigaen-Zuri-Indar se dirigió a todos.
«Los barracones son los tres grandes edificios rectangulares junto a la muralla este, a vuestra izquierda. El de los de primer año es el edificio más alejado. Los otros dos son el de segundo y tercer año. Quizá un día podáis usarlos, quién sabe. Por ahora id y tomad aposento en el que os corresponde. Cada escuadra que elija una habitación, hay de sobra puesto que este año no sois muchos. Con la primera luz comenzará vuestra formación. Estad preparados y recordad: solo los fuertes y de mente despierta sobreviven en Drakoros. Id, ahora».
El mensaje llegó como una orden directa que casi se vieron físicamente obligados a seguir. Las escuadras comenzaron a moverse y la de Nahia también. El Drakónido de la suya se adelantó y los demás le siguieron. Cruzaron la plaza de armas hasta llegar al barracón de primer año. Era también de un tamaño descomunal, con tres pisos de altura y muy amplio. La puerta era curva y de tamaño de dragón, lo que permitió que pudieran acceder en tropel.
Una vez dentro se encontraron con un gran vestíbulo y unas escaleras a derecha e izquierda para subir a los pisos superiores. Nahia se fijó en que para ser unos simples barracones para novatos, también estaban muy ornamentados en el interior. Las paredes tenían runas de colores plateados y las ventanas tenían adornos también argénteos.
Varias escuadras subieron por las escaleras, unos a derecha y otros a izquierda. Sin embargo, el Drakónido de su escuadra que iba liderando al grupo de Nahia avanzó recto por el amplísimo pasillo, por el que cabían fácil dos dragones grandes. Los techos eran altísimos, de más de quince varas de altura. Nahia volvió a sentirse una enana en un mundo de gigantes. El Drakónido buscó la primera puerta a la derecha y la abrió, pero ya había una escuadra en el interior. Se volvió y buscó la puerta de enfrente. Esta estaba vacía.
—Es la nuestra —dijo en el lenguaje común de Kraido y entró.
Los demás lo hicieron detrás de él mientras el resto de las escuadras se desperdigaba por el descomunal barracón.
—Hemos conseguido la habitación más cercana a la puerta. Seremos primeros —dijo el Drakónido orgulloso.
El resto de la escuadra no pareció compartir su entusiasmo por la habitación, pero nadie dijo nada.
Nahia suspiró. Todo estaba saliendo mal. Se consoló pensando en que al menos no había dragones allí adentro.