Capítulo 35 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Nahia fue hasta la abertura en mitad de la torre. Había tres cuerdas, por lo que no hubo peleas con los miembros de las otras dos escuadras.
—Preparada —dijo Lily lista para descolgarse.
—Mejor si nos protegemos las manos, la cuerda va a quemar. Usemos nuestras capas —propuso Nahia.
—Buena idea —sonrió Lily.
—Menos mal que tienes cabeza —dijo Dafne.
Bajaron por la cuerda usando las capas para rodearla y deslizar las manos sobre ella. El descenso con esta técnica fue mucho más rápido y mejor de lo que Nahia había calculado. Salieron de la torre por la puerta que estaba abierta y echaron a correr hacia la siguiente. Tenían que cubrir toda la amplitud de la academia, de un lado al otro, pues la torre siguiente era la opuesta a la que habían subido.
Según corrían Nahia empezó a ver claro que aquello iba a ser más una prueba de fuerza y resistencia que de velocidad. Las distancias eran larguísimas y las torres altísimas. Iban a terminar rotas.
Llegaron a la torre sur del lado derecho y comenzaron a escalarla. Las otras dos escuadras seguían más juntas que la de ellos. Cuando estaban a media torre empezaron a pasar a varios miembros que se estaban quedando atrás.
—¡Vamos, más rápido! —gritó Aiden desde arriba.
—¡Sigue tú! —dijo Nahia.
Aiden miró al norte.
—¡Torre de este lado! —indicó señalando.
—¡De acuerdo! —dijo Nahia.
Lily y Dafne subían sufriendo. El cansancio empezaba a hacer efecto y Nahia también lo notaba.
—¡Venga, Nahia, tú puedes! —animó Maika, que ya estaba arriba.
—¡Sigue, enseguida te alcanzo! —respondió ella, que lo dudaba mucho.
Maika sonrió y desapareció.
—Empiezan a dolerme las manos —dijo Dafne.
—A mí los pies —respondió Lily.
—Lo conseguiremos, seguid —animó Nahia, que pese a todo seguía bastante entera todavía.
Llegaron arriba cuando Taika e Ivo iban todavía por el cuarto inferior de la torre.
—¡Ánimo! ¡Torre de este lado! —dijo Nahia.
—¡De acuerdo! —respondió Taika.
Ivo iba muy concentrado en dónde poner sus enormes manazas y pezuñas.
Nahia, Lily y Dafne descendieron por la cuerda con el truco de la capa y adelantaron a un par de las otras escuadras. Salieron y se pusieron a correr.
—Vayamos en línea recta pegadas a la muralla a nuestra izquierda —propuso Nahia.
—Sabéis lo lejos que esta la muralla norte, ¿verdad? —dijo Dafne.
—Sí, por desgracia —asintió Lily.
—No lo penséis, venga, corramos —animó Nahia y las tres echaron a correr.
En plena carrera Nahia podía ver a Maika y otro de su escuadra delante. Les llevaban una buena ventaja, pero mientras los vieran y pudieran mantener su ritmo, estarían haciéndolo bien. Con eso en mente corrió tirando de Dafne y Lily. No le preocupaban todavía porque sabía que eran más fuertes que ella y de momento aguantaba.
Pasaron junto al reloj solar y los estandartes. Nahia se llevó un disgusto enorme al ver lo rápido que se iba consumiendo la llama del suyo. No iban a conseguir terminar la prueba antes de que se extinguiera. Corrieron dejando atrás a los capitanes y las otras escuadras que observaban la prueba y también al coronel y al comandante. Nahia ni los miró por si acaso.
Continuaron y recorrieron todo el largo de la academia hasta llegar a la torre norte que hacía esquina. Al alcanzarla tuvieron que detenerse a recuperar el aliento.
—¡Vamos, subid! —gritó Aiden, pero ahora solo estaba a media torre.
—La carrera… no se le da tan bien… a cabeza de piedra —dijo Dafne respirando entrecortadamente.
—Es… que es muy pesado de cuerpo… y más de cabeza —dijo Lily.
La gracia les hizo reír y Nahia se puso a toser.
Comenzaron a subir por la tercera torre y aquí el esfuerzo y el cansancio empezaron a hacer estragos. Nahia sentía que las manos se le comenzaban a agarrotar y notaba los brazos y las piernas doloridas. Estaba llegando al final de lo que podía soportar. Se dio cuenta de que, aunque había mejorado mucho desde que había comenzado a entrenar en el gimnasio, todavía le quedaba un largo recorrido para poder solventar pruebas como aquella. Lily parecía aguantar algo mejor que ella. Dafne empezaba a quedarse atrás, lo que la preocupó.
