Capítulo 44 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Nada más salir el sol el Escuadrón Rojo formó ante su líder como hacían todas las mañanas. Nahia imaginaba que tendrían otra sesión de marcha por la plaza como estaban haciendo desde hacía algún tiempo. No eran los únicos a los que su líder tenía realizando aquellos ejercicios. El resto de los escuadrones también lo hacían. Deseó que les quedara algo de tiempo para ir a desayunar. Ese momento del día siempre le agradaba, no solo por la comida sino porque podía saludar a Ana, Maika y Logan, a los que no podía ver muy a menudo.
«Hoy es un día especial, uno en el que debéis comportaros con la mayor de las disciplinas y honor» anunció Irakas-Gorri-Gaizt con una sensación de alta importancia.
Nahia miró a Dafne y Lily, que formaban junto a ella, y sus compañeras le devolvieron miradas de incertidumbre. Aquel anuncio era inesperado y, como con casi todo lo nuevo que sucedía en la academia, no sería bueno.
«Hoy saldremos de aquí y realizaremos una misión de escolta y otra de vigilancia de una criticidad máxima».
La noticia conmovió al escuadrón. Los integrantes de las tres escuadras intentaban disimular la sorpresa y aguantaban exclamaciones de inquietud. Nahia intercambiaba miradas con sus compañeros. Iban a salir de la academia, eso era algo que no se les había pasado por la cabeza a ninguno. Primero porque estaba prohibido y segundo porque todos daban por hecho que una vez que se entraba no se salía hasta la misión de guerra de final de año.
«Seguiréis mis órdenes en todo momento y sin la más mínima dubitación. Si hoy me deshonráis os aseguro que os arrancaré la cabeza».
Estaba bien claro que, fuera lo que fuese que iban a hacer, era importante e Irakas-Gorri-Gaizt no quería quedar mal. Esto no era bueno para ellos, pues errores cometían y más si la situación era difícil.
«Marcharéis en perfecta formación todo el trayecto, para eso os he tenido practicando. No quiero un paso mal dado ni un desequilibrio en toda la marcha. Marchamos a mi señal».
Nahia intentaba mantenerse en calma, pero le estaba resultando cada vez más difícil. De pronto, se abrieron las grandes puertas de la muralla sur. El Escuadrón Blanco comenzó a moverse guiado por su líder, seguido por el Escuadrón Negro y el Escuadrón Azul. Se dieron cuenta de que no era un ejercicio solo para el Escuadrón Rojo, sino que todos los escuadrones de primer año participaban.
«Marchamos. Seguid mi paso. Escuadra Ígnea tras de mí, Escuadra Ardiente en medio y Escuadra Candente cerrando filas. ¡En formación! ¡En marcha!» ordenó y comenzó a avanzar siguiendo al Escuadrón Azul.
Nahia y sus compañeros marchaban siguiendo a su líder en un desfile que llevaban tiempo practicando sin saber para qué. Solo esperaba que no fueran a la guerra. No, Irakas-Gorri-Gaizt había dicho misión de escolta y vigilancia. No habría lucha, o al menos eso esperaba.
Los seis escuadrones partieron formando una larga comitiva. Nada más salir se les unió una carreta. Nahia la vio de reojo un momento antes de perderla de vista al final de la hilera. Era una carreta cerrada tirada por cuatro caballos y conducida por dos Tergnomus. Se preguntó qué llevarían con ellos y para qué. ¿Suministros? ¿Armas? ¿Algún obsequio? No lo sabía, pero supuso que ya lo descubriría más adelante.
Marcharon hacia el sur. Dafne y Lily sonreían, parecían contentas de salir de la academia y respirar el aire del exterior. La primavera estaba llegando y la verdad era que llenar los pulmones de la brisa que se respiraba en los parajes que les rodeaban les hacía sentirse muy bien. Avanzaron a ritmo marcial y sin paradas hasta llegar a la gran Plaza de la Neutralidad. El trayecto le recordó a Nahia cómo había llegado hasta allí. Sintió que debía volver a agradecer a Maika, Ana y Logan que hubieran cargado con ella todo el camino.
