Capítulo 24 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
En la cena, conversando en la mesa, Nahia quería comentar con sus compañeros cómo se sentían después de lo que había pasado en clase de magia. Le costó buscar el momento pues todos estaban hambrientos y eso tenía prioridad. Una vez que todos tuvieron su ración y la estaban degustando, se animó a preguntar.
—¿Cómo os encontráis?
—Muy bien. Este cocido de carne con zanahorias y laurel está exquisito. Estos cocineros Tergnomus son fenomenales —dijo Ivo, que se metía cucharada tras cucharada en la boca como si alguien fuera a robarle el plato.
—No se refiere a eso, pedazo de buey —dijo Dafne.
—Tauruk —corrigió Ivo—. De buey tengo poco, ni la cornamenta.
—La frente y lo que hay detrás fijo que sí —replicó la Fatum con una sonrisa burlona.
—No me vas a fastidiar esta magnífica cena, por mucho que lo intentes —afirmó Ivo y, dejando la cuchara en el plato, juntó sus enormes manos por las palmas y se puso a meditar.
Aiden negó con la cabeza.
—Yo no estoy nada satisfecho. No sé si lo sabéis, pero hay competiciones de escuadras más adelante y no nos veo nada bien para afrontarlas.
—¿Las hay? —preguntó Lily sorprendida.
—Sí, a mitad de año se nos evaluará de manera individual y por escuadra. Lo llaman Competición de Escuadras. Para demostrar nuestra valía tendremos que enfrentarnos a los otros —explicó Aiden.
—¿Hay algo que no sepas de este mundo que nos rodea? —preguntó Lily.
—Seguro que lo sabe todo. Ha estado preparándose para esto toda la vida —opinó Dafne.
—No lo sé todo. Y sí, me he estado preparando, como deberíais haber hecho vosotros. La preparación lleva a la victoria. Por eso opino que tenemos pocas posibilidades cuando nos evalúen y nos enfrentemos a las otras escuadras.
—Eso lo dirás tú —Dafne puso cara de no estar de acuerdo.
—No lo digo yo, es la realidad. No estáis preparados. Además, tenemos un Tauruk que medita, una humana muy debilucha, una Fatum que no sobresale en nada más que en soltar pullas y una Escarlatum a la que solo le preocupa estar irresistible.
—Vaya, qué buena opinión tienes de nosotros —dijo Nahia sorprendida por la brutal honestidad del Drakónido.
—Solo digo la verdad y lo sabéis.
—A mí no me has mencionado —dijo Taika.
—Eso es porque tú sí que eres válido para la escuadra. Tienes cabeza y muy buenos reflejos.
—O sea que nosotros no valemos para tu escuadra —dijo Dafne.
—Este es un grupo lastimoso. Ni en mis peores pesadillas pensaba que tendría tan mala suerte.
—Pide que te cambien, hay Escuadras que han perdido miembros —dijo Nahia.
—No se pide cambiar de escuadra. ¡Eso es de cobardes! Debo arreglarme con lo que me ha tocado.
—Bueno, al menos nosotros, los lastimosos, somos majos, no como tú que tienes la gracia, modales y simpatía de un trozo de carbón —dijo Lily.
—Los Drakónidos no valoramos esas cosas, así que me da igual no tener nada de eso. Lo que sí valoramos es la fortaleza y el honor. Eso tengo, vosotros no —afirmó y siguió comiendo.
Nahia, Lily y Dafne echaron la cabeza hacia atrás. Las había insultado y se había quedado tan tranquilo. Ivo no se alteró y siguió meditando y haciendo como que no lo había oído, aunque quizá no lo había hecho.
—Los Drakónidos, y tú en particular, sois insoportables y detestables —dijo Dafne.
—Y feos hasta decir basta —añadió Lily.
Aiden se encogió de hombros.
—Eso no cambia nada. Seguimos siendo una escuadra lamentable.
—Creo que será mejor si no discutimos —recomendó Taika—. La situación ya es de por sí complicada. Mejor no empeorarla con rencillas internas.
—Yo solo quería saber qué os ha parecido lo que ha sucedido en la formación de magia —dijo Nahia y abrió los brazos con un gesto de resignación.
—Ha sido una experiencia dolorosa, pero bastante interesante —comentó Taika.
—¿Interesante? A mí me ha parecido solo dolorosa —opinó Lily.
—Estoy con Lily en eso. Para hacernos ver un dragón tampoco hace falta que nos claven agujas ardientes en la mente —comentó Dafne arrugando la nariz.
—Eso es exagerado, no ha sido tan duro —opinó Aiden.
—Ya, a ti si un dragón te arranca una pierna dirías que pobrecillo, que tenía hambre y había que alimentarlo. Seguro que le ofrecerías la otra pierna —dijo Lily.
Dafne soltó una carcajada.
—Acertadísimo.
Aiden negó con la cabeza.
—Yo sentí el dragón el primer día y hoy lo he visto. A partir de ahora podré usar mi magia. Es un gran paso adelante y lo que realmente importa. El dolor sufrido para alcanzarlo es irrelevante.
