Capítulo 26 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
El instructor Escarlatum se acercó y se agachó a observar qué sucedía, pero no la tocó.
—Está sufriendo algún tipo de ataque, mi señor —informó a Mai-Beltz-Gaiz.
«¿Un ataque? Eso no es aceptable» envió el dragón negro entre sorprendido y frustrado.
El resto de los alumnos detuvieron los ejercicios para ver lo que sucedía. Nahia estaba en el suelo y convulsionaba. Había conseguido llevar su mano derecha hasta el cinturón y, sin poder parar los terribles temblores, consiguió coger uno de los tónicos que llevaba. Ahora debía llevarlo hasta la boca, que era lo más complicado porque su brazo derecho no dejaba de dar sacudidas constantes e incontrolables. Sentía mucho dolor por los horribles calambres, pero no le quedaba otra opción. Ya empezaba a ahogarse y si el corazón no le estallaba primero de lo rápido que iba, moriría asfixiada.
Sus compañeros de escuadra se acercaron a ayudar.
«¡Que nadie la toque! Un guerrero se recupera solo. Nadie debe ayudarla, ese no es el camino de la Senda» envió Mai-Beltz-Gaiz enfadado.
Los cinco se detuvieron a un paso de Nahia. Querían socorrerla, pero no podían desobedecer una orden directa de un dragón. Eso significaba morir.
Nahia luchó por llevarse el tónico a la boca. Ya comenzaba a ahogarse. No le quedaba apenas tiempo. Aquel ataque era de los malos y la iba a matar si no lograba tomarse el tónico. Luchó por controlar su brazo derecho. Poco a poco fue acercando su mano a la boca.
Ya casi lo tenía. Intentó quitar el tapón de madera con los dientes, pero la mano se movía hacia todas partes y no acertaba con la boca.
Todo el mundo la miraba. Lily y Dafne tenían las manos extendidas, intentando llegar hasta ella, pero ahora los tres instructores estaban entre ellos y Nahia y no dejarían que nadie la ayudara, como su señor había ordenado.
Con un último esfuerzo se llevó el contenedor a la boca y consiguió morder la tapa. Ahora solo necesitaba hacer un movimiento que tenía muy entrenado, un tirón hacia atrás y otro hacia delante para sacar el tapón y llevar el contenedor destapado a la boca. Se preparó y lo ejecutó con su temblorosa mano. Tenía el contenedor abierto. Con las sacudidas el contenido cayó por su boca y de allí a su garganta. Lo tragó todo.
Un momento después, sus pulmones se llenaron de aire. Respiró y tosió. La temperatura de su cuerpo comenzó a bajar y dejó de temblar y sacudirse. Se quedó tendida en el suelo mirando al techo. Estaba viva, por muy poco, pero viva.
«La debilidad, como bien sabéis, es inaceptable en esta academia. Ser débil es una auténtica deshonra» envió Mai-Beltz-Gaiz muy molesto.
El mensaje golpeó la cabeza de Nahia, que se fue hacia un lado. El sentimiento que llegó con el mensaje era de decepción mezclada con rabia. Nahia se asustó de verdad. Abrió mucho los ojos y el temor que sentía se mostró en ellos. Se acababa de salvar, pero no estaba segura de si la matarían por ser débil. Los dragones no soportaban la debilidad, eso lo habían dejado bien claro desde el primer día. El miedo la invadió, pero no podía hacer nada. Su cuerpo estaba exhausto. Por mucho que quisiera defenderse o escapar, no le respondía.
«La Senda de los Dragones solo la caminan los fuertes de cuerpo, magia y espíritu. Quienes no lo son, deben abandonarla y este es un claro ejemplo» envió a todos con un sentimiento de desaprobación.
Sus compañeros de escuadra se dieron cuenta de que Nahia estaba en serio peligro de morir por defraudar las expectativas del dragón y la miraron en el suelo. Dafne y Lily se acercaron rodeando a los instructores y formaron junto a Nahia. Un momento después lo hizo Taika. Ivo pareció dudar sobre cómo actuar, pero se colocó en su sitio. Aiden no pareció dispuesto a moverse. Vio cómo las otras dos escuadras observaban lo que sucedía, así que ocupó su lugar en la formación ante el dragón con Nahia en su sitio, solo que en el suelo. Nahia se lo agradeció en el alma. Era un gesto increíble, pues arriesgaban sus vidas por ella.
«Tu escuadra te protege. Eso te honra e implica que hay algo de valía o liderazgo en ti. Aun así, mereces un castigo, pero no seré yo quien lo imponga. Dejaré que sea tu líder de escuadrón quien lo decida. Después de todo, es a él a quien avergüenzas. Al finalizar la clase irás a tu estandarte y aguardarás de rodillas. Él decidirá qué hacer contigo».
A Nahia aquello le sonó como una condena a muerte, o incluso algo peor. Si la mataban sería rápido y todo terminaría en un abrir y cerrar de ojos. Un castigo iba a ser peor, seguro, pues la harían sufrir. En cualquier caso, no podía dejarse llevar por pensamientos tan negativos. Ella no quería morir, quería vivir y hacer pagar a aquellos monstruos sin corazón por toda su maldad y el sufrimiento que causaban. La rabia que le nació en el estómago la hizo sentirse un poco mejor. Debía mantenerse con vida y luchar, aun en las peores situaciones.
«Continuad con la formación, instructores» ordenó el dragón negro.
—En posición, de dos en dos —dijeron los tres dirigiéndose cada uno a su escuadra.
«Instructor, que la escuadra de la débil sepa lo que sucede cuando uno de los miembros falla».
—Sí, mi señor —el instructor Escarlatum realizó una reverencia ante el gran dragón.
Como Nahia no podía levantarse a Taika le tocó realizar los ejercicios con el instructor y al momento entendieron todos lo que el dragón quería decir. El Escarlatum comenzó el ejercicio y pasó a luchar con extrema fiereza y fuerza.
Se empleaba con demasiada intensidad. Taika se defendió como mejor pudo, pero el instructor era un maestro experto. Recibió golpe tras golpe defendiéndose sin quejarse ni una sola vez. Recibía los ataques con gruñidos apagados de dolor y continuaba con el ejercicio.
Nahia podía ver que se estaba ensañando con él. Supo que era por su culpa y se sintió fatal. Después cambiaron de parejas y le tocó el turno a Lily. La pobre terminó en el suelo dolorida y con otra paliza terrible. Dafne gruñía y se quejaba con cada golpe fuerte que recibía, aunque intentaba devolverlos con la misma intensidad. Por desgracia, los suyos eran esquivados o bloqueados por el maestro. La Fatum terminó como Lily, muy dolorida y en el suelo. Nahia quería llorar de rabia e impotencia. Les estaban haciendo daño por su culpa.
Ivo y Aiden aguantaron mejor el castigo, sobre todo Ivo, que en ningún momento pareció sufrir, aunque los golpes que recibió fueron tremendos. Aiden intentó defenderse con la mayor de las habilidades y lo hizo bastante bien, pero al final el instructor superó sus defensas y le propinó una buena paliza. Aiden, en lugar de maldecir o quejarse, se lo tomó como si el instructor le hiciera un honor por emplearse a fondo con él y saludó con respeto al finalizar.
Después de la clase, según salían, Nahia quiso disculparse con sus compañeros.
—Lo siento muchísimo, es mi condición… a veces… me pasa… no puedo controlarlo —dijo con ojos húmedos.
—No te disculpes, no es culpa tuya sino de esos despreciables dragones —dijo Dafne, que tenía un tremendo moratón en el ojo derecho y se agarraba las costillas del dolor.
—Sí, ha sido Mai-Beltz-Gaiz quien nos ha hecho esto, no tú —le aseguró Lily, que cojeaba y se sujetaba un brazo que llevaba inerte.
—No me quedaré callado escuchando cómo mancilláis los nombres de nuestros señores. Lo que ha ocurrido es culpa nuestra y de nadie más —dijo Aiden mirando a Nahia.
—Es culpa mía, no vuestra —corrigió ella.
—Debemos tomarlo como una lección más en este mundo —dijo Taika—. Habrá situaciones en que uno de nosotros falle y nos hagan pagar al resto.
—Yo no fallaré —afirmó Aiden convencido.
—Espero que lo hagas —dijo Dafne con rencor.
—No lo verás —aseguró él convencido.
—Árboles más altos han caído, no hay nada seguro en la vida —dijo Ivo a Aiden.
—De verdad, lo siento muchísimo —Nahia no sabía cómo disculparse.