Continuaron subiendo. Cada vara que ascendían era un auténtico logro y el esfuerzo un tormento.
—¡Sigo hacia la otra torre! —gritó Aiden, que ya había alcanzado la cima.
—¡Sigue, ahora vamos! —respondió Nahia, que ya estaba a media torre.
—Si ese cabeza de roca puede, yo tengo que poder —apretó la mandíbula Dafne y siguió subiendo con pundonor.
—Vamos —animó Lily.
Llegaron arriba exhaustas y se arrastraron hasta la abertura. Descansaron un instante y respiraron el aire a aquella altura.
—Un momento y bajamos —pidió Dafne.
Si ellas estaban cansadas, también los de las otras escuadras, que estaban sufriendo tanto como ellas. Cuatro, dos de cada escuadra, estaban tirados boca arriba en la azotea.
—Vamos, hay que bajar, es la parte fácil. Agarraos bien —dijo Nahia y bajó la primera.
Sus compañeras la siguieron.
Una vez estuvieron las tres fuera de la torre observaron la última que tenían que subir. El problema era que tenían que volver a cruzar toda la amplitud de la academia para llegar hasta ella.
—Cuanto antes lleguemos antes terminaremos —expresó Nahia y comenzó a correr tan rápido como pudo, que no era mucho.
La carrera era un esfuerzo muy diferente a escalar la torre y ahora otros músculos le dolían con intensidad y los pulmones le ardían por el esfuerzo. Nahia se dio cuenta de que se sentía muy débil y recordó que no había desayunado. Les obligaban a realizar la prueba en ayunas. Aquello no solo era cruel, sino peligroso. Alguno podría perder la consciencia por falta de alimento y sobreesfuerzo.
Las piernas le ardían y hasta las plantas de los pies, que no solían darle problemas, ahora se los daban. Lily y Dafne aguantaban mejor la carrera que el ascenso, por lo que pudieron llegar a la última torre.
—No sé… si voy a poder… —confesó Dafne mirando hacia arriba con el aliento entrecortado.
—Tenemos que hacerlo —dijo Lily y le dio una palmada en la espalda.
Nahia abría y cerraba las manos para estirar los dedos, que sabía que le iban a doler horrores. Se sentía muy cansada y sin fuerzas. Aquella última torre era como un coloso imposible de superar.
—El cabeza de mármol ya no va tan bien —dijo Dafne mirando hacia arriba.
—A ese le pillamos ahora —Lily se animó—. ¡Vamos, arriba! —alentó y comenzó a escalar.
Dafne y Nahia resoplaron y fueron tras ella.
El cuerpo de Nahia no tardó en enviarle señales de dolor y agotamiento. Cerró los ojos y aguantó. Los abrió y pese al dolor siguió subiendo. Las dos caras de la torre estaban muy concurridas. Todos los que habían partido antes estaban teniendo las mismas dificultades que ellas. A Nahia no le extrañó. Vio a Maika que, con cara de esfuerzo, ascendía y alcanzaba la última parte de la pared.
Llegaron hasta donde estaban otros competidores y los pasaron, algo que animó a Nahia. No era de las peores, después de todo. Con esa fuerza adicional continuó subiendo, intentando ignorar el tremendo dolor que su cuerpo le enviaba. Estaba a media altura cuando escuchó un grito ahogado. Uno de los que estaban en la parte alta de la torre se había caído y casi se lleva a otro detrás al hacerlo. Golpeó el suelo de costado. El golpe fue tremendo. Nahia miró con horror deseando que no fuera Maika. Resopló al comprobar que no lo era, era alguien del Escuadrón Azul. Se quedó en el suelo retorciéndose de dolor.
—¡Tened mucho cuidado! ¡No arriesguéis! —avisó Nahia a Lily y Dafne.
—No me quedan fuerzas. No es que arriesgue, es que no tengo más —negó con la cabeza Dafne.
—Yo estoy igual —dijo Lily, que iba delante de ellas.
—No ascendáis si no estáis seguras del agarre —aconsejó Nahia.
Por un momento todos se detuvieron. Cuatro Tergnomus aparecieron con una camilla y se llevaron al caído a la enfermería. El resto continuó subiendo. Estaban ya casi arriba cuando se escuchó un nuevo grito. Este provenía de la otra pared. No lo vieron caer, solo oyeron el golpe contra el suelo.
—¡Oh, no! —exclamó Nahia y se agarró con todo lo que tenía. Sus temores se estaban haciendo realidad. El sobresfuerzo brutal y el estómago vacío estaban causando estragos.