Al llegar, en lugar de ir en dirección sur hacia el Puente del Cielo y la puerta por la que habían llegado, giraron a la izquierda. Salieron de la plaza y continuaron por una amplia avenida empedrada. A los lados de la calzada se abrían bosques frondosos, de robles a un lado y de hayas al otro. Nahia habría dado cualquier cosa en aquel momento por poder perderse en aquellos bosques y buscar plantas y setas medicinales como solía hacer en casa. Aquel mundo le parecía ahora muy lejano, casi ajeno. Iba a perder toda la mano que tenía para la curación y le dio mucha pena. Tantos años con su abuela aprendiendo todo lo relacionado con plantas sanadoras y la curación para ahora sustituirlo todo por armas y magia destructiva. Se marcó el propósito de intentar no olvidar todo lo aprendido, pero para ello necesitaría libros de curación. Quizá los tuvieran en la biblioteca. Tendría que preguntar y ver si le dejaban consultarlos.
Continuaron avanzando toda la mañana manteniendo el ritmo y la formación. Pasado el mediodía divisaron a su izquierda un edificio que los dejó completamente helados. Era una parte de una esfera enorme de más de quinientas varas de diámetro. Solo se apreciaba la mitad superior, y daba la sensación de que la inferior estaba bajo tierra. Ya habían visto esferas grandes en aquel mundo, pero ninguna como aquella. La mitad izquierda era de color plata y la derecha de color oro. Eran tan brillantes a la luz del sol del mediodía que todos tuvieron que entrecerrar los ojos para protegerlos de los destellos que emitía.
Una amplia vía también mitad oro y mitad plata llevaba hasta el gran edificio.
«Atención. Nos detenemos» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt.
El Escuadrón Rojo se detuvo justo antes de la vía de acceso al edificio. El Escuadrón Azul había parado pasada la vía de entrada, por lo que entre los dos escuadrones había quedado un espacio.
«Esta es la Perla del Auspicio, donde reside el Gran Oráculo. Ahora aguardemos a que su eminencia se nos una y lo escoltaremos».
Aquello dejó a Nahia pasmada. ¿Iban a escoltar al Gran Oráculo? ¿Ellos? ¿A dónde? ¿Para qué? Mil preguntas le vinieron a la cabeza. La principal era por qué debían hacerlo ellos. Eran alumnos de primer año, aquel honor debería estar reservado para los de tercero o para grandes Brujos de Dragón.
Mientras estaba pensando en todo ello un enorme dragón de un color plateado muy brillante salió de la Perla del Auspicio. El edificio no parecía tener puerta, era en parte similar a la biblioteca de la academia. Era el dragón más grande y resplandeciente que Nahia había visto hasta el momento. Debía medir sesenta varas de longitud y era plateado con vetas de oro que le recorrían la espalda, los costados y las alas.
Según se acercó pudieron apreciar que era un dragón anciano. Nahia no sabía muy bien por qué tenía esa impresión, pero su rostro, lo despacio que se movía y lo enorme que era, lo hacían parecer un ser milenario. Algo significativo en lo que se fijó según avanzaba hacia ellos era que tenía las alas como estrujadas y resecas. No parecía que pudiera volar.
Llegó hasta la comitiva y pudieron comprobar lo tremendamente enorme que era. Sus ojos, que ahora podían ver mejor, eran de plata con el iris de oro. Algo increíble. Desprendía un aura que era casi palpable, de color plateado con algún destello en oro. Le recorría todo el cuerpo, desde la cabeza hasta su larga cola. Tenía aspecto de ser un ser mitológico, no parecía real.
«¡De rodillas todos! ¡Mostrad respeto ante el Gran Oráculo!» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt y todos se echaron al suelo de rodillas sin romper la formación. Una cosa que dejó a Nahia sorprendida fue que no solo eran ellos los que se agachaban, sino también sus líderes. Por un largo momento todos se postraron ante aquel ser.
«Levantaos todos y continuemos camino. El destino nos aguarda» llegó el mensaje del Gran Oráculo tan profundo, lejano y lleno de sabiduría, que pareció que un dios les hablara desde su lejana morada.
«¡En pie, preparados para marchar!» llegó ahora la orden de Irakas-Gorri-Gaizt.
Los tres primeros escuadrones comenzaron a moverse. Irakas-Gorri-Gaizt no dio la orden de seguirlos, así que esperaron. El gran dragón plateado siguió al Escuadrón Azul y ellos aguardaron a que su enorme cuerpo pasara. Cuando lo hizo, Irakas-Gorri-Gaizt dio orden de continuar.
