Capítulo 19 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Salieron del comedor y entraron en la plaza de armas. Se detuvieron a mirar alrededor y comprobaron que mucha gente salía a la carrera y había algo de caos.
—Parece que llaman a todos —comentó Nahia.
—Vayamos al estandarte de la llama —dijo Taika señalando el cuadrante superior izquierdo de la inmensa plaza donde esperaba Irakas-Gorri-Gaizt. La gran llama que había creado seguía en pie y ardiendo.
—Me pregunto por qué habrá elegido ese sitio en concreto —comentó Lily.
—Porque es el más alejado del castillo —respondió Dafne.
—Las decisiones de los amos no se cuestionan y mucho menos las de nuestro capitán y líder —amonestó Aiden con tono serio.
—Deberías tomarte la vida con un poco más de serenidad —aconsejó Ivo.
—No necesito consejos sobre cómo debo actuar, lo sé perfectamente.
—Ya, por eso te dan ataques y luego no recuerdas la mitad de lo sucedido —dijo Dafne con tono sarcástico.
Aiden le lanzó una mirada de odio. Nahia se percató entonces de la similitud que tenían los Drakónidos con los dragones.
—Tengamos paz —dijo para que no escalara la conversación.
—Vayamos antes de que nuestro líder pierda la paciencia —sugirió Taika.
Aiden echó a correr como si le persiguiera una jauría de monstruos hambrientos y los demás lo siguieron. Llegaron a la carrera y junto a ellos las otras dos escuadras de su color.
«Formad ante vuestro líder y atended» envió Irakas-Gorri-Gaizt con un mensaje de dolor. El sentimiento de que no estaba contento lo siguió.
Todos formaron en el orden y posición que debían. Se quedaron quietos y prestaron toda su atención al líder del Escuadrón Rojo.
«Antes de partir a vuestra formación hay un concepto que debéis entender y asimilar. Vuestra escuadra lo es todo. Os formaréis, comeréis, dormiréis, sangraréis, moriréis o viviréis con vuestra escuadra. Desde este momento en adelante vuestra escuadra es vuestra vida. Espero haberme expresado con claridad».
Nadie dijo nada, pero el mensaje llegó con un sentimiento de que era una verdad inalterable, así que todos lo interiorizaron como tal.
«Llega el momento de comenzar la formación. La hay de índole mágico y marcial y ambas son igual de importantes. Debéis dominarlas por igual. El fracaso en la formación no se tolera. Todo aquel que no sea capaz de asimilar las enseñanzas, morirá. Recordadlo bien».
A Nahia el mensaje no le sorprendió lo más mínimo. Los dragones no perdonaban ningún error y por supuesto no iban a tolerar el fracaso. El castigo era siempre el mismo: la muerte. El momento de descanso que habían tenido en el barracón y en el comedor era solo un espejismo. Volvían a estar en peligro y lo peor de todo era que estaba claro que sería así todo el año. Cada día tendrían que enfrentarse a las clases y esforzarse por no fracasar y morir. Aquello iba a ser una agonía y Nahia iba a tener que sufrirlo. Ella y todos sus compañeros.
«Os dirigiréis a la Plaza de la Senda. Está situada detrás del castillo, es circular y de color plateado. En medio de la plaza hay una fuente y alrededor encontraréis a unos Exarbor. Ellos os indicarán qué formación tenéis hoy y a dónde debéis ir. No entréis en el castillo para cruzar, no sois dignos de pisar su suelo. Está prohibido. Rodeadlo. Al castillo solo podéis entrar con un líder y cuando se os diga».
Nahia no tenía ninguna intención de entrar en el castillo, donde había visto que estaban el coronel y el comandante, además de seguramente otros oficiales. Mejor no acercarse ni de lejos.
«Marchad y no fracaséis. Recordad que estar aquí y ser formado es un privilegio y un honor que se os ofrece. Mataros es solo una pérdida de tiempo para todos».