—¡Maldita prueba! —exclamó Dafne con rabia.
—Centraos, tenemos que terminar —dijo Lily.
De pronto una mano apareció en la azotea, era Aiden.
—Coged mi mano, os subo.
Lily la cogió y Aiden la ayudó a subir. Luego le tocó a Dafne y finalmente a Nahia. Las tres quedaron tendidas sobre la azotea.
—¿No… puedes más… eh? —le dijo Lily a Aiden.
—Puedo, pero mejor llegar todos a la vez.
—Ya, seguro —Dafne no se lo tragó.
Llenaron los pulmones de aire y relajaron los músculos un momento.
—Hay que bajar —urgió Aiden.
—Está bien, vamos.
Aiden fue primero y ellas lo siguieron. Bajar la cuerda, que tampoco era precisamente fácil, les pareció un alivio en comparación con lo que acaban de pasar para subir. Salieron de la torre y vieron cómo se llevaban al que había caído.
—Corramos en diagonal hasta el castillo. Lo bordearemos por este lado —sugirió Nahia.
—De acuerdo —asintieron los demás.
Echaron a correr, pero pronto se hizo evidente que no les quedaban fuerzas para nada.
Y no eran los únicos. El trayecto hacia la plaza de armas era un río de participantes descolgados. Ellos cuatro avanzaban a una especie de andar rápido más que correr porque no podían más. De pronto Dafne se fue al suelo. Se detuvieron a ayudarla a ponerse en pie.
—Estoy… muerta…
—Lo estamos todos —afirmó Lily.
—Ánimo, ya casi estamos —Nahia intentaba alentarla, pero ella misma estaba derrotada de cansancio.
En ese momento las alcanzaron Taika e Ivo.
—Yo me encargo —dijo Ivo, y levantó a Dafne con su fuerte brazo para seguir corriendo.
Los demás continuaron. Nahia iba sufriendo horrores, le dolía todo el cuerpo y los pulmones de una forma terrible pero, por alguna razón, aguantaba.
Al llegar a la altura del castillo fue Lily la que no pudo más y se fue al suelo. Delante de ellos dos del Escuadrón Blanco también estaban tirados intentando ponerse en pie.
—Yo la ayudo —se ofreció Taika, la sujetó de la cintura con su brazo y la ayudó a continuar.
Llegaron a la plaza de armas.
—¡El estandarte aún tiene llama! ¡No hemos perdido! —gritó Aiden.
—¡Ve y cógelo! —dijo Nahia señalándolo.
Aidan salió esprintando como si acabara de empezar la prueba. Adelantó a dos del Escuadrón Azul y a un tercero del Escuadrón Blanco. Corría como si le persiguiera una manada de leones hambrientos. Llegó al reloj de arena, con el estandarte a punto de apagarse. Se lanzó en plancha y deslizándose por el suelo llegó hasta él y lo cogió con una mano. Lo levantó en señal de triunfo.
Un momento más tarde llegaba el resto.
«Habéis logrado llegar a tiempo al estandarte. Se concede la prueba como superada. Como solo uno ha llegado a tiempo y cinco han llegado con un retraso no muy considerable, seréis penalizados en la puntuación total, pero no de forma severa» llegó el mensaje mental de su líder.
Nahia, Lily, Dafne, Taika e Ivo se quedaron con las manos en los muslos, doblados de cansancio, intentando recobrar el aliento. Estaban tan agotados que ni se dieron cuenta de lo bien o mal que lo habían hecho las otras escuadras. La de Maika lo había hecho bien, pues había llegado antes que ellos.
Al llegar los últimos participantes de su tanda hicieron formar a todos los que habían finalizado la prueba. Se dieron cuenta de que dos habían sufrido caídas y otros dos habían terminado la prueba con algo de retraso. Nahia temió el castigo que recibirían. No estaba segura de cuál sería, pero a sus líderes no les iba a gustar.
Tras su tanda le tocó el turno a la segunda y los resultados fueron muy parecidos. En esa participó Logan y llegó el primero, alzando su estandarte a tiempo. En la última participó Ana. Nahia temía que la pobre no pudiera terminar o tuviera un accidente. Hubo suerte y lo consiguió, aunque llegó bastante retrasada.
Una vez que todos hubieron acabado, varios Tergnomus aparecieron y dieron un pequeño morral a cada uno. Al abrirlo descubrieron que tenía un odre con agua y carne salada y pan.
«Bebed y comed. En breve comienza la segunda parte de la prueba: el combate entre escuadras» envió Irakas-Gorri-Gaizt.