—Será mejor que vayas a recibir tu castigo —aconsejó Taika—. No hagas esperar a nuestro líder de escuadrón, será peor.
—Tienes razón. Voy.
—Buena suerte —deseó Dafne.
—Que sea leve —animó Lily.
—¿Qué haréis vosotros? —preguntó Nahia antes de marchar.
—Creo que es momento de estrenar ese bonito edificio que hay junto a intendencia —dijo Dafne.
—Oh, la enfermería —se dio cuenta Nahia.
—Sí, ya tocaba ir —dijo Lily—. Ya te contaremos cómo es.
Nahia asintió y se marchó. Con el ánimo muy decaído se dirigió a su estandarte tal y como Mai-Beltz-Gaiz le había dicho que debía hacer. Al llegar se arrodilló y aguardó. Vio cómo sus compañeros se dirigían al hospital. Deseó que pudieran darles algo contra los golpes y volvió a sentirse un fracaso y una carga.
Aguardó por un largo rato mientras en el interior de su mente luchaban una batalla la lástima y la rabia. Sabía que no debía sentir lástima por sí misma, pero no podía evitarlo después de lo sucedido. Por suerte la rabia fue venciendo y aunque aquella academia era un lugar horrible, Nahia se propuso superar lo que fuera que le echaran encima.
Irakas-Gorri-Gaizt descendió de los cielos agitando sus enormes alas rojas y se posó detrás del estandarte llameante. Era enorme, poderoso y sus ojos parecían arder. Rugió mostrando sus terribles fauces. Nahia se sintió una hormiga ante semejante criatura.
«Me has deshonrado, humana» envió con un sentimiento de furia contenida.
Nahia lo sintió como si le golpearan sobre la cabeza con un martillo de herrero. La cara se le fue contra el suelo y gruñó de dolor.
«Eres de la Escuadra Ígnea, del Escuadrón Rojo. Lo que ha sucedido no puede suceder en mi escuadrón».
Cada palabra, cada frase, Nahia las sentía como si algo en el interior de su mente estallara y le causaba un terrible dolor insoportable. Se llevó las manos a la cabeza. Aquello no era como el primer mensaje, era un sentimiento que le enviaba que al recibirlo sentía dolor.
«Cuando fallas en la formación me deshonras. Cuando quedas como un ser débil, me faltas al respeto. Eso es inaceptable. No puedo tolerarlo».
Un dolor muy intenso aparecía con cada palabra. No había sentimiento asociado, era solo dolor. En medio del sufrimiento Nahia se dio cuenta de que le estaba haciendo daño a propósito. Estaba atacando con su mente.
«Debería matarte, pero por ser tu primera ofensa no lo haré. Sin embargo, mereces un castigo y lo tendrás. A partir de mañana y durante un mes, después de las clases, limpiarás las mazmorras. Es una experiencia que abre los ojos. Irás directamente, sin cenar, y trabajarás hasta que termine el turno de limpieza. No faltarás ni llegarás tarde a ninguna clase por la mañana. Si lo haces, no tendré piedad».
Las palabras le produjeron un dolor tan intenso que Nahia no lo pudo soportar y perdió el conocimiento.
Un rato más tarde, Ivo cargaba a Nahia al hombro y se la llevaba. El resto de la escuadra estaba con él. Todos tenían varios vendajes y restos de ungüento en cara y extremidades.
—¿Cómo sabías que nos necesitaría? —preguntó Dafne a Taika.
—No lo sabía, pero imaginé que sería así.
—Eres un tigre de lo más intuitivo —felicitó Lily y le dio una palmada en la espalda.
—De lo más racional —corrigió Aiden.
—¿Enfermería o barracón? —preguntó Dafne observando el rostro de Nahia, que seguía inconsciente.
—Llevémosla a la enfermería primero, por si acaso —opinó Lily.
—De acuerdo —Ivo se dirigió hacia allí.
Aquella noche se perdieron la cena y todos durmieron con dolores. Por fortuna ninguno tenía nada roto, solo algunas fisuras en las costillas y golpes duros en cara, brazos y piernas. Nahia tenía el cuerpo lleno de moratones y un tremendo dolor de cabeza. Estaba tan exhausta que el sueño venció al dolor y cayó rendida. Su última frase antes de quedar dormida fue:
—Gracias… escuadra…