Tras aquel fatídico mensaje, las tres escuadras marcharon hacia el castillo. La de Nahia iba la primera pues de nuevo Aiden salió en cabeza a paso ligerísimo, como si dieran algún premio por ello. Tras un momento ya marcaba un paso muy rápido que los demás intentaban seguir, aunque en realidad eso de marchar no lo hacían nada bien.
—¿Puedes ir más despacio? No hay tanta prisa —dijo Dafne.
—Sí que la hay. Hemos recibido una orden y debemos cumplirla de inmediato —respondió Aiden con tono de indignación.
—Si perdemos el paso tampoco vamos a quedar bien —intervino Lily.
—Tenemos que ser los primeros, debemos llegar antes que las otras escuadras —insistió Aiden.
Nahia miró hacia atrás intentando no perder el ritmo del paso y vio que las otras escuadras les seguían, compitiendo por alcanzarles. De la misma forma que Aiden tiraba de ellos, los Drakónidos de las demás tiraban de las suyas. Aiden no era el único que tenía metidas en la cabeza aquellas enseñanzas de total obediencia a los dragones y sus órdenes.
Cruzaron la inmensa plaza de armas y pasaron frente a dos de las torres junto a la alta muralla oeste. Sobre ambas había un dragón haciendo labores de vigilancia. Nahia se preguntó con qué finalidad. No había nadie que pudiera llegar hasta allí. Estaban en una isla flotante entre las nubes, nadie podía atacar allí arriba. Luego pensó que quizá aquellos dragones no vigilaran para prevenir un ataque de las razas esclavas, sino para evitar un posible ataque de otros dragones. Los clanes rivalizaban por conseguir el poder y aquel reino era neutro, tal vez esa era la causa. O simplemente los vigilaban a ellos, por si intentaban algo.
Pasaron rápido por el costado del castillo, que si bien no era tan elegante y magnificente como la fachada principal, sí que era muy largo. La enorme amplitud de aquel edificio hizo que la carrera por llegar a la Plaza de la Senda se intensificara. La Escuadra Ardiente les pisaba los talones y la Candente apretaba para sobrepasar a ésta. Aiden era muy consciente y los llevaba volando.
Rodearon el castillo siguiendo el costado este del gran edificio y llegaron a la parte posterior. Los dejó sin habla. Un nuevo mundo se abrió ante ellos. Había una gran plaza plateada con una fuente en medio y tras ella una docena de descomunales edificios. No sabían para qué eran, pero su tamaño y el de toda la parte posterior del castillo era inmensa.
Nahia observaba en todas direcciones intentando captar todo aquello, pero era tan grande y majestuoso que le era imposible. Lo que le vino a la cabeza era quién había construido todos aquellos edificios enormes y magnos. Y no solo los edificios, también la gran muralla que los rodeaba y que parecía no tener fin, así como las atalayas que continuaban hacia el norte junto a las murallas.
Aiden miró atrás y vio que tenían a las otras escuadras pegadas.
—Rápido, que nos van a pasar —urgió a sus compañeros con gestos de velocidad.
—Pero qué pesadito que es… —se quejó Dafne con respiración entrecortada.
—Ni que dieran deliciosos platos de comida —comentó Ivo, que gracias a sus enormes zancadas no tenía tantos problemas para seguir al Drakónido.
Lily negaba con la cabeza.
Aiden se dirigió a la plaza circular de color plateado que tenía runas y símbolos grabados en todo su contorno. Una fuente con un alto géiser en el medio lanzaba agua hacia los cielos a más de quince varas de altura.
Llegaron hasta ella y vieron a seis Exarbor que la rodeaban con sus espaldas hacia ella. Cada uno llevaba un peto de un color diferente. Aidan se acercó al primero para hacerlo más rápido. El Exarbor lo miró, levantó un largo dedo con hojas y lo movió indicando que no.
—¿Qué? ¿Cómo qué no? —Aiden se quedó contrariado.
—Tienen petos de colores. Creo que debemos hablar con el Exarbor que porta el peto de nuestro color —razonó Taika, que observaba el remolino de gente que se estaba formando según llegaban el resto de las escuadras.