—El asno este no tiene solución —Dafne negaba con la cabeza.
Taika entrecerró los ojos.
—Cuando lo he conseguido me he dado cuenta de que nuestras chicas ya lo habían logrado antes que yo. Os felicito.
—Porque las chicas somos las mejores —afirmó Dafne convencida.
—Y más guapas e inteligentes —añadió Lily.
Taika sonrió.
—Me refería a que yo he sido el cuarto en conseguirlo, Aiden el quinto e Ivo el último.
—Ivo casi me mata de la angustia de lo que ha tardado —dijo Lily.
—Las cosas buenas en la vida llevan su tiempo, se hacen esperar —entonó Ivo.
—Vaya, ya no meditas —se dio cuenta Dafne.
—No, debo alimentarme, eso es más importante ahora —explicó y siguió con el estofado.
—Humana, Fatum, Escarlatum, Felidae, Drakónido y Tauruk-Kapro ha sido el orden en nuestro grupo —enumeró Taika—. ¿Ha sido igual en las otras dos escuadras?
—No, no ha sido igual en las otras —dijo Nahia.
Todos la miraron.
—Ella ha sido la primera de todos —explicó Dafne.
—¿De entre todos? —preguntó Aiden con expresión de sorpresa.
—Pues… sí… —reconoció Nahia.
—Cuando yo lo he conseguido solo había terminado Nahia.
—¿Entonces tú has sido la segunda? —preguntó Taika.
—Creo que sí, o empatada con la Fatum de los Ardientes.
—Interesante, contadnos entonces en qué orden han ido terminando el resto —pidió Taika.
—Por lo que he visto y con la excepción de Nahia, que ha sido primera, los Fatum, los Escarlatum, los otros dos humanos, luego los Felidae, los Drakónidos y los Tauruk-Kapro al final —explicó Dafne.
—Eso es muy interesante y significativo —Taika se acariciaba sus largos bigotes de tigre—. Concuerda con la creencia de mi pueblo sobre cuáles son las razas más afines a la magia.
—Mi pueblo es el más mágico, en todos los sentidos —afirmó Dafne.
—Seguido de cerca por el mío —guiñó un ojo Lily.
—Los humanos van después, aunque nuestra Nahia es un caso especial —comentó Taika.
—Y luego vais vosotros tres, que sois muy poco mágicos —dijo Dafne sonriendo y señalando a Taika, luego a Aiden y finalmente a Ivo.
Aiden se molestó y dejó de comer.
—Recuerda que todo Brujo de Dragón debe dominar las armas y la magia. Puede que vuestras razas sean algo más poderosas en la parte mágica, pero te aseguro que mi raza y la de estos dos —dijo señalando a Taika e Ivo— es muy superior a las vuestras con las armas.
—Ya se ha puesto competitivo el burro este —dijo Lily.
—No es una competición entre razas —quiso poner paz Taika y levantó las manos—. Unas razas son mejores en unas cosas y otras en otras.
—Muy bien expresado. Así es como se logra el equilibrio en la naturaleza. Unos sobresalen en unas facetas y otros en otras. —opinó Ivo con tono filosófico.
—¿Y en el caso de Nahia? —preguntó Lily rodeando con su brazo el de la aludida.
—Creo que Nahia es una anomalía, alguien especial —razonó Taika con tono reflexivo y la observó con ojos felinos llenos de interés.
—Sí, porque los otros humanos han tardado más —comentó Dafne.
—No habléis así de ella, pobrecita —le acarició el brazo Lily.
—Que soy rara es algo que sé desde hace mucho tiempo, no me molesta —afirmó Nahia y se encogió de hombros.
—En cualquier caso, estamos sacando conclusiones basadas en nuestro propio escuadrón —razonó Taika—. No sabemos si en los otros escuadrones el orden ha sido similar.
—Nuestro zorro tiene razón, como siempre —convino Dafne asintiendo.
—¿Zorro? —preguntó Taika.
—Porque eres listo y estás siempre dándole a la cabeza —explicó Lily con una risita.
Dafne se le unió.
Taika echó su cabeza de tigre hacia atrás.
—No me había dado cuenta… Supongo que soy como soy…
—Podríamos intentar averiguar qué ha pasado en los otros escuadrones —propuso Nahia, que miraba a las mesas en busca de Logan.
Lo vio sentado con su escuadra. Le dieron ganas de ir hasta allí y preguntárselo, pero luego vio a los dos dragones azules y recapacitó. No era buena idea. Buscó y vio a Maika en su mesa y también a Ana. A la hora de la cena estaban todos allí. Si pudiera comunicarse con ellos de alguna forma… Pero tenían prohibido hablar con otras escuadras y estar fuera de su mesa.
—Buena idea —estuvo de acuerdo Lily.
—Me gusta —se les unió Dafne.
—No, eso es demasiado peligroso. Nos arriesgamos a un castigo que puede ser ejemplar —advirtió Taika.
—No tienen por qué descubrirlo —Dafne se llevó el dedo índice a los labios.
—Si intentáis algo así, lo descubrirán —aseguró Aiden.
—Solo tenemos que asegurarnos de que no se enteran los Drakónidos —dijo Dafne con mirada acusadora.
—Para ser tan poca cosa, Fatum, tienes una lengua muy suelta —advirtió Aiden con tono muy serio, como una advertencia.
—Haya paz —dijo Taika—. Y reitero que es muy arriesgado y no merece la pena.
—Lo merece si conseguimos establecer relaciones con las otras escuadras —opinó Nahia.
—¿Para qué quieres hacer eso? —preguntó Taika.
Aiden miraba a Nahia con ojos de mucho interés.
—Porque puede llegar el día en el que nos convenga estar organizados —explicó Nahia.
Los ojos de dragón de Aiden se abrieron mucho.
—Espero que no estés sugiriendo ninguna locura como las que se han dado en el pasado y que han acabado con miles de muertos.
—Ella no sugiere nada —dijo Lily a Aiden—. No malinterpretes sus palabras.
—Y no vayas a chivarte a tus amos —dijo Dafne lanzando una mirada dura.
—No voy a informar de nada a nuestros amos, porque no hay nada de qué informar. Ahora bien, si lo hubiera, ten por seguro que informaría.
—Eres un chivato sin entrañas —acusó Dafne.
—Soy fiel a mis principios y a mis amos.
—Tus amos nos esclavizan, nos torturan y nos matan. ¿Cómo puedes estar tan ciego? —dijo Nahia.
—Ciego es quien cree que su verdad es mejor que la de los demás —Aiden se puso en pie y se marchó.
—Dejadlo ir. Él es como es y no cambiará —aseguró Ivo.
—Pues tenemos un problema —dijo Dafne.
—¿Por qué creéis que hay un Drakónido en cada grupo? —preguntó Lily.
—Para que informen a los dragones, esa es su función —aseguró Dafne.
Lily asintió.
—Así controlan lo que ocurre a nivel de escuadra —opinó Nahia.
—No podemos asegurarlo del todo… —comentó Taika levantando las manos.
—¿No me dirás que confías en un Drakónido? —preguntó Dafne.
—Por esa regla solo podría confiar en un Felidae, en uno de los míos.
—Al tigre no le falta razón. Todos tendemos a confiar en los más cercanos a nosotros —comentó Ivo.
—En cualquier caso, no deberíamos arriesgarnos. Ese no es nuestro objetivo —dijo Taika.
—¿No quieres algo más que simplemente sobrevivir al curso? —preguntó Nahia.
—Lo que quiero es seguir con vida. Arriesgar no es buena táctica. Además, ¿con qué objetivo?
Nahia pensó cómo decirlo.
—El de un día quedar libres de los dragones.
Todos la miraron.
—Eso ya se intentó y fue un gran fracaso —dijo Taika.
—Lo sé, mis padres murieron en la Gran Insurrección.
—Y aun así ¿sigues con esa idea en la cabeza?
—Soñar es libre —dijo Nahia.
—Aquí no, aquí te costará la vida —advirtió Taika y la miró con ojos felinos que mostraban cautela.
—Muchos perdimos seres queridos en la Gran Insurrección —afirmó Lily.
—Cierto, todas las razas lo hicieron —se unió Dafne.
—Nosotros muchos. Fuimos los que cargaron contra los dragones —afirmó Ivo.
Se hizo un silencio tenso.
—Taika, tú eres inteligente y noble. ¿Por qué eres contrario a intentar cambiar esta situación en la que vivimos? —preguntó Dafne y enarcó una ceja.
—Yo me guio por mi instinto de supervivencia. Todo lo que observo y aprendo lo utilizo con ese fin.
—Podrías buscar metas más altas —dijo Lily.
—No las quiero. Entre los míos los que lideran son los leones. Nosotros, los tigres, somos guerreros. Y yo soy un guerrero al que le preocupa seguir con vida en esta jungla hostil con depredadores mucho más fuertes que nosotros.
—Te vendes corto —dijo Dafne—. Hay mucho más en ti.
—Yo no soy un líder, no me interesa. Los líderes terminan sacrificados, lo he visto y vivido —un dolor apareció en sus ojos por un breve instante.
—Yo tampoco soy ninguna líder, pero creo que deberíamos intentar entender este mundo para un día derrocarlo —explicó Nahia.
—Esa es una aspiración muy alta para alguien que apenas sobrevive —advirtió Ivo con su habitual tono calmado, pero aquel comentario hizo mella en todos.
—A veces sueltas verdades como montañas sin aviso, y aplastan —dijo Dafne.
Ivo se encogió de hombros.
—Las verdades deben decirse de forma natural, cuando deben escucharse. Ni antes, ni después.
Nahia asintió.
—Razón no le falta.
—Mejor si dejamos estos temas por ahora. Las otras escuadras nos están mirando —advirtió Lily sonriendo con disimulo.
—Perdonad, me he acalorado un poco —se disculpó Nahia.
—No te disculpes por sentir, y mucho menos por sentir lo correcto —dijo Dafne.
Nahia asintió y le agradeció a la Fatum su apoyo.
Terminaron la cena en silencio, cada uno sumergido en sus pensamientos.