«¡En marcha! ¡En formación!».
La comitiva siguió camino por la amplia vía y Nahia entendió a qué se refería su líder con misión de escolta. Debían escoltar a aquel dragón a algún lugar. Y Nahia empezaba a sospechar qué lugar era.
Avanzaron por un largo rato siguiendo la vía. El Gran Oráculo se movía con lentitud, pero al ser tan grande no lo notaban. Subieron por un repecho no muy pronunciado y al llegar arriba, en la distancia, descubrieron un enorme templo circular. La vía que seguían terminaba en el majestuoso edificio.
Si la Perla del Auspicio les había sorprendido, el templo que veían todavía más. Era el doble de grande y su forma era singular. La parte central del edificio era un gran anillo circular alrededor del cual había otros cinco anillos menores adyacentes. Cada uno de ellos tenía una parte abierta hacia el gran anillo central. Rodeándolo todo había un gran círculo con cinco puertas de acceso. Toda la estructura parecía de mármol blanco.
Llegaron a la altura del templo y les llegó la orden de parar. Toda la comitiva se detuvo y el Gran Oráculo se dirigió al interior por una gran vía que conducía a la entrada del templo.
«Este es el Templo de la Avenencia. Es un lugar de gran importancia» envió Irakas-Gorri-Gaizt.
Todos observaron el templo y quedaron pasmados por lo grande y majestuoso que era.
De pronto en el cielo vieron aparecer volando un descomunal dragón rojo de más de cincuenta varas de longitud. Sobrevoló el templo y pudieron ver que era un dragón poderoso, adulto, y que desprendía un aura de poder carmesí. Sobre la cabeza llevaba una corona de plata con rubíes.
«Comienzan a llegar los invitados a la reunión. Escuchadme con atención. El templo tiene cinco entradas. Cada uno de los escuadrones cubrirá una de ellas y el sexto se quedará aquí, en la vía de acceso. Vosotros cubriréis la entrada norte. La que corresponde a ese dragón que estáis viendo volar sobre vuestras cabezas. Ese es el rey Erre-Gor-Mau, líder del clan Gondra y monarca de su reino en los cielos».
Todos miraban cómo el gran y poderoso dragón volaba sobre el templo trazando grandes círculos. Nahia tragó saliva con dificultad. Aquel era el rey del clan Gondra y los humanos eran de su dominio. Provenía del reino en el cielo que ella había visto en su hogar.
«Los dragones no podemos acercarnos a ese templo, pues es un lugar neutral que solo los reyes y el Gran Oráculo pueden pisar. Por ello, yo no os acompañaré y aguardaré aquí. No me deshonréis. Formad ante la puerta y vigilad que nadie intente entrar o espiar la reunión de los cinco reyes de los clanes. Es una labor de guardia de honor. Nadie intentará nada, así que solo debéis formar y mantener los ojos bien abiertos, nada más».
Todos observaban al dragón mientras asimilaban las órdenes que debían seguir. Era el más fuerte e imponente que hubieran visto. El poderoso dragón rojo descendió para posarse en uno de los cinco círculos adyacentes, el situado al norte.
«Id y cumplid mis órdenes. Y mantened la formación siempre».
El Escuadrón Rojo avanzó hasta la puerta norte sin romper la formación. Se situaron ante ella con la espalda hacia la puerta. El gran dragón rojo soltó un tremendo rugido que los dejó a todos temblando.
Todos los escuadrones excepto el Cristalino fueron a situarse en la puerta que debían vigilar con rapidez y eficiencia.
En el cielo apareció un segundo dragón enorme. Este era de color blanco y también llevaba una corona. Planeó sobre el templo y tras comprobar que todo parecía en orden descendió y se situó en uno de los círculos adyacentes. No pasó más que un momento y un nuevo rey dragón surgió en los cielos. Este era azul y también parecía ser muy poderoso y enorme.
Los cinco reyes dragón fueron llegando y ocupando su sitio en el edificio. Nahia suspiró. Ahora solo tenían que formar hasta que terminara la reunión. Se relajó un poco y miró a sus compañeros, que también se estaban comenzando a relajar.
De pronto Nahia comenzó a sentir un cosquilleo por todo el cuerpo. Era una sensación extraña, como si algo en el ambiente que la rodeaba le estuviera produciendo pinchacitos. Levantó la mirada y descubrió que sobre el círculo exterior del templo se había formado una cúpula de plata. Miró hacia arriba y vio que la cúpula destellaba con brillos dorados. Era de energía pura.
—¿Veis esa cúpula sobre el templo? —susurró a Dafne y Lily.
—Como para no verla, con lo grande y brillante que es —dijo Dafne.
—Sí, brilla en color plata, parece que le han estado sacando brillo un mes —opinó Lily.
—Sí, a mí me sorprenden más los destellos en oro —dijo Nahia.
—¿Qué destellos en oro? —Dafne la miró extrañada.
Nahia volvió a mirar la cúpula a su espalda. Brillaba en plata, pero sobre esos brillos había otros más intensos en oro.
—¿No veis los brillos dorados?
Lily y Dafne miraron la cúpula un momento. Luego se volvieron hacia Nahia y negaron con la cabeza.
—Solo brilla en plata —aseguró Dafne.
—Tanto marchar te hace ver cosas —bromeó Lily.
De pronto Nahia sintió algo más extraño todavía, le llegó un mensaje y la visión de quién lo decía. Era el Gran Oráculo.
«Me habéis hecho llamar para que asista a esta ilustre reunión y como Gran Oráculo al servicio de los cinco dragones de Kraido acudo con humildad» expresó el dragón de plata, que estaba en medio del círculo interior y bajó la cabeza a forma de saludo respetuoso ante los cinco reyes.
«Ese es tu deber como Gran Oráculo y siempre lo has cumplido con honor desde tiempos anteriores a los de mi padre, y el padre de mi padre. Como es obligado debemos presentarnos todos los presentes para que así conste. Comenzaré yo mismo. Soy Erre-Gor-Mau, líder del clan Gondra» dijo el gran dragón rojo.
«La presencia del Gran Oráculo es siempre apreciada, más cuando se trata de una reunión de importancia. Como representante del clan Zudrik, está presente su rey Aiz-Zur-Tor» expresó un dragón blanco también de aspecto curtido y poderoso.
Nahia miró de nuevo hacia la cúpula y se dio cuenta de que los destellos dorados se producían cuando hablaban los dragones. No solo eso, los destellos dorados los estaba captando ella por alguna razón.
«Hoy tenemos que tomar una decisión muy importante que nos afecta a todos y al futuro de los dragones. Como representante del clan Urdik, está presente su rey Itx-Urd-Arr» expresó un dragón azul también de aspecto letal.
«Una decisión que antes de tomar queremos consultar con el Gran Oráculo, y escuchar su parecer. Como representante del clan Beldrak, está presente su rey Osc-Belz-Hil» opinó un dragón negro como la noche.
Nahia volvió la cabeza hacia Dafne al sentir un calor en su frente que no era natural.
—¿Me brillan las escamas?
Dafne entrecerró los ojos y las miró.
—Sí, un poco, sí.
«Las decisiones de importancia las debemos tomar entendiendo que afectan al destino de los dragones, uno que debe ser de gloria. Como representante del clan Mardrok está presente su rey Ram-Mar-Oia» dijo el dragón marrón.
—Ahora ha brillado una vez, más fuerte.
«De lucha, conquista y gloria. Así debe ser. Todos los presentes a la reunión se han presentado. Cinco reyes. Por lo tanto tenemos quorum. Lo que decidamos hoy aquí, será» afirmó el dragón rojo.
—Ha vuelto a brillar más fuerte —dijo Dafne.
—Si, ya empiezo a ver un patrón.
—¿Patrón? ¿No será que estás teniendo otro de tus ataques?
—Espero que no —Nahia se llevó la mano al cuello, donde llevaba el tónico—, aunque tengo un día raro…
—Tú y todos, mira dónde estamos —dijo Lily con una sonrisa.
Nahia se dio cuenta de que cuando los dragones hablaban ella podía oírlo por alguna razón que desconocía. Cerró los ojos y se concentró en los mensajes que recibía.
«El tema que debemos debatir hoy aquí y sobre el que tenemos que tomar una decisión es si comenzamos la conquista a gran escala del mundo Drameia» expresó el dragón rojo.
«¿Se ha abierto un portal seguro hasta ese mundo? ¿Desde el reino de Gondra?» preguntó el dragón rey marrón.
«Se ha abierto. De hecho, no fuimos nosotros quienes lo abrimos, fue abierto desde Drameia hasta mi reino. Captamos el poder del portal y fuimos a investigar. No estuvo disponible mucho tiempo» explicó el dragón rey rojo.
«Pero sí lo suficiente para que pudierais determinar el mundo desde el que se originó» quiso saber el dragón azul.
«Así es. Dos de mis eruditos llegaron a tiempo de estudiarlo y fueron capaces de determinar desde qué mundo se había originado» explicó el dragón rey rojo.
«Entiendo que si estamos aquí hoy es porque has podido crear un portal inverso» dijo el dragón blanco.
«Así es. Mis eruditos han sido capaces de abrir un portal inverso y podemos viajar a Drameia. Antes de que me preguntéis, sí, lo hemos probado y conseguimos llegar».
«Si lo has probado, si has enviado a dragones allí, puede que sepan que vamos… puede que nos estén esperando» comentó el dragón negro.
«No es probable. Solo se ha realizado una incursión y cautelosa. No se han dejado testigos».
«Como debe ser. Al enemigo no se le debe dar ni la más mínima opción y mucho menos anticipación» expresó el dragón azul.
Nahia escuchaba la conversación como si estuviera allí con ellos. Era consciente de que no debería estar escuchando. Eran los cinco reyes, líderes de sus respectivos clanes, y ella una simple humana de primer curso en misión de guardia de honor. Se dijo a sí misma que debía dejar de escuchar. Sin embargo, no pudo hacerlo, los mensajes mentales le llegaban y ella no podía ni quería dejar de escucharlos.
«Ese mundo, Drameia para nosotros y Tremia para sus habitantes, es uno de los tres hogares primarios de nuestra raza. Nos pertenece por derecho» expresó el dragón marrón.
«Lo es, y de allí fuimos expulsados por los Áureos, nuestros más odiados enemigos» expresó el dragón rojo.
«Lo primero que debemos hacer es asegurarnos de que los Áureos ya no habitan en ese mundo» dijo el dragón blanco.
«Los Áureos ya no lo habitan» aseguró el dragón rojo.
«¿Cómo puedes asegurarlo?» preguntó de nuevo el blanco.
«Porque tenemos un prisionero al que se interrogó cuando fue capturado y así lo estableció» explicó el dragón rojo.
«¿El humano que llegó por el portal hasta tu reino?» quiso saber el dragón negro.
«Ese humano, sí. Está prisionero en la academia Drakoros, tal y como se acordó para que ninguno de nosotros se aproveche de sus conocimientos o la información que pueda desvelar» dijo el dragón rojo.
«Tenemos que mantener el frágil equilibrio entre los clanes» justificó el negro.
«Así debe ser. No puede haber ventajas para uno sobre otros» expresó el dragón marrón.
«Entonces tenemos un portal que nos puede conducir a Drameia y que se ha reabierto para comprobarlo» quiso aclarar el azul.
«Se ha reabierto sí, para asegurar que ese mundo es Drameia» afirmó el dragón rojo.
«¿Y se ha asegurado?» preguntó el negro.
«Se ha asegurado» confirmó el rojo.
«Como se ha asegurado que no hay Áureos ya en ese mundo» expresó el dragón blanco.
«Así es» confirmó el dragón rojo.
«No es que no me fie, pero quiero comprobar esas certezas por mí mismo» dijo el azul.
«Nunca te fías, pero no importa, me lo tomo como un signo de respeto hacia el poder de mi clan. Podemos presentar al prisionero al Gran Oráculo y que sea él quien lo confirme».
«Esa me parece una buena propuesta» estuvo de acuerdo el dragón blanco.
«Sí, que sea el oráculo quien lo confirme» afirmó el dragón negro.
El resto de los dragones estuvieron de acuerdo.
«¿Se ha traído al prisionero?» preguntó el dragón azul.
«Así es. He imaginado que querríais aseguraros. He pedido al coronel de la academia que lo envíe» dijo el dragón rojo.
«En ese caso, que se presente. Adelante» pidió el dragón azul.