—Sí, creo que tienes razón —comentó Dafne y se fue desplazando para observar a los seis Exarbor situados alrededor de la fuente.
—¿Dónde está el rojo? —preguntó Lily.
—Aquí, al otro lado —dijo Dafne.
—Pue vamos con él —afirmó Aiden y se fue corriendo, adelantando a las otras dos escuadras rojas que estaban haciendo el mismo razonamiento.
Nahia siguió a sus compañeros. Aquel mundo le resultaba tan extraño que se sentía perdida. Sin embargo, al ver a todas las escuadras yendo de un lado a otro alrededor de la fuente, buscando su Exarbor, se dio cuenta de que todos estaban igual. Se sintió un poco mejor.
—Escuadra Ígnea del Escuadrón Rojo —se presentó Aiden hablando muy rápido para hacerlo antes que el Drakónido de los Ardientes, que ya llegaba.
El Exarbor con el peto rojo comenzó a consultar un tomo enorme que tenía entre las manos con forma de rama.
—Rápido, que no queremos llegar tarde —urgió Aiden.
—No seas obtuso, déjale hacer su función en paz —regañó Dafne.
—Además, por mucho que le presione, los pobrecitos arbolitos pensantes no creo que puedan ir más rápido de lo que van —dijo Lily.
Aiden les lanzó a las dos una mirada de enojo.
—Escuadrón Rojo… Primer día semana… Magia de dragón básica… Edificio de las Artes Arcanas... Aula roja.
Todos se quedaron perplejos ante las palabras del Exarbor.
—¿Magia de dragón básica? —preguntó Dafne enarcando una ceja.
—¿Edificio de las Artes Arcanas? —Aiden miraba hacia el norte, donde estaban los edificios, intentando localizarlo.
—¿Cuál de los edificios que vemos es? —preguntó Taika.
El Exarbor no se inmutó por las preguntas atropelladas y con su tranquilidad innata explicó.
—Es el edificio… con fachada de plata… y una esfera blanca… sobre su azotea. No tiene… pérdida.
—Allí, en medio de aquella plaza —señaló Lily con su dedo índice terminado en una uña estilo garra roja y fuerte.
Todos miraron e identificaron el edificio de inmediato.
—Tiene que ser ese, sí —afirmó Aiden, que ya se disponía a partir.
—¿Todas las escuadras del Escuadrón Rojo deben ir ahí? —preguntó el Drakónido de la Escuadra Ardiente, que estaba escuchando tras Aiden.
—Sí, todas… los escuadrones se forman juntos… Todas las escuadras de un escuadrón tienen siempre… la misma clase —explicó el Exarbor.
—Oh, de acuerdo —asintió el Drakónido e hizo una seña a sus compañeros, que estaban escuchando algo más atrasados. Se dieron la vuelta y corrieron hacia el edificio.
—¡Maldición, nos adelantan! ¡A la carrera todos! —Aiden echó a correr tras ellos.
—Este cabeza de dragón es insufrible —negó gesticulando Dafne.
—Algo de razón no te falta —convino Lily, que también negaba con la cabeza.
Aiden intentó llegar primero él solo, pero las otras dos escuadras que estaban tras ellos se le adelantaron. Se quedó en la puerta esperando a la suya y maldiciendo en su lenguaje. Nahia agradeció no entender qué decía porque seguro que lindezas no eran.
Entraron los terceros e Ivo se puso al lado de Aiden.
—No es quien más corre el que llega primero, es quien más piensa. Y quien más piensa no ve la necesidad de correr tanto.
Aiden lo miró con ojos como platos sin poder creer lo que el Tauruk le había dicho.
—Toma baño de conocimiento que te ha dado —rio Dafne pasando a su lado.
—Nuestro Ivo es todo un sabio —comentó Lily pasando junto a Aiden con una enorme sonrisa en su seductor rostro.
Taika y Nahia se miraron, sonrieron y entraron sin decir nada.
Aidan despotricaba en su lengua entre